AP1645-2014(43279)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado ponente  

AP1645-2014  

Radicación N° 43279  

(Aprobado acta N°  093)   

Bogotá,  D.C., dos (02) de abril de dos mil  catorce (2014).   

I.   V  I  S  T  O  S   

   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el   defensor   del   procesado  Javier  Antonio  Saza  Sierra,  en  contra del fallo de 4 de octubre de 2013,  por   medio   del   cual   el   Tribunal   Superior   de   Ibagué  modificó   parcialmente   la   decisión  condenatoria  de  primera  instancia,  en  el  sentido  de redosificar las penas  impuestas  por  los  delitos de peculado por apropiación y falsedad ideológica  en documento público.   

II.  H E C H O S  

El 10 de octubre de 2003, el entonces alcalde  del  municipio  de Murillo (Tolima) Javier Antonio Saza  Sierra   emitió  la  orden de suministro Nº 176  por  valor de $1.500.000, con el fin de adquirir elementos de madera que serían  destinados  a  personas  de  escasos  recursos.  El  material fue comprado en el  depósito   de   maderas   “El  Horcón”,  con  la  correspondiente  factura  y constancia de entrega. La  madera  nunca  ingresó  al  almacén de la alcaldía de Murillo, no obstante lo  cual   el   almacenista   Javier   Sánchez  Casas,  a  instancias  del  alcalde  Saza Sierra,  suscribió  los  comprobantes  de entrada y salida. Para la elaboración de este último, le  pidió  colaboración  a  Miguel  Antonio  Diagama,  arrendatario  de  un  local  comercial  de propiedad del municipio, para que apareciera como destinatario del  material.   

III.       ANTECEDENTES   PROCESALES   

1.  Por  los  anteriores hechos  y  con  fundamento  en  la  denuncia  formulada  por Luis Antonio  Sánchez  Roncancio,  la  Fiscalía  42  Seccional de  Líbano,   a   través  de         resolución         del   20   de  noviembre    de    2006,   acusó   a   Javier   Antonio  Saza  Sierra  y  Jairo  Sánchez  Casas,  como  coautores  de  los delitos de  peculado  por  apropiación y falsedad ideológica en  documento         público        (artículos  397,  último  inciso,  y 286 del Código Penal).   Así  mismo, acusó a Rafael Caicedo Lugo por las conductas punibles de contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y  falsedad ideológica en documento  público   y   por   este  último   delito  a  Alberto  Martínez Villalba y  Nubia  Elsy González Muñoz. Así mismo, precluyó  la  actuación a favor de Saza  Sierra  por el delito de contrato sin cumplimiento de  requisitos legales.   

Despachado  desfavorablemente  el  recurso  horizontal  mediante  resolución  del  11  de enero de 2007,  la  Fiscalía 6ª Delegada ante el Tribunal Superior de Ibagué, al  resolver   la   apelación   interpuesta   por   los  defensores  de  todos  los  investigados,    a   excepción   de   Sánchez   Casas,   confirmó  la acusación  mediante   resolución   del   24  de  septiembre  de  2007.   

     2.  La  causa fue adelantada por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Líbano,  el  cual,  tras  correr  el  traslado  del  artículo  400  de  la Ley 600 de 2000 y  celebrar    las    audiencias   preparatoria   y   pública,   el   28  de enero de 2010 condenó     a     Javier     Antonio    Saza  Sierra   y   Javier   Sánchez  Casas  a  las  penas  principales  de  76  y 72 meses de prisión, respectivamente, multa por valor de  $1.000.000   e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  por  término semejante al de la pena privativa de la libertad, como  autores  de  los  delitos de peculado por apropiación y falsedad ideológica en  documento  público,  al  tiempo  que  les  negó el subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena y les concedió el sustituto de la  prisión domiciliaria.   

A  los  demás procesados los absolvió por  los delitos objeto de acusación.   

3.  La  decisión  del  juzgado  fue  apelada  por     los     defensores     de     Javier   Antonio  Saza  Sierra  y  Jairo  Sánchez  Casas.  Así, en sentencia del 4 de octubre  de  2013, el Tribunal Superior de Ibagué la modificó  parcialmente,  en  el  sentido  de fijar las penas de  prisión  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  en  44  meses  para  los  dos  condenados. En lo demás, confirmó la decisión recurrida.   

         4.  En  contra  de  la  determinación adoptada por el ad  quem,  el  apoderado de Saza   Sierra   interpuso  y  sustentó  oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

IV.  DEMANDA DE CASACIÓN  

El censor, tras indicar que funda el recurso  extraordinario  en  el  principio de non reformatio in  peius,  procede  a  trascribir literal e íntegramente  los  argumentos  de  apelación  formulados contra la decisión del a quo; según estos:   

i)  La  prueba  demuestra  que  la  madera  sustraída  no fue recibida por Saza Sierra  y  que  dicho  material  sí  ingresó  y  salió del almacén del  municipio,  dependencia  a  cargo  del  almacenista  Jairo  Sánchez Casas, y se  destinó  a  un  local  comercial  de  propiedad  del  ente  territorial; ii) la  fiscalía  ya  había precluido una investigación por el mismo hecho que motiva  esta  actuación,  decisión  que  hizo  tránsito  a  cosa  juzgada; iii) no se  demostró  el  monto  del  detrimento  patrimonial sufrido por el municipio y no  puede  deducirse  la responsabilidad del procesado por haber reintegrado la suma  de  $1.500.000; iv) la madera adquirida fue recibida por el almacenista Sánchez  Casas,  único  responsable  de  su  pérdida,  quien  no  ha podido explicar su  paradero  y,  si  acaso  dicho  servidor  recibió  una  orden ilegal, ha debido  abstenerse  de cumplirla; v) critica que el fallador no le diera credibilidad al  testimonio  de  Miguel  Diagama,  en cuanto expuso que no fue el alcalde sino el  almacenista  quien  intervino  en  la  salida  de  la  madera, y en cambio se la  concediera  al  de  Pedro  Nel Londoño, quien aseguró que nunca transportó el  aludido material al almacén.      

Con  fundamento en los anteriores argumentos  de  instancia,  el  demandante alega que el sentenciador incurrió en violación  directa  del  artículo  13  de  la Constitución Política, por “error   de   hecho   y   apreciación  de  las  pruebas”.    De    manera    confusa    argumenta   que   “para   endilgarle   a   mi  prohijado,  suponiendo  que  se  había  acreditado   la   obligación  de  vigilancia  y  control  sobre  los  bienes  o  inventarios  que  llegan  al  almacén  de  un  municipio,  no es necesariamente  comprometer  la  responsabilidad  de  un  alcalde,  basta  con saber cuál es la  estructura  orgánica  de un municipio  y cuáles son las funciones de cada  cargo”.   

Enseguida,  dice  que  la  acción  penal se  encuentra  prescrita;  que finalmente fue la alcaldía la que se beneficio de la  madera,  pues  esta se destinó a un local comercial del mismo ente territorial,  y  que el juzgador erró al deducir el delito de falsedad en documento público,  toda  vez  que  Saza Sierra no  elaboró ningún documento falso.   

Así las cosas, le pide a la Sala que case el  fallo  impugnado  y,  en  sede  de  segunda  instancia, disponga su revocación.   

V.     CONSIDERACIONES    DE    LA  CORTE   

La  Corporación  anticipa  su  decisión de  inadmitir   la  demanda  de  casación,  toda  vez  que  evidentemente  incumple  las exigencias de claridad,  precisión  y debida fundamentación que deben guiar su sustentación.  Las  razones son las siguientes:   

1.  El  libelo  se  presenta ostensiblemente  inidóneo,  toda  vez que ni siquiera precisa con claridad cuál es la causal de  casación en que se funda.   

La  omisión  de  dicha  exigencia  resulta  notoria,  pues  el  censor,  al  margen  de  toda  cita  normativa,  anuncia  la  violación  directa del artículo 13 de la Constitución Política (principio de  igualdad  y  deber  de  protección  a  las  personas en condición de debilidad  manifiesta),  por  razón  de  “error de hecho y de  apreciación   probatoria”,   rótulo  de  por  sí  inconsistente,  pues  mezcla en el mismo cargo reproches de violación directa e  indirecta  de  la  ley  sustancial,  los  cuales lógica y naturalmente resultan  excluyentes entre sí, cuando concurren en el mismo cargo.   

2.  Además de lo anterior, el impugnante no  ofrece  razonamiento alguno encaminado a desarrollar el principio orientador que  desde  el  inicio  de la demanda estima vulnerado, cual es el de prohibición de  reforma  peyorativa,  y, por el contrario, desconoce que el Tribunal modificó a  favor  de  los  procesados la dosificación de la pena, lo que descarta el vicio  alegado.   

3. En lo demás, el escrito en realidad no es  más  que  la  repetición  literal  de  los mismos argumentos con los cuales la  defensa  apeló el fallo del juzgado, sin ocuparse siquiera de los razonamientos  mediante   los   cuales   el   ad   quem  les  dio  cabal  respuesta,  ni  advertir  en  ellos  algún yerro  susceptible  de corregir en esta sede extraordinaria. En estricto sentido, puede  pregonarse,  entonces,  que  en  realidad  el  libelo  no  sustenta  el  recurso  extraordinario,  toda  vez que discurre por completo de espaldas al contenido de  la  sentencia  del Tribunal, pues es evidente que no formula razonamiento alguno  orientado a rebatir sus fundamentos.   

4.  Así  las  cosas,  es de tal magnitud la  precariedad   del  sustento  de  la  demanda  de  casación  que  la  Sala,  por  sustracción  de  materia,  no  puede  avanzar mucho más en el análisis de los  presupuestos de debida fundamentación.   

Basta insistir en lo que su jurisprudencia ha  recalcado  (CSJ  SP,  6  de  julio  de  2011,  Rad.  35486),  en  cuanto  que al  casacionista  le  es exigible acompasar el discurso de sustentación del recurso  con  sus precisos fines; es así, que los reproches planteados deben encaminarse  a  obtener la efectividad del derecho material y de las garantías debidas a las  personas  que  intervienen  en  la  actuación  penal,  la  unificación  de  la  jurisprudencia  nacional,  o bien la reparación de los agravios inferidos a las  partes  con  la  sentencia  demandada  (artículo  206  de  la Ley 600 de 2000).   

Así  mismo,  debe  identificar claramente y  respetar  los  parámetros  que  la  ley  ha establecido, y la jurisprudencia ha  desarrollado,  respecto  de cada una de las específicas causales aducidas, como  también  sus  diferentes  sentidos y modalidades. El recurso de casación no es  una  tercera instancia del proceso penal ni un escenario encaminado a desaprobar  de  cualquier  manera,  en  especial  como  si  se  tratare de una alegación de  instancia,  la   interpretación probatoria y normativa del  juzgador,  como   tampoco para reprochar cualquier clase de vicio en el trámite de la  actuación, o desconocer la realidad procesal.   

El  impugnante  extraordinario debe tener en  cuenta  que  el  deber  que  le  asiste  de elaborar una correcta postulación y  debida   fundamentación   que  le  impone  el  artículo  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000 encuentran su razón de ser en que, de una parte,  la  sentencia llega a esta sede extraordinaria amparada por la doble presunción  de  acierto  y  legalidad  y,  por  la otra, el recurso es de naturaleza rogada,  razón  por  la  cual no puede ser con cualquier argumento de libre elaboración  que  se  desestimen  sus  fundamentos.  Así,  al censor le es exigible completa  claridad  y  coherencia  en  la presentación del caso ante la Sala de Casación  Penal,  la  cual  -según  así  se  lo  impone el principio de limitación y el  carácter  de rogado del recurso extraordinario- no puede corregir o interpretar  los deficientes razonamientos del casacionista.    

5.   Por  último,  dando  alcance  a  una  afirmación  que  lanza  el  recurrente  sin  desarrollo  alguno, dígase que la  acción  penal  no se encuentra prescrita. Ello es así, puesto que el procesado  ostentó  la  calidad de servidor público, y en tal condición incurrió en las  conductas  que  se  le  atribuyen. Frente a tal supuesto, el término mínimo de  prescripción  es de 6 años y 8 meses  (CSJ SP, 25 de agosto de 2005, Rad.  20673),  contados  a  partir  de  la  fecha  de ejecutoría de la resolución de  acusación    (24    de    mayo    de   2007),   término   que   aún   no   ha  transcurrido.   

6.        En        conclusión,    la   Sala   inadmitirá  la  demanda de casación, sin  que,  por  otra  parte,  del  estudio  de  las  diligencias encuentre motivo que  amerite  superar sus evidentes y profundos defectos para asegurar, de oficio, el  cumplimiento  de  las  garantías  fundamentales,  respecto  de  alguno  de  los  intervinientes.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

VI.  R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el apoderado del procesado Javier  Antonio  Saza  Sierra.   

Contra  esta  determinación  no  procede  ningún recurso   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

        PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *