14059mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14059  

                            CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

                                             SALA DE CASACION PENAL   

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                            Aprobado Acta No. 039   

          Santa  Fe de Bogotá, D.C., quince (15) de marzo   de dos  mil (2000)   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el defensor de WILLIAM HURTATIS MARTINEZ contra la sentencia de diciembre 2  de  1996,  mediante  la  cual  el  entonces  Tribunal  Nacional condenó a dicho  acusado  -y  a otros tres coprocesados- a 25 años de prisión como autor de los  delitos  de  secuestro  extorsivo  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego de uso  privativo de la Fuerza Pública.   

          ANTECEDENTES   

          1.-   Aproximadamente a las 8 de la noche del 14 de septiembre  de  1992  varios sujetos armados con subametralladoras y otras armas arribaron a  la  residencia  del  agente  de  la Policía JOSE IGNACIO LOZADA AGREDO, a quien  violentamente  sacaron de la misma y lo subieron a uno de los automotores en que  se  desplazaban,  conduciéndolo con rumbo desconocido.  La esposa de dicho  agente,  quien  se  encontraba  con él en ese momento en la casa (ubicada en el  barrio  “Santa  Clara”,  Manzana  X  Lote  4,  de  la  ciudad de Cartagena),  procedió  entonces  a  formular la denuncia, montándose, pues, los respectivos  operativos   por   parte   de   los   Departamentos   de   Policía  Bolívar  y  Atlántico.   

         

          Pocas  horas  después  los referidos vehículos fueron encontrados  en    la    finca    “La    Milagrosa”    (corregimiento   de   ‘Molineros’,  municipio  de  Sabanalarga), y por  información  que  el celador de la misma dio a la Policía, primeramente fueron  aprehendidos  SAMUEL MOGARDO PINZON, CARLOS ALBERTO RAMIREZ OSSA, RAFAEL PATIÑO  BROCHERO  y  WILLIAM  HURTATIS  MARTINEZ.   Más  tarde,  hacia las 8 de la  mañana  del  día  15  subsiguiente,  fueron  capturados RAFAEL CAMILO CARRILLO  COBO,  MARIO  VASQUEZ  MATERON  (Cabo  1o. del Ejército Nacional) y LUIS OVIDIO  LEON GARCIA.   

          Sobre  el  medio  dia  del mencionado 15 de septiembre se logró la  aprehensión   del   último  imputado,  sargento  2o.  del  Ejército  Nacional  VICTORIANO  CONTRERAS  MIRANDA.   Según  los  informes  policiales, LOZADA  AGREDO describió y luego identificó a los aprehendidos.   

          Ese  mismo  día 15 fue entonces rescatado el agente LOZADA AGREDO,  a  quien se pudo establecer que secuestraron y torturaron para que dijera dónde  estaban  “unos  500  kilos  de  coca  que  se  habían tumbado a la entrada de  Cartagena  unos  15 agentes de la Policía Nacional”, según expresiones de la  referida víctima (fl. 19 cdno. No. 1).   

          Seis  automotores  y  varias  armas  de  fuego  quedaron entonces a  disposición     de     las    autoridades,    junto    con    los    reseñados  imputados.   

          2.-   Luego de que se practicaron unas diligencias previas, la  Fiscalía  Regional  de  Cartagena  abrió  investigación  (fl.  45-1), y en un  reconocimiento  en  fila  de  personas que la misma llevó a cabo, LOZADA AGREDO  reconoció  a  algunos  de  los  imputados  como  los que la víspera lo habían  secuestrado,  entre  ellos  a  WILLIAM  HURTATIS MARTINEZ, de quien dijo a folio  62:   “Ese  me tenía con una escopeta recortada en la oreja, con zapatos  negros,    de   bermuda   azul,   camisa   rallitas   (sic),   bigote,   cabello  negro”.   

          –  En  sus  indagatorias  la  mayoría  de los imputados negaron su  participación  en  los  hechos.   En concreto, HURTATIS MARTINEZ dijo (fl.  81-1) que fue capturado cuando tomaba cerveza en una tienda.   

          –  Practicadas  otras pruebas y decidida medida de aseguramiento de  detención   preventiva   contra  los  mencionados  (fl.174-1),  los  sindicados  Contreras  Miranda  y Vásquez Materón, ampliaron sus injuradas (fls. 388 y ss.  cdno. No. 2), confesaron y pidieron sentencia anticipada.   

          3.-   La  investigación se cerró entonces parcialmente y por  medio  de  resolución  de  julio  30  de 1994 (fl. 51 cdno. No. 2) la Fiscalía  Regional  de  Barranquilla  acusó  a  William  Hurtatis  Martínez, Luis Carlos  Oviedo  León,  Rafael  Patiño  Brochero, Carlos Alberto Ramírez Ossa y Samuel  Mogardo  Pinzón, por los delitos de secuestro extorsivo y porte ilegal de armas  de  fuego de uso privativo de las Fuerzas Militares, según los artículos 268 y  270-2,  del  Código Penal  (mod. art. 6 decreto 2790/90) y 2o. del decreto  3664  de  1986.   Igualmente  se  ordenó expedir copias para investigar un  posible “delito de narcotráfico” (fl. 561).   

          Esa  resolución  fue  apelada por los defensores de los acusados y  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Nacional la confirmó mediante la suya  de marzo 17 de 1995 (fl. 43 cdno. No. 3).   

          4.-  Un  Juzgado  Regional  de  Barranquilla asumió la causa, y el  procesado  Luis  Ovidio  León  García  pidió  sentencia  anticipada  (art. 37  C.P.P.),  y  en  armonía con ello el Juzgado dictó sentencia de agosto 17 y le  impuso 22 años de prisión (fls. 61 y ss. cdno. No. 4).   

          –  Los  defensores  del  resto  de acusados presentaron alegatos de  conclusión  y  en  consonancia con la acusación el Juzgado dictó sentencia de  julio  15 de 1996 (fl. 219), por medio de la cual condenó a Hurtatis Martínez,  Patiño  Brochero,  Ramírez  Ossa  y  Samuel  Mogardo  Pinzón  a  29  años de  prisión.   

          –  Los defensores recurrieron en apelación tal fallo y el Tribunal  Nacional,   por   medio  del  suyo  que  ahora  es  objeto  de  la  impugnación  extraordinaria,  lo  confirmó,  modificándolo  en  el sentido de rebajar dicha  pena a 25 años de prisión (fl. 2 cdno. Trib.).   

                     

              LA DEMANDA   

          Primer cargo   

          Con  invocación  del in dubio pro reo y cita del artículo 445 del  Código  de  Procedimiento  Penal afirma el censor que la sentencia incurrió en  error  de  hecho “al obrar en el proceso medio de convicción para absolver al  procesado   y   omitirse   esta   obligación   legal”  (sic.,  fl.  62  cdno.  Tribunal),   y  afirma  al  respecto  que  “en virtud de lo probado en el  proceso   es   un   imposible   jurídico   concretar  sin  atisbo  de  duda  la  individualización  de  WILLIAM  HURTATIS  MARTINEZ  en  la comisión del delito  investigado.   No  fue  señalado en las 26 declaraciones de los policías,  no  ha  sido  reconocido  ni  implicado por los procesados que admitieron cargos  para  obtener  beneficios  punitivos  por terminación anticipada del proceso; y  por   último,   la   propia  víctima,  en  documento  adjunto  al  alegato  de  conclusión,  pide  al  Señor  Juez  Regional que no condene a WILLIAM HURTATIS  MARTINEZ, por ser inocente”.   

          Luego  se  refiere  a  dichas  declaraciones  y a “los documentos  protocolos  de  las  aprehensiones  de  los presuntos responsables en los hechos  investigados,  nadie  dice  haber  capturado  a  WILLIAM  HURTATIS  MARTINEZ, ni  ningún  informe  incorpora  o  relaciona  en  las  capturas  a WILLIAM HURTATIS  MARTINEZ” (id.).   

          Reproduce  parte  de  los testimonios de los agentes de la Policía  Vizcaíno  Rogelio  de  Jesús  y  Máximo  Antonio Mercado Mendoza y estima que  estas  pruebas  “corroboran en todo la indagatoria del procesado, y mucho más  cuando  HENRY  PADILLA ALBOR  relata  que  el  dia  de los hechos (Septiembre 14 de 1992) estaba atendiendo el  granero  Paloseco,  que  hacia  las  2:00 ó 2:30 p.m. aproximadamente llegó el  señor     ANUAR    JAMETTE    SARMIENTO  y  desde  el carro que conducía le recomendó a un muchacho; que  nunca  antes  había visto  ese muchacho, que luego lo vio esperando el bus  con  intención  de  viajar, habiéndole dicho que después de las 9:00 p.m. era  difícil  conseguir  transporte;  que  luego,  siendo  más o menos las 10 de la  noche  llegó  la  policía  y  lo  capturó” (fl. 64), concluyendo a renglón  seguido:   

                        “Sin  hesitación   ninguna,   está   demostrado  que  el  Señor  Juez  Regional  de  Barranquilla  y  el  H.  Tribunal  Nacional de Orden Público, se abstuvieron de  darle  aplicación al mandato contenido en el Art. 445 del C.P.P., en virtud del  cual   ‘toda  duda  debe  resolverse   a   favor  del  sindicado’”.   

          Segundo cargo   

         El mismo lleva la siguiente enunciación (fl. 64):   

         “La  sentencia  consagra  una  violación indirecta de la Ley por  error   de   derecho   del   fallador,   al   darle  convicción  probatoria  al  reconocimiento  en  fila de personas hecho por la víctima del reato, diligencia  que es absolutamente ilegal”.   

          Estima  que  cuando  el  policial  JOSE  IGNACIO  LOZADA AGREDO -la  víctima-  señaló  al  WILLIAM  HURTATIS  como  “una  de las personas que lo  mantenían  apuntando  con  un  arma”,  según  frase  que  consigna  el fallo  impugnado,  lo  hizo dentro de un “acto procesal, de carácter jurisdiccional,  que  NO  cumplió  con  las  finalidades exigidas por la ley.  Art. 368 del  C.P.P.” y explica que ello ocurrió porque tal acto,   

         “No  fue  espontáneo  y sincero, ya que el procedimiento reglado  por  el  Artículo  en  comento,  prescribe  una  ritualidad clara e imperativa,  desconocida  por  las  autoridades  en  su  implementación,  lo que violenta el  principio  de legalidad que se supone implícito en un Estado Social de Derecho,  por    lo    que   es   nulo   e   inexistente   como   medio   de   convicción  probatoria.   

         “El  reconocimiento  en  fila  de  personas  no  debió ordenarse  jamás  porque  no  quedaba  la  espontaneidad y sinceridad exigidos para darles  alcance  procesal  alguno,  ya  que cuando se llevó a efecto la diligencia, los  capturados  habían  sido  mezclados con la víctima al momento de las capturas,  señalados  a  dedo  por  la  propia policía del comando de Sabanalarga, y bajo  semejantes   circunstancias   cualquier   reconocimiento   era   ilegal”  (fl.  65).   

          Afirma  que  tal  ilegalidad  está  corroborada en los testimonios  rendidos  por  el  Mayor Marco Tulio Molina Abbatt y el agente Felipe Hernández  Ariza, deduciendo entonces:   

         “Es   decir,   que   estuvieron  dos  días  juntos  capturado  y  víctimas,  por  lo  que  es  totalmente  ilegal  el  reconocimiento  en fila de  persona.   

         “Lo  anterior  es  tan  cierto  que en un acto de constricción y  arrepentimiento,   el   señor  Ex-agente  (sic)  JOSE  IGNACIO  LOZADA  AGREDO,  judicializó  ante  el  juzgado  Noveno Penal Municipal de Cartagena, la expresa  manifestación,  que  si  no  hubiese tenido ocurrencia el hecho de que él pudo  ver  a  los  procesados con anterioridad, le hubiese sido imposible reconocer en  fila  de  persona a WILLIAM HURTATIS MARTINEZ, y clama porque no se condene a un  inocente.   Tal declaración fue adjuntada por este amanuense en el alegato  de  conclusión  para fallo presentado ante el Juzgado Regional de Barranquilla,  pidiendo  su  valoración  probatoria  en  aras  a  la  prevalencia  del Derecho  Sustancial,  como  expresamente lo consagra el Art. 228 de la Carta Política, y  que   no   tuvo   reseña   en   la   sentencia   de   primera   y   de  segunda  instancia.   

         “Por  lo tanto, el panorama procesal resultante de la inadmisible  valoración  judicial  del  reconocimiento  en  fila  de  persona,  nos  pone de  presente  una  condena  carente  de  soporte  probatorio   que  nos lleva a  ABSOLVER   en   este  caso  particular       a      WILLIAM      HURTATIS    MARTINEZ,    y    la   procedencia   de   su   libertad  inmediata” (fl. 65 infra. y 66).   

          Pide  finalmente  “conceder el recurso de casación” y “casar  e   invalidar   la  sentencia  demandada,  dictando  el  fallo  que  en  derecho  corresponda” (id).   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

          “Consideraciones     iniciales     respecto     de     los     dos  cargos” (fl. 10 cdno. Corte)   

          Bajo  este  título  el  señor  Procurador  Segundo Delegado en lo  Penal anota:   

         “La   crítica  independiente  por  la  misma  vía  respecto  de  diversos  medios  de  convicción,  como  se  hizo en la demanda que se analiza,  sólo  logra  demostrar  que el fallo tuvo variados soportes probatorios, por lo  menos  los  mismos  de  los  que se ocupó el actor en forma desarticulada en la  demanda  empleando  dos  cargos,  cuando  debió  hacerlo en uno sólo para así  obtener   la   contundencia   necesaria   con   miras  a  derrocarla.   

         “A  esa  exigencia  ni  siquiera  escapa  la crítica orientada a  demostrar  que se conculcó la figura del in dubio pro reo, por cuanto para ello  se  debió  establecer que las pruebas seleccionadas tenían la entidad o fuerza  suficiente  para  erradicar el estado de certeza que se advirtió en el fallo y,  en  su  lugar,  se  originaba  un  estado  de duda racional, que inevitablemente  conduciría  la  decisión  hacia  su  opuesto,  en armonía con el art. 445 del  C.P.P.,  esto es, hacia la absolución del implicado.  En casos como éste,  es  incuestionable  que  el  actor debe hacer un doble esfuerzo, pues además de  ocuparse  de la totalidad de las probanzas tenidas en cuenta por el sentenciador  que  le  sirvieron  para  anclar  en  el  estado de certeza, debe evidenciar los  respectivos  errores  de  apreciación  del  fallador  y  demostrar  que  tales,  desdibujan  el  estado  de  certeza  a  cambio del de duda, lo que solo se logra  encarando  en  su  totalidad las pruebas, es decir, tras cumplir el primer paso,  acompasando  a  ello,  la  corroboración  de que dichos errores de apreciación  repercuten  específicamente  de  esa  manera.   Reparos que en su orden no  fueron  en  lo  más  mínimo desarrollados por el gestor de la censura, pues lo  único  que  hizo  fue,  dejando de singularizar la incidencia de las pruebas en  relación  a  su  pretensión,  atacar  por  separado  unas  pruebas  que  en su  particular  sentir  determinaban  la absolución de su representado por obra del  art.  445  del  C.P.P.,  sin  acompañar  a  ello las demostraciones advertidas,  huelga  decir, en ese ámbito apeló a la proposición enunciativa” (fls. 11 y  12).   

          Insiste  en  que  el demandante no controvierte todos los elementos  de  juicio  que  se  tuvieron en cuenta para condenar al acusado y, con apoyo en  una  transcripción de la sentencia impugnada, observa que “los mismos motivos  de  inconformidad que ahora se esgrimen fueron también la base de la discusión  central  del  recurso  de  apelación  instaurado  contra  el  fallo  del  a quo  promovido  por  el  defensor  de Hurtatis, el Tribunal, además de evidenciar la  sin  razón de aquellos con gran tino, incorporó otros elementos de convicción  de  gran  importancia que en absoluto se cuestionan en el recurso extraordinario  que  ahora  se  ventila, los que son suficientes, en el criterio de la Delegada,  para  ratificar  el  estado  de certeza que se discute, o cuando menos ello debe  presumirse  en ese sentido, habida cuenta la presunción de acierto tantas veces  anotada,  contra lo cual nada hizo el censor.  Es como si el censor hubiera  olvidado   esa  providencia,  que  en  últimas  es  el  motivo  central  de  su  impugnación,  pues,  prácticamente se ha centrado en los argumentos exclusivos  de  la  decisión  de  primera instancia que, como se ha visto, fueron superados  ampliamente  por la jerarquía superior en la decisión el recurso de apelación  que operó contra la primera determinación” (fls. 13 y 14).   

          No  obstante concluir, pues, que “todas éstas son razones que en  conjunto  obstaculizan  la  prosperidad  de  las  dos  tachas emprendidas por el  actor” (fl. 15), pasa a referirse así a los cargos.   

          Primer cargo   

          Dice  que  del  mismo  “se sobreentiende” (fl. 15) que el actor  afirma  una omisión de pruebas, pero que ésta no se dio, sino que, al analizar  “las  26  declaraciones  de  los  policiales  que participaron en los actos de  captura”,  el  Tribunal,  a  pesar  de reconocer que con precisión ninguna de  ellas  “señala  el  momento  en  que  se  produjo la aprehensión de HURTATIS  MARTINEZ”,   “con   apoyo   principalmente   en  el  principio  de  libertad  probatoria,  consagrado  en el art. 253 del C.P.P., se llegó a esa conclusión,  incluso  de  las mismas pruebas vertidas por los agentes del orden analizadas en  forma  global  y  armonía  con  otras  pruebas, de que fueron tres las personas  retenidas y que una de ellas era Hurtatis Martínez” (fl. 16).   

          Y  en  cuanto  a  las declaraciones de Anuar Janette Sarmiento y de  Henry Padilla Albor, precisa a folio 16 infra. y 17:   

         “Aun  cuando  en  principio  se  debe  admitir  que las probanzas  referidas  por el censor no fueron consideradas por los Juzgadores de instancia,  lo  que  potencialmente  daría  lugar  al  anunciado  vicio, también lo es que  analizadas  objetivamente  esas  pruebas  no  reúnen  la  trascendencia que les  otorga  el  censor,  en  respaldo de su propia versión, máxime cuando, como lo  decantó  el  Tribunal  en  el  fallo  impugnado, es el mismo procesado quien no  brinda  una versión coherente y unánime sobre la forma como ocurrieron éstos,  pues  una cosa dijo en la indagatoria y otra muy distinta en la versión libre y  espontánea   que   rindiera  con  antelación  (fl.  20  de  la  sentencia  del  Tribunal).   En  esas  condiciones,  carece de trascendencia la omisión de  dichas pruebas”.   

         Segundo cargo   

          Dice  de  entrada  que “además de las críticas generales que se  hicieron  al  cargo,  en  el sentido de que es intrascendente e insuficiente, al  igual  que  el  anterior,  por no abarcar la totalidad de las pruebas tenidas en  cuenta  por  el  fallador para arribar al criterio de certeza, lo que ya lo hace  en  sí  mismo  inatendible,  se  presentan  otras que impiden acoger el planteo  específico” (fl. 17).   

          En seguida, pues, argumenta:   

         “En  efecto,  los  requisitos  de  aducción  de la prueba no son  “la  espontaneidad y sinceridad” del testigo de que habla el actor, sino los  previstos  en el art. 368 del C.P.P., sobre la “forma” como debe practicarse  la  diligencia  para  así entenderla debidamente incorporada al proceso penal y  sobre  su desconocimiento, en particular respecto de este medio de prueba que se  integra  a  la  prueba testimonial, es que procede el error de derecho por falso  juicio  de  legalidad.   Las  circunstancias  que  critica  el  actor  para  recriminar  la  prueba,  derivadas de la falta de espontaneidad y sinceridad del  testigo,  considera  la Delegada, son referibles a su apartamiento de las reglas  de  la sana crítica y no a las pautas legales y precisas que rigen su aducción  al proceso, a que se contrae el error elegido.   

         “Y  si  son enmarcables en el concepto de violación a las reglas  de  la  sana crítica está visto que no constituyen un error de derecho sino un  error  de  hecho,  pues lo que ocurre es que se le estaría dando credibilidad a  una  prueba  originada  en  un  testigo  moralmente  inidóneo  por determinadas  circunstancias;  en  este caso, dado haberse mezclado, como lo asegura el actor,  a  la  víctima  con los capturados, lo que lo hace parcializado y por ser fruto  de  su  ánimo vindicativo y de retaliación avivado por sus colegas.   

         “Pero,  como  la  censura no fue desarrollada dentro de ese marco  preciso,  sin  que  se  demostrara  el grado de apartamiento a los ejercicios de  sana  crítica, ello configura una razón adicional para desestimar el cargo, en  tanto  que  se  ha incurrido  en  un  yerro  de técnica al momento de seleccionar el sentido de la violación  indirecta,  que  desafortunadamente  no  puede  ser  enmendado en esta sede, por  virtud  de lo dispuesto en el art. 228 del C.C.P., que contempla el principio de  limitación     en     la     sede     casacional”     (fl.     18).   

         Luego,   sustentándose   en   la   respectiva  consideración  del  Tribunal, anota:   

         “Como  si fuera poco, el censor no reparó que esta crítica y la  que  acompaña  relativa  a  la  omisión  de  la  retractación ofrecida por la  víctima  (que  por  añadidura  no  encuadra en el concepto de error de derecho  sino  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia),  fueron  motivo  de amplio  discernimiento  en  la  sentencia  impugnada,  brindándose las bases sólidas y  específicas  por  las  cuales  no  se  admitieron las pruebas señaladas en los  términos  pretendidos  por  el  actor  (pues  son los mismos de la apelación);  argumentativas  a  las  que  insólitamente no se refirió el gestor del recurso  extraordinario  en  absoluto,  y  que  muestran diáfanamente porque (sic) no se  accedió   el   criterio  particular  de  éste,  que  ahora  repite”.   

         

         Finaliza su concepto de este modo:   

         “Ahora   que,  volviendo  sobre  el  aspecto  concerniente  a  la  inidoneidad  del testigo-víctima que hace el reconocimiento en fila de personas  del  sujeto  sindicado,  debe  resaltarse  que  en  todo  caso,  carece de total  fundamento  argüir que no fue espontáneo y sincero el policía retenido, pues,  en  palabras  del actor, si se produjo el reconocimiento fue porque se mezclaron  los  capturados  con  éste  y  por insinuación de otros agentes el orden en el  sentido  de  que  el  hecho  no  podía  quedar  impune  o  por su propio ánimo  retaliativo.   Si  ello  hubiera sido así, como lo expone el libelista, es  apenas  lógico  que  el  procesado  hubiera  reconocido a todos los capturados,  circunstancia  que  no acaeció, es más, exclusivamente reconoció a Hurtatis y  le  adjudicó  un  papel  preciso  en la comisión del reato, lo que descarta de  plano la respetable postura del recurrente” (fl. 20).   

          Con  la  improsperidad  de  este  cargo  arriba  la  Delegada  a la  solicitud de no casar el fallo impugnado.   

          CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         

          Primer cargo   

          Afirma  el  actor  que  se desconoció el principio del “in dubio  pro  reo”  art. 445 C.P.P.), mediante una “violación indirecta por error de  hecho”.   

          Desde   su   inicio   el  cargo  aparece  equivocadamente  formulado,  pues la norma sustancial  violada  sería  (dado  que la demanda ni siquiera se refiere al delito de porte  ilegal  de armas por el cual fue también condenado el acusado) el artículo 268  del  Código  Penal,  modificado en cuanto a la pena por el art.6° Decreto 2790  de  1990, el cual tipifica el delito de secuestro extorsivo materia de condena y  de  disenso  por  parte del actor.  El sentido de dicha violación -el cual  asimismo   calla   el  casacionista-  sería  la  aplicación  indebida  de  tal  artículo.   El  invocado artículo 445 del Código de Procedimiento Penal,  de  prosperar  la  censura  -es  decir  de  demostrar  el actor que mediante los  errores  enrostrados  al  sentenciador  éste dejó de reconocer la ‘duda’   sobre   la   responsabilidad  del  acusado-,  la  violación  a  la  norma  últimamente  citada  sería  una obvia  consecuencia de aplicar indebidamente el referido artículo 269.   

          Si  bien  el  demandante aduce un error de hecho, omite precisar de  qué   clase   es   el   mismo:    si   falso  juicio  de  identidad  o  de  existencia.   Y  si  de  la  afirmación  de  que en el proceso obran “26  declaraciones  de  los policías”, que no precisan en qué momento se capturó  al  procesado  y  que  entonces  se  imponía  absolver  a  éste por duda, cabe  vislumbrar    -como   lo   cree   la   Delegada-   un  falso     juicio    de  existencia,  tal  ataque  en  rigor no conforma cargo  alguno,  pues  el mismo sentenciador partió de la base  de  que tal cosa era cierta, pero que en el expediente  obran  otros  elementos  de  juicio  que  conducen  a  sostener  con  certeza  la responsabilidad de HURTATIS  MARTINEZ.(fl.20 infra. Y 21 del cuaderno del Tribunal).   

         

          Como,  repítese,  el  casacionista  se  limita  a  sustentar  este  “cargo”  con una situación de hecho de entrada admitida por el fallador, y,  en  cambio, no se refiere para nada al análisis que, con base en otras pruebas,  hizo  el  mismo  para sostener el compromiso penal del acusado, es obligatorio e  inexorable  concluir que en este punto el fundamento de  la  sentencia  no  es  en  manera alguna impugnado, es  decir  que,  literalmente, el alegato del censor no traduce desde punto de vista  alguno  un  “cargo”,  entendido  éste como una oposición o ataque al fallo  recurrido.   

          Por  último,  si  bien  es  cierto que el sentenciador ignoró las  declaraciones  de HENRY PADILLA ALBOR y ANUAR JANETTE SARMIENTO, el casacionista  no  indica ni mucho menos demuestra cuál fue la INCIDENCIA de dicha omisión en  el  fallo  de  condena.  Según esos testimonios el procesado fue capturado  cuando   esperaba   un   bus  para  viajar  (fl.  64  supra.).     La     inanidad   concreta   de  este   reparo  es,  pues,  ostensible.   

          En  tales  términos,  emerge  evidente  la  improsperidad  de este  primer cargo.   

          Segundo cargo   

          El mismo lleva el siguiente enunciado:   

          “La  sentencia  consagra  una  violación indirecta de la ley por  error   de   derecho   del   fallador,   al   darle  convicción  probatoria  al  reconocimiento  en  fila de personas hecho por la víctima del reato, diligencia  que es absolutamente ilegal” (fl. 64 cdno. Trib.).   

          Ya  en  el   cargo  anterior  se vio cómo la prueba tenida en  cuenta  para  condenar  a  HURTATIS  MARTINEZ  fue  variada   y  de diversa  índole,   tanto   directa  como  indiciaria.   Aquí  también  el  censor  vuelve a caer en el error de  combatir  sólo  parte  de  esa  prueba, ataque parcelado que deja incompleta la  acusación e impide por tanto que la misma salga avante.   

          Por  último, en cuanto al “arrepentimiento” o retractación de  la  víctima  con  respecto  a  HURTATIS  MARTINEZ,  el cual, en oposición a lo  considerado  por el sentenciador, insiste el casacionista en que debe aceptarse,  este  es  un  reparo  que  aparte  de  exhibirse apenas  enunciado,  el  actor no lo ha debido hacer dentro de  este  mismo  cargo  de  error de derecho, pues con él se opone a la evaluación  que  de  dicho  “arrepentimiento”  hizo  el fallador, lo que permitiría una  aducción  de  error de hecho por falsos juicios de identidad, evento en el cual  debió  demostrar  que  el  Tribunal,  al realizar esa tarea, contrarió la sana  crítica  o  la  lógica que, en general, rigen para la apreciación probatoria,  según el artículo 294 del Código de Procedimiento Penal.   

          En  fin,  con la improsperidad de este segundo cargo, deviene el de  la demanda toda y, así, el fallo no se casará.   

          Finalmente   debe   anotar   la  Sala  que  las  “consideraciones  iniciales”  que  hace la Delegada para demostrar la carencia de técnica en la  formulación  de  los  cargos, le imponían como consecuencia lógica, no entrar  en  seguida, y a pesar de tales observaciones, a examinar de fondo cada reproche  -como    efectivamente    lo    hizo-,    pues    ello   implica   una   postura  contradictoria,   ya  que con esta última tarea se está dando por sentado  que la censura está correctamente hecha.   

          Ante  una  postura  similar del Ministerio Público, dijo esta Sala  en  sentencia  de  casación  de  mayo  29  de 1997 y con ponencia del honorable  magistrado doctor Dídimo Páez Velandia:   

         “Razón  lleva  la  Delegada en lo dicho a este respecto, pero se  observa  que  tales consideraciones son impertinentes  en  sede  de casación, donde no es dable ‘seguirle    el    juego’ al casacionista antitécnico y, como  si     se     tratara     de    una    instancia,    responderle    toda  alegación  que  haga” (subrayas  del original).   

          En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de le ley,   

RESUELVE  

          NO      CASAR       el     fallo  impugnado.   

         

          Cópiese,   comuníquese,   devuélvase   al  Tribunal  de  origen.  Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                             CARLOS E.  MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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