41270(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 208  

Bogotá, D. C.,  tres (3) de julio de dos  mil trece (2013).   

VISTOS:  

Procede la Sala a resolver sobre la petición  de  pruebas  formulada  por  la defensa, dentro del trámite de extradición del  ciudadano  colombiano  John  Jairo  Quintero  Uribe,  quien  es reclamado por el  Gobierno de los Estados Unidos.   

ANTECEDENTES:  

1.   Mediante  oficio  No.  OFI13-0009680-OAI-1100  del  30  de  abril  de  2013, el Jefe de la  Oficina  de  Asuntos  Internacionales  del Ministerio de Justicia y del Derecho,  comunicó  a  la  Corte que el Gobierno de los Estados Unidos, por intermedio de  su  Embajada  en  Colombia  y con la Nota Diplomática No. 0239 del 7 de febrero  del  mismo  año,  solicitó la detención provisional con fines de extradición  del  ciudadano  colombiano  John  Jairo  Quintero Uribe, quien es requerido para  comparecer  a  juicio  “por  un  delito  federal de  narcóticos”,  cuya  captura se materializó el día  27  siguiente  por  miembros  de  la  Policía  Nacional,  en cumplimiento de la  Resolución  del  21  de  febrero inmediatamente anterior expedida por el Fiscal  General de la Nación.   

También  expresó  que  dicha  Embajada,  a  través  de  la  Nota  Verbal  No.  0715  del 22 de abril de 2013, formalizó la  solicitud  de  extradición  del  citado y allegó la documentación debidamente  traducida  y  legalizada.  Además,  informó  que  el  Ministerio de Relaciones  Exteriores,    con    oficio   DIAJI/GCE  No. 0779 de la misma fecha, conceptuó que el tratado aplicable al  presente  caso es “la Convención de Naciones Unidas  contra  el  tráfico  ilícito  de  estupefacientes y sustancias psicotrópicas,  suscrita  en  Viena el 20 de diciembre de 1988” y, de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 6º, numerales 4º y 5º, de la  precitada  convención, así  como  según  los  artículos  491  y 496 de la Ley 906 de 2004, precisó que es  procedente   obrar   acorde  con  “el  ordenamiento  jurídico colombiano”.   

Así  las  cosas,  envió  a  la  Corte  la  documentación   ofrecida  por  la  representación  diplomática  del  Gobierno  requirente,  “teniendo  en cuenta que se encuentran  reunidos  los  requisitos  formales  exigidos  en la normatividad procesal penal  aplicable”.   

2.  Recibida la  actuación  en la Corporación, con auto del 17 de mayo de 2013, se reconoció a  la  defensora designada por el solicitado John Jairo Quintero Uribe y se dispuso  agotar  el término para pedir pruebas, del cual hizo uso la nueva apoderada que  nombró  el  requerido,  doctora  Élida  Sánchez  Caraballo, a quien por tanto  ahora  se  le  concede  personería  adjetiva  para  que  actúe dentro de estas  diligencias,  la  cual  deprecó  la  práctica  de  los  siguientes  medios  de  conocimiento:   

2.1.  Se tenga  como  prueba  la historia clínica del reclamado John Jairo Quintero Uribe, cuya  copia  adjunta,  con  la  que  señala  la  defensa,  se  demuestra el estado de  enfermedad  grave  de  su  representado,  por  lo  que  no está en “capacidad  física  de enfrentar una extradición”,  de  manera  que  por  su  situación  personal se le podrían dar  “tratos crueles” durante  su privación de la libertad.   

2.2.  Se tengan  como  pruebas  (i) el oficio No. DAI 20131700019571 del 1 de abril de 2013 de la  Dirección  de  Asuntos  Internacionales  de la Fiscalía General de la Nación,  con  el  cual  se  le  informó al requerido Quintero Uribe, que allí no había  información  sobre  “una posible interceptación de  líneas  telefónicas  o  codificación  de  su voz”,  razón  por  la  cual  se  dio  traslado  de  esa solicitud a la Unidad Nacional  Antinarcóticos  y de Interdicción Marítima, “UNAIM”; y (ii) el oficio No.  125  D-21 del 4 de abril siguiente de la referida unidad, en donde se indica que  allí  no  se  ha  realizado “acto de investigación  alguno” frente al reclamado en cita.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE:   

1.      Cuestión    previa:   

Con el propósito de determinar la procedencia  de  la  práctica  de  un  medio  de conocimiento dentro de la fase judicial del  trámite  de extradición, se debe tener presente que el mismo esté relacionado  con  alguno  de  los aspectos a revisar por la Corporación al momento de emitir  el respectivo concepto.   

1.1. En este sentido,  cualquier  pretensión  probatoria  necesariamente  ha  de  estar  vinculada, de  acuerdo   con   lo   preceptuado   en   el  artículo  502  de  la  Ley  906  de  20041,  con: (i) la validez formal de la documentación presentada por el  Estado  requirente;  (ii)  la  demostración plena de la identidad de la persona  solicitada  en extradición con la que haya sido capturada con tal fin; (iii) el  principio  de  la  doble  incriminación,  según el cual el hecho que motiva la  petición  de  entrega  también  debe  estar previsto en Colombia como delito y  encontrarse  reprimido  con  pena  privativa  de la libertad cuyo mínimo no sea  inferior  a  cuatro  años;  (iv)  que la providencia proferida por la autoridad  extranjera  sea  una sentencia o al menos se asimile, de conformidad con nuestro  sistema  procesal  penal, a la acusación; y (v) el cumplimiento de lo dispuesto  en tratados públicos, de ser necesario.   

1.2.   Ahora,   según   lo  ha  decantado  la  jurisprudencia  en  forma  mayoritaria  de   esta   Colegiatura2,      también  se  debe  constatar  si  en  Colombia  se  profirió   decisión   con   fuerza   de   cosa  juzgada  por  los  mismos  hechos  que  sustentan  la  petición       de       extradición.   

1.3.   A  su  vez,  como  de  acuerdo  con  lo  manifestado  por  el  Ministerio de Relaciones  Exteriores,  según  quedó  consignado   inicialmente,   este   asunto   se   rige  por  el  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2004,  será   necesario   tener   presente   que   en   su  artículo 139 señala a los  jueces     el     deber     de    rechazar    de    plano    los    “actos   que   sean   manifiestamente  inconducentes,    impertinentes   o   superfluos”,  mientras  que  en  el artículo 359 del mismo estatuto  atribuye    a    tales   funcionarios   “la     exclusión,    rechazo    o  inadmisibilidad  de  los  medios  de  prueba  que, de conformidad con las reglas  establecidas  en  este código, resulten inadmisibles, impertinentes, inútiles,  repetitivos  o  encaminados  a  probar  hechos notorios o que por otro motivo no  requieran    prueba”.   Y,   finalmente,   que   en  el    artículo    375  ibídem,  se  indican  las  pautas  para  determinar  la pertinencia de las  pruebas,  al  subrayar  la  necesidad de que las mismas se refieran “directa o indirectamente a los hechos  o  circunstancias relativos a la comisión   de   la   conducta”;  alcance  que  traducido      al  trámite  de  extradición,  debe aplicarse a los requisitos contenidos en la Ley 906 de 2004.   

En esa medida, de conformidad con las normas  anotadas,   en  la  fase  judicial  del  trámite  de  extradición, solamente se  decretarán      las     pruebas     pertinentes,   es   decir,   las   que  demuestren  los  supuestos  derivados  de  las  exigencias previstas tanto en el  artículo  502 del  Código  de  Procedimiento Penal de  2004,    como    los   requisitos   puntualizados   en   los   artículos   490,   493   y  495             ibídem.   

Igualmente,   se   ordenarán     las     conducentes,  esto  es,  aquellas  autorizadas  en  la  ley con capacidad para  comprobar  los  precisos  aspectos sobre los cuales compete a la Corte rendir su  concepto.   

Finalmente,   se   evacuarán        las        útiles,  o  sea  las   llamadas   a   acreditar   un  asunto  aún  no  corroborado   y   de   verdadero   interés  para  la  actuación.   

Precisados    los    parámetros   bajo   los   cuales  corresponde  adelantar  la  actividad  probatoria  en  la  fase  judicial  del  trámite  de  extradición,  se procederá  a  resolver  las  pretensiones  formuladas  al  respecto  por  la  apoderada del  requerido John Jairo Quintero Uribe.   

2.        Sobre    la     petición     probatoria     en    concreto:   

2.1.    En   relación   con   la  solicitud  de  tener  como prueba    la      historia      clínica     del    procesado.   

A  pesar de que esta prueba, en principio, no  tiene  relación  con  los  requisitos  previstos en los artículos 490,   493,  495  y  502  de  la  Ley  906  de  2004, en todo caso  resulta  pertinente, como más adelante se explicará,  en  tanto  contiene  el  registro  de  los  antecedentes  de  las  patologías y  tratamientos  que  ha  recibido  el  solicitado  John Jairo Quintero Uribe en el  inmediato  pasado,  de  quien  se  dice  se  encuentra  en  estado de enfermedad  grave.   

Sin  embargo,  como quiera que a partir de la  anamnesis  del  solicitado,  no  es  posible  establecer  su concreta condición  médica  actual, se solicitará su valoración al Instituto Nacional de Medicina  Legal,  en  los  términos  que  luego  se  precisarán, pues de momento se hace  necesario     recordar    in    extenso  el  criterio  fijado  por  la  Corte  al  conocer de casos como el  presente,  en  orden  a constatar, conforme se dijo, la pertinencia de este tipo  de   pruebas   en   desarrollo   de   la   fase   judicial   del   trámite   de  extradición.   

En  efecto,  en  pretérita  oportunidad  la  Corporación  señaló sobre dicha temática, con ponencia de quien ahora cumple  igual cometido, lo siguiente:   

“2.1.   A  pesar  de  que en principio habría lugar a sostener que la prueba reclamada por  la  defensa  no  es  pertinente, por cuanto no se vincula con los requisitos que  debe  constatar  la  Corte al momento de emitir el concepto respectivo, a su vez  no  debe perderse de vista que el medio de convicción deprecado tiene relación  con  los  eventuales  condicionamientos  que  pueden imponerse en caso de que el  concepto   sea   favorable  a  la  extradición,  en  particular  en  punto  del  tratamiento  que  se  le  debe  prodigar al solicitado por su calidad de persona  humana y de nacional colombiano por nacimiento.   

2.2.   En efecto, a través de su  actividad  jurisprudencial,  la  Corte  ha  venido  precisando  un  conjunto  de  condicionamientos,  los  cuales  tuvieron  su  génesis  en el concepto del 5 de  septiembre  de  2006,  emitido  dentro  de  la radicación No. 25625, en el cual  afirmó:   

«Del  mismo  modo, es preciso advertir que  como  el  instrumento  de  la  extradición  entre  Estados Unidos de América y  Colombia  se  rige,  en  ausencia de un instrumento internacional que regule los  motivos  de  procedencia,  requisitos,  trámite  y  condiciones, por las normas  contenidas  en  la  Constitución  Política  (artículo  35) y en el Código de  Procedimiento  Penal  (artículos  508  a  533  de  la  Ley  600  de  2000) [hoy  artículos  490  a  514  de  la  Ley 906 de 2004], cuando recae sobre ciudadanos  colombianos    por    nacimiento    —si      es     pasiva—,  es  imperioso  que  el Gobierno Nacional haga las exigencias que  estime  convenientes en aras a que en el país reclamante se le reconozcan todos  los  derechos y garantías inherentes a su calidad de colombiano y de procesado,  en  especial las contenidas en la Carta Fundamental y en el denominado bloque de  constitucionalidad,  es decir, en aquellos convenios internacionales ratificados  por  Colombia  que  consagran y desarrollan derechos humanos (artículo 93 de la  Constitución,   Declaración   Universal   de   Derechos  Humanos,  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y  Políticos),  en  virtud del deber de protección a esos derechos que para todas  las autoridades públicas emana del artículo 2º ibídem.   

Los  condicionamientos en cuestión tienen  carácter  imperioso,  porque  la  extradición  de  un ciudadano colombiano por  nacimiento,  cualquiera  sea  el  delito  que  dio lugar a su entrega a un país  extranjero,  no  implica  que  pierda su nacionalidad ni los derechos que le son  anejos  a  tal  calidad.  Por  tanto, el deber de protección de las autoridades  colombianas  se  extiende  a  tal  punto,  que  han  de  vigilar que en el país  reclamante  se  le  respeten los derechos y garantías tal como si fuese juzgado  en  Colombia. A lo que renuncia el Estado que accede a  la  entrega de un connacional es a ejercer su soberanía jurisdiccional, de modo  que   en   tanto   aquél   siga   siendo  súbdito  de  Colombia,  conserva   a  su  favor  todas  las  prerrogativas,  garantías  y  derechos  que  emanan  de la Constitución y la ley, en particular, aquellos que  se  relacionan  con su calidad de procesado y que tienen que ver con la dignidad  humana» (subrayas fuera de texto).   

Posteriormente,   la   Corte   ha  venido  delimitando   los   condicionamientos  en  caso  de  la  entrega  de  nacionales  colombianos  por  nacimiento con ocasión de la emisión de conceptos favorables  a la extradición, de la siguiente manera:   

«3.2.  Del mismo modo, le corresponde  condicionar  [al Gobierno Nacional] la entrega del solicitado a que se  le  respeten  todas  las  garantías  debidas  en razón de su  condición      de      nacional     colombiano3,  en concreto a: tener acceso  a  un  proceso  público sin dilaciones injustificadas, se presuma su inocencia,  esté  asistido  por  un intérprete, cuente con un defensor designado por él o  por  el  Estado, se le conceda el tiempo y los medios adecuados para preparar la  defensa,  pueda  presentar  pruebas  y  controvertir  las  que se alleguen en su  contra,  su  situación de privación de la libertad  se  desarrolle  en  condiciones  dignas,  la pena que  eventualmente  se  le  imponga  no trascienda de su persona y tenga la finalidad  esencial de reforma y adaptación social.   

3.3.  El Gobierno Nacional también deberá  imponer   al   Estado   requirente,   en   orden  a  salvaguardar  los  derechos  fundamentales  del  reclamado,  la  obligación  de  facilitar  los medios necesarios para garantizar su repatriación en condiciones  de  dignidad  y respeto por la persona humana, en caso  de  llegar  a  ser  sobreseído, absuelto, declarado no culpable o su situación  jurídica  resuelta definitivamente de manera semejante en el país solicitante,  incluso,  con  posterioridad  a  su  liberación  una  vez  cumpla la pena allí  impuesta  por  sentencia  condenatoria  originada  en  los cargos por los cuales  procede la presente extradición.   

(…)»4    (subrayas    fuera    de  texto).   

2.3.   De lo anterior se sigue, que en  los  conceptos  favorables  emitidos por la Corte ha sido una constante asegurar  el  respeto  por  la  dignidad  humana  de  los  solicitados en extradición, en  particular  cuando  se  trata de nacionales colombianos por nacimiento y para el  efecto  se  tienen  en  cuenta  como  referente los instrumentos internacionales  sobre derechos humanos suscritos por Colombia.   

2.4.    Bajo  esa  perspectiva,  resulta  oportuno  mencionar  que  el  Pacto Internacional de Derechos Civiles y  Políticos prevé:   

«Artículo 10.  

1. Toda persona privada de la libertad será  tratada  humanamente  y  con  el  respeto  debido a la dignidad inherente al ser  humano.   

(…)».  

A  su  vez,  la Convención Americana sobre  Derechos Humanos preceptúa:   

«Artículo 4. Derecho a la vida.  

1.   Toda  persona  tiene  derecho  a  la  vida…   

(…)  

Artículo  5.  Derecho  a  la  integridad  personal.   

1.  Toda  persona  tiene  derecho  a que se  respete su integridad física, psíquica y moral.   

2.  Nadie debe ser sometido a torturas  ni  a  penas  o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Toda persona privada de  la  libertad  será tratada con el respeto debido a la dignidad humana inherente  al ser humano.   

(…)».  

2.5.    De   otra  parte,  a  manera  ilustrativa  resulta  oportuno  recordar  que  en  las  Reglas  Mínimas para el  Tratamiento  de  los  Reclusos  adoptadas por el Primer Congreso de las Naciones  Unidas  sobre  Prevención  del  Delito y Tratamiento del Delincuente, aprobadas  por  el  Consejo  Económico  y  Social en sus Resoluciones 663C (XXIV) de 31 de  julio de 1957 y 2076 (LXII) de 13 de mayo de 1977, se señala:   

«Servicios médicos.  

22.1.  Todo  establecimiento  penitenciario  dispondrá  por  lo  menos de los servicios de un médico calificado que deberá  poseer  algunos  conocimientos  psiquiátricos.  Los servicios médicos deberán  organizarse  íntimamente vinculados con la administración general del servicio  sanitario  de  la  comunidad  o  de  la nación. Deberán comprender un servicio  psiquiátrico  para  el  diagnóstico y, si fuere necesario, para el tratamiento  de   los  casos  de  enfermedades  mentales.  2)  Se  dispondrá   el   traslado   de  los  enfermos  cuyo  estado  requiera  cuidados  especiales,  a  establecimientos  penitenciarios  especializados  o a hospitales  civiles.   Cuando  el  establecimiento  disponga  de  servicios  internos  de  hospital,  éstos  estarán provistos del material, del  instrumental  y  de  los  productos farmacéuticos necesario para proporcionar a  los  reclusos  enfermos  los  cuidados  y  el tratamiento adecuados. Además, el  personal  deberá  poseer  suficiente  preparación profesional. 3) Todo recluso  debe  poder  utilizar  los servicios de un dentista calificado” (subraya fuera  de texto).   

Así  mismo,  conviene  recordar  que en el  Conjunto  de  Principios  para  la Protección de Todas las Personas Sometidas a  Cualquier  Forma  de Detención o Prisión, adoptados por la Asamblea General de  la  Organización de las Naciones Unidas mediante la Resolución 43/173 del 9 de  diciembre de 1988, se previó:   

«Principio 1:  

Toda  persona sometida a cualquier forma de  detención  o  prisión  será  tratada humanamente y con el respeto debido a la  dignidad inherente al ser humano.   

(…)  

Principio 24:  

Se ofrecerá a toda persona detenida o presa  un  examen  médico  apropiado  con  la  menor  dilación posible después de su  ingreso  en  el  lugar de detención o prisión y, posteriormente, esas personas  recibirán  atención  y  tratamiento  médico  cada  vez que sea necesario. Esa  atención y ese tratamiento serán gratuitos».   

Con  el  mismo  propósito  ilustrativo, se  tiene  que  en  los  Principios  Básicos  para  el Tratamiento de los Reclusos,  adoptados  por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en  su Resolución 45/111 de 14 de diciembre de 1990, se concluyó:   

«1. Todos los reclusos serán tratados con  el   respeto   que   merecen   su   dignidad   y   valor   inherentes  de  seres  humanos.   

(…)  

5.  Con  excepción de las limitaciones que  sean  evidentemente  necesarias  por  el hecho del encarcelamiento, todos  los  reclusos  seguirán  gozando de los derechos humanos y  las  libertades  fundamentales  consagrados  en  la  Declaración  Universal  de  Derechos  Humanos  y,  cuando  el  Estado de que se trate sea parte, en el Pacto  Internacional  de  Derechos  Económicos,  Sociales  y  Culturales  y  el  Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo, así  como  de  los  demás derechos estipulados en otros instrumentos de las Naciones  Unidas.   

(…)  

9.  Los reclusos  tendrán  acceso  a  los  servicios  de  salud  de  que  disponga  el país, sin  discriminación   por   su   condición   jurídica»  (subrayas fuera de texto).   

(…)  

2.7.  Así  las  cosas, se observa que la prueba deprecada por la defensora del reclamado…  resulta  pertinente,  por  cuanto  se  relaciona  con  la  eventual necesidad de  señalar  un  condicionamiento  especial en caso de que el concepto a emitir por  la  Corte sea favorable a la extradición del citado, en aras de preservar tanto  su  salud  como su vida, condicionamientos que cabe resaltar, ya han sido objeto  de       atención       por      la      Sala5”6.   

Evocada  la  postura  de  la  Corte sobre la  pertinencia  de practicar pruebas encaminadas a establecer la situación médica  de  los  solicitados  en  extradición  por  razón  de sus graves quebrantos de  salud,  en  este  caso  se dispondrá requerir al Instituto Nacional de Medicina  Legal, en orden a establecer:   

a)  Si  en  la  actualidad el ciudadano John  Jairo  Quintero  Uribe  padece de enfermedad física o mental, en caso positivo,  se determine cuál.   

b)  Si  tal  padecimiento  es  de  carácter  transitorio o permanente.   

c) Qué tipo de tratamiento requiere y si el  mismo es incompatible o no con la reclusión intramural.   

Para  el  examen  a  practicar  al reclamado  Quintero  Uribe, por la Secretaría de la Sala se remitirá copia íntegra de su  historia clínica al Instituto Nacional de Medicina Legal.   

Así mismo, se oficiará al Fiscal General de  la  Nación, por cuenta de quién se encuentra el solicitado John Jairo Quintero  Uribe,  para  efectos  de  los  trámites a que haya lugar a fin de concretar la  práctica de la prueba ordenada.   

2.2.     Petición     de   tener   como   pruebas  los  oficios donde se informa que en  el     país     no     se     han    autorizado    interceptaciones    telefónicas             respecto            del    requerido:   

Aun  cuando  la  defensora  no  señala  la  “pertinencia”  de  esta  prueba,  pues  cuando  lo  intenta  se  limita a definir el alcance jurídico de  dicha   expresión,   resulta   oportuno   señalar,  que  la  misma  se  reputa  improcedente,  por  cuanto  en  el  fondo  lo  que  se  pretende  con tal prueba  documental,  es  cuestionar  la  validez  de las interceptaciones a que alude la  documentación  allegada  por  el Estado requirente como soporte de la petición  de  extradición,  aspecto  que  en modo alguno es posible discutir durante este  tramite,  según  lo tiene decantado pacíficamente la Sala al sostener sobre el  particular:   

“Debido precisamente a que en Colombia el  trámite  de  extradición  no  corresponde  a  la  noción  estricta de proceso  judicial  en  el  que  se  juzgue  la  conducta  de aquél a quien se reclama en  extradición,   en   su   curso   no  tienen  cabida  cuestionamientos  relativos  a  la  validez o mérito de la prueba recaudada por  las  autoridades  extranjeras  sobre  la  ocurrencia  del  hecho, el lugar de su  realización,  la  forma  de  participación  o  el grado de responsabilidad del  encausado…  pues  tales  aspectos corresponden a la  órbita  exclusiva  y  excluyente  de  las  autoridades  del  país que eleva la  solicitud  y  su  postulación  o  controversia  debe  hacerse  al  interior del  respectivo   proceso  utilizando  al  efecto  los  instrumentos  que  prevea  la  legislación  del  Estado  que formula el pedido”7         (subraya fuera de texto)   

Esta postura por igual ha sido señalada por  la Corte Constitucional, pues sobre tal temática ha expresado:   

“…el  acto  mismo  de  la  extradición  no  decide,  ni  en  el  concepto  previo, ni en su  concesión  posterior  sobre  la existencia del delito, ni sobre la autoría, ni  sobre  las  circunstancias  de tiempo, modo y lugar en que se cometió el hecho,  ni  sobre la culpabilidad del imputado… todo lo cual  indica  que  no se está en presencia de un acto de juzgamiento, como quiera que  no    se    ejerce    función    jurisdicente”8          (subraya  fuera  de  texto)   

Así las cosas,  es    claro    que    la    prueba    deprecada     por     la  defensora  de    John    Jairo    Quintero    Uribe   no   se   relaciona   con   alguno   de   los   tópicos    sobre   los   cuales   debe   pronunciarse   la  Corporación  al momento de emitir  su    concepto,    por    lo    que   es       impertinente,     motivo     por     el     cual     se     dispondrá   el  desglose  de  los  oficios  No.  DAI 20131700019571 del  1  de  abril de 2013 de la Dirección de Asuntos Internacionales de la Fiscalía  General  de  la  Nación  y  No.  125 D-21 del 4 de abril siguiente de la Unidad  Nacional  Antinarcóticos  y  de Interdicción Marítima, “UNAIM”, así como  su entrega a la apoderada  del               reclamado.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:   

1.   RECONOCER  como  abogada del solicitado John Jairo Quintero Uribe, a la doctora  Elda Sánchez Caraballo.   

2.  TENER como  prueba    la    historia    clínica   del   requerido   John   Jairo   Quintero  Uribe.   

3.   ORDENAR  la  práctica  de  dictamen médico legal al requerido  John  Jairo  Quintero Uribe, en los términos señalados en el numeral 2.1 de la  parte considerativa de esta determinación.   

2.   NO TENER  como  pruebas  los  oficios  de  la  Dirección de Asuntos Internacionales de la  Fiscalía  General  de  la  Nación y de la Unidad Nacional Antinarcóticos y de  Interdicción  Marítima, “UNAIM”; por tanto, disponer su desglose y entrega  a la defensora del reclamado en extradición.   

Contra  esta providencia procede el recurso  de reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                  FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ           GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                  JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 En el  presente  caso  se  aplica  esa  ley,  por  cuanto  los  hechos que sustentan la  petición  de extradición se habrían cometido después del 1 de enero de 2005,  fecha  en la cual entró en vigencia el nuevo Código de Procedimiento Penal. En  este  sentido, ver Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, autos del  4  de  abril  y  3  de  octubre  de  2006,  radicaciones números 24187 y 25080,  respectivamente, entre otros.   

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, conceptos del 19 de febrero y del  16   de   septiembre   de   2009,   radicaciones   números   30374   y   31036,  respectivamente.   

3  “Según  el  criterio  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  concepto  del  5  de septiembre de 2006,  radicación  No.  25625,  a  pesar  de  que se produzca la entrega del ciudadano  colombiano,   éste   conserva   los   derechos  inherentes  a  su  nacionalidad  consagrados  en  la  Constitución  Política  y  en los tratados sobre derechos  humanos suscritos por el país”.   

4 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, concepto del 25 de abril de 2012,  radicación No. 38284, entre muchos otros.   

5  «Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  conceptos del 10 de agosto de 2005, 31 de julio de 2009 y 16 de junio de  2010,       radicaciones      números      23013,      30329      y      32238,  respectivamente».   

6  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  providencia del 27 de junio de 2012, radicación No. 38722.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, auto del 1º de agosto de 2007,  radicación No. 27450.   

8 Corte  Constitucional, sentencia C-1106 del 24 de agosto de 2000.     

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