41570(20-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 386  

Bogotá,  D. C., veinte (20) de noviembre de  dos mil trece (2013).   

VISTOS:  

Desata  la  Sala  los recursos de apelación  interpuestos  por el Fiscal 54 Delegado ante el Tribunal Superior de Bogotá, el  procesado  LUÍS EDUARDO SANABRIA TRUJILLO  y  su  defensora, contra la providencia  del  22  de  mayo  de  2013,  proferida por dicha Corporación, mediante la cual  improbó el acuerdo celebrado entre la Fiscalía y el acusado.   

HECHOS:  

Los hechos fueron sintetizados en pretérita  oportunidad por esta Sala en los siguientes términos:   

    

1. En   la   Unidad   Nacional  de  Antinarcóticos   e   Interdicción   Marítima   UNAIM,   se   adelantaba   una  investigación    contra    una    organización   dedicada   al   tráfico   de  estupefacientes,  dentro  de la cual se compulsó copias ante la Unidad Nacional  Anticorrupción,  por  evidenciarse  hechos  relacionados  con presuntos delitos  ocurridos   al   interior   del   Consejo   de   Estado   y  del  Senado  de  la  República.     

    

1. El conocimiento de la investigación  originada  en  esa  compulsa  de copias correspondió a la Fiscalía Sexta de la  Unidad   Nacional   de  Delitos  contra  la  Administración  Pública  bajo  la  radicación  No.  110016000101200700005,  en  desarrollo  de  la  cual se obtuvo  información  acerca  de  la  participación de una persona que se hacía llamar  «Rommel»,  quien era Fiscal Local, motivo por el que se decretó la ruptura de  la  unidad  procesal en orden a que se adelantara la indagación correspondiente  por el funcionario competente.     

    

1. En  efecto,  en  la investigación  identificada   con   la   radicación   No.   110016000000200700378,  se  obtuvo  información  sobre  que  Luis Eduardo Sanabria Trujillo, Fiscal Local, y Rommel  Polanco  Padilla,  inducían  a  Olga  Yaneth Socamía Vargas para que les   entregara   una   suma   de   dinero  a  cambio de  impulsar  el  proceso  identificado con la radicación No. 110016000057200780418  seguido por el delito de hurto, donde la citada era la víctima.     

    

1. El 18 de junio de 2008, en horas del  medio  día,  en  las  instalaciones  del  Supermercado  Carrefour ubicado en la  carrera  30  con  calle  19  de  esta ciudad, momentos después de que la citada  víctima  entregó  la  suma  de  $6.000.000 a Rommel Polanco Padilla, quien era  acompañado  por  Juan  Carlos  Soto Cano, efectivos de la Policía Nacional les  dieron  captura  y les incautaron ese dinero. Por igual, en la vía pública, en  concreto  en  la  carrera  22  con  calle 53, se materializó la captura de Luis  Eduardo  Sanabria  Trujillo,  en  cumplimiento  de  la  orden que en ese sentido  emitió un Juez de Control de Garantías.     

ANTECEDENTES:  

1.  En  audiencia  celebrada  el  19  de junio de 2008, en el Juzgado 33 Penal Municipal de Control  de  Garantías,  se declaró legal el procedimiento de captura de Rommel Polanco  Padilla,Luis  Eduardo  Sanabria  Trujillo y Juan Carlos Soto Cano, a los cuales,  en  igual fecha, la Fiscalía les formuló imputación; a los dos primeros, como  coautores  del  delito  de concusión y, al último, en calidad de interviniente  de la misma infracción.   

2.   Al   día  siguiente,  en  el  juzgado  aludido  y  ante  solicitud  de la Fiscalía, a los  mencionados  se  les  impuso  medida  de aseguramiento consistente en detención  preventiva,  la  cual  se  sustituyó,  en  el  caso  del imputado Luís Eduardo  Sanabria    Trujillo,    por    la   de   detención   en   el   lugar   de   su  residencia.   

3.Aceptados  los  cargos  por  Rommel  Polanco Padilla y en razón de que Juan Carlos Soto Cano no  tenía  fuero  legal,  se  dispuso  la ruptura de la unidad procesal, en orden a  continuar  el  presente  trámite  únicamente  en  relación  con Luís Eduardo  Sanabria Trujillo.   

4. El 18 de julio de  2008  la  Fiscalía presentó escrito de acusación ante el Tribunal Superior de  Bogotá  y  tras  varios  aplazamientos  originados  en la conducta procesal del  imputado   Luís  Eduardo  Sanabria  Trujillo y sus defensores, en sesiones  llevadas  a  cabo a partir del 3 de agosto de 2009,se le formuló acusación por  el  delito  de  concusión,  en  grado de coautor, con la circunstancia de mayor  punibilidad  prevista  en el numeral 10º del artículo 58 del Código Penal. El  16  de junio del mismo año, se revocó la medida de aseguramiento impuesta y se  le concedió la libertad.   

    

1. La audiencia preparatoria del juicio  oral,  instalada  el 14 de septiembre de 2009, se desarrolló en varias sesiones  y  con  decisión del 21 de junio de 2010 se resolvió sobre la práctica de las  pruebas,  la cual fue objeto de impugnación, siendo confirmada parcialmente por  esta Sala el 19 de octubre de 2011.     

    

1. Con los  antecedentes  descritos,  el  29 de mayo de 2012 fue instalado el juicio oral, y  el  8 de abril del año en curso el acusado suscribió acta de preacuerdo con el  Fiscal  54  Delegado  ante el Tribunal Superior de Bogotá, en el que aceptó el  cargo  que  por  la  conducta  punible  de  concusión se le había formulado, a  cambio  de que se le degradara la calidad en la que actuó de autor a cómplice,  conforme lo previsto en el artículo 30 del C.P.     

    

1. Así las  cosas,  la  actuación  fue remitida al Tribunal Superior de Bogotá para surtir  la  respectiva  audiencia  de  verificación,  diligencia  que  tuvo lugar en la  sesión del 9 de abril de 2013.     

    

1. Mediante  providencia  del  22  de  mayo  de  2013  esa  Corporación improbó el referido  preacuerdo.  Decisión  contra  la  cual, el representante del ente acusador, el  acusado  y  la  defensa  presentaron recurso de apelación, por lo que esta Sala  procede a resolver la controversia planteada por los recurrentes.     

El        AUTO    IMPUGNADO:   

Una vez la Sala Penal del Tribunal de Bogotá  enuncia  los planteamientos esbozados por el Fiscal Delegado en su solicitud, en  los  que  se afirma que el acusado consensuó endilgarse la comisión del delito  de  concusión  a  título de cómplice, que no de coautor, y ser condenado a 48  meses  de  prisión,  a  una  pena  de  multa de 33.33 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y 40 meses de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y   funciones   públicas,   con   “los  beneficios  adicionales”  de  la  prisión  domiciliaria  y  del  permiso  para  ejercer  la  profesión  de  abogado;  consideró  el  a quo, que  atendiendo  los  términos en que quedó fijada la aprobación del preacuerdo se  advierte  una  disminución  en  la  condena superior a la permitida, al haberse  suprimido  la circunstancia de mayor punibilidad consagrada en el numeral 10 del  artículo  58  del C.P., referente a la coparticipación criminal, razón por la  que improbó tal negociación, explicando así su discernimiento:   

“aunado  al  descuento  derivado  de  la  modificación  del  grado  de participación en el delito, de autor a cómplice,  que  reduce  los  extremos  punitivos  de una sexta parte a la mitad, no se hace  ninguna  mención  acerca de la circunstancia de mayor punibilidad relativa a la  coparticipación  criminal  que  había sido adicionada en la acusación, por lo  que  se  deduce  que  fue  eliminada.  Tal  sustracción  acarrea  repercusiones  importantes  en el proceso de dosificación punitiva, ya que no solamente incide  en  la  escogencia  del  cuarto de movilidad correspondiente sino también en la  sanción  definitiva,  en la medida que, con arreglo a lo dispuesto en el inciso  3º  del  artículo  61  ibídem, la naturaleza de dichas causales es uno de los  factores   que  se  pondera  para  determinarla.”1   

De  tal  forma,  que  en  criterio  de  la  Corporación  de  instancia,  de  no haberse obviado en el escrito de preacuerdo  tal  agravante consagrada en el numeral 10 del artículo 58 del Código Penal, a  la  autoridad  judicial le estaría vedado ubicarse en el primer cuarto punitivo  y  la  obligaría  a  situarse  en  los  cuartos  medios,  cuyo  “mínimo  es  de  73  meses  y  16 días2”.   

Bajo ese mismo razonamiento consideró que en  el  sub  judice  no  resultaba  procedente  la  prisión  domiciliaria,  por  no  satisfacerse  el  requisito  objetivo  consagrado en el artículo 38 del Código  Penal,  y  con  el  propósito  de  sustentar  su  decisión,  hace un detallado  recuento    de    “las    talanqueras”3  para  otorgar  los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de  la  libertad  intramural,  tratándose de personas condenadas por delitos contra  la  Administración  Pública,  introducidas  por  los  artículos 28 y 13 de la  Leyes 1453 y 1474 de 2011, respectivamente.   

Igualmente,  el  a  quo,  luego de ponderar los argumentos aducidos por el  ente  acusador,  descartó el permiso para continuar ejerciendo la profesión de  abogado,  con  fundamento  en  los  artículos  29  A,  51,  79 y 80 del Código  Penitenciario  y  Carcelario;  las  directrices  interpretativas plasmadas en la  sentencia  C-  510  de 2000 proferida por la Corte Constitucional, en las que se  establece  que “son las autoridades penitenciarias o  las  judiciales  de  ejecución de penas y medidas de seguridad, según el caso,  las  facultadas  para  determinar las condiciones específicas de reclusión del  condenado”4.  Asimismo,  por  advertir que  “el preacuerdo desconoce la inhabilitación para el  ejercicio  de  profesión,  prevista  en  artículo 46 del Código Penal… Así  como   la  prohibición  contenida  en  el  artículo  2º  de  la  Ley  583  de  2000”5.    

Y concluyó de esta manera:  

“En síntesis, no  cabe  hesitación  de  que se pretende otorgar un beneficio excesivo, carente de  sustento  legal,  que  desluce  el  nombre  de  la administración de justicia y  desborda  los  fines  del  mecanismo, lo que comporta su denegación”6.   

LA   IMPUGNACIÓN:  

La  decisión  que  viene de reseñarse, fue  recurrida  en  apelación por la Fiscal 54 Delegada ante el Tribunal Superior de  Bogotá,   la   defensa   y   LUÍS  EDUARDO  SANABRIA  TRUJILLO.   

La Fiscalía  

Manifestó su inconformidad con la decisión  proferida  por el Tribunal, afirmando que en el preacuerdo por él presentado se  hace  referencia  expresa  a  cada  una  de  las distintas penas que consagra el  régimen  penal  para el delito de concusión, señalándose el monto de la pena  de  prisión  a imponer, como la de multa y la inhabilitación para el ejercicio  de   derecho   y   funciones   públicas,   siendo  esta  última  sanción  una  “situación      muy      distinta” al permiso para ejercer la profesión de abogado.   

Así  mismo,  afirma  que  el acuerdo al que  llegó  con  la  defensa  es  respetuoso del parámetro consagrado en el segundo  inciso  del  artículo 351 de la Ley 906 de 2004, por cuanto no se contempló en  éste  un  descuento  punitivo de la tercera parte, sino que se estipuló con el  imputado  una  degradación  de la calidad de autor a cómplice, un cambio  favorable  para  el  imputado  que  contempla una relación  directa     con     la     pena     a     imponer7   

.  

Y por esa misma vía, afirma que el Tribunal  “se  equivoca  al  afirmar  que  el  ente  acusador  desconoció   la   circunstancia   de   mayor  punibilidad  imputada”,    pues    si    bien    acepta    que    la    “coparticipación  criminal” fue tratada  por  la  Fiscalía  desde  la imputación, precisa que esta fue catalogada desde  entonces  como  una  circunstancia  de  mayor  punibilidad  de  las que trata el  artículo  58  del  Código Penal, la cual estando en presencia de un preacuerdo  carece       de      “aplicabilidad”,  por  haberse concebido para efectos  “de la individualización  de  la  pena  en  el  sistema  de  cuartos”, método  excluido  según  lo  contemplado  en el inciso final del artículo 61 del mismo  compendio normativo.   

Agrega el recurrente, que en el preacuerdo se  estipuló  conceder la prisión domiciliaria al acusado basado en el criterio de  interpretación  señalado  por la Sala Penal de esta Corporación, en sentencia  del  14  de septiembre de 2006, con radicación No. 24052, entendiéndose que se  trata  de  un  régimen  excepcional, al cual no le resulta aplicable normas que  rigen     un     proceso     “normal”.   

Así  mismo,  niega  que  la referida figura  jurídica       sea       un      “beneficio”  concedido  de  forma  exclusiva  por el juez de ejecución de penas y medidas de  seguridad,    pues,    afirma,    que    se    trata   de   un   “derecho”   que  puede  “reconocerse”  u  “obedecer  a  un acuerdo entre la Fiscalía y el  acusado,  el  que  de cumplir con los requisitos legales debe ser acatado por el  Juez”.   

Rechaza  el  impugnante  las referencias que  hace  la  Corporación  de  instancia  al Estatuto de Seguridad Ciudadana, Leyes  1453  y  1474  de  2011,  en  la  que  se  prohíbe la aplicación de mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  de prisión intramural a quienes han sido condenados  por   delitos   contra   la   administración  pública,  señalando  que  tales  legislaciones  son posteriores a los hechos objeto de investigación, razón por  la  cual  no  resultan  aplicables  al  sub judice, menos aún cuando agravan la  situación del procesado.   

Igualmente,  afirma  que se respetaron tanto  las  normas sustanciales como las del nuevo proceso penal acusatorio, sin que se  violara  derecho  fundamental alguno, y que por el contrario se le garantizó al  procesado  su  derecho al trabajo, concediéndole el respectivo permiso para que  ejerza  su  profesión,  pues no considera “exigible  que  a un abogado se le someta a realizar trabajos degradantes, cuando tiene una  formación  universitaria”  y  debe responder por la  manutención  de  dos  menores  de  edad  que  dependen  económicamente de él,  padeciendo  “uno de ellos una enfermedad congénita  que  requiere de tratamiento permanente”, tal como se  probara  mediante  los  documentos pertinentes durante la audiencia de solicitud  de aprobación del preacuerdo.   

Concluye  de  esa  forma,  el ente acusador,  solicitando  la  revocatoria de la decisión objeto de impugnación, para que en  su  lugar  se  impongan  al acusado las penas señaladas en el acuerdo celebrado  con la defensa el 8 de abril del año en curso.   

El procesado  

Por   su  parte,  el  acusado  expresa  su  inconformidad  con  la  decisión  proferida  por el a  quo,  afirmando que “nunca  se  escuchó que se hubiera rechazado el preacuerdo por vulneración de derechos  fundamentales”8, razón por la que no entiende  su  improbación,  cuando a más de respetarse los principios de “estricta       tipicidad      y      jurisdiccionalidad”9,  los  que  en su decir constituyen “el  núcleo  esencial  del  debido  proceso”, se ciñó a  los  lineamientos  jurisprudenciales  más  recientes,  por  ser  estos  los que  “han  decantando  todo  el  tema  de  la  justicia  premial,  que  obviamente  responden  a  lo  estipulado  en  el  artículo 351 y  siguientes   de  la  Ley  906  de  2004”10.   

Reitera que la prisión domiciliaria no es un  “beneficio” más que le  fuera  concedido,  sino  el  reconocimiento de un derecho, al igual que lo es el  permiso  que le fuera otorgado para trabajar, pues, afirma, que se otorgaron con  base  a  su  grave  estado  de  salud  y  al deber que tiene de responder por la  manutención de sus dos hijos.   

Agrega  que  en  virtud  del  artículo  61  modificado  por  la  Ley 890 de 2004, el sistema de cuartos no se aplica para el  tema  de  los  preacuerdos,  y que “cierto es que el  juez  no  es  un convidado de piedra en el tema de los preacuerdos, pero tampoco  puede  inmiscuirse  más  allá  de  las  negociaciones  que se haga con el ente  fiscal,  cuando  ellos  están adecuados al principio de legalidad, al principio  del     debido     proceso,     y     al    derecho    de    defensa”11,   razón   por   la   cual  concluye:   

“lo  que  le  faltó  a  la  Sala de decisión del Tribunal fue no haber hecho un análisis de  constitucionalidad,  no  apegado  a unas normas, y casi que mirándolas de forma  aislada,  de  tal manera que sesga de alguna manera la decisión. Para eso está  el  bloque  de  constitucionalidad, por ejemplo, frente al tema del permiso para  trabajar…  de  la prisión domiciliaria… y es que ahí están presentes unos  derechos   fundamentales,   pues   los   acusados   también   tenemos  derechos  fundamentales,  no  solamente tenemos el iuspuniendi en contra de nosotros, sino  que  también  somos  seres  humanos  y  se  nos  debe  ver…  precisamente los  preacuerdos    son    el   sistema   vacilar   de   la   humanización   de   la  pena”12.   

Finalmente,  solicita  sea  revocada  en su  integridad la decisión objeto de impugnación.    

La defensa técnica  

Ahora bien, la defensora pública en calidad  de  recurrente comienza por hacer un recuento de los términos objeto de acuerdo  suscrito  con  el representante de la Fiscalía, resaltando que tal negociación  responde  a  una  justicia premial creada por la Ley 906 de 2004, y que la misma  legislación   consagra   las  “aristas”13que   debe  tener  tal  acto  procesal,  a  la  cual  se  acogieron  debidamente  con  el  ente acusador en el  preacuerdo  por  ellos  celebrado  el  8  de  abril  de  2013,  afirmando que no  encuentra  la  razón  por la cual el Tribunal improbó el preacuerdo, cuando el  mismo  no  contiene  algún  rasgo  de  ilegalidad  o  no  cumplimiento  a tales  parámetros  señalados  por  las  normas  procesales,   reiterando  que la  circunstancia    de    la   “coparticipación  criminal”  al ser una circunstancia de las que trata  el  artículo 58 del Código Penal, no resulta aplicable al caso sub examine por  la  modificación  introducida  por  la  Ley  890  de  2004  al inciso final del  artículo 61 de la Ley 599 de 2000.   

En  similar  sentido,  señala que el mismo  Código   Penal  estipula,  contrario  a  lo  considerado  por  el  a   quo,  que  la  prisión  domiciliaria  podía ser concedida en el sub judice por las siguientes razones:   

“entiendo en la  argumentación  de  la  sala que hace referencia nuevamente a la causal de mayor  punibilidad,  haciendo referencia que se tendría que partir del cuarto medio, y  el  cuarto  medio  sería  una  pena de 73 meses y entonces superaría los cinco  años  a  los  que hace referencia el artículo 38, sin embargo, como ya lo dije  el  Código  Penal…  establece que no debe aplicarse a los preacuerdos, por lo  tanto  se parte de los 48 meses de prisión, que de todas maneras son inferior a  los  cinco  años  que  exige  el artículo 38, por lo tanto se cumple el factor  objetivo para poder aplicar la prisión domiciliaria.   

Dice también la Sala que el artículo 68 A  que  ha  tenido  varias  reformas  después  del original de la Ley 599 de 2000,  prohíbe  la  concesión de algunos subrogados para algunos delitos, entre ellos  el  delito  de concusión, sin embargo la Corte Constitucional se ha manifestado  en  reiteradas  oportunidades  en  el  sentido de decir que las prohibiciones no  pueden  ser  objetivas  sino  que  debe  hacerse el análisis en cada uno de los  casos,  y  fuera  de eso el mismo parágrafo del código penal establece que esa  prohibición  no  se  aplica en caso del principio del principio de oportunidad,  ni  en  caso de preacuerdo o negociaciones…y allanamiento a cargos.  Es decir, la misma ley esta facultando  la  posibilidad  que  se  pueda conceder la prisión domiciliaria en tratándose  del  delito de concusión, por lo tanto que tendríamos que el segundo ítem del  preacuerdo  no  va contra la ley, es perfectamente viable, por lo tanto debería  ser  aprobado  porque  no  va  en  contra del principio de legalidad”14   

En  cuanto  al  permiso para trabajar en la  profesión  de  abogado,  manifestó que teniendo en cuenta que la concusión es  un  delito  contra la administración pública, un delito que requiere un sujeto  activo  cualificado,  debe  de distinguirse entre la pena de inhabilitación del  ejercicio    de    derechos   y   funciones   públicas,   por   “la  que  se  pierde por un tiempo la posibilidad de ser funcionario  público”15,   con  la  posibilidad  de  ejercer    la    profesión,    arte    u   oficio16.   

Agrega,  que  en  este  caso  concreto  al  otorgarse  el  permiso para trabajar, se están haciendo prevalecer los derechos  de  los  niños  y  de  la  familia, núcleo de la sociedad, al permitírsele al  acusado  proveer los recursos necesarios para su manutención; así como, es una  forma  de  hacer más eficaz la administración de justicia, por cuanto no sólo  se  estaría  aprobando  aquel  acto por el cual se pactó una pena, sino que se  abarcarían   sus   consecuencias,   esto   es  el  mayor  numero  de  “ítems  pertinentes”,  para  que en “una sola audiencia se  puedan   solucionar   varios   aspectos”17.   

Reitera  que la figura del “preacuerdo”  no  conlleva  a la impunidad, que incluso soluciona el problema del hacinamiento  carcelario,  en  tanto  viabiliza  la  concesión de beneficios como la prisión  domiciliaria,  la  cual  no es una libertad, no es una  falta  de  pena,  es  simplemente  que  la  pena se cumple en el domicilio de la  persona,  quien  a  más de aceptar responsabilidad, e  imponérsele  una  sentencia  condenatoria en su contra, debe soportar una serie  de restricción de derechos.   

De  esa  forma  solicita  que  se  imparta  aprobación   y  legalidad  al  preacuerdo  celebrado  con  el  delegado  de  la  Fiscalía18.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE:   

    

1. Competencia:     

En  virtud  de lo dispuesto en el artículo  32-3  de  la Ley 906 de 2004, a la Sala de Casación Penal le asiste competencia  para  resolver  el  asunto  propuesto,  toda  vez  que  se  trata del recurso de  apelación   formulado  contra  una  determinación  adoptada  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá, del cual es su superior funcional.   

    

1. Análisis de la apelación.     

Como  quiera  que los motivos de desacuerdo  expresados  por  el  delegado  de  la  Fiscalía, el acusado, y su defensora, en  calidad  de  recurrentes,  frente  a  la  decisión  proferida  por  el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  el 22 de mayo de 2013, tienen el  mismo   sustento   fáctico  y  jurídico,  la  Sala  los  abordará  de  manera  conjunta.   

El asunto que ocupa la atención de la Corte  se  centra,  entonces,  en  determinar si la propuesta punitiva de la Fiscalía,  consistente   en  imponer  al  acusado  LUÍS  EDUARDO  SANABRIA   TRUJILLO,   ante   su   manifestación  de  culpabilidad  preacordada  en  calidad de cómplice del delito de concusión, 48  meses   de   prisión,  pena  de  multa  de  33.33  S.M.L.M.V.  y  40  meses  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas, junto a la  concesión  del  mecanismo  sustitutivo de la prisión domiciliaria y el permiso  para  trabajar  en  la  profesión  de  abogado,  es  acorde con la normatividad  relativa  al tema y con la jurisprudencia que sobre el tema ha desarrollado esta  Corporación.   

Postula el Tribunal, que al hacer un control  material  de los términos en que quedó fijada la negociación, se advierte que  las   “sanciones  convenidas  son  manifiestamente  ilegales”,  pues  a  más de concederle al procesado  una  disminución de hasta la mitad de la pena por la degradación de autoría a  complicidad  en el cargo que por concusión éste aceptó, se “descartó” la  circunstancia  de  mayor punibilidad relativa a la coparticipación criminal que  le    fuera   adicionada   en   la   acusación,   ocasionando   “una   triple   rebaja   que,   a  la  luz  de  la  normativa  y  la  jurisprudencia…  no resulta admisible”, en tanto el  Juez   al   quedar   atado   a   “unos   guarismos  determinados”      se     le     “cercen[ó]  la  posibilidad  de  fijar los ámbitos de movilidad y ponderar aspectos”  tales  como la gravedad de la conducta, misma que de haber sido  correctamente  reconocida  en  el  acuerdo  obligaría a la autoridad judicial a  situarse   en   los   cuartos   medios,  cuyo  mínimo  es  de  73  meses  y  16  días.   

Bajo ese razonamiento, el a quo desestima la  concesión   del   “beneficio   de   la   prisión  domiciliaria”,  al  considerar que en el sub examine  no  se  cumpliría  el  requisito  objetivo  consagrado  en  el artículo 38 del  Código Penal.   

Por su parte, la tesis de los recurrentes es  que     aquella     “circunstancia    de    mayor  punibilidad”   consagrada  en  el  numeral  10  del  artículo  58  de  la  Ley  599  de  2000,  si  bien  es cierto hizo parte de la  imputación    jurídica,   también   lo   es   que   no   se   “suprimió”   en   razón  del  acuerdo  celebrado   entre   la   Fiscalía  y  el  acusado,  sino  que  ésta  no  tiene  “aplicabilidad”   en  tratándose  de  preacuerdos  y  negociaciones,  tal como lo consagra el último  inciso  del  artículo  61  del  mismo  compendio  normativo,  adicionado por el  artículo 3 de la Ley 890 de 2004.   

En punto a definir las censuras propuestas,  relevante  resulta  precisar  que  el legislador está  facultado  para  reformar  los  Códigos,  consultando criterios de razonabilidad   y   proporcionalidad   en   la  definición  de  las  formas19.De  suerte  que  atendiendo  los  fines  perseguidos  con  el  Acto  Legislativo  003  de 2002 y la Ley 906 de 2004, se dio  origen      a      la     Ley890     de     200420,   en   cuyo   estudio   y  discusiones  se  aprecia,  por ejemplo, las siguientes  constancias:   

“Mediante  el  Acto  legislativo  número  003 de 2002 varias disposiciones de la Constitución  Política  fueron  reformadas  con  el  propósito  de  modificar  «el  sistema  judicial  penal» y, en particular, «la estructura del esquema de procesamiento  criminal  colombiano».  De  esta  forma se pretende adoptar «una estructura de  clara  tendencia  acusatoria,  en donde el eje del proceso sea el juicio oral y,  por  esta  vía,  se  respeten  de  mejor  manera los derechos de los ciudadanos  durante   la  investigación  y  el  juzgamiento»…  El  objetivo específico de la reforma constitucional  {es}    contribuir   al  fortalecimiento  de  la  función  de investigación adelantada por la Fiscalía  General  que «debido al escaso sustento probatorio con el cual se instruyen los  procesos,  es un reflejo del peso que gravita actualmente sobre la institución:  Además  de dirigir la investigación y detentar la titularidad del ejercicio de  la  acción  penal,  debe  obrar  no solo como ente acusador sino como defensa y  juez,  lo  que  indudablemente  entorpece  su  función  principal».  Por ello, se decidió «eliminar de la  Fiscalía   las   actuaciones   judiciales   donde   se   comprometan   derechos  fundamentales  de  los  sindicados,  de  manera  que pueda dedicarse con toda su  energía  a  investigar  los  delitos  y  acusar  ante  un  juez  a los posibles  infractores   de   la   ley   penal».”21  (Subrayas  por fuera del texto original).   

(…)  

“Así  pues,  el  texto  aprobado por el  Senado  está  conformado,  por  una  parte,  por  una  serie  de  disposiciones  relativas  a  la  dosificación  de  la  pena,  por otra parte a la creación de  nuevos  tipos  penales  o  a la modificación o adición de los existentes, y en  tercer  lugar  por  la modificación parcial de las disposiciones vigentes sobre  la  libertad  condicional  y  suspensión  de  la  ejecución  condicional de la  pena.   

El primer grupo de normas, que corresponde  a  los artículos 1°, 2°, 3°, 4° y 9°, está ligado a las disposiciones del  estatuto  procesal penal de rebaja de penas y colaboración con la justicia, que  le  permitan  un  adecuado  margen  de  maniobra a la Fiscalía, de modo que las  sanciones  que finalmente se impongan guarden proporción con la gravedad de los  hechos,   y   a   la  articulación  de  las  normas  sustantivas   con   la   nueva   estructura  del  proceso  penal.”22(Subrayas  por fuera del texto original).   

En  efecto,  en el artículo 3° de la Ley  890  de  2004  se  estableció una herramienta que le otorga al ente acusador un  mayor  grado  de  “maniobrabilidad” al  momento  de  celebrar preacuerdos o negociaciones, pues en esta  norma se estipuló:    

“El sistema de cuartos no se aplicará en  aquellos   eventos   en   los  cuales  se  han  llevado  a  cabo  preacuerdos  o  negociaciones entre la Fiscalía y la defensa.”   

Ello es así, en razón a que la transcrita  norma  es  un  reflejo  del principio de separación categórica de funciones de  acusación  y  juzgamiento,  característico  del  sistema acusatorio, en el que  existe  una  pérdida  de tradicionales poderes, competencias o atribuciones del  juez,  que  se  trasladan  a la Fiscalía otorgándole el monopolio estatal para  investigar  y  acusar,  al  tiempo  que  se le despoja de la facultad de afectar  derechos  fundamentales  y  de  tomar  decisiones con valor de cosa juzgada, las  cuales   deben   provenir   de   un   tercero   imparcial  y  no  de  una  parte  procesal.   

Respecto  a  ese  tópico  esta  Sala  ha  considerado:   

“cuando no hay  convenio  sobre  la  pena  a  imponer  (porque se trate de allanamiento o porque  siendo  un  preacuerdo en éste nada se pacta sobre el monto de la sanción), el  juez  debe  tasarla  conforme  al  tradicional  sistema  de cuartos y  de  la  ya  individualizada  hacer  la  rebaja  correspondiente,  atendiendo   factores   tales   como   -a  título  ejemplificativo-  la  eficaz  colaboración  para  lograr los fines de justicia; la significativa economía en  la  actividad  estatal  de  investigación; el que la ayuda que se genere con la  aceptación  de  los cargos muestre proporción con la dificultad probatoria; el  que  -cuando  sea  del  caso-  se  facilite  descubrir otros partícipes u otros  delitos   conexos;   el  que  no  se  dificulte  investigar  otras  conductas  o  partícipes,  etc,  sin influir en este momento los referentes tenidos en cuenta  para individualizar la sanción, pues ya agotaron su función.   

                                 

Asimismo, si se ha acudido al mecanismo de  la  negociación  y  dentro  de  ella se pactó el monto de la sanción, a ésta  quedará  vinculado  el  juez  (art.  370),  salvo que en su concreción se haya  violado  alguna garantía fundamental, no pudiendo por aquella razón (y en ello  se  explica  la  prohibición  del  art.  3  Ley  890/04)  acudir  al sistema de  cuartos.  Sin embargo, debe advertirse que si bien la  limitante  legal  acabada  de  reseñar pareciera absoluta -en el sentido que la  entendieron  las  instancias-  vale  decir,  que  en  todo caso de preacuerdo el  mencionado  sistema  de  dosificación  está  prohibido,  ello no resulta así,  porque  frente  a un preacuerdo donde el monto de la pena a imponer no haya sido  pactado,  al  juez  fallador  -para  individualizar  la  sanción-  no  le queda  alternativa   distinta   que   acudir   al  sistema  de  cuartos.”23(Subrayas  por  fuera  del texto original).                    

Luego, entonces, la prohibición consagrada  en  el  último  inciso  del  artículo 61 del Código Penal, introducida por el  artículo  3  de  la  Ley  890  de  2004,  resulta operante cuando ha mediado un  preacuerdo  contentivo del señalamiento de la cantidad específica de la pena a  imponer,  tal  como acontece en el asunto que se examina, en el que el procesado  SANABRIA  TRUJILLO aceptó su  responsabilidad  por  el  cargo de concusión en calidad de cómplice, que no de  coautor  como  le  había  sido  imputado  en  la  acusación,  producto  de una  negociación  en  la  que  la  Fiscalía alentó su realización ofreciendo como  monto  de  las sanciones concretas a imponer: “la de  48  meses  de  prisión,  pena  de  multa  de  33.33  S.M.L.M.V.  y  40 meses de  inhabilitación     para     el    ejercicio    de    derechos    y    funciones  públicas”24,  resultando  incuestionable  por  esa potísima razón que ante la  improcedibilidad  de  la tasación de la pena conforme al tradicional sistema de  cuartos,  es  inaplicable  en el sub judice la agravante genérica consagrada en  el  numeral  10 del artículo 58 de la Ley 599 de 2000, tal como lo demandan los  recurrentes.   

Ello  es  así,  en  consideración  a  que  mientras       las      “circunstancias      de  agravación”         y        “atenuación”  contempladas  en la parte  especial  de la legislación sustancial penal traen señalado su correspondiente  marco                    punitivo25   

,  las  previstas  en  la parte general del  Código  Penal  en  sus  artículos  55  y  58  carecen  de  una escala punitiva  particular,  siendo esa, justamente, la razón por la que para éstas se destina  el  procedimiento  de  cuartos,  tal  como  lo  estipula  el  inciso segundo del  artículo   61   de   la   Ley   599   de   2000,   a   cuyo  tenor  literal  se  observa:   

“El  sentenciador  sólo  podrá moverse  dentro  del cuarto mínimo cuando no exista atenuantes ni agravantes o concurran  únicamente  circunstancias  de  atenuación  punitiva,  dentro  de  los cuartos  medios   cuando   concurran  circunstancias  de  atenuación  y  de  agravación  punitiva,   y   dentro   del   cuarto   máximo   cuando  únicamente  concurran  circunstancias de agravación punitiva”.   

De  tal  forma  que  en  eventos  como  el  presente,  en  el que se llevó a cabo un preacuerdo en el que se fijó el monto  de  las  sanciones  a  imponer al investigado, la inaplicabilidad del sistema de  cuartos,  en  razón  a  lo  dispuesto  en el artículo 3 de la Ley 890 de 2004,  apareja  necesariamente  que  la  agravante  genérica  por la que fuera acusado  SANABRIA    TRUJILLO,  “obrar  en  coparticipación  criminal”,  prevista  en  el numeral 10 del artículo 58 del C.P., pierda  eficacia  en  orden  a  concretar o determinar el cuarto de movilidad dentro del  que  debería  determinarse  la  penaimponible  al  procesado, pero sin que ello  signifique  que  la  misma  pueda  ignorarse  absolutamente  en la dosificación  punitiva  por ser un aspecto de obligatoria ponderación según lo normado en el  artículo 61 del Código Penal.   

En consecuencia, si las partes convinieron  que  la  sanción  principal  sería  de  48 meses de prisión, no significa que  hubiesen  ignorado  la  agravante  en  cuestión, sino que habiéndola tenido en  cuenta  junto  con  los  demás aspectos de imperativa ponderación, concluyeron  que  en  el  caso  concreto  resultaba procedente la imposición de los mínimos  punitivos previstos en la ley.   

Por tanto, contrario a lo expuesto por el a  quo,  “los  términos  en  que  quedó  fijada  la  negociación” celebrada el 8 de abril de 2013 entre  el  Fiscal  54  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá y el acusado  LUÍS    EDUARDO   SANABRIA   TRUJILLO,  en presencia de su abogada defensora, obrante a folios 167 a 179  del  cuaderno  No.  14,  a  más de ser congruente con la imputación fáctica y  jurídica  contenida  en  el  escrito  de acusación26,    no    contraría   la  prohibición   consagrada   en   el   inciso   segundo  del  artículo  351  del  C.P.P.27,  pues  la  inaplicabilidad  de  la  agravante genérica opera por  ministerio  de la ley (Art.  3  de  la Ley 890 de 2004)28   

y no como consecuencia directa del consenso  al  que  llegara la Fiscalía y la defensa, razón por  la  que  se  constata  una  disminución  de  la  condena  igual a la legalmente  permitida.   

De  esta forma, igualmente no se   acredita   fundadamente   la   vulneración   de  la  garantía  constitucional  de  legalidad, aducida por el Tribunal, en orden a cuestionar la  concesión  del  mecanismo  sustitutivo de la prisión domiciliaria, en tanto al  imponerse  una  condena  privativa de la libertad de 48 meses en el sub examine,  se  cumpliría  el  requisito  objetivo  establecido  en  el  artículo  38  del  C.P.   

Ahora  bien, como quiera que al momento de  improbar   el   preacuerdo  el  a  quo  arguyó   que   la   “oferta  de  la  Fiscalía  representa  una  triple  rebaja  que,  a  la luz de la normativa y la  jurisprudencia…  no resulta admisible”, solo resta  verificar,  en el presente control de legalidad, si lo  pactado  entre  el acusador y el procesado es en verdad susceptible de consenso,  como  lo alegan los impugnantes o si, por el contrario, desbordó el ámbito que  legalmente   se  ha  estipulado,  como  lo  consideró  el  juzgador  de  primer  grado.   

En lo atinente a cuáles aspectos consideró  el  legislador  son  susceptibles  de  ser  preacordados,  encontramos que en el  artículo  348 de la Ley 906 de 2004 se consagró de manera escueta que se trata  de  convenir  lo  que  “implique la terminación del  proceso”;  mientras en los artículos 350, 351 y 352  del  mismo  compendio  normativo  se  concreta  el  objeto  que  compromete  esa  finalización    judicial,    al   establecerse   que   serán   “los    hechos    imputados    y    sus    consecuencias”29sobre  los  que recaerán los  preacuerdos  y las negociaciones, lo cual implica la admisibilidad por parte del  imputado  o  acusado  en  forma  libre,  consciente, espontánea y voluntaria de  situaciones que cuenten con un mínimo de respaldo probatorio.   

Respecto   de   este   tópico  la  Corte  pacíficamente   ha  considerado  que  deben  ser  objeto  de  convenio,  habida  consideración de los elementos de prueba y evidencias recaudadas:   

“el  grado de  participación,  la  lesión no justificada a un bien  jurídico  tutelado, una específica modalidad delictiva respecto de la conducta  ejecutada,  su  forma  de  culpabilidad  y  las situaciones que para el caso den  lugar  a  una  pena menor, la sanción a imponer, los excesos en las causales de  ausencia  de  responsabilidad a que se refieren los numerales 3, 4, 5, 6 y 7 del  artículo  32 del C.P, los errores a que se refieren los numerales 10 y 12 de la  citada  disposición,  las  circunstancias de marginalidad, ignorancia o pobreza  extremas  (artículo  56),  la  ira  o  intenso  dolor  (artículo 57),  la  comunicabilidad  de  circunstancias  (artículo 62), la eliminación de casuales  genéricas   o  específicas  de  agravación  y  conductas  posdelictuales  con  incidencia  en  los  extremos  punitivos, pues todas estas situaciones conllevan  circunstancias  de  modo,  tiempo y lugar que demarcan los hechos por los cuales  se  atribuye  jurídicamente  responsabilidad  penal  y  por  ende fijan para el  procesado  la  imputación  fáctica y jurídica.”30(Subrayas   por  fuera  del  texto original).   

También,  en  punto  de  lo  que  debe ser  materia   de   esos   preacuerdos   o   negociaciones,   ha   dicho   esta  Sala  que:   

“Estas  negociaciones   entre   la  fiscalía  e  imputado  o  acusado  no  se  refieren  únicamente  a  la  cantidad  de  pena imponible sino,  como  lo  prevé  el  inciso 2° del artículo 351, a  los  hechos imputados y sus consecuencias, preacuerdos  que  «obligan al juez de conocimiento, salvo que ellos desconozcan o quebranten  las garantías fundamentales».   

Que la negociación pueda extenderse a las  consecuencias  de  la conducta punible imputada, claramente diferenciadas de las  relativas  propiamente  a  la  pena  porque a ellas se refiere el inciso 1° del  mismo  artículo,  significa  que también se podrá  preacordar  sobre  la ejecución de la pena (prisión domiciliaria o suspensión  condicional)   y   sobre   las   reparaciones  a  la  víctima…”31(Subrayas  fuera  del  texto  original).   

Evidente   es,   entonces,   la  profunda  transformación  que  se  ha  producido  en  el  ordenamiento  jurídico  con la  adopción  de la institución de los preacuerdos y negociaciones, la cual genera  como   consecuencia  obvia  que  el  acuerdo  pueda  incidir  en  los  elementos  compositivos  o  estructurales  del delito, en los fenómenos amplificadores del  tipo,  en  las  circunstancias  específicas  o genéricas de agravación, en el  reconocimiento  de  atenuantes,  la  aceptación  como  autor  o como partícipe  (cómplice),   el   carácter   subjetivo   de   la  imputación  (dolo,  culpa,  preterintención),  penas principales y penas accesorias, ejecución de la pena,  suspensión  de  ésta,  privación  preventiva  de  la  libertad, la reclusión  domiciliaria,   la   reparación   de   perjuicios   morales  o  sicológicos  o  patrimoniales,  el  mayor  o  menor  grado de la lesión del bien jurídicamente  tutelado.   

La  amplitud  del  ámbito  propicio  a una  negociación  podría  explicarse  en que lo pretendido por parte del imputado o  acusado  es  una  reducción  de  las  condignas sanciones o consecuencias de su  delito  y  como  son  múltiples los fenómenos condicionantes de las mismas, se  torna  complejo  el  tratamiento  de  este  tema,  aunque  suele  superarse  tal  obstáculo  recordando  el  valor  teleológico  de  la  institución  que no se  inclina  por  un  criterio  restrictivo  sino  por  uno  de acentuada naturaleza  extensiva.   

Ello  es  así,  en razón a que uno de los  objetivos  perseguidos  por  el  legislador  con  el nuevo sistema procesal, sin  descuidar  el  respeto  absoluto  por  la defensa y el debido proceso, fue el de  procurar  otorgar  celeridad  al proceso mediante la confluencia de voluntades y  el  consenso  en  la solución del conflicto, que obedece a los fines esenciales  del  Estado  social  de  derecho  de facilitar la participación de todos en las  decisiones  que  los  afectan,  según  el  artículo  2º  de  la Constitución  Política.   

Y  es  que  el  consenso  es  un componente  esencial  de  la administración de justicia, tal como lo consideró la Corte en  sentencia   del  25  de  agosto  del  2005  dentro  del  radicado  21954,  entre  otras32,  al  afirmar  que  el  sistema  contenido  en  la  Ley 906 de 2004  está:   

“Diseñado  para  que  a  través de las negociaciones y acuerdos se finiquiten los procesos  penales,  siendo  esta  alternativa  la  que  en mayor porcentaje resolverá los  conflictos,  obviamente  sin  desconocer  los derechos de las víctimas y de los  terceros  afectados  con la comisión de la conducta punible, partes que en este  esquema   recobran   un   mayor   protagonismo  dentro  del  marco  de  justicia  restaurativa.   

Así  las  cosas,  teniendo  en  cuenta la  estructura  del  proceso  penal,  la idea es que el mismo se finiquite de manera  «anormal»,   es   decir,   a   través   de  la  «terminación  anticipada»,  procurándose  que  ésta sea la vía que normalmente de fin a la actuación con  sentencia   condenatoria,  ya  que,  se  repite,  la  concepción  filosófica  que  constitucional y legalmente sustentan el sistema,  conduce  a  que así se culminen la mayoría de las actuaciones, pues no de otra  manera  se  explicaría la razón por la cual se incluyeron los preacuerdos, las  negociaciones  e,  incluso,  el  principio  de  oportunidad, institutos que, sin  lugar  a  dudas,  buscan,  dentro  del  respeto  de  las  garantías  y derechos  fundamentales  de  las  partes  e  intervinientes, la efectividad material de la  administración   de   justicia   dentro   del   marco  propio  de  celeridad  y  economía”.   

De  tal  forma,  que  en  el sub examine el  acuerdo  celebrado  por  el  Fiscal  54  Delegado  ante el Tribunal y el acusado  SANABRIA  TRUJILLO  en el que  degradaron  la  participación  de  éste  en  la  conducta  que  le había sido  imputada,  de  autor  a  cómplice, se ajusta a la normatividad relativa al tema  que comporta y lo que sobre el particular ha dicho la Corte.   

Igualmente,     conforme   a   lo   anteriormente  expuesto,  resultaba   legalmente   admisible  que  se  pactara  el  otorgamiento  de  la  prisión  domiciliaria,   por   cuanto   a   más  de  encontrarse dentro del   ámbito   de   los  preacuerdos  aquellas  negociaciones  referidas           a          la       modificación    en    las    condiciones   para  la   ejecución  de  la  pena    privativa    de   libertad,   se   comprende   sin   dificultad  que  con  su reconocimiento en  el    sub    júdice  no  se  vulnera la limitante consagrada en el inciso  segundo   del   artículo  351  del  C.P.P.  en  los  siguientes       términos:      “Si   hubiera   un   cambio   favorable   para   el   imputado  con  relación    a   la   pena   por   imponer,   esto  constituirá  la  única  rebaja  compensatoria  por  el  acuerdo”,    puesto    que   los  subrogados y beneficios judiciales o administrativos no hacen  parte  del  factor pena ni se constituyen en elemento  para  la dosimetría de la misma como máximo,  mínimo ni reducción  de  aquella, esto es, no se integran  al    principio   de   legalidad   de   la   pena33.   

De  tal  forma que un derecho premial, que  admite   acordar   sobre  todas  las  consecuencias  de  la  aceptación  de  la  imputación  o acusación, no sólo de las penales sino  también  de  las civiles y, entre aquéllas, además de la cantidad de sanción  también  respecto  de  las  condiciones  para  su  ejecución,  y  que apoya su  efectividad  precisamente  en el sistema de negociaciones porque de lo contrario  colapsaría34   

,  no  resultan  tolerables las exclusiones  generalizadas   como   las   contempladas  en  la  decisión  proferida  por  el  a  quo, pues luego de hacer  referencia  a  múltiples  providencias  de  esta  Sala  y  las  “talanqueras”   consagradas   en   los  artículos  28  y  13  de  Leyes  1453  y 1474 de 2011 para el reconocimiento de  “beneficios    en    los    delitos   contra   la  administración  pública”,  afirma  que  el juez de  conocimiento  debe  improbar  los preacuerdos en los que advierta que el proceso  penal  se  ha convertido en “un festín de regalías  que    desnaturalizan    y    desacreditan    la    función    de   administrar  justicia”,  desestimando,  de esa forma, conceder la  prisión domiciliaria.   

Empero,  lo  cierto es que la remisión que  hace  el  Tribunal a variados pronunciamientos de la Corte, tan solo reafirma lo  sostenido  por  ésta  a  partir del fallo del 19 de octubre de 200635, en cuanto a  que  la  autoridad  judicial a más de verificar que la aceptación del imputado  sea  libre, voluntaria y con la debida asistencia de su defensor, debe velar por  el  respeto  absoluto  de  las garantías fundamentales, dentro de las cuales se  encuentran  la  legalidad  de  los  delitos  y  de  las  penas, así como las de  tipicidad   y   jurisdiccionalidad   del   sistema36.   

Es decir, contrario a lo considerado por el  a quo, el pacto no puede ser  improbado  por  la autoridad judicial por consideraciones de índole distinta al  quebrantamiento  de  garantías  fundamentales,  único factor a considerarse en  este  aspecto,  y  como  quiera  que  el  Tribunal no  acreditó  que  el  acuerdo  celebrado  el 8 de abril del presente año entre la  Fiscalía  y  el  acusado  vulnerara algún principio o derecho, no le era dable  improbar  los  términos  de  tal  negociación  por  razones  de  conveniencia,  haciendo  alusión  a que se trataba de “beneficio[s]         excesivos…         que      desluce[n]      el   nombre   de   la   administración   de   justicia”.   

Igualmente,   inadmisible   resulta   la  referencia  que  hizo  la  Corporación  de primera instancia a las Leyes 1453 y  1474  de 2011, para argumentar la improcedencia de conceder en el sub examine la  prisión   domiciliaria,   por   tratarse   de   normatividades   expedidas  con  posterioridad  a  los  hechos  objeto  de  análisis en el presente caso, que al  contemplar   condiciones   más  gravosas  para  las  personas  que  hayan  sido  condenadas   por   delitos   contra   la   administración   pública,  resultan  inaplicables  por  virtud  del  principio de favorabilidad que prohíbe la   vigencia  retroactiva  de normas nuevas que hagan más gravosa la situación del  procesado.   

Ahora  bien,  en  cuanto  el permiso para  ejercer  la  profesión,  arte,  oficio, industria o  comercio,   el   cual  se  otorga  obedeciendo  a  circunstancias  que  resultan  incompatibles    con    la   vida   en   reclusión  formal,  las    cuales    en    el   presente  caso  se  refieren  a  que  el  acusado  contribuye  al  sustento  de  sus  dos  menores  hijos37   

,    conforme    se    acredita    a  través  de  los  elementos  materiales  probatorios  obrantes   a   folios   296   y   s.s.   del   cuaderno   de  evidencias  de  la  Fiscalía  54  Delegada ante el Tribunal,  ha  de  señalarse que contrario     a    lo    considerado  por  el a quo,      la     concesión    de    tal   permiso   no   resulta   incompatible    con  lo  estipulado  en  el  artículo  46 del Código  Penal,  por  cuanto  tal  pena accesoria   resulta   inaplicable   en  el  sub  examine,  en  la  medida  en  que  la  conducta  punible  (concusión)  aceptada  por  el  acusado SANABRIA  TRUJILLO   no   está  directamente   relacionada   con   el   ejercicio  de  la  profesión   de   abogado,   sino   con   los   deberes   propios   de   la  función  que  cumplía  el       aquí  procesado  como  Fiscal  delegado ante los jueces municipales.   

Respecto  a  éste  tópico  la  Corte  ha  considerado:   

“La  Sala  tampoco  accederá  a  esta  solicitud  de la impugnante en el entendido de que la prohibición del ejercicio  de  una  profesión  no está vinculada a que el procesado ostente conocimientos  en   un   determinado   oficio,   arte   o  profesión,  sino  al  abuso  de  su  ejercicio.   

Si  bien en el presente asunto se sabe que  para  la  época  de realización de la conducta el sentenciado había terminado  los  estudios  de  derecho  por  lo  que  podría aducirse algún nexo entre esa  ilustración  y el ilícito proceder por el cual se le sanciona, se advierte que  en  esencia  la  conducta  punible  se  deriva  de  un abuso del cargo y/o de la  función,  como  reza  la  disposición infringida, el artículo 140 del Código  Penal  anterior,  lo  que es distinto de haber cometido el delito como resultado  del ejercicio de la profesión de abogado.   

El  hecho de que para ser fiscal o juez se  requiera  tener conocimientos de derecho, no puede constituirse en fundamento de  la  aplicación de la pena accesoria que limita el ejercicio de la profesión de  abogado,  por  cuanto  la conducta punible no está directamente relacionada con  ésta  sino  con los deberes propios de la función.38”       (Subrayas fuera del texto principal.)   

Empero,  disímil es la respuesta jurídica  en  cuanto a la posibilidad de conceder al acusado el permiso para que ejerza la  profesión  de  abogado, de cara a la prohibición contenida en el artículo 2º  de la Ley 583 de 2000, a cuyo tenor literal se consagra:   

“ARTICULO  2o. El  artículo  39  del  Decreto 196 de 1971 quedará así:   

No pueden ejercer la abogacía, aunque se  hallen inscritos:   

1.  Los servidores públicos, aún en uso  de  licencia,  salvo  cuando  deban  hacerlo en función de su cargo o cuando el  respectivo  contrato  se  los  permita.  Pero  en  ningún  caso  los abogados a  contrato  podrán  litigar  contra la Nación, el departamento, el distrito o el  municipio,  según  la  esfera  administrativa  a  que  pertenezca  la entidad o  establecimiento  al  cual  presten  sus servicios, excepto en causa propia y los  abogados  de  pobres  en las actuaciones que deban adelantar en ejercicio de sus  funciones.   

2.  Los  Senadores  de  la  República,  Representantes  a  la  Cámara,  Diputados  a  las  Asambleas  Departamentales y  Concejales   Distritales   y  Municipales,  en  los  casos  de  incompatibilidad  señalados en la Constitución y la ley.   

3.  Los militares en servicio activo, con  las excepciones consagradas en el Código Penal Militar.   

4. Las personas  privadas   de   su  libertad  como  consecuencia  de  resolución  acusatoria, excepto cuando la actuación  sea  en  causa  propia,  sin  perjuicio  de  los  reglamentos  penitenciarios  y  carcelarios.”    (Subrayas    fuera   del   texto  principal.)   

Los  recurrentes en este caso aducen que el  procesado  puede  ejercer el Derecho a pesar de que se le haya impuesto una pena  de  prisión,  por cuanto sus calidades profesionales no sufren mengua por estar  privado  de  la  libertad,  ni  por  recibir  un  serio  cuestionamiento  de sus  cualidades  éticas  y  humanas  al  haber  incurrido  en  un  delito como el de  concusión,  cuyo elemento configurante es el “abuso  de  su  cargo  o funciones”, y tratarse de un abogado  que  ostentaba  el  cargo  de  Fiscal  local  o  Fiscal delegado ante los jueces  municipales.   

Empero,  la  lectura  constitucional  de la  precitada  norma,  en concreto, con fundamento en una  interpretación  armónica  y sistemática  del  artículo  95 de la Carta, relativo a los deberes  constitucionales,  y  del  artículo  26 superior, que autoriza la inspección y  vigilancia  del  ejercicio  de  las  profesiones, una de cuyas expresiones es el  poder   disciplinario,   conduciría   innegablemente   a   que   la   precitada  incompatibilidad  tiene  como nítida finalidad la de resguardar los derechos de  terceros,  exigiendo ciertas condiciones personales a quien ejerce la profesión  del   derecho,   en   razón   al  inherente  carácter  social  que  tiene  esa  ocupación.   

Repárese  en  que  la  privación  de  la  libertad  apareja  la  suspensión  del  ejercicio  de  algunos  derechos  y  la  restricción  o  limitación de otros, al impedir ejercerlos con la totalidad de  facultades  comprendidas  en  su contenido o en las mismas condiciones en que se  ejercen cuando se disfruta de la libertad personal.   

Razonable  es,  entonces,  que el derecho a  ejercer  la  abogacía  resulte afectado por la privación de la libertad y que,  de  contera,  se  afecte  el  derecho  al  trabajo  y  a derivar el sustento del  ejercicio  profesional  del Derecho, luego el legislador, al prever la precitada  incompatibilidad,  no  hizo  otra cosa que conferirle expresión normativa a una  circunstancia evidente.   

Respecto   a   éste  tópico,  la  Corte  Constitucional en sentencia C- 290 de 2008 estimó:   

“La  Corte ha considerado que el abogado  ejerce    su    profesión    principalmente   en   dos   escenarios39:  (i)  por  fuera  del  proceso, a través de la consulta y asesoría a particulares, y (ii)  al  interior  del proceso, en la representación legal de las personas naturales  o  jurídicas  que  acuden  a  la  administración de justicia para resolver sus  controversias.   

En  el desarrollo de estas actividades, la  profesión   adquiere   una   especial  relevancia  social,  pues  se  encuentra  íntimamente  ligada  a  la  búsqueda  de  un  orden  justo  y  al  logro de la  convivencia  pacífica,  en  razón  a  que  el  abogado  es, en gran medida, un  vínculo  necesario  para  que  el  ciudadano  acceda  a  la  administración de  justicia40.  En  el  marco  del  nuevo  Código  disciplinario,  al   abogado   se   le   asigna   un  nuevo  deber,  de  relevancia  constitucional,   consistente  en  la  defensa  y  promoción  de  los  derechos  humanos.   

De acuerdo con las premisas expuestas, y en  la  medida  en  que  el  ejercicio  de  la  profesión  de  abogado se orienta a  concretar   importantes   fines   constitucionales,  el  incumplimiento  de  los  principios   éticos  que  informan  la  profesión,  implica  también  riesgos  sociales  que  ameritan  el  control  y  la  regulación legislativa41, tanto más  en  cuanto  tal  intervención  se  encuentra  explícitamente autorizada por la  propia Carta Política en su artículo 26.   

En tal sentido, esta Corte ha sostenido que  el   ejercicio  inadecuado  o  irresponsable  de  la  profesión,  pone  en  riesgo la efectividad de diversos derechos fundamentales,  como  la  honra,  la  intimidad,  el  buen  nombre,  el derecho de petición, el  derecho  a  la  defensa  y,  especialmente,  el  acceso  a la administración de  justicia,  así  como la vigencia de principios constitucionales que deben guiar  la  función  jurisdiccional,  como  son  la  eficacia,  la celeridad y la buena  fe42.”   (Subrayas  por  fuera  del  texto  principal)   

Y  posteriormente  reiteró su criterio, al  considerar en sentencia C- 398 de 2011, lo siguiente:   

“para   el  ejercicio  de  una  profesión  como  la de abogado «la libertad es un elemento  indispensable».  y  su  desempeño  exige  «la  presencia  física en diversos  escenarios  judiciales  y  extrajudiciales», de modo que el abogado detenido no  se  encuentra  en  las  mejores  condiciones  para  proteger  el interés de sus  clientes  actuales  o  potenciales,  «pues  estos, merced a la privación de la  libertad   de   su   abogado,  carecerían  de  una  defensa  técnica,  lo  que  conllevaría   la   vulneración   de   sus  derechos  fundamentales».   

En   esas   condiciones   el   ejercicio  profesional  no  sería  adecuado  y tampoco responsable, por lo cual no resulta  contrario  a  la  Constitución que, tratándose de la imposición de una medida  privativa  de la libertad, el legislador haya previsto una incompatibilidad cuya  ausencia  no  solo  afectaría  los derechos a acceder a la justicia y al debido  proceso  de los eventuales clientes, sino también a la misma administración de  justicia  que  no  podría  contar  con  la  colaboración eficiente del abogado  detenido.   

Pero  no  solo  se  vería  afectada  la  administración  de justicia por lo que hace a los asuntos que, de no existir la  incompatibilidad,  asumiría  el  abogado detenido preventivamente, dado que, el  permitir  el  ejercicio  de  la  abogacía  a  una  persona sometida a medida de  aseguramiento  privativa  de  la libertad, podría afectar el cumplimiento de la  respectiva  medida  y,  sobre  todo,  las finalidades  perseguidas   mediante   su  tasada  y  excepcional  imposición.”(Subrayas fuera del texto principal)   

Precisamente atendiendo las trascendentales  funciones  de  los  abogados  y  el  riesgo  que  de  su actividad se deriva, el  Legislador  se  ha  ocupado  de  expedir diversos estatutos con el propósito de  regular   dicha   actividad,   imponer  algunas  restricciones  y  señalar  los  correctivos pertinentes.   

En el caso específico de las inhabilidades  e   incompatibilidades,   tanto   el   Decreto   196  de  1971,  “por   el   cual   se   dicta   el  estatuto  del  ejercicio  de  la  abogacía”,    como   la   Ley   1123   de   2007,  “por  la cual se establece el Código Disciplinario  del  Abogado”, fijaron una pluralidad de medidas con  miras  a blindar y revestir de la mayor transparencia el desempeño profesional,  entre  ellas  la mencionada incompatibilidad consagrada en el numeral cuarto del  artículo  2  de  la  Ley 583 de 2000, en la que se señala que el privado de la  libertad  no  puede  ejercer  la abogacía, “excepto  cuando  la actuación sea en causa propia”, y aún en  ese  supuesto  se  advierte  que  la  actuación  debe  surtirse “sin    perjuicio    de    los    reglamentos    penitenciarios    y  carcelarios”.   

Luego entonces, se concluye que la referida  incompatibilidad  tiene  claros  fines  constitucionales  en  la  previsión del  riesgo  social,  en el interés general inherente al ejercicio profesional de la  abogacía  y  en  la  protección  de  los  derechos  de terceros, objetivos que  aportan  un  marco  de  justificaciones  más  amplio  que el fundado en la mera  apreciación  individual  de  las consecuencias que la privación de la libertad  tendría sobre el directamente implicado.   

En esas condiciones,como quiera que en elsub  júdice   el  permiso  para  ejercerla  profesión  no  resulta  acorde  con  la  legislación  y la Constitución, como lo reclaman los impugnantes, improcedente  resulta    su    concesión,    pues   ha   de   recordarse   que“los  preacuerdos solo tienen fuerza vinculante para el juez cuando  no  se vulneran          garantías     fundamentales”43.   

De  lo anteriormente expuesto devendría en  el  presente  caso,  la  aceptación parcial del acuerdo celebrado el 8 de abril  del  presente  año  por  el  Fiscal  54  delegado  ante el Tribunal Superior de  Bogotá  y  el  acusado  SANABRIA TRUJILLO,  en  compañía  de su defensora, en relación con el monto de las  penas    a    imponer    por    el   delito   de   concusión,   en   grado   de  complicidad,   sumado  al  otorgamiento  de  la prisión domiciliaria, sino fuera porquetal consenso de las  partes   procesales  pudo  estar  fincado  motivacionalmente  en  que  le  fuera  concedidotambién  al  procesado,  el  permiso  para  ejercer  su  profesión de  abogado,  por  manera  que respetando la integridad del acuerdo, en el entendido  que  éste  constituye  una  unidad  inescindible,  se procederá a confirmar la  decisión  proferida  el 22 de mayo de 2013 por el Tribunal Superior de Bogotá,  empero  no  por  las  razones  expresadas  por  el  a  quo sino por las aquí expuestas.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

CONFIRMAR  la  decisión proferida el 22 de  mayo  de  2013 por el Tribunal Superior de Bogotá, mediante la cual se improbó  el   acuerdo   celebrado   entre   la  Fiscalía  y  el  procesado  LUIS  EDUARDO  SANABRIA  TRUJILLO, por las  razones aquí expuestas.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

       Comuníquese,      cúmplase  y  devuélvase  al Tribunal de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                                     MARÍA              DEL              ROSARIO             GONZÁLEZ  MUÑOZ             

GUSTAVO       ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ                       EYDER  PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1Folios  216 a 217 del cuaderno del juicio oral.   

2Folio  223 del cuaderno del juicio oral.   

3Folio  221 del cuaderno del juicio oral.   

4Folio  230 del cuaderno del juicio oral.   

5Ibídem.   

6Folio  231 del cuaderno del juicio oral.   

7  Reanudada  la  audiencia  de  lectura  de  la  decisión objeto de impugnación,  afirmó  el  Fiscal  delegado:  “Nosotros no hicimos  una  rebaja  de  pena…lo  que se hizo fue un cambio favorable para el imputado  que  contempla una relación con la pena a imponer, pero no es rebaja directa de  pena,  es la degradación de autor a cómplice y por eso se tiene como la única  rebaja  que se contempla en el acuerdo…por eso no se habla en el preacuerdo de  rebaja de la tercera parte de la pena”. Minutos 5:30 a 6:37.   

8Minuto  11:10  del  record  atinente  a la continuación de la  audiencia   de   lectura   de   decisión.   

9Ibídem, minuto 15:30.   

10Ibídem   

11Minuto  17:05 a 19:05 de la continuación  de la audiencia de lectura de decisión.   

12Minutos    19:35    a    21:33   de   la   continuación    de   la   audiencia   de   lectura   de   decisión.   

13  Ibídem,  minutos  26:35 y  s.s.   

14Minutos 27: 38 a 34:11   

15  Minuto 39:36 y s.s.   

16Minutos 35:44 y s.s.   

17Minuto 39:17 y s.s.   

18Minuto 49:10 y s.s.   

19  Así  lo  ha establecido la  jurisprudencia   de   la   Corte   Constitucional   de  forma  pacífica  y  reiterada,  ver  entre  otras  sentencias:  C-210 de 2007,  C-227 de 2009, C-144 de 2010.   

20  Declarada    exequible    por    la    Corte    Constitucional    en   sentencia  C-193/05.   

21 En  “Ponencia  para  primer  debate del Proyecto de Ley  Estatutaria  número  01 de 2003 Senado, por   la   cual   se   modifica   y   adiciona  el  Código      Penal.”,     gaceta No. 642 de 2003.   

22 En  “Informe  de  ponencia  para  primer  debate  del  Proyecto  de  ley número 251 de 2004 Cámara”,  gaceta No. 178 de 2004.   

23CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA   DE  CASACIÓN  PENAL,  sentencia del 4 de mayo de 2006, radicación    No.    24.531.   En   el   mismo  sentido  ver auto del 7 de febrero de 2007, radicado  No.  26448;  sentencia  del  1  de  noviembre  de  2007,  radicación    No.   28384;   sentencia   del   29   de   julio   de   2008,  radicación  No.  29788; sentencia del 20 de octubre  de 2010, radicación No. 33478.   

24Folios   187   y   s.s.  del  cuaderno  14.   

25 Un  buen   sector  de  la  doctrina  opina  que  no  son  “circunstancias”  las  reguladas  en  la  parte  especial, por considerarlas  “elementos    del   tipo   circunstanciado”   o  “elementos   de   un   tipo   penal   con  condiciones  especiales”.   Así,   lo   expone   José   L.   González   Cussac,   en  “TeoríaGeneral    de    las   circunstancia”,  cit.  p.  89; Mercedes Alonso Alamo, “El    sistema   de   circunstancias   del   delito”,  cit.,  p.  274,  Miguel  Ángel  BoldovaPasamar, “la      comunicabilidad      de      circunstancias”;   cit.   p.   57;   Carmen   Salinero   Alonso,  “Teoría    general    de   las   circunstancias”,   cit.   p.  39.  Fernando  Velásquez  Velásquez,  “Derecho   penal   parte   general”,  página  554,  quien  señala:  “¿Cuándo el texto  legal  alude a “agravantes” y “atenuantes, se refiere a todos los casos de  la  parte  general  y  especial  del Código que llevan ese nombre, o se refiere  solo  a  las primeras o a una parte de ellas? Desde luego, independientemente de  la   noción   de   “circunstancia  que  se  asuma,  puede  decirse  sobre  el  interrogante  lo  siguiente:  si se tiene en cuenta que los criterios examinados  en  esta  sede solo operan cuando ya se han aplicado las reglas del artículo 60  –   de   obligatoria  observancia  antes  de  iniciar  el  proceso  de  individualización  en sentido  estricto,  y  por  supuesto,  diseñadas para determinar las respectivas escalas  punitivas  partiendo  de  los mínimos y de los máximos consagrados en la parte  especial  como  en  la  parte  general-,  se  concluye que la disposición no se  refiere  a todas las “circunstancias”, sino a aquellas para las cuales no se  ha  indicado  ninguna  escala punitiva en particular, para el caso las previstas  en  los  artículos  55  y  58;  pues,  para  ellas,  justamente,  se destina el  procedimiento  de  cuartos, no para aquellas “circunstancias” o causales que  traen  señalado  su  correspondiente marco punitivo y que, obvio es decirlo, no  requieren de uno nuevo.”   

26Observable  a  folios  1  a  8  del  cuaderno  No.1.  Por      corresponder     a     la  descripción   típica  contenida  en  el  artículo 404 del Código   Penal,   con  la  modificación  introducida  por  el  artículo  14 de la Ley 890 de  2004.   

27Art.       351.-      “También  podrán  el  fiscal  y  el  imputado  llegar  a  un  preacuerdo   sobre  los  hechos  imputados  y  sus  consecuencias.  Si   hubiera   un   cambio   favorable   para   el   imputado  con  relación    a   la   pena   por   imponer,   esto  constituirá  la  única  rebaja   compensatoria  por  el  acuerdo.”   

28La  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, en sentencia del 1 de  noviembre  de  2007,  bajo  la  radicación  No.  28384, consideró:  “Es  que  a pesar de que la norma antes citada señale que «el  sistema  de  cuartos  no  se  aplicará en aquellos eventos en los cuales se han  llevado  a  cabo  preacuerdos o negociaciones entre la Fiscalía y la defensa»,  la  interpretación  sistemática  y  teleológica que a ella le ha dado la Sala  indica  que  dicha  prohibición  no opera cuando el  preacuerdo   o   negociación  no  incluyan  el  monto  de  la  pena”.   

29Artículo   351  de  la  Ley  906  de  2004.   

30CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA   DE  CASACIÓN    PENAL,    sentencia    del   14   de   diciembre   de   2005,  radicación  No.  21347; sentencia del 10 de mayo de  2006,   radicación   No.   25389,   entre   otras.   

31CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  sentencia  del  20  de octubre de  2010,  radicación  No.  33478.  En  igual  sentido,  sentencias  del 10 de mayo de 2006 y 22 de junio de 2006, bajo los radicados No.  25389 y No. 24817, respectivamente.   

32CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE  CASACIÓN         PENAL,         sentencia   del   14   de   marzo  de  2006  dentro  del  radicado  24052.   

33Cfr.  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN  PENAL, sentencia del 8 de julio de 2009, radicación No. 31531.   

34En  la   aclaración   de  voto  del  magistrado  Mauro  Solarte Portilla a la sentencia del 23 de agosto del  2005,   radicado   21.954,  se  recuerda  que  “El  ChiefJustice   Burger  en  el  caso  Santonello  Vs  New  York  señaló      que      “una  reducción  del  90 al 80 % en el  porcentaje  de declaraciones negociadas exigiría que  se  duplicaran los medios  humanos  y técnicos (Jueces, Secretarios Judiciales,  Jurados,  etc.),  mientras  que la reducción al 70 %  exigiría triplicarlos”.   

35Radicación 25724.   

36La  jurisdiccionalidad  en  estricto  sentido  se  refiere  de  manera concreta a la  garantía               “nullumiudicium           sine  accusatione”.FERRAJOLI,   Luigi,  “Derecho  y  razón. Teoría  del  garantismo penal”.     Editorial     Trotta,    Madrid,    2001,    pág. 96.   

37LUIS  DANIEL  SANABRIA  NAICIPA y JUANA VALENTINA SANABRIA NAICIPA  de  16 y 8 años respectivamente. Documentos obrantes  a  folios 296 y s.s. del cuaderno de evidencias de la  Fiscalía 54 Delegada ante el Tribunal.   

38  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA PENAL, Sentencia de Segunda Instancia del 21 de  agosto  de  2003,  radicación  19548.  En   sentido   similar   existe   un   pronunciamiento   de   esta  corporación:    “Rad.    7970.   Sent.    2ª   inst.   abril   19/93.  M.P.   Gustavo   Gómez  Velásquez”.   

39  Sentencia C-060 de 1994. Reiterada en la sentencia C-884 de 2007.   

40  Ver,  principalmente, las sentencias C-540 de 1993, C-060 de 1994, C-196 de 1999  y C-884 de 2007.   

41  Ver  sentencias  C-196 de 1999, C-393 de 2006, C-884  de 2007.   

42  Sobre  la  función  social  y  los  riesgos  de  la  profesión  de abogado, ver sentencia C-540 de 1993.   

43Esto  último,  con  fundamento en una  interpretación armónica  del     inciso     4º    del    artículo  351  y del inciso 2º  del  artículo  368 de la ley 906 de  2004.     

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