SP11732-2014(43231)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

SP 11732-2014  

Radicación N° 43231  

(Aprobado  Acta No.  288)   

Bogotá  D.C., septiembre tres (3) de dos mil  catorce (2014).   

VISTOS  

Surtido sin éxito el trámite de insistencia  dispuesto  en  el  auto  mediante  el cual se inadmitió la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de los procesados JOSÉ  ALFREDO  y  JOHN  GEIVER  QUITIÁN  MARTÍNEZ contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  19  de  noviembre  de  2013,  a través de la cual confirmó la dictada el 30 de  septiembre  anterior  por  el Juzgado 43 Penal del Circuito de la misma sede que  condenó    anticipadamente    a   los   mencionados,   junto   a   Francisco        Luis        Rodríguez        Carreño,     como  cómplices  del  delito  de fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de  fuego o municiones.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  primeros,  que  motivaron  el  presente  diligenciamiento,  fueron  compendiados por el ad quem  de la siguiente manera:   

De  acuerdo  con  la  Fiscalía,  el  11 de  diciembre  de  2012  a  las  14:45  horas,  miembros  de  la  Policía  Nacional  recibieron  una  llamada  en  la  cual  se les informó sobre la presencia en la  carrera  73F con carrera 35 sur, de un vehículo en cuyo interior se encontraban  unos sujetos armados.   

Al  llegar  allí, la Policía encontró al  interior  de  un  vehículo negro a JOHN GEIVER QUITIAN MARTÍNEZ, JOSÉ ALFREDO  QUITIAN  MARTÍNEZ  y  Francisco  Luis  Rodríguez  Carreño,  el último de los  cuales  hizo  entrega  de  un arma de fuego tipo pistola cromada, marca Smith 85  Wesson.  Al  revisar  el vehículo automotor se encontró debajo de la silla del  copiloto  una pistola color negro, calibre 7.65 mm, marca Browing. Estos sujetos  manifestaron no tener permiso para el porte.   

Por  estos  hechos  JOHN  GEIVER  QUITIAN  MARTÍNEZ,   JOSÉ   ALFREDO  QUITIAN  MARTÍNEZ  y  Francisco  Luis  Rodríguez  Carreño, fueron capturados y judicializados.   

Al  día  siguiente,  se  celebró audiencia  preliminar  concentrada  ante  el  Juzgado  52  Penal Municipal con Funciones de  Control  de  Garantías  de  la  misma  ciudad,  en cuyo desarrollo se impartió  legalidad   a   la   captura,   la  Fiscalía  formuló  imputación  en  contra  de  los  aprehendidos  como  coautores  del  delito  de  fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de  fuego  o  municiones  y  el  despacho  judicial  se abstuvo de imponer medida de  aseguramiento   en   su   contra.   Los   imputados   no   se  allanaron  a  los  cargos.   

El  12  de  febrero  de  2013,  la Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  en  contra  de los prenombrados por el mismo  delito  comprendido  en  la  imputación,  cuyo  conocimiento  correspondió  al  Juzgado    43   Penal   del   Circuito   con   Función   de   Conocimiento   de  Bogotá.   

El  26  de  abril  siguiente,  cuando  las  diligencias   se   encontraban   para  celebrar  audiencia  de  formulación  de  acusación,  el ente acusador allegó escrito contentivo de preacuerdo donde los  acusados   aceptan  su  responsabilidad  por  el  delito  objeto  de  acusación  “consagrado  en el artículo 365 del Código Penal,  modificado  por  el  artículo  19  de  la  Ley  1453  de  2011”  a  título  de  cómplices, como única rebaja.      

En  virtud de lo anterior, el mismo despacho  judicial     llevó cabo, el 30 de septiembre ulterior, audiencia  de  aprobación  de preacuerdo, tras lo cual dictó la correspondiente sentencia  por  cuyo  medio condenó a JOSÉ ALFREDO  y JOHN  GEIVER    QUITIÁN   MARTÍNEZ   y   a   Francisco  Luis  Rodríguez  Carreño a la  pena  principal  de cincuenta y cuatro (54) meses de prisión y a las accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas y  privación  del  derecho  a la tenencia y porte de armas por un lapso igual como  cómplices  del  punible  aceptado.  En  la  misma  determinación, les negó la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria,  por   lo   que   dispuso,   correlativamente,  libar  orden  de  captura  en  su  contra.   

   

Recurrida en apelación esta decisión por la  defensa  de los procesados JOSÉ ALFREDO y JOHN GEIVER  QUITIÁN  MARTÍNEZ, el Tribunal Superior de Bogotá la  confirmó el 19 de noviembre ulterior.   

Contra  esta  última  decisión,  la  misma  parte,  de  manera  exclusiva, la recurrió extraordinariamente mediante libelo,  sobre  cuya  admisibilidad  se  pronunció  la  Sala el pasado 11 de junio en el  sentido  de  inadmitirla.  Sin embargo, en la misma decisión previno sobre  la   eventual   vulneración   de  garantías  fundamentales,  en  concreto  del  “principio  de  legalidad  de la pena al imponer la  sanción  accesoria  de  privación del derecho a la tenencia y porte de armas y  ante  la posibilidad de aplicar por favorabilidad de la ley penal la Ley 1709 de  2014,   cuya  entrada  en  vigencia  fue  posterior  a  la  emisión  del  fallo  impugnado”.   

Se  dispuso así que una vez se surtiera, en  caso  de  interponerse,  el mecanismo de insistencia, retornara la actuación al  Despacho    de    la    Magistrada    ponente   para   pronunciarse   sobre   el  asunto.   

Luego,  el  mismo  casacionista  promovió  mecanismo  de  insistencia  contra  el  auto inadmisorio de la demanda, del cual  conoció  el  Procurador  Segundo  Delegado para la Casación Penal, quien no lo  encontró  procedente,  motivo  por el cual las diligencias retornan al despacho  para los fines anunciados.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

Como  se  precisó,  el  objeto del presente  proveído   se  circunscribe  a  (i)  verificar  la  eventual  vulneración  del  principio  de  legalidad  de  la  pena  al  imponer  la  sanción  accesoria  de  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y porte de armas y (ii) determinar la  posibilidad  de  aplicar  por  favorabilidad de la ley penal la Ley 1709 de 2014  cuya  entrada  en  vigencia  fue  posterior a la emisión del fallo impugnado. A  ello   se   procederá,   entonces,  en  capítulos  independientes.   

(i) De la eventual vulneración del principio  de legalidad de la pena:   

En  el fallo de primer grado, como atrás se  reseñó,   el   juzgador   impuso   como  penas  accesorias  a  los  procesados  JOSÉ    ALFREDO    y    JOHN    GEIVER    QUITIÁN  MARTÍNEZ  (recurrentes  en  casación),  así  como a  Francisco   Luis  Rodríguez  Carreño  (no  recurrente  en  casación),  las  sanciones accesorias  de  inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación  al  derecho  de  tenencia  y  porte  de  armas de fuego “por  un  lapso  igual  al  de  la  pena principal”,   es   decir,   de   54  meses.  El  ad  quem,   sin  reparo  alguno,  confirmó  la  anterior  determinación.   

      

Ahora bien, el artículo 49 de la Ley 599 de  2000,  dispone  que: “La privación del derecho a la  tenencia  y porte de arma. La imposición de la pena de privación del derecho a  la  tenencia  y  porte de arma inhabilitará al penado para el ejercicio de este  derecho    por    el    tiempo    fijado    en    la    sentencia”.   

Sin  embargo,  ese  tiempo  fijado  en  la  sentencia  a  que  alude  la  norma  anterior,  no  es,  como  lo  entendió  el  a   quo  y  lo  avaló  el  Tribunal,  el  mismo establecido para la pena accesoria de inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, pues, con ello se desconoce el  artículo   51   de   la   Ley   599   de  2000,  referente  a  la  “Duración  de las penas privativas de otros derechos”,  en  cuyo  inciso  sexto  se  prescribe  que  para “La  privación  del  derecho  a  la  tenencia y porte de arma”  es  “de  uno (1) a quince  (15) años”.   

De  este modo surge claro que el proceder de  los  juzgadores  al  imponer esta sanción, de carácter accesorio, por el mismo  término  de  la  principal de prisión resulta ilegal tanto porque desconoce el  precepto  anterior  que  regula  su  duración,  como  en cuanto pretermitió el  procedimiento   de   cuartos   contemplado  en  el  artículo  61  de  la  misma  normatividad.   

Al restablecimiento de la referida garantía  deberá,  por  consiguiente,  aprestarse  la  Sala  conforme  se  lo  impone  el  artículo  180  de  la  Ley 906 de 2004, al estatuir como uno de los fines de la  casación,  precisamente,  el  respeto  de las garantías de los intervinientes.  Para  la  enmienda, se considerarán los factores de dosificación aplicados por  el  funcionario  de  primera instancia, respecto de los cuales, como ya se dijo,  ninguna glosa consignó el Tribunal.   

Pues  bien,  atendiendo  el procedimiento de  cuartos  de  dosificación  punitiva  establecido en el artículo 61 del Código  Penal,  se  tiene  que  para  el caso de la sanción accesoria de privación del  derecho  a  la  tenencia y porte de armas de fuego, el ámbito de dosificación,  conforme     al     inciso     sexto     del     artículo    51    ibídem,  según ya se esbozó, es de uno  (1)  a  quince  (15) años, o, lo que es lo mismo, de doce (12) a ciento ochenta  (180) meses.   

Ahora  bien, previo a determinar los cuartos  de  dosificación  punitiva  es preciso variar el ámbito en cuestión, dado que  la  responsabilidad  preacordada  de los implicados -recurrentes y no recurrente  en  casación-  a  la  cual  se  le  impartió  la  correspondiente  aprobación  judicial,  fue  a  título de complicidad por lo que, tratándose indudablemente  de  una  circunstancia  modificadora  de  la  punibilidad,  se  debe  aplicar el  descuento  contemplado  en  el  inciso  segundo  del  artículo  30 ejusdem   “de   una   sexta   parte   a  la  mitad”,  como  lo  hizo  el  funcionario  a quo  al  dosificar  la  pena  principal  de  prisión  y la  sucedánea   de   inhabilitación   en   el   ejercicio   derechos  y  funciones  públicas.   

Tal   procedimiento,  siguiendo  la  pauta  prevista  en  el  numeral  5°  del  artículo 61 del mismo estatuto sustantivo,  arroja  un  ámbito  de  dosificación comprendido entre      seis  (6)  a  ciento  cincuenta  (150)  meses,  esto  es,  de  144 meses para la  determinación  de  los  cuartos,  por  lo que cada uno de ellos es de 36 meses,  quedando de la siguiente forma:   

Cuarto  mínimo de seis (6) a cuarenta y dos  (42) meses.   

Cuartos medios de (42) meses y un (1) día a  ciento catorce (114) meses.   

Cuarto máximo de (114) meses y un (1) día a  ciento cincuenta (150) meses.   

Ahora  bien,  con  sujeción  al criterio de  dosificación  del  fallador de primer grado para fijar la pena de prisión y la  accesoria  de inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas,  en     el     apartado     de     “determinación  judicial”1,  se  impondrá el mínimo del primer cuarto, esto es, seis  (6)  meses  de privación del derecho a la tenencia y porte de  armas de fuego.   

Ello significa que en el presente caso cuando  el  sentenciador  impuso  como monto de la pena accesoria en comento cincuenta y  cuatro  (54)  meses,  igual  al  de  la  pena principal de prisión, se reitera,  conculcó  el  principio de legalidad, garantía de estirpe fundamental prevista  en   el   artículo  29  de  la  Constitución  Política,  a  cuyo  amparo  los  funcionarios  judiciales  están  obligados  a fijar las sanciones dentro de los  límites   cuantitativos   y   cualitativos   establecidos   en   la  ley.    

Además, el principio de legalidad, desde el  punto  de vista de la pena, constituye una garantía para el procesado y para la  comunidad,  pues  los  ciudadanos  tienen  la  certeza  de  que en ejercicio del  ius puniendi el Estado sólo  podrá  sancionar  en  razón de la comisión de una conducta punible dentro del  margen  establecido  en  la  ley,  sin  que  pueda  desbordarse  a discreción o  capricho  de  los  funcionarios judiciales, pues un tal proceder comportaría no  sólo  violación  del  referido  principio, sino también de los de igualdad de  las personas ante la ley y seguridad jurídica.   

El ajuste de la sanción accesoria aludida al  principio  de  legalidad,  por  último,  se  aplicará  tanto  a  favor  de los  recurrentes  en  casación JOSÉ ALFREDO y JOHN GEIVER  QUITIÁN    MARTÍNEZ,   como   del   no   recurrente  Francisco   Luis   Rodríguez   Carreño,  por  virtud, esto último, de lo señalado en el artículo 187 de  la  Ley  906  de  2004, según el cual: “Aplicación  extensiva.  La  decisión  del  recurso  de  casación  se  extenderá  a los no  recurrentes       en      cuanto      les      sea      favorable”.   

Resta señalar, que los demás ordenamientos  de  la  sentencia impugnada se mantendrán incólumes en tanto no se afectan con  esta determinación.     

    

(ii) Aplicación por favorabilidad de la Ley  1709 de 2014:   

En  el  auto  inadmisorio  de  la demanda de  casación  presentada por el defensor de JOSÉ ALFREDO  y   JOHN   GEIVER   QUITIÁN   MARTÍNEZ,  también se previno sobre la posibilidad  de  aplicar  por  favorabilidad  la  Ley  1709 de 2014 cuya entrada en vigor fue  posterior a la sentencia confutada.   

Sobre la temática en cuestión recientemente  se  pronunció  la  Sala en sentido de que en tal supuesto la competencia radica  en  los jueces de ejecución de penas. Al respecto, se expusieron los siguientes  motivos (CSJ, AP jul. 23 2014, rad. 43591):   

Estima  ahora  la  Corte  que  es necesario  variar  nuevamente  su  jurisprudencia  y  retornar  a  la postura inicial, para  señalar   entonces   que   lo  relativo  a  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad,  en virtud de la expedición de una ley  nueva,  le  corresponde  definirlo a los Jueces de Ejecución de Penas y Medidas  de  Seguridad  cuando  el  tema  no  haya  sido materia de decisión en el fallo  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación  por no estar vigente en ese  momento   la   mencionada  disposición  legal.  Ello  atendiendo las siguientes potísimas razones:   

         En  primer  lugar,  porque  así  lo  establece  el numeral 7º del  artículo  79  de  la  Ley  600 de 2000 al asignar a los Jueces de Ejecución de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  la  competencia  para  aplicar el principio de  favorabilidad.  Norma  de  idéntico  contenido,  es  de  anotar, también está  prevista  en  la  Ley  906  de  2004  (art.  38, numeral 7º), lo cual supone la  ejecutoria de la sentencia.   

         En  segundo  lugar,  por  razón  del  principio de limitación que  gobierna  el recurso extraordinario, en virtud del cual la Corte solamente puede  ocuparse  de los motivos casaciones (sic) postulados  por  los  sujetos  procesales,  salvo  si  se  trata de  restablecer  garantías  fundamentales,  situación que, desde luego, no resulta  viable  predicar  cuando, por la no vigencia aún de una ley nueva, la sentencia  de   segunda   instancia   no   tuvo   oportunidad  de  abordar  el  tema  allí  regulado.   

         En   tercer   lugar,   por   cuanto   absteniéndose  la  Corte  de  pronunciarse  sobre  una  materia  que  no  fue objeto de debate en el curso del  proceso,  garantiza  la  plena  vigencia  del principio de la doble instancia al  permitir  que  la  decisión  del  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y Medidas de  Seguridad,  favorable  o desfavorable al reo, sea objeto de controversia por las  partes a través del recurso de apelación.   

         Y,   en   cuarto  término,  porque  en  particular,  frente  a  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena, uno de los aspectos objeto  de  reforma  sustancial en la Ley 1709 de 2014, se tiene que el artículo 63 del  Código   Penal  impone  emitir  pronunciamiento  sobre  ese  subrogado  en  las  sentencias    de    primera,   segunda   o   única  instancia, sin incluir los fallos dictados en sede de  casación,  lo  que  no excluye, desde luego, su estudio cuando, por ejemplo, el  tema  ha  sido  objeto  de  decisión  en el fallo de segundo grado y, por ende,  materia  del  recurso extraordinario o cuando como consecuencia del ejercicio de  la  competencia de la Corte se torna imperioso su análisis en virtud de haberse  redosificado  la pena, o de oficio cuando se observe una violación flagrante de  derechos fundamentales.     

         Por  tanto,  en consideración a las anteriores razones, la Sala se  abstiene  se  decidir sobre la aplicación favorable en este caso de la Ley 1709  de  2014,  lo  cual  corresponderá  al Juez de Ejecución de Penas y Medidas de  Seguridad   respectivo   (subraya  inicial  fiera  de  texto).   

En  ese  orden,  la  Sala  se  abstendrá de  pronunciarse  sobre ese concreto tópico, el cual corresponderá definir al Juez  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad respectivo.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.-           CASAR oficiosa y  parcialmente  el fallo de segundo grado en el sentido de fijar en seis (6) meses  la  pena  accesoria  de privación del derecho a la tenencia y porte de armas de  fuego  impuesta  a  JOSÉ ALFREDO QUITIÁN MARTÍNEZ,  JOHN   GEIVER  QUITIÁN  MARTÍNEZ  y  a  Francisco        Luis        Rodríguez        Carreño.   

          2.        ACLARAR  que los restantes ordenamientos de  la sentencia impugnada se mantienen incólumes.   

3.  ABSTENERSE,      por      falta     de  competencia,  de pronunciarse  sobre la aplicación favorable de la Ley 1709 de 2014.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Fols.  123 y 124 de la carpeta.     

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