AP2993-2014(43867)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP2993-2014  

Radicación nº 43867  

(Aprobado en Acta nº 168)  

          Bogotá.   D.C,   cuatro   (4)   de   junio   de   dos  mil  catorce  (2014)   

          La   Sala  resuelve  acerca  del  impedimento  manifestado  por  los  Magistrados  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bogotá Patricia  Rodríguez  Torres  y  Leonel  Rogeles  Moreno  para  conocer de la impugnación  presentada  por  el  Ministerio  Público  contra la decisión de 21 de marzo de  2014,  proveniente  del  Juzgado  Segundo  de  Ejecución  de Penas y Medidas de  Seguridad  de  esta  ciudad, a través de la cual concedió la libertad por pena  cumplida  a  los  condenados  PEDRO  CÉSAR  PESTANA  ROJAS  y ANTONIO DE JESÚS  MARTÍNEZ HERNÁNDEZ por el delito de concierto para delinquir.   

ANTECEDENTES RELEVANTES  

          1.  El  26  de septiembre de 2006, la Fiscalía 5ª Especializada de  Bogotá  vinculó  a  los  indígenas  PEDRO  CÉSAR  PESTANA ROJAS y ANTONIO DE  JESÚS  MARTÍNEZ  HERNÁNDEZ a la investigación penal adelantada contra varios  indiciados,  por  presuntos  nexos con integrantes de las Autodefensas Unidas de  Colombia   con   influencia   en   los   departamentos  de  Magdalena,  Sucre  y  Córdoba.   

          2.  Escuchados  en  indagatoria,  el  21 de noviembre de ese año el  ente  acusador  definió la situación jurídica de los procesados con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en establecimiento carcelario, por el  delito de concierto para delinquir agravado.   

          3.  Luego,  el Resguardo Indígena Zenú de San Andrés de Sotavento  promovió   conflicto  positivo  de  competencia  ante  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del Consejo Superior de la Judicatura, el cual fue dirimido el 31  de  enero  de  2007,  en  el  sentido de asignar el conocimiento del asunto a la  jurisdicción ordinaria.   

          4.  En  firme  la resolución de acusación emitida por la Fiscalía  el  22  de  mayo  de 2007 contra los implicados por la conducta investigada, las  diligencias  fueron asignadas al Juzgado Único Penal del Circuito Especializado  de Sincelejo.   

          Posteriormente,  en  razón del cambio de radicación ordenado el 29  de  agosto  de  2007,  por  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  la  causa  correspondió  al  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  Adjunto  de Bogotá, quien el 28 de septiembre de 2009, condenó  a  los  indígenas ANTONIO DE JESÚS MARTÍNEZ HERNÁNDEZ y PEDRO CÉSAR PESTANA  ROJAS,  a la pena principal de 76 meses de prisión, como coautores responsables  del delito de concierto para delinquir agravado.   

          2.  Apelada  la  anterior  determinación,  el 8 de mayo de 2012, la  Sala   Penal   del   Tribunal   Superior   de   Bogotá   la   confirmó  en  su  integridad1.   

          3.  El  15  de mayo siguiente, durante el trámite de notificación,  esa  misma  Sala  negó  la  petición  de  libertad presentada por el encausado  PESTANA ROJAS, advirtiendo:   

         En  relación  con la solicitud de reconocimiento del tiempo que ha  estado  supuestamente  recluido  en  el  Centro de Reclusión y Resocialización  Indígena   “Cacique   Mexión”  a  disposición  del  juez  indígena,  del  análisis  de  la actuación se observa que el peticionario no ha estado privado  de  la  libertad en razón del presente proceso, al punto que se ha reiterado en  varias  oportunidades  la  orden  de  captura emitida desde el momento en que se  resolvió  su  situación  jurídica  el  21 de noviembre de 2006, luego ningún  reconocimiento   de  una  supuesta  privación  de  la  libertad  en  centro  de  reclusión  indígena  procede en este evento, máxime que la Sala Disciplinaria  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  dirimió  el  aludido  conflicto  de  competencias  el  treinta  y  uno  (31)  de enero de dos mil siete (2007), en el  sentido  de  que  la competencia para adelantar  la investigación radicaba  en la justicia ordinaria y no en la jurisdicción indígena.   

         Luego,  la  Sala negará la solicitud de libertad instaurada por el  procesado  (…)2.   

          4.  Continuando  con  el trámite, el 29 de mayo de 2013, la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  inadmitió la demanda de  casación  presentada por los defensores de los enjuiciados, contra la sentencia  de segunda instancia.   

          5.  En  firme  la  actuación,  correspondió  la  vigilancia  de la  sanción  al  Juez Segundo de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de esta  ciudad,  quien  mediante  auto  de  21  de  marzo  de 2014 concedió la libertad  incondicional  e  inmediata  a  los  sentenciados MARTÍNEZ HERNÁNDEZ y PESTANA  ROJAS.   

             Así  mismo,  decretó  la  rehabilitación  de  los  derechos  y  funciones  púbicas  de los implicados, dispuso la expedición de copias para el  cobro  coactivo  de  la  multa  y la cancelación de las órdenes de captura que  habían sido impartidas en razón de ese proceso.   

          Como  sustento  de  dicha  decisión,  el  juez ejecutor computó el  tiempo  de  privación  de  la  libertad  de  los  procesados  en  el  Centro de  Reclusión  y  Resocialización Indígena “Cacique Menxión” certificado por  el  Cacique  Regional  del Pueblo Zenú, tal como fuera ordenado en la sentencia  de  tutela  proferida  el 5 de marzo del año en curso, por el Juzgado Promiscuo  del  Circuito  de  Chinú  (Córdoba),  en  razón  del amparo promovido por los  procesados.   

          6.  Inconforme  con  la anterior decisión, el agente del Ministerio  Público  presentó  recurso  de  apelación,  por lo que las diligencias fueron  remitidas al Tribunal Superior de Bogotá para su definición.   

          7.  Asignado  el  asunto a la Magistrada Patricia Rodríguez Torres,  de  manera  conjunta,  con  su  homólogo Leonel Rogeles Moreno, el 4 de mayo de  2014  manifestaron  su  impedimento  para  resolver la impugnación, alegando la  configuración   de   la   causal  4ª  del  artículo  56  de  la  Ley  906  de  2004.   

          En       respaldo,      sostuvieron      que       «enterados  el  26  de  marzo  del  año en curso, por un medio de  comunicación   del   fallo   de   tutela  proferido  el  cinco  (5)    de    marzo   anterior3, por el Juez  Promiscuo  del  Circuito  de  Chinú  –  Córdoba,  en  el  que,  entre  otras determinaciones, ordenó al  Juzgado  Segundo  de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad reconocer a los  sentenciados  el  tiempo  de  permanencia  en  el  aludido  centro de reclusión  indígena,  remitimos  a  ese  Despacho Judicial escrito del veintisiete (27) de  marzo  del  presente  año  ,  en  el  que  impugnamos el fallo constitucional y  solicitamos  a  la  segunda instancia vincularnos a dicho trámite, al igual que  subsidiariamente,    formulamos    incidente   de   nulidad   por   esta   misma  razón»4.   

          Así  mismo,  advirtieron  que  remitieron  copias  con destino a la  Fiscalía  General  de la Nación y al Consejo Seccional de la Judicatura con el  fin   de   que   se  investiguen  presuntas  irregularidades  en  las  conductas  adelantadas  por  los  Jueces  Promiscuo  del  Circuito  de  Chinú y Segundo de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas de Seguridad de Bogotá, comunicaciones en las  que     expresaron     que    los    «procesados  no  estuvieron  privados  de  la libertad en razón del  proceso  en  mención  y ningún reconocimiento de una supuesta privación de la  libertad    en    centro    de    reclusión   indígena   procedía».   

         

          Adujeron  que  la  expedición  de  copias  penales y disciplinarias  contra  los  funcionarios judiciales y la intervención efectuada en el trámite  constitucional  como  contraparte,  en el que existe plena identidad y relación  directa  con  el  objeto del recurso de apelación, constituyen pronunciamientos  vinculantes  y  sustanciales emitidos por fuera de la actuación penal, a partir  de los cuales se determina la causal de impedimento alegada.   

          8.  El  20  de  mayo  de  2014, el Magistrado en turno, doctor Marco  Antonio  Rueda  Soto, advirtió que aunque sobre él concurren los mismos hechos  y  circunstancias  fundamentos  de impedimento, al disentir sobre su viabilidad,  conforme  al artículo 103 de la Ley 600 de 2000, convocó a los dos Magistrados  en         turno         para         resolver5.   

          9.  Conformada  la  Sala  de  Decisión,  el 21 de mayo siguiente el  Tribunal     «NO     ACEPTÓ    el    impedimento  manifestado», considerando  que  los  Magistrados  Rodríguez  Torres  y  Rogeles  Moreno  no demostraron la  existencia  de  una  situación  con  la  entidad  suficiente  para propiciar la  pérdida  de  objetividad  e  imparcialidad  en  el  asunto.  Además, de que la  manifestación   extraprocesal   a   la   que   los  Magistrados  atribuyen  las  características  de  sustancial  y  vinculante,  simplemente  hacen parte de un  criterio  admitido  en  forma  explícita  dentro  de  la actuación penal en el  ámbito  de  la  segunda  instancia con la mera connotación de ser una opinión  expresada  en  el  ejercicio  de  sus funciones, situación que resulta ajena al  supuesto comprendido como causal de impedimento.   

          Por  tal  razón,  ordenó  el  envío  del  proceso  a  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia para que dirima de plano la  cuestión.   

CONSIDERACIONES  

          1.  Previo  a resolver, precisa la Sala que, en razón de la fecha y  lugar   de  comisión  del  delito  juzgado,  la  actuación  penal  origen  del  impedimento  se  rigió bajo el sistema procesal previsto en la Ley 600 de 2000,  siendo esa la normatividad procesal aplicable en el presente caso.   

          Así  las  cosas, aunque la manifestación de impedimento presentada  por  dos Magistrados del Tribunal Superior de Bogotá refiere el numeral 4° del  artículo  56  de la Ley 906 de 2004, lo cierto es que al coincidir en contenido  y  teología con el numeral 4°del artículo 99 de la Ley 600 de 2000 aplicable,  por  lo  que  la  Sala  examinará  el  asunto  con  observancia de esta última  disposición.   

          2.  Y  es  que  la  finalidad del régimen de los impedimentos y las  recusaciones,  en  últimas,  no  es  otra  que la satisfacción de la garantía  fundamental  de  juez  natural,  independiente  e  imparcial que garantice a los  ciudadanos  una  recta  y  cumplida administración de justicia, esto es, que la  imparcialidad  y  la ponderación del funcionario judicial llamado a resolver el  conflicto  jurídico no se encuentren perturbadas por alguna circunstancia ajena  al proceso.   

Al respecto, esta Sala ha señalado de manera  pacífica  y  reiterada  que  la  manifestación  de impedimento está sujeta al  particular  arbitrio  de  quien  la  declara  y  vinculada  inevitablemente a la  taxatividad  de  las  causales, sin que sea posible acudir a la analogía o a la  extensión  de  los  motivos  estrictamente  señalados  por  la ley, en aras de  sustentar           su          procedencia6.   

En      pronunciamientos   anteriores   se   ha  expresado  lo  siguiente:   

En desarrollo del principio de imparcialidad  que  debe  presidir  las  actuaciones  judiciales,  la  legislación procesal ha  previsto  una  serie  de causales de orden objetivo y subjetivo en las cuales el  juez  debe declararse impedido para decidir, garantizando a las partes, terceros  y demás intervinientes las formas propias de cada juicio.   

Empero,  como  a  los  jueces  no les está  permitido  separarse  por  su  propia voluntad de las funciones que les han sido  asignadas,  y  a  las partes no les está dado escoger libremente la persona del  juzgador,  las  causas  que  dan  lugar  a  separar  del conocimiento de un caso  determinado  a  un  juez  o magistrado no pueden deducirse por analogía, ni ser  objeto  de  interpretaciones  subjetivas,  en  cuanto  se  trata  de  reglas con  carácter  de  orden  público,  fundadas en el convencimiento del legislador de  que  son  éstas  y  no  otras,  las circunstancias fácticas que impiden que un  funcionario   judicial  siga  conociendo  de  un  asunto,  porque  de  continuar  vinculado  a  la decisión, compromete la independencia de la administración de  justicia  y quebranta el derecho fundamental de los asociados a obtener un fallo  proferido     por     un    tribunal    imparcial7.   

         3.  En  este  caso,  los  Magistrados  Patricia Rodríguez Torres y  Leonel  Rogeles  Moreno  plantearon  la circunstancia prevista en el numeral 4°  del  artículo  99  de la Ley 600 de 2000 (numeral 4°  artículo  53  de  la  Ley  906  de  2004),  el  cual  reza:   

         4.  Que el funcionario judicial haya sido  apoderado  o  defensor  de  alguna  de  las  partes, o sea o haya contraparte de  cualquiera  de  ellos,  o  haya  dado consejo o manifestado su opinión sobre el  asunto materia del proceso.   

         Nótese  que  dicha  normatividad  prevé tres hipótesis distintas  (i)  que el funcionario judicial haya sido apoderado o defensor de alguno de los  sujetos  procesales,  es  decir,  que  haya  actuado  a  su  nombre, (ii) que el  funcionario  judicial  sea  o haya sido contraparte de cualquiera de los sujetos  procesales,  esto  es,  que  haya  actuado  en su contra o que lo esté haciendo  actualmente,  en  las condiciones procesales que la ley establece, y (iii)   que  haya dado consejos o manifestado su opinión sobre la cuestión materia del  proceso.   

Para sustentar la necesidad de apartarse del  conocimiento  del  asunto  los  dos  Magistrados  de  la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá  argumentan  que  son  contraparte de los procesados en el  trámite  de  una  acción  de  tutela  y  que manifestaron su opinión sobre la  materia  objeto de debate en este proceso con la remisión de las copias penales  y disciplinarias ordenadas.   

         4.  Así  las cosas, es del caso aclarar  que  la  causal  propuesta  en  manera alguna se estructura en esta oportunidad,  primero,   porque   los  funcionarios  judiciales no  ostentan  la  condición  de  contraparte   de   los   procesados,  pues  el  hecho  de haber enviado al Juzgado Promiscuo del Circuito  de  Chinú  (Córdoba)  un escrito de impugnación contra el fallo de tutela que  amparó  los  derechos fundamentales de los procesados PESTANA ROJAS y MARTÍNEZ  HERNÁNDEZ,  en  el  que  solicitan  la  nulidad  por  no habérseles vinculado,  además de constituirse en  una  mera  expectativa  de  vinculación,    dicha  condición  no es predicable  en las acciones de tutela.   

         Y  es que la condición de contraparte se  encuentra  reservada  a  los  asuntos  litigiosos  o  contenciosos  y,  en  este  caso,    la    acción  constitucional  no implica  la  presencia  de una contienda en la que los  funcionarios especializados declaren  derechos  legales, sino que  se  trata  de  un mecanismo  inmediato,    breve    y    sumario    de     protección     de    derechos  fundamentales,  tal como ha  sido admitido por esta Sala al indicar:   

1.- El ejercicio de la acción de tutela no  implica  la  presencia de un proceso con partes en litigio, que pretendan de los  funcionarios especializados la declaración de derechos legales.   

2.-  Si  el legislador de 1991 concibió la  acción  de  tutela  para  la  protección  de derechos fundamentales cuando son  amenazados  o  vulnerados  por  las  autoridades o los particulares en los casos  permitidos   por   la   ley,   absurdo   resultaría   hablar   de   partes   en  contienda.   

3.-  Del  mismo  trámite  diseñado por el  legislador   para   la   acción  constitucional,  surgen  las  características  especiales  de  dicho  mecanismo,  como  lo son: brevedad, celeridad, inmediatez  y    residualidad,  precisamente  porque  no  se  trata  de un proceso  contencioso. Y,   

4.-   El   ejercicio   de   la   acción  constitucional  conlleva  una actuación preferente y sumaria, que no exige para  su   ejercicio   el  cumplimiento  de  requisitos  de  orden  formal8.   

         5.   En   segundo  lugar,  aunque   los   Magistrados  sostienen  que  al  haber  remitido copias penales y disciplinarias  contra   los  funcionarios  judiciales  manifestaron    que    los  «procesados no estuvieron privados de  la  libertad  en  razón del proceso en mención y ningún reconocimiento de una  supuesta   privación   de   la  libertad  en  centro  de  reclusión  indígena  procedía»,   lo   cierto   es   que   dicho  acto  se limitó al cumplimiento de sus funciones acorde con  lo  previsto  en  el  artículo  27  de  la  Ley  600 de 2000, en cuanto dispone  que   «[e]servidor  público  que  por   cualquier   medio  conozca  de  la  comisión   de   una   conducta   punible  que  debe  investigarse  de  oficio,  iniciará  sin tardanza la  investigación  si  tuviere  competencia  para  ello; en caso contrario, pondrá  inmediatamente     el     hecho    en    conocimiento    ante    la    autoridad  competente», y  en  tales circunstancias el solo hecho  de  haber  remitido  copias, no constituye compromiso  de  la  imparcialidad,  en cuanto de ninguna manera esa decisión judicial puede  siquiera  por  analogía  definirse  como  una  opinión  o  consejo  acorde con los términos consignados  en el Código Procesal.   

        6.  Ahora,  si la preocupación de los funcionarios judiciales    es   que   en    esa    expedición  de copias reiteraron que ningún reconocimiento de detención en  centro          de          reclusión  indígena  procedía    para    los    procesados,  esa  circunstancia  no comporta una  opinión   sustancial   y  vinculante  emitida             de            manera            extraprocesal que comprometa     su    imparcialidad    en    el  asunto,    ya    que    esa    postura    en    principio   fue   adoptada  por   los   Magistrados   dentro   de  la  actuación penal en  el  auto  de 15 de mayo de 2012, en  ejercicio   de   sus   funciones  dentro  del  ámbito  de  la  segunda    instancia,   es   decir,   en  estricto  cumplimiento  de  la  labor de administrar  justicia  en razón de su  cargo.   

        En       otras       palabras,         los    Magistrados    al      cumplir      con      el      deber      de     remitir          copias           insistieron     en    una    postura  jurídica              previamente  adoptada dentro del proceso penal, es decir, que ese  concepto  fue  expresado  en  el  ejercicio de sus funciones, por lo que resulta  ajeno al supuesto comprendido como causal de impedimento.   

        Y   es   que   esta   Sala   ha   insistido  en  que  la  opinión  o concepto anticipado motivo de impedimento debe ser  sustancial,  vinculante  y  sobre todo, manifestado  fuera  del  proceso  y no  dentro   del   mismo,   en   la  medida  en  que  sólo  aquel  que  se  produce  extraprocesalmente    puede    conducir    a    la    separación   del  caso,  en  cuanto  sujete  al  funcionario  judicial con el  tema sometido  a  su  consideración  y  le  impida  actuar con imparcialidad y  ponderación.              Obsérvese:   

[N]o  toda  opinión  o  concepto  sobre el  objeto  del  proceso  origina causal impediente, pues la que adquiere relevancia  jurídica  en  esta materia es la emitida por fuera del proceso y de tal entidad  o  naturaleza  que  vincule al funcionario sobre el aspecto que ha de ser objeto  de  decisión.  No es aquella opinión expresada por el juez en ejercicio de sus  funciones,  exceptuado  el  evento  de ‘haber  dictado  la  providencia cuya revisión se trata’, porque ello entrañaría el absurdo  de  que la facultad que la ley otorga al juez para cumplir su actividad judicial  a  la  vez  lo  inhabilita  para  intervenir en otros asuntos de su competencia,  procedimiento  que  ni  la  ley  autoriza  ni  la  lógica justifica9.   

Así  las  cosas,  esta  Sala  no  encuentra  comprometida  la  objetividad  y  rectitud  de  los funcionarios judiciales para  resolver  la  apelación del auto que les concedió a los implicados la libertad  por  pena cumplida, ya que se insiste en que las manifestaciones extraprocesales  a  las que les atribuyen las características de sustancial y vinculante, no son  más  que  la reiteración de un criterio admitido dentro de la misma actuación  penal en ejercicio de sus funciones.   

          7.  En  consecuencia,  la  Corte  procederá a declarar infundado el  impedimento  manifestado  por  los  Magistrados  de  la  Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá  Patricia  Rodríguez  Torres  y  Leonel  Rogeles Moreno y  dispondrá  la  devolución  inmediata de las diligencias para que continúen su  curso.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

  RESUELVE   

          Primero:    DECLARAR    infundado   el  impedimento  manifestado  Magistrados  de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá,  Patricia  Rodríguez  Torres  y Leonel Rogeles Moreno, para conocer de  este asunto.   

          Segundo:  DEVOLVER  la  actuación  a su  lugar de origen.   

          Tercero:  Contra  el  presente  auto  no  procede ningún recurso.   

Cúmplase  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Conformada  por  los  Magistrados  Patricia  Rodríguez  Torres,  Leonel Rogeles  Moreno y Marco Antonio Rueda Soto.   

2 Fl. 97  cuaderno original No. 1 Tribunal.   

3  Periódico  El  Tiempo,  sección  debes  saber,  pg  17.   

4 Fl. 4  cuaderno de impedimento Tribunal.   

5  En  específico,  los  doctores Carlos Héctor Tamayo Medina y José Joaquín Urbano  Martínez.   

6  Cf.  CSJ SP, 29 Feb. 2008, rad. 29189.   

7  CSJ  SP, 19 Oct. 2006, rad. 26246.   

8  Cf.  CSJ  ATP,  1  Oct.  2003,  rad.  14086, reiterado en CSJ ATP, 22 Oct. 2003, rad.  14881,  CSJ  ATP,  4  Jun. 2009, rad. 42550 y CSJ ATP, 29 Abr. 2014, rad. 73287,  entre otras.   

9  CSJ  AP,  27  Abr.  2011,  rad  35855  y  CSJ  AP,  21  Feb. 2012, rad 38375 y, entre  otras.     

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