42070(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 302   

Bogotá, D. C., Once (11) de septiembre de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  de  HILDA  VICTORIA  MONROY  OLMOS  contra la  sentencia  del  26  de  abril  de 2013, mediante la cual el Tribunal Superior de  Tunja  confirmó el fallo proferido por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de  esa  ciudad  en cuanto a la condena como autora del punible de peculado culposo,  modificó    el   quantum  punitivo  fijándolo  en  quince  meses  de  prisión,  multa de quince salarios  mínimos  legales  mensuales  e  interdicción de derechos y funciones públicas  por  igual  lapso  y adicionó la obligación de pagar perjuicios en cuantía de  $2’223.000.    

HECHOS  

Al  practicarse  auditoria  interna  a  la  Sección   de   Notificaciones   de   la   Dirección   Ejecutiva  Seccional  de  Administración  Judicial  de  Tunja,  dirigida  por la asistente administrativo  grado  06  HILDA  VICTORIA  MONROY  OLMOS,  se  detectó  que  durante  los meses de noviembre y diciembre de  2002  y  enero de 2003 se presentaron varias irregularidades con ocasión de los  pagos  que  por  concepto  de notificaciones efectuaban los usuarios, las cuales  acarrearon         detrimento        patrimonial        de        $2’223.000,oo,.   Así,  se  borraba  la  información  del  sistema sin dejar copia física del recaudo de $6.500 de cada  notificación  y  se  superponía  el  código  de  boletas no pagadas a las que  habían  sido expedidas para hacer los cambios en el sistema y evitar el reporte  diario de caja.       

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en los anteriores hechos, el 8 de  mayo  de 2003 la Fiscalía abrió investigación vinculando mediante indagatoria  a    HILDA    VICTORIA   MONROY   OLMOS  y  a  otros  empleados  de  la  Sección de Notificaciones, siendo  definida  su  situación  jurídica el 12 de diciembre de 2003 absteniéndose de  imponerles  medida de aseguramiento por los delitos de peculado por apropiación  y falsedad en documento público.   

          El  3  de  agosto  de  2004  la  Fiscalía Quinta Seccional de Tunja  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución de acusación respecto de  HILDA    VICTORIA    MONROY    OLMOS   como  autora  de  los  aludidos  punibles  y  con  preclusión de la  investigación  en  relación con los restantes ciudadanos, decisión modificada  por  la  Fiscalía Segunda Delegada ante el Tribunal Superior mediante proveído  del  3  de octubre de 2007, previa impugnación de la defensa, por manera que la  calificación  jurídica  de  los hechos se adecuó exclusivamente al tipo penal  de  peculado culposo, pues también precluyó la acción por el delito contra la  fe pública.   

La  etapa  del  juicio  le  correspondió al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Tunja,  despacho  ante  el  cual  se  adelantaron     las    audiencias    preparatoria1   

y de juzgamiento2,  luego  de  lo cual, el 18 de  agosto de 2011, profirió fallo condenatorio.   

Contra  dicha sentencia la defensa interpuso  recurso  de apelación, siendo confirmada el 26 de abril de 2013 por el Tribunal  Superior  de  Tunja  en  cuanto a la condena, pero modificada en el quantum  punitivo  para fijarlo en quince  meses  de  prisión,  multa  de  quince  salarios  mínimos  e  interdicción en  derechos  y  funciones  públicas  por  igual lapso; así mismo, se adicionó la  orden     de     pagar     perjuicios     en    cuantía    de    $2’223.000,oo.   

Atendido  el  sentido  de  la  decisión  de  segunda  instancia,  la defensa promovió el recurso extraordinario de casación  el cual sustentó oportunamente.   

LA  DEMANDA   

          Con  apoyo  en  la causal tercera del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  el  actor  propone un único cargo, acorde con el cual la sentencia está  viciada  de  nulidad  por  un  defecto de estructura y procedimiento en tanto se  profirió cuando ya había prescrito la acción penal.   

          En  demostración  del  reproche  cita  disposiciones  y precedentes  jurisprudenciales  sobre  la  materia  y,  a  continuación,  afirma que como se  procede  por el punible de peculado culposo, cuya pena oscila entre 1 y 3 años,  el  lapso  de prescripción es de 4 años considerando el aumento de una tercera  parte  previsto para los servidores públicos, pero como no puede ser inferior a  5  años,  ese  es  el  término  que  debe  tenerse  en  cuenta  en  el  evento  examinado.    

          En  ese  orden,  agrega,  si  la  última  fecha de ejecución de la  conducta  fue  enero de 2003 y la resolución de acusación adquirió firmeza el  3  de  octubre  de  2007,  la prescripción se interrumpió a los cuatro años y  ocho  meses,  momento  a  partir  del  cual empezó a correr de nuevo. Por ende,  opina,  la  sentencia  de  segunda  instancia  se  profirió  cuando  ya  había  prescrito  la  acción  penal,  pues según el artículo 83 del Código Penal se  debe  descontar la mitad del lapso de cinco años quedando en dos años y medio,  por   manera  que  el  fenómeno  inhibidor  se  concretó  el  3  de  abril  de  2010.   

          Por  lo  anterior  solicita  casar  la  sentencia  y,  en  su lugar,  decretar  la prescripción de la acción.            

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          La  Sala  ha  decantado  con  suficiencia  que en el examen sobre la  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales  le  corresponde constatar que los  recurrentes  formulen  sus  censuras con sujeción a las exigencias de lógica y  pertinente  argumentación  definidas  por  el legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia adicional a las surtidas.   

Tales  requisitos  se  orientan  a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  213  de la mencionada  legislación  “si el demandante carece de interés o  la    demanda   no   reúne   los   requisitos   se  inadmitirá”   (subrayas  fuera de texto).   

En  el  evento bajo examen el actor opta por  invocar  en  apoyo  del  único cargo formulado la causal tercera prevista en el  artículo   207   de   la   Ley   600   de   2000,  relativa  a  “cuando  la  sentencia  se  haya  dictado  en  un  juicio viciado de  nulidad”.   

          Sin   embargo,  tiene  dicho  la  Corte3,   cuando   se   planeta   la  prescripción  de  la  acción  penal,  aunque  el reparo debe fundarse en dicha  causal,  su  desarrollo  debe  surtirse  conforme  a las exigencias de la causal  primera  por  cuanto la decisión de las instancias de no reconocer el fenómeno  prescriptivo  sólo  puede  originarse  en  la violación directa de la ley, por  inadecuada   interpretación  o  aplicación  indebida,  o  en  la  vulneración  indirecta  de la misma, por la presencia de yerros probatorios, pues pretermitir  un  hecho  objetivo como lo es el paso del tiempo y la consecuente imposibilidad  de ejercer la acción penal, vulnera el debido proceso.   

          Siendo  ello  así,  debía  el libelista desarrollar la censura por  alguna  de  estas  dos  vías,  esto  es,  demostrando  la configuración de una  violación  directa  de  la  ley,  bien  porque  se inaplicó la norma llamada a  regular  el  caso,  se aplicó la que no correspondía o se interpretó en forma  errada  un  precepto.  O,  si  era del caso, denunciando errores de apreciación  probatoria  que, de forma indirecta, conllevaran al desconocimiento de una regla  sustancial,  todo  lo  cual, en definitiva, demostrara la afectación del debido  proceso  al  dictarse  un  fallo  cuando  el  Estado  había perdido la potestad  punitiva.     

En el caso    de    la   especie,  el  actor no  sustenta  el  cargo  como  la naturaleza del mismo lo  impone  en  la medida que no  señala   la  forma  cómo  se  concretó  el  yerro  pregonado,  esto  es,  si  se  trató  de violación  directa  o  indirecta  de la ley y, dentro de ellas, en  qué  clase  de  falencia se incurrió, situación que impone la inadmisión del  cargo.   

Lo  anterior  con  mayor  razón  cuando se  comprueba  que la falencia  atribuida  al  fallo  no se concreta, pues  la  interpretación  que  el    libelista    hace   de  las normas  relativas  a  la  prescripción  desconoce decantados  criterios  jurisprudenciales  e,  incluso, el tenor literal del artículo 83 del  Código Penal.    

En efecto, según  el  actor,  la acción penal prescribió desde el 3 de  abril  de  2010,  por  manera  que el fallo de segundo grado, proferido el 26 de  abril   de  2013,  se  emitió  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  en  tanto  el  lapso de prescripción  para  el  delito de peculado culposo es de cinco años, término que en la etapa  del  juicio  se  reduce  a  la  mitad, es decir, a dos  años y medio.   

Al  respecto,  el  actor  pasa  por alto el  criterio  de  la  Sala,  acorde  con  el  cual el incremento de la tercera parte  previsto  para  los  casos en que el delito es cometido por un servidor público  en  ejercicio de sus funciones, del cargo o con ocasión de ellos opera tanto en  la  etapa  instructiva  como  en  el  juicio,  de  suerte  que  en  las   dos   fases  procesales,  si  la pena máxima es de cinco (5)  años  o  menos,  el  lapso  prescriptivo  es  de  seis  (6)  años  y  ocho (8)  meses.   

Tal postura la viene expresando la Corte en  forma  invariable desde el 25 de agosto de 2004 cuando en decisión de esa fecha  dictada en el radicado 20673 señaló:   

“Entonces,  el  cabal   entendimiento   de  las  reglas  de  la  prescripción  debe  realizarse  articulando   de   manera   razonada  el  texto  legal  con  los  fines  que  el  constituyente  y  el  legislador  se han propuesto, de suerte que los motivos de  política  criminal que justifican el incremento del término prescriptivo de la  acción  penal  cuando  en  la  ejecución  de  la conducta delictiva interviene  funcionalmente   un   servidor  público,  no  resulten  vanas  pretensiones  de  contenido retórico.   

Lo  anterior  permite  inferir  que  si  al  servidor  público  que  delinque en ejercicio de sus funciones o de su cargo, o  con  ocasión  de  ellos,  se le sanciona con mayor severidad en atención a los  motivos  atrás  expuestos,  ese  tratamiento  más  drástico  repercute  en la  ampliación  proporcional  del  término  con  el  que  el  Estado  cuenta  para  perseguir  esta  clase  de  delitos,  habida  consideración  de la “posición  privilegiada”  de la que goza, dificultándose a menudo la investigación y el  juzgamiento.    (…)   

En  síntesis,  recapitulando,  la  Sala de  Casación  Penal  recoge  las diversas posturas vertidas en autos y sentencias a  partir  de  la  entrada  en vigencia del Código Penal, Ley 599 de 2000, y en su  lugar  sostiene  que  en  la  sistemática  jurídica  colombiana si un servidor  público  en  ejercicio  de  sus  funciones, de su cargo o con ocasión de ellos  realiza  una conducta punible, la prescripción de la acción penal ocurrirá en  un  tiempo  no  menor  de seis (6) años y ocho (8) meses, bien que el fenómeno  ocurra  en la etapa de instrucción (antes de quedar ejecutoriada la resolución  de  acusación),  bien  que  acaezca  en  la  fase  del juzgamiento (después de  alcanzar  firmeza  la  resolución  acusatoria);  no importando que el delito se  sancione  con  pena  no  privativa  de  la  libertad,  o  que la pena máxima de  prisión  –si la hubiere-  fuere    inferior   a   cinco   años”4   

.  

En  el  caso  materia de análisis, la pena  máxima    imponible    ciertamente    sería    de    3    años,  teniendo  en  cuenta  la  época  de  comisión  del delito (noviembre y diciembre de 2002 y  enero  de  2003), pero acorde con el artículo 83 del  Código  Penal, para efectos  de  prescripción,  el  lapso no puede ser inferior a  cinco  años y, cuando se trata de servidor público, dicho periodo (aumentando    la    tercera    parte)  no  es inferior a seis años y ocho meses.  Ello porque el incremento se aplica al  lapso  mínimo  de  prescripción, que es de cinco años, y no a la pena máxima  del   delito  cuando  es  inferior  a  esa  cifra,  como lo pregona el libelista.   

De  igual  forma,  como  dicho  lapso  se  disminuye  en  la  mitad cuando se trata de la etapa del  juicio,  quedando por debajo de 5 años, es a ese último guarismo al cual se le  debe  incrementar  la  tercera  parte  por  la  calidad de servidor público del  procesado,  lo  cual  significa  que  el término llamado a tener en cuenta para  efectos   de   la   prescripción  es  el  de  6  años  y  8  meses  y no los dos  años y medio referidos por la defensa.   

Si  la  resolución  de  acusación cobró  ejecutoria   el   3  de  octubre      de  2007,  es  claro que los  aludidos  6  años  y  8 meses no se han cumplido todavía en este asunto, luego  resulta    evidente    que   no   le   asiste   al  libelista,   deviniendo  improcedente    casar    el   fallo   para   decretar   la   prescripción      pregonada.   

En  ese  orden,  la  decisión  razonable es  inadmitir  la  censura,  teniendo  en  cuenta  el  principio  de limitación que  regenta   este   medio  extraordinario  de  impugnación,  cuya  regulación  se  encuentra  en  el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, el cual impide a la Corte  subsanar  las incorrecciones anotadas. Además, porque no se advierte violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  HILDA VICTORIA MONROY OLMOS.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                    GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                     JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria     

1 Esta  audiencia se llevó a cabo el 23 de abril de 2008.   

2  Diligencia  celebrada   en sesiones del 7 de mayo y 24 de noviembre de 2009  y 2 de junio de 2011.   

3 Cfr.  Sentencias  del 9 de agosto de 2011, Rad. No. 35790 y del 10 de octubre de 2012,  Rad. No. 39720, entre otras.   

4 Cfr.  Proveídos  del  23  de  marzo  y  6 de junio de 2006, Rads. Nos. 24300 y 25531,  respectivamente;  sentencia  del 16 de febrero del 2005, Rad. No. 15.212 y autos  del 9 de agosto y 5 de diciembre de 2007, Rads Nos. 28050 y 28231.     

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