40790(01-03-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                 Magistrado  Ponente   

                                               JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

                                               Aprobado Acta  No. 64   

Bogotá D.C., primero (1) de marzo de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión y bajo la ritualidad de la Ley  600  de 2000, examina la Sala la demanda de casación presentada por el defensor  de  la  procesada  LUZ  MARINA  BARAHONA  BARRETO,  contra la sentencia de 10 de  septiembre  de  2012,  mediante  el  cual el Tribunal Superior de Villavicencio,  confirmó  la  de  primera instancia, dictada el 16 de septiembre de 2011 por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito Adjunto de Villavicencio, que la condenó  como  cómplice  del  delito  de  concusión  a  36  meses  de  prisión;  multa  equivalente  a 25 salarios mínimos mensuales legales vigentes; a la inhabilidad  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por un periodo de 5 años;  le  negó  el  subrogado  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena; y le concedió la prisión domiciliaria.   

HECHOS  

Nelson Eduardo López Reina quien para el 8 de  octubre  de  2002  visitaba a su hermano Juan de Dios López Reina privado de la  libertad  en  la  cárcel  de  Villavicencio  por  delitos  relacionados  con el  tráfico  de estupefacientes, fue abordado por Fernando N., un recluso, quien le  dijo  que  para  obtener  la  libertad de su pariente, tenía el contacto de una  abogada.   

Así, le suministró el teléfono de Álvaro  Richard  Alejo  Montaña, secretario de la fiscalía seccional de esa localidad,  a  través del que se entregaron $500.000.oo con destino a la abogada LUZ MARINA  BARAHONA   BARRETO,   quien   presentaría  un  escrito  de  apelación  en  ese  sentido.   

Pagado  el  servicio  ofrecido,  pasaron los  días     sin    obtener    resultado,    incumplimiento    que    motivó    la  denuncia.   

Alejo Montaña fue procesado y condenado por  el   delito  de  concusión  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Villavicencio,  trámite  dentro  del cual se compulsaron copias para investigar  la participación de la abogada BARAHONA BARRETO.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1.-  Mediante  resolución de 31 de enero de  2008,  la  Fiscalía  acusó  a  LUZ  MARINA BARAHONA BARRETO como cómplice del  delito            de            concusión1.   

Al  no  ser  recurrida,  conforme  obra  en  constancia  secretarial  de  13  de marzo de 2008, se declaró la ejecutoria del  llamamiento            a            juicio2.   

2.- Remitido el expediente para adelantar la  etapa  del  juicio,  el  7  de  septiembre  de  2010  se  verificó la audiencia  preparatoria3;  luego,  el  22  de  marzo  de  2011 la de juzgamiento4, al cabo de la  cual,  en  sentencia de 16 de septiembre siguiente, el Juzgado Primero Penal del  Circuito           de          Villavicencio5,   condenó   a   LUZ  MARINA  BARAHONA BAHAMÓN en los términos ya reseñados.   

3.  Inconforme con la decisión, el defensor  de  BARAHONA BARRETO interpuso el recurso de apelación y el 10 de septiembre de  20126, el Tribunal Superior de Villavicencio la confirmó.   

4.-  En desacuerdo con la determinación, el  apoderado  de LUZ MARINA BARAHONA MARRETO interpuso el recurso extraordinario de  casación.   

LA DEMANDA  

Encuentra  la  sala  necesario  destacar  de  manera  previa,  que  la  demanda  es un libelo confuso, contradictorio y muchas  veces incomprensible; sin embargo, se logra extractar lo siguiente:   

Soportado en el numeral primero del artículo  207  de la Ley 600 de 2000, propone como CARGO ÚNICO la violación directa de la ley sustancial.   

Expresa, que el Tribunal dejó de aplicar el  artículo  29, numeral 3° del Código Penal y aplicó indebidamente el 140, del  mismo conjunto normativo.   

Destaca,  que  en  la causal seleccionada el  debate  está  centrado  en  la  aplicación  e interpretación del derecho, por  tanto,  no  es  viable  controvertir  los  hechos  y  pruebas  declaradas  en la  sentencia.   

Define  de manera amplia los conceptos de la  violación  directa;  indirecta;  los  errores  de  hecho  y  de  derecho;  y la  complicidad,  para  afirmar  que  su  poderdante  no  incurrió  en  la conducta  antijurídica por cuanto:   

“…si analizado  el  material  probatorio  se  deduce  fácilmente  la  interpretación del falso  juicio   de   convicción   al  realizar  un  falso  raciocinio  de  los  medios  probatorios,  por  cuanto el denunciante JUAN DE DIOS  LÓPEZ  REINA  y  como lo plasma la sentencia de segunda instancia manifiesta en  su   denuncia  ‘que  con  ocasión  a la detención de su hermano NELSÓN EDUARDO LÓPEZ REINA, quien para  el  8  de  octubre  de  2002  se  encontraba  privado de la libertad por un  delito  de  infracción  a  la  Ley  80  del 86 le manifestó que él tenía una  abogada…” Destaca la Sala.   

Dice,  que  si  se  extrema  el  rigor  del  análisis  jurídico y el juicio de reproche del comportamiento de su defendida,  se  advierte  que  la  fiscalía,  no  obstante  habérselo  solicitado, omitió  aportar  copia del acta de aceptación de cargos para sentencia anticipada en la  que  la  acusada  LUZ  MARINA BARAHONA había asistido como abogada de oficio al  señor Hernando Restrepo, compañero de causa de López Reina.   

Este  fue  el  motivo por el que Hernando le  recomendó  a  López  Reina  a  la  doctora  LUZ  MARINA  BARAHONA, para que le  presentara  el  recurso  de  apelación, actividad que se realizó en términos,  motivo  por el cual se causaron los honorarios sin que para ello fuera necesaria  la  intervención  de  Richard  Alejo,  empleado  de la fiscalía; por tanto, el  hecho  que  ella  cobre  su  trabajo  no  se  puede  constituir en un indicio de  culpabilidad en su contra.   

La  razón por la que Richard Alejo recibió  el  dinero  obedeció  a  que la abogada LUZ MARINA BARAHONA se encontraba en la  ciudad  de  Bogotá  atendiendo  una  situación  médica  que  la  sometió a 8  intervenciones      quirúrgicas      para      tratar      una     “faceitis   necrotizante”,  incluso,  momentos de cuidados intensivos.   

Las  testigos  María  Inés Barreto y Nubia  Janeth  Bohórquez  manifestaron  que  ellas  le  solicitaron el favor a Richard  Alejo  empleado  de la fiscalía de recibir el dinero para que se lo entregara a  la  abogada  LUZ  MARINA  BARAHONA,  es  decir, ella siquiera sabía, que López  Reina le había enviado esa plata.   

Precisamente  el  motivo  de  la  denuncia  obedeció  a  que la abogada le dijo a López Reina que no sabía nada del tema;  tampoco,  el  haber  recibido  el  dinero  de  honorarios  enviado, al igual que  desconocía del destino del mismo.   

No  es indicativo de complicidad, la amistad  existente entre Richard Alejo y la acusada.   

No  es  verdad  lo  que se manifiesta en los  autos,  que  se  solicitó a la fiscalía constancia de tiempo de servicio de la  procesada.  Si  bien  laboró  de  1994  a  1998,  eso  no  indica que haya sido  compañera  de  Richard Alejo. LUZ MARINA crea lazos de amistad con las personas  con quienes trata en razón de su profesión.   

La condena que fue impartida a Richard Alejo  no  tiene  relación  con  el favor realizado a la doctora LUZ MARINA, lo fueron  otras  conductas  por  él realizadas cuando se desempeñaba como notificador de  la Fiscalía de Acacías.   

Concluye,  que  si  el  juzgador  de segunda  instancia    no    hubiese    incurrido    en    la    violación   directa   de  la  ley  sustancial  al  realizar  un “falso juicio de convicción y por ende  un  falso raciocinio”, no habría caído en la errada  deducción de hallar responsable penalmente a su defendida.   

Solicita  se  case el fallo y en su lugar se  absuelva a LUZ MARINA BAHAMÓN BARRETO.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  demanda presentada por el defensor de la  procesada  LUZ  MARINA  BAHAMÓN BARRETO no satisface los requisitos formales ni  lógico-argumentativos  establecidos  en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000.  Debido a ello, será inadmitida.   

Si  bien  relata  los  hechos  y reseña los  antecedentes  procesales,  olvidó  identificar  los  sujetos  procesales  y  al  corresponder  el  escrito  a  una sumatoria de reproches, debió sustentarlos en  capítulos  separados,  como disponen los numerales 1° y 4° de la disposición  evocada.   

Como  el recurso extraordinario de casación  se  rige  por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda delimitan  la  competencia  de la Sala de Casación Penal, con excepción de la nulidad que  puede  ser  decretada  oficiosamente en aras de la protección de las garantías  fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye  una  especie de  tercera  instancia;  no  consiste en someter a un nuevo juicio a los procesados,  ni  en  sede  de  casación puede postularse un debate probatorio generalizado y  sin  acatamiento  de la lógica argumentativa que le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por  las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  desarrolladas en la demanda.   

De ahí que, la impugnación se concibe como  un  instituto  procesal  extraordinario  que  busca  remediar  o  poner fin a la  violación  de  la Constitución Política, del bloque  de  constitucionalidad  en  lo pertinente y de la ley,  que  hubiese  ocurrido  en  la  sentencia  de  segunda instancia, por errores de  juicio  o de actividad, y como tal comporta la elaboración de un juicio lógico  jurídico  sobre  la  sentencia  misma,  siguiendo  el  derrotero trazado en las  causales invocadas.   

2. El libelista formula como CARGO ÚNICO la  violación  directa de la ley,  por  aplicación indebida de  los  artículo 29 (autoría)  y   140   (concusión)  del  Código  Penal,  al considerar que de las pruebas recaudadas no se puede extraer  responsabilidad en contra de su defendida.   

De forma pacífica y reiterada ha dicho esta  Corporación  y  así  lo  reconoce  el  censor en el albor de su demanda que la  argumentación  lógica  que  comporta  el  recurso extraordinario de casación,  implica  que  si  el  recurrente postula como yerro in  iudicando   la  violación  directa  de  la  ley sustancial, acepta los hechos, las  pruebas y la valoración que de ellas se hizo en las instancias.   

En  estos  eventos  no  es factible discutir  cuestiones  de  facto,  toda  vez  que  la  impugnación  es  de  estricto orden  jurídico y recae sobre la ley sustancial por una de estas razones:   

-.   Falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente:  el  juez  yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al caso específico  que  la  reclama.  Ignora o desconoce la ley que regula la materia y no la tiene  en  cuenta,  debido a que ha incurrido en error sobre su existencia o validez en  el tiempo o el espacio.   

-.  Aplicación  indebida:  el  juez  desatina  en la adecuación de la  norma.  El  error se manifiesta en la falsa adecuación de los hechos probados a  los  supuestos  que  contempla  la  norma,  ya  que  los  sucesos  procesalmente  reconocidos    no    coinciden    con    las   hipótesis   condicionantes   del  precepto.   

-. Interpretación  errónea:  el  juez selecciona bien y acertadamente la  norma  que  corresponde  al  caso en cuestión, pero yerra al interpretarla y le  atribuye  un  sentido  jurídico  que  no tiene, o le asigna efectos distintos o  contrarios a su real contenido.   

En   la   senda   de   la   violación  directa  de  la ley sustancial  resulta  un  contrasentido  expresar, como lo hizo el libelista, que se parte de  la  aceptación  de  los  hechos  y  las  pruebas  como  fueron valoradas por el  Ad-quem,  para  en  seguida  protestar  por las inferencias que se realizaron tomando como base los medios de  convicción  que fueron motivo de soporte de la imposición de condena, con ello  se  rompen  los  principios  de  identidad  conforme  al  cual  A  es  A y de no  contradicción   conforme   al   cual  no  se  puede  ser  y  no  ser  al  mismo  tiempo.   

La ausencia de claridad, precisión y debida  argumentación  en  el  escrito  es  absoluta.  Por  el  contrario, se trata del  lanzamiento  de  una  sumatoria  de  premisas  incoherentes,  contradictorias  y  excluyentes  entre  sí,  donde se parte de la ratificación de un ataque por la  violación  directa  de la ley sustancial, respecto de la que se dice, se llegó  por  la  equivocada  apreciación  de  los testimonios de María Inés Barreto y  Nubia  Janeth  Bohórquez,  al  realizar  un  “falso  juicio de convicción y por ende un falso raciocinio”.   

Resulta incomprensible que luego de anunciada  la  violación  directa,  se  pase sin más a conceptos propios de la violación  indirecta  que  se  ocupa  de los errores generados en el proceso de valoración  probatoria   y  se  aleguen  dos  de  ellos  irreconciliables  entre  sí,  como  corresponde al falso juicio de convicción y el falso raciocinio   

El primero se ocupa del desconocimiento de la  tarifa  probatoria  en  la  aducción de los medios de conocimiento; el segundo,  por  su  parte, de equivocaciones en la asignación de mérito persuasivo por el  desconocimiento  de  la  sana crítica, al haber violentado los principios de la  lógica, las reglas de la experiencia o las leyes de la ciencia.   

Si  la  inconformidad  radicaba por aspectos  persuasivos,   de   tales   temáticas,  también  se  olvidó  de  ocuparse  el  demandante.   

Con  ello  se  desconoce  el  principio  de  autonomía  en  casación  el  cual  atañe  a la prohibición al interior de un  mismo  cargo,  de  entremezclar ataques propios de causales diferentes, al tener  cada  una características y parámetros lógicos de demostración distintos con  diversas        consecuencias        jurídicas7.  Es que la decisión que debe  adoptar  la  Corte  en  caso  de  prosperidad  del  reproche formulado contra la  sentencia,  debe  compaginar  con  la  causal invocada y el error aducido. Sobre  este principio la Sala ha dicho:   

“Al respecto, es imprescindible que quien  acude  en  casación  a  controvertir  la  legalidad de una sentencia de segunda  instancia,  lo  haga  con fundamento preciso en una de las causales expresamente  establecidas  en  la  ley,  sin  que  sea  admisible, lanzar reparos que no sean  directa  e  inequívocamente  atinentes  al  contenido  y alcance de los motivos  establecidos.   

No  es  por  tanto  permitida  la  fusión  abigarrada  de  enfoques  propios  de  diversas  causales, en cuanto cada una de  ellas  no  sólo  obedece  en su postulación teórica a supuestos propios, sino  que  metodológica  y  jurídicamente  exigen desarrollo independiente. En otras  palabras,  frente al principio de autonomía de las causales resulta desacertado  establecer  mixturas  entre  diversos  factores,  al  atacar  a  través de este  mecanismo    extraordinario    una   sentencia”.8   

También se expresó:  

“Por  eso, del principio de autonomía se  desprende  la  necesidad  de  que  el  planteamiento  de las censuras respete la  naturaleza  propia  de  las causales, por cuanto cada una de ellas, en virtud de  la  incidencia  que en el sentido de la sentencia o en la estructura del proceso  su  presencia  puede  causar,  exige  unos  derroteros  demostrativos diversos y  coherentes  con  la  pretensión final, o bien de que se case el fallo demandado  para  que  la  Corte  adopte  el  sustitutivo,  o  ya  para  que  retrotraiga la  actuación   a   estadios  superados  si  tiene  bases  viciadas”.9   

Del  libelo,  más  que  una  controversia  eminentemente  jurídica se evidencia una constante y errática controversia del  facto,  la  motivación  y  los  juicios  de valor que el Tribunal elaboró para  llegar  a  la  conclusión  de  imputar  la  complicidad  de  la  acusada  en la  ejecución  del delito de concusión, conducta procesal que revela que el censor  no  acepta  ni  acoge  los  hechos  que  se declararon probados en la sentencia,  presupuesto  ineludible  al  escoger  la  senda  de  la violación directa de la  ley  anunciada.   

En   cumplimiento   del   principio   de  limitación   propio  del  recurso  de  casación,  no  le  es  dable  a  la  Corte,  suplir  las omisiones  argumentativas  del  escrito  de  sustentación.  Por  tanto  no puede corregir,  complementar  o  de  cualquier  otra  forma  suplantar  al  casacionista  en  la  construcción de la demanda.   

Todas las impropiedades advertidas conllevan  a  la inadmisión  de la demanda, adicional a que de la necesaria revisión  del  expediente  no  se observa vulneración de alguna garantía fundamental que  amerite  el  ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala de Casación Penal  en  los  términos del artículo 216 del Código de Procedimiento Penal, Ley 600  de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  la  procesada  LUZ  MARINA  BARAHONA BARRETO,  conforme a lo expuesto en la parte motiva.   

2. Contra la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO                    

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                      GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                                           JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA           

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cuaderno No. 1, folio 269.   

2  Cuaderno No. 1, folio 281.   

3  Cuaderno del juicio, folio 39.   

4  Cuaderno del juicio folio 66.   

5  Cuaderno del juicio, folio 76.   

6  Cuaderno del tribunal, folio 4.   

7  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

8  Sentencia   de   casación   de   29   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  12025.   

9  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.     

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