AP5772-2014(42494)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP5772-2014  

Radicación N° 42494  

Aprobado Acta Nº 318  

Bogotá D.C., veinticuatro (24) de septiembre  de dos mil catorce (2014)   

Decide  la  Sala acerca de la admisión de la  demanda   de   casación   presentada  en  nombre  de  EMIR     ENRIQUE     MOJICA    PERALTA,  contra  el  fallo del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cartagena   (Bolívar), que  confirmó el emitido en el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de  esa  Ciudad,  mediante   el   cual   fue   declarado  autor     penalmente     responsable       de       homicidio  agravado.   

I. HECHOS Y SÍNTESIS PROCESAL  

1.  El  9  de  mayo  de 2010, en el parque central del municipio de San  Estanislao  (Bolívar),  cerca  de  la  1:30  a.m.,  ocurrió una riña a consecuencia de la cual Hernán  Augusto  Orozco  Villa  fue  herido con un arma corto punzante en el abdomen por  EMIR     ENRIQUE     MOJICA    PERALTA,  quien  tras  realizar  la  agresión  huyó  del lugar y minutos  después  fue  capturado  gracias  al señalamiento que de él hicieron testigos  presenciales  a  los  agentes de la Policía Nacional que llegaron al lugar para  controlar   la   reyerta,   los   cuales,  cuando  estaban  en  la  persecución   del  citado,  recibieron  noticia  del  fallecimiento  de  la víctima en el centro asistencial al que fue  llevada     para     atender     la    lesión1.   

2.  Por  esos  hechos,  el  10  de  mayo  de  2010 la Fiscalía General de la Nación adelantó  audiencia  de  legalización  de  captura  y formulación de imputación ante el  Juez  Sexto  Penal  Municipal  de  Cartagena, diligencia en la que le endilgó a  EMIR ENRIQUE MOJICA PERALTA  el   delito  de  homicidio  agravado  previsto  en  los  artículos  103  y  104  numerales 4º y 7º, de la  Ley  599  de 2000, con las modificaciones de la Ley 890 de 2004, cargos frente a  los    cuales    no    se    allanó   el   citado2.   

3.  El  4  de  junio  del  mismo  año el órgano instructor presentó escrito de acusación contra  MOJICA PERALTA por la misma  conducta   punible,   cuyo  contenido  fue  formalizado  en  audiencia  pública  practicada  26  de  agosto  siguiente  en  el  Juzgado Sexto Penal del Circuito de Cartagena, despacho en el  que,  tras  adelantarse el juicio en varias sesiones, en armonía con el anuncio  del  sentido  del  fallo,  su  titular  el 26 de marzo de 2012 emitió sentencia  condenatoria  en  disfavor  del  procesado,  y  en  tal  virtud  le  impuso pena  principal   de  trescientos  quince  (315)  meses  de  prisión y la accesoria de  ley        por        igual       lapso3.   

4. De la expresada  providencia  apeló  el  defensor  del  enjuiciado,  y  el  17  de junio de 2013  el      Tribunal      Superior     del    Distrito    Judicial  de  Cartagena  la confirmó integralmente, fallo de segundo grado  contra  el  cual  el  defensor del encausado en tiempo  interpuso  y  sustentó  el  recurso  de  casación4.   

II. LA DEMANDA  

5.    El  actor  propuso  dos  cargos  cuyos  fundamentos  en  esencia se reducen a lo siguiente:   

5.1.   Con  carácter  principal  aduce  un  primer reproche sustentado en el artículo 181,  numeral  2º,  de  la Ley 906 de 2004, pues estima que la sentencia recurrida se  dictó   con   desconocimiento   del   debido   proceso   porque  en  el  juicio  “…no   se   permitió   allegar   UN  TESTIMONIO  DE  VITAL  IMPORTANCIA  que  fue  autorizado  y  ordenado   en   la   audiencia   preparatoria…”  por   solicitud  de  la  defensa,   prueba  que  asegura el censor no se llevó a cabo por cuando el  declarante,  señor  Cheider Ramírez Pajaro, no estaba en territorio Colombiano  sino   Venezolano,  y  a  pesar  de  que  esa  parte  requirió   al  juez  de  conocimiento  agotar  los  mecanismos  que fueran necesarios para asegurar su comparecencia, el funcionario  “…NUNCA HIZO EL MÁS  MÍNIMO   ESFUERZO…”  para ese fin.   

Sin   más   argumentos   concluye   que  la  única  forma  de  reparar  ese  agravio es  retrotraer  la  actuación  a  la  etapa  de  práctica de pruebas con el fin de  realizar  la  que  echa  de menos.   

5.2.  En forma  subsidiaria,  con  sustento  en  el  artículo  181, numeral 3, de la Ley 906 de  2004,  alega  la violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho en  la  apreciación  de  los  testigos  de  cargo  Jorge  Leonardo  Guardo  Cantillo y Mijaír Jesús Herrera  Rosado,  toda  vez que al estimarlos los juzgadores no advirtieron la existencia  de          “…serias         CONTRADICCIONES             E            INSEGURIDADES…”  que  debieron  ser  tenidas en  cuenta   para   no   darle   credibilidad   a   sus  relatos    en    el    señalamiento   contra   el  acusado.   

Respecto   de   Gualdo   Cantillo   hace  consistir   las  imprecisiones  en  que    cuando   rindió   entrevista  indicó  quiénes  eran  los  dos  protagonistas  de la  riña,   pero   en  el  testimonio  refirió  un  nombre  distinto  de  uno  de  ellos;  agrega  que ese  declarante     sostuvo     en     el     juicio     que     su     asistido     le     infligió     la  “puñalada”  a  la  víctima    “del   lado   de   atrás”  y  luego  adujo  que  fue en “la  boca  del  estómago”; y  por  último que en la entrevista aseguró que su asistido el día de los hechos  vestía   un  suéter  negro  y  en  el  testimonio  dijo  que  esa  prenda  era  azul.   

En  cuanto  a  la  declaración de Herrera  Rosado       puntualiza      que      la      falta      de      “…coherencia  y  claridad…”  de  su  relato estriba en que  señaló  en  su  inicial  entrevista  que  en  el  momento  de  los  sucesos se  presentaron  varios enfrentamientos y en el testimonio dijo que fue sólo una riña.   

Por  lo  anterior  asegura  que     observadas     las          “CIRCUNSTANCIAS  ESPECIALES”  destacadas como contradicciones en la  prueba     testimonial    de    cargo,  no  es  posible  establecer  la  verdad  más allá de toda duda  razonable    acerca   de   la   responsabilidad   de   su   prohijado,   razón   por   la  que  solicita  absolverlo con base en el  aforismo    de   in   dubio   pro   reo.   

III. CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

6.   Según  lo  estable  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  Código  de  Procedimiento  Penal  que  gobernó  este  asunto,  el  recurso  de  casación  es  un  mecanismo  de  control  tanto  constitucional  como legal que  procede  contra las sentencias proferidas en segunda instancia y que, de acuerdo  con  lo  señalado  en  el  artículo  180  del  mismo  ordenamiento, tiene como  propósitos   (i)   la  efectividad  del  derecho  material, (ii)   el   respeto  de  las  garantías  fundamentales,  (iii)  la  reparación de los agravios  inferidos, y (iv)    la    unificación   de   la  jurisprudencia.   

Para  el cumplimiento de esos objetivos en  el  mencionado régimen procesal se dotó a la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia  de  facultades sustanciales al conferirle,  entre  otras,  la potestad de superar los defectos de la demanda para decidir de  fondo  cuando  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición  del  impugnante  dentro  del  proceso,  e índole de la discusión lo  ameriten.   

Lo  anterior  no implica, sin embargo, que  este   mecanismo   sea   de  libre  configuración,  desprovisto  de  todo rigor y que tenga como finalidad abrir un espacio procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el debate respecto de puntos que  han  sido  materia  de controversia, pues, por el contrario, dada su  naturaleza  extraordinaria, quien acude al mismo debe ceñirse a  determinados  requerimientos  sistemáticos basados en la razón y en la lógica  argumentativa,  atinentes  a la observancia de coherencia, precisión y claridad  en  el  desarrollo  de  cada  uno  de  los  reparos efectuados, y desarrollarlos  conforme  a  las  causales  de  procedencia  previstas  en  el artículo 181 del  ordenamiento  procesal,  en aras de persuadir a esta  Corporación  de revisar el fallo de segunda instancia con el fin de corregir el  pronunciamiento que se revela contrario a derecho.   

De ahí que el inciso 2º del artículo 184  de  la  Ley  906  de  2004 consagre que no será admitida la demanda si el actor  carece   de   interés  para  acceder  al  recurso;  el  escrito  es  inconsistente,  esto  es,  si  su  motivación  no  evidencia la  potencial  violación  de  garantías  y,  en  términos generales, “cuando  de  su contexto se advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  del  recurso”,  lo que puede presentarse cuando la  Corte  observe  que los aspectos reprochados no tienen una incidencia sustancial  en  relación  con  lo decidido en el caso concreto, o que puede responder a los  planteamientos  del demandante sin recurrir a valoraciones de fondo acerca de lo  que ocurrió en la actuación.   

En   el   presente  asunto  los          reparos         contenidos  en  la  demanda    no   serán  admitidos,  como  desde  ahora  lo  advierte  la Sala, pues los mismos carecen  de  incidencia  sustancial  en la estructura del proceso o en la declaración de  condena expresada en la sentencia objeto de impugnación.   

7. Como  cargo  principal,  con sustento en el artículo 181, numeral  2,  de  la Ley 906 de 2004, el memorialista depreca la nulidad de la actuación,  empero,  como  igualmente  lo  puntualizó  el  ad-quem  al  resolver  idéntica  solicitud,  no  cumplió  el  acto  con carga de demostrar que el aspecto por el  alegado  como  irregular  ciertamente  desquició  las  bases  estructurales del  proceso  o  lesiono  de manera irreparable alguna garantía inherente a la parte  que representa.   

Impera   recordar   que   cuando   se   acude   a   la  nulidad  como  causal  de  casación,  el censor debe tenerse en  cuenta    que    tal   materia   se   rige,  entre  otros,  por  el principio de taxatividad5  y  que la  denuncia   de  una  u  otra  circunstancia  anómala  ocurrida  en el devenir procesal requiere de claras y  precisas  pautas demostrativas, sin que ello implique  la    exigencia    de    fórmulas   sacramentales  específicas,   como   ya   lo   tiene   dicho   la  Corte.   

Lo importante es que, sin que la alegación  sea  de  libre  factura,  se  tenga  en cuenta que no  cualquier  irregularidad  conspira   contra   la   vigencia   de  la  actuación,  pues la afectación  debe   ser   esencial   y   estar   vinculada   en   calidad   de   medio   para  socavar   el   debido   proceso   o   un  derecho  fundamental  de las partes o intervinientes, de suerte  que,  igual  que  en  las  otras  causales, debe ajustarse a ciertos parámetros  lógicos    que    permitan   comprender   el   motivo   de   ataque.   

La  omisión  probatoria  que  resalta  el  memorialista,  atendiendo  los  principios que orientan la dinámica del sistema  acusatorio  y  las cargas procesales que de ellos se desprenden para cada una de  las  partes,  sólo  es  atribuible  en  este  caso  a la defensa, pues desde la  audiencia   preparatoria,  momento  en  que  solicitó  y  le  fue  ordenado  el  testimonio  de  Cheider  Ramírez  Pájaro,  estuvo ese sujeto en condiciones de  asegurar  de  la forma que lo estimara procedente el  contenido  de  la  declaración  de  aquel,  para  lo cual pudo incluso acudir a  solicitar  la  práctica  esa  prueba  de manera anticipada, con sujeción a las  normas    pertinentes,    ante   el   conocimiento   que   tenía   (por  la  íntima amistad del citado con su defendido)  sobre  la  posibilidad de que aquél imperativamente tuviera que  salir  del  país,  y  luego no fuera posible hacerlo comparecer al juicio, como  finalmente ocurrió.   

Por  lo  demás,  el  poder coercitivo del  juzgador  para  hacer  comparecer  a  testigos  renuentes  solo tiene ámbito de  desarrollo  en  el territorio nacional, luego la queja que tardíamente expresó  el  defensor,  el  24  de agosto de 2011, para excusar su inasistencia al inicio  del  juicio  por  no  contar  con el aludido exponente en razón de que el mismo  había   abandonado  el  país6,  no  vinculaba  al  juez de  conocimiento  con  la  ejecución de actos para suplir la inercia de la defensa,  tal  y  como  lo puntualizo el funcionario en la sesión del juicio celebrada el  24       de       febrero       de       20127.   

Adicional  a  lo  anterior,  el recurrente  tampoco   se   ocupó   de  hacer  un  ejercicio  para  demostrar  cómo    de   haberse   recibido   la  declaración  que  echa  de menos, de acuerdo con su  contenido,  la situación  jurídica  se  su  prohijado  se  habría resuelto en la sentencia de una manera  distinta  y  favorable,  por  lo  que  su  pretensión  queda  enmarcada  en una  intrascendente petición de principio.   

8.  El segundo  reproche,  en  sus fundamentos, es tan desafortunado como el anterior, ya que no  consigue  demostrar  el  libelista algún yerro grave de valoración probatoria,  con repercusión sustancial en la declaración de justicia.   

El  “…desconocimiento de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  las  pruebas sobre las cuales  se   ha   fundado la  sentencia”,   está  previsto     como    motivo    de    impugnación    en   la   Ley   906   de   2004,   artículo  181,  numeral  3º,   y  se  relaciona    con   la  violación  indirecta   de   la   ley   por   falta   de   aplicación   o  aplicación     indebida     de     una     norma  sustancial  (únicos   sentidos   de   susceptibles   de  proponer),    a   consecuencia   de   distales  manifestados  en  la  labor  de  ponderación  de  los elementos de conocimiento  practicados en el juicio.   

Tales   vicios   son,   de   una  parte,  los    errores    de  derecho,   que  se  presentan  cuando  el  juzgador  contraviene  el  debido  proceso  probatorio,  valga  precisar,  las  normas que  regulan     las     condiciones     para     la     producción     (práctica  o  incorporación)  de  un  determinado   medio  de  prueba  en  el  juicio  oral  y  público  (tacha  que se conoce como falso juicio  de  legalidad), o porque,  aun  cuando la prueba ha sido legal y regularmente producida, desconoce el valor  prefijado   en   la   ley   a   la   misma   (yerro  denominado  falso          juicio          de          convicción),  clase  de dislate incompatible con  el  anterior  y  de  excepcional  ocurrencia  dado que, por regla general, en la  actual  sistemática procesal penal (así como en las  anteriores), los elementos de conocimiento no tienen  asignado  en  el  ordenamiento  adjetivo  un  grado  de  persuasión  tarifado o  ponderado   (salvo  lo  relativo  a  la  prueba  de  referencia.   Ley  906  de  2004,  artículo  381,  inciso  segundo),  sino  que el funcionario está en la obligación de apreciarlos  en conjunto, de acuerdo con los postulados de la sana crítica.   

Y  de otra, los  errores  de  hecho,  los  cuales   obligan  a  aceptar  que  el  elemento  de  persuasión  satisface  las  exigencias  de  su  producción y que no tiene en la ley un predeterminado valor  de  convencimiento,  habida  cuenta  que  las falencias en que puede incurrir el  juzgador  se  manifiestan  a  través  de tres diferentes especies: falso   juicio  de  identidad,  porque  adiciona   o  recorta  la  expresión  fáctica  de  un  elemento  probatorio  o  distorsiona   su   contenido;   falso   juicio   de  existencia, debido a que tiene como probado un hecho  que  carece  de  acreditación,  o  supone  como  incorporada a la actuación la  prueba  de  ese  aspecto,  o  porque  omite apreciar un elemento de conocimiento  legal   y   allegado   en  forma  válida;  y  falso  raciocinio,  que  se presenta por desviación de los  postulados  que  integran la sana crítica (reglas de  la  lógica,  leyes  de  la  ciencia  y  máximas de la experiencia) como método de valoración probatoria.   

Sea que se trate de errores de derecho o de  hecho,  el  actor  no  puede,  so  pena  de  violar  el  principio lógico de no  contradicción,  proponer  respecto  de  un  mismo medio de prueba simultánea e  indistintamente  las  respectivas  especies  en  que  aquellos  se subdividen, y  además  está  en  el  deber de demoler todos los fundamentos probatorios de la  sentencia  demandada  (comprendidos los expuestos en  el  fallo  de  primer  grado  que  en  virtud  del principio de unidad jurídica  inescindible  se  integren  al de segunda instancia),  mediante  la  acreditación de errores típicos de la violación indirecta, pues  si   deja   incólume  alguno  y  éste  resulta  suficiente  para  sostener  el  pronunciamiento,  es claro que no habrá conseguido quebrar la doble presunción  de  legalidad y acierto con la que llega ungido tal pronunciamiento a la sede de  casación.   

Las  razones         consignadas    en    el   cargo   analizado  para       acreditar       la      “DESFIGURACIÓN”  o  “TERGIVERSACIÓN”   del   contenido   de   las   declaraciones  de  Jorge  Leonardo  Guardo  Cantillo y Mijaír Jesús Herrera Rosado,  como  lo  afirma  el censor, no ilustran en verdad la configuración de un falso  juicio  de  identidad  como  el que tácitamente alude el memorialista, pues los  aspectos  destacados  como  contradicciones  o  imprecisiones, además que, como  puede   corroborarse  en  los  audios,  fueron  cabalmente  explicados  por  los  exponentes,  se  relacionan  con  circunstancias marginales o accesorias, que no  demeritan  en  lo medular el señalamiento uniforme y reiterado que hicieron los  nombrados  en contra de MOJICA PERALTA como autor de la lesión que ocasionó la  muerte de Hernán Augusto Orozco Villa.   

Es  de  palmaria  constatación  que  la  inconformidad   propuesta   en   esta  censura  se  relaciona con la estimación de las pruebas de cargo,  y  en ausencia dentro de  esa  alegación  de  un  determinado vicio típico de la violación indirecta el  cuestionamiento  del actor  queda  apenas  equiparado  a  un intrascendente alegato de instancia con el cual  aspira  a  que  su  valoración  de  los  elementos de conocimiento, simplemente  diferente   a   la   de  las  instancias,  sea  privilegiada  o  aceptada  como de mejor valía, finalidad  ajena  o extraña a la teleología de este mecanismo  extraordinario de impugnación.   

9. En     conclusión,    como  de  acuerdo con lo puntualizado en la demanda estudiada no se  demostró,  conforme  a las exigencias de lógica y argumentación dispuestas en  la  ley  y  en  la jurisprudencia, la configuración de una irregularidad con la  capacidad   de   enervar  la  sentencia  de  segunda  instancia  y dejar  sin  efecto la doble presunción de legalidad y acierto con  la    que    llega   ungida   a   esta   sede   esa  decisión,   la   cual   únicamente   puede   ser  resquebrajada  en virtud de la acreditación de yerros manifiestos y graves, con  trascendencia   en   la   parte  dispositiva,  incumpliendo,  por  contera,  los  requerimientos  impuestos  por  el  artículo  184  del Código de Procedimiento  Penal  (Ley  906  de  2004),  la  Sala  no  seleccionará  el libelo atendida su  carencia de fundamento.   

Respecto  de  la  decisión de inadmisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de  acuerdo  con  lo  establecido en el  artículo 184, inciso segundo, de la Ley 906 de 2004.   

No  obstante  lo anterior, impera señalar  que  una  vez  ejecutoriada  esta  decisión  y tramitado sin éxito, en caso de  ejercitarse,  el  mecanismo  de  insistencia,  las diligencias deben retornar al  Despacho  del  Magistrado  Ponente  para de manera oficiosa proveer la   Corte   acerca   del   quebranto  de  las  garantías  del  procesado  en  lo  atinente a la dosificación de la pena accesoria, por rebasar  el máximo legal el monto impuesto.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

1.    NO  ADMITIR  la  demanda de casación interpuesta por el  defensor      del  procesado  EMIR ENRIQUE  MOJICA PERALTA.   

2.    De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184, inciso segundo, de la Ley 906  de     2004,    es    facultad    del    recurrente    elevar    petición    de  insistencia.   

3.  RETORNAR  las  diligencias al Despacho del  Magistrado  Ponente  una vez ejecutoriado este proveído y resuelto en el evento  de  que se interponga el mecanismo de insistencia, a fin de que oficiosamente la  Sala   se   pronuncie   acerca   de   la  probable  vulneración  de  garantías  fundamentales   del   acusado,   de   acuerdo   con  lo  indicado  en  la  parte  considerativa.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

PRESIDENTE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Situación   fáctica   extraída   de   los   fallos   de   primero  y  segundo  grado.   

2  Cuaderno  principal, folios  1-8.   

3  Cuaderno  principal,  folios  9-14, 15, 23, 28, 34, 54-56, 62-67, 77, 78, 83-85,  90,   91,   96,   99,  100,  105-107,  112,  113,  116,  118,  124,  129-132,  y  133-145.   

4  Cuaderno principal, folios 146-158, 169-185 y 209-228.   

5 Tal  axioma  está contemplado en la Ley 906 de 2004, artículo 458. Y de acuerdo con  la  misma normatividad las circunstancias enervantes son: la nulidad derivada de  la  prueba  ilícita  y  cláusula  de  exclusión (artículos 23 y 455 ib.); la  nulidad  por  incompetencia  del  juez  (artículo  456  ib);  y  la nulidad por  violación  a  garantías  fundamentales: derecho a la defensa y debido proceso,  en aspectos sustanciales (artículo 457 ib.).   

6  Cuaderno principal, folios 96 y 99.   

7  Cuaderno  principal,  CD  anexo  entre  los  folios  128  y  129, minuto 37:07 a  50:20.     

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