40703(08-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 335   

Bogotá  D.C.,  octubre  ocho (8) de dos mil  trece (2013).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  VÍCTOR  HUGO BAHAMÓN  ARGUELLO.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.   Ante  el  Juzgado  2º  de  Familia de Neiva (Huila) era tramitado el proceso ordinario de  reconocimiento  de  hijo extramatrimonial de Magnolia Castro Santos –representante   de   su   hijo   menor  J.P.C.S.—  contra  Iván  Mauricio  Barreto  Muñoz.  Este  se  presentó  al  despacho  judicial el 20 de  octubre  de  2005  y fue atendido por el citador VÍCTOR HUGO BAHAMÓN ARGUELLO,  quien  lo  manifestó  que contaba con la opción de notificarse y continuar con  la  actuación  en  su  contra,  o  la  de  entregarle  50 mil pesos a cambio de  desaparecer el expediente.    

2.  Al  proceso,  iniciado  el  3  de  noviembre de 2005, fue vinculado BAHAMÓN ARGUELLO mediante  indagatoria,  el  30 de agosto de 2011 se le resolvió la situación jurídica y  el  24  de  octubre  siguiente la Fiscalía lo acusó como autor responsable del  delito  de  concusión, sancionado para cuando sucedieron los hechos con pena de  6  a  10  años  de  prisión  (Art. 404 del C. Penal). Esta decisión quedó en  firme el 3 de noviembre de 2011.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  29 de febrero de 2012 el Juzgado 5º Penal del Circuito de Neiva lo  condenó  a  72 meses de prisión, inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  durante  60  meses,  pérdida  del  empleo  y  multa de  19.075.000.oo.   No  se  le  otorgó  la  condena  condicional  ni  la  prisión  domiciliaria.   

4.  El  defensor  apeló  ese  pronunciamiento y el Tribunal Superior de  Neiva,  por  intermedio de la sentencia recurrida  en casación, dictada el  27 de agosto de 2012, lo confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA:  

Consta de dos cargos.  

Primero.  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial.   

El  juzgador,  al  examinar  los  medios  de  prueba, incurrió en los siguientes errores de hecho:   

1. Falso raciocinio  en   la  apreciación  del  testimonio  de  la  abogada  Isabel  Cristina  Cruz,  “por    transgresión   de   la   regla   de   la  lógica”   conforme   a   la  cual  “un  testigo  que  da  cuenta  de la ocurrencia de un hecho, o de un  testimonio  de  oídas, sólo está dando fe de tal delación, pero no de lo que  allí se cuenta o relata”.   

Dijo la declarante que Iván Mauricio Barreto  le  contó  de  la  exigencia económica hecha por el notificador del Juzgado de  Familia.  Es  lo  único  que  le  consta.  Y así mismo sucedió con la testigo  Magnolia  Castro  Santos.  Resulta,  sin embargo, que los dichos de los tres son  diferentes.     “No     concuerdan     con    la  realidad   pues  una  vez  confrontados…,  ninguno se  pone  de acuerdo, hay una proclividad a la mentira y a tergiversar lo dicho, por  el sujeto pasivo”.   

Las  instancias creyeron el relato de Isabel  Cristina  Cruz,  como  si  se tratara de una testigo presencial, “cuando  lo  que  se  aprecia de una manera desprevenida”   es  que  miente. Así se deduce porque expresó que Iván  Mauricio  Barreto  Muñoz  le comentó que el citador le pidió 50 mil pesos y a  cambio  desaparecería  el  expediente,  cuando éste en su testimonio mencionó  que  el  empleado le planteó “retener el proceso de  3  a  4  años”  si  le  entregaba  la suma anotada.   

2. Falso raciocinio  en la valoración del testimonio de Magnolia Castro Santos.   

Como la anterior, se trató de una declarante  de  oídas,  cuyo  dicho  difiere de los relatos presentados por Isabel Cristina  Cruz  e  Iván  Mauricio  Barreto Muñoz. Este, según afirmó la señora Castro  Santos,  le  comentó  que  las dos opciones a las cuales se refirió el acusado  fueron  seguir  con  la actuación judicial o darle 50 mil pesos “y   ahí   paraba   el  proceso”.    

Se  tiene,  pues,  que  Isabel Cristina Cruz  aludió    a   “retener   el   proceso”,  Magnolia Castro Santos a “parar el  proceso”  y  el  sujeto  pasivo  de  la  conducta  a  desaparecerlo.  Ninguno  de  esos  testimonios  “es  coherente  y  menos  unísono,  razones  más  que  suficientes  para  no darles  credibilidad”.   

3.  Falso juicio de  convicción   al  tenerse  en  cuenta  como  pruebas  de  responsabilidad  penal  “medios  de  persuasión  de referencia”.  Transgredió  el  juzgador, al hacerlo, el artículo 381 de la  Ley  906  de  2004,  en  el cual se excluye la posibilidad de condenar sólo con  pruebas  de  referencia  y  a  juicio  del  censor aplicable al presente caso en  virtud del principio de favorabilidad.   

La Fiscalía “no  investigó  el  supuesto  delito”  sino  se ensañó  contra  el  auxiliar judicial. No practicó ninguna declaración de los testigos  presenciales,  basando  la  petición de condena “en  las  pobres  pruebas recaudadas”, las cuales apoyaron  en  su  momento  “un  fallo inhibitorio”  y  el archivo del proceso. Con lo único que se contaba era con  “la  palabra  del  supuesto sujeto pasivo contra la  palabra”   del   procesado,  pues  a  los  testigos  presenciales    –todos  favorables  al inculpado— no  se les otorgó credibilidad.   

A  Iván  Mauricio  Barreto  Muñoz  se  le  preguntó   en   la   declaración   rendida   en   el  proceso  “si  es  cierto  o  no” que VÍCTOR HUGO  BAHAMÓN  le  planteó dos opciones: notificarse y seguir adelante la actuación  o  darle  50 mil pesos y desaparecer el proceso. “Si  es    cierto”,   respondió   el   testigo.   Este  interrogante,  en criterio del casacionista, es contrario al artículo 274 le la  Ley  600  de  2000  que  le ordena al funcionario judicial abstenerse de sugerir  respuestas, como pasó en el caso examinado.   

No se debía, en conclusión, tener en cuenta  las  declaraciones  de  Isabel  Cristina  Cruz  y  de Magnolia Castro Santos, al  tratarse claramente de testimonios de oídas.   

Sin los errores denunciados se hubiera tenido  que  dar  aplicación  al  principio  de  in dubio pro  reo y la sentencia habría sido absolutoria, decisión  ésta  que  el  censor espera de la Corte tras la casación del fallo impugnado.   

Segundo  cargo  (Subsidiario).  Violación  indirecta    de    la    ley    sustancial   derivado   de   falso   juicio   de  existencia.   

La  segunda  instancia  omitió apreciar los  testimonios  de  José  Luis  Daza  Ávila  y  de  Israel Garzón Aroca, quienes  manifestaron  que  se  encontraban presentes en el momento de los hechos y nunca  el procesado le exigió dádiva alguna a Iván Mauricio Barreto.   

Y persiste en el mismo error esa Corporación  judicial,  esta  vez  por  suposición,  al  no  otorgarles credibilidad a tales  declarantes  por reñir con la versión del acusado. Daza Ávila dijo que cuando  se  suscitó la conversación entre el citador y el demandado ante el Juzgado de  Familia,  estaban  en  la  baranda  del  despacho  él  y  tres hombres más. El  implicado,  a su turno, indicó que el lugar “estaba  lleno,   había   harto   público   por   atender”.   

En  esa distinta versión respecto del mismo  hecho   apoyó  el  juzgador  la  no  concesión  de  credibilidad  al  testigo,  suponiendo  con  ello “que la barra donde se atiende  al  público  es  un estadio de futbol o un espacio donde caben muchas personas,  cuando  él,  por  ser funcionario de estos mismos despachos sabe claramente con  cuántas  personas  se  llena  la  barra  del juzgado y no cabemos más de cinco  estrechas  y  al  haber  tres  se entiende que está lleno, entonces cómo puede  realizar  suposiciones  cuando  está  lleno o no o cuántas personas tienen que  estar   ahí   para   considerar   que  está  lleno  dicho  espacio”.   

Le  pide  el  censor  a  la Sala que case la  sentencia y absuelva a su representado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  El  recurso de  casación,  como  en  muchas  oportunidades  lo  ha señalado la Sala, no es una  tercera  instancia  del  proceso  penal  ni un escenario apto para desaprobar de  cualquier   manera   las   conclusiones   de   la   sentencia   o   el  trámite  procesal.   

El   mismo1  está limitado a los posibles  errores  susceptibles  de  cometerse  en un proceso, los cuales se sintetizan en  los  motivos  legales  que  lo  hacen  procedente,  para  el  presente  caso los  previstos  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, con sujeción a la cual la  defensa presentó el libelo.   

Si  la  legalidad  de  la  sentencia  está  condicionada  a  una  actuación  surtida  con  observancia del debido proceso y  respeto  de  los  derechos  fundamentales  de  las  partes,  las irregularidades  lesivas  de  la  estructura procesal o de esas garantías hacen parte del objeto  del  recurso  extraordinario  y,   de  acuerdo  a como lo tiene definido la  Corte,  deben  plantearse  individualmente si son varias las ocurridas (teniendo  en   cuenta  que  el  orden  lo  determina  la  capacidad  invalidatoria  de  la  irregularidad),   definiéndose  en  cada  caso  el  tipo  de  vicio  denunciado  –de   trámite   o   de  garantía—,  el  carácter  sustancial  del  mismo,  el  momento  procesal  desde  el cual se debe anular el  proceso   y   la   razón  por  la  cual  es  necesario  acudir  a  ese  remedio  extremo.   

Las  demás  incorrecciones  susceptibles de  discutirse  en  casación  están  vinculadas  al  contenido  de  la  sentencia,  probatorio y jurídico.   

Al examinar los medios de prueba el juzgador  puede  incurrir  en  errores de hecho o de derecho. Los primeros ocurren si deja  de   apreciar  pruebas  válidas  que  obran  en  el  proceso  o  supone  medios  demostrativos  (falso  juicio  de  existencia),  cuando  tergiversa su contenido  haciéndoles  decir algo que objetivamente no dicen (falso juicio de identidad),  o  al  apreciarlas  con  desbordamiento de las reglas de la sana crítica (falso  raciocinio).  Y  los  segundos,  si  toma en consideración pruebas inválidas o  tiene  como  tales  pruebas  válidas (falso juicio de legalidad) o  estima  que  la  prueba  tiene  tarifa  legal,  no  teniéndola, o estando sujeta a ella  desconoce  el  valor  o la eficacia probatoria asignada por la ley (falso juicio  de convicción).   

En todos esos casos la eventual violación de  la  ley  sustancial  es  indirecta  pues  se  produce  a través del yerro en la  apreciación  probatoria  y  es  deber  de  quien la postula precisar el tipo de  error,  identificar  la  modalidad  y  acreditarlo,  sin  soslayar  la  carga de  demostrarle  a  la  Corte  que  si no se hubiese presentado, la orientación del  fallo   habría   sido   distinta,   lo   cual   equivale   a   desvirtuar   sus  fundamentos.   

Pero  si  es  el  contenido  jurídico de la  sentencia  el   objetado  por  el  recurrente,  le está vedado discutir la  apreciación  probatoria  porque en esa hipótesis la transgresión de la ley es  la  consecuencia  directa  de un error estrictamente de derecho, originado en la  aplicación  indebida de la norma sustancial, en su falta de aplicación o en su  interpretación errónea.   

Por fuera de las comentadas irregularidades,  previas  al  fallo  o  derivadas  de  él,  resulta  improcedente  el recurso de  casación  y  por  tal  razón  es importante para el sujeto procesal demandante  entender  la  lógica  del  proceso, reflejada toda ella en las causales legales  dispuestas  para  la  utilización del medio de impugnación extraordinario, las  cuales,  a  diferencia  de  como  se  piensa,  no sugieren la idea de un recurso  técnico  y  hostil   a  la realización de sus propias finalidades sino de  uno  que  en  atención  a su naturaleza rogada exige un mínimo de precisión y  coherencia  en  la manera de la presentación del caso al Tribunal de Casación,  ante  el  cual  no  puede  venirse  con  vaguedades  o  a buscar  análisis  probatorios  de  instancia,  sino  con  la claridad suficiente para expresar con  toda  naturalidad  qué  error  trascendente  cometió el juzgador y aportar los  argumentos pertinentes para persuadir acerca de su ocurrencia.   

Comprender lo anterior llena de contenido la  exigencia      legal      de     “claridad     y  precisión”  en  la  enunciación  de  la  causal de  casación  invocada en la demanda y en la formulación del cargo, prevista en el  artículo  212-3  del  Código  de Procedimiento Penal de 2000 e insatisfecha de  forma    manifiesta    en    el    presente    caso    en   las   dos   censuras  presentadas.   

2.  No demostró,  en   efecto,   los   errores   de   hecho   denunciados.   En   el  primer   cargo  aludió  inicialmente  a  falso  raciocinio  e  hizo  consistir  el  mismo  en la circunstancia de que los  declarantes  Iván  Mauricio Barreto, Isabel Cristina  Cruz   y  Magnolia  Castro  Santos  no  fueron                   plenamente                  concordantes  en  sus  relatos,  aunque  coincidieron  en  el  pedido  de  50  mil  pesos  que el  sindicado le hizo al primero.   

Si se tiene en cuenta que no es    regla    de    experiencia    y    mucho   menos   principio  lógico o ley científica, que  la   credibilidad  de  las  declaraciones               realizadas por  varias  personas  respecto  de  los  mismos  hechos  dependa  de su uniformidad,  claramente      el      reclamo      es   la   continuación  de  un  debate  probatorio  agotado  con  la sentencia de segunda instancia, a través del cual,  de  la  manera  como  se  alega  en  las  instancias,  el  defensor simplemente  opone  su  lectura  de  los  medios de convicción a la  apreciación probatoria realizada por el juzgador.   

Decir  que mienten los declarantes porque no  dijeron  exactamente  lo  mismo, es una conclusión arbitraria del libelista que  no comprueba ningún error de juicio del fallador.   

Así  las  cosas,  al limitarse la censura a  reivindicar  la  tesis  de que no podía creerse en los testigos de cargo porque  uno    dijo    que    el    pedido    de   dinero   fue   para   “retener” el proceso durante unos años,  mientras   que   las   otras   vincularon   la   solicitud   a   “desaparecer    el    proceso”   o   a  “pararlo”, no hay cargo  susceptible  de  examen en casación. Es un punto de vista del censor aducir que  no  podía  fundarse  en esas pruebas la sentencia condenatoria, dejando de lado  el   deber  de  desvirtuar  los  argumentos  del  fallo  impugnado  mediante  la  acreditación   de   un   error   de   hecho   o  de  derecho  trascendente  del  juzgador.   

No  cambia la anterior conclusión cuando se  evalúa  la  propuesta  de  falso  juicio de convicción presentada al final del  cargo.  Allí, en realidad, indebidamente desde luego, se insinuaron dos errores  de  derecho:  el primero, originado en falso juicio de convicción, al otorgarse  un  valor  distinto al señalado en la ley a la prueba de referencia;  y el  segundo,  derivado  de  falso  juicio  de  legalidad,  al  tenerse en cuenta una  respuesta  de la víctima frente a una pregunta contraria al artículo 274 de la  Ley 600 de 2000.   

La  tarifa legal negativa dispuesta para la  prueba  de referencia en la Ley 906 de 2004, no aplica para casos tramitados por  la  Ley  600  de  2000. Simplemente porque en el primer procedimiento no rige el  principio  de  permanencia  de  la  prueba  sino  el de inmediación probatoria,  conforme  al  cual sólo es prueba la practicada en el juicio frente al Juez del  conocimiento.   Está   fuera  de  lugar,  en  consecuencia,  señalar  que  por  favorabilidad  el  presente  caso  debía  gobernarse  por  el artículo 381 del  sistema  acusatorio, por cuyo medio se prohíbe fundar la sentencia condenatoria  “exclusivamente       en       pruebas      de  referencia”.   

El artículo 274 de la Ley 600 de 2000, por  su    parte,    le    ordena    al    funcionario    judicial    “abstenerse   de   sugerir  respuestas”,  “formular     preguntas    capciosas”   y  “ejercer  violencia  sobre  el  testigo”.  En  ninguna  de  esas hipótesis está la  pregunta  que  refuta  el casacionista. A Iván Mauricio Barreto Muñoz, como se  corrobora        en        el       expediente2,  le  preguntó  el  Juez  1º  Civil    Municipal   de   Santa   Rosa   de   Cabal   (Risaralda)   –comisionado  por Juzgado 2º de Familia  de   Neiva   (Huila)—  que  “si  es  cierto  o  no  que  el señor Víctor Hugo  Bahamón  le  dijo  que  usted  sólo  tenía  dos  opciones  en  el  proceso de  reconocimiento  de  su hijo: notificarse y que siga adelante el proceso, o darle  50   mil   pesos   y   que   así   él  desaparecería  el  proceso”.  El  testigo  respondió:  “Si, es  cierto”.   Se  trató  de  un  interrogante  claro,  despojado   de   presión   y   es   notable  que  el  declarante  lo  entendió  perfectamente,  respondiendo que en efecto esa exigencia de dinero había tenido  ocurrencia en las circunstancias anotadas.   

Es  manifiesto,  pues,  que  la  ilegalidad  parcial  del  medio  de  prueba  no tuvo ocurrencia. Mucho menos cuando antes de  formularse  al  testigo  la  pregunta  en  cuestión, ante el interrogante de si  sabía  el  motivo  de  la diligencia, contó libremente que a raíz del proceso  civil  en su contra se presentó ante el Juzgado de Familia de Neiva, le mostró  la  citación  a  BAHAMÓN  ARGUELLO y este lo sacó de la oficina judicial y le  dijo  “que él me podía retener el proceso de 3 a 4  años y que le diera 50 mil pesos”.   

Es indiscutible, entonces, que en virtud del  cargo inicial no hay lugar a la admisión de la demanda.   

3. La situación no  cambia      tras      la      evaluación      formal      del      segundo  reproche, por intermedio del cual  el  censor le atribuyó al juzgador la violación indirecta de la ley sustancial  originada  en  error  de hecho por falso juicio de existencia. Es bastante claro  que  no demostró una equivocación como la denunciada. Ni otra. Expresó que se  dejaron  de  considerar  los  testimonios de José Luis Daza y de Israel Garzón  Aroca  pero  a  renglón seguido deja claro su descontento con el alcance que se  les  otorgó,  incurriendo en la misma falencia advertida en el primer cargo, de  oponer   su   lectura   personal   de   los   medios   de   prueba   a   la  del  fallador.   

En virtud de las  censuras  formuladas,  en  suma,  no procede la admisión de la demanda. Tampoco  casar  de  oficio  la  sentencia  en  consideración  a  que una vez revisada la  actuación  no se evidencia quebrantamiento alguno de los derechos fundamentales  de los sujetos procesales.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de justicia,   

RESUELVE:  

        INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre del procesado VÍCTOR HUGO BAHAMÓN  ARGUELLO.   

         Contra esta decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                               FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                     MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   MUÑOZ         

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                  LUIS                              GUILLERMO                              SALAZAR  OTERO                                               

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  .  Así  lo  sostuvo  la  Corte  en  el auto de casación del 14 de febrero de 2006  (radicación  23.639)  y  se  recordó  en  el  del  14  de  septiembre  de 2009  (radicación 32.126).   

2  .  Folio 70/c. anexo.     

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