40784(06-03-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº 069  

Bogotá  D. C., seis (6) de marzo de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

La Corte resuelve acerca de la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  la procesada  Malory  Vanessa  Rodríguez  Hernández  contra  la  sentencia dictada por el Tribunal Superior de Bogotá el  7  de  diciembre  de 2012, mediante la cual revocó la proferida por el Juzgador  4°  Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de la misma ciudad el 5 de  julio  del  mismo  año,  y  la condenó como coautora de la conducta punible de  hurto calificado agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

           

                         

1.  Los primeros  fueron  sintetizados  así  por  el juzgador de segunda  instancia:   

“Los  acontecimientos a que se contrae el  presente  proceso pueden referirse como ocurridos para las horas de la madrugada  del   día   27   de  junio  de  2009,  en  el  sector  denominado  ‘cuadra        picha’, cerca del centro comercial Plaza de  las  Américas,  en  esta  ciudad  (Bogotá),  cuando  las  señoras Lady Johana  Sandoval  Moreno  y  Nury Janeth Martínez se encontraban esperando un taxi y de  repente  fueron  sorprendidas  por  dos personas, un hombre y una mujer, quienes  las  amenazaron  con armas blancas y les hurtaron sus pertenencias (un anillo de  compromiso,  un  celular  Motorola v3, la suma de $1.873.000 pesos en efectivo y  dos  billeteras  con  documentos de identificación), al cabo de lo cual huyeron  con rumbo desconocido”.   

Vale  aclarar  que una de las víctimas el 3  julio  de  2009,  presentó  denuncia  formal  contra  Malory Vanessa Rodríguez  Hernández por estos hechos.   

2.    Por  los     anteriores     acontecimientos,         la         Fiscalía      General     de     la  Nación   el  3 de noviembre de 2010,  presentó escrito de acusación contra  la   señora   Rodríguez   por   la   conducta   punible  de  hurto  calificado  agravado.   

3.  El  Juzgado  Cuarto  Penal Municipal  del Circuito con Funciones de  Conocimiento          de         Bogotá       el       5  de  julio  de     2012,  dictó  sentencia     de     primera     instancia,     en     la    que    absolvió   a   la  acusada  del  cargo  atribuido en la acusación.   

4.   Apelado  el    fallo    por   el  representante    del    Fiscal    General   de   la  Nación,   el   Tribunal  Superior  de  Bogotá       el       7 de diciembre  de  2012,  al  desatar  el  recurso,  lo revocó    y,   por   lo   mismo,   condenó   a   Malory   Vanessa  Rodríguez  Hernández  a  la  pena  principal  de  90  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo periodo, como coautora del punible de hurto  calificado agravado.   

Así   mismo,   declaró  “que  no  procede  ningún  subrogado  o mecanismo sustitutivo de la  pena       privativa      impuesta”.   

Contra  la anterior decisión, la  profesional del derecho que vela por  las      garantías  de  la  acusada              interpuso recurso de casación.   

LA       DEMANDA    

La  defensa técnica, basada en las causales  primera,  segunda  y  tercera, según la sistemática procesal reglada en la Ley  906  de  2004,  presenta  tres  reproches  contra  el  fallo del Tribunal, cuyos  argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

Con  apego  a  la  causal  primera, acusa al  Tribunal  de  haber  dictado  sentencia  en  un  juicio  viciado  de nulidad por  violación  del  debido  proceso  y  por  lo  mismo,  de  las  garantías  de su  representada,  en  tanto la sentencia incumple los requisitos contemplados en el  artículo 162 del Código de Procedimiento Penal.   

Después de enunciar el contenido del fallo,  según  lo  reglado  en  la  anterior preceptiva, anota esta vez que el juzgador  incurrió  en  una  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  puesto que la  fundamentación  de  la providencia es genérica, en la medida en que no se hace  una  “sindéresis” de los  hechos.   

Estima  que  la  sentencia es inmotivada, en  orden  a  establecer  las  razones  por las cuales se revocó el fallo de primer  grado,  puesto  que  no  señaló  el  conjunto  de  los  medios  de convicción  incorporados    al    juicio    oral,    así   como   tampoco   “mencionó  la  ciencia,  la  experiencia  y  el  sentido común, no  obstante,  qué  discriminación hace de estos elementos de juicio para integrar  el    acervo    probatorio    y    conducir    a    la   condena?…”.   

Manifiesta  que  el juzgador dio valor a las  labores  de  identificación  de  los  presuntos  autores del delito, pero no se  indica quiénes las realizaron.   

Tampoco comparte la afirmación del fallador,  según  la  cual,  había  univocidad  en  las  exposiciones de la víctima, por  cuanto  en  la denuncia no se colocó el día de los hechos, sino que se hizo en  forma posterior.   

          Dice que la anterior falta de motivación  le  impone  deprecar  la invalidez de la sentencia, a fin de que se informe a la  procesada  las  razones  por  las  cuales  fue  condenada,  conforme lo exige el  artículo 162 de la Ley 906 de 2004.   

          Califica  como  incongruente  el  acto  de  la  determinación de la  sanción,   puesto   que   estima   que   la   violencia   sobre  las  cosas  no  existió.   

          En  fin,  sostiene  que  para  poder  defender a su representada, le  corresponde  conocer la fundamentación fáctica y jurídica, así como también  la estimación probatoria.   

Por lo expuesto, pide a la Corte declarar la  invalidez del fallo recurrido.   

Segundo cargo  

            Dice  que  bajo  el motivo casacional consagrado en el numeral 2°  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, propone una censura en la que insiste  en  la  falta  de  motivación del fallo, para lo cual se vale de los argumentos  expuestos en el anterior reproche.   

          En   consecuencia,  depreca  de  la  Corte  la  infirmación  de  la  sentencia, ordenado su invalidez.   

          Tercer cargo   

          Anota  que  acude  a  los  lineamientos  de  la  causal  tercera  de  casación,  habida  cuenta  que el fallo afecta los derechos fundamentales de su  representada,  por  el manifiesto desconocimiento de las reglas de producción y  apreciación   probatoria   sobre   las  cuales  se  fundamentó  el  juicio  de  responsabilidad.   

          A  continuación la casacionista procede a citar los artículos 372,  380,  381  y  382 del Código de Procedimiento Penal, para luego sostener que el  Tribunal  incurrió  en  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad,  “y  lo  digo,  porque  se  pretende  considerar  la  existencia   de   univocidad   y   concordancia  en  las  declaraciones  de  las  afectadas…”.   

          Agrega  que  la  descripción  física  que éstas realizaron de sus  asaltantes  no  coincide  con  la  de su defendida. Además, Lady Sandoval en el  juicio  advirtió  que a la procesada la había visto en pretérita oportunidad,  pero  esa descripción únicamente la hizo en el debate, al punto que anotó que  a Rodríguez Hernández le gustaba la música rapera.   

          En  esa  medida, predica que hay ausencia de certeza en cuanto a que  la  acusada estuvo en el bar el día de los hechos, en tanto no se cuenta con el  testimonio   de  Byron  y  de  William  Harry  Trujillo,  constituyéndose  esta  deducción en un testimonio de referencia.   

          Afirma  que  tampoco  la denuncia contiene el hecho que la procesada  tenía  acné  y  la estatura de ésta es de1.42 metros y no de 1.60 metros como  lo expusieron Lady Johana y Nury Janeth.   

          Acentúa   que   hay   una   argumentación   infundada   cuando  el  reconocimiento  se  hizo por una red social muchos días después de cometido el  hecho  delictual,  máxime  que  de  esto  no  hay  una  cadena de custodia para  establecer el reconocimiento y las labores de investigación.   

Después  de  citar  una  decisión  de  la  Corporación,  argumenta  que  el  supuesto fáctico que se reconoce consiste en  que  “Lady  Johana o Byron tienen una situación de  desavenencia  con  la  procesada  y  con  el  hecho de atreverse a construir una  mentira  procesal  que  se palpa, cristalizan animadversión en contra de ésta,  que   es   la   sindéresis   que   adujo   la   primera   instancia”.   

Por lo expuesto, asegura que emerge el grado  de  conocimiento  de  la  duda,  el  cual  no fue reconocido en la sentencia del  Tribunal, por errores cometidos al apreciar la prueba.   

En  consecuencia,  solicita  de  la Corte la  casación del fallo y consecuentemente, absolver a su defendida.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La casación en la ley 906 de 2004  

         

De  conformidad  con  lo  establecido  en el  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, Código de Procedimiento Penal, el recurso  de  casación  es un mecanismo de control tanto constitucional (artículo 235-1)  como  legal  que procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia y  que  de  acuerdo  con  lo  señalado en el artículo 180 del mismo ordenamiento,  tiene   como   propósitos   alcanzar  (i)    la    efectividad    del    derecho   material,   (ii)   el   respeto   de  las  garantías  fundamentales,  (iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  y  (iv) la  unificación de la jurisprudencia.   

         

          Para  hacer  efectivo  el  cumplimiento  de  esos  objetivos,  en el  mencionado  régimen procesal, se dotó a la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  de facultades sustanciales al conferirle, ente otras, la  potestad  de superar los defectos de la demanda para decidir de fondo cuando los  fines  de  la casación, fundamentación de los mismos, posición del impugnante  dentro   del   proceso,   e   índole   de  la  discusión  planteada,  así  lo  ameriten.   

         Lo  anterior  no  implica,  sin  embargo,  que este mecanismo sea de  libre  configuración,  desprovisto  de  todo  rigor  y que tenga como finalidad  abrir  un  espacio  procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el  debate  respecto  de  puntos  que  han sido materia de controversia, pues por el  contrario,  dada  su  naturaleza  extraordinaria,  quien  acude  al  mismo  debe  ceñirse  a  determinados requerimientos sistemáticos basados en la razón y en  la  lógica  argumentativa, atinentes a la observancia de coherencia, precisión  y  claridad  en  el  desarrollo  de  cada  uno  de  los  reparos  efectuados,  y  desarrollados  conforme  a las causales de procedencia previstas en el artículo  181  del  ordenamiento  procesal,  en  aras  de persuadir a esta Corporación de  revisar   el   fallo   de   segunda   instancia,  con  el  fin  de  corregir  el  pronunciamiento que se revela contrario a derecho.   

         

         De  ahí  que el inciso 2° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  establezca  que no será admitida la demanda de casación, si el actor carece de  interés  para  acceder  al  recurso,  el  escrito  es infundado y, en términos  generales,  “cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente   que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso”, lo que puede presentarse  cuando  la  Corte  observe que los aspectos reprochados no tienen una incidencia  sustancial  en  relación  con  lo  decidido  en  el  caso concreto, o que puede  responder  a  los  planteamientos  del demandante sin recurrir a valoraciones de  fondo acerca de lo que ocurrió en la actuación.   

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación   de   las   causales   primera,   segunda   y  tercera  de  casación   

        1.  Cuando  la  censura  se postula por la vía de la infracción directa, el casacionista está  aceptando  que  los  hechos  consignados  en  la  sentencia fueron correctamente  apreciados,  razón  por  la cual el debate se circunscribe a la aplicación del  derecho,  sin que tengan cabida aspectos relacionados con la credibilidad de los  elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

         En  esa  medida,  la  labor de demostración de la trascendencia del  vicio  deberá  estar  sustentada  en evidenciar que el juzgador seleccionó una  norma  que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto,  omitió otra que sí  resolvía  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o, habiéndola  escogido  correctamente  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del  texto de la ley.   

2.  En relación con la acreditación de la  causal  de  nulidad,  si  bien  la  Sala  ha  dicho que es menos exigente que la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el vicio, así como la cobertura de la nulidad.   

Así mismo, al libelista compete evidenciar  que  procesalmente  no  existe manera diversa de restablecer el derecho afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar que la anomalía denunciada tuvo injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

         3.  Respecto  de  la  infracción  indirecta  de  la ley sustancial,  destáquese  inicialmente  que  se  está  aceptando  que  el error del juzgador  ocurrió  de  manera  mediata,  es decir, en la elaboración del juicio de hecho  derivado  de  errores  en  la  apreciación  de  la  prueba,  falencia que se ve  reflejada en la aplicación del derecho.   

En   el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  corresponde enseñar en qué consistió el yerro de estimación de  la  prueba,  es  decir,  si  fue  de  hecho o de derecho, como también el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad o convicción.   

Y, por último, evidenciar cómo incidió en  la  aplicación del derecho, en la medida en que se seleccionó una norma que no  era  la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó otra que sí resolvía todos  los extremos de la relación jurídico procesal.   

Calificación de la demanda  

La  defensa  técnica  apoyada  en las tres  causales  de  casación  postula  tres  cargos contra el fallo del Tribunal, los  cuales     incumplen     los     presupuestos     de     lógica     y    debida  fundamentación.   

En lo atinente a los reproches primero y segundo  que   la   censora  funda  por  los  senderos  de  la  infracción  directa de la norma material y la nulidad, de verdad que los mismos  forman  una  sola  unidad,  y que debieron ser postulados a través de la causal  segunda,   en   la  medida  en  que  está  cuestionando  la  ausencia  de   motivación  de  la  sentencia  recurrida,  puesto que en su sentir, el fallo no  cuenta  con  los  suficientes argumentos, en orden a concluir cuáles fueron las  razones  que  tuvo  el  Tribunal,  para condenar a la procesada por el delito de  hurto calificado agravado.   

Así  las cosas,  recuérdese  que de acuerdo  con  la pacífica y reiterada jurisprudencia de la Corte, en torno a la falta de  motivación    de    las   providencias,  se  ha dicho que ese vicio se puede estructurar de la siguiente  manera:   

         a.    Cuando    carece   totalmente   de  motivación,  por  omitirse  las  razones  de  orden  fáctico  y  jurídico que  sustentan la decisión.   

         b.  Cuando  la  motivación es incompleta,  esto  es,  el  análisis  que  contiene  es deficiente, hasta el punto de que no  permite su determinación.   

         c.  Cuando la argumentación es dilógica o  ambivalente;  es decir, se sustenta en hipótesis contradictorias o excluyentes,  las cuales impiden conocer su verdadero sentido y,   

d.  Cuando  la  motivación  es aparente y sofística, de modo que socava la estructura fáctica  y jurídica del fallo.   

         

         En  esas  condiciones,  en  punto  de la acreditación del yerro, al  casacionista  compete  demostrar la irregularidad cometida en el fallo, esto es,  explicar  en  forma  correcta  y  completa  los supuestos que ha debido tener la  decisión  cuestionada,  lo cual comporta la carga de identificar los argumentos  considerados  deficientes  y  demostrar  su  fragilidad, más allá de la simple  contraposición  de  un  criterio  diferente  a  la metodología a seguir en las  providencias judiciales.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Corte,  es  diáfano  concluir  que  la  demandante se apartó de los anteriores  requisitos,  toda vez que la labor demostrativa de los reproches está edificada  para  cuestionar  el mérito suasorio que el Tribunal otorgó a la plural prueba  que se allegó al juicio oral, público y concentrado.   

En   efecto,   el  punto  central  de  la  argumentación,  la libelista lo hizo consistir en que el sentenciador incurrió  en  una  infracción  directa  de la ley sustancial, lo cual constituye, como se  dijo,  en  un  desatino,  puesto  que  cuando  se postula la alegada ausencia de  motivación  de  los cargos, el vicio es de estructura que afecta las garantías  judiciales del acusado y no uno in iudicando.   

Así  mismo,  indica  que  en  el  acto  de  apreciación  probatoria no se señaló “la ciencia,  la  experiencia  y  en  sentido  común”;  así como  tampoco  se  mencionaron  las  personas  que  identificaron  a la acusada. Y por  último,  acusa  la ausencia de correspondencia entre las narraciones hechas por  las  presuntas  víctimas,  para luego calificar igualmente como incongruente el  proceso de determinación de la sanción.   

Es decir, de esa pluralidad de hipótesis la  Corte  no  infiere  en  qué consistió la falta de motivación de la sentencia,  según  así  se  enuncia  en  las  censuras.  Todo  lo  contrario se deduce una  inconformidad  con los razonamientos esgrimidos por juzgador al revocar el fallo  absolutorio,  disparidad de criterios que como se sabe no se erige en un motivo,  en orden a ser postulado en sede casacional.   

En   relación   con   el   tercer  reproche que la demandante elabora  bajo  la hipótesis de una infracción indirecta de la ley sustancial, por error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad, igualmente se advierte que desconoce  los  parámetros  de  lógica y debida fundamentación, puesto que se abstuvo de  enseñar  el vicio y su transcendencia con las distintas decisiones adoptadas en  la sentencia impugnada.   

Al respecto vale reiterar que se incurre en  el  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, cuando el fallador en la  apreciación  de  la  prueba  le  hace  decir lo que ella objetivamente no reza,  erigiéndose  en  una  tergiversación  o  distorsión  por  parte del juez, del  contenido  material  del medio probatorio, bien porque se le coloca a decir más  de  lo  que  encierra  o  haciéndole expresar menos de lo que el texto dice; de  ahí  que  sea  indispensable  acreditar lo que el elemento de juicio demuestra,  para  derrumbar  la  equivocada  conclusión  que  en  relación con el medio de  prueba contiene el fallo atacado.   

Sin  embargo,  el discurso utilizado por la  casacionista  no  es  consonante  con los anteriores derroteros, en la medida en  que  el  mismo  se funda bajo el supuesto que la identificación de la procesada  como  coautora  del  delito  contra la propiedad no la comparte; de la comunidad  probatoria  no  emerge el grado de conocimiento de certeza y que siempre hubo un  ánimo  de “desavenencia”  entre una presunta víctima y la acusada.   

En  esa  medida,  resulta  evidente  que la  libelista   en   vez   de   enseñar   a   la  Corte  en  qué  consistieron  la  tergiversaciones  del  contenido  objetivo  de  la  prueba,  presenta personales  inferencias  respecto  del  mérito  probatorio  que  ha  debido  dársele  a la  denuncia  y  a  algunos  testimonios  incorporados  válidamente al trámite del  juicio oral, público y concentrado.   

En tales condiciones, deviene necesariamente  la inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  cuyo  trámite  fue  señalado  en auto del 12 de diciembre de  2005, adoptado en el radicado 24322.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,   SALA   DE  CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

          INADMITIR   la  demanda de casación presentada  por        la  defensora de Malory Vanessa  Rodríguez Hernández.   

De   conformidad   con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de  insistencia en los términos  precisados  atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                FERNANDO      ALBERTO     CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                              GUSTAVO E. MALO FERNANDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                     JULIO ENRIQUE  SOCHA SALAMACA   

JAVIER     DE    JESÚS    ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *