41979(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  41.979   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

EYDER PATIÑO CABRERA  

APROBADO ACTA No. 419-  

Bogotá,  D.  C.,  once  (11)  de  diciembre de dos mil trece  (2013)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Juan  David  Villamizar  Torres  contra la  sentencia  dictada el 20 de mayo de 2013 por la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Bucaramanga,  por  cuyo medio confirmó la condena impartida el 8 de febrero  del  mismo  año  por  el  Juzgado Octavo Penal del Circuito de dicha ciudad, en  calidad   de   autor   del   delito   de   tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1. La cuestión fáctica fue compendiada por  el Tribunal así:   

“El 2 de mayo de  2012,  en  la  SIJIN MEBUC se recibió información de fuente humana con reserva  de  identidad,  que en la residencia ubicada en la carrera 18A No. 59ª-09 (sic)  del  barrio Las Villas del municipio de Floridablanca, se almacenaba y expendía  sustancias  estupefacientes  por  un sujeto llamado Juan David Villamizar, quien  constantemente   en  horas  de  la  tarde  recibía  llamadas  vía  celular  de  compradores  pidiendo  la droga para luego concertar con ellos el precio y sitio  de entrega.   

El  16  de  junio  de  2012, funcionarios de  policía  judicial  efectuaron  diligencia  de allanamiento y registro al citado  inmueble  estando presente Juan David Villamizar Torres y hallaron dentro de una  prenda  de vestir del indiciado 33 papeletas en envoltura de papel contentivo de  una  sustancia sólida polvorienta con olor y características de cocaína, así  como  una  bolsa pequeña transparente con el mismo tipo de sustancia, y la suma  de $171.700 en billetes de baja denominación y monedas.   

La   sustancia  incautada  fue  objeto  de  análisis  y  prueba  de  campo PIPH en el laboratorio de pruebas de campo de la  SIJIN-MEBUC,  dando resultado positivo para cocaína y sus derivados con un peso  neto  de  8.3  gramos.”1   

2.  Ante  el Juzgado Segundo Penal Municipal  con  funciones  de  control  de garantías de Bucaramanga, al día siguiente, se  legalizó   la   captura   de  Juan  David  Villamizar  Torres,    la  orden de allanamiento y registro y la incautación de bienes con  fines  de  comiso.  Así  mismo, la Fiscal Segunda de la URI de esa localidad le  imputó   la   conducta   punible   de   tráfico,   fabricación   o  porte  de  estupefacientes,  en  la  modalidad  de almacenar, descrito en el inciso 2º del  artículo  376  del Código Penal, cargo al que se allanó. En esa diligencia se  le  impuso  medida  de aseguramiento de detención preventiva en establecimiento  carcelario2.   

3.  El  14  de  agosto  de  dicho  año,  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  con  allanamiento a cargos en los  términos        de       la       imputación3.   

4.  A instancia del Juzgado Octavo Penal del  Circuito  con funciones de conocimiento de esa ciudad, el 15 de enero de 2013 se  surtió     la    audiencia    de    verificación    del    allanamiento,   individualización    de    pena    y    sentencia4.   

5.  Mediante  sentencia del 8 de febrero del  año  en curso, la Juez de conocimiento condenó a Juan  David  Villamizar  Torres  por el punible de tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes, a las penas principales de 56 meses de  prisión  y  multa  en  cuantía  de  1.75  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  sanción privativa de la  libertad.  Además,  le  negó la suspensión condicional de la ejecución de la  pena  y  la prisión domiciliaria. En esta decisión, también dispuso el comiso  definitivo     de    la    suma    de    $171.7005.   

6. Recurrida la providencia por la defensora,  fue  confirmada  por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bucaramanga el 20 de  mayo  de  20136.   

7.  La lectura del fallo se llevó a cabo el  28  de  ese  mes7.   

8. La defensa técnica interpuso8     y  sustentó9 oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Empieza por señalar que la demanda tiene por  objeto   que   la   Corte   case   la   sentencia   acusada   y  “obrando        como        juez       de       instancia”10  dicte otra en la que conceda  a  su  asistido  la aplicación favorable del artículo 40 de la Ley 600 de 2000  que  consagra una rebaja de la tercera parte de la pena, la cual es más benigna  que la contemplada en el canon 57 de la Ley 1453 de 2011.   

A  continuación,  identifica  las  partes e  intervinientes,  cita  los  hechos  narrados  por  el  Tribunal  y  sintetiza la  actuación procesal.   

Enseguida,  anuncia  que  con  el  recurso  persigue   alcanzar   la   efectividad  del  derecho  material,  “entendida  como  la necesidad de la defensa de la observación de la  ley   contra   las  sentencias  violatorias  de  esta,  por  medio  del  control  jurisdiccional,  que  predica  en  últimas,  su recta interpretación, adecuada  aplicación  y  el  sometimiento  de los jueces al imperio de la ley”11.   

Postula  un  único  cargo  al  amparo de la  causal  primera  del  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, consistente en la  violación  directa de la ley sustancial, por aplicación indebida del artículo  57  de  la  Ley  1453  de  2011,  ocasionado  por la falta de aplicación de los  cánones   29,   inciso   3º  de  la  Constitución  Política,  6º  de  ambas  codificaciones       penales      –sustantiva   y   adjetiva-,   40  de  la  Ley  600  de  2000  y  del  “valor  y  el  avance  la  jurisprudencia  sobre  la  materia,  vulnerando  de  esa  forma  el  principio de favorabilidad”12.   

Previa  alusión,  en extenso, al mencionado  postulado  –que documenta  con  jurisprudencia  de  la  Sala de Casación Penal13      y      la     Corte  Constitucional14-   y   a   la   aplicación  favorable  de algunos preceptos de la Ley 906 de 2004 frente a casos regidos por  la  Ley  600  de  2000  –no  precisa  cuáles-,  admitida por la Corte para evitar la inseguridad jurídica y  el   trato   desigual   y  garantizar  la  libertad  personal,  asevera  que  el  ad  quem  se  equivocó  al  dejar  de  aplicar  la norma más favorable a su representado, bajo el predicado  de  la  falta  de  requisitos para hacerlo retroactiva o ultractivamente, habida  cuenta  que  el  delito no fue cometido en vigencia del Código de Procedimiento  Penal del 2000.   

Recuerda  que,  el  Tribunal  consintió  la  posibilidad  de  aplicar  el  principio de favorabilidad ante la coexistencia de  leyes  en  el  tiempo  y,  sin  embargo,  no lo hizo así frente a su prohijado,  aduciendo  que  para  la época de los hechos únicamente se aplicaba la Ley 906  de  2004  y,  por  ende,  no  ocurrió  tal fenómeno. Este yerro generó que el  procesado  fuera  sentenciado a un quantum punitivo más alto al que le correspondía.   

Enfatiza  que, el dislate se agudizó cuando  la  colegiatura  aceptó  la viabilidad de aplicar dicho axioma y, en todo caso,  consideró  imposible  hacerlo  ya  que  los  preceptos  enfrentados  no regulan  institutos  procesales análogos, pues el artículo 57 de la Ley 1453 de 2011 se  refiere  a  la  rebaja  de  pena cuando la persona es aprehendida en flagrancia,  mientras   que   el   artículo   40   de   la   Ley   600   no  contempla  esta  circunstancia.   

A  juicio del censor, esta postura es errada  porque  actualmente  no  cabe  duda  acerca de que las figuras de allanamiento y  sentencia      anticipada     son     semejantes15.   

El letrado es, asimismo, del criterio que, en  tanto  el  descuento  de la tercera parte de la pena, previsto para la sentencia  anticipada,  cabe  tanto  respecto  de los procesados sorprendidos en flagrancia  como  de  los  que  no  están en esa condición, el Tribunal aplicó las normas  constitucionales  y  legales de forma restrictiva, vulnerando, de este modo, los  principios  de  favorabilidad  y favor rei.   

Pretende   que   la   Sala  disponga  que,  “a   casos  ocurridos  bajo  la  égida  del  nuevo  procedimiento  penal  se  aplique la rebaja de pena estatuida en el ordenamiento  anterior,   que   concede   un   beneficio   de   rebaja  de  1/3  parte  de  la  sanción”,  así  como  se  hizo antes a la inversa,  tratándose  de la aplicación favorable del artículo 351 de la Ley 906 de 2004  frente a casos regidos por la Ley 600 de 2000.   

Solicita  casar  el  fallo confutado, dictar  sentencia  en  el  sentido  indicado  y  redosificar  la  pena  impuesta.  De no  prosperar  el  cargo,  reclama  igual  consecuencia jurídica como resultado del  ejercicio de la potestad oficiosa de la Corte.   

CONSIDERACIONES  

Al tenor de lo dispuesto en el artículo 180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene como  finalidad  “la  efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a   estos,   y  la  unificación  de  la  jurisprudencia”.   

Con      tal     propósito,    el   inciso   2º   del   artículo   184   ejusdem  fijó  las  reglas mínimas  de   admisión   de   la   correspondiente  demanda,  estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella que i) carezca de interés para  acceder  al  recurso,  ii) no invoque la causal conforme a la cual se edifica el  reproche  de  las  contempladas  en  el  artículo 181  ibídem,   iii)   omita   desarrollar   los   cargos  correspondientes      o,      iv)      fundadamente      se     logre  establecer  que  no se requiere de la  sentencia    para    cumplir   las   finalidades   previstas   en   el   aludido  artículo 180; lo anterior, salvo que el cumplimiento  de   alguno   de   esos  fines  permita  superar  los  defectos  técnicos que exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También  tiene  decantado  la  jurisprudencia  que  el libelo debe ser  íntegro  en  su  formulación,  suficiente,  claro y preciso en su desarrollo y  eficaz  en  la pretensión, de tal suerte que se debe soportar en los principios  que  rigen  el recurso extraordinario, en especial, los de claridad, precisión,  fundamentación  debida,  prioridad, no contradicción y autonomía, sin que sea  viable  argumentar a la manera de un alegato de instancia.  La proposición  de  los  cargos  exige  escoger  adecuadamente  la  causal  y  el  sentido de la  violación y, concretar el disenso en términos de trascendencia.   

El  memorial que nos ocupa, si bien anunció  que           el          propósito             perseguido      con     la        impugnación        extraordinaria,  es  alcanzar  la  efectividad  del  derecho  material,   no   explicó   el  alcance  de  esa  pretensión  en  el  caso  concreto, pues se limitó a señalar que es necesario  ejercer  la  defensa  frente  a  decisiones violatorias de la ley, a través del  control jurisdiccional, sin ninguna otra explicación.   

Además,  el  libelo  tampoco  satisface los  requisitos  mínimos que exige el referido canon 184 para su admisión y, por lo  tanto, no puede ser seleccionado. Las razones son las siguientes:   

El  censor escogió como motivo de casación  el  previsto  en  el  numeral  1º  del  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, es  decir,  denunció  la  violación directa de la ley sustancial proveniente de la  aplicación  indebida  del  artículo 57 de la Ley 1453 de 2011 y la  falta  de  aplicación  de  los  cánones 29, inciso 3º de la Constitución Política,  6º  de las leyes 599 de 2000 y 600 del mismo año, 40 de este último compendio  normativo  y del “valor y el avance la jurisprudencia  sobre    la    materia,    vulnerando    de    esa   forma   el   principio   de  favorabilidad”.   

Al respecto, aunque el demandante seleccionó  adecuadamente   la   causal   a  través  de  la  cual  es  viable  criticar  la  transgresión   del   principio  de  favorabilidad  e  indicó  las  modalidades  específicas  de reproche, las cuales hizo recaer en algunas normas de carácter  sustancial16,    desconoció   que,   en   estricto   sentido,   “el  valor y avance de la jurisprudencia sobre la materia”  no constituye disposición de derecho alguna susceptible de ser  enunciada como precepto vulnerado.   

Además,  no  obstante que, a lo largo de su  escrito,  el  recurrente  intenta  acreditar  que  lo  correcto hubiera sido dar  alcance  al  postulado  de favorabilidad, la Corte advierte una clara violación  del  principio  de  corrección  material  en  la estructura argumentativa de la  censura  como  quiera  que,  para  afianzar  su postura, el letrado parte de una  premisa  equivocada,  que  por  consiguiente,  desencadena  en  una  conclusión  igualmente errada.   

En  efecto, predica el defensor que, para la  época  de ocurrencia del injusto penal coexistía la Ley 906 de 2004 con la Ley  600  de  2000  y que, por consecuencia, es válida la aplicación ultractiva del  canon  40  de  la  última  normativa mencionada sobre el artículo 57 de la Ley  1453   de   2011,   que  modificó  el  artículo  301  del  actual  Código  de  Procedimiento Penal.   

Sin  embargo,  tal  como  lo  hizo  ver  el  Tribunal,  no  solo  se  tiene  que, los hechos investigados se remontan al 2 de  mayo  de 2012, sino que para ese momento ya había entrado a regir el mencionado  canon 301.   

Y  es  que,  desconoce  el recurrente que, a  efecto  de  escoger aquél precepto de consecuencias jurídicas más benignas el  único  enfrentamiento  normativo que puede dar lugar al empleo del postulado de  favorabilidad,  surge  entre  todas  aquellas  disposiciones que hubieren tenido  vigencia  a partir de la fecha de los acontecimientos delictivos. No es posible,  entonces,  utilizar  en  ese  ejercicio  de  confrontación,  un  mandato  legal  anterior  a  ese  preciso  instante,  simplemente,  porque jamás rigió para el  asunto en cuestión.   

Desde  este punto de vista, la analogía que  el  jurista  propone  entre  su  propia  tesis  y  la  aplicación  favorable  y  retroactiva  de  algunas  normas  de  la  Ley 906 de 2004 que regulan institutos  procesales  similares frente a casos regidos por la Ley 600 de 2000 –avalada  por la Corte-, carece de todo  fundamento,  en  tanto  uno  y  otro  evento  no  tienen ninguna característica  afín.   

En verdad, es claro que la facultad de acudir  al  plurimencionado  apotegma en la forma señalada por la jurisprudencia de las  Cortes  Constitucional  y  Suprema  respecto  del artículo 351 de la Ley 906 de  2004,  fue  posible  por  razón de la coexistencia de dos compendios procesales  penales  en  el  tiempo, situación que no se acompasa al caso concreto, ya que,  se  recaba,  para  cuando  el  acusado  ejecutó  el  injusto  por  el  que  fue  investigado  y  juzgado, el artículo 57 de la Ley 1453 de 2011 había entrado a  gobernar  el  asunto y el canon 40 de la Ley 600 de 2011 nunca pudo haber regido  el proceso.   

A  manera de ejemplo, si le asistiera razón  al  libelista, se podría llegar al absurdo de que sería inviable legislar para  regular  aumentos  punitivos,  pues,  en  esas  circunstancias,  todas  aquellas  personas  que  hubiesen  cometido  un delito durante la vigencia de la norma que  incrementa   las   penas   podrían  alegar  la  aplicación  favorable  de  las  disposiciones    menos   severas   dictadas   antes   de   la   ejecución   del  punible.   

El  principio  de favorabilidad garantiza la  aplicación  retroactiva  o  ultractiva de la mejor consecuencia jurídica entre  las    que    hayan    regido    desde    la    comisión   del   comportamiento  delictivo.   

En el caso de la especie, la Ley 600 de 2000  había   perdido   vigencia  para  cuando  Juan  David  Villamizar  Torres  fue capturado almacenando cocaína  en  su lugar de residencia -2 de mayo de 2012-, por ende, nunca, el artículo 40  ejusdem,  pudo  servir  de  patrón  de  comparación  normativa con el artículo 301 de la Ley 906 de 2004,  modificado por el canon 57 de la Ley 1453 de 2011.   

Si  esto  es  así, insustancial resultaría  verificar   si   dichas   disposiciones  regulan  o  no,  institutos  jurídicos  análogos,   salvo   porque  el  ad  quem se tomó ese trabajo en la sentencia impugnada.   

Al  respecto,  basta  señalar  que, el solo  hecho  de  que  el  actual artículo 301 del Código de Procedimiento Penal haya  introducido  un  supuesto  normativo no contemplado en el artículo 40 de la Ley  600  de  2000,  esto  es, una restricción punitiva respecto del allanamiento de  las  personas  aprehendidas  en flagrancia, marca una clara diferencia entre los  institutos  procesales  sometidos  a  cotejo,  que  impediría  la  asimilación  pregonada por el censor.   

Las  anteriores razones son suficientes para  inadmitir la demanda.   

Ahora, para cerrar, resta aclarar que, aunque  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004 habilita a la Sala para superar los  defectos  lógico  argumentativos  que exhiba el libelo, atendiendo los fines de  la  casación,  la fundamentación de los mismos, la posición del impugnante en  el  proceso  y  la  índole  de  la controversia planteada, esta es una facultad  discrecional  de  esta  Corporación  que  opera  por  ministerio de la ley y no  responde  a  la  solicitud que con esa pretensión formule el recurrente, ya que  por   virtud  del  principio  de  limitación,  la  Corte  está  impedida  para  reformular  o  construir la demanda y constituye una carga del censor elaborarla  respetando  todos  aquellos requisitos formales previstos en la jurisprudencia y  en la ley.   

Así  las  cosas,  es  claro que tampoco hay  lugar a atender la petición de la defensa en el sentido anotado.   

   

Como   la   Sala  no  observa  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón   de   las   finalidades   de   la   casación,   la   demanda  debe  ser  inadmitida.   

Finalmente,  resta  precisar que, al amparo  del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no darle curso  a  una  demanda  de  casación,  es  procedente la insistencia, cuyas reglas, en  ausencia  de  disposición legal, fueron definidas por la Sala desde el auto del  12 de diciembre de 2005, radicación 24.322.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.    Inadmitir    la  demanda  de casación presentada por el defensor de Juan  David  Villamizar  Torres  contra la  sentencia  dictada  el  20  de  mayo  de 2013 por la Sala de Decisión Penal del  Tribunal Superior de Bucaramanga.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184  del Código de Procedimiento Penal de 2004  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS BARCELÓ CAMACHO   

            

FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO  FERNÁNDEZ CARLIER   

            

MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ             

      EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Cfr.  Folio   2   de   la   sentencia   de   segunda  instancia  a  folio  122  de  la  carpeta.   

2 Cfr.  folios 4-5 ibídem.   

3 Cfr.  folios 7-14 ibídem.   

4 Cfr.  folios 57-58 ibídem.   

5 Cfr.  folios 66-74 ibídem.   

6 Cfr.  folios 113-123 ibídem.   

7 Cfr.  folio 91 ibídem.   

8 Cfr.  folio 89 ibídem.   

9 Cfr.  folios 97-108 ibídem.   

10 Cfr.  folio 107 ibídem.   

11  Cfr. folio 105 ibídem.   

12  Ibídem.   

13  Sentencia del 8 de abril de 2008, radicación 25.306.   

14  Sentencia C-371 de 2011.   

15  Sentencias  T-091,  T-941,  T-797  y  T-966  de 2006 y T-356 de 2007 de la Corte  Constitucional  y  fallo  de tutela del 24 de agosto de 2007, radicación 32.637  de la Sala de Casación Penal.   

16 A  pesar   de   estar  consignadas  algunas  de  ellas  en  compendios  procesales.     

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