42218(04-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 404.  

                                      

Bogotá D.C., diciembre cuatro (4) de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  presentada  por  el  defensor  del  procesado  CARLOS  MEDRANO  DÍAZ  con  el objeto de sustentar el  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto contra la sentencia proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Cartagena de fecha febrero 19 del año en curso,  mediante  la cual confirmó, con modificaciones, la dictada por el Juzgado Penal  del  Circuito  de  Magangué  (Bol.)  el  26  de  abril de 2012, que condenó al  mencionado  como  coautor  del delito de fabricación, tráfico y porte de armas  de fuego o municiones agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  en  las  sentencias de instancia, de la siguiente manera:   

“Cuentan las foliaturas que el día 29 de  junio  de  2011, siendo aproximadamente las 18:40 horas, miembros de la Policía  Nacional  fueron alertados que en el corregimiento Barranca de Yuca conducía al  barrio     Camilo    Torres    (sic)    de  esta  ciudad  (Magangué),  el señor Israel Caraballo Mercado,  quien    (sic)   fue  víctima  de  un  hurto  por  parte  de  unos  sujetos que se movilizaban en dos  motocicletas,  una de ellas marca Auteco Bóxer, color azul sin placas y la otra  de  la  misma  marca,  color  negro,  de placas LTM79B, por lo que los policías  procedieron  a  la  persecución logrando la captura de los señores Enrico Luna  Anaya  y  Ricardo José Tarriba Urbano a la altura del estadero de razón social  ‘Mango Biche’,  a  quienes  se  les  practicó una  requisa  hallándose  en  su  poder,  más exactamente dentro de la tapa lateral  izquierda  de  la  motocicleta  en  que  se desplazaban, un revólver calibre 38  ‘tradimark’,  con  cartucho  en la recamara y un  celular marca Nokia 1208.   

Mientras que en un parqueadero ubicado en el  barrio  Versalles de esta ciudad se dio con el paradero de un tercer sujeto, que  se  movilizaba  en  la  motocicleta  de  placas LTM79B, identificado como CARLOS  MEDRANO  DÍAZ,  quien  al momento de practicarle la requisa a la motocicleta en  que  se  desplazaba fue hallada escondida debajo del tanque de combustible de la  moto,  una  escopeta tipo changón, calibre 20, con un cartucho en la recamara y  un    celular    marca   Nokia   1208”.     

Al día siguiente de ocurridos los anteriores  hechos,  se  celebró  audiencia  preliminar  ante  un  Juzgado  con Función de  Control   de   Garantías,   en   cuyo   desarrollo   se  legalizó  la  captura  de   los  aprehendidos  en  contra  de  quienes  la  Fiscalía  formuló  imputación  por  los  delitos  de  fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego o municiones  (art. 365  del      C.P.,       modificado  por                              los   arts.  38  de                   la                   Ley  1142  de  2007  y  19  de  la  Ley  1453  de 2011), hurto  calificado      agravado      (arts.      240      y     241-10     íb.)  y  concierto  para  delinquir (340  íb.), por los cuales se les  dictó  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva en establecimiento  carcelario. Los imputados no aceptaron los cargos.   

El  22  de  agosto  ulterior  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  en  contra  de los procesados por los mismos  delitos.  Luego, durante la audiencia de formulación de acusación realizada el  1°  de  septiembre  siguiente  ante el Juzgado Penal del Circuito de Magangué,  adicionó   al   primer   delito  referido  las  circunstancias  de  agravación  específicas  consagradas en los numerales 1 (utilizando medios motorizados) y 5  (por   obrar  en  coparticipación  criminal)  del  artículo  365  del  Código  Penal.   

Ante el mismo despacho judicial se tramitaron  las  audiencias preparatoria y de juicio oral a cuyo término profirió el fallo  respectivo  por  cuyo  medio condenó a CARLOS MEDRANO  DÍAZ  a  la  pena  principal de doscientos dieciséis  (216)  meses  de  prisión  como  coautor del delito de fabricación, tráfico y  porte   de   armas   de   fuego   o   municiones   agravado   y  a  Enrico   Luna   Anaya   y   Ricardo   José Tarriba Urbano por el  mismo  delito  y  hurto  calificado  agravado  a la pena principal de doscientos  treinta y cuatro (234) meses de prisión.   

Así mismo, condenó a todos los mencionados  a  las  penas  accesorias  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  y  prohibición del porte o tenencia de armas por un lapso  igual,  al  paso  que  los  absolvió  del  delito  de concierto para delinquir;  adicionalmente    a   MEDRANO   DÍAZ   lo  absolvió  del delito de hurto agravado calificado. A ninguno de  los  sentenciados les concedió el subrogado de la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

   

Recurrida   en   apelación   la  anterior  providencia  por  la defensa de los procesados Tarriba  Urbano     y    MEDRANO  DÍAZ,  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena el 19 de  febrero  de  2013 la confirmó con la modificación consistente en prescindir de  las  circunstancias  de  agravación  específicas  del  delito de fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego o municiones consagradas en los numerales 1  y  5 del artículo 365 del Código Penal tras considerar que no fueron deducidas  en   la   acusación;   ello,   en   pro   de   garantizar   el   principio   de  congruencia.   

Como consecuencia de lo anterior, redosificó  la  pena  en  los  siguientes  términos: a (i) CARLOS  MEDRANO  DÍAZ  le  fijó  ciento  ocho (108) meses de  prisión   y   a   (ii)   Luna   Anaya  y      Tarriba     Urbano,  por  su  parte,  ciento  catorce  (114) meses de prisión, mismos  términos  en  los  que quedaron establecidas las penas accesorias impuestas. En  lo  demás,  dejó  incólume  lo  decidido  por  el a  quo.   

Contra  esta  última decisión, el defensor  de  MEDRANO DÍAZ, de manera  exclusiva,   la   recurrió   extraordinariamente,   mediante  demanda  de  cuya  admisibilidad se pronuncia la Sala.   

LA  DEMANDA   

          El  defensor  del  procesado  formula  tres  cargos  contra el fallo  impugnado.  El  primero,  por  la  causal  de  nulidad  en  razón  “a  la  violación del derecho de defensa o del debido proceso en  aspectos  sustanciales”;  el  segundo, a su vez, por  violación  directa  de la ley sustancial por falta de aplicación del artículo  448  de  la  Ley  906  de 2004 y, el tercero, por violación indirecta de la ley  sustancial derivado de error en la apreciación de las pruebas.   

Con  fines metodológicos y para precaver la  repetición  argumentativa,  la  Sala,  en  el siguiente apartado considerativo,  sintetizará  el  contenido de los cargos y, acto seguido, expondrá su criterio  en  torno  al  cumplimiento de los presupuestos de admisibilidad. Dicha labor la  realizará conjuntamente en relación con los dos primeros cargos.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

    

1. Cargos   primero   y   segundo.  Desconocimiento del principio de congruencia:     

         

Estos dos reparos, a pesar de ser formulados  al  amparo  de  causales  diversas,  guardan  identidad conceptual, en cuanto el  casacionista  enrostra al fallo vulnerar el principio de congruencia previsto en  el  artículo  448 del estatuto procesal penal, al haber deducido a su defendido  circunstancias   específicas   de    agravación  no  contempladas  en  la  acusación.   

          En  virtud  de  lo anterior, sostiene en el primer reparo sustentado  en  la  causal  de nulidad, “me ratifico en lo dicho  en  aquella  oportunidad, sobre todo cuando el Tribunal Superior de Cartagena en  la   parte   considerativa   expuso   ‘En  consecuencia  considera  el  Despacho  que  el recurrente tiene  completa  razón  al  solicitar  que  se  le  dé  aplicación  al  principio de  congruencia,  teniendo en cuenta que las grabaciones de audio que se hicieron en  la      etapa     del     juicio     se     puede     verificar     (sic) claramente que la fiscalía siempre  solicitó  condena  por  el  delito  de fabricación, tráfico, porte de arma de  fuego,  partes, accesorios o municiones en su modalidad simple o básica, lo que  también  se  puede  constatar  en  el  escrito  de  acusación  que  obra en el  expediente,  por  lo que modificará la sentencia en este punto redosificando la  sanción punitiva”.   

          Lo  expuesto,  a  juicio del actor, confirma la violación al debido  proceso  denunciada  “al  no  fallar  en  derecho y  colocarle  al  procesado  una  carga mayor, quien no sólo por el hecho de estar  investigado  tenga  que  defenderse  (sic)  por otra causa violando su derecho de defensa y el debido proceso  y  hasta el punto de presentar ante ustedes señores Magistrados la solicitud de  nulidad”,  pues  “no es  una  simple  redosificación  punitiva  la que subsana el hecho de la violación  del derecho fundamental”   

          En  el  segundo  reparo,  por  su  parte,  cimentado en el motivo de  violación  directa  de  la  ley  sustancial, advierte el actor que “el  solo  hecho de demostrar y así lo hizo saber el ad quem, la  violación  del  principio  de  congruencia  (art.  457  de nuestro ordenamiento  jurídico  procesal  penal),  de  tal  modo  que  no  debe confundirse con el de  reformatio  in  pejus, tal como se quiere hacer ver, porque si bien el fondo del  asunto  no  es  la  tasación de las sentencias o la rebaja en la pena impuesta,  que  de  hecho  favoreció  a los procesados, también lo es que el principio de  congruencia  trae  aparejada  una  violación  sustancial  que  afecta el debido  proceso,  hasta  el  punto  que su inaplicación o aplicación parcial demuestra  que  se  está  en  presencia de una violación a nuestro ordenamiento jurídico  procesal   penal   y   constitucional   (art.   29  de  la  C.N.)”.   

          Basa  lo  anterior en que la Fiscalía, en el decurso procesal, esto  es,  en el escrito de acusación, en los alegatos iniciales o teoría del caso y  en  los  conclusivos  tras  agotarse la fase probatoria del juicio oral, siempre  endilgó  la conducta de fabricación, tráfico, porte de arma de fuego, partes,  accesorios  o  municiones  en  su modalidad simple o básica y en ningún aparte  relacionó que fuera agravada.   

          Consideraciones de la Sala:   

La Ley 906 de 2004 amplió la cobertura para  acceder  al recurso de casación en tanto que, a diferencia de los ordenamientos  procesales  precedentes,  es  viable  contra  todo tipo de sentencias de segunda  instancia   “en   los   procesos  adelantados  por  delitos”,  sin  que  obre restricción alguna en relación con la autoridad que  la     profiere,     y     eliminarse     la    exigencia    del    quantum  de pena del delito, pero ello no  significa  que  quien  acuda  a  este  medio  de  impugnación  esté  exento de  satisfacer  una  serie  de  requisitos  formales  y técnico jurídicos de orden  argumentativo.   

En efecto, de conformidad con los artículos  183,  modificado  por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y 184 de dicha normatividad,  para  que  la  demanda sea admitida es preciso acreditar interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad  del fallo de casación con el fin de satisfacer alguno  de  los fines establecidos para el recurso en el artículo 180, siendo estos, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación de la jurisprudencia.   

          Pues  bien,  de la propuesta contenida en las dos censuras objeto de  análisis,  como  ya  se  dijo  idénticas  conceptualmente, se extrae que no se  satisface el primer supuesto referido al interés para recurrir.   

Recuérdese cómo, según lo tiene sentado la  Sala,   constituye  presupuesto  del  derecho  a  la  impugnación  el  interés  jurídico  del  sujeto  procesal  que  pretende,  a través del ejercicio de los  recursos,  la reparación de un desmedro causado con una decisión judicial, por  cuanto  su  propósito  es  remover, mejorar o atemperar una situación gravosa,  criterio  desde  luego  extensivo  y  aplicable  a la casación. Es decir que la  actuación  del  recurrente  debe  estar siempre encaminada a obtener una mejora  frente  a  lo declarado en la decisión contra la cual se interpone el mecanismo  impugnaticio.   

              

Presupuesto  éste  que,  desde luego, no se  verifica  cuando  previamente  ya se ha aplicado el correctivo que la situación  irregular demanda.   

Al  respecto,  se ha de recalcar que, acorde  con  lo  planteado  por el actor en los dos reparos que se vienen de sintetizar,  en  este  caso  se  vulneró  el denominado principio de congruencia porque a su  defendido  se le dedujeron en el fallo impugnado las circunstancias específicas  de  agravación  del delito por el cual fue condenado de fabricación, tráfico,  porte  de  arma  de  fuego,  partes,  accesorios o municiones consagradas en los  numerales  1  y  5  del  artículo  365  del  Código  Penal, no incluidas en la  acusación  ni en ninguna otra intervención de la Fiscalía, para cuyo remedio,  dice,  no basta con redosificar la pena, sino que se debe decretar la nulidad de  la  actuación  por  ser  evidente  que  esta  irregular  situación  configuró  quebranto del  debido proceso.   

Adicional a que los cargos ostentan defectos  de   redacción   con   repercusiones  evidentes  en  desmedro  de  su  correcto  entendimiento,  a  que  el  decreto  de  invalidez  resulta inconsecuente con la  invocación  de  la causal primera de casación por violación directa de la ley  sustancial  y  a  que  no fija los efectos de la invalidez, esto último como se  exige  en  tratándose  de la causal de nulidad, lo cual de suyo ya encamina las  censuras  hacia  la  inadmisión,  a  la  par  surge  indiscutible que el efecto  pretendido   –reitérese,  invalidez  de  la  actuación  procesal-  tampoco  es  compatible  con  el yerro  denunciado.   

Ciertamente,  el  efecto  inherente  a  la  transgresión   al  principio  de  congruencia,  sin  que  se  discuta  que  esa  irregularidad,  como  lo  señala  el  actor,  comporta  vulneración  al debido  proceso  y  al derecho de defensa, ya sea porque, como lo tiene sentado la Sala,  al  momento  de  fallar  se  introducen  nuevas  conductas  punibles, se agregan  circunstancias  específicas  de  agravación  o  de  mayor  punibilidad,  o  se  desconocen  las  específicas  de  atenuación o de menor punibilidad tenidas en  cuenta   al   momento  de  acusar,  lo  cual  hace  más  gravosa  la  forma  de  intervención  en  el  delito,  es  proferir  un nuevo fallo de reemplazo que se  sujete al marco fáctico y jurídico de la acusación.   

         Tal  remedio,  apenas resulta obvio, es mucho más favorable que el  propuesto  por  el  libelista orientado a que se invalide la actuación, caso en  el  cual  se  expone  a  que  en  su  refacción  a su  defendido   le   sean  imputadas  las  circunstancias  específicas    de  agravación  retiradas por  el  Tribunal  e,  incluso, hasta llegar a ser  condenado  por ellas.  Así las  cosas,   se  tiene  que  la  petición  del   actor   no  comporta  una   mejora  o  beneficio  para  la  situación de su prohijado, por  lo  que surge nítido que carece de interés para impugnar, lo cual determina la  inadmisión de estas censuras.   

          No  obstante  lo  anterior,  el  escrutinio de la actuación permite  advertir  que  el  Tribunal  incurrió  en  error  al retirar las circunstancias  específicas  de  agravación  en  cuestión  cuando  es  claro que ellas fueron  incluidas  expresamente  por  la  representante  de  la  Fiscalía General de la  Nación,  a  modo de adición del escrito de acusación, durante la audiencia de  su  formulación  llevada  a  cabo  el  1°  de  septiembre  de 20111.   

          Es  más, a partir de ese momento se suscitó un debate, a manera de  observación,   promovido   precisamente   por   el   defensor  de  CARLOS    MEDRANO    DÍAZ,  mismo  profesional que aquí funge como  casacionista,  en  orden  a  determinar  si dichas agravantes se inferían de la  expresión  fáctica  de  la  acusación, ante lo cual la fiscal del caso expuso  las razones pertinentes.      

          En  vista  de  esta situación, refulge evidente que el ad   quem   vulneró   el  principio  de  legalidad  de  las  penas  cuando  suprimió  del  fallo  las  circunstancias de  intensificación  en  comento  y redosificó la pena a las procesados reduciendo  sensiblemente  el  monto  de las sanciones; empero, como en este caso la defensa  funge   como  único  recurrente  en  casación,  ninguna  modificación  podrá  efectuarse  so pena de vulnerar la prohibición de la reforma en peor, principio  que  prevalece  sobre  el  de  legalidad,  según  criterio  mayoritario  de  la  Sala2.   

    

1. Cargo tercero. Violación indirecta  de la ley sustancial:     

         

Luego  de transcribir jurisprudencia de esta  Colegiatura  en  relación  con  los  diversos yerros de apreciación probatoria  demandables  por  la  causal de casación pretextada, señala que los juzgadores  incurrieron  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad “porque  distorsionaron,  tergiversaron  el hecho que revelaba la  prueba,  sacando  conclusiones  distintas a las probadas por los testimonios, en  especial     la     de     los    gendarmes    Silva    Herrera    y    Jhonatan  Barriosnuevo”.   

Para  el  actor,  la  valoración sobre esta  prueba  “compromete el dicho de otras apreciaciones  que   no   fueron   dadas   en  el  juicio”,  porque  “distorsiona  el  contenido  al  referirse  que fue  encontrada  el  arma  de  fuego  en la motocicleta, pero no realiza un juicio de  hecho  cierto  si  la  motocicleta  era de su propiedad, tal como se hace en los  procesos de destinación ilícita”.   

Además,  tampoco  fueron  apreciados  los  testimonios   de   descargo  presentados,  “quienes  debieron  hacerle  un  juicio  de  valor  de  los  dichos  y  no con ello quiero  pretender  en  este  momento entrar a valorar pruebas, sino que es de la esencia  misma   de   la   apreciación  del  testimonio  en  su  conjunto”.   

El Tribunal, indica adicionalmente, incurrió  en  contradicción,  pues  a  pesar  de  aludir  que  la  demostración sobre la  propiedad  de  la  motocicleta  en la cual se encontró el arma era irrelevante,  advierte  que  no  existe  prueba sobre su procedencia. Por lo anterior, estima,  nada  obra  en el proceso que revele la responsabilidad de su prohijado en grado  de certeza.   

Entonces,  “por  sustracción  de  materia  si  lo principal se derrumba, lo subsidiario corre el  mismo  fin,  por  cuanto  los  juzgadores  se  basaron  para  su  fallo  en  las  declaraciones  de  los  policiales  y que por medio de ellos fueron incorporados  documentos  que soportan su dicho, pero como se dijo ello no tiene relevancia si  se  demuestra  que  hubo  una  mala  interpretación  en  atención  a  un error  ostensible     en     la     apreciación     de     la    prueba”.   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  el fallo y, en su lugar, absolver a su defendido.   

Consideraciones de la Sala:  

Como  atrás se precisó, de conformidad con  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004 para que la demanda de casación sea  admitida  es  preciso  que  se  acredite la afectación de derechos o garantías  fundamentales,  lo  cual  impone  contar con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los cargos de sustentación del recurso y demostrar que es  necesario  el  fallo  para  cumplir  alguno  de  los  fines establecidos para el  recurso en el artículo 180.   

Por  consiguiente,  sólo se admitirán las  demandas  que  exhiban  una  adecuada  estructura  lógica  y  cuenten  con  una  argumentación  mínima  orientada  a  ofrecer  las razones de disenso frente al  fallo impugnado.   

Lo  dicho en precedencia, sin embargo, no es  óbice         para     que     la     Corte    “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia    planteada”,   como   lo   prescribe  textualmente  el  citado  artículo  184, supere los defectos de la demanda para  decidir  de  fondo,  lo  cual  se  corresponde  totalmente  con  la orientación  marcadamente teleológica que tiene ahora el recurso.    

La  censura  sometida  a  estudio,  como las  precedentes,  tampoco cumple con las exigencias señaladas para su admisión, en  tanto  deviene  diáfano  que  no  cumple  con  los  presupuestos  de claridad y  concisión establecidos en las normativas procesales pertinentes.   

En  primer  lugar,  dado  que  utiliza  una  redacción incoherente que dificulta su cabal comprensión.   

          En   segundo   término,   porque  hace  abstracción  total  de  la  obligación  señalada  de  precisar la necesidad del fallo atendiendo los fines  para  los  cuales  está instituido el recurso, no otros que los establecidos en  el    artículo    180   del   estatuto   procesal,   en   cuanto   “El  recurso  pretende  la  efectividad  del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a  estos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia”,  debiendo  aflorar  el vínculo entre la propuesta contenida en la  censura  y  uno  cualquiera  de  tales objetivos que dotan de sentido al recurso  extraordinario.   

     

Y  en  tercer lugar, en tanto el cargo no se  allana  a  los  lineamientos  del  error de apreciación probatoria invocado ni,  vale  decir,  a  ningún  otro  viable  en  esta sede en procura de demostrar la  inconstitucionalidad o ilegalidad del fallo impugnado.   

Según  lo  tiene  precisado  la  Sala,  el  pretextado  error  de  hecho por falso juicio de identidad se verifica cuando el  juzgador  tergiversa  o  distorsiona  el  contenido  objetivo  de la prueba para  hacerla  decir lo que ella no expresa materialmente. También se ha expuesto que  en  esa  modalidad  de  desacierto  en la apreciación de las pruebas igualmente  incurre  el  juzgador  cuando toma una parte de la prueba como si fuera el todo,  por  cuanto  ello  constituye  una  forma de distorsión, pues, en su proceso de  valoración,  se  le  suprimen apartes trascendentes, omitiendo de esa manera su  apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva, resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre la cual recae el supuesto yerro; luego, ha de evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su  sentido.   Acto  seguido, debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  ha  de mutarse a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

Pues  bien,  no  obstante   que   la   anterior   noción   pareciera  entenderla  el  censor  en  cuanto  transcribe jurisprudencia sobre la naturaleza  de  los  diversos  errores  de  apreciación  probatoria  atacables  en  sede de  casación  e identifica los  medios  de  prueba sobre los cuales recae el yerro, no  indica,    como    le   era   imperativo  de  acuerdo  con  la  naturaleza  vista  del  yerro, cuál fue la parte del contenido       de      dichas          probanzas        tergiversadas        o       distorsionadas por  agregación o supresión.    

En  lugar  de  ello,  opta por exponer,  de forma genérica, su personal  opinión valorativa sobre su credibilidad,  la que a su juicio ha debido imponerse  sobre     el     criterio     vertido     por     los     juzgadores,  a  través  de       una      disertación      totalmente  al margen del yerro invocado o de cualquier otro viable  en  esta  sede  con  la  entidad  de  derruir el fallo  recurrido.   

Dicha actitud tendiente a propiciar un debate  probatorio  a  partir  de  su  criterio  personal  no  consulta con el carácter  extraordinario  del  recurso  de  casación  por no constituir tercera instancia  habilitada  para  debatir abiertamente sobre la valoración de las probanzas por  fuera  del  marco de los errores con la potestad, en esta materia, de derruir la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que ampara al fallo impugnado (de  hecho  por falsos juicios de existencia, identidad y raciocinio y de derecho por  falsos juicios de legalidad y convicción).   

Adicional a lo expuesto, la censura se torna  intrascendente  en  la  medida  en  que  no  rebate el argumento expuesto por el  Tribunal,  ante  su reclamo igual plasmado al sustentar el recurso de apelación  incoado  contra  el  fallo  de  primera instancia en cuanto a la irrelevancia de  acreditar  la  propiedad  del vehículo en donde fue hallada el arma frente a la  responsabilidad  de su prohijado, en detrimento, por supuesto, de la suficiencia  argumentativa del reproche.      

Por   las  incorrecciones  señaladas,  el  reproche se inadmitirá.   

Como  conclusión,  entonces, respecto de la  demanda  presentada  por el defensor de CARLOS MEDRANO  DÍAZ  deviene que las falencias indicadas en cuanto a  las  tres  censuras  tornan  ineludible  su  inadmisión,  de conformidad con lo  normado en los artículos 183 y 184 de la Ley 906 de 2004.   

Ahora bien, habida  cuenta     que     contra     esta    decisión  procede  el  mecanismo de insistencia de conformidad con  lo      establecido     en     la     segunda   preceptiva  citada, impera precisar que como la  legislación no regula el trámite a  seguir   para  que  se  aplique  el  referido  instituto  procesal,  habrán  de  acatarse   las   reglas  fijadas por la Sala para su  aplicación3.   

         

        En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el defensor  de CARLOS MEDRANO DÍAZ, por  las razones consignadas en la anterior motivación.   

        De   conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y, en los términos referidos en el  acápite  final  de  esta  determinación,  contra  esta  decisión  procede  la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO          FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO      

              

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER              MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ               EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  A  partir      del      récord     10’44’’  del  c.d.  contentivo  de  la formulación de acusación, cuyo resumen escrito obra a  fol. 142 de la carpeta.   

2  Impera  señalar  que  de  tiempo atrás la Magistrada María del  Rosario  González  Muñoz  ha considerado en situaciones como la de la especie,  que   el   principio   de  legalidad  prevalece  sobre  el  de  la  non  reformatio  in  pejus, y así lo han  expresado en múltiples salvamentos de voto.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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