41220(05-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N°  174.   

Bogotá  D.  C.,  cinco (5) de junio de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de   casación   presentada  directamente  por  JORGE  IVÁN  RAMÍREZ  AMOROCHO  contra la  sentencia  del  9  de  octubre  de 2012 mediante la cual el Tribunal Superior de  Bucaramanga,  al  revisar  por  vía  de  apelación  el  fallo emitido el 18 de  febrero  de  2012  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Barrancabermeja,  confirmó  la  condena  impuesta a 4 años de prisión por el delito de contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales, modificándolo en el sentido de reducir  a  10  salarios  mínimos  legales  mensuales  la  multa  también  irrogada  al  procesado.   

HECHOS  

          Los  resumió  el  Tribunal  en  la sentencia de segundo grado de la  siguiente forma:   

          “Refiere  la  actuación  procesal  que el 12 de enero de 1996, el  Dr.  Jorge  Iván  Ramírez Amorocho, en su condición de personero municipal de  Barrancabermeja,  firmó  un  contrato de prestación de servicios profesionales  con  Mónica  María  Arcella  Mujica,  sin  el  cumplimiento  de los requisitos  legales,  por  el  valor  de  $3.000.000, cuyo objeto era prestar el servicio de  coordinación  periodística  en la divulgación de campañas adelantadas por la  personería   municipal  de  Barrancabermeja,  producción  de  textos  para  la  cartilla  de  servicios  de  la  institución  y elaboración de contenidos para  piezas  publicitarias  que  desarrollara  la personería para su divulgación, y  con   un   término   de   ejecución   del  15  de  enero  al  14  de  mayo  de  1996”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Con  base  en  la denuncia formulada por  José  Alonso Mendoza Pérez,  la  Fiscalía  Seccional de Barrancabermeja impulsó inicialmente investigación  previa  y  luego,  mediante  decisión  del  17  de  junio  de 1999, decretó la  apertura  de  instrucción penal, en cuyo desarrollo escuchó en declaración de  indagatoria      a     JORGE     IVÁN     RAMÍREZ  AMOROCHO.   

2.   Decretada   la   clausura   de   la  investigación,  el 14 de febrero de 2006 el instructor calificó el mérito del  sumario,  profiriendo  resolución  de acusación contra el antes mencionado por  los  delitos  de  violación al régimen de inhabilidades e incompatibilidades y  contrato sin el cumplimiento de requisitos legales.   

3. En firme el pliego acusatorio, asumió el  trámite  del  juicio  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Barrancabermeja,  cuyo  titular  realizó  las  audiencias preparatoria y pública de juzgamiento,  tras  lo  cual puso término a la instancia con la sentencia de primer grado, en  la  cual  condenó al procesado a las penas principales de 4 años de prisión y  multa  en  cuantía  de  20  salarios mínimos legales mensuales, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término,  como  autor  del  delito  de  contrato sin  cumplimiento  de  requisitos  legales. En la misma decisión lo absolvió por el  punible     de     violación     del     régimen     de     inhabilidades    e  incompatibilidades.   

4.  Apelada  por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  confirmó  la condena, reformando el monto de la pena  pecuniaria   para   disminuirlo   a  10  salarios  mínimos  legales  mensuales.   

7.  Contra  el fallo de segunda instancia el  procesado,   quien   tiene  la  condición  de  abogado,  promovió  el  recurso  extraordinario    de    casación,    presentando    en   tiempo   el   respecto  libelo.   

LA  DEMANDA   

          Formula  un  único  cargo,  el cual soporta en la causal tercera de  casación  de  la  Ley  906 de 2004, a cuyo tenor denuncia al Tribunal de violar  indirectamente  la  ley  sustancial, por error de hecho derivado de falso juicio  de existencia por omisión.   

          Al   efecto   sostiene   que  el  ad  quem  dejó de valorar las pruebas documentales incorporadas  a  la actuación a través de la inspección judicial realizada al archivo de la  Personería   Municipal   de   Barrancabermeja,  documentación  contentiva  del  procedimiento   administrativo   precontractual,  contractual  y  poscontractual  respecto  de  la  orden  de  prestación  de servicios No. 001 de 1996 celebrada  entre  la  mencionada  Personería y la señora Mónica  Arcella Mujica.   

          Según  el  actor,  la Fiscalía en la acusación consideró que, en  razón  a  la  cuantía  del  presupuesto  para  la  vigencia fiscal de 1996, la  entidad  pública  no  podía contratar de manera directa, razón por la cual al  proceder  el Personero Municipal de esa forma incurrió en el delito de contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos legales, lo que hacía innecesario valorar los  documentos  echados  de menos. No obstante, añade, el juez de primera instancia  reconoció   que   RAMÍREZ   AMOROCHO   sí  podía  contratar en forma directa, aun cuando advirtió que la  contratación  debía  realizarse  con  las  formalidades  plenas,  es  decir, a  través  de  un documento escrito, firmado por las partes, con obtención de por  lo  menos  dos  ofertas  y  acreditación  de  la  idoneidad y experiencia si se  trataba de contrato de prestación de servicios profesionales.   

          Para  el censor, precisamente, los documentos recaudados en el curso  de  la  inspección  judicial  demuestran  los aspectos a que hace referencia el  a  quo, a pesar de lo cual el  funcionario omitió su apreciación.   

          Considera  que  el  Tribunal,  siguiendo  el  criterio  del juzgado,  insistió  en  el no cumplimiento de los requisitos legales para la celebración  del  contrato, tales como la propuesta, el certificado de idoneidad, estudios de  precios  del  mercado,  experiencia,  etc.,  sin  valorar  las  pruebas  que  se  aportaron  durante  la  inspección  judicial, las cuales resultan conducentes y  pertinentes  en  orden  a acreditar la existencia o no del incumplimiento de las  obligaciones   contractuales   y,   por  tanto,  decisivas  para  establecer  la  responsabilidad del encartado.   

          El   demandante,  empero,  manifiesta  abstenerse  de  relacionar  y  valorar  las  pruebas  aportadas  en  el curso de la inspección judicial, pues,  según    dice,    esa   labor   es   ajena   al   recurso   extraordinario   de  casación.   

Insistiendo  en  que de haberse valorado las  pruebas  omitidas  el  sentido  de la decisión habría sido diferente, solicita  casar   la  sentencia  para,  en  su  lugar,  dictar  absolución  a  favor  del  procesado.    

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

Por  el carácter extraordinario del recurso  de  casación,  su  sustentación requiere el cumplimiento de una exigente carga  argumental,  sin  la  cual  la  demanda  está  llamada  a ser irremediablemente  inadmitida.   

          Tales  requisitos  de  adecuada  y  lógica  fundamentación  están  previstos  en  el  numeral  3º  del  artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal  de  2000  y se relacionan con la acertada enunciación de la causal y con  la  correcta  formulación  del  cargo,  para  lo cual se deben indicar en forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos,  así  como  las  normas  que se consideran  infringidas.   

A  esos  presupuestos,  los cuales operan de  manera  general  para  todas  las causales, es necesario añadir las directrices  que  la  jurisprudencia  de  la Corte, a efectos de la cabal comprensión de los  reproches  denunciados,  ha establecido en forma particular respecto de cada uno  de los motivos de casación.   

          Observada  la  demanda instaurada por JORGE  IVÁN    RAMÍREZ    AMOROCHO,   quien   –como se dijo- ostenta la condición de  abogado,  necesario  se  hace  concluir que la misma no cumple las exigencias de  adecuada redacción indispensables para su admisión.   

         En  efecto,  denuncia la incursión en un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  yerro  que, como lo tiene  precisado     la     jurisprudencia    de    esta    Sala,    se    configura   cuando   el   sentenciador,  al  apreciar  el  conjunto  probatorio,     omite     valorar     algún  medio  de  convicción  obrante en el proceso o supone otro  inexistente.   

          Para  su  demostración  al  libelista  le  corresponde señalar si el  yerro   se  presentó  por  haberse    omitido    la    apreciación    de    una    prueba    (existencia  por  omisión)  o  porque el  sentenciador   inventó   una   que   no   obra   en  el  proceso  (existencia  por  invención), precisando  cuál  es  el  contenido de la prueba omitida o cuál el mérito asignado por el  juzgador  al  medio  supuesto  y, en ambos casos, indicando la trascendencia del  error.   

          En  el presente caso, el actor acude a la primera de las modalidades  del  falso  juicio  de  existencia,  pues  aduce  la falta de apreciación de la  documentación  aportada  a  la actuación a través de la inspección judicial.  No  obstante, omite indicar cuáles fueron exactamente los documentos dejados de  valorar  por  el  fallador  y  cuál  el contenido de los mismos. Al respecto se  limita  a  señalar que se trata de pruebas conducentes y pertinentes en orden a  acreditar   la   existencia   o   no  del  incumplimiento  de  las  obligaciones  contractuales  y,  por  tanto,  decisivas para establecer la responsabilidad del  encartado.   

          Pero  no  dice,  como  era  de rigor, en qué forma esos documentos,  atendido  su  mérito  probatorio,  revisten  la  capacidad  para desvirtuar los  cargos atribuidos.   

          Según  el  censor,  no  le  competía  cumplir con tal exigencia de  sustentación,  pues ello corresponde a una discusión propia de las instancias.  Sin  embargo,  olvida  que sólo si consigna el contenido de la prueba dejada de  valorar  puede  establecerse la trascendencia del yerro, aspecto este último de  insoslayable  demostración en sede de casación para obtener la infirmación de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  cuya  solidez no se resiente mientras no  logre  acreditarse  que  sin  la presencia del error denunciado el sentido de la  decisión hubiere sido diametralmente diverso.   

          De  todas  maneras,  es  preciso  anotar  que  el  ataque carece por  completo  de  fundamento,  pues  el  Tribunal  sí apreció la prueba documental  incorporada  durante  la  inspección  judicial,  como  se  deriva del siguiente  razonamiento del fallo de segundo grado:   

          “En  términos  procesales,  la  citada  inspección  judicial fue  ordenada   por   la   Fiscalía   Quinta  Especializada  en  delitos  contra  la  administración  pública,  mediante  decisión  del  17  de  junio  de  1999, y  materializada   el  mismo  día  por  el  fiscal  instructor,  levantándose  la  respectiva  acta.  De  este  medio  de  prueba  se  obtuvo  evidencia documental  circunscrita  al  contrato  de  prestación de servicios No. 001 de 1996 con sus  anexos,  la  orden  de  pago  definitiva  del  año 1996 suscrita con la empresa  Ofisystem,  la  resolución  de  nombramiento  y  posesión  de la señora Dolly  Valenzuela   Suárez   y   el   presupuesto   de  la  Personería  Municipal  de  Barrancabermeja     para    el    año    1996”1.   

          Ahora  bien,  el  sentenciador  no  evidenció  la aportación en la  referida  diligencia  judicial  de  documentación  diversa  que  favoreciera al  acusado, según así lo analizó también:   

          “…no   le  asiste  razón  al  impugnante  en  sostener  que  se  transgredió  el  principio  de  legalidad e indirectamente el de investigación  integral  porque  en  esa  oportunidad  no  se hayan allegado los documentos que  enlista,  ontológicamente  de la nada no se puede extraer ente alguno, si en el  conjunto  de  documentos  incorporados  al  proceso  a través de la inspección  judicial  no se detectaron los anhelados por el defensor es porque sencillamente  no  estaban  en el archivo de la Personería Municipal de Barrancabermeja, de lo  contrario  aparecerían  dentro  de  los  objetos  corroborados  por el medio de  prueba                   directo”2.   

          En  consecuencia,  por  las  incorrecciones  de  fundamentación que  exhibe  el  único  cargo formulado, la Sala inadmitirá la demanda de casación  instaurada por la defensa.   

         

          Casación oficiosa:   

         A    pesar    de    lo    expuesto,  la  Corte   advierte  la  violación  en  este  caso  del  principio   de   congruencia   entre   la   acusación   y   el  fallo,  a  cuyo  restablecimiento  debe entonces procederse en forma oficiosa.   

El mencionado principio constituye garantía  derivada  del  debido  proceso consagrado en el artículo 29 de la Constitución  Política  y  su  finalidad es asegurar que el sujeto pasivo de la acción penal  sea  condenado,  si  hay  lugar  a ello, por los mismos cargos por los que se le  acusó,  sin  lugar  a  sorprendérsele a última hora con imputaciones frente a  las    cuales    no    tuvo    oportunidad    de    ejercer    el   derecho   de  contradicción.   

Dicho postulado implica, como lo ha dicho la  Sala  de manera pacífica y reiterada, que las conductas punibles por las cuales  se  deduzca  responsabilidad  penal  deben  quedar  definidas  clara,  expresa y  previamente  en  la  resolución  de  acusación, tanto en su apartado fáctico,  como   en   su   denominación  jurídica  concreta3.   

Tiene  también  establecido  la Sala que la  congruencia   fáctica   es   absoluta,  esto  es,  que  los  hechos  deben  ser  necesariamente  los  mismos de la acusación, mientras la jurídica es relativa,  pues  la  legislación  colombiana  permite  al  juez  condenar  por una especie  delictiva  distinta  de  la  imputada  en  el pliego de cargos, siempre y cuando  respete  el  núcleo  básico  de  la  conducta  atribuida  y  la situación del  procesado no resulte afectada con una sanción mayor.   

              

En   esas  condiciones,  se  quebranta  el  principio  en  alusión  cuando  el  juzgador al dictar la sentencia desborda el  marco  fáctico  fijado  por  el  enjuiciamiento,  o  condena  por  una  especie  delictiva  distinta de la que fue objeto de acusación, o incluye circunstancias  de  agravación no deducidas en el calificatorio, o desconoce las atenuantes que  allí  se  reconocieron o, deja de considerar uno o varios delitos sobre los que  ha  debido pronunciarse, o condena a una persona que no fue acusada, entre otras  eventualidades     posibles     de    presentarse4   

.  

          Pues  bien,  observa la Sala que la Fiscalía atribuyó al procesado  el  delito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales por estimar que el  prenombrado    contrató    directamente    con    la    señora    Mónica  Arcella  Mujica  por  un valor de  $3.000.000,  a  pesar  de  que  el  servidor  público sólo podía acudir a esa  modalidad  de  contratación  frente  a  convenios cuya cuantía no excediere de  $2.131.875.  Así  se  evidencia  en  el  siguiente  aparte de la resolución de  acusación:   

          “En  virtud de lo anterior, y descendiendo al asunto sub-litem, es  de  resaltar  que  la  conducta  del  procesado  AMOROCHO  RAMÍREZ (sic)   al   suscribir   el  contrato  de  prestación  de  servicios  con  la  doctora  Mónica  Arcella  desconoció  los  mínimos  principios  que  regulan  la contratación administrativa, afirmación  que  se  basa, en que si bien es cierto, en su condición de servidor público y  atendiendo  el cargo que se encontraba desempeñando, aunada a su experiencia en  contratación  estatal,  tal como consta en su injurada, realizó dicho vínculo  contractual   por   un   valor  de  tres  millones  de  pesos  moneda  corriente  ($3.000.000),  cuando la misma norma establecía atendiendo el presupuesto anual  de   la   entidad  (Personería  Municipal),  que  la  contratación  directa  solo se podría llevar a cabo sujetándose a la cuantía  para  este  tipo  de  contratación,  que  para  el caso a estudio fuera igual o  inferior  a 15 salarios mínimos legales mensuales, correspondientes al monto de  (2.131.875),  y  no  obstante  presentada  esta  situación, el señor personero  optó   por   contratar   a   la   doctora   Mónica  Arcella  por  la  suma  de  $3.000.000”  (subraya  la  Corte)5.    

   

          En  ese  sentido,  resulta  correcto el entendimiento que el juez de  primera  instancia  dio  a  la  resolución  de  acusación  al  precisar que el  fundamento  fáctico  de  la  imputación  relativa  al  punible de contrato sin  cumplimiento de requisitos legales consistió en lo siguiente:   

          “Al  sindicado  se  le  endilga  este  delito en la resolución de  acusación,  bajo  el  argumento de que suscribió un contrato de prestación de  servicios  con  la  doctora  Mónica  María  Arcella  Mujica  desconociendo los  mínimos  principios  que regulan la contratación administrativa, por cuanto en  su  condición  de  servidor público realizó dicho vínculo contractual por un  valor  de  $3.000.000.oo,  cuando  de  acuerdo  al  presupuesto  de  la  entidad  (Personería  Municipal), sólo podía contratar directamente por un valor igual  o  inferior  a 15 salarios mínimos legales mensuales, correspondientes al monto  de                  $2.131.875.oo”6.   

          Así  concretados  los hechos base de la acusación, el a  quo,  empero,  consideró equivocado el  criterio  de  la  Fiscalía, por cuanto “el Personero  Municipal  JORGE  IVÁN  RAMÍREZ AMOROCHO sí podía contratar directamente con  Mónica  María  Arcella Mujica, ya que el valor del contrato era inferior a 125  salarios     mínimos     legales    mensuales”7.   El   juez  fundamentó  su  posición con el siguiente razonamiento:   

          “…  se  advierte  que  el  presupuesto inicial para egreso de la  Personería  Municipal  de Barrancabermeja para la vigencia de 1996 fue aprobado  mediante  Acuerdo  053  de  diciembre  10  de 1995, en cuantía de $296.143.158.  Durante  la  vigencia de 1996 no se efectuaron adiciones, pero sí se realizaron  traslados    por    $19.079.677,    para    un    presupuesto    definitivo   de  $304.250.835.oo.   

          Así  mismo  se tiene que para el año 1996 el salario mínimo legal  mensual  vigente  era  de  $142.125.oo,  luego  el  valor  del presupuesto de la  Personería   Municipal   expresado  en  salarios  mínimos  era  de  2.140.7270  (sic),  razón  por la cual  resultaba  factible  contratar  directamente  cuando  el  contrato  era de menor  cuantía,  que  de  acuerdo al presupuesto de la Personería y a lo señalado en  el  artículo 38 del Decreto 2150 de 1995, vigente para la época de los hechos,  correspondía      a     125     salarios     mínimos     legales     mensuales  ($17.765.625.oo)”  (subraya  la    Sala)8.    

          Pese  a  la  referida  disertación,  que  implicaba reconocer la no  realización  por  parte  del  procesado  del  delito  objeto de atribución, el  fallador  de primera instancia estimó que aquél, de todas maneras, celebró el  contrato  de  prestación  de servicios sin cumplir los requisitos legales, pues  no  solicitó  al  menos  dos ofertas, según así lo exige el artículo 3º del  Decreto  855  de 1994, como tampoco estableció la idoneidad y experiencia de la  contratista  para  desempeñar  el  servicio prestado. De la siguiente manera el  a    quo    condesó   su  criterio:   

          “Entonces  bajo  estos parámetros ha de señalarse que en el caso  de  marras,  efectivamente el contrato de prestación de servicios profesionales  celebrado  el 12 de enero de 1996 entre el doctor JORGE IVÁN RAMÍREZ AMOROCHO,  en  su  condición  de Personero Municipal, y Mónica María Arcella Mujica como  contratista,  por  valor  de  $3.000.000.oo,  se celebró sin el cumplimiento de  requisitos  legales  esenciales, pues por una parte el  señor  Personero  no solicitó otras ofertas, a fin de darle transparencia a la  contratación  y  elegir  con  objetividad  a  la  persona más capacitada y que  presentara  la  mejor  oferta,  sin que tampoco obre prueba que demuestre que no  era  necesario  en  razón  a que la señora ARCELLA MUJICA gozaba de una amplia  experiencia  que permitía prescindir de otras ofertas,  pues  nótese  que  en  el  expediente  solamente  obra  el  contrato, ya que ni  siquiera  se  allegó  la  hoja  de  vida  de la contratista, ni tampoco ningún  documento  que  probara  que  la  señora  Mónica  María  Arcella  Mujica  con  anterioridad  hubiese  desarrollado  la  labor  para la que se le contrataba por  parte  de  la Personería” (las subrayas también por  fuera        del        texto        original)9.   

          Es  decir,  mientras  el  pliego  acusatorio  reprochó al procesado  contratar   directamente   a  Mónica  María  Arcella  Mujica   cuando   la  cuantía  del  convenio  no  lo  permitía,  actuación que el juez de primer grado estimó correcta, ese último  funcionario,  empero,  le  atribuyó  no  solicitar  al  menos  dos  ofertas  ni  establecer   su   idoneidad   y   experiencia   para   desempeñar  el  servicio  contratado.   

          El  Tribunal,  al  desatar la apelación interpuesta por la defensa,  avaló  el  criterio  del  juez referente a la correcta actuación del procesado  cuando acudió a la contratación directa. Obsérvese:   

          “Para  el  caso  del  municipio de Barrancabermeja, el presupuesto  para  la  Personería Municipal, en la anualidad de 1996, ascendía a la suma de  $296.143.158.oo,  cotejada  dicha información con el contenido del artículo 38  del  Decreto  2150  de  1995,  la  menor cuantía comprendía los contratos cuyo  monto   fuera   menor   a   125   s.m.l.m.v.,   equivalente  para  la  época  a  $17.765.625.oo…   

          “Entonces,  todo  contrato  superior al valor referenciado exigía  las  formalidades  propias  de  la  licitación pública, que no se tratarán en  este  proveído  al  no  relacionarse  con  el  caso concreto, pues el  contrato de prestación de servicios celebrado entre el proceso  y  la  señora Mónica María Arcella Mujica alcanzó el monto de $3.000.000.oo,  cifra  que  se  ajusta  al  primer  criterio  de  la  menor cuantía”    (subraya    una   vez   más   la  Corte)10.   

          Pero,  al  igual  que  el a quo,  el  fallador  de segundo grado optó por reprochar a RAMÍREZ  AMOROCHO  hechos no atribuidos en  la  resolución  de  acusación,  y  es así como le cuestionó no establecer la  idoneidad  de  la contratista, tampoco obtener pluralidad de ofertas y, es más,  no  evaluar  los  precios  del  mercado. Al respecto, el Tribunal disertó de la  siguiente manera:   

          “La  constancia  escrita  de  la  imperiosa  circunstancia  que lo  movió   a  contratar  únicamente  con  Mónica  María  Arcella  Mujica  está  difuminada,  no  se cuenta con elemento de juicio que  respalde  que  esa  persona era la más apta e idónea para ejecutar las labores  de  coordinación periodística que se le encomendaron,  sea  por  su  perfil  profesional  o  porque  en  anteriores  oportunidades haya  prestado sus servicios a la administración pública…”   

          “A  partir de los hechos probados que el  acusado  no  obtuvo pluralidad de oferentes y no sondeó los precios del mercado  para   evaluar   la   tarifa   cobrada   por  los  periodistas  o  comunicadores  sociales,  ni  siquiera  sumariamente  a  través  de  cotizaciones  o facturas provenientes de ese sector profesional, surge imperioso  concluir  que  celebró el contrato de prestación de servicios No. 001 de 1996,  no  en  virtud  de  la necesidad del servicio, sino para proceder a soslayar los  sistemas    contractuales    vigentes    para    la    época”    (nuevamente  subraya  esta Corporación)11.   

          Es  evidente,  por  tanto,  la  inconsonancia  presentada  entre  la  acusación  y  los  fallos,  pues en éstos se incluyeron supuestos fácticos no  contemplados   en   aquélla,   irregularidad   que   vulnera  el  principio  de  congruencia,  que  en relación con los hechos, como se expresó en precedencia,  es   absoluta,   en   cuanto   deben   ser  los  mismos  fundamento  del  pliego  acusatorio.   

          Corresponde   a   la   Corte,  en  tales  condiciones,  corregir  la  irregularidad  advertida.  Para  tal  cometido,  será  necesario retirar de los  fallos  los  supuestos fácticos incluidos indebidamente, situación que implica  infirmar  el  fallo  condenatorio,  pues  los hechos subsistentes, es decir, los  contemplados  en la resolución de acusación, no dan lugar a formular juicio de  reproche,  de  acuerdo  con  las  propias sentencias de instancia, que estimaron  correcto   el   proceder   el  procesado  cuando  acudió  a  la  figura  de  la  contratación directa.   

          En  consecuencia,  la  Sala  casará  de  oficio  el fallo objeto de  impugnación  y,  en su lugar, absolverá a JORGE IVÁN  RAMÍREZ  AMOROCHO respecto del delito de contrato sin  cumplimiento de requisitos legales objeto de acusación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de JORGE IVÁN RAMÍREZ  AMOROCHO.   

          2.-    CASAR   de   oficio   el     fallo     impugnado.     En     consecuencia,    ABSOLVER  a JORGE  IVÁN   RAMÍREZ   AMOROCHO  respecto  del  delito  de  contrato     sin     cumplimiento    de    requisitos    legales    objeto    de  acusación.   

3.-           COMUNICAR a las autoridades respectivas lo  pertinente,  con  el  fin  de  de  cancelar  las  anotaciones  que le generó al  procesado la iniciación de esta actuación procesal.   

          Contra la presente sentencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

                                                                                                                                                           

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  16 cuaderno del Tribunal.   

2 Folio  ídem.   

3   Cfr.   Sentencia   del   3   de   junio   de  2009,  radicación  3182.   

4 Cfr.  Sentencia del 20 de junio de 2012, radicación 37921.   

5 Folio  213 del cuaderno original # 1.   

6 Folio  372 cuaderno ídem.   

7 Folio  373 cuaderno ibídem.   

8 Folio  372 mismo cuaderno.   

9  Folios 375 y 376 cuaderno ídem.   

10 Folios 21 y 22 del cuaderno del Tribunal.   

11 Folios 27 y 28 cuaderno ibídem.     

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