41392(14-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 263.  

         

Bogotá  D.C., agosto catorce (14) de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en relación con el  cumplimiento  de  los  presupuestos  lógicos  y  argumentativos  del  libelo de  casación   presentado   por   el    defensor  del  procesado  JOHN   FREDY   MORA   LÓPEZ   contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Manizales  el  4  de  marzo del año en curso, mediante la cual revocó la dictada el 10 de  febrero  de  2010 por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito del mismo lugar que  absolvió  al  mencionado de los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de  armas  de  fuego  de  defensa personal para en su lugar condenarlo por homicidio  simple y la segunda infracción referida.     

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  supuesto  fáctico  que  dio origen a la  presente      actuación      fue      declarado     por     el     ad-quem,  en los siguientes términos:   

“El   día   16   de  agosto  de  2008,  aproximadamente  a  las  3:30  de  la  mañana,  en  el interior de la discoteca  ‘La   33’  ubicada en la entrada del Municipio  de  Villamaría  (C), se presentó un incidente entre Jhon Fredy Cano Villa y el  procesado  JHON  FREDY MORA LÓPEZ durante el cual, éste presuntamente amenazó  con     ‘arma    de  fuego’  al primero, pues  no  gustaba  de  la  relación sentimental que Cano Villa sostenía con su prima  Paula Tatiana Ceballos.   

Ante  esta  situación,  dos amigos de Cano  Villa,           entre          los  que  se  encontraba  Jairo  Alberto  Hoyos  López,  entraron  en  un enfrentamiento con JOHN FREDY MORA LÓPEZ, para  luego  de  ser  expulsados del establecimiento por los empleados del mismo, MORA  LÓPEZ  golpeó  la puerta delantera del vehículo de Cano Villa, y junto con su  compañero  Julio  César Londoño Restrepo intentaron abordar un taxi, pero los  amigos  del propietario del automotor lo agredieron de nuevo. Finalmente, con la  ayuda  de un tercero y de su amigo Londoño Restrepo, MORA LÓPEZ logró abordar  el taxi.   

Pocos minutos después del incidente, desde  la  carretera  frente  a la discoteca que había sido escenario de la gresca, un  individuo  accionó  arma  de fuego en repetidas ocasiones, logrando impactar un  disparo  en  la  puerta  del vehículo de John Fredy Cano Villa y dos más en el  cuerpo  de  Jairo  Alberto  Hoyos  López  causándole  la muerte”.   

Por  razón  de  los  hechos precedentes, se  dispuso       la       captura      de  JOHN  FREDY  MORA  LÓPEZ,  la  cual fue legalizada por el Juzgado Primero Penal Municipal de  Villamaría  (Caldas)  en  audiencia  preliminar  concentrada  del 29 de mayo de  2009.  Durante  esa  misma vista, la Fiscalía formuló imputación en su contra  por  los  delitos  de  homicidio  agravado  y  porte ilegal de armas de fuego de  defensa  personal,  por  los  cuales  el  despacho  judicial le impuso medida de  aseguramiento  privativa de la libertad en establecimiento carcelario.  Los  cargos imputados no fueron aceptados por el imputado.   

El  19  de  junio  siguiente, el ente fiscal  presentó  escrito  de  acusación  en  contra  del  sindicado  por  los delitos  imputados  (arts. 103, 104-7 y 365, modificado por el 38 de la Ley 1142 de 2007,  del  C.P.),  cargos  que  ratificó  durante  la  audiencia  de  formulación de  acusación realizada el 13 de octubre ulterior.   

Evacuadas  las  audiencias preparatoria y de  juicio  oral,  el  Juzgado Séptimo Penal del Circuito de la misma ciudad dictó  fallo  de primer grado el 10 de febrero de 2010, por medio del cual absolvió al  procesado de las conductas punibles por las que fue acusado.   

En desacuerdo con la anterior providencia, la  recurrieron  en  apelación  los representantes de la Fiscalía y del Ministerio  Público,  por  lo  que  el  Tribunal Superior de Manizales la revocó, mediante  sentencia   del   4   de   marzo   del  año  en  curso.       

En   su  lugar,  condenó  a  JOHN   FREDY   MORA   LÓPEZ  a  la  pena  principal  de  doscientos  veinte  (220)  meses  de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  lapso,  al  encontrarlo autor penalmente responsable de los delitos de homicidio  simple y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

En  la  misma  providencia,  le  negó  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y el  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Contra   la  anterior  determinación  del  ad   quem,   la   defensa  interpuso   recurso   extraordinario  de  casación,  mediante  libelo  allegado  oportunamente,  cuyo  estudio asume la Sala con el objeto de verificar si cumple  con          los          presupuestos          exigidos         para         su  admisibilidad.         

LA  DEMANDA   

Formula   dos  censuras  contra  el  fallo  impugnado  fundamentadas en la causal tercera del artículo 181 de la Ley 906 de  2004, por violación indirecta de la ley sustancial.   

Por metodología, la Sala se ocupará, en el  siguiente   acápite   considerativo,   inicialmente   de  sintetizar  de  forma  individual  el  fundamento de los reparos y, de inmediato, expondrá su criterio  en torno al cumplimiento de sus presupuestos de admisión.   

1.  Primera censura. Violación indirecta de  la  ley sustancial derivada de errores de hecho por falsos juicios de existencia  e identidad:   

El  Tribunal incurrió en error de hecho por  falso  juicio de existencia al omitir valorar (i) el informe ejecutivo de agosto  16  de  2008,  suscrito  por  la  investigadora Nelvia  Patricia  Montero Rendón introducido al juicio oral en  su  primera  sesión  llevada a cabo el 13 de octubre de 2009, como evidencia no  estipulada  No. 2, y (ii) el acta de reconocimiento fotográfico y videográfico  de  25 de septiembre de 2008 practicado por la misma investigadora e incorporado  al  juicio  oral en la misma fecha como evidencia no estipulada No. 6, y en cuya  realización  participó  John  Hedier  Rivera  Uribe  en  presencia  del  personero  delegado  Jorge  Eduardo Castrillón Grajales, sobre  un  álbum  fotográfico donde aparece la foto de JOHN  FREDY MORA LÓPEZ.   

En las dos diligencias, asegura el libelista,  John     Hedier    Rivera    Uribe    afirma  que  el arma que le dio a guardar el procesado al momento de  ingresar  a  la  discoteca  fue  una  pistola  y  no un revólver, de lo cual se  percató  porque  el  mismo  implicado  le  retiró  el  proveedor,  con lo cual  ratifica su dicho vertido en el juicio oral.   

De  esa forma, para el actor no es cierta la  aseveración  del  Tribunal  según  la  cual este deponente cambió o varió su  versión  en  el  juicio  oral  con  la  intención  de favorecer al implicado y  generar  una  duda  sobre  si  el  arma  que  portaba  era  un  revólver  o una  pistola.   

Lo  anterior, señala más adelante, produce  significativos  factores  de  incertidumbre,  pues, a diferencia de los testigos  Óver  Román Cortés, quien  se  desempeñaba  la  noche  de  los  hechos como portero del establecimiento, y  Yeimmy  Betancur  Quebrada,  mesera   en   el  mismo  lugar,  John  Hedier  Rivera  Uribe   fue  el  único  que,  en  su  condición  de  administrador,   tuvo   contacto   con   el  arma.  En  esa  medida,  aduce,  se  controvierten  muy  seriamente  “las  dos  premisas  sentadas  por  el Honorable Tribunal y que sirvieron de soporte para edificar el  concurso   indiciario   edificado   en   contra  de  mi  asistido:  ‘un     arma    de    fuego    tipo  revólver’.   Y   que  existía  ‘la probabilidad  de  que  el  arma  utilizada  para el abatimiento del señor Jairo Alberto Hoyos  López    ´fuera    un    revólver’…”.   

Para   el   censor  las  pruebas  omitidas  constituyen  circunstancias infirmantes de los indicios de “presencia anterior  y  concomitantes”,  “móvil  del ataque letal” y “mala justificación”  edificados en contra de su prohijado.   

Al  pretermitir,  por tanto, el análisis de  los   apartes   de   estas   pruebas   documentales,  se  eliminó  “el  valor probatorio que tenían esos documentos, como medios de  convicción  que  necesariamente  daban lugar a la aplicación del principio del  in  dubio  pro  reo  a  favor  del  patrullero   MORA LÓPEZ”.   

Así mismo, afirma, el Tribunal incurrió en  error  de  hecho por falso juicio de identidad en la apreciación del testimonio  de    John   Hedier   Rivera   Uribe,   el    cual    se   concreta   cuando   sostiene   que   MORA  LÓPEZ portaba un revólver la noche  de   los   hechos   conforme   a  lo  depuesto  por  los  testigos  Óver   Román   Cortés  y  Yeimmy  Betancur  Quebrada, y al advertir,  además,  que  el  primero  en  mención intentó generar duda sobre el arma que  portaba el sindicado.   

Lo   dicho,  expone,  porque  “soslayó  las  manifestaciones hechas por el mismo señor Rivera  Uribe  ante  la  investigadora  criminalístico II del CTI Nelvia Patricia   Montero  Rendón  en  la  mañana  del  sábado  16  de  agosto/2008,  simple  y  llanamente    tergiversó    el   contenido   de   su   dicho   en   el   juicio  oral”;  tergiversación  que  cataloga  de  abierta,  porque  “en el juicio oral el señor Rivera Uribe se  encargó  de  explicar  que, realmente, el arma que le fue dada a guardar por el  patrullero  JOHN  FREDY  MORA  LÓPEZ  ‘tenía      proveedor’…”  y, en tal condición, es claro que  se  trataba  de  una  pistola,  pues el revólver cuenta con tambor y no con ese  mecanismo.   

De  otro lado, a manera de “agregación”  señala  que  “no puede sostenerse que el Honorable  Tribunal,  en  su valoración probatoria, y obrando de acuerdo con las reglas de  la  sana  crítica,  le  dio  mayor  crédito  a las deponencias de Óver Román  Cortés  y  Yeimy  Selene  Betancur  que  al  testimonio  de  John Hedier Rivera  Uribe”.   

Así,   colige   que   el   ad     quem    soslayó    tanto    las  manifestaciones  del  último  en  mención  en  las  diligencias investigativas  previas  al  juzgamiento  como  sus  explicaciones  del juicio oral “para  hacer prevalecer una afirmación equivocada consignada por  el  testigo  en  su  entrevista ante la investigadora criminalístico II del CTI  Nelvia   Patricia   Montero   Rendón   en   la   mañana   del  sábado  16  de  agosto/2008”.   Con ello, se le hizo decir algo  que   nunca   expresó   en  el  juicio  oral,  esto  es,  que  al  ingresar  al  establecimiento le entregó un revólver.   

Acto  seguido, refiere a la trascendencia de  los  errores  planteados,  pues,  a su juicio, determinan la aplicación en este  caso     del     principio     in     dubio    pro  reo                   a  favor  de  su  defendido  dado que no podía ser condenado por el concurso de  conductas  punibles  por el cual fue enjuiciado. En ese orden, solicita casar el  fallo impugnado y, en su lugar, absolverlo de las imputaciones.   

Consideraciones:           

Aun   cuando  en  esta  censura  el  actor  impropiamente  postula como cargos independientes los errores de hecho por falso  juicio  de  existencia  y  el  de  identidad,  no  obstante recaer parte de este  último   sobre   prueba   distinta   que   también   sustenta   el   fallo  de  responsabilidad,  posteriormente supera el defecto al articularlos; ello, cuando  refiere  en  forma  global  a su trascendencia frente al fallo en orden a que se  aplique  el  principio  in dubio pro reo a favor del procesado.   

Elucidado  lo  anterior,  dígase,  por otro  lado,  que  a  partir  del  desarrollo  del  reparo se advierte que el libelista  conoce  la  esencia  de tales yerros de apreciación probatoria. Por ello mismo,  resulta  inexplicable  que  en  su  interior  haya señalado que se ignoraron el  informe     ejecutivo     suscrito    por    la    investigadora    Nelvia         Patricia         Montero         Rendón, introducido al  juicio  oral  como  evidencia  no  estipulada No. 2, y el acta de reconocimiento  fotográfico  y  videográfico  de  25  de  septiembre de 2008 practicado por la  misma  funcionaria e incorporado al juicio oral en la misma fecha como evidencia  no  estipulada  No.  6  (error  de hecho por falso juicio de existencia) y, a la  vez,  que  se  tergiversaron  apartes  de  su  contenido, más concretamente por  supresión   de   las   manifestaciones  efectuadas  por  John Hedier Rivera Uribe  (error    de    hecho    por    falso    juicio   de  identidad).   

          Ciertamente,  plantear  que  no fueron valoradas unas probanzas y al  mismo  tiempo  que  sí lo fueron pero tergiversándose apartes de su contenido,  no  sólo torna confusa la propuesta, sino, además, contradictoria.   

En  tales  condiciones  la  censura, vulnera  principios  regentes  de  la  materia  casacional,  como  los de autonomía y no  contradicción,  entendiéndose  por  el  primero  como  la exigencia de que las  diferentes  propuestas  que  apunten  hacia el resquebrajamiento del fallo deben  ser  planteadas  en  forma  independiente,  con miras a evitar que se incurra en  mezclas  argumentativas  y  conceptuales;   además,  en  caso  de que sean  excluyentes, debe indicarse cuáles son las subsidiarias.   

Por su parte, el llamado principio lógico de  no  contradicción  tiene  que  ver  con el hecho de que los cuestionamientos al  fallo  de  carácter  excluyente, tanto en su naturaleza como en sus efectos, no  pueden  ser  formulados  en  una misma censura, por la misma razón señalada en  precedencia  en  el  sentido de que el escrito pierde coherencia y comprensión,  al terminar por afirmarse que algo es y no es a la vez.   

La  falencia  indicada  tiene  la  entidad  suficiente  para  determinar  la  inadmisión  del  reproche,  en  virtud  a las  exigencias  de  claridad  y concisión que de la demanda de casación establecen  los artículos 183 y 184 del estatuto procesal penal.   

Ahora  bien,  pese  a que formalmente asiste  razón  al  censor  al  aseverar  que  en el fallo confutado no se valoraron las  pruebas  reseñadas  respecto  de las cuales plantea el error de hecho por falso  juicio  de  existencia  por omisión, tal circunstancia es irrelevante, pues, en  últimas,  lo  que persigue es reabrir la discusión abordada por el Tribunal en  cuanto  a si cobra mayor credibilidad el dicho de John  Hedier  Rivera  Uribe durante el juicio oral, conforme  al  cual  el  arma  que recibió del implicado fue una pistola y no un revólver  -tipo  de  arma esta última con la cual, se encuentra establecido, fue ultimado  Jairo  Alberto Hoyos López-  o  si  la  tiene  su  declaración  anterior  vertida ante investigador en donde  sostuvo   lo   contrario,   sólo   que   ahora   con   apoyo   en  las  pruebas  ignoradas.   

Empero,  en la controversia planteada apenas  si  refiere  al  valor  probatorio  que  el  ad  quem  otorgó    a   los   testimonios   de   Óver   Román   Cortés  y  Yeimy    Selene    Betancur,    quienes  unánimemente    informaron    haber    visto    al    implicado    JOHN  FREDY  MORA  LÓPEZ  en poder de un  revólver,  cuyo  mérito  no  se  desvanece por el exclusivo argumento de que a  diferencia  de  Rivera Uribe  no  tuvieron contacto físico con el arma, recuérdese cómo,   en esa  materia,  para  este  juzgador  fueron  cruciales  las  declaraciones de los dos  primeros  mientras  que  lo  asentido  por  el  último  en  su  entrevista ante  investigador  tan  sólo  refuerza  su  percepción1.   

Máxime  lo  anterior  cuando  Rivera  Uribe  tampoco fue uniforme en lo  atestado  sobre  el  tipo  de  arma  recibida,  pues al margen de lo dicho en el  juicio    oral    y    lo   consignado   por   la   investigadora   Nelvia  Patricia  Montero  Rendón,  esto  último  en  los  documentos  sobre  los  cuales  se cimenta el error probatorio  endilgado,  en  declaración anterior, debidamente confrontada en desarrollo del  mismo juicio oral durante el interrogatorio del fiscal, adujo:   

                      “Aquí,  allá  somos  seis  trabajadores conmigo, dos porteros, dos meseros, el que pone  la  música  y  yo. Resulta que yo tomé turno a las diez de la noche, llegué a  abrir  como  siempre  lo  hago,  se  atendió normal a la gente que llegó. Todo  pasó  normal.  Como  a eso de las doce y media de la noche o una de la mañana,  llegó  un  policía  activo  del  que no sé su nombre: Sabía que era policía  porque,  como  yo  juego fútbol en Aranjuez, yo a él lo veía uniformado en la  moto  en  el  CAI  de  Aranjuez.  Él me saludó y me  entregó  el  revólver,  pero  sin  la munición, porque él mismo lo descargó  delante  de  mí.  Yo  guardé  el  arma  y  él  siguió  su  rumba,  él  iba con otras personas pero no sé quiénes eran, eran como  cuatro,    ellos    se    ubicaron    en   una   mesa   como   diagonal   a   la  barra…”2 (subraya fuera de texto).   

De  esa  forma  se  logra extraer que, en el  fondo,  la  pretensión  del  libelista  se  limita  simplemente  a enfrentar su  criterio  personal  e  íntimo de valoración de la prueba con el expuesto en la  sentencia impugnada.   

Esta  actitud,  sin  duda,  como  en  forma  reiterada  lo  ha  precisado  la Sala, no tiene cabida en esta sede por no estar  concebida  como  tercera  instancia  y  porque tampoco logra desvirtuar la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  gobierna  al fallo, para lo cual es  preciso  demostrar  yerros  trascendentes  en la apreciación de las pruebas con  incidencia  en  la ley sustancial, si de la causal de violación indirecta de la  ley sustancial se trata.   

Para   finalizar,   adviértase   que   el  cuestionamiento  del libelista también es intrascendente en la medida en que no  vincula  la  totalidad  de  la  prueba  sobre  la  cual  se cimentó el fallo de  condena,  sino  exclusivamente  la  indiciaria  relacionada  con la tenencia por  parte  del  implicado de un arma de la misma naturaleza de aquella con la que se  ocasionó   el   deceso   de   Jairo  Alberto  Hoyos  López,  dejando  de  lado  otras construcciones de la  misma  índole  que  también  condujeron  al  ad quem  a  igual conclusión, como los indicios de presencia y  móvil            para           delinquir3   

Por  las falencias expuestas, se inadmitirá  el reparo.   

2. Segunda censura (subsidiaria). Violación  indirecta de la ley sustancial derivada de falso raciocinio:   

Empieza   por   precisar,   con  apoyo  en  jurisprudencia  de  esta  Sala, que para reconocer la circunstancia atenuante de  la  ira  no  es necesaria su alegación expresa, en este caso consecuente con el  hecho  de  que  el  procesado negó haber sido el autor de la muerte violenta de  Jairo     Alberto     Hoyos     López, “Por tanto,  en  momento  alguno  pudo  haber  alegado  que,  en  los  hechos ocurridos en la  madrugada  del  sábado  16 de Agosto/2008, obró, como lo señaló el Honorable  Tribunal   Superior,   impulsado   por  ‘el  ánimo de saciar su convulsionado  ser’ luego de haber sido  víctima        de        una       ‘brutal      agresión’  por  parte  del  prenombrado señor  Hoyos              López”.     

Para  el  actor,  la  inaplicación  de  la  circunstancia  de  atenuación  señalada  fue producto de un error de hecho por  falso   raciocinio  en  la  apreciación  de  los  testimonios  de  Óver   Román   Cortés   y  Yeimy  Betancur  Quebrada,  de  cuyo  contenido infirió el Tribunal que el occiso era quien  más  enfurecido  estaba  con  el  implicado, descargando su ira por lo menos en  tres ocasiones.   

        A  partir  de  estos  testimonios,  afirma  el   libelista, se  construyó  el  indicio  de móvil de ataque letal en contra de su defendido, al  tiempo  que  se descartó la alevosía, suprimiendo, por tanto, la circunstancia  de  agravación  específica del homicidio deducida en la acusación, y admitió  que  fue  objeto  de  una  “brutal  agresión”;  sin  embargo, frente a esto  último,  advera,  “tampoco puede desconocerse otra  situación:   La   reacción  tanto  del  señor  JOHN  FREDY  CANO  VILLA  como  —principalmente—  la  de  su  amigo  Jairo  Alberto  Hoyos  López,  fue totalmente  ‘desmesurada     o  desproporcionada’ frente  a     esa     inicial     provocación:     Frente     a     ese    ‘primer  acto  de  agravio’…”.   

        De   ese   modo,  prosigue,  el  Tribunal  aludió  a  “tres  palizas  consecutivas  en  un  corto  lapso”      a  ‘vejámenes  a  que  fue  sometido  MORA  LÓPEZ  en una seguidilla de  golpes’,     y    a   una   ‘andanada    de    patadas   en   el  suelo’;     por     ende,     ‘no  podía  menos  que  considerar  la  reacción  del señor Hoyos  López  contra  el  patrullero  MORA  LÓPEZ  como una  ‘brutal  agresión’…”.                 

        En  el capítulo de “La repercusión de  esa      ‘brutal  agresión’ no reconocida  en    la   sentencia”,  el     demandante    afirma    que    “…nos  encontramos  ante  un caso de ese fenómeno jurídicopenal  denominado  la ‘provocación recíproca’:     Ante     un     ‘primer  acto  de  agravio’,     siguió    un    ‘segundo   hecho  ofensivo’              ‘desmesurado              y             desproporcionado’  que  derivó  en  una  ‘brutal      agresión’…”.   

        Esta  situación,  a  juicio  del defensor, plantea el interrogante  de  “¿Cómo  debe  caracterizarse  la  conducta de  quien,   momentos   después   de   haber   sido   víctima  de  una   ‘brutal  agresión’,  reacciona  violentamente   contra   el  artífice  de  ese  acometimiento???”.  Para  dar  respuesta  al  cuestionamiento,  aduce  acogerse  a  lo expuesto por  el Tribunal en cuanto a que “la  víctima  de  esa  ‘brutal      agresión’,   en   su  reacción,  obrará,  indiscutiblemente,  ‘con   el   ánimo   de   saciar   su  convulsionado            ser’…”.   

Tal respuesta, entonces, desde su punto de  vista,  debe  ser  calificada  como una “ira justa”  causada    por   comportamiento   ajeno   grave   e  injustificado   y,   en  consecuencia,  merecedora  de  la  circunstancia  de atenuación contenida en el  artículo    57    del    Código    Penal,   con   lo   cual,   “se              le   habría  dado  a  la prueba testimonial a la que nos venimos refiriendo en este apartado,  todo su real alcance!!!”.   

De  no  ser  así, dice, se desconocerían  reglas  de la sana crítica,  pues,  “los juzgadores de instancia prescindieron de  la  valoración  social  y  jurídica  de  los  acontecimientos  que encontraron  acreditados…, en especial  las de experiencia”.   

El          ad-quem,  por  tanto,  fue inconsecuente  con   esa   valoración   probatoria,   ya   que  ese  “ánimo  de saciar su convulsionado ser” del   procesado,   únicamente   lo  consideró  como  “razón   de   ser   o   móvil   del  ataque  letal”  del  patrullero  MORA LÓPEZ,  sustento  de autoría, pero soslayó su repercusión relacionada  con  el  estado emocional que generaba la aplicación a su favor de la atenuante  de  responsabilidad  jurídico  penal reclamada, en detrimento de la regla de la  experiencia   según   la   cual,  “Una   ‘brutal  agresión’  —con palabras de esa Honorable Sala de  Casación  Penal— “puede  generar  —en la víctima  sometida  a ese “vejamen”—  una  súbita  e incontrolada reacción de rechazo, capaz incluso de trastocar la  cordura,  sensatez,  mesura  y  ponderación,  por el deseo de ocasionar daño a  quien   de   manera   grave   e   injustificada  ha  logrado  perturbar  su  paz  interior”!!!…”.   

        Acto  seguido,  en  el  acápite de trascendencia del yerro, indica  que  en  el presente asunto concurrieron los elementos estructurantes del estado  de  ira  e  intenso  dolor  injustamente  provocado.  En primer lugar, porque se  presentó    “comportamiento    ajeno   grave   e  injustificado”:    La    “brutal    agresión”    de    la   cual   (se)  hizo  víctima  al patrullero JOHN  FREDY MORA LÓPEZ en la madrugada del sábado 16 de Agosto/2008”.   

               

En segundo orden,  “esa   ‘brutal  agresión’ se convirtió  en  ‘la  razón de ser o  móvil  del ataque letal’.  En  tercer  término,  “la  reacción emocional del  patrullero  MORA  LÓPEZ,  fue  consecuencia de ese comportamiento ajeno grave e  injustificado:  Recuérdese:  Para  el  Honorable  Tribunal,  el patrullero MORA  LÓPEZ    obró    impulsado   por   ‘el    ánimo    de    saciar   su   convulsionado   ser’…”.   

        La  exclusión de la norma sustancial que consagra la circunstancia  de   atenuación   punitiva   en   comento   como   consecuencia  del  error  de  hecho  por falso raciocinio  postulado,  estima, configura la causal de violación indirecta invocada, por lo  que  depreca  casar  el  fallo  impugnado  y,  en su lugar, se modifique la pena  impuesta  y,  “se conceda  al   patrullero   el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena consagrado en el art. 63 del estatuto  represor”.   

Consideraciones:         

Desde  ya  se  anticipa  que  esta  censura  tampoco  cumple con las exigencias legales para su admisión, por las siguientes  razones:    

i) No se extrae con la indispensable nitidez  la causal de casación que fundamenta la pretensión.   

          En  efecto,  si  bien el demandante invoca expresamente la causal de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  e  incluso  señala  que  en  la  valoración  probatoria  se incurrió en un error de hecho por falso raciocinio,  lo  cierto  es  que el desarrollo del reparo contiene aspectos incompatibles con  ese motivo casacional que introducen total confusión.   

          Lo  anterior,  por  cuanto  en  su  seno  también  pregona  que  el  Tribunal  admitió  los  diversos presupuestos de la  causal  de  atenuación  prevista  en el artículo 57 del Código Penal, en cuyo  caso,  como  lo  tiene  sentado  la  Sala, la causal dispuesta para enderezar el  ataque  ya  no  es  la  tercera del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, sino la  primera, por violación directa de la ley sustancial.   

         Ciertamente,  es de la esencia de la causal de violación directa de  la  ley  sustancial,  sujetarse  a los fundamentos fácticos y probatorios de la  decisión  impugnada,  como quiera que el error se contrae a un debate puramente  jurídico  que  deviene  de  la  falta de aplicación (no se selecciona la norma  llamada  a  regular  el  caso),  de  su  aplicación  indebida  (se  escoge para  solucionar  el  caso  una preceptiva que no es atinente) o de su interpretación  errónea  (en  donde  si  bien  se  selecciona la normativa correctamente, se le  otorga una hermenéutica equivocada).   

De modo que, aun cuando esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, contemplada en el pretextado numeral tercero  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  a  condición de que el censor  demuestre  que  el  fallador  incurrió  en  errores  de hecho o de derecho, los  primeros  producto de falsos juicios de existencia, de identidad o raciocinio y,  los  segundos,  por  los  llamados falsos juicios de legalidad o de convicción,  que  a  su  vez generan violación de la ley sustancial, bien porque el precepto  aplicado  no  debió  serlo o en cuanto se dejó de aplicar el llamado a regular  el caso.    

Atendida  la  disímil esencia entre las dos  causales  aludidas,  se  colige  también que son excluyentes y, por ende, deben  ser  formuladas  a  través  de  reparos independientes, con el fin de evitar la  vulneración  de  principios  regentes de la materia casacional, como son los de  autonomía  y razón suficiente, consagrados en procura de preservar la claridad  y  concisión que debe evidenciar la demanda con miras a su admisión y estudio.   

En cuanto al primero, ya se sostuvo atrás,  se  ha  dicho  por  la  Sala  que  en la formulación de los cargos las censuras  orientadas  hacia  el  resquebrajamiento del fallo deben ser planteadas en forma  independiente,  con miras a evitar que se incurra en entremezclas argumentativas  prácticamente indescifrables.   

Y,  en  relación  con  el  segundo,  se ha  expuesto  que  la  censura debe bastarse a sí misma, esto es, que debe contener  el  mínimo  de  argumentación  indispensable para derruir el fallo, propósito  que   difícilmente   se   consigue   si   involucra  diferentes  aspectos  cuya  demostración debió acometerse por separado.   

         Contrariando  las  premisas  anteriores,  en este reproche formulado  por   el   defensor   de   MORA   LÓPEZ,  se  insiste,  incurre  en dicha falencia cuando anuncia que tiene  sustento  en  el  motivo tercero de casación y, acto seguido, en su desarrollo,  acepta  los presupuestos fácticos y probatorios del fallo en punto de la causal  de atenuación reclamada.   

Tal   desarrollo   resulta  eventualmente  compatible  con  el  escenario  que  ofrece  la  causal  de  violación  directa  contenida  en el numeral 1° del artículo 181 de la Ley 906 de 2004 y no, valga  decir,    en    el    de   la   aducida   violación   indirecta   de   la   ley  sustancial.   

Corolario de lo dicho, se incurre en defecto  determinante  de la inadmisión del libelo, por la confusión que aflora en esta  materia,  atentando  contra  la necesaria diafanidad que debe emanar del escrito  casacional.      

ii)          Pero  aún  si  con  extrema  laxitud se  aceptara   que   la   pretensión  del  casacionista  es  la  de  cuestionar  la  apreciación  probatoria  por  la  senda  de  la  causal  tercera  de  casación  contemplada  en el artículo 181 del estatuto procesal, por violación indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  del  denominado  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  se  advierte  que  tal  propuesta  incumple  con  los  presupuestos  inherentes a su naturaleza.   

Dicho  yerro  de  valoración  probatoria  formulado  por  el  libelista,  valga  recordar,  se presenta cuando el juzgador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  pautas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

Por razón de esa especial naturaleza, para  que  la  propuesta  basada en esa modalidad goce de la imprescindible claridad y  suficiencia,  el  demandante está compelido, como primera medida, a identificar  la  prueba sobre la cual recae el yerro; luego, a establecer el mérito otorgado  al  medio  de  convicción  en  la sentencia y, a la vez, a señalar cuál es el  postulado  de  la  sana crítica en su criterio vulnerado, esto es, el principio  lógico,    la    máxima   de   la   experiencia   o   la   regla   científica  quebrantada.   

Después,  debe  proceder  a  vincular  esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial, lo cual le exige exponer los argumentos conducentes a demostrar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.            

         

El demandante se aparta de los lineamientos  anteriores  para  formular el yerro valorativo invocado, básicamente porque las  reglas de la sana crítica aludidas no tienen esa connotación.   

En  efecto,  señala  el  actor,  sin  la  indispensable  claridad,  que  el  yerro  del  ad quem  recayó   en   la  ponderación  de  los  testimonios  de  Óver  Román  Cortés  y    Yeimy    Betancur  Quebrada,           al          prescindir  “de la valoración social y  jurídica  de  los  acontecimientos  que encontraron acreditados”,   en   especial   de  las  máximas  de  la  experiencia,  pues  es  inconsecuente que admita el  “ánimo  de saciar su convulsionado ser” con  que  habría actuado JOHN FREDY MORA  LÓPEZ      únicamente     como     “razón   de   ser   o   móvil   del   ataque   letal”  y  tomarlo  como  indicio de autoría, y soslayar su repercusión  relacionada   con   el   estado   emocional   por   haber  sufrido  “una  brutal  agresión”,   dejando  de  lado  la  atenuante  de  responsabilidad jurídico penal reclamada.   

A partir de ese planteamiento se establece  que  en  realidad  el  libelista  no  enuncia  regla  alguna de la sana crítica  vulnerada,  pues  lo  que  hace  consistir  en  “la  valoración   social   y   jurídica  de  los  acontecimientos  que  encontraron  acreditados”,   presentada   como   máxima  de  la  experiencia,  y  el  hecho  de haberse aceptado por el Tribunal que el implicado  recibió   “una  brutal  agresión”  que  le  produjo un ánimo conturbado, no es más que la expresión  de  su  particular  criterio  personal  sobre  la  procedencia en este caso de la circunstancia de atenuación  invocada.   

Esa  pretensión  de  imponer  su  visión  personal,  desvinculada  totalmente  de la apreciación de las pruebas indicadas  cuya  apreciación  más bien comparte, y al margen de las causales de casación  establecidas,  no  sólo  deja  sin  demostración el error formulado, sino que,  además,  atenta  contra  la  naturaleza extraordinaria del recurso de casación  –en cuanto se concentra en  la  producción  de  errores  que  afectan la constitucionalidad o legalidad del  fallo,  sin  que constituya una tercera instancia- y con la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  lo gobiernan -en cuya virtud prevalece el juicio del  sentenciador sobre la opinión subjetiva del recurrente-.   

iii)  Para  terminar  dígase  que  si  la  intención  del censor estaba orientada al reconocimiento de la circunstancia de  atenuación  contemplada  en el artículo       57  del  Código  Penal,  no bastaba simplemente con afirmar enunciativamente que se  encontraban  reunidos cada uno de sus presupuestos, sino que ha debido detenerse  en  su  acreditación a través de errores en la apreciación probatoria, por la  vía   de   la  causal  tercera,  o  explicar  cómo  pese  a  haberse  admitido  expresamente  por  el  juzgador, inexplicablemente se sustrajo a su aplicación.   

Ninguna  de  esas exigencias demostrativas,  pese   a  la  extensión  del  reparo,  desarrolló  el  actor,  por lo que  también se inadmitirá.   

El cúmulo de incorrecciones reseñadas, las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Sala  en  virtud  del principio de  limitación  que  regula  este  medio  extraordinario de impugnación, impone la  inadmisión de la demanda.   

Adicionalmente,  porque  tampoco  se evidencia la necesidad       de       superarlas en procura  de   cumplir   alguno   de  los  fines  del  recurso  extraordinario,    previstos    en    el     artículo    180    ibídem.   

Por  último,  habida  cuenta  que  contra la decisión de inadmitir  las  demandas  de  casación procede el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, habrán de seguirse  las   reglas   fijadas   por   la   Sala      sobre      el      particular4.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor    del    procesado    JOHN   FREDY   MORA  LÓPEZ,  por  las  razones  consignadas en la anterior  motivación.   

         Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                     GUSTAVO           ENRIQUE           MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                    JAVIER             ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Cfr.  Pág. 19 del fallo de segundo grado.   

2 C.d.  No.       8,       récord       9’18’’.   

3  A  partir de la pág. 40 del fallo de segunda instancia.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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