40581(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado      Acta     No.60.     

Bogotá,  D. C., veintisiete (27) de febrero  de dos mil trece (2013).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos   que   condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  OMAR DAVID DE LA HOZ  GUTIÉRREZ,   contra   el   fallo   del  Tribunal   Superior   de   Barranquilla1, que  confirmó    en    su    integridad    el               proferido  por el  Juzgado  Único Penal del Circuito Especializado de la  misma  ciudad,  el  cual  le  impuso  al inculpado, la  pena   de   40  meses  de prisión, por la consumación a  título   de   autor  de  los  punibles  de  tráfico,  fabricación  y  porte  de  armas  y  municiones de uso privativo de las fuerzas  armadas   en   concurso   con   el   de  utilización    ilegal    de   uniformes   e   insignias.   

H    E    C    H   O   S   

El 3 de agosto de 2010,  

El 5 de junio de 2008, a la 1:40 p.m., en la  calle  61  No.  14-54  de  Bogotá  (en  el  interior  de un taller industrial),  ALEX  ORTIZ BRAVO accionó el  revólver    Llama,   calibre   38   contra   la   humanidad   de   Jhonatan    Ricardo    Palomo   Quimbaya,  produciéndole  una  herida  en  el  abdomen:  víctima trasladada a la clínica  Palermo donde falleció a consecuencia de tal lesión.    

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1.  El   6  de  junio  de 2008, ante el  Juzgado 16 Penal Municipal con funciones de control de  garantías  de  Bogotá, se llevó a cabo audiencia   preliminar   concentrada   de  legalización  de  captura,  formulación  de  imputación  por  los  delitos de  homicidio  en  concurso  con  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones   e  imposición  de  medida  de  aseguramiento  contra  ALEX ORTIZ BRAVO.   

2.  El  4 de julio  siguiente,  suscribió  el  inculpado,  en  asocio con su defensor, acta     de     preacuerdo,  en donde aceptó los reatos de homicidio  dolosos  y  el  porte  ilegal  de  armas  a  él  endilgados,  descritos  en los  artículos  103  y 365 de la Ley 599 de 2000, por ello, acordaron una rebaja del  50%   de   la   pena   que   en   su   momento   deba   ser  degradada  por  los  juzgadores.   

3. El 4 de julio de  2008,     el     Fiscal    34    Especializado    de  Bogotá, presentó escrito de  acusación, contra ALEX ORTIZ  BRAVO,    por  los  punibles  aludidos  y,  el  26  agosto,  se  llevó a cabo  audiencia      de      preacuerdo,  donde  la  Juez  al  comprobar  la  pretensión del procesado, lo  aprobó,  una vez, le explicó sus derechos y las consecuencias jurídicas de su  determinación.   

4.  El 2 de febrero  de  2010,  en  el  desarrollo  del incidente de reparación integral, la defensa  técnica  del  procesado,  peticionó la nulidad del preacuerdo, toda vez que en  su  sentir,  las  pruebas  indicaban que  Jhonatan  Ricardo   Palomo   Quimbaya,  murió  a  causa  de  un  accidente,  motivo  por  el  cual,  el  punible  imputado  debió  ser homicidio  culposo.   

Ante esto, el 28 de abril siguiente, el Juez  Colegiado,  confirmó  el  auto objeto de apelación, toda vez que, el implicado  aceptó  cargos  de  manera voluntaria –con  total  asesoría  de su defensor de confianza- por el delito de  homicidio    doloso,   en   forma   igual,    en   los   actos   procesales  correspondientes  tanto  el  Fiscal  como la Juez le explicaron a las partes las  consecuencias  jurídicas de esa terminación anticipada de proceso, a más que,  las   diferencias   dogmáticas   entre  dolo  y  culpa  fueron  “objeto   de   discusión   en   la  audiencia  de  formulación  de  imputación  y  era aspecto trascendental en la decisión al renunciar al juicio  y  la  defensa”,  por  tanto,  acordaron los limites  punitivos     en     los     que     deberían    moverse    los    funcionarios  judiciales.      

5. El incidente de  reparación  integral  fue  finiquitado  en  la  tercera audiencia (de pruebas y  alegaciones)  debido  a  que  el  apoderado  de  las  victimas  le informó a la  administración  de  justicia,  el  deseo  de  sus  mandantes, de renunciar a la  continuación   de   dicho   trámite,   motivo   por   el   cual,  se  dio  por  terminado.    

6. El 14 de marzo de  20011,  el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  con  funciones     de     conocimiento,     condenó  a  ALEX  ORTIZ   BRAVO,  a   la  pena  de  110  meses  de prisión, así  miso,  lo  privó del derecho de tenencia y porte de armas de fuego y municiones  por  el  mismo  término,  por  la  consumación  de  los punibles referidos, en  calidad     de    autor    material;    como  sanción accesoria, lo inhabilitó en el ejercicio de derechos  y  funciones públicas por igual lapso y declaró que no se hacía acreedor a la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena privativa de la libertad.   

7. El 25 de mayo de  2011,  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,                  confirmó           parcialmente  el  fallo  recurrido  por la  defensa       técnica,       en       el      sentido      de      absolverlo  por  el delito de porte   ilegal   de  armas  de  fuego,  en  consecuencia,  le  dedujo  las  penas  principales  y  accesorias a 104  meses  de prisión; por otra parte, el  mencionado  interviniente recurrió en sede extraordinaria la sentencia aludida:  libelo que la Sala entra a calificar.   

D    E    M    A   N   D   A     

Bajo   la   égida   de   la  Ley  906  de  2004, artículo 181,  la  profesional  del derecho, elevó  dos  ataques contra el fallo  expedido por el Juez Colegiado.   

Primer   cargo:  Nulidad.   Elevado   por  violación  al  debido  proceso (principio de legalidad), por infracción de los  artículos  29 de la Carta Política, 6 de la Ley 599 de 2000 y 6 del Código de  Procedimiento penal vigente.   

En el desarrollo de la censura, citó algunas  decisiones  de  la  Corte  Constitucional  y  de  esta  Sala;  incluso,  trajo a  colación  los  principios de igualdad de armas, legalidad estricta, presunción  de  inocencia,  imputación  fáctica  y  puntualizó  sobre  la  estructura del  delito,  a  fin  de  demostrar  que  en  el  expediente no existe ninguna prueba  demostrativa del dolo en el actuar de su representado.    

Acto  seguido,  indicó  que los preacuerdos  deben  ser  realizados  con  base  en  el  axioma  de  estricta  legalidad, para  aprobarlos  o  no. Aquí los falladores ignoraron que su prohijado y la víctima  “estaban    jugando   con   el   arma”,  motivo  suficiente  para  condenarlo  por homicidio culposo y,  como  ello  no  fue  así,  se  violentó  el principio aludido, “con   lo   anterior   se  denotaría  la  trascendencia”.    

Segundo   cargo:  vía directa. Sustentado por  aplicación  indebida  de  los  preceptos  12,  22 y 103 de la Ley 599 de 2000 y  exclusión  evidente  de  los  artículos  23,  109 del mismo estatuto punitivo,  junto    con    el    29   de   la   Constitución   Política   (principio   de  favorabilidad).   

Luego,   sentó   su  discurso  en  sendas  jurisprudencias  de  ambas  Cortes y en algunos doctrinantes de vieja data, para  en   forma  posterior  hablar  de  la  culpa  con  representación  –el  autor  confía  en poder evitar el  resultado   contrario   a  derecho-   y  en  el  dolo  eventual  –el  resultado  se  percibe  como probable pero se deja al azar-, siendo aplicable a su prohijado la  primera  tesis jurídica, toda vez que, “nunca quiso  el  resultado”,  en  tanto,  las  instancias, jamás  estudiaron  la  culpabilidad  de su prohijado, “sino  que  se estableció que el (sic) había aceptado el homicidio simple, razón por  la  cual, simplemente profirió sentencia sin realizar  dicho análisis”.   

En su opinión, su poderdante exclusivamente  violó  una infracción al deber objetivo de cuidado, pues en ningún momento se  representó  el resultado ni hubo intención del enjuiciado de causar daño; por  tal   motivo,  se  transgredió  la  ley,  “lo  que  demuestra  que  efectivamente  nos encontramos ante un hecho que fue culposo por  imprudencia”,  en  esas  condiciones, pidió a favor  del  condenado  sentencia de reemplazo: todo lo cual, en su sentir, demuestra la  trascendencia del cargo.    

C O N S I D E R A C I O N E S   

1.   Cuestión   previa.   La  Corte  viene  señalando,  que  con  la  entrada  en vigencia del  sistema  procesal  penal  acusatorio  previsto en  la  Ley   906   de 2004, se amplió el radio de acción para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  pues  en  la actualidad la  impugnación  es susceptible contra decisiones de segunda instancia dictadas por  los     diversos     Tribunales     de     Distrito  Judicial asignados en el territorio nacional, atacando  los  fallos  de condena o absolución, sin tener en cuenta como presupuesto para  su  admisibilidad  el  quantum  mínimo  de  pena  descrito  en  cada  injusto  típico,  como  lo imponían las  legislaciones anteriores.   

En esencia, para ser admitida la demanda, el  censor  debe  tener  interés,  formular  y  desarrollar  los  ataques contra la  sentencia  de segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de derechos  y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además, materializar el  contenido  del  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  en el entendido que una de las obligaciones al  confeccionarla   es   demostrar   la   necesidad   de  intervención  de  la Corte para el logro de cualquiera  de los fines establecidos por el instituto.   

Siendo   ello   así,   el   Principio  de  Intervención  debe  ser el  norte  del  profesional  del derecho, pues integra cuatro aspectos teleológicos  que    se   traducen   en   el   espíritu   de   las   censuras:   (i)  la  efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  (iii)   la   reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  y  (iv)  la  unificación de la  jurisprudencia.   

Estos  propósitos  se  deben  conjugar,  en  armonía,  coherencia  total  y  avenencia  con  los progresos jurisprudenciales  cristalizados  en  punto de los supuestos requeridos para atacar y demostrar los  posibles  yerros  conculcados por los funcionarios judiciales, sin ser permitido  desligar,    apartar    o   separar   el   trípode   casacional:   fines,  causales  (debida   sustentación)  y  trascendencia;  excepto  cuando  la Sala advierta, que  por   vigencia   de   derechos   y  garantías  fundamentales  constitucionales,  obviamente  vilipendiados  en  instancias, implique casar de oficio la decisión  del  Juez  Colegiado,  desde luego, con base en motivos diversos a los expuestos  en  la demanda o exhibidos sin ninguna temática extraordinaria, tal es el caso,  cuando  solo enuncian el planteamiento jurídico sin ningún desarrollo debido o  el    ataque    es    incoherente    y    confuso,    contra    sus    anheladas  pretensiones.      

El anterior criterio se consolida al entender  que  la  Corte de Casación Penal, jamás ha predicado la inexistencia, ausencia  o  falta de los requisitos formales para decidir de fondo el caso o el éxito de  la   demanda   en  el  nuevo  esquema  procesal  penal  acusatorio;  todo  lo  contrario,  el  recurso en esta  sede,    no    perdió    su    entidad   de   juicio  lógico-argumentativo,  pues el libelo deberá cumplir  pautas    que   impidan   concebirlo   como   tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen presupuestos  racionales  de no contradicción, claridad y precisión. Tampoco le corresponde,  en  consecuencia,  interpretar  las  alegaciones  de los recurrentes2,   rehacer,  modificar, readecuar o transformar el fondo de los ataques.   

La  Sala,  por  tanto, viene sosteniendo que  para  admitir  o  seleccionar  un escrito forjado     con     esos    designios,  es  decir,  casar  la  sentencia  impugnada,  él  mismo  tendrá  que  sujetarse al cumplimiento de los presupuestos formales consagrados  en  el  artículo  184,  ordinal 2° de la Ley 906 de 2004, con el propósito de  demostrar    la    evidente    vulneración   a   los   derechos   fundamentales  constitucionales  en cualquiera de sus enunciados cognoscentes y extraordinarios  por  parte  de  los intervinientes con la actuación penal; siendo ello así, se  deben    tener    siempre    presentes    los    principios    de   taxatividad,          claridad,        autonomía,       razón       suficiente,       no  contradicción,              limitación,          objetividad,  comprensión  y  precisión,  entre  otros,  para  –de la  mano  con  ellos-  desplegar  una  argumentación  puntual  y  razonable, habida  consideración  de  compendiar  en las censuras, aquellos errores de juicio o de  actividad  en  los  que  pudieron  haber  incurrido  los  juzgadores,  a  fin de  evidenciar,  por  ejemplo, la efectiva e indiscutible normatividad jurídica que  debió  regir  el  asunto,  la  adecuada  y  legal  valoración  de  los  medios  probatorios    o    desentrañar   manifiestos   desfases   contra   el   debido  proceso.      

También  ha  indicado la jurisprudencia, en  numerosas    oportunidades    que    (i)    la    correcta    selección    de   la   causal,   (ii)  el  interés del actor, (iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  (iv)  la  puntual  fundamentación  fáctica y jurídica y (v)  el cumplimiento de al menos uno de los fines del instituto, marcan  la  pauta  para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del fallo en  atención al artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

De  cara  al segundo referente disciplinado,  se  tiene que el interés   se  halla  intrínsecamente  relacionado  al  concepto de agravio, perjuicio o daño  que,  desde  luego,  tiene  que afectar los derechos fundamentales de las partes  con  la decisión por ellos recurrida en sede extraordinaria; sin embargo, si el  interviniente  no  sufrió  ningún  menoscabo  real  u  objetivo  con  el fallo  atacado,      tampoco,      como      es     obvio,     tendrá     interés  en  cuestionarla,  justamente,  porque  no  habrá  ninguna  garantía  que  subsanar  ni  se  podrá, por ende,  restablecer  alguna  norma  constitucional  o legal de las llamadas a regular el  caso,  sencillamente porque no existe vulneración a la legalidad del proceso en  sus     disímiles     expresiones     cognitivas3.   

2. Oportunidad para interponer el recurso de  casación.  El artículo 98  de  la  Ley  1395  de  2010,  modificó  el  precepto 183 de  la  Ley  906  de  2004,  en  punto  de las exigencias procesales para iniciar el  trámite  de  casación,  por  tal  razón, la Sala constata, que en el presente  caso,  se  dio  estricto  cumplimiento  a  los presupuestos allí plasmados, por  parte  del  Juez  Colegiado;  motivo esencial y suficiente para continuar el estudio del libelo.   

3.     Caso     concreto. La Corte   advierte   que  los  dos  ataques  formulados  contra  la  sentencia  de segundo nivel expedida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá, no reúne  los  mínimos  presupuestos  de coherencia y lógica-argumentativa descritos por  la  jurisprudencia  para admitir la demanda  presentada a favor del hoy condenado ALEX  ORTIZ   BRAVO,  con   el  fin  de  lograr  la   infirmación  de  la  decisión  cuestionada,   en   tanto,  la  defensora  incurrió  en  graves,  múltiples  y  exacerbadas  falencias,  las  cuales atentan contra la filosofía que inspira el  recurso extraordinario de casación.   

Menos  aún  puede  entenderse los reproches  como  nuevas  rutas  para confeccionar escritos de libre importe y, ensayar, por  ese  camino,  derrumbar  la doble presunción de acierto y legalidad inherente a  las  decisiones  concebidas  en  los  proveídos; tampoco consiste en añadir un  cúmulo  de  ideas  disgregadas  y  fragmentadas  en los libelos en búsqueda de  fines  jurídicos subjetivos o hipotéticos para asegurar un posible éxito, tal  como lo plasmó el impugnante.    

Como  metodología,  la  Sala  abordará  el  estudio   de   las  censuras  en  bloque,  estableciendo  aquellos  puntos  más  sobresalientes,  a  fin  de  determinar de manera precisa los desatinos de mayor  impacto  lógico  argumentativo,  con  el  inmediato  objeto  de  brindarle a la  defensora suficiente claridad en torno a sus dislates.    

Sobre  la nulidad:  los   sentidos   de  embate  dispuestos  por  la  Ley  y  desarrollados  por  la  jurisprudencia  de  cara  a las críticas seleccionadas por la recurrente, no se  pueden  aproximar  a  cualquier discurso con el que se pretenda su declaratoria,  en  tanto,  ella en sí, encierra, unos presupuestos mínimos de argumentación,  precisión  y  alcance,  sin  estos,  la  arremetida  contra  la legalidad de la  actuación  queda huérfana, solitaria y carente de sentido; incluso, es preciso  explicar,  que cada censura presentada por esta arremetida, tiene un tratamiento  independiente,  debiéndose  identificar  la  clase  de  falencia  (estructura o  garantía),  denunciando  el  sentido en forma autónoma sin mezclar violaciones  al  debido  proceso  entre  sí,  o al derecho de defensa (técnico y material).   

El  postulado  de  prioridad,  de  igual  modo,  debe  ser  el  norte del  libelista,  con  el  objeto  de  explicar  qué  ataque  de  los  potencialmente  presentados  por  esta  prerrogativa  –entre  varias  alternativas-  tiene  mayor  entidad  o extensión de  lesión  en  el  proceso;  por  estas  razones,  dicha  labor  es  exclusiva del  demandante,  pues  de prosperar el que reúna tales características judiciales,  superaría  a los demás; también tendrá como labor esencial, pormenorizar las  normas  sustanciales  virtualmente  vilipendiadas  y,  desde  luego,  mostrar un  desarrollo   inherente   a  la  legislación  base  de  su  reparo,  indicar  la  repercusión  final  y  trascendente  de cada nulidad propuesta y señalar desde  qué  instante solicita su declaratoria, respaldando sus pretensiones, en cargos  separados, como es obvio, si son varios los embates.    

Lo  precedente, por cuanto, la nulidad es un  remedio  extremo  que busca revertir el derecho quebrantado y dejar incólume la  estructura  del  proceso; entonces, es compromiso del recurrente argumentarlo en  ilación  con  las  pautas  expuestas  y  demostrar  objetivamente la existencia  material  de  la  infracción junto con la correspondiente consecuencia, pues no  cualquier  falencia  que  se alegue rompe el equilibrio jurídico previsto en el  artículo 29 de la Constitución Nacional.   

Por  consiguiente,  si  se  quiere  proponer  alguna,  como  la  alegada,  incumbe  señalar  cómo  se  fracturaron las bases  legales,   ya  sea  en  su  aspecto  formal  o  conceptual,  de  qué  forma  se  quebrantaron  las  garantías  exigidas,  cuáles  fueron las repercusiones y el  daño  causado  con  tales  vulneraciones  en  desmedro  de  la  ley como de los  intervinientes,  hasta qué acto procesal y por qué en el caso indicado habría  que  retrotraer  lo  actuado  en instancias; entre otros presupuestos, descritos  ampliamente      por      la      jurisprudencia4.   

Sin  que olvide el demandante los principios  que  las  rigen  como  el  de  taxatividad:  sin  norma  precedente  y  exacta  jamás se podrá alegar alguna  nulidad,   de   él   dependen  y  se  enmarcan  para  generar  su  pertinencia;  convalidación, finalidad  de los actos, entre otros, a fin  de  fortalecer  la  infirmación del último fallo: tópicos a los que jamás se  refirió el demandante.   

Ellas, además, se rigen por el postulado de  trascendencia en sus diversas  connotaciones  epistemológicas;  por  un  lado,  la  exclusiva  irregularidad o  menoscabo  a  la  ley,  no  es  presupuesto dominante para su configuración; se  requiere,  en  segundo lugar, el efectivo detrimento, perjuicio o lesión de los  derechos  y  garantías  adquiridas  por  los  intervinientes  o  partes  en  la  dinámica  judicial;  en  tercer   término,  es  obligación  del  jurista  mostrar  en  interés  legal  de  su  representado  las  bondades,  beneficios y  ventajas5 del ataque propuesto.   

Cada  caso de estudio deberá someterse a un  nuevo  escrutinio  o  filtro  jurídico,  en  pos  de  evidenciar  si la nulidad  corresponde  declararla total o parcialmente: esta última opción, entre otras,  trae  consigo  corregir  el  yerro en la sentencia de casación cuando su efecto  jurídico  se  pueda conjurar o desglosar desde este concluyente pronunciamiento  de  la jurisdicción ordinaria, es decir, en cuanto sus consecuencias procesales  se  puedan normalizar, enderezar y reivindicar excluyendo el vicio sin necesidad  de  retrotraer  lo  actuado.;  lo cual dependerá del momento procesal en que se  haya  materializado  o  generado  la  infracción  a la normatividad sustancial.   

Lo   dicho   permite   afirmar   que,   la  transgresión  al  debido proceso o al derecho de defensa (técnico o material),  debe  ser de bulto, grosera, que pretermita u omita un acto procesal distinguido  por  la  ley  y  al  que  obligatoriamente los funcionarios deban acceder, desde  luego,  evitando  su  no  conculcación  o,  si  se  quiere, garantizándole los  derechos  constitucionales  fundamentales  a  los  intervinientes,  en todos los  frentes judiciales.   

Son  múltiples  y  complejos  los  yerros  detectados.   

Primero: ninguna de  las  pautas  expuestas  fue atendida por la memorialista, con lo cual, su ataque  se  muestra  insustancial  y  fuera  de  toda  lógica argumentativa, más aún,  cuando  en  la  motivación  del  primer  cargo,  quiere imponer su criterio por  encima   del   de   las   instancias,   desconociendo   el  preacuerdo  aceptado  voluntariamente  por  su  prohijado,  previo  asesoramiento  del defensor que la  antecedió   en   el   cargo,   el   que   fue   aprobado  por  la  Juez  28  Penal  del Circuito de Conocimiento de Bogotá,  el  25 de agosto de 2008, en audiencia y quien le advirtió a las  partes   (en   especial  al  inculpado  y  su  defensor)  junto  con  el  Fiscal  –en  su  momento-,  los  beneficios,    derechos,    privilegios    punitivos    y    consecuencias   del  preacuerdo.    

Segundo: trajo una  variedad  de  temas  sin el debido desarrollo jurisprudencial y enunciados en un  mismo  texto  explicativo:  postulados de igualdad de armas, legalidad estricta,  presunción   de   inocencia,   imputación  fáctica  y  generalizó  sobre  la  estructura del delito.   

Tercero: al afirmar  la  demandante  que  en el expediente no existía ninguna prueba para deducir el  dolo,  en un mismo texto explicativo, mezcló en forma indiscriminada institutos  jurídicos  excluyentes, los cuales deben ser revelados por separado, esto es la  vía  indirecta  en  oposición  a  la  nulidad:  con  tal  actuar  vulneró  el  postulado  de  autonomía     propio    del    recurso  extraordinario,   puesto   que   cada   embestida   conlleva   un   razonamiento  independiente   y,   al   combinarlos,   se   tornan   confusos   e  imprecisos,  desapareciendo  de  contera  su  alcance,  validez y efectividad;  y si tal  aserción  se  plasmó  como  una  motivación  más del cargo, ella en esencia,  resulta   genérica,  hipotética  y  fuera  de  contexto,  justamente,  por  la  terminación  anormal  del  proceso,  producto  del  preacuerdo  suscrito con el  fiscal y aprobado por la judicatura.   

Cuarto: inundó la  censura  de  afirmaciones  subjetivas e individuales, al decir, por ejemplo, que  la  víctima  y  el  agresor “estaban jugando con el  arma”  e,  incluso,  quiere  cambiar  los  aspectos  fácticos  declarados por las instancias, cuando insiste en que fue un accidente  propio  de  la  imprudencia de su prohijado, sin escrutar lo argumentado por las  instancias sobre el dolo.   

Sin  que  se entienda como una respuesta de  fondo  sino  en  virtud  del  ejercicio didáctico que viene realizando la Sala,  como  una  garantía  más de los derechos constitucionales fundamentales de las  partes,  la  Sala  ampliará aún más las explicaciones en torno a los dislates  que presenta la demanda con lo expuesto por la magistratura:   

La  relación  de  amistad  y  carencia de  conflictos  entre  el  obitado y ALEX ORTIZ BRAVO no desvirtúa la presencia del  dolo  eventual  porque lo que configura tal categoría de la conducta punible no  es  el  acto finalístico que  persiga el agente en su acción lesiva, sino  la  posibilidad  razonable de un riesgo no permitido e incontrolado, de modo que  la  suerte  o  la causalidad deban interponerse para la no realización del tipo  penal  como  aconteció  en  este caso en que el procesado asegura que pensó no  había  pasado  nada después del disparo, premisa que refleja el margen de azar  o  eventualidad  al  que dejó librada la consecuencia del accionar del arma con  detrimento y riesgo concreto sobre la vida de su amigo.   

No  se  puede  sostener  que  la  conducta  materializada  por  estas  específicas circunstancias fácticas sea producto de  culpa  o  negligencia  de  ALEX ORTIZ BRAVO, pues la manipulación del arma y el  impacto  posterior sobre la humanidad de la víctima se causaron por un accionar  voluntario,  alimentado  por  el  conocimiento  y  la  conciencia  de la acción  ejecutada,  sabiéndose  del daño que sobrevendría y negándose a evitarlo, lo  cual   difiere   sustancialmente   de  una  conducta  imprudente,  descuidada  o  negligente  en  el  sentido  que  no existe ni asomo que el arma se disparó por  fallas  mecánicas  o  por  la  acción  de  fuerzas externas como un golpe o un  forcejeo  o  que  los  sentidos  de  percepción  de  la  realidad del procesado  estuviesen  afectados de alguna manera, contrario sensu, los elementos de prueba  demostraron  que  tenía  conocimiento  de  la situación y su peligrosidad, del  riesgo  no  permitido  que  creaba y que asumió como propio al accionar el arma  contra  su  compañero  con  conciencia  plena  de la superlativa posibilidad de  herirlo      o      causarle      la      muerte6.   

Sobre  la  vía directa de violación de la  ley  sustancial.  Si  el demandante elige esta ruta de  ataque,  para  minar  la decisión judicial revelada por el Juez Colegiado, como  es  obvio,  contraria  a  sus  intereses  jurídicos,  le es obligado centrar su  inconformidad en uno de los siguientes tres eventos:   

Dos de ellos se relacionan con defectos    de    selección   negativos   y   positivos:   el  primero  tiene  capacidad  extraordinaria,  cuando  los  funcionarios, no ajustan al caso  objeto  de  estudio,  la  norma  real  y efectiva que en derecho se acople a los  hechos   materia   de  investigación  y  juzgamiento,  es  pues  una  falta  de  aplicación  o exclusión evidente de un precepto que debería entrar a regir el  caso;   por   el  contrario,  el  segundo,  se  presenta cuando a la conducta prohibida por el legislador, se  aplica   un  mandato  que  nada  tiene  que  ver  con  el  asunto  puesto  a  su  consideración.   

En           tercer lugar, yace en el mismo cuerpo, un  último  sentido  de  ataque contra la decisión judicial, plasmado por la ley y  desarrollado      por     la     jurisprudencia,     denominado     interpretación  errónea, el cual entiende  que  la  norma  que  recoge  la  acción ilegal, fue debidamente elegida por los  juzgadores,  no  obstante,  la  judicatura  concibió y generó de ella, efectos  jurídicos  diversos  a  los  que  el  mismo  canon ostenta, tiene o brota de su  espíritu  al  extender  consecuencias no idóneas a sus postulados, es pues, un  yerro  de  intelección  o  más  exactamente  de  comprensión normativa.    

En las tres modalidades de postulación que  se  pueden  erigir  contra la sentencia de segundo nivel, el impugnante tiene la  ineludible  obligación  de  dejar  indemne  el  plexo  probatorio y no intentar  modificar,  variar  o  transformar  los aspectos fácticos declarados y juzgados  por  las  instancias;  es  decir,  su  deber  profesional tiene una restricción  objetiva:  admitir  los  hechos  antijurídicos objeto de reproche penal como el  análisis  suasorios  generado por la judicatura a las pruebas; por tanto, todas  sus   reflexiones  tendrán  como  meta  epistemológica  demostrar  potenciales  falencias   de   cara  al  derecho  aplicado  al  caso,  mediante  un  ejercicio  rigurosamente  normativo  y  correlacionado,  como  es  obvio,  a  cada  caso en  particular.   

Quinto:   la  defensora,  en el presente ataque, también impuso su personal entendimiento del  caso  sobre  el  de las instancias, a más que con un efímero desarrollo, quiso  tumbar  la  presunción  de  acierto  y legalidad de los fallos, lo cual para el  caso  de  estudio,  es  extravagante e incomprensible, en la medida que pretende  desconocer  el  preacuerdo  sobre la base de su personal valoración probatoria,  sin  adentrarse  en  los  contenidos judiciales que le están informando todo lo  opuesto,  es  decir,  no atacó el juicio en derecho aplicado por los juzgadores  que  dijo  cuestionar,  pues  no  basta  con sostener que su prohijado obró sin  intención,  que  no  se  presentó  ningún  dolo,  menos  eventual,  porque lo  acontecido  lo  rodeo  un  acto  accidental  e  imprudente,  sin embargo, jamás  sopesó  las valoraciones de la magistratura de manera seria, coherente y acorde  con su pretensión.   

Sexto: tampoco tuvo  presente  la  línea jurisprudencial en sede extraordinaria cuando se demanda en  casación  aspectos de allanamientos o preacuerdos en el nuevo régimen procesal  penal:   

La Ley 906 de 2004 en orden a la censura de  la  sentencia  proferida como resultado de las políticas del consenso, esto es,  de  los  preacuerdos y negociaciones, no reprodujo las restricciones para apelar  la  sentencia anticipada de que se ocupaba el art. 40, inciso 10º de la Ley 600  de  2000,  la  cual  en  su texto regulaba el “interés para recurrir” dando por  establecido que:   

Contra   la  sentencia  procederán  los  recursos  de  ley,  que  podrán interponer el Fiscal General de la Nación o su  delegado,  el  Ministerio  Público;  el  procesado y su defensor respecto de la  dosificación  de  la  pena, de los mecanismos sustitutivos de la pena privativa  de  la  libertad y la extinción del dominio sobre bienes. La parte civil podrá  interponer recursos cuando le asista interés jurídico para ello.   

Bien  puede afirmarse que el predicado del  artículo  293 inciso 2º referido a la imposibilidad de retractación por parte  de  los  intervinientes  una  vez  se  hubiese dado el examen de juridicidad del  acuerdo  y  la  aceptación  del  mismo  por  parte  del  juez  de conocimiento,  contrae  una  limitante  para  impugnar  los aspectos  sustanciales  que  hubiesen  sido objeto del consenso… traduciéndose conforme  al  criterio  de “interés para recurrir” que en principio los intervinientes en  el  acuerdo  aprobado,  carecen  de  legitimidad para desarrollar censuras en la  pretensión  de lograr la revocatoria o modificación de aspectos de atribución  típica,   grados   de   participación,   circunstancias  modales,  adecuación  antijurídica,    expresiones   de   culpabilidad,   agravantes   genéricas   o  específicas,  etc.,  que  hubiesen  sido  objeto  de  aceptación, preacuerdo o  negociación.   

Las  anteriores  limitaciones  tienen  su  fundamento  en  el hecho que la segunda instancia como la sede extraordinaria de  la  casación  penal  en  lo  que  corresponde  a  la impugnación de sentencias  proferidas   en  vía  de  terminación  anticipada  del  proceso,  no   pueden   constituirse  en  espacios  de  retractación  de  lo  aceptado,   motivo  por  el  cual  se  restringe  para  aquellos  la  discusión  probatoria,  retractación  o  negación  de  los  cargos  que de manera libre y  espontánea hubiesen aceptado.   

Lo  anterior  no  excluye  que  se  puedan  desplegar  censuras  sobre aspectos relacionados con la dosificación de la pena  en  cuanto  a  sus  límites  de  legalidad,  mecanismos sustitutivos de la pena  privativa  de  la  libertad, efectos de incongruencia entre los contenidos de lo  consensuado   y   las   conductas  derivadas,  y  desde  luego  respecto  de  la  transgresión de garantías fundamentales.   

De  las  restricciones  derivadas  de  la  irretractabilidad  de  los  aspectos  sustanciales  que hubieran sido objeto del  consenso  aprobado,  es  de  donde  se deriva que las limitaciones para recurrir  sentencias  por  vía de terminación anticipada del proceso se hagan extensivas  a la sede extraordinaria de la casación penal.   

Debe precisarse y reiterarse que dentro de  los  mencionados  límites,  no se implica lo relacionado con la efectividad del  derecho  material  en  orden  a  la  realidad  del  principio de prevalencia del  derecho   sustancial,   lo   relativo   al  propósito  de  unificación  de  la  jurisprudencia   y  lo  que  dice  relación  con  el  menoscabo  de  garantías  fundamentales,  de  suerte  que  al sindicado y su defensor les asiste “interés  para  recurrir”  con  toda  legitimidad  en  sede  de  casación  penal aspectos  relacionados  con violación del debido proceso por afectación sustancial de su  estructura  o  de  garantías  (art.  457)  o  por  violación  de garantías de  incidencias  sustantivas,  conforme  al artículo 228 constitucional7.   

Séptimo:  por  último,  pretende  la  recurrente que se aplique al caso objeto de estudio, una  jurisprudencia  de  esta  Sala,  donde  se llama la atención a los funcionarios  judiciales  sobre los allanamientos, preacuerdos y negociaciones, en cuya virtud  deben  verificar que, en cada caso, haya una correcta adecuación típica de los  hechos,  lo  cual,  pretende deshacer con simples debates de libre importe, bajo  su   propia   percepción   del  acto  que  le  cegó  la  vida  a  Jhonatan  Ricardo  Palomo Quimbaya: todo lo  cual,   es   insustancial   y   efímero,   e  ignorando  lo  apreciado  por  la  magistratura:   

Tampoco es cierto la militancia de un vicio  de  incongruencia  en  la  actuación,  pues  en el fondo implícitamente solapa  igual  argumento  al  que  la  defensa  reiteradamente  sostuvo a lo largo de su  intervención,  que  el  delito  fue  a  título  de  culpa  y  no  de  dolo. La  congruencia  se  mantuvo  desde la imputación, pasando por la construcción del  preacuerdo,  su  aprobación y la sentencia condenatoria, siendo los delitos por  los  que aceptó responsabilidad y posteriormente se profirió condena (sic) los  mismos  que  se  enrostraron al procesado, es decir, autor de homicidio doloso y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego, sin ninguna variación,  fundamento   fáctico,   jurídico  y  probatorio  preservado  durante  toda  la  actuación,   lo   que   diluye   la   presunta  irregularidad  acusada  por  la  defensa8.   

Octavo: inundó el  cargo  con hipótesis personales, por ejemplo, cuando dijo que las instancias no  analizaron  la  culpabilidad  de su prohijado, “sino  que  se estableció que el (sic) había aceptado el homicidio simple, razón por  la  cual, simplemente profirió sentencia sin realizar  dicho  análisis”,  desde  luego, con amplio rechazo  del instituto de allanamientos, preacuerdos y negociaciones.    

Noveno:   se  relaciona         con         el         postulado        de        trascendencia,   pues  en  su  ataque  la  libelista  no  expuso, como lo exige la jurisprudencia, las consecuencias de las  violaciones  a  la  ley  sustancial  por  ella  demandadas  contra  el fallo del  Tribunal         de         Bogotá.   

Con tal proceder  adecuó  sus  propuestas  al  sofisma de petición de principio9,   el  cual  enseña,  en  sus diversas manifestaciones epistemológicas, que no se puede dar  por  probado  lo  que  tiene  que  demostrar,  dejando en el limbo la parte más  fundamental  de  las  censuras,  como  es,  justamente,  la acreditación de los  efectos  dañinos  de  los  yerros  denunciados  al  interior  de  la  decisión  cuestionada.   

No  es  factible, por ende,  repetir o  transcribir  iguales  formulaciones jurídicas tanto en la motivación del cargo  como  en  el apartado destinado a la trascendencia: con el primero, el vicio (de  juicio  o de actividad) se identifica, detecta y se acopla a lo que debió ser y  no  se  hizo; bajo el segundo rasero, el error alegado se manifiesta, señalando  en  forma  concreta  el efecto perjudicial y nocivo del mismo a la ley, mediante  la sentencia.   

En  efecto:  la  profesional  del  derecho  ignoró       por      completo      el      postulado      de      trascendencia,   el   que  exclusivamente  trabajó   con   reflexiones  individuales  e  hipotéticas,  con  esa  omisión  sustancial,  dejó anodina la eficacia de las mismas; siendo ello así, el daño  propuesto  se  muestra  efímero,  por  cuanto  el  aludido  principio jamás se  acredita  con  la clonación de los argumentos diseñados en la parte motiva del  libelo  y  menos aún –como  en  el  presente caso- dándolas por acreditadas o excluyéndolas en forma total  o  parcial  de  la argumentación; motivo por el cual, su discurso, se torna una  vez  más  de  instancia,  sin  ninguna eficacia jurídica y vacío de cualquier  contenido  demostrativo,  pues  no  basta  indicar  que  con  lo  expuesto queda  demostrada la efectividad del yerro denunciado.   

Así  las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable propia de los recurrentes, para  complementarlas,  adicionarlas  o corregirlas, máxime cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Corte,  de ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

Otro   de   los  postulados  del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación, sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para fallar en consecuencia. Con todo, si se admite un libelo que  incumpla  elementales  presupuestos  de  lógica  y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

No    es    que    la    “técnica”  por  sí  misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por  las  partes en el proceso, para luego  entrar  a  decidir  el  problema  de  fondo: lo cual es absurdo, inconveniente e  incorrecto.   

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane   y   queda  convertido  en  un  alegato  de  libre  importe  –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la exclusiva voluntad del demandante, más no se expone de manera  trascendente,  la injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o  al  Bloque  de  Constitucionalidad,  siendo  ello  así,  se verifica, que el  impugnante  presentó  alegaciones  producto  de sus exclusivas percepciones del  derecho,  los  hechos  y  las  pruebas  contra  lo afirmado por los funcionarios  judiciales,  sin  ninguna  prevalencia  en  la  lógica-jurídica requerida para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía  que   irradia   el   instituto   casacional;   circunstancia  por  la  cual,  la  Corte  inadmitirá el libelo  presentado  a  nombre  de  ALEX ORTIZ BRAVO.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  de  los  sentenciados,  como  para superar los defectos y decidir de  fondo,  según lo impone la preceptiva del inciso 3º del  artículo 184 de  la Ley 906 de 2004.   

Mecanismo   de   insistencia:   

Puede  ser  promovido  por  el  recurrente,  dentro  de  los  cinco  días  siguientes  a  la notificación del proveído que  resolvió   inadmitir   la   demanda,   con   el   objeto   de  reconsiderar  lo  decidido10,  siendo potestativo de los funcionarios ante quienes se reformula,  optar  por  someter  el  caso  a  nuevo  escrutinio  de  la  Sala  o rechazar la  petición;  si  se presenta el segundo evento, se informará al interesado en un  plazo  de  quince días; por último, su no selección trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia atacada, salvo que prospere y permita su acogimiento,  motivo esencial para citar a audiencia de sustentación.   

Con fundamento en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de casación presentada a nombre de ALEX ORTIZ  BRAVO, por las razones aducidas en la parte motiva del  presente proveído.   

Segundo:  Contra  la no  selección      procede     el     mecanismo     de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso  2° del  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, en los términos plasmados en el acápite  final de esta determinación.    

Tercero:   Cópiese,  comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ            GUSTAVO     ENRIQUE    MALO  FERNÁNDEZ                   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                    JULIO    ENRIQUE    SOCHA      SALAMANCA                                                                                                                                                                        

JAVIER       ZAPATA   ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  decisiones  de primera y segunda instancia se promulgaron el 19 de julio y 29 de  octubre de 2012, respectivamente.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia:  radicado:  25.565 (8-6-06).   

3 Corte  Suprema     de     Justicia,     mismo     sentido:     radicado    25.248     (10-5-06),    15.488    (16-7-01)   y   24.026 (20-10-05).   

4  La  forma  lógica  y  argumentativa  en  sede  extraordinaria  para  presentar  una  demanda,  entre otros motivos, no se traduce en formularle preguntas a la Corte,  de  cómo  pudo  o  no  ser  tratado  algún  tema  o  explicitando  aquellas  falencias  advertidas por los  recurrentes  a  manera  de  resolver  un  interrogatorio  o  cuestionario;  ello  encierra  más  bien, un verdadero análisis demostrativo, en donde paso a paso,  el  profesional  del  derecho,  vaya  demeritando y degradando la presunción de  acierto  y  legalidad  que  viene  atada  a  las  decisiones  proferidas por los  funcionarios que administran justicia.       

5 Corte  Suprema    de    Justicia,    mismo    sentido,   ver   sentencia   15.223    de    12   de   febrero   de  2002.   

6 Ver  folio 28, c.o. Tribunal.   

7  C.S.J. Radicación: 29.476 de 22 de mayo de 2008.   

8 Ver  folio 34, c.o. Tribunal.   

9  ARISTÓTELES,  “Tratado  de la Lógica” (EL ORGANÓN), Primeros Analíticos,  Editorial  Porrúa,  Número  124,  año 2004, México D.F., Pág. 191; allí el  gran  filósofo  enseña: “Por tanto, si incurrir en  una  petición  de principio consiste en demostrar únicamente por sí misma una  cosa  que  por  sí  misma no es evidente, y si no se la demuestra, ya porque el  objeto  que ha de demostrarse y los objetos mediante los que se quiere demostrar  son  igualmente desconocidos, ya porque se atribuyen cosas idénticas a un mismo  término,  o el mismo término lo sea a cosas idénticas, siempre resulta que en  la  figura  media  y  en  la  tercera  se puede igualmente incurrir de estas dos  maneras  últimas  en  una  petición de principio”.   

10  Opera  oficiosamente para los Procuradores Delegados en Casación, excepto si el  demandante  es  el Ministerio Público ante el Tribunal, el Magistrado disidente  o  aquél  que no haya participado en el debate ni suscrito el auto inadmisorio.     

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