41978(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta N° 336  

Bogotá, D. C.,  nueve (9) de octubre de  dos mil trece (2013)   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda de casación presentada por la defensora del procesado Johan Armando  Molano  González,  contra  la sentencia proferida el 22 de marzo de 2013 por el  Tribunal  Superior  Militar,  la  cual  revocó  la  sentencia  proferida por el  Juzgado  de  Primera Instancia de Departamento de Policía de Cundinamarca el 18  de   septiembre  de  2012,  en  la  que  había  sido  absuelto  del  delito  de  concusión.   

HECHOS  

          Fueron consignados en la sentencia así:   

          “  Indica  el  denunciante  CÉSAR ARIAS SASTRE que para el 14 de  agosto  de  2004,  siendo  aproximadamente  las  cuatro de la tarde, envió a su  empleado  Oscar  Casteblanco  a  desplazarse  para  hacer  una entrega de varios  pedidos  de  gas  propano  y  al  transitar  por  la vía que de Chía conduce a  Cajicá  por la autopista norte, más concretamente después de Centro Chía, el  empleado  fue  requerido  por  dos uniformados que conformaban la patrulla vías  seguras,  quienes  al constatar la documentación pertinente para el expendio de  combustible  se  concluyó  que  la  tarjeta  GLP,  o  permiso  de transporte de  cilindros    de    gas   propano   se   encontraba   vencida,   inmovilizándole  momentáneamente  el  automotor,  procediéndose  por parte de los uniformados y  conductor  a  requerir  la  presencia  del  propietario  del  carro a fin de que  indicara  si  existía  algún  otro tipo de permiso. Efectivamente el ciudadano  Arias  Sastre llegó al lugar señalado y en esa oportunidad según su dicho, le  fue  exigida  la  suma de cien mil pesos a cambio de permitirle al expendedor de  gas,  continuar  con  su labor, como quiera que esta persona carecía del dinero  así  lo  informó  a  los  policiales,  quienes  le  permitieron  seguir con el  recorrido  llevando  los  pedidos para que a la vuelta les entregara lo exigido,  garantizando  así  el  pago; los uniformados dejaron consigo la tarjeta GLP, la  cual a la postre se extravió.   

Una  vez  el  ciudadano  se  desplazaba del  sitio,  procedió  a entregar el pedido, pero como quiera que sus clientes no se  encontraban,  en  forma  preocupada se dirigió a la estación de Policía Chía  con  el  fin  de  averiguar  cual era el procedimiento a seguir, en ese instante  hizo  presencia  el  comandante  de  la  unidad policial C.T. William Soriano, a  quien  el  ciudadano  puso  en conocimiento de lo acontecido y éste, en aras de  verificar  la  realidad histórica de los acontecimientos, procedió a solicitar  al  quejoso  {que} le permitiera algún dinero y es así como se desplazan hasta  la  residencia del particular tomando $35.000, billetes que fueron rubricados en  sus  caras por el oficial. Posteriormente se recoge al P.T Chica y se dirigen al  lugar  señalado  para  el  encuentro, y César Arias Sastre hace entrega de los  billetes,   situación   que   es   observada  por  los  otros  uniformados  que  concurrieron  a  la  verificación  de  los hechos, encontrándose en uno de los  bolsillos del uniforme del P.T Molano los billetes marcados”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Por  los  hechos  antes narrados la Fiscalía Penal Militar N° 142  del  Departamento de Policía de Cundinamarca en decisión del  30 de junio  de  2010,  profirió contra Javier Orlando Ruíz Cangrejo y Johan Armando Molano  González,  resolución  de  acusación  como presuntos autores responsables del  delito  de  concusión,  descrito  en  el artículo 404 del Código Penal.    

         2.  La  anterior  decisión  fue recurrida a través del recurso de  apelación   por  la  defensa  de  ambos  acusados,  el  cual  fue  resuelto  en  resolución  del  26  de  julio  de  2011,  en la que Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  Militar,  revocó la acusación que se había emitido contra  Javier  Orlando  Cangrejo  Ruíz,  cesando a su favor el procedimiento, mientras  que  confirmó  el  llamamiento  a juicio contra Johan Armando Molano González.   

         3.   La   fase   del  juicio  fue  adelantada  por  el  Juzgado  de  Departamento  de  Policía  Cundinamarca  Uno  que  el 18 de septiembre de 2012,  emitió  fallo  de  primera instancia en el que absolvió a Johan Armando Molano  González   del  cargo  de  concusión,  decisión  que  fue  impugnada  por  la  representante fiscal.   

          4.  El  recurso  de  apelación  contra  el  fallo  absolutorio  fue  resuelto  por  el  Tribunal Superior Militar que el 22 de Marzo de 2013, revocó  la  sentencia de primer grado y en su lugar condenó al procesado como autor del  delito  de concusión, imponiéndole la pena de 6 años de prisión, multa de 50  salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 5 años y la  accesoria de separación absoluta de la Policía Nacional.   

En  cuanto  a la libertad, se ordenó que la  pena  de  prisión  fuera  cumplida  al  interior  de  un  centro de reclusión.   

5.  Contra   la   sentencia  de  segunda  instancia,  la  defensora  del  procesado  interpuso  y  sustentó  el recurso extraordinario de casación, cuya  admisibilidad es el objeto del actual pronunciamiento.   

LA DEMANDA  

          Aludiendo  a  la casación excepcional, la censora plantea un único  cargo contra la sentencia del Tribunal Superior Militar así:   

    

1. Violación indirecta de la norma sustancial     

     

1. falso juicio de existencia por omisión     

Bajo la égida de la causal tercera prevista  en  el  artículo  344 de la Ley 1407 de 2010, afirma que el fallador de segunda  instancia  incurrió en error de hecho derivado de un falso juicio de existencia  por  omisión,  dado  que  no  tuvo  en  cuenta que a folio 149 reposa copia del  permiso  para  el  transporte  de  gas  GLP,  probanza que pone en evidencia las  contradicciones  en  las  que  incurrió el denunciante sobre la responsabilidad  del  procesado,  pues el señor Cesar Arias en una de sus versiones afirmó  que  portaba la tarjeta GLP vencida, pero en últimas el proceso muestra que sí  estaba  vigente,  por  lo  que desaparece el instrumento supuestamente utilizado  por  el  patrullero  Molano  González para constreñirlo a que le entregara una  suma  de  dinero,  cuando  el  quejoso  afirmó  que  éste le retuvo la tarjeta  vencida.   

Resalta  que  la  tarjeta  GLP  permitía el  transporte  de  gas del 4 de agosto de 2004 al 29 de julio de 2005, “lo  que  quiere  decir  que el GLP se encontraba vigente para el  momento  de  los  hechos pero no era portado por el conductor del vehículo, tal  como lo manifiestan los policías”.   

     

1. Falso Juicio de existencia por suposición     

También, haciendo uso de la causal tercera,  indica  que  el  sentenciador  de  segunda  instancia dedujo la existencia de la  tarjeta  GLP  vencida y su utilización por parte del acusado para constreñir a  Cesar  Arias  a  la  entrega  de  una  suma  de  dinero,  cuando  dicho medio de  convicción   no  hace  parte  del  conjunto  probatorio  allegado  al  proceso.   

          Añade  que  de  acuerdo  con lo manifestado por éste, el documento  que  le exhibió al policía fue la radicación de la solicitud del permiso para  el  transporte  de  gas,  sin  que  hiciera alusión del GLP vencido, pues de lo  contrario  dicho  elemento  habría  aparecido  para  ser  sometido  a cadena de  custodia como sucedió con lo billetes.   

          Concluye  que  no había forma de que el patrullero Molano González  obligara   Arias  Sastre  a  la  entrega  del  dinero,  pues sabía que ese  documento  no  era  indispensable  porque  se  encontraba vencido, sin que fuera  necesario que regresara al puesto de control por la tarjeta GLP.   

     

1. Error de “hecho” por falso juicio de convicción     

Dicho   yerro  lo  hace  consistir  en  la  motivación  del  fallador cuando se limita a señalar que de la prueba que obra  en  el  proceso surge en grado de certeza del hecho punible y la responsabilidad  del  procesado,  sin  precisar  cuáles  fueron  las  reglas de la sana crítica  aplicadas ni las pruebas que soportan su afirmación.   

Luego   sostiene  que  la  actuación  del  procesado  se  contrajo  a  decirle  al  dueño del rodante que la solicitud del  certificado  GLP  no  era válido, y que tenía que portar la tarjeta para poder  operar.  Además que la supuesta solicitud de dinero está soportada únicamente  en el señalamiento de César Arias Sastre.   

En  palabras  de  la libelista: “si  el  juzgador  hubiera utilizado las reglas de la lógica, la  ciencia  y  la  experiencia,  hubiese deducido que la solicitud debe ser un acto  inequívoco  por  parte del sujeto activo de la conducta y no una manifestación  ambigua    que    se   presta   para   múltiples   interpretaciones”,   ello   al  referirse  al  dicho  del  denunciante  cuando  el  patrullero         le         dijo         que        ese        “chance”        le      valía  $100.000.   

Argumenta  que  de los testimonios de César  Arias  Sastre  y Oscar Castiblanco, no puede extraerse una solicitud directa por  parte  del  policial  para  que  le  entregaran dinero y que éstos se sintieran  obligados  a  hacerlo.  Para  la  demandante,  la  expresión  que  refirió  el  denunciante   sobre   que  ese  “chance”  le  valía  $100.000,  no  satisface las exigencias del tipo de  concusión  en el que el requerimiento del funcionario debe ser claro, directo e  inequívoco.   

A  juicio  de  la  libelista, la entrega del  dinero  estuvo  mediada  por  la  planeación que sobre ese aspecto desplegó el  oficial  Soriano,  quien presionó al ofendido para que consiguiera los billetes  para  luego  dárselos al patrullero Molano González, sin que fuera la conducta  de  este  último  la  que  determinó a la víctima para que buscara el dinero.   

Concluye  que el Tribunal incursionó en una  indebida  valoración  probatoria por desconocimiento de las reglas que informan  la  sana  crítica,  al  dar  por  probada la responsabilidad del acusado por el  hecho de que en su poder se encontraron los billetes marcados.   

Por   último,   entra   a   criticar  las  declaraciones  de Arias Sastre, en la medida en que el ad quem no tuvo en cuenta  que  esas versiones fueron cambiantes y en muchas ocasiones el deponente dijo no  recordar,  ni  tampoco  tuvo  en  cuenta  que  de  acuerdo con la valoración de  medicina  legal,  este  tiene  una  personalidad  narcicista  con capacidad para  enredar  y  convencer,  además  de  sus  antecedentes  penales por el delito de  estafa,  circunstancias  que  desdicen  mucho  de  la  credibilidad del testigo.   

Solicita  que  se  case la sentencia y en su  lugar se absuelva al procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

           1. Procedibilidad del recurso   

Cabe precisar que de acuerdo con la fecha de  comisión  de  los hechos, agosto de 2004, la norma procesal aplicable para este  caso  resulta  ser  la Ley 522 de 1999, toda vez que la Ley 1407 de 2010, según  su  artículo  628, sólo rige para los sucesos acontecidos con posterioridad al  1º  de  enero  de  2010, por manera que la procedencia del recurso de casación  para  le  presente  asunto,  corresponde ser analizada bajo los artículos 368 y  siguientes de la Ley 522 de 1999, primera normativa mencionada.   

En esa medida, indica la norma en cita que el  recurso  extraordinario  de casación  procede contra sentencias de segunda  instancia,  por  delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo sea o exceda de 6 años.   

En  tratándose  del  delito  de concusión,  descrito  en  el  artículo 404 de la Ley 599 de 2000, éste contempla como pena  máxima  privativa  de la libertad la de 10 años de prisión, motivo por el que  es  clara la procedencia del recurso de casación contra sentencia proferida por  el  Tribunal  Superior  Militar  en  contra  de  Johan Molano González  al  hallarlo  autor  de  dicho  comportamiento, sin que para ello deba acudirse a la  casación  excepcional,  como  equivocadamente  lo  plantea  la  libelista en su  escrito.     

1. Calificación de la demanda     

En  lo  que atañe a la verificación de los  requisitos  de  lógica  y  correcta  fundamentación  del  único  cargo que se  plantea  en  la  demanda  consistente  en  una  trasgresión indirecta de la ley  sustancial,  la  censora  acierta  en  la  selección de la causal, toda vez que  aunque  alude  al  numeral  tercero del artículo 344 de la Ley 1407 de 2010 que  como  se dijo no es aplicable a este caso, dicha causal se refiere al manifiesto  desconocimiento   de   las   reglas   de   producción  y  apreciación  de  las  pruebas                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         sobre  la  cual  se ha fundado la sentencia y esta corresponde a la trasgresión  indirecta   de   la  norma  sustancial,  ya  sea  por  errores  de  hecho  o  de  derecho.    

Cualquier  cargo  de  error  de  hecho  por  violación  indirecta,  como  el  mismo  tiene  que  ver  con el proceso lógico  desplegado  por  el  juez  para valorar la prueba, exige de quien lo demanda, la  carga  argumentativa de hacer ver en forma expresa cuál fue el yerro, así como  el  falso  juicio que lo determinó, absteniéndose de simplemente reñir con el  criterio  del  sentenciador  frente  al  mérito  que se otorgó a los medios de  convicción.   

     

1. Respecto  del  primero  de  los  reparos  que  intenta  por  la  senda del desconocimiento  indirecto  de  la norma sustancial, referido a un falso juicio de existencia por  omisión,  cabe  precisar que se incurre en este error cuando el medio de prueba  con  incidencia  frente  a la situación de quien denuncia el vicio, es ignorado  por  el sentenciador, a pesar de existir materialmente en el proceso1.           

De lo anterior se desprende que, a efectos de  demostrar  dicha incorrección, resulta necesario identificar la prueba ignorada  en  la  sentencia  sobre  la  cual recae la equivocación que se denuncia;   subsiguientemente,  es  indispensable  hacer ver que dicha probanza existe en el  proceso  y  por  último,  resulta  preciso  demostrar  que su desconocimiento u  omisión  fue  relevante  respecto  de lo declarado en el fallo en perjuicio del  interés  que  se  representa, tarea que implica, si es el caso (cuando el fallo  está  sustentado  en  otras  pruebas),  efectuar  una  labor de cotejo con esos  restantes  medios de convicción a fin de establecer que no son suficientes para  mantenerlo,  pues en el evento de que ello se vislumbre, es claro que la censura  carece   de   trascendencia  y,  en  consecuencia,  no  fructifica  la  crítica  emprendida.      

La  prueba  desconocida  por  el Tribunal la  identifica  la  demandante  con una certificación expedida por el Ministerio de  Transporte  que  permite  el  transporte  de  cilindros  de  gas  propano  en el  vehículo  de  propiedad  de Cesar Arias Sastre con una vigencia del 4 de agosto  de 2004 al 29 de julio de 2005.   

De la lectura del fallo de segunda instancia,  efectivamente  se  confirma  que  no se hizo mención a dicha prueba documental,  sin  embargo,  la censura propuesta se quedó a mitad de camino, en la medida en  que  no  se  demuestra  la  relevancia  de  dicha omisión en la adopción de la  sentencia  de responsabilidad, pues téngase en cuenta que allí se dio absoluta  importancia  al  hallazgo  de  los  billetes  que entregó el denunciante, en el  uniforme  del  aquí  procesado,  circunstancia  a  partir de la cual el ad quem  dedujo  la  responsabilidad  del  acusado, pues no había razón alguna para que  recibiera  el  dinero, distinta a la exigencia económica que desde el principio  refirió el ciudadano Arias Sastre.   

Tampoco  la  recurrente emprende la labor de  derruir  la estimación conjunta de los medios de convicción, que condujeron al  sentenciador  de  segunda instancia a deducir que el patrullero Molano González  recibió  voluntariamente  el dinero que le entregó el denunciante y lo guardó  en  uno de los bolsillos del uniforme, para luego ser inmediatamente sorprendido  en  posesión de ellos, conclusión a la que arribó luego de otorgar crédito a  la  prueba  testimonial  allegada,  sin  que emerja contundente el documento que  extraña  la  casacionista  en  orden  a  que el fallo hubiera sido absolutorio.   

Y ello es así, porque el certificado obrante  a  folio  149  del cuaderno número uno, lo que demuestra es que el vehículo en  el  que  se  transportaba  el  gas,  no  contaba para la fecha de los hechos con  permiso  para  ejercer  dicha  actividad,  puesto  que  éste  se  encontraba en  trámite,  según se conoció desde el inicio de la investigación, toda vez que  para  evitar  la sanción, el dueño de camión acudió al puesto de control con  la  copia  del  radicado  de  la petición de ese permiso, documento que para el  patrullero  Molano  González  no  fue suficiente para permitir su tránsito, lo  que  motivó  la  exigencia económica en orden a evitar la inmovilización y el  consecuente  comparendo, al tiempo que el señor Arias Sastre acudió al comando  de  Policía  de Chía para que le indicaran si podía movilizar su vehiculo con  ese radicado, mientras le entregaban el referido permiso.   

Como se observa, resulta indiferente que para  el  momento del acontecer delictual se haya acreditado a través del instrumento  omitido,  que  el  vehículo  tuviera  el permiso que requirió en su momento el  policial  acusado,  pues  es  claro  que  para  ese  instante ese permiso no fue  exhibido,  sino  un documento en el que constaba que estaba en trámite, como el  propio Molano González lo indica en su indagatoria.   

En este orden de ideas, resulta evidente que  el  reproche  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  probatoria,  no  satisface  los  requerimientos de adecuada fundamentación, habida cuenta que no  se  verifica  que  el  documento  dejado  de  valorar  tenga  la  virtualidad de  desquiciar el fallo de condena.   

     

1. Y frente al  falso  juicio  de  existencia  por  suposición  de  prueba,  éste  recae en la  valoración   de   un  documento  que  no  hace  parte  del  acervo  probatorio,  consistente  en  el  certificado  GLP  vencido.  En efecto dicho elemento no fue  incorporado  al proceso,  aunque el denunciante manifestó que éste le fue  retenido  por  parte  del  acusado  pero  que  se le extravió y por ello no fue  aportado.     

No  obstante,  en manera alguna el Tribunal  afirma  que  ese  medio de convicción haga parte del conjunto probatorio, mucho  menos  que lo haya tenido en cuenta para encontrar demostrada la responsabilidad  del  procesado  en  el  punible  de  concusión, pues su decisión gravita en la  situación  en  la  que fue sorprendido el policial en posesión de los billetes  que  le  entregó  César Arias, hecho que fue presenciado por otros compañeros  suyos  y  por  su  superior  el  Capitán  Soriano,  el  cual no fue  justificado  en forma razonada por el procesado, motivo por el que  fundadamente  se concluyó que la posesión de ese dinero sólo se explicaba por  los  señalamientos  que  hizo el propietario del rodante, a quien se le exigió  el  certificado  vigente del GLP y no simplemente la prueba de que se encontraba  en trámite.   

Las   demás  exposiciones  del  libelista  corresponden  a  sus personales conclusiones en torno a la apreciación que debe  darse  a  la  falta  de aducción al proceso del documento que supuestamente fue  retenido,  esto  es,  el  permiso  vencido,  las  cuales en manera alguna logran  desvirtuar  el fundamento probatorio del Tribunal para señalar que el procesado  sí  exigió  una  suma  de  dinero a cambio de no ejercer un acto propio de sus  funciones  que  consistía  en  inmovilizar  el vehiculo para que la policía de  tránsito  hiciera  el  comparendo  a  su  propietario,  pues de lo contrario no  hubiera recibido el dinero.   

2.3 Respecto del último reproche consistente  en  un falso juicio de convicción, dicha censura adolece de varias infracciones  a los presupuestos de lógica y debida fundamentación.   

En primer término, como la defensora señala  que  no  se  conocieron los motivos que tuvo el fallador para inferir la certeza  de  la  materialidad  del  delito  como la responsabilidad del procesado, debió  acudir  a  la  causal  de  nulidad por falta de motivación de la sentencia, por  concretarse  una  violación  al  debido proceso, pues al desconocer las razones  del  ad  quem para derivar un fallo de condena, no es posible ejercer el derecho  de  defensa  respecto  de  las  conclusiones  que  resultan adversas al acusado.   

Contrario a ello, la demandante hace uso del  falso  juicio  de  convicción, calificándolo como un “error hecho”, cuando  éste  corresponde es a un vicio de derecho propio de la violación indirecta de  la  ley  sustantiva  civil, en el que al libelista le compete señalar, luego de  identificar  la  prueba  sobre la que recayó el yerro, que a la misma la ley le  asigna  un  mérito  suasorio  específico,  el  cual  fue  desconocido  por  el  sentenciador,  esto  es,  que  en el ordenamiento jurídico se impone una tarifa  legal que fue inaplicada por el Tribunal.   

Lo anterior, en manera alguna corresponde al  desarrollo  de la inconformidad que expone la censora, pues la misma en realidad  se  remonta  a la presunta infracción de la sana crítica en la apreciación de  algunos  medios  de  convicción,  aspecto que debió demostrar por la senda del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  pero no conformándose con afirmar el  desconocimiento  de  la  sana crítica, sino especificando la ley de la ciencia,  la  máxima  de  la experiencia o el postulado lógico que fue desconocido y que  conllevó a que el juzgador adoptara una conclusión irracional.   

Contrario  a  ello  la  censora  se dedica a  atacar  la credibilidad de los dos principales testigos de cargo, el denunciante  Cesar  Arias y el Capitán Soriano, para concluir que mienten y que su ánimo es  el  de  inculpar  al  procesado para obtener, por lo menos en lo que respecta al  oficial   Soriano,   resultados   positivos  que  le  ameriten  algún  tipo  de  felicitación por parte de la institución.   

Estas  acusaciones  que  se  basan  en  la  particular  postura  de  la  recurrente  en  torno  al poder demostrativo que se  otorgó  a  dichas declaraciones, en nada se aproximan a la acreditación de una  infracción a las reglas de la sana crítica.   

Como   quiera  que  tal  como  ha  quedado  evidenciado,  la  demanda  presentada a nombre de Johan Armando Molano González  adolece  de  serios  defectos  en la postulación y demostración de los reparos  que plantea, la misma será inadmitida.   

En   mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora del procesado Johan Armando Molano  González.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                       FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                          MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ             

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ             LUIS    GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Casación 22269 del 15 de junio de 2005     

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