41269(29-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado  acta Nº  170   

Bogotá        D.C.,    mayo  veintinueve (29) de dos mil trece (2013).   

V   I   S   T   O  S   

La  Sala  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Aristóteles        Sócrates        Daza        Pérez,  contra  la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior de Barranquilla, el 18 de septiembre  de  2012,  mediante la cual confirmó la proferida por el Juzgado Séptimo Penal  del  Circuito  de esa ciudad, fechada el 5 de junio de ese año, que lo condenó  como autor del delito de homicidio en grado de tentativa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Fueron sintetizados por el sentenciador  de segundo grado de la siguiente manera:   

“El 7 de julio de 2002, se presentó en la  ciudad  de  Barranquilla,  acontecimiento violento en el Estanco Luckas de   donde  resultaron  heridos  por arma de fuego Sergio David Pérez Sierra y José  Luis  Quintero,  acción  ejecutada  por  Javier  Bueno  Vecino  y  Aristóteles  Sócrates Daza Pérez”.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  29  de  octubre de 2004, profirió resolución de  acusación     contra    Daza    Pérez  por  la  conducta  punible  de  homicidio  en grado de tentativa,  decisión que cobró ejecutoria el 29 de octubre de 2004.   

Valga aclarar que al señor Javier Mauricio  Bueno  Vecino,  el  31  de marzo de 2004, se le precluyó la investigación, por  cuanto se acreditó que éste había fallecido.   

3.  La  etapa  del  juicio  la  tramitó el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla, autoridad que el 5 de  junio  de  2012,  profirió  fallo de primer grado, en el que condenó al citado  acusado  a  la  pena principal de 78 meses de prisión e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la  restrictiva  de  la  libertad,  como  coautor  de  la  infracción  de homicidio  agravado en grado de tentativa.   

4.  Recurrido  el fallo por el defensor, el  Tribunal  Superior de Barranquilla, el 18 de septiembre de 2012, lo confirmó en  su integridad.   

El  apoderado  que vela por los derechos de  Daza   Pérez,   quien   se   encuentra   en   libertad,  interpuso  recurso  de  casación.   

SÍNTESIS    DEL  LIBELO   

Basado  en  la  causal  tercera,  según la  sistemática  reglada  en  la  Ley  600 de 2000, postula  un sólo reproche  contra la sentencia del Tribunal, así:   

Único cargo  

Acusa  que  el fallo se dictó en un juicio  viciado  de  nulidad,  por  violación  del  debido  proceso, en tanto cuando se  dictó  la  sentencia  ya  había  operado  el  fenómeno de la extinción de la  acción penal por razón de la prescripción.   

Después   de   referenciar   las  normas  contempladas  en  el Código Penal para verificar la prescripción de la acción  en  la  etapa  del juicio, dice que el término debe contabilizarse, si se trata  de  punibles  llamados  como de ejecución instantánea, a partir del día de su  consumación.   

No  obstante,  reconoce  que  proferida  la  resolución  de  acusación,  dicho  término se suspende y comienza a correr de  nuevo,  el cual será equivalente a la mitad del señalado en el “artículo  80” del Código Penal, pero  en  ningún  caso  éste  podrá  ser  inferior  a  5  años  ni  superior  a 10  años.   

Por  lo  expuesto,  depreca  de la Corte la  casación  de  la sentencia y por lo mismo, cesar todo procedimiento a favor del  procesado derivado de la prescripción de la acción penal.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

La   casación   en   la   Ley   600   de  2000   

Recuérdese   que   dado   el   carácter  extraordinario  de  esta  impugnación, al libelista compete elaborar la demanda  bajo  los  estrictos  parámetros  contemplados  en  la  ley y decantados por la  jurisprudencia.   

Por  tanto,  no basta con afirmar que en la  sentencia  o  al  interior  del  proceso  se  cometió  un error de derecho o de  actividad,  dado  que  debe demostrar la existencia del vicio y su trascendencia  frente a las plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa la legalidad de la sentencia. De ahí que la demanda cumpla  las  formalidades estatuidas en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, toda vez  que  en  ella se debe señalar, de manera clara y precisa, la causal con la cual  se  pretende  la  infirmación  del  fallo,  argumentando cómo el vicio in  iudicando   o   de   actividad,  según  el  caso,  condujo  a  resquebrajar  la  providencia.   

Así, no resulta atinado denunciar sólo la  existencia  del  vicio  que  se  invoca, sino que al libelista incumbe demostrar  cómo  el  mismo  tiene  la trascendencia suficiente para romper la sentencia de  segunda  instancia  y  por  lo  mismo,  la  Corte  intervenir  como  Tribunal de  Casación  en procura de reparar, entre otros fines, los agravios sufridos a los  intervinientes en el proceso objeto de censura.   

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación de la causal tercera de casación   

En  lo  atinente  a  la acreditación de la  causal  de  nulidad,  si  bien  la  Sala  ha  dicho que es menos exigente que la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a partir de la cual se  produjo el vicio.   

De   igual  forma,  compete  informar  la  cobertura  de  la  invalidez,  evidenciar  que  procesalmente  no  existe manera  diversa  de  restablecer el derecho afectado y lo más importante, comprobar que  la   anomalía   denunciada   tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración   de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede fundarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

Calificación de la demanda  

    

1. La  Corte  observa  que el único  reproche   postulado   contra  la  sentencia  de  segundo  grado,  incumple  los  presupuestos  de  lógica y debida fundamentación, en orden a su admisibilidad,  motivo por el cual el mismo se admitirá.     

    

1. En  primer  lugar, dígase que el  censor  escogió acertadamente la causal de casación, con el objeto de demandar  la  extinción  de  la  acción  penal por razón de la prescripción, pues ello  constituye una transgresión del debido proceso.     

    

1. En lo que atañe a la demostración  de  la  censura, se colige que se quedó en el simple enunciado, toda vez que se  abstuvo  de  dar  los motivos por los cuales estima que en este asunto ya operó  el  fenómeno  prescriptivo,  habida  cuenta  que el casacionista únicamente se  dedica  a  citar  unas  normas  y  a  deprecar  de  la  Corte la casación de la  sentencia   y   por   lo   mismo,   cesar   todo   procedimiento   a  favor  del  acusado.     

Recuérdese   que   de   acuerdo  con  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  600  de  2000,   el  ataque  en sede de  casación  de  aquel  motivo,  se  hace  a  través  de  la causal tercera, y su  demostración  corresponde  realizarse  por  vía  de  la  causal primera, en la  medida  en  que  el  vicio  puede  derivar  por cualquiera de las modalidades de  infracción a la ley.   

En  las  pocas  líneas,  de acuerdo con la  fundamentación  que  el  censor  hizo  del  reproche,  se podría pensar que se  estaría  ante  una  trasgresión  directa  de la norma, pero omitió indicar el  sentido  de  la violación, esto es, aplicación indebida, exclusión evidente o  interpretación errónea.   

         Al  respecto  vale  reiterar  que  cuando la censura se postula por  esta  vía,  el  casacionista  está aceptando que la valoración de las pruebas  consignadas  en  la  sentencia  fue  correcta,  razón  por la cual el debate se  circunscribe  a  la  aplicación  del  derecho,  sin  que tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los elementos de juicio y del acontecer  fáctico.   

                      En  esa  medida,  la  labor  de demostración de la trascendencia del vicio deberá estar  sustentada  en  evidenciar  que  el juzgador seleccionó una norma que no era la  llamada  a gobernar el asunto, omitió otra que sí resolvía los extremos de la  relación  jurídico  procesal  o,  habiéndola escogido correctamente le dio un  alcance interpretativo que no se deriva del texto de la ley.   

Así  mismo,  de  ese  particular  discurso  argumentativo,  tampoco se puede colegir en qué consistió el yerro, puesto que  dado   lo  precario  del  mismo  resulta  imposible  desentrañar  su  verdadero  sentido.   

Ante la falta de claridad y precisión en la  postulación del reproche, se impone la inadmisión de la demanda.   

    

1. De todas formas, pasando por alto  los  anteriores  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación, al actor  tampoco le asiste razón. Veamos:     

En   efecto,  con  estricto  apego  a  lo  consagrado  en  el  artículo  83  de la Ley 599 de 2000, se sabe que la acción  penal  prescribirá  en  un tiempo igual al máximo de la pena fijada en la ley,  “si fuere privativa de la libertad, pero en ningún  caso   será   inferior   a   cinco   (5)   años,   ni   excederá   de  veinte  (20)…”.   

En los asuntos en los que se haya proferido  resolución  de  acusación, como aquí ocurrió, el término prescriptivo de la  acción  penal, se interrumpe y “comenzará a correr  de  nuevo  por  un  tiempo igual a la mitad del señalado en el artículo 83. En  este  evento el término no podrá ser inferior a cinco (5) años, ni superior a  diez  (10)”,  según así lo contempla el artículo  86 de la misma Ley 599 de 2000.   

En   relación   con  ese  comportamiento  ilícito,  conforme  a  los  artículos  27  y 103 del Código Penal (Ley 599 de  2000),  el  delito  de  homicidio  en  grado  de  tentativa se sanciona con pena  privativa de la libertad de 6 años 6 meses a 18 años 9 meses.   

         En  tales  circunstancias,  resulta  nítido  inferir  que  en  este evento, por  encontrarse   el  diligenciamiento  en  la  etapa  de  juicio,  el  término  de  extinción  de  la  acción  penal  por  razón  de  la  prescripción  para esa  infracción es de 9 años 4 meses y 15 días.   

En  efecto,  conforme  al  relato procesal  hecho  en  precedencia,  contra  el  sentenciado  el  29  de octubre de 2004, se  profirió  resolución  de  acusación  por  la conducta punible de homicidio en  grado  de  tentativa,  decisión que cobró ejecutoria el 29 de octubre de 2004,  motivo  por  el  cual surge evidente que para la fecha no han transcurrido los 9  años 4 meses 15 días.   

En esa medida, resulta evidente que en este  asunto   no   ha   operado  el  fenómeno  prescriptivo  de  la  acción  penal.   

         

        Resta  señalar  que  no  se  observa  que  con  ocasión del fallo  impugnado  o  dentro de la actuación, se hayan violado derechos o garantías de  los  intervinientes,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  de  la  demanda,  en  orden  a  decidir de fondo, según lo dispone el  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En   tales  condiciones,  el  libelo  se  inadmitirá.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

    

1. INADMITIR   la  demanda     de     casación     presentada    a    nombre    de    Aristóteles Sócrates Daza Pérez.     

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                             GUSTAVO      E.      MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                                              JAVIER  DE JESUS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *