40671(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE        SUPREMA        DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

APROBADO ACTA Nº. 302-  

   

Bogotá, D.C., once (11) de septiembre de dos  mil trece (2013)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Resolver  el  recurso de apelación propuesto  por  la  apoderada  de  la Caja Nacional de Previsión Social, CAJANAL, EICE, en  liquidación,  contra  la  providencia  adoptada  el 5 de febrero de 2013 por la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal Superior de Manizales, en virtud de la  cual  decretó  la  preclusión de la investigación seguida contra Luis    Alberto    Tibaquirá    Bahena.   

HECHOS  

Por  conducto  de  apoderado judicial, Stella  Monsalve  Sánchez  y  25  jubilados  más,  24  de la Rama Judicial1,  y  otro  del  sector  público2,  interpusieron  acción  de  tutela  contra  la  Subdirección  de  Prestaciones  Económicas  de CAJANAL, con el objeto de lograr la reliquidación  y  el pago definitivo de su pensión, por hallarse en el régimen de transición  previsto  en  la Ley 100 de 1993 y tener derecho a que se les tuviera en cuenta,  no  una  doceava  parte de la bonificación por servicios prestados, sino el 100  por  ciento  de la misma. Refirieron contar, en su mayoría, con edades entre 55  y  65  años,  aunque  algunos  superaban  el  tope,  motivo por el cual, al ser  personas  de  la  tercera edad, les resultaba tortuoso y excesivo agotar la vía  contenciosa administrativa.  

El  asunto correspondió al Juzgado 7° Penal  de   Circuito   de   Manizales,   cuyo   titular   era  el  doctor  Luis  Alberto  Tibaquirá  Bahena, quien el  18       de       noviembre       de       20053    profirió   sentencia   y  amparó,    en    forma  definitiva,  los  derechos  al  debido  proceso,  seguridad  social,  igualdad y  mínimo vital de los peticionarios. En consecuencia, dispuso:  

“Dejar sin valor los Actos Administrativos  de  reconocimiento  y  pago  de  las  pensiones  de jubilación por vejez a [los  actores]  y  en  su  defecto  se ordena a la misma Entidad causante del agravio,  proceda  en el término máximo de diez (10) días hábiles contados a partir de  la    fecha    de    notificación    de    esta   decisión,   a   reliquidar  y  pagar  en forma definitiva  cada una de las pensiones relacionadas anteriormente,  a  los  titulares  del  derecho,  en  estricta sujeción a lo consignado en este  fallo;  el  valor  de su pensión siempre y cuando cumplan con los requisitos de  Ley.  (…)  Las  sumas  dejadas  de percibir por los actores, se reconocerán y  pagarán  en  forma INDEXADA  a  partir  del  momento  en  que  se adquirió el status de pensionado, debiendo  aplicarse  la  variación  del  I.P.C.”. (Subrayas y  negrilla del texto original).   

La determinación no fue impugnada.  

El  4 de mayo de 2012 el apoderado de CAJANAL  formuló     denuncia     penal    en    contra    del    doctor    Tibaquirá   Bahena   por  el  delito  de  prevaricato  por  acción. Consideró que el fallo de tutela fue manifiestamente  contrario   a   la   ley   porque   (i)  para  el  reconocimiento  de  la  bonificación  por  servicios eran  aplicables  los  artículos  6 del Decreto 1160 de 1947, 45 del Decreto Ley 1042  de  1978,  1 y 2 del Decreto 247 de 1997 y el Decreto 717 de 1978, normas que no  fueron  mencionadas en la decisión; (ii) conforme  a  jurisprudencia  del  Consejo  de  Estado  y de la Corte  Suprema  de  Justicia,  la  bonificación  no  puede  reconocerse  en el 100 por  ciento;  (iii) aunque varios  jueces  han ordenado el mismo pago apoyados en la sentencia del 30 de septiembre  de  1999  del  Consejo  de Estado, esa providencia no aplica para los servidores  judiciales;  y  (iv) el Juez  constitucional  invadió  órbitas  propias  del  ordinario, en cuanto no había  perjuicio irremediable.   

ANTECEDENTES  

1.  Luego  de que se adelantaran los actos de  investigación  y  de  que  se  interrogara  al  indiciado,  doctor Tibaquirá  Bahena, el Fiscal 4° Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de  Manizales  solicitó  la  preclusión  por los  siguientes motivos:   

1.1.  En la sentencia T-324 de 2011, la Corte  Constitucional  se refirió a las varias maneras en que se han resuelto acciones  de   tutela  relacionadas  con  el  reajuste  pensional,  y  una  de  ellas  es,  justamente,  por  la  que  optó  el  Juez  Tibaquirá  Bahena, esto es, concederlas como mecanismo definitivo  cuando  se  evidencia  una  vía  de  hecho  administrativa. En ese sentido, hay  múltiples decisiones de esa corporación.   

1.2.  El  indiciado,  de  manera  razonada  y  razonable,  consignó  en su providencia los motivos por los cuales concedía el  amparo  y  explicó  cómo  a  los  peticionarios  les  asistía el derecho a la  reliquidación de su pensión.   

1.3. El tema correspondiente a la liquidación  del  ciento  por  ciento  de  la  bonificación como factor pensional no ha sido  pacífico en la jurisprudencia.   

1.4.  La  sentencia  del  Consejo  de Estado,  citada  en  el  fallo  dictado  por el indiciado, también ha sido utilizada por  otros  jueces,  tanto  de  tutela  como  administrativos,  para resolver asuntos  prestacionales.   

1.5.  Las consideraciones normativas en torno  al  ex  trabajador  de la DIAN, Reyes Navarro, fueron disímiles y se soportaron  en disposiciones que rigen a los empleados del orden nacional.   

1.6.     El     doctor     Tibaquirá   Bahena  dejó  claro  que  su  determinación  era  susceptible  de  ser  impugnada  y,  en caso de que ello no  tuviera  lugar,  se  enviaría  a  eventual  revisión. Sin embargo, ella no fue  recurrida  y  la  Corte Constitucional no la seleccionó, según oficio del 7 de  marzo de 2006.   

2.  En audiencia del 5 de febrero de 2013, el  Tribunal Superior de Manizales declaró la preclusión.   

3.  Contra  esa  decisión  la  apoderada  de  CAJANAL     interpuso     y    sustentó    oportunamente    el    recurso    de  apelación.   

EL AUTO CUESTIONADO  

El Tribunal no halló configurada la tipicidad  objetiva  y  advirtió  que  la  determinación  adoptada por el indiciado no es  manifiestamente contraria a la ley porque:   

1. Excepcionalmente, a través de una acción  de  tutela,  se puede ordenar la reliquidación de pensiones; y, en la sentencia  objeto   de  denuncia,  el  doctor  Tibaquirá  Bahena  advirtió  estar  ante  una  vía de hecho por defecto  sustantivo,  en  tanto  la administración se apartó de las normas aplicables a  los demandantes.   

2. El amparo se concedió en forma definitiva  atendiendo  que  los  interesados  eran  mayores  de  55  años,  y los procesos  contencioso  administrativos  pueden  tardar  en resolverse varios años. En ese  punto,  el  indiciado  siguió  jurisprudencia  de  la  Sala  Civil  Familia del  Tribunal Superior de Manizales y de la Corte Constitucional.   

3.   Las   disposiciones   que  regulan  lo  concerniente  a  la  bonificación por servicios como factor pensional de los ex  empleados  de  la  Rama  Judicial, entre ellas, los artículos 6 y 7 del Decreto  546  de  1971  y  12 del Decreto 717 de 1978, no contemplan la proporción en la  que  deben incluirse cada una de las sumas que habitual y periódicamente reciba  el funcionario.   

Además,  según los artículos 45 y 46 de la  Ley  1042  de  1978  y  1°  del  Decreto  247  de  1997,  esa bonificación sí  constituye   factor  salarial,  aunque  no  es  unánime  la  jurisprudencia  en  relación  con  si es en una doceava parte o en el 100 por ciento (citó algunos  proveídos  en uno y otro sentido de la Sección Segunda del Consejo de Estado y  de la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia).   

4.  La  indexación  ordenada  por  el doctor  Tibaquirá    Bahena   no  contraría   el   derecho   porque,   tal   como   lo  ha  reconocido  la  Corte  Constitucional,    ella    es    un    reflejo    del    mandato    superior de mantener el poder adquisitivo  de la moneda.   

EL RECURSO  

La apoderada de CAJANAL pidió se revocará la  decisión anterior por lo siguiente:   

1. Al reconocer la bonificación por servicios  en  un  100  por ciento, el indiciado desconoció varias disposiciones, a saber:  (i)  el  artículo  45  del  Decreto  1042  de 1978, en cuanto allí se prevé que aquélla se creó para los  funcionarios     señalados     en     el     artículo     1°     ibídem,  y  es por una sola vez al año,  en  porción de una doceava parte; y (ii) el  6  del  Decreto  1160  de  1947,  así como el artículo 1° del  Decreto 247 de 1997.   

2. Al ordenar la indexación, el Juez ignoró  el  artículo  178 –no dice  de   qué   norma-  y  la  sentencia  T-1500  de  2000,  en  la  cual  la  Corte  Constitucional  sostuvo que su cobro era improcedente a través de la acción de  tutela.   

3.  El hecho de que CAJANAL no haya utilizado  las  herramientas  existentes  durante  el  trámite  de  la tutela se debe a la  situación  “caótica”  que  para  esa  época  vivía  la  entidad. Por esa  crisis,  en  los  fallos  T-068 de 1998 y T-1234 de 2008 la Corte Constitucional  reconoció  el  estado  de  cosas  inconstitucional; y, además, en la sentencia  T-634  de  2002  advirtió  que  a  pesar  de  que normalmente quienes promueven  amparos  para  efectos  pensionales  son  personas  de la tercera edad, esa sola  condición no viabiliza la acción.   

LOS NO RECURRENTES  

1.  El    Fiscal.   

Además de reiterar los argumentos planteados  en  su  solicitud  inicial,  recalcó que, como bien se expuso en la providencia  impugnada,  el  tema  de la bonificación por servicios no es pacífico. CAJANAL  no  puede  pretender  que sea la jurisdicción penal la que dirima el porcentaje  de  la bonificación que debe tomarse para efectos de liquidar la pensión. Para  ese  efecto, la entidad debió solicitar la revisión de la tutela o acudir ante  la jurisdicción de lo contencioso administrativo.   

Otros jueces, incluso ordinarios, han resuelto  casos    en   sentido   similar,   como   lo   hizo   el   doctor   Tibaquirá  Bahena,  y  trajo  a colación  algunas  sentencias  del  Tribunal  Contencioso Administrativo de Caldas, en las  que  se  dejó sentado que la liquidación debida es la del 100 por ciento de la  bonificación.   

2.  El     representante    del    Ministerio  Público.   

En  el  fallo  de  tutela,  el  indiciado dio  aplicación  al  artículo  6  del  Decreto  546  de  1971  y  no violó ninguna  garantía,  en  tanto  quiso  amparar  el  mínimo vital de los accionantes, que  pertenecían a la tercera edad.   

Luego de citar el artículo 95 -numerales 1 y  7-  de  la  Constitución  Política,  asevera  que  CAJANAL  ha  abusado de sus  derechos  al  formular diversas denuncias penales contra jueces de la República  olvidando  que  durante  el trámite del amparo no ejerció la contradicción ni  interpuso recurso.   

3.  El    defensor.   

Pidió  se  confirme  la  determinación  del  Tribunal,   en   tanto   no   existió   acto  manifiestamente  contrario  a  la  ley.   

CONSIDERACIONES   

La competencia  

1.  De acuerdo con lo dispuesto en el numeral  3°  del  artículo  32 del Código de Procedimiento Penal de 2004, esta Sala es  competente  para resolver el recurso propuesto, toda vez que se dirige contra un  auto  proferido  en  primera  instancia  por un Tribunal Superior, dentro de una  acción  penal  ejercida contra un Juez Penal del Circuito, por actos realizados  en ejercicio de sus funciones.   

Con  estricto  apego  a  lo  dispuesto  en el  artículo  204  del  mismo  estatuto,  la  Corte  se  contraerá  a examinar los  aspectos  sobre  los  cuales  se  expresa  inconformidad,  incluyendo,  como  lo  autoriza  esa preceptiva, los temas inescindiblemente vinculados al objeto de la  impugnación.   

El    prevaricato   y   su   componente  objetivo   

2.  Antes de abordar el tema propuesto por la  recurrente  es  importante  recordar  que, como lo prevé el artículo 9º de la  Ley  599  de 2000, “para que  la   conducta   sea  punible  se  requiere  que  sea  típica,  antijurídica  y  culpable”.  Igualmente que,  en  lo  correspondiente  al  componente tipicidad, la jurisprudencia ha indicado  que,  “de  una  parte, la conducta debe adecuarse a  las  exigencias  materiales  definidas  en  el  respectivo  precepto de la parte  especial  del estatuto penal (tipo objetivo), tales como sujeto activo, acción,  resultado,  causalidad, medios y modalidades del comportamiento, y de otra, debe  cumplir  con la especie de conducta (dolo, culpa o preterintención) establecida  por  el  legislador  en cada norma especial (tipo subjetivo), en el entendido de  que,  acorde  con el artículo 21 del Código Penal, todos los tipos de la parte  especial  corresponden  a  conductas  dolosas,  salvo  cuando  se  haya previsto  expresamente     que     se     trata     de    comportamientos    culposos    o  preterintencionales”4.   

3.  El  delito  de  prevaricato  por acción,  previsto  en  el  artículo  413  del  Código Penal, comporta, en su estructura  objetiva,   el   proferir   o   dictar  una  resolución,  dictamen  o  concepto  –sentencia   en   esta  ocasión-   manifiestamente  contrario  a  la  ley.  De  manera que no cualquier error o discrepancia en que  incurra  el  servidor  público  constituye  conducta punible, tan solo lo será  aquella  que  sea  ostensible,  cuyo  choque  con  el ordenamiento jurídico sea  patente y grave.   

En   relación  con  el  referido  elemento  normativo,  en  la sentencia del 27 de septiembre de 2002 (radicado 17.680) esta  Sala afirmó:   

“La   jurisprudencia  de  la  Corte,  a  propósito  del  ingrediente normativo manifiestamente  contrario  a  la  ley, es nutrida sobre el alcance de  las  palabras de la ley. Así, por ejemplo, ha dicho que la contradicción entre  lo    hecho    por    el    autor    y    la    ley    debe   ser   ostensible   (26  de  febrero  y  3  de  septiembre  de  1981,  Ms.  Ps.  Alfonso  Reyes Echandía y Álvaro Luna Gómez,  respectivamente);  que  cuando  el  sentido literal de la norma y la específica  finalidad  de  un  texto  legal no son suficientemente claros, mientras éste es  complejo,  o  por su confusa redacción admite interpretaciones discordantes, no  es      posible      hablar      de      un      comportamiento     manifiestamente  ilegal (16 de agosto de  1983,   M.  P.  Alfonso  Reyes  Echandía);  que  la  actuación  adjetivada  de  prevaricante    debe    ser   ostensible     y     manifiestamente  ilegal,  “es  decir, violentar de manera inequívoca el texto y  el  sentido  de la norma” (24 de junio de 1986, M. P. Hernando Baquero Borda);  que  cuando  lo  plasmado por el servidor se ha fundado “en concienzudo examen  del  material probatorio y en el análisis jurídico de las normas aplicables al  caso,  no  puede  pregonarse  la  comisión”  de prevaricato (ibídem); que no  constituye  prevaricato  la  interpretación  desafortunada  de las normas ni el  desacierto  de  una  determinación,  pues  ese  delito  implica  la  existencia  objetiva  de un texto abiertamente opuesto  a  lo ordenado o autorizado por la ley (2 de marzo de 1993, M. P.  Juan  Manuel  Torres  Fresneda); que el tipo de prevaricato exige, como elemento  normativo,  que  la  contradicción  entre  lo  demandado   por la ley y lo  resuelto   sea   notoria,  grosera    o    “de  tal grado ostensible que se  muestre  de  bulto  con la  sola  comparación  de la norma que debía aplicarse” (15 de abril de 1993, M.  P.  Juan  Manuel  Torres  Fresneda); que para hablar de prevaricato es necesario  establecer  cuándo los argumentos del servidor, dentro de un campo determinado,  resultan  aceptables, pues  una  interpretación  loable  frente  a las singulares trazas que ofrece un caso  puede  permitir  el  rechazo  del prevaricato (28 de agosto de 1997, M. P. Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego);  que  si  el  comportamiento del funcionario no está  acompañado  de  razones justificatorias, es decir, acordes con los hechos y con  el  precepto  legal,  si  obedece  a  su  mero capricho, el acto es manifiestamente   contrario  a  la  ley  (ibídem);  y  que  tal  delito  se  configura  si el servidor público profiere  concepto,    dictamen,    resolución,    auto    o    sentencia    manifiestamente   apartado   de   la   norma   jurídica  aplicable  al   caso,   haciendo   prevalecer  su  capricho   sobre   la  voluntad  de  la  disposición  legal, lo que significa comparar el mandato legal contentivo de la  norma  con lo hecho por el funcionario (14 de marzo y 15 de mayo del 2002, M. P.  Fernando Arboleda Ripoll).   

Estas apreciaciones de la Corte coinciden en  todo     con     la     semántica     del     vocablo     pues     manifiesto  es lo descubierto, patente y  claro  (Diccionario de la Lengua Española.   Real   Academia   Española.  Madrid,  Espasa-Calpe,  1984,  20  edición,  Tomo  II,  pág.  867),  razón por la cual es sinónimo de palmario,  indiscutible,    evidente,    abierto,    expreso    y   visible   (Diccionario   Océano   de   sinónimos   y  antónimos. Bogotá, Carvajal. s/f).   

La  interpretación de la Corte también se  identifica  con  el  origen  de  la  palabra pues la cuna latina de manifestar   impulsa   a   pensar   en  descubrir,  mostrar claramente, y a detectar su alcance implícito: que  puede  tocarse o cogerse con la mano  (Guido    Gómez   de   Silva,   Breve   Diccionario  etimológico  de  la  lengua española. México, F. C.  E., 1998, 2a. edición en español, pág. 435).”   

Por consiguiente, no encuadrarán fácilmente  en  el  tipo penal aquellas providencias que resulten del examen complejo de las  distintas  disposiciones  que  regulen  el  asunto propuesto ante el funcionario  judicial,  respecto  de  las  cuales  existan  posibilidades de interpretaciones  discordantes,  toda vez que en el prevaricato el juicio no es de acierto sino de  legalidad.   Así   lo   sostuvo   la   Corte  en  auto  del  16  de  agosto  de  19835:   

“Cierto   que   es  función  del  juez  interpretar  la  ley  y  que  si  en  el  cumplimiento  honesto de esa actividad  consustancial  a  su  cargo se equivoca o decide en detrimento de derecho ajeno,  no  incurre  en  prevaricato  ni  comete  otro  delito,  especialmente cuando la  complejidad    del   texto   examinado   o   su   confusa   redacción   admiten  interpretaciones  discordantes.  Pero cuando el sentido literal de la norma y su  concreta  finalidad  son  suficientemente  claros  y pese a ello se distorsionan  dándoles  un alcance que no pueden tener, cuando esa torcida interpretación no  se  explica por ignorancia o por errónea asimilación de su contenido y cuando,  además,  ella  se  concreta  en  decisión  que conculca indebidamente derechos  legítimos”,  entonces  tendrá que reconocerse que una tal providencia sería  manifiestamente   ilegal   y,   por   ende,   demostrativa   de  prevaricato.”   

El caso concreto  

4.  La  apoderada  de  CAJANAL  –víctima-  está  en desacuerdo con la  decisión  del Tribunal Superior de Manizales, que declaró la preclusión de la  investigación  seguida  contra  el  doctor  Tibaquirá  Bahena,  porque,  a  su  juicio, éste incurrió en el  delito  de  prevaricato al amparar en forma definitiva los derechos invocados en  la  acción  de  tutela  propuesta y ordenar el reconocimiento, en un ciento por  ciento,  del  valor  de  la  bonificación por servicios prestados, así como la  indexación de las sumas dejadas de percibir.   

5.  La  Corte  confirmará el auto impugnado,  habida  cuenta  que  la  conducta  desplegada por el indiciado es atípica en su  componente  objetivo,  pues,  como bien lo expuso el a  quo,  el  fallo  dictado  por  el  doctor Tibaquirá  Bahena  no  es manifiestamente  contrario al ordenamiento jurídico. Estas son las razones:   

5.1. El problema jurídico que se le planteó  al    doctor    Tibaquirá    Bahena    en  sede de tutela se contrajo a determinar si CAJANAL profirió una  decisión  arbitraria  o caprichosa, de modo que quebrantara de manera flagrante  y  grosera  el ordenamiento jurídico y lesionara así derechos fundamentales de  quienes  accionaron;  y, de comprobar la vía de hecho administrativa, verificar  si  a  pesar  de  existir  otro  mecanismo de defensa judicial, era necesaria su  intervención como juez constitucional.   

El  punto central de la discusión versaba en  el  porcentaje de la bonificación que debía tenerse en cuenta para liquidar la  pensión  de  los  demandantes,  el  cual,  como bien lo destacó el Fiscal y el  Tribunal   en   su   providencia,   revestía  complejidad,  dado  que  a  nivel  jurisprudencial el tema no era pacífico.   

5.2.  Mirada  con detenimiento la providencia  proferida  por  el indiciado el 18 de noviembre de 2005, se colige con facilidad  que  no  choca en forma patente con el ordenamiento jurídico, pues se encuentra  soportada  en  disposiciones  legales  y  en  diversas  decisiones  que permiten  arribar  a  la conclusión de amparar los derechos en la forma en que lo hizo el  funcionario.   

En efecto, allí hizo un análisis juicioso de  las  normas  que  regían  la  bonificación  por  servicios prestados, recordó  distintas  determinaciones,  tanto  de  la  Corte Constitucional -atinentes a la  procedencia  del  amparo  en esos eventos y a la necesidad de indexación-, como  del  Consejo  de  Estado -concernientes al cálculo de factores para liquidar la  pensión-,  y  luego, respaldado en un discurso coherente, lógico y debidamente  fundamentado, concedió la tutela como mecanismo definitivo.   

Véase cómo para arribar a la conclusión de  que  CAJANAL  debía  reliquidar las pensiones de quienes propusieron la acción  de  tutela  para  incluir  el  100%  de las bonificaciones, examinó la Ley 4 de  19666   (artículos   4   y  5),  la      Ley      5      de      19697   (artículo  2),  el Decreto Ley 1042 de 19788 (artículos 45,  46  y  48),  y  citó  fragmentos  de  una decisión sobre el punto en la que el  Consejo de Estado reiteraba su jurisprudencia.   

Así  mismo, en lo que toca con la viabilidad  del  amparo constitucional en los eventos en los que al liquidar una pensión no  se  toma  el porcentaje de la base reguladora que fija el régimen especial y la  situación  de  las  personas de la tercera edad, el Juez 7° Penal del Circuito  se  apoyó  en las sentencias de la Corte Constitucional T-299 de 1997, T-997 de  2002 y T-083 de 2004.   

5.3. Importa recordar que la jurisprudencia de  la     Corte     Constitucional     –órgano  de  cierre  de  la  jurisdicción  constitucional-  ha sido  constante  en  sostener que la acción de tutela no es el mecanismo idóneo para  resolver  las  controversias  relacionadas  con pensiones y sus reliquidaciones,  puesto  que  el  ordenamiento jurídico ha previsto otros medios judiciales para  lograrlo  –en este caso la  jurisdicción  de  lo  contencioso administrativo-. No obstante, ha admitido que  ello  puede  tener  lugar en casos excepcionales, cuando se constate una vía de  hecho  administrativa  y  el  otro  medio  de  defensa judicial no sea apto para  lograr  la  protección,  dadas  las especiales y apremiantes circunstancias del  afectado.   

En  ese  orden,  la  protección  del mínimo  vital,  la existencia de una enfermedad grave, o el hecho de que el peticionario  pertenezca  a  la  tercera  edad,  son  situaciones que hacen posible el amparo,  incluso  ante  la  existencia  de  otro  medio  de  defensa.  Por  consiguiente,  corresponderá  al  juez  constitucional  estudiar  con absoluto detenimiento la  cuestión  puesta a su consideración para determinar si, por las circunstancias  en  que  se  encuentra  el  peticionario,  se  hace  necesaria  su intervención  inmediata   y/o   definitiva   para   restablecer   los   derechos  conculcados.   

En  ese  sentido,  se  ha  pronunciado  esa  Corporación  en  las  sentencias T-799 de 2007, T-681 de 2008, T-779 de 2008 y,  concretamente, en la T-083 de 2004 cuando dijo:   

“Aceptar  que  el  juez  de  tutela tiene  competencia   privativa  o  cobertura  absoluta  para  resolver  los  conflictos  relacionados  con  derechos  prestacionales, es entonces desconocer el carácter  extraordinario  que identifica al mecanismo de amparo constitucional, e incluso,  contrariar  su  propio  marco  de  operación,  ya  que,  de  manera general, el  propósito  de  la  tutela  se  orienta  a prevenir y repeler los ataques que se  promuevan  contra  los  derechos  fundamentales  ciertos  e  indiscutibles, y no  respecto  de  aquellos que aún no han sido reconocidos o cuya definición no se  encuentra del todo consolidada por ser objeto de disputa jurídica.   

3.3.  No  obstante  lo  dicho, la regla que  restringe  la  participación  de  la acción de tutela en la protección de los  derechos  prestacionales tampoco es absoluta. Conforme con su propia filosofía,  la   Corte   ha   venido   sosteniendo  que,  excepcionalmente,  es  posible  el  reconocimiento  de esta clase de derechos por la vía del amparo constitucional,  no  solo  cuando  se  ejerce  como  mecanismo  transitorio,  caso  en el cual es  necesario  demostrar  la  existencia de un perjuicio irremediable, sino también  cuando  el  medio  judicial  preferente  es  ineficaz o no es lo suficientemente  expedito  para  brindar  una protección inmediata, circunstancias que deben ser  valorados por el juez constitucional en cada caso particular.   

(…)  

Tratándose    del   reconocimiento   o  reliquidación  de  la  pensión, la jurisprudencia viene considerando que, bajo  condiciones  normales,  la  acciones  laborales  –  ordinarias  y  contenciosas-  constituyen  medios  de impugnación adecuados e idóneos para la protección de  los  derechos  fundamentales  que  de  ella se derivan. No obstante, también ha  sostenido  que,  excepcionalmente,  es  posible  que tales acciones pierdan toda  eficacia  jurídica  para  la  consecución  de  los  fines que buscan proteger,  concretamente,  cuando  una evaluación de las circunstancias fácticas del caso  o  de  la situación personal de quien solicita el amparo constitucional así lo  determina.  En estos eventos, la controversia planteada puede desbordar el marco  meramente  legal y pasar a convertirse en un problema de índole constitucional,  “por  lo  que  el  juez  de  tutela  est[aría] obligado a conocer de fondo la  solicitud  y  a  tomar  las  medidas  necesarias para la protección del derecho  vulnerado          o          amenazado.”9   

4.2. Con base en ello, este alto Tribunal ha  sostenido  que  la  procedencia excepcional de la acción de tutela en los casos  de  reconocimiento  o  reliquidación  de  pensiones,  adquiere  cierto grado de  justificación  cuando  sus titulares son personas de la tercera edad, ya que se  trata  de  sujetos  que  por  su  condición  económica,  física  o  mental se  encuentran  en  condición de debilidad manifiesta, lo que permite otorgarles un  tratamiento   especial   y  diferencial  más  digno  y  proteccionista  que  el  reconocido  a  los  demás  miembros de la comunidad10.  Para la Corte, la tardanza  o  demora  en  la  definición  de  los conflictos relativos al reconocimiento y  reliquidación  de  la  pensión  a  través  de  los  mecanismos  ordinarios de  defensa,  sin  duda  puede  llegar  a afectar los derechos de las personas de la  tercera  edad  al mínimo vital, a la salud, e incluso a su propia subsistencia,  lo  que  en  principio  justificaría  el  desplazamiento  excepcional del medio  ordinario  y  la  intervención plena del juez constitucional, precisamente, por  ser  la  acción de tutela un procedimiento judicial preferente, breve y sumario  de protección de los derechos fundamentales.   

5.4.  En la sentencia que motivó la denuncia  penal,    el   Juez   Tibaquirá   Bahena,   atendiendo   la   jurisprudencia  constitucional  y  contencioso  administrativa,  y  después  de  examinar  las normas legales y reglamentarias,  relativas  a la bonificación de servicios, arribó a la conclusión que CAJANAL  actuó  en  contravía de ellas y que lo ajustado a derecho era que, al liquidar  las  pensiones,  esa  entidad  tuviera  en  cuenta  el  cien  por  ciento  de la  bonificación   y   no   una   doceava,  como  lo  había  hecho  en  los  actos  administrativos.   

La  impugnante  asegura  que  el  indiciado  desconoció  el  Decreto  1042  de  1978  en su artículo 45, que se ocupa de la  bonificación.  No  obstante,  ninguna razón, en orden a explicar la manifiesta  contradicción  con la ley esgrimió la apoderada, y la Corte, luego de leer con  detenimiento  el  contenido  de  esa  disposición,  no  evidencia  que allí se  precise  el  porcentaje en que la bonificación incidirá al momento de liquidar  las pensiones.   

Es   que,   con   independencia  de  si  la  determinación  de tutela fue acertada o no, lo cierto es que, como con claridad  lo  consignó  el  Tribunal,  sobre ese tema no existían posiciones uniformes y  unánimes,  en  tanto  algunos  jueces  se  inclinaban porque se reconociera una  doceava    y,    otros,    porque    fuera    el   cien   por   ciento   de   la  bonificación.   

Dentro  del  primer  grupo,  el  a  quo  trajo  a colación dos decisiones  dictadas,   incluso,   luego  de  la  fecha  del  fallo  del  Juez  Tibaquirá             Bahena11;  y,  en  el segundo, fueron  varias   las   sentencias   proferidas   por   el  Tribunal  de  lo  Contencioso  Administrativo           de           Caldas12.   

5.5.  Ahora  bien, el indiciado halló que se  estaba  en  presencia  de  personas de la tercera edad porque los peticionarios,  según  consta  en el fallo de tutela, tenían edades que oscilaban entre los 55  y  65  años  de  edad.  Esa  circunstancia  permitía  al  juez maniobrar entre  conceder el amparo en forma transitoria o definitiva.   

Si  bien  no  existe un mandato imperativo en  relación  con  ese  punto  y  en  la  jurisprudencia  constitucional  se hallan  órdenes  en  uno  y  otro sentido, lo cierto es que no hay una regla rígida al  respecto  y  el  funcionario  judicial,  en  cada  caso,  habrá de examinar las  especialidades  del  asunto  puesto  a su consideración, como parece lo hizo el  doctor        Tibaquirá       Bahena.   

5.6.  En  lo  que  toca  con  la  indexación  –otro  de  los  reparos  hechos  por  la  impugnante-,  la Corte debe señalar que, en el fallo T-1500 de  2000,  la  Corte Constitucional adujo que la tutela no resultaba procedente para  cobrar  los  “intereses moratorios que producen las  acreencias  laborales  dejadas de cancelar en forma oportuna. La correspondiente  indexación  sobre  los dineros dejados de percibir en tiempo, como consecuencia  de  la demora en el pago de las mesadas pensionales no  puede  ser cobrada a través de la acción de tutela,  como  quiera que éste es un asunto que involucra aspectos eminentemente legales  -tales   como   la  valoración  y  liquidación  de  intereses-.”   

Ello, sin duda, no fue lo que aconteció en la  tutela  que  resolvió  el indiciado, porque en ella los accionantes acudieron a  la  jurisdicción  constitucional  en  procura  de  que  se  les  reliquidara su  pensión,  habida  cuenta  que  la  administración  no lo había hecho en forma  correcta    por    dejar    de    incluir    unos    porcentajes    –el de la bonificación-.   

Además, han sido múltiples las decisiones de  esa  corporación  en  las que se ha afirmado que el derecho a mantener el poder  adquisitivo  de  las  mesadas  pensionales  y  el derecho a la indexación es un  mandato                 constitucional13 y que el retardo irrazonable  de  la  administración  implica  desidia  y  abuso  en  detrimento  del ingreso  real14.   

Por  consiguiente,  razón  le  asistió  al  a   quo   al  decretar  la  preclusión  de  investigación  por  atipicidad  objetiva  de  la  conducta. En  consecuencia, la providencia será ratificada.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

Primero. CONFIRMAR el  auto  proferido  por  el Tribunal Superior de Manizales el 5 de febrero de 2013,  en  virtud  del  cual  declaró  la  preclusión de la investigación adelantada  contra    el    doctor    Luis   Alberto   Tibaquirá  Bahena.   

Segunda.   Esta  decisión  se  notifica  en  estrados y contra ella no procede recurso alguno.   

Comuníquese,   notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ  CAMACHO   

            

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ             

GUSTAVO ENRIQUE MALO  FERNÁNDEZ  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

            

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA  YOLANDA NOVA GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Magola  Marulanda  de  Escudero,  Yolanda  Velásquez de Orozco, Miriam Cristina  Trejos  Reyes,  Margarita  Restrepo  de Agrado, Guillermo Trujillo Aristizábal,  María   Amparo   Gómez  Henao,  Roberto  Ocampo  Aristizábal,  Antonio  José  Martínez  Murillo,  Arles José Castañeda Blandón, Diego Luis Bartolo Bañol,  Omar  de  Jesús  García Villegas, María Alicia Cañas Ramos, Aquilino Cabezas  Delgadillo,  Jairo  Acosta  Alzate,  José  Jesús Zuluaga Arce, Carlos Humberto  Betancurt  Gutiérrez, Danilo Céspedes Macías, Víctor Julio Ramírez Giraldo,  María  Amparo  Giraldo  Orozco,  Haydee  Vargas  Toro, Darío Aguirre Quintero,  José   Olarte   Valencia,   José  Sigifredo  Cataño  García  y  Joel  Alzate  Botero.   

2  Heriberto Reyes Navarro.   

3  Folios 40 a 61 del cuaderno principal 1.   

4  Cfr.  Sentencia  del 14 de  noviembre de 2012 (radicado 39.883).   

5 M.P.  Alfonso    Reyes    Echandía    en    Gaceta Judicial Penal, 2412, Tomo 173, 1983, p 478.   

6  Por  la  cual  se provee de nuevos recursos a la Caja  Nacional  de  Previsión  Social,  se  reajustan  las pensiones de jubilación e  invalidez y se dictan otras disposiciones.   

7  Por  la  cual se aclara el artículo 12 de la Ley 171  de   1961,   y   el   5   de   la   Ley   4a.   de   1966,  y  se  dictan  otras  disposiciones.   

8  Por       el      cual      se      establece  el  sistema de nomenclatura y  clasificación    de    los    empleos   de   los   ministerios,   departamentos  administrativos,   superintendencias,   establecimientos  públicos  y  unidades  administrativas   especiales  del  orden  nacional,  se  fijan  las  escalas  de  remuneración   correspondientes   a   dichos   empleos   y   se   dictan  otras  disposiciones.   

9  Sentencia T-076 de 2003, M.P. Rodrigo Escobar Gil.   

10 Cfr.  las  Sentencias  T-111  de  1994 (M.P. Antonio Barrera Carbonell), T-292 de 1995  (M.P.  Fabio  Morón  Díaz),  T-489  de  1999  (M.P.  (e)  Martha Victoria  Sáchica  de  Moncaleano)  y  T-  076  de 2003 (M.P. Rodrigo Escobar Gil), entre  otras.   

11  Consejo  de  Estado,  Sección  Segunda,  Subsección  B, en sentencia del 23 de  febrero   de   2012  (radicado  52001-23-31-000-2009-00288-01,  número  interno  1072-11;  y  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, proveído del  18 de noviembre de 2010.   

12 Del  28  de  julio  de  2005  (radicado  20030201),  19  de octubre de 2006 (radicado  20050213),  4 de diciembre de 2008 (radicado 17-001-33-31-004-2006-00085-01), 19  de diciembre de 2008 (radicado 17-001-23-00-2006-00552-00).   

13  Cfr.  Sentencia  T-1059 de  2007.  En igual sentido, T-102 de 1995, C-862 de 2006, C-891A de 2006 y T-799 de  2007.   

14  Cfr.  Sentencia  T-260  de  1994.     

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