41655(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  302.     

Bogotá,  D.  C., once (11) de septiembre de  dos mil trece (2013).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación    discrecional   presentada   por   el   defensor   de   CARMEN    ALICIA    MÉNDEZ    CAMACHO1          contra   el   fallo   del   Tribunal  de  Cúcuta2,  que  revocó  parcialmente  el proferido  por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  el cual la había absuelto, para en su lugar,  condenarla  por el delito de  homicidio culposo e imponerle  una   pena   de   treinta   y   seis  (36)  meses  de  prisión.   

H    E    C    H   O   S   

El  18 de diciembre de 2004, en la ciudad de  Cúcuta,  exactamente  en  la  Avenida  1ª  con  calle  1ª  del  Barrio Lleras  Restrepo,  a las 4: 30 p.m., los vehículos Hyundai (placa FDP-750) –omitiendo  el  deber  de frenar por el  obligatorio   PARE-   y   la  Gran  Cherokee  de  (placa  VAX-42A)  –que   se   desplazaba   a  exceso  de  velocidad-,  conducidos  en su orden, por CARMEN ALICIA  MÉNDEZ  CAMACHO  y  Fabián  Ardila    Viveros,    se   estrellaron   abrupta   y  violentamente,  “el  automóvil  HYUNDAI fue el que  impactó    frontal    y    perpendicularmente    a   la   camioneta”3,  producto  del  cual,  el  segundo,  por la aceleración del golpe  también  chocó  contra  un  Mazda  (placa  LAN-20R) estacionado en el sector e  impactó    una    motocicleta    manejada    por    el    señor   Justiniano  Urbina  Lindarte, en la que iba  Ana  Victoria  Acero  Silva  (parrillera):  esposos  que  fallecieron instantáneamente como consecuencia del  coletazo recibido.       

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1. El 7 de abril de  2009,   la   Fiscalía   7   Delegada   de  Cúcuta,  dictó   resolución   de  acusación   contra  CARMEN  ALICIA     MÉNDEZ     CAMACHO     y    Fabián    Ardila    Viveros,    por   el   delito   de   homicidio             culposo4,      a     título     de  autores.   

2. El 1 de diciembre  de  2011,  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de  Cúcuta, condenó   a  FABIÁN  ARDILA  VIVEROS,  a  la  pena  de veinticuatro   (24)   meses  de  prisión,  multa equivalente de 20 smlmv, privación del derecho de conducir  vehículos  por  espacio  de  36  meses,  a su turno,  lo inhabilitó en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  igual al de la  prohibición  de  conducción  señalada y ordenó el pago por indemnización de  perjuicios  a  los  hijos  de  las  víctimas  por  la  suma  de $53’560.000;  finalmente,  le concedió la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

En   la   misma   decisión,  absolvió   por   duda   a  la  procesada  CARMEN ALICIA MÉNDEZ CAMACHO.   

3.  El 25 de septiembre de 2012, El   Tribunal  de  Cúcuta,  revocó    parcialmente   la   decisión  recurrida  por el representante de la parte civil, en el sentido de condenar a CARMEN  ALICIA  MÉNDEZ  CAMACHO,  a  la  pena de treinta     y     seis     (36)  meses de prisión y multa equivalente  de  30  smlmv:  iguales  sanciones principales determinó para el otro procesado  Fabián        Ardila        Viveros.   

A  su  turno, los sentenció a la privación  del  derecho de conducir vehículos por un período de 36 meses, los inhabilitó  en  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo lapso y dispuso  pagar  por  perjuicios  a  los  hijos de las víctimas la suma de 100 smlmv, por  perjuicios  morales;  finalmente, les concedió la suspensión condicional de la  ejecución de la pena por un periodo de dos años.   

4. La defensora de  CARMEN     ALICIA    MÉNDEZ    CAMACHO,  inconforme  con  el proveído aludido, lo impugnó y sustentó el  recurso extraordinario de casación que hoy califica la Sala.   

D    E    M    A   N   D   A     

Amparada en el inciso 3, del artículo 205 de  la     Ley    600    de    2000,    la    libelista    presentó    un     ataque     por     vía  discrecional contra el fallo emitido  por el Juez Colegiado.   

Estimó  que la Sala debe admitir la censura  por  cuanto se hace necesario el desarrollo de la jurisprudencia “sobre  el  nexo  de  causalidad  entre  la  acción  culposa  y  el  resultado   típico   cuando   existe   concurrencia   de  riesgos  creados  por  terceros”,   de   paso,   anunció,   se  le  deben  restablecer  los  derechos  fundamentales  a  su asistida jurídica mediante una  decisión absolutoria.   

Advirtió  que  las  instancias  violaron el  debido   proceso   en   punto   de  los  principios  de  legalidad  e  igualdad,  “como  quiera  la  interpretación  realizada a las  normas  del Código Penal Colombiano que regulan la institución jurídico penal  de  la  culpa  no  es la correcta”, transgrediéndose  sus   derechos   de   libertar  y  honra,  con  “la  imposición   de   una   pena  sin  haber  cometido  ningún  delito”.   

La  libelsita seleccionó la vía directa en  sentido  de  interpretación  errónea  de  las  normas  aplicadas, como fueron:  artículos  9  (conducta punible), 12 (culpabilidad), 23 (culpa), 109 (homicidio  culposo)  de  la Ley 599 de 2000, frente a los cuales, copió algunos argumentos  esbozados  por  la primera instancia, mediante los cuales la absolvió del cargo  imputado  y  dijo  que  el  único causante del doble homicidio era Fabián  Ardila  Viveros por la elevación  de riesgo permitido.      

Luego, trajo a colación variados apartes del  Tribunal  con  los  que  se  le  atribuyó responsabilidad penal a la procesada,  puesto  que  su comportamiento fue determinante para el resultado muerte, por la  concurrencia  de  riesgos  de  los  dos  encausados  al  momento  de manejar sus  vehículos,   quienes   desatendieron   las   normas  vigentes  de  tránsito  e  infringieron  el  principio  de  confianza,  en tanto, aseguró la magistratura,  CARMEN  ALICIA MÉNDEZ, no se  detuvo  en  la  intersección  de la Av. 1ª “siendo  esta  la  causa  inicial  del  aparatoso  accidente”,  afirmó la magistratura.   

Luego,  la  memorialista,  en  un  título,  denominado  “errores de interpretación de la norma  aplicable  al  caso”,  sostuvo  que,   la  sola  causalidad    objetiva   está   proscrita   del   derecho   penal   colombiano:  “no  basta con que causalmente una acción produzca  un  resultado,  es  necesario  que  atiendan criterio de una naturaleza distinta  para   afirma  (sic)  que  determinada  persona  es  penalmente  responsable  de  determinado  resultado  típico”; y, si las conductas  generadas  por  cada  uno de los inculpados fue considerada por los funcionarios  “independiente”  para  producir  el  resultado  ilegal,  ello  está  muy  alejado de la realidad, pues  “el  argumento  dado por el Tribunal se basa en una  causalidad  objetiva,  omitiendo  el  estudio  con  base en criterios jurídicos  serios”.   

Su   mandante,   aseveró  la  recurrente,  “redujo, en gran magnitud, su velocidad al llegar a  la  intercepción  de  la avenida primera… cumpliendo así con la disposición  que  lo  ordena. Pese a esto, no detuvo por completo su vehículo, por lo que la  instancias…   consideraron  qu  mi  prohijada  violó  el  deber  objetivo  de  cuidado”,  además,  los juzgadores razonaron que su  prohijada  “por  el  simple  hecho de no detener su  marcha”, era responsable, lo cual, según las normas  de tránsito se entiende como reducción de velocidad.   

No   esclareció   el   Juez   Colegiado  “cuál  es  la  causa  determinante  entre  las dos  conductas”,  ni  entendió que el único responsable  fue  el  otro  condenado,  porque  su  conducta  produjo  el  resultado  muerte;  “por   lo   menos  si  se  aplican  los  criterios  utilizados  por la jurisprudencia de la Corte”, no se  hubiese    aceptado   “una   causalidad   objetiva  disfrazada”  y,  sin  entrar  a discutir los hechos,  adujo,  que  la  colisión  entre  los vehículos -en relación a su poderdante-  “fue  leve,  en caso de que este último no hubiera  ido   a   la   velocidad   tan  alta  en  la  que  iba,  nada  de  esto  hubiera  sucedido”.   

Y   si   bien,  aclaró  la  memorialista,  “en   un   discurso   más   jurídico”,  si  los  dos  inculpados estuvieron involucrados en el suceso,  “ambos     infringieron     una     norma     de  tránsito”,  solo  Fabián  Ardila  Viveros  determinó  el  daño,  él  creó el  riesgo  jurídicamente  desaprobado y a su “cliente,  la  señora CARMEN ALICIA MÉNDEZ CAMACHO, no se le puede imputar jurídicamente  el     resultado”,     muerte    de    las    dos  personas.   

El Tribunal se apoyó en varias decisiones de  la  Corte  para  condenar  a  su  asistida,  sobre la concurrencia de riesgos de  víctima  y un tercero “pero no dicen… qué sucede  cuando   la   concurrencia   de  riesgos  es  producto  de  terceros”,  entonces,  por seguridad jurídica se debe explayar la Sala en  estas  temáticas  a fin de respetarle a su mandante los derechos enunciados. Al  final,   peticionó,   declarar   nulo   el  fallo  condenatorio  y  dictar,  en  consecuencia, sentencia absolutoria.       

N O   R E C U R  R E N T E   

El  apoderado  de  la parte civil, presentó  escrito  en  calidad  de  no  recurrente,  por  medio  del  cual,  cuestionó la  formalidad  del  libelo,  por  cuanto,  la  defensora  pretende reabrir un nuevo  debate  probatorio ajustado a instancias; incluso, adujo, que en lo más mínimo  se  aviene  el  ataque a las pautas jurisprudenciales en punto a la vía directa  en  sentido  de  interpretación  errónea,  sin  que  cumpla la demanda el más  mínimo requisito para su admisión.    

C O N S I D E R A C I O N  E S   

La Corte  advierte  que  el  ataque formulado contra la sentencia de segundo  nivel     expedida     por     el    Tribunal    de  Cúcuta,  no  reúne  los  mínimos  presupuestos  de  lógica-argumentativa  descritos  por  la jurisprudencia para admitir la demanda  presentada  por  vía  discrecional , con el fin de lograr la  infirmación  de  la decisión cuestionada, en tanto, la defensora incurrió en falencias, las  cuales  atentan  contra  la  filosofía  que  inspira el recurso extraordinario;  tampoco  puede  entenderse  la  censura  como  una  nueva ruta para confeccionar  escritos  de  libre  importe  y,  ensayar  por  ese  camino,  derrumbar la doble  presunción  de acierto y legalidad inherente a las decisiones concebidas en los  proveídos.    

Para  comenzar,  la  Sala  ha  expresado  en  múltiples  oportunidades y de vieja data, la estructura jurídica del discurso,  su  entendimiento  y  la  forma  como  debe sustentarse cada cargo en casación,  entre  los  que  se  halla  el  elevado por la recurrente, que abarca una de las  causales  dispensadas en la Ley 600 de 2000, motivo suficiente para relevar este  aspecto  de  las  consideraciones,  por  sustracción  de  materia  y  economía  procesal,  en  tanto,  lo  que  huelga  realizar  es explicar las fallas lógico  argumentativas  que presenta la censura, desde luego, haciendo hincapié, cuando  lo amerite la situación, en la técnica exigida.   

Yerros detectados.  

Primero:   la  demandante  no  acató la línea jurisprudencial cuando se debe acudir a la vía  excepcional  del  recurso  extraordinario de casación, cuando el punible por el  cual  se  emitió sentencia condenatoria no sobrepasa los ocho (8) años, en esa  medida,  se  verificó  que  la libelista, no sustentó como lo consagra la ley,  los  motivos  para seleccionar el libelo, contenidos en el artículo 205, inciso  3,   de   la   Ley  600  de  2000,  al  disciplinar  que  la  Sala  discrecionalmente  podrá admitir demandas  de  casación  contra  sentencias  de  segundo  nivel  diversas  a las expedidas  Magistrados    de    Tribunales,    “cuando   lo   considere   necesario   para   el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  los      demás      requisitos      exigidos     por     la     ley”.   

Se  hace  imperioso,  entonces,  motivar  y  discernir     que     se     consumó    en    instancias    una    vulneración     a    las    garantías    fundamentales,  puntualizadas  en  alguno de los sentidos expresados por la ley y  la   jurisprudencia,   desde  esa  perspectiva,  deberá  realizarse  tal  labor  intelectual,  en  el  mismo  contexto  del  libelo  pero  delimitándolo  en  un  capítulo  separado,  para  después,  atarlo coherentemente a la argumentación  propia  de  una  casación  ordinaria:  presupuestos que no se satisfacen por el  hecho  de  plasmar  algunos  supuestos  defectos,  para  luego  derivar de ellos  vulneraciones  a  las  garantías  básicas,  muchas de las cuales, no colman el  interés  programado  normativamente  para  demostrar la vulneración del debido  proceso,  ni mucho menos, como lo motivó la defensora, con la sola enunciación  de  hipotéticas  violaciones  a  los  derechos  fundamentales, sin aportar como  mínimo, un despliegue adecuado de sus aseveraciones.   

Entraña,  por  otro  lado,  el desarrollo     de    la    jurisprudencia,     una    ponderación  aquilatada  de  las  tesis  jurídicas  que  en juicio de la libelista deban ser  perfeccionadas,  mejoradas  o  innovadas,  naturalmente  tomando  como  punto de  partida  los  criterios  epistemológicos difundidos por esta Sala de casación,  como  bien  se  entiende,  asimilados  con  los  que  se  pretenden  renovar; el  impugnante,  también  tendrá el compromiso jurídico de definir las fortalezas  genéricas  y  específicas  para  la administración de justicia, con el avance  judicial que se propone.   

Bajo  esas  condiciones,  la  argumentación  referida,   jamás   se  podrá  aglutinar  o  disolver  con  las  explicaciones  destinadas  a  la  casación  ordinaria,  en  tanto,  la  confusión y anarquía  inundaran    el    escrito     –como  en  el  caso  en  estudio-,  pues  si  bien es cierto tanto la  motivación  excepcional como la ordinaria, dependen necesariamente la una de la  otra,  deberá  coexistir  entre  ambas,  una  continuación,  concatenación  y  coherencia sustancial en las temáticas tratadas.   

Segundo:   no  cualquier  ataque  cumple  los presupuestos jurisprudenciales, como se corrobora  en  la  diatriba objeto de análisis, en donde la memorialista dejó de explicar  por  qué  la  tesis  aplicada  por  el  Tribunal  de  Cúcuta  al  caso  de  la  especie,  le  violento  los  derechos  fundamentales a su asistida jurídica, en tanto, solo expuso que se la  condenó    con    base    en    una   “causalidad  objetiva”,  proscrita  en  el  sistema  de  derecho  colombiano,  sin  ningún  desarrollo,  como  se  esperaba, de tal proposición;  menos  aún  trabajó  el  tópico  por  ella  propuesto  sobre  “la  concurrencia  de  riesgos…  producto  de terceros”,   lo  dejó  en  el  vacío  o  limbo  jurídico,  sin  ningún  fundamento   o   entendimiento,   por   cuyo   medio   ignoró  que  el  recurso  extraordinario  de casación es rogado, por la misma razón, requiere de toda la  atención  de  cada  demandante,  sin que deba delegarle a la Sala su compromiso  lógico-jurídico   argumentativo,   tal   y   como  lo  hizo  la  memorialista.   

Tercero:  si  la  anterior  propuesta  no  satisface  los  requerimientos expuestos por esta Sala,  mucho  menos,  la  generada  con base en el segundo y facultativo presupuesto al  decir  que  el pronunciamiento del máximo Tribunal requiere el desarrollo de la  jurisprudencia  “sobre  el nexo de causalidad entre  la  acción culposa y el resultado típico cuando existe concurrencia de riesgos  creados   por   terceros”,   en  tanto,  sobre  ese  especifico punto, afirmó la magistratura:     

Para  explicar  la decisión que se tomará  debe  decirse  que del material probatorio obrante dentro del proceso, no existe  duda,  como  incluso  conoció  el A-quo, de que ambos procesados, CARMEN ALICIA  MÉNDEZ  CAMACHO  y FABIAN ADILA VIVEROS, omitieron su deber objetivo de cuidado  en  la  actividad  de  conducción  de  vehículos  automotores,  ya  que con su  comportamiento  crearon  simultáneamente  un  riesgo jurídicamente desaprobado  que se materializó con el resultado.   

Lo  anterior  teniendo  en cuenta que es un  hecho  cierto  que  la  procesada  CARMEN ALICIA MÉNDEZ CAMACHO, desatendió la  señal  de  tránsito  que  le  indicaba  que  debía  detener  la  marcha de su  vehículo  antes  de  cruzar  la  intersección  de  la  avenida  1ª, cuando se  desplazaba  por la calle 1ª; y, que el procesado además de conducir con exceso  de  velocidad  al  aproximarse  a  una  intersección  según lo indicado en las  normas de tránsito. (…)   

Así  las  cosas,  haciendo  un  análisis  individual  pero  no aislado de las conductas desplegadas por los procesados, se  tiene  que  ambos no solo aumentaron el riesgo de lo permitido en el ejercicio o  desempeño  de  una actividad riesgosa –como  lo  es  conducir un vehículo automotor-, sino que dejaron de  actuar  de  una  manera  razonable  y prudente, desatendieron las normas legales  atientes  al  tráfico  terrestre,  sino  que incluso  infringieron  el  llamado  principio  de  confianza,  pues CARMEN ALICIA MÉNDEZ  CAMACHO,  dejó  de  comportarse  como  legal  u  socialmente le estaba exigido,  debiendo  detenerse  antes  de cruzar la intersección de la avenida 1ª, siendo  esta     la     causa     inicial     del     aparatoso    accidente.   

Como  bien  lo  expuso el sujeto procesal no  recurrente,  la defensora presentó un escrito opuesto a las pautas jurisprudenciales  consagradas  para  la  vía  directa de violación de la ley sustancial, por otro lado, en contra de lo  sostenido    por    el    Tribunal   –es  decir,  en  franca  dejadez de lo disciplinado por la ley y esta  Sala-  que  le obligaba a realizar un examen profundo, concienzudo y objetivo de  cara  a  sus  inciertas premisas, para por lo menos iniciar su estudio serio del  tema propuesto.   

Entonces,  el  desarrollo de la jurisprudencia  no  se  percibe  como  un  escueto  enunciado,  en  donde  se  expongan  tesis  en beneficio personal de la  implicada,  en  sí  mismo  consideradas,  lo  cual,  desde luego, no excluye su  coexistencia;  pero cuando se fraguan a costa del mismo criterio que se pretende  modernizar  y,  que  tales  motivos  -se exponga-, justifiquen un avance, que en  muchos   casos,   es  retroceso,  caos  y  desorden  hasta  pretender  manipular  institutos  jurídicos  consolidados,  es  del  todo  infundado,  porque  marcan  derroteros  individuales inaceptables en sede extraordinaria; incluso, la vacía  oposición  de  razonamientos  aupados  por  la defensa contra los expuestos por  esta  judicatura  en una línea de pensamiento jurídico, tampoco son de recibo.   

Además,   los   criterios  que  se  crean  incompatibles,  deben  estructurarse  y  concebirse  dentro  de  un  panorama de  trascendencia  objetiva e integral de la temática abordada, estudiada, valorada  y  correlacionada  con  las  demás decisiones para persuadir y demostrarle a la  Sala  la  validez  y fuerza sustantiva de la tesis; siendo ello así, la demanda  elevada  por  vía  discrecional por la recurrente, genera su inmediato rechazo,  no  obstante,  por  garantías  debidas  a las partes, la Corte se explayará un  poco más en el estudio del libelo.   

Cuarto: la censura  violentó  el  principio de objetividad que rige el recurso extraordinario, pues  la  defensora, jamás desarrolló el punto sobre “el  tercero”,  cuál era en su criterio, qué incidencia  tuvo  en  el  acto  antijurídico,  por qué lo considera tercero y, a su turno,  cuál  fue  el motivo concreto para desechar de plano la concurrencia de riesgos  sopesada  por  la  magistratura,  si  ella  misma  aceptó  la imprudencia de su  mandante  al  pasarse la señal de “pare”  de  tránsito,  -con  el  aditamento,  en  su opinión- que tal  actuar  negligente no fue determinante sobre el resultado muerte de los esposos,  siendo  claro,  que si la inculpada no hubiese impactado la camioneta, el suceso  nunca  hubiera  ocurrido,  aunado  a  la  excesiva velocidad del otro imprudente  conductor.   

Quinto: la letrada,  en  su  alegato  –aunque no  lo  aceptó-,  varió  el  sentido  de  lo sopesado por la instancia superior al  decir  que  la  participación  de  su  prohijada en los homicidios culposos fue  “leve”,  con  lo  cual,  cambió  el  sentido  de  la  prueba  y  se  inmiscuyó  en  la senda de la vía  indirecta  de  violación de la ley sustancial, siendo ello así, vilipendió el  principio  de  autonomía, el  cual  impide  mezclar  contenidos  de  causales  diversas, en tanto, el hecho de  haber  presentado su oposición a la decisión de instancia bajo la vía directa  de  violación de la ley sustancial y en el mismo texto argumentativo combinarlo  con  presupuestos  del  cuerpo  segundo, ubica su ataque sobre la valoración de  las pruebas: esto es inadmisible en casación.   

Sexto:   tampoco  determinó  el  sentido  exacto  de  la  supuesta interpretación errónea de la  norma  sustancial,  es  más,  ni  la  identificó  como  tal, solo se dedicó a  enumerar  una serie de derechos que en su sentir fueron infringidos con el fallo  condenatorio,  como  el  de legalidad, igualdad, libertad y honra, equivalente a  un  listado  hipotético  de  violaciones,  desde  luego, sin ningún desarrollo  extraordinario.   

Séptimo: atiborró  la  censura  de afirmaciones genéricas, subjetivas e individuales en oposición  a   los   principios   de   caridad  y  objetividad  que  gobiernan  el  recurso  extraordinario,    como    cuando    sostuvo,    por    ejemplo:    1)   “como  quiera  la  interpretación  realizada a las normas del Código Penal Colombiano  que   regulan   la   institución   jurídico   penal  de  la  culpa  no  es  la  correcta”,  a  excepción  de  este  enunciado, nada  argumentó   sobre   el   particular,   2)  indicó  que  se  le  violaron  los  derechos a su prohijada, con  “la  imposición  de  una  pena  sin haber cometido  ningún  delito”,  llevándose  al  traste todos los  contenidos  argumentativos  del  fallador  superior,  es  decir,  imponiendo  su  criterio   por  encima,  lo  cual  es  insustancial  y  precario  en  casación,  3)    reveló   que  “el  argumento  dado por el Tribunal se basa en una  causalidad  objetiva,  omitiendo  el  estudio  con  base en criterios jurídicos  serios”,  dejando  de  lado  la defensora, todos los  pormenores  en  los  que  sienta  su  oposición,  en  tanto,  los  serios,   disciplinados   y   juiciosos  argumentos,    tampoco   los   propuso   la   recurrente   para   demostrar   su  pretensión.   

Octavo:  como  la  libelista  afirmó:  si se aplican los criterios jurisprudenciales no se hubiera  adecuado   al   caso   “una   causalidad  objetiva  disfrazada”,  en  ese  sentido,  dio por sentado que  estudió  la línea jurisprudencial sobre la temática por ella demandada, tanto  así,  que  requirió para la admisión de la demanda, un estudio judicial sobre  “qué  sucede  cuando la concurrencia de riesgos es  producto  de  terceros”,  sin  siquiera examinar los  radicados  citados  por  el  Tribunal  al  momento de condenar a su mandante, al  respecto,  la  Sala señalará una de esas decisiones, un poco extensa, donde se  estudian    todos    los    temas,    incluso,    los    advertidos    por    la  abogada.     

Adicional   a   lo   anterior   la   sola  justificación  carece  de respaldo, pues sea oportuno precisarle al censor, que  diferente  a  los  resultados  de  la búsqueda que dice realizó sobre el tema,  esta  Sala, desde considerable tiempo atrás, se ha pronunciado sobre la teoría  de  la imputación objetiva en los delitos culposos y específicamente, sobre la  concurrencia   de   riesgos,   tanto   de   terceros,   como   la  de  la  misma  víctima.   

En  efecto,  en  el  fallo de 20 de mayo de  2003, radicación No. 16636, entre otros aspectos, precisó: (…)   

Posteriormente y con similitud fáctica a la  objeto  de  impugnación,  en  la  sentencia  de 2 de julio de 2008, radicación  28441, se analizó que:   

“…  es evidente que en este caso, desde  el  punto  de  vista  de la causalidad material, el resultado muerte de la joven  Jessica  Lorena  Araque  Moreno  se  produjo en virtud de la concurrencia de dos  riesgos  jurídicamente  desaprobados.   Por  una  parte, la elevación del  riesgo  permitido  con  la  conducta  del  procesado  JORGE LUIS CÁRDENAS ROJAS  quien,  violando  el  deber  objetivo  de cuidado, traducido en el respeto a las  reglamentaciones  de  tránsito  rodado  en  carretera,  decidió sobrepasar dos  vehículos  en  curva  y con prohibición de adelanto al estar demarcada la vía  con doble línea amarilla continua.   

Y, por otro lado, con la conducta de Camilo  Ropero  Mateus,  conductor  del  vehículo  motocicleta  en el cual viajaba como  parrillera  la  víctima,  por  no  conservar  la  distancia  exigida  para  los  vehículos   en   carretera,   omisión   que  impidió  su  reacción  oportuna  precipitando  su  colisión  con  el  vehículo  de  servicio  público  que  lo  antecedía,  la  subsiguiente caída de su pasajera en plena vía y su inmediato  arrollamiento  precisamente  por  el  tracto  camión conducido por el procesado  JORGE LUIS CÁRDENAS ROJAS.   

El fenómeno de concurrencia de riesgos, o  concausalidad,  ha  sido  uno  de  los  temas  más  complejos  a  través de la  dogmática   jurídico   penal.    De  acuerdo  con  dicha  figura,  en  la  realización  del resultado intervienen varios cursos lesivos, los cuales pueden  ser  producto de la acción de un tercero o por la propia víctima, esto último  en   especial  cuando  infringe  sus  deberes  de  auto  protección5.   

     

Frente  a  esa  constelación  de  casos  “existen  supuestos  en  los  que  concurre,  sin  duda  alguna, una conexión  suficiente  entre  el riesgo inicial creado por el autor y el resultado final, y  en  los que esa conexión no se ve desvirtuada por una conducta de la víctima o  una  conducta  de otro sujeto.  En los supuestos en los que se trata de una  conducta  concurrente de otro sujeto, cuando son dos los riesgos que explican el  resultado   —cadena  de  imprudencias—,    la  solución   es  sencilla:   se  tratará  de  un  supuesto   de   autoría   accesoria,   ambos  sujetos  responderán”6.   

Si  de  conformidad  con  los lineamientos  básicos    de    la   teoría   de   la   imputación   objetiva   —como   viene   de  verse— o de otros esquemas dogmáticos bajo  la  óptica del instituto de la concausalidad, en caso de confluir varios cursos  lesivos  del  bien jurídico de un tercero la solución está orientada hacia la  responsabilidad  conjunta  de los autores, no parece apropiada, en principio, la  salida  adoptada  en  el  presente caso por el Tribunal consistente en eximir de  toda  responsabilidad  a  JORGE  LUIS  CÁRDENAS ROJAS, salvo demostrarse que su  conducta no tuvo conexión suficiente con el resultado producido.   

En orden a establecer la conexidad entre el  riesgo  y  el  resultado  producido,  la  teoría  de la imputación objetiva ha  diseñado  mecanismos  en  la  mayoría  de  las  veces de gran utilidad para su  determinación   apelando   a  los  denominados  cursos  causales  hipotéticos,  conforme  a  los cuales se asume que aún frente a un comportamiento diverso del  autor  la  consecuencia  en  todo caso se hubiera producido, básicamente porque  “un  resultado  no puede serle imputado al creador de un riesgo jurídicamente  desaprobado  si  dicho  resultado  se hubiere producido incluso con una conducta  diversa            del            autor”7,  problemática que conduce a  confrontar esta situación con la inevitabilidad del resultado.   

Descendiendo  al  caso  de  la especie, es  necesario  determinar,  de  cara  a establecer un correcto juicio de imputación  objetiva  frente  a la conducta desplegada por CÁRDENAS ROJAS, si prescindiendo  de  su  conducta  infractora de un deber objetivo de cuidado o suponiendo que su  actuar   hubiera   sido   respetuoso   de   las  reglamentaciones  de  tránsito  —es decir, si no hubiera  realizado  la  maniobra  imprudente de adelantar con el vehículo tracto camión  que  conducía  otros  vehículos de similares características en plena curva y  con  prohibición  de  sobrepaso  por  estar  demarcada la vía con doble línea  amarilla   continua   en   ese  sector—  se  hubiera  desencadenado  el  suceso  que  dio al traste con la  existencia de la joven Jessica Lorena Araque Moreno.   

A  diferencia  de  lo  que  sostiene  el  Tribunal,  corporación  para la cual la realización del resultado fue producto  exclusivo   de  la  conducta  riesgosa  desarrollada  por  el  conductor  de  la  motocicleta,  esta  Sala  considera  que marginando el comportamiento desplegado  por  CÁRDENAS  ROJAS el resultado no se hubiera concretado, dicho de otro modo,  la  conducta  imprudente  de  este  individuo fue determinante para la muerte de  Araque  Moreno,  así  hubiera  concurrido  otro  riesgo,  como  a  la postre lo  constituyó  el accionar de Camilo Ropero Mateus, conductor de la motocicleta en  la  cual  viajaba  como  parrillera  la víctima, quien, como ya se ha dicho, no  conservaba  la  distancia  exigida  por  los  reglamentos  de  tránsito  rodado  respecto del vehículo que le antecedía.   

Por   ese   motivo,   la  Sala  disiente  radicalmente  del  criterio  sentado  por  el Tribunal, según el cual el motivo  determinante  en la producción del resultado tan sólo lo constituyó el riesgo  del  mencionado  Ropero  Mateus, porque de haber conservado la distancia exigida  por  las  disposiciones  de tránsito con el automotor que le precedía, hubiera  alcanzado  a  accionar  el sistema de frenos, con lo cual no habría colisionado  con  ese  vehículo  ni  su  pasajera  hubiera  caído,  con  tal infortunio que  precisamente    el    vehículo   conducido   por   CÁRDENAS   ROJAS    la  arrolló8.   

Nada  de  lo  expuesto fue trabajado por la  recurrente,   quien   solo  mostró  algunas  ideas  deshilvanadas  sin  ninguna  connotación  en  sede  extraordinaria,  incluso,  allí  se expusieron aquellas  temáticas de las que reclamó un pensamiento jurisprudencial.   

Noveno:  adviértase,  que  el  recurso  extraordinario está regido, entre otros, por el  principio  de limitación, en  tanto,  las  deficiencias  de  la  demanda  jamás podrán ser remediadas por la  Corte,  pues  no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable propia de los  recurrentes,  para  complementarlas,  adicionarlas o corregirlas, máxime cuando  es  antiquísimo el criterio de la Corte, de ser un juicio lógico-argumentativo  regulado  por  el  legislador  y  desarrollado  por  la  jurisprudencia,  con el  propósito de evitar convertirla en una tercera instancia.   

Décimo:  otro de  los    postulados   es   el   dispositivo,  con  el cual, lo acometido en el libelo convoca inexorablemente a  su  delimitación,  sin  que  pueda  ni  deba  hacerse, una readecuación de las  censuras  y  sus  fundamentos,  para así cumplir con la forma y luego de fondo,  dictar  la  sentencia correspondiente. Esto concitaría a actuar en dos extremos  excluyentes  y  exclusivos, en donde se unificarían las pretensiones contenidas  en   el   escrito   con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala  al  enmendarlas,  perfeccionarlas   y,   desde   luego,  dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia;  con  todo,  si  se  admite  un  escrito  que incumpla elementales  presupuestos  de  lógica y debida argumentación, no se combate ningún agravio  sino  se promueve la impugnación, usurpando facultades inherentes a las partes,  en una actuación penal, lo cual es inaceptable.    

No    es    que    la    “técnica”  por  sí misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra   a   solucionar   los  defectos  contenidos  en  el  libelo  –admitiéndolo  cuando  en  esencia  no  debe  hacerlo-  se  le irrogaría a la Judicatura un poder absoluto y arbitrario  al  reconfeccionarlo  y  adecuarlo  a posturas argumentativas decantadas por las  partes  en el proceso, para luego entrar a decidir el problema de fondo: lo cual  es  inconveniente  e  incorrecto,  excepto  que  por  vigencia  de prerrogativas  constitucionales así lo determine.   

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  mínimos requerimientos sin los cuales el recurso se  torna  inane  y  queda  convertido  en  un alegato de libre importe –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la exclusiva voluntad del demandante, más no se expone de manera  trascendente,  la injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o  al Bloque de Constitucionalidad, con lo cual sus pretensiones se alejan de la  filosofía  que  irradia  el instituto casacional, circunstancia por la cual, la  Corte    inadmitirá   el  libelo.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo  impone  la preceptiva del artículo 216 de  la Ley 600 de 2000.   

Con fundamento en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de CARMEN  ALICIA  MÉNDEZ CAMACHO, por las razones aducidas en la  parte motiva del presente proveído.   

Segundo:   Contra  la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Tercero:   Cópiese,  comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO                               ENRIQUE                               MALO  FERNÁNDEZ                   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                                               JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                           

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 En la  misma  decisión  también  fue  sentenciado  FABIÁN  ARDILA VIVEROS.   

2  Las  sentencias  se  expidieron  el  1  de diciembre de 2011 y el 25 de septiembre de  2002, respectivamente.   

3 Según  Dictamen  pericial N° DRNO-LFIF O48-0-2006 y a tono con lo afirmado por el Juez  Plural en el fallo, folio 11, c.o. 3.   

4 Los  cargos  le  fueron imputados conforme al contenido de los artículos  109 y  110, 1 de la Ley 599 de 2000.   

5  Cancio  Melia,  Manuel.  Conducta  de  la  víctima e  imputación   objetiva,   págs.   280   y   ss.   RDPCr  2ª.  Época,  N°  2,  1998.   

6Cancio  Melia,  Manuel. Líneas Básicas de la Teoría de la Imputación Objetiva, pág.  119.    Ediciones   Jurídicas   Cuyo.   Mendoza  (Argentina).  1999.    

7 Reyes  Alvarado,  Yesid.  Imputación  objetiva,  pág.  218. Editorial Temis, Bogotá,  1994.          

8  C.S.J., radicado: 36.854 de 27 de febrero de 2012.     

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