41915(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACIÓN PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 336.  

Bogotá      D.C.,     octubre nueve (9) de dos mil trece (2013)   

VISTOS  

De  acuerdo  con la preceptiva del artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, procede la Corte a examinar el cumplimiento de los  requisitos  de  crítica  lógica  y  suficiente  demostración  en  la  demanda  casacional    allegada    por    el    defensor   del   procesado   STEVEN  HERNÁNDEZ, contra la sentencia de  segunda  instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el 3 de mayo de  2013,  por cuyo medio confirmó en lo sustancial el fallo dictado por el Juzgado  Doce  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de la misma ciudad el 4  de  febrero  del  año  en  curso,  a  través  del  cual lo condenó como autor  penalmente   responsable  del  delito  de  tráfico  de  estupefacientes  en  la  modalidad de llevar consigo.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento  fueron  sintetizados  por  el  Tribunal en el fallo de segundo  grado, de la siguiente manera:   

“A las 14:30 del  2  de julio de 2011 en la sala de abordaje No. 7 del aeropuerto Internacional El  Dorado  de  esta  ciudad, mientras STEVEN HERNÁNDEZ esperaba el vuelo AV 250 de  Avianca  con  destino  a  Santo  Domingo  fue revisado su equipaje, esto es, una  maleta   negra  identificada  con  el  BAGTAG  AV911755,  en  cuyo  interior  se  encontraron  cuatro  prendas  con  características  inusuales al tacto y fuerte  olor a sustancia estupefaciente.   

“Por tal razón  se  practicó  sobre dichos implementos la prueba de identificación homologada,  mediante  la  cual se determinó que el vestuario estaba impregnado con cocaína  en cantidad neta de 129 gramos”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 3 de julio de 2011 en audiencia realizada  en  el  Juzgado  Sesenta  y  Uno  Penal  Municipal  con  función  de control de  garantías   de  Bogotá,  se  impartió  la  legalización  de  la  captura  de  STEVEN     HERNÁNDEZ,  diligencia  en  la  cual  la  Fiscalía  le  imputó  la comisión del delito de  tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes (numeral 2º del artículo  376  de  la  Ley 599 de 2000), la cual no aceptó. En la misma ocasión a pedido  del  ente  acusador  le  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento  de detención  preventiva en establecimiento carcelario.   

          El  22  de  septiembre  del  mismo  año  la  Fiscalía  le formuló  acusación  como  presento autor del referido punible, en la modalidad de llevar  consigo, cargo al que tampoco se allanó.   

Surtida  la fase del juicio oral, el Juzgado  Doce  Penal del Circuito de Bogotá profirió fallo el 4 de febrero de 2013, por  medio     del     cual     condenó     a    STEVEN  HERNÁNDEZ a la pena principal de noventa y siete (97)  meses  de  prisión y multa de 125 salarios mínimos legales mensuales vigentes,  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo  de la pena de prisión, como autor penalmente  responsable  del  delito  por  el  cual  fue acusado. En la misma providencia le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  fue  confirmada  por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  mediante  proveído del 3 de mayo de 2013, pero  rebajó  la sanción principal a sesenta y cuatro (64) meses y veinte (20) días  de  prisión,  y  la multa a 2.66 salarios mínimos legales mensuales, amén que  estableció  la  pena accesoria de inhabilitación impuesta en el mismo lapso de  la sanción privativa de libertad.   

Contra   la   decisión  del  ad   quem   el   mismo  sujeto  procesal  interpuso  en  oportunidad  recurso  extraordinario  de  casación  y allegó la  correspondiente    demanda,    cuya    admisibilidad    se   examina   en   este  auto.   

EL LIBELO  

Inicialmente  el censor señala que pretende  la  absolución  de  su  asistido  en  aplicación  del  principio  in  dubio  pro  reo, y el restablecimiento  de  sus  derechos  derivados  de los principios de legalidad, conducta punible y  tipicidad.   

Entonces,  al amparo de la causal tercera de  casación  reglada  en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, el recurrente  postula  la  violación  indirecta  de  la  ley  por  aplicación  indebida  del  artículo  376  del  estatuto  penal  y  la  falta  de aplicación del principio  in  dubio  pro reo contenido  en  el  artículo  7º  del citado ordenamiento, como consecuencia de errores de  hecho por falsos raciocinios.   

En  el desarrollo de la censura advierte que  como  se trata de cuestionar falencias en la cadena de custodia,  acogiendo  recientes   decisiones   de   la   Sala  invoca  el  falso  raciocinio,  pese  a  “que  en  pronunciamientos  anteriores  se  había  dispuesto todo lo contrario”.   

          Resalta  que  en  punto de las afectaciones de la cadena de custodia  había  dicho  la Sala que se impone la aplicación de la regla de exclusión en  los  términos del inciso final del artículo 29 de la Constitución Política y  23  de la Ley 906 de 2004 y su crítica en sede casacional debía efectuarse por  la  senda  del error de derecho por falso juicio de legalidad, y procede a citar  apartes jurisprudenciales sobre el particular.   

          Destaca  que  no  se valoró adecuadamente el Informe de la Policía  de  Vigilancia en el caso de la captura en flagrancia realizada el 2 de julio de  2011,  elaborado  por  el Patrullero Darwin Hernández  García  y  “los elementos  en  los  que  se  consignó  el  procedimiento al que luego fueron sometidas las  prendas  de  vestir  en aras de tomar la referida sustancia estupefaciente, dada  su  indiscutible  naturaleza  jurídica  de  pruebas, de elementos materiales de  prueba  o  de  evidencias  físicas  a  todas  luces  ilegales,  por  haber sido  practicadas   dejando   de  lado  los  requisitos  esenciales  inherentes  a  su  formación,  circunstancia  que  subyace  de  la  transgresión de la denominada  cadena de custodia”.   

          Señala   que   conforme  lo  decía  anteriormente  la  Corte,  las  falencias  en  la  cadena  de  custodia implicaban la aplicación de la regla de  exclusión  dispuesta en el artículo 29 de la Carta Política, y puntualiza que  “desde  esta  perspectiva.  En el caso sub examine,  tendría  que  haberse aplicado la regla de exclusión en punto de los elementos  materiales  de prueba y de las evidencias físicas objeto de reseña, en los que  se  fundamentó  la  sentencia  impugnada, como quiera que en la producción del  inicial  informe  policivo  que se traduce en la génesis de los actos de prueba  posteriores  así  como  en los procedimientos utilizados desde ese momento para  la  práctica  de  estos  mismos  referentes, indudablemente se incurrió en una  sucesión  de yerros incidentes en la cadena de custodia; circunstancias que sin  lugar  a  dudas  repercutió  en  detrimento  de  la  garantía  fundamental  de  legalidad  de  la prueba consagrado en los artículos 29 de la Carta Política y  23   del   Código   de   Procedimiento  Penal  (Ley  906  de  2004)”.   

          Advera  que  el  criterio  anterior fue modificado por la Corte y en  una    “involución   jurisprudencial”  señaló  que  las  fallas  en  la cadena de custodia deben ser  ventiladas bajo la égida de los falsos raciocinios.   

          Entonces,  procede  a citar jurisprudencia sobre el falso raciocinio  y  precisa que dicho yerro recayó sobre el informe de policía que da cuenta de  la  captura  en  supuesta  flagrancia  y la declaración del Agente Darwin   Hernández  quien  realizó  tal  procedimiento,  así  como  lo dicho por Carlos Arturo  Vargas   que   realizó  la  prueba  de  PIPH,  y  la  declaración  del  perito  químico William Fernández  Garzón  quien  adelantó la prueba definitiva de PIPH  en su laboratorio, y también su informe.   

          Después     de     transcribir     in  extenso  apartes  del  fallo de segundo grado sobre el  tema  de  la  cadena  de  custodia,  el  defensor  señala  que  en el análisis  probatorio  el  Tribunal  vulneró diversos postulados de la ciencia e incurrió  en falsos raciocinios.   

          Destaca  que  en  el  análisis de la captura de su asistido y de la  declaración   del   Patrullero   Darwin  Hernández  García,  el  Tribunal  restó  importancia  a  que el  agente  no  utilizara  guantes  de  látex al manipular las prendas, con lo cual  desconoció  las  leyes  de  la  ciencia,  esto  es,  de la criminalística y la  química  forense,  contenidas  en  el  Manual  Único  de Criminalística de la  Fiscalía  General  y  en el Manual de Procedimientos de Cadena de Custodia para  el  Sistema  Penal Acusatorio, que exigen la utilización de guantes desechables  en la manipulación de estupefacientes sólidos o líquidos.   

          Refiere  que tal procedimiento es trascendente, pues evita cualquier  contaminación  del  material  probatorio,  en  este  caso  de  las  prendas  de  vestir.   

Deplora  que  se hubiera tenido en cuenta lo  dicho   por   el   Patrullero  Hernández  acerca  de  que  por  el  olor  estableció  que se trataba de una  sustancia  estupefaciente,  pues  dicha conclusión únicamente es válida luego  de  los  respectivos  análisis  forenses  conforme  a  los procedimientos de la  cadena de custodia.   

De  otra  parte  cuestiona  que  luego  del  análisis  en  el  laboratorio se hayan destruido las prendas de vestir, pues el  único  facultado  para  ello  es el fiscal del caso, sin que pudiera hacerlo el  perito  William  Fernando Garzón Méndez.   

Afirma  que  quienes recibieron la evidencia  faltaron  a  la  verdad  al  decir que se mantuvo la cadena de custodia, pues lo  cierto  es  que  las  prendas  de  vestir  fueron manipuladas sin guantes por el  patrullero  Hernández  que  las recolectó y embaló.   

          Concluye  que  al ponderar los denunciados equívocos los falladores  habrían  concluido que no se probó más allá de toda duda la materialidad del  delito   por   el   cual   se   condenó   a   STEVEN  HERNÁNDEZ,  todo  lo  cual  violó  indirectamente el  inciso  2º  del  artículo 376 del Código Penal, así como los artículos 9º,  10º, 11, 12, 22 y 29 del mismo ordenamiento.   

          Igualmente  advierte  que tales yerros son trascendentes en punto de  la   aplicación   del   principio   in   dubio  pro  reo,  pues  no  se  logró  establecer  con certeza la  materialidad  del delito ni la responsabilidad del acusado, pues no se demostró  que  fuera  el  propietario  de  las  prendas que se dice estaban impregnadas de  cocaína,  “es decir, que fuesen las mismas prendas  que  él  portaba  en  su  maleta  para  el  momento  de  los hechos”.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto,  el recurrente solicita a la Sala  casar   el   fallo   atacado,   para   en   su  lugar  absolver  a  STEVEN  HERNÁNDEZ por el delito objeto de  acusación.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene sentado la Corporación que si bien en  el   estatuto   adjetivo   de   2004  no  media  distinción  entre  el  recurso  extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó  la  exigencia  de  la  cantidad  de pena máxima del delito para acceder a dicha  impugnación,  corresponde  al  recurrente  demostrar el quebranto de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  acreditar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo impone el  artículo 184 de la citada legislación procesal.   

         Desde   luego,   en  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la Sala  constatar  en  la  formulación  y  desarrollo  de los  reparos  la sujeción a las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador y desarrolladas por la jurisprudencia, con el fin  de  evitar la transformación de este recurso extraordinario en una instancia  adicional  a  las ordinarias.  Tales  requisitos  pretenden  conseguir    el    desenvolvimiento    de  los libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto es, precisos y claros, pues no corresponde a la Corte  en  su  función reglada de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Como  en  la  censura  propuesta  la defensa  postula  varios  falsos  raciocinios, los cuales tienen lugar cuando  las  pruebas son tenidas en cuenta, pero  en  su  valoración  los funcionarios quebrantan las reglas de la sana crítica,  esto  es, los principios de la lógica, las leyes científicas o las máximas de  la  experiencia,  es  deber  del  recurrente expresar qué dice concretamente el  medio  probatorio, qué se infirió de él en la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del yerro  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de acreditar que su enmienda da lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder   que   en   este   asunto   no   adelantó   en   forma   adecuada  el  demandante.   

         En  efecto,  si  bien  el  defensor identifica las pruebas sobre las  cuales  considera  recayó  el equívoco de apreciación judicial por violación  de  las  leyes  de la ciencia, en el desarrollo del reparo aduce el quebranto de  reglas  de  procedimiento  en  punto  de  la  cadena  de  custodia,  las que son  simplemente  eso,  reglas,  pero en manera alguna leyes científicas, las cuales  se  caracterizan  por  su  vocación  de  universalidad,  en  cuanto afirman una  relación  constante  e  invariable  entre  cosas o sucesos, por ejemplo: La ley  científica  de la gravedad de Newton o la ley de la inercia, u otras leyes como  las de Amortons, Ohm, Hubble, etc.   

         Adicional  a  lo  expuesto,  en el ámbito de la acreditación de la  trascendencia  del  yerro  denunciado,  no  atina a explicar por qué razón hay  duda  acerca,  de “que fuesen las mismas prendas que  él   portaba   en   su   maleta  para  el  momento  de  los  hechos”,  pues tal situación no fue planteada y ni siquiera sugerida en  el  curso del diligenciamiento, y de ser cierta, comportaría un proceder ilegal  de  quien  realizó  la  incautación,  de  modo  que el sendero de ataque a tal  prueba sería sustancialmente distinto.   

          Ahora,  si  bien  indica  que  el  mismo  patrullero que realizó el  procedimiento  de  incautación de la sustancia declaró que no utilizó guantes  de  látex,  proceder  que eventualmente incumplió las reglas dispuestas en los  manuales  institucionales  sobre  el  particular,  no  explica  de qué forma en  concreto,  no  simplemente  especulativa,  tal omisión tuvo incidencia cierta y  efectiva  en  los  resultados  establecidos  en  el  laboratorio,  es  decir, no  acredita  que  de  haber  sido  utilizados  los  guantes  por el funcionario, la  sustancia  que  se halló impregnada en las prendas de vestir habría sido otra,  o  bien,  que  fue  dicho miembro de la Policía quien contaminó la ropa con el  alcaloide.   

          Olvida   el   casacionista  que  sobre  el  particular  la  Sala  ha  señalado:   

“Los yerros en el  curso  y respeto de los protocolos derivados de la denominada cadena de custodia  no  comportan la exclusión de la prueba, en cuanto no  se  trata  de  un  asunto  de  legalidad  del  medio  de  convicción,  sino  de  valoración  y  ponderación  judicial del mismo, en cuanto puede verse afectado  lo  genuino,  fidedigno  y  auténtico  del  elemento  probatorio,  de  modo que  aún  en  aquellos casos en los cuales se constate la  ruptura  efectiva  de  la  cadena de custodia, no por ello debe automáticamente  marginarse  la  prueba  del  acervo  probatorio,  sino  que  corresponde al juez  verificar  hasta qué punto y en qué medida, ello compromete la acreditación o  autenticidad  de  la evidencia o elemento probatorio en punto de su credibilidad  y  potencial  persuasivo”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

          En la misma providencia se puntualizó:   

“Si la cadena de  custodia  fue  establecida  en procura de asegurar pruebas fidedignas y genuinas  dentro  del  proceso,  garantizando con ello los derechos no sólo del sindicado  sino  también  de  los  demás  intervinientes,  es  evidente  que dicha  teleología  no  permite  transformarla  en herramienta para  obstaculizar  el  trámite  o  peor  aún,  en  instrumento  para  conseguir  la  impunidad  mediante  la  utilización irracional de las formalidades,  siempre  que,  se  reitera,  se  preserve  su razón de ser y se  cumplan  los cometidos garantistas que le dan sentido a su institucionalización  por    vía    legislativa    en    el   estatuto   procesal   penal”.   

Ahora,  al  cuestionar  lo  expuesto  por el  patrullero  Hernández acerca  de  que  por el olor estableció que se trataba de una sustancia estupefaciente,  el  actor  no  explica  de  qué manera en la valoración de dicho testimonio de  violaron  las reglas de la sana crítica y tampoco denota su trascendencia, pues  es  claro que fueron los exámenes de laboratorio los que con certeza señalaron  la  sustancia  de  la  cual  se  encontraba  impregnada  la  ropa que portaba el  procesado en su maleta.   

Con  relación  a  la  destrucción  de  las  prendas  de vestir una vez realizado el análisis en el laboratorio, el defensor  no  señala  la  injerencia  de  una  tal  incorrección  real o supuesta, en el  sentido del fallo.   

Como  el  recurrente plantea la necesidad de  aplicar  el  principio  in  dubio pro reo,  sin  dificultad  se constata que no demostró qué elemento de la  estructura  óntica  del  delito  careció  de  acreditación,  o  cuál  es  la  hipótesis  de  trabajo  diversa  a  la  probada  en el curso de las instancias.  Tampoco  señaló  los aspectos que en el ámbito de la materialidad del punible  o  la  responsabilidad  de  su asistido no fueron acreditados más allá de toda  duda,  pues  orientó su esfuerzo a plasmar su particular ponderación sobre los  yerros  en  la  cadena de custodia, proceder inadmisible en esta impugnación de  índole  extraordinaria,  no  instituida  para  ofrecer  alegaciones  de factura  informal,  sino  para  denunciar  errores graves en la aplicación de la ley, la  apreciación  de  las  pruebas  o  la  guarda  de la legalidad y legitimidad del  proceso.   

Como el demandante se sustrae de lo dispuesto  en  el  artículo  183  de  la  Ley  906 de 2004, según el cual, corresponde al  censor  acudir “mediante demanda que de manera  precisa  y  concisa  señale las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”  (subrayas  fuera  de  texto),  pues  si  lo preciso alude a lo exacto, riguroso, estricto o  minucioso,  y  lo  conciso se refiere a lo breve, sucinto, escueto o directo, no  se  aviene con esa exigencia dispuesta por el legislador que se limite a exponer  su  inconformidad  a  partir  de  su  particular visión del asunto, en evidente  desconocimiento  de  la  dual  presunción  de  acierto y legalidad de la que se  encuentra revestido el fallo atacado.   

Las    falencias   anotadas         imposibilitan     a    la    Sala    emprender    el    estudio   de  fondo  del  libelo,  e              imponen  su  inadmisión,  de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  pues  en  virtud  del  principio de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada  para enmendar tales incorrecciones.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos   o   garantías  del  procesado,  como  para  adoptar  la  decisión de superar los defectos de la  demanda  y  decidir  de  fondo, según lo dispone el inciso 3º del precepto citado.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  STEVEN  HERNÁNDEZ, por las  razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO   FERNÁNDEZ  CARLIER                                       MARÍA        DEL        ROSARIO       GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Sentencia del 19 de febrero de 2009. Rad. 30598.     

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