40337(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

                     

                            Magistrada Ponente:   

MARÍA  DEL ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 060.   

Bogotá D.C., febrero veintisiete (27) de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  sobre  la  admisión  o no  selección  del  libelo  de  casación  presentado  por  el  defensor  del   procesado    EDUAR    JIMÉNEZ    HOYOS,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Popayán  el  6  de  septiembre  de 2012, por cuyo medio  confirmó  la dictada por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de  la  misma  ciudad el 27 de abril anterior en cuanto lo condenó por el delito de  homicidio  agravado  al  tiempo  que revocó la absolución dispuesta a su favor  por la conducta de terrorismo.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

De la siguiente forma, fueron declarados por  el juzgador de segundo grado:   

“En  el  escrito de acusación obrante en  esta  actuación  procesal  se  indicó  que aquellos ocurrieron de la siguiente  manera:  el  30  de abril de 2.011, aproximadamente a las 11 y 20 de la mañana,  cuando  el  patrullero  del EMCAR de la Policía Nacional, Harold Antonio Molina  Galindo  y  el auxiliar Pedro José Soto Bustamante, se disponían a realizar la  compra  de  víveres  para  dicho  grupo,  acantonado  en el corregimiento de El  Mango,  Municipio  de  Argelia  –  Cauca, y se acercaban al puente sobre el río  Micay,  que  comunica  la zona rural con dicha localidad, observando a un sujeto  que  arrojó  una  bolsa  negra al lado del puente y emprendió la huida, por lo  que  uno  de ellos salió corriendo detrás del mismo, quien ante ello, sacó un  celular  y  realizó  una llamada, instante en el que se produjo una explosión,  causando   heridas  en  el  rostro,  brazo  izquierdo  y  pierna  izquierda  del  patrullero  Pedro  José  Soto, entre tanto el patrullero Harold Antonio Molina,  pidió  ayuda  y  persiguió  al  individuo,  logrando  capturarlo  en el parque  central  de  la  población, procediendo a incautarle un celular que tenia en su  poder,  pidiendo de manera inmediata ayuda, logrando trasladar al capturado y al  herido a la ciudad de Popayán”.   

Por  los sucesos anteriores, ante el Juzgado  Primero     Promiscuo  Municipal  con  Funciones  de  Control  de  Garantías  de  Cajibío,  en audiencia preliminar llevada a cabo el 1° de mayo  de  2011,  la  Fiscalía  formuló  a  EDUAR JIMÉNEZ  HOYOS  imputación  por la comisión de los delitos de  homicidio  agravado  en  grado de tentativa y terrorismo, los cuales no aceptó.   

El 31 de mayo ulterior, la Fiscalía radicó  escrito  de  acusación  en contra del mencionado por los ilícitos de homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa  (arts.  103 y 104, núms. 8 y 10 del C.P.) y  terrorismo  (343  ibídem),  cargos   que  reiteró  durante  la  audiencia  de  formulación  de  acusación  celebrada  el  11  de  julio  subsiguiente  ante  el  Juzgado  Segundo Penal del  Circuito 

Especializado de Popayán.   

Ante  ese  último  despacho  judicial  se  llevaron  a  cabo las audiencias preparatoria y del juicio oral, a cuyo término  emitió  sentencia  el  27  de  abril  de  2012 a través de la cual condenó al  acusado  a  la  pena  principal  de  doscientos  (200)  meses de prisión y a la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  un  lapso  igual  como autor penalmente responsable del delito de homicidio  agravado.   En  la  misma decisión lo absolvió del delito de terrorismo y  le negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Contra esta providencia interpusieron recurso  de  apelación  el  representante de la Fiscalía y el defensor del sentenciado,  siendo  resueltos por el Tribunal Superior de Popayán el pasado 6 de septiembre  en  sentido de revocar la absolución dispuesta por la instancia inferior por el  punible   de   terrorismo,   motivo   por   el   cual  condenó  a  JIMÉNEZ  HOYOS a las penas principales de  doscientos  ochenta  (280)  meses  de  prisión  y  multa  por valor de 1.333,33  salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   a   la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por un  término de veinte (20) años.   

En desacuerdo con la determinación adoptada  por  el  ad-quem, la defensa,  en  forma  exclusiva,  la  recurrió  extraordinariamente,  para lo cual allegó  demanda,   sobre   cuya   admisibilidad,   en  punto  del  cumplimiento  de  los  presupuestos   de   lógica   y   adecuada   argumentación,   se  pronuncia  la  Sala.   

LA DEMANDA  

Contiene  un  sólo cargo fundamentado en la  causal  tercera  de  casación  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial   originada en error de  hecho   por   falso   juicio  de  existencia,  al  entenderse  que  “los  delitos  pudieron  haberse  consumado, pero el procesado no  los  cometió,  para que se diera aplicación a los artículos 103, 104 y 343 de  la Ley 599 de 2000”.   

En virtud del error propuesto propende porque  se “invalide totalmente la sentencia impugnada y en  su  lugar  reconozca  la  inexistencia  de  las  conductas punibles de homicidio  tentado  agravado  y  de  terrorismo  las  cuales  deben  ser sancionadas con el  reconocimiento  expreso  de  absolución total en favor de EDUAR JIMÉNEZ HOYOS,  por   no   haber   cometido   estos   delitos”,  por  aplicación   del   in   dubio  pro  reo.   

Para  el  censor,  se incurrió en la causal  invocada  al  dejar de valorar “la prueba documental  vertida  al  juicio por el señor Javier Hernando Palta Villamarín perito sobre  búsqueda  selectiva  en  base  de  datos  que ingresó al juicio como evidencia  número  3,  consistente en análisis de EMP y EF-FPJ-12 realizado el 23 de mayo  de  2.012  como  anexo  del estudio técnico de elementos materiales probatorios  consistentes  en  la  realización  de  experticia  técnica  y recuperación de  información  almacenada  en  los  equipos  de  telefonía  celular,  cd  con la  evidencia   número   4  sobre  el  estudio  técnico  de  elementos  materiales  probatorios  del  25  de  julio  de  2011,  consistente  en  realizar experticia  técnica   y   recuperación  de  información  almacenada  en  los  equipos  de  telefonía  celular,  la cual está contenida en un CD-ROM marca PRINCO serie No  P40621100831102  y  1 con registro de cadena de custodia No 7189, enviado por la  empresa   de   telefonía  celular  COMCEL  y  CD-ROM  marca  PRINCO  serie  No.  P41511071023111  y  1  registro  de  cadena  de custodia No 7175, ibídem con la  evidencia  No  6.  Sobre informe de investigador de campo FPJ-11 del 20 de julio  de  2.011,  sobre  extracción  e  impresión de datos biográficos, mensajes de  texto  y  análisis  link  sobre  la  información  contenida  en el CD sobre el  celular    310    846    36    10   (sic)”.   

Esta prueba, a juicio del actor, era de suma  importancia  toda  vez  que  corresponde  a  un  análisis  realizado  sobre  la  sim card del celular abonado  con   el  No.  3108463610  portado  el  día  de  los  hechos  por  EDUAR   JIMÉNEZ   HOYOS,   “donde  afirma que la última llamada realizada desde este móvil  celular  se  efectuó a las 11:21:54 de la mañana del día 30 de abril de 2011,  siendo  receptor el celular 320 705 33 79 cuya llamada, tuvo una duración de 14  segundos”.   

Con  esta  prueba,  colige  más  adelante,  “se hubiera podido demostrar que el celular 310 846  36  10  y  siendo  el  celular receptor 320 705 33 79, no corresponde a la misma  plaqueta  con  que  se  produjo  la explosión del artefacto que causó lesiones  personales   en   la   persona  de  PEDRO  JOSE  SOTO  BUSTAMANTE”.   

Al  contrario, pregona, permite concluir que  su    defendido    no   fue   quien   realizó   la   explosión,   “porque  era  imposible  que, si la última llamada realizada ese  30  de  abril  de  2.011  a  las  11:21:54  horas,  teniendo una duración de 14  segundos  no  pudo ser de ese celular con que se produjo la explosión, dado que  el  experto  en  explosivos Javier Alberto Salazar Sotelo llevado como perito al  juicio  oral que labora en el grupo antiexplosivos de investigación criminal de  la  Policía  Cauca  cuyo  concepto vertido a record 2:18:10 y subsiguientes del  primer  audio  donde  dio  a  conocer  el concepto sobre el sistema o mecanismos  sobre  el  evento  de  la  activación  de un explosivo, por medio de un celular  (sic)”.   

Lo  expuesto  por  este  último  deponente,  advierte   el   demandante,   pone  de  manifiesto  que  cuando  los  policiales  concurrieron  al  juicio  oral  faltaron a la verdad al sindicar a su prohijado,  apartándose   “de   las  reglas  de  la  ciencia,  contrariando  lo normado en el artículo 380 de la ley 906 de 2004″ y el imperativo de valorarlas en conjunto.   

De  haberse ponderado correctamente el medio  de   prueba   documental   reseñado,   aduce,   y   en   conjunto  “con   los   testimonios   con   los  testigos  de  acreditación  (sic)    con   que   se  introdujeron  cada  uno  de  estos  medios  de convicción en el juicio oral, el  resultado  hubiera  sido  distinto,  favoreciendo  al  procesado  y  con ello no  solamente  se  hubiera  inconfirmado (sic) el  fallo condenatorio del a quo por el delito de homicidio tentado  y  agravado  al  igual  que  no  se  hubiera  condenado por el Juez colegiado de  segunda  instancia  por el delito de terrorismo, porque si no fue EDUAR JIMÉNEZ  HOYOS,  quien  accionó  el  explosivo  a  través  del  celular  con la símcar  (sic)  correspondiente  al  abonado  310  846 36 10 siendo receptor el abonado 320 705 33 79, no pudo ser el  mismo  quien pudo haber ejecutado la conducta punible de terrorismo (sic)”.   

          De esa forma, en concepto del demandante,  se  verificó  el  error  de  hecho por falso juicio de existencia planteado, al  omitir  “valorar  el medio de convicción ingresado  en  el  juicio  oral como evidencia número 3 , 4 y 6… aplicando indebidamente  las   conductas   punibles   de   homicidio   tentado   y   agravado   y  la  de  terrorismo”.   

Luego,   en   el   acápite  que  denomina  “demostración     del     cargo”,   transcribe  in  extenso  apartes  de  las  consideraciones  del  fallo  de  segunda instancia  donde,  dice,  se  otorgó  credibilidad a los testimonios vertidos en el juicio  oral  por  los uniformados Pedro José Soto Bustamante  y    Harold    Antonio  Molina, miembros del  EMCAR, corroborados por los  testimonios   de  Miller  Sarria  Moran  y  José Daniel Velasco Sarria,  “pese  a  los contradictorios de los  mismos”  en  relación  con  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  que  rodearon  los  hechos  y con la aprehensión de su  prohijado,  así como las personas que en realidad efectuaron ese procedimiento,  por   lo   que   procede,  también  in  extenso, a cotejar sus dichos.   

Acto  seguido,  destaca  cómo  a  pesar  de  exhibir  contradicciones resulta inadmisible que se les haya dado crédito y por  el  contrario  se  lo  haya  restado  al de los testigos de descargo  llevados  por  la  defensa Alfonso     Zemanate,     Eduar  Efrén  Díaz  Ortega, Hugo    Hernando    Arboleda    Gómez,  Estela    Esperanza    Rosero   Viveros,   cónyuge  del  primero  en  mención,  y     Lucero    Amparo  Arciniegas,      cuyos      dichos      transcribe  ampliamente.   

De  otro  lado,  apunta  que  si  bien  el  ad  quem  anunció  en  la  valoración  de  los  medios  de  convicción la aplicación de las reglas de la  experiencia    “no    dice    como   (sic),     por     que    (sic),       cual       (sic)  es  valor  probatorio  que le da a  cada  uno  de  estos  medios de convicción; desechando como a vuelo de pájaro,  los  testimonios  constituidos  como  pruebas  en  el  juicio,  que favorecen al  procesado,  omitiendo  de  esta  manera  estos  medios  suasorios, y a contrario  sensu,   acoge   como   cierto   (sic)   los  de  cargo,  a  pesar  de  ser  contradictorios entre sí en lo  sustancial”.   

Y   aun   cuando,  prosigue,  “reconoce  que existen dudas sustanciales en las pruebas aducidas  al  juicio  oral,  desconoció  y desechó, omitió de tajo la norma procesal de  efectos  sustanciales  contenidos  en el artículo 380 de la Ley 906 de 2004, al  valorar  parcialmente  los  medios  de prueba que le convenían al ad quem, para  condenar,  contrariando  los  criterios de valoración, conforme a las reglas de  esta  misma normatividad. Y como realmente existió contradicciones (sic)  entre  los  medios  de  prueba  de  cargo,  incorporados  al juicio en clara contradicción con los medios de prueba  de  la  defensa,  también  incorporados  como  pruebas en el juicio oral, el ad  quem,       contrario      (sic)      ostensiblemente   la   norma   procesal  de  efectos  sustanciales,  contenido   (sic)   en  el  artículo  381  del  mismo  estatuto  procesal  penal  que  regenta  el presente  proceso,  porque el mismo juzgador de segunda instancia, reconoce y advierte las  versiones  contrarias  existentes  entre  una  y  otra  parte, allegados por los  sujetos    procesales”.   

En  virtud  de lo expuesto, depreca casar el  fallo  impugnado  con  el objeto de que se revoque el fallo de segunda instancia  y,  en  su  lugar,  se absuelva a su procurado de los delitos por los cuales fue  condenado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

1.  Para  que  la  demanda  de casación sea  admitida,  acorde  con  las preceptivas previstas en la Ley 906 de 2004, resulta  imperativo  el  cumplimiento  de  una  serie  de  presupuestos  orientados a que  contenga  una  exposición  lógica  y  debidamente  argumentada,  como  así se  desprende    de   lo   normado   en   los   artículos   183   y   184,   inciso  segundo.   

Por  virtud  de  lo  establecido  en  estas  disposiciones,  sólo  se  admitirán  las  demandas  que  exhiban  una adecuada  estructura  lógica  y  cuenten  con  una  argumentación  mínima  y  coherente  orientada  a  ofrecer  las  razones  de  disenso frente al fallo impugnado, pues sobre el particular ha sido  insistente  la  Sala  en advertir que, con el advenimiento del estatuto procesal  de  2004,  no  desaparecieron tales presupuestos, ni los principios orientadores  de  la actividad casacional exigidos en los ordenamientos adjetivos precedentes.   

Al contrario, una de las novedades del nuevo  estatuto  en  materia  casacional  radica en la necesidad de demostrar, o cuando  menos  evidenciar,  que  se requiere del fallo de fondo con el objeto de cumplir  alguno  de  los  fines  del  recurso,  a los cuales refiere la última parte del  mencionado  segundo  inciso  del  artículo  184,  al  señalar  que también se  inadmitirá  la  demanda  “cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades del recurso”.   

De  esta  manera  los  fines  del  recurso  adquieren  una  connotación trascendente al punto que en el inciso siguiente de  la     misma    preceptiva    se    prevé    que    la    Corte    “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio.  Del  mismo  modo es viable la hipótesis  contraria,   esto  es,  en  tanto  se  privilegian  esos  postulados  sobre  las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  mas  no  se  hace  necesario  dictar  fallo, se  procederá a su inadmisión.   

2.   Frente   a   la   demanda  objeto  de  estudio, se impone acotar lo  siguiente:   

El  defensor  opta  por  invocar  la  causal  tercera  de  casación  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004 por violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de error de hecho por falso juicio de  existencia  por omisión probatoria. Este yerro en la apreciación de los medios  de  prueba,  según  lo  ha  dicho  la  Sala de forma pacífica e inveterada, se  configura por doble vía:   

En  primer  lugar,  cuando  una  probanza es  excluida  de  la  valoración  que  efectúa  el juzgador no obstante haber sido  allegado  al  proceso en forma legal, regular y oportuna (ignorancia u omisión)  y,  en  segundo  lugar,  cuando  el  juzgador  lo  crea  a  pesar  de no existir  materialmente en el proceso (suposición o ideación).   

Frente  a  estas  hipótesis,  el recurrente  está  obligado  a  (i)  identificar  el  medio  de prueba que en su criterio se  omitió   o  se  supuso,  (ii)  establecer  la  incidencia  de  esa  omisión  o  suposición  probatoria  en  la  decisión  que  se  controvierte y en favor del  interés  que  se  representa, lo cual comporta la necesidad de demostrar que el  fallo  atacado no se mantiene con otros elementos de juicio y (iii) demostrar de  qué  forma  se violó la ley sustancial con ese defecto de apreciación, ya sea  por falta de aplicación o por aplicación indebida.   

El  casacionista endereza el cuestionamiento  por  la  primera  alternativa,  aduciendo que algunos medios de prueba no fueron  valorados   por   el  sentenciador  a  pesar  de  ser  incidentes  frente  a  la  responsabilidad  penal  de  JIMÉNEZ HOYOS.   

Sin  embargo, en el desarrollo del reparo el  casacionista  incurre  en confusión, al señalar que el defecto de apreciación  probatoria  respecto  de las mismas probanzas también se desencadenó porque el  juzgador  no  atendió  reglas  de  la sana crítica en punto de la ciencia y en  tanto  no  expuso,  dice  genéricamente, los postulados de la ciencia en que se  fundó,  con  lo  cual  traslada  su inconformidad a los terrenos de un error de  apreciación  probatoria  diferente  al  propuesto,  particularmente  al llamado  falso raciocinio.   

Según lo tiene sentado la jurisprudencia de  esta  Sala,  un tal yerro se presenta cuando el juzgador se aparta de las reglas  de  la  sana crítica en el proceso valorativo de las pruebas.  Para que la  propuesta  basada  en  esa  modalidad de error goce de la imprescindible aptitud  argumentativa  y  lógica, el demandante está compelido, como primera medida, a  identificar  la  prueba  sobre la cual recae; luego, a establecer el mérito que  se  le  otorgó  en  la  sentencia y a señalar cuál es el postulado de la sana  crítica  en  su  criterio vulnerado, es decir, el principio lógico, la máxima  de la experiencia o la regla científica quebrantada.   

Acto  seguido,  debe proceder a vincular esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial,  lo  cual  exige exponer los argumentos conducentes a demostrar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.            

Empero,  en  la  censura  objeto  de estudio  aparte  de  enunciar  las  pruebas  supuestamente  mal valoradas, de exponer, de  manera  inapropiada,  la  forma como bajo la óptica personal del demandante han  debido  ser  apreciadas,  mediante un discurso, dicho sea de paso, con evidentes  defectos  de  redacción  y  sindéresis,  y  de  señalar genéricamente que la  apreciación  de  los  falladores  desconoce la sana crítica, se omite precisar  regla específica en ese sentido.   

Lo  más  grave  de  todo  es  que  plantear  coetáneamente  estos  dos  yerros de apreciación respecto de los mismos medios  de  prueba,  se  repite,  el  error  de hecho por falso juicio de existencia por  dejar  de  apreciarlas y el también error de hecho pero por falso raciocinio al  valorarlas  desconociendo  las  reglas de la sana crítica, resulta insostenible  en  cuanto  son  propuestas  excluyentes y contradictorias entre sí, pues si se  dejan  de  apreciar,  presupuesto  de  la  primera  hipótesis,  no  es  posible  ontológicamente hacerlo de forma defectuosa.   

Tal  postura  atenta  contra  principios que  rigen  el  medio extraordinario de impugnación en procura de conseguir demandas  que  satisfagan  sus exigencias argumentativas y de lógica; entre otros, los de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales,  coherencia,  no  exclusión  y  no  contradicción.      

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  cabe  recordar, son consecuentes con el carácter dispositivo del  recurso  e  implican  que la demanda debe bastarse a sí misma para propiciar la  invalidación  del  fallo,  al  paso  que  la Corte no puede entrar a suplir sus  vacíos, ni a corregir sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Mas lo cierto es que a lo largo de la extensa  e  intrincada  disertación, el actor no pone de manifiesto ningún yerro viable  en  esta  sede  con la entidad de demostrar la ilegalidad o inconstitucionalidad  del  fallo,  de  una parte porque, como ya se adujo, se limita impropiamente por  expresar  su punto de vista personal sobre la apreciación de la pruebas, con lo  cual  deja  sin demostración el error formulado, atentando, a la vez, contra la  naturaleza    extraordinaria    del    recurso    de    casación   –en   cuanto   se   concentra   en  la  producción  de errores que afectan la constitucionalidad o legalidad del fallo,  sin  que constituya una tercera instancia- y con la doble presunción de acierto  y   legalidad  que  lo  gobiernan  -en  cuya  virtud  prevalece  el  juicio  del  sentenciador sobre la opinión subjetiva del recurrente-.   

Y,  de  otra,  en  cuanto  parte de premisas  erradas  en  la postulación principal que instaura por la supuesta omisión del  fallador  de  no  valorar pruebas determinantes a favor de su defendido y que, a  su  juicio,  permiten arribar a un estado de duda sobre su responsabilidad penal  que  imponen  absolverlo  de  las dos conductas punibles imputadas en su contra,  cuando  lo que en verdad se observa es que la pretensión apunta sencillamente a  que  se  valoren,  como  ya  se dijo,  conforme a su sentir  personal,  desde luego conveniente para su prohijado.   

          Así,  para empezar, no es cierto, conforme a la pretensión, que se  haya   dejado   de  apreciar  el  informe  rendido  por  el  experto  Javier  Hernando Palta Villamarín sobre  búsqueda  selectiva  en  base  de  datos de  la  sim card  correspondiente  al  abonado  telefónico  3108463610  incautado   al  procesado  el  día  de  los  hechos.   

En   efecto,   el   juzgador  a     quo,  aun  cuando  absolvió  al  implicado por el delito de  terrorismo,  determinación  que a la postre fue revocada por el Tribunal cuando  desató  el  recurso  de apelación interpuesto contra el fallo de primer grado,  se  ocupó  de  valorar  esta probanza, en aspecto que conforma unidad jurídica  inescindible  con  la  decisión  atacada  por  tener  relación estricta con la  autoría  del  implicado  en  el  atentado  con  explosivos y no con las razones  estrictamente  dogmáticas  que  llevaron  el  ad quem  a  optar  por  revocar  la referida absolución por el  ilícito  contra  la  seguridad  pública,  de  manera  que  el censor ha debido  rebatir    tal   argumentación.   Señaló   el   juez   singular   de   primer  grado:   

“Quienes   lo  observaron  directamente  afirman  haber  visto cuando el individuo operó un teléfono celular y luego se  produjo  la explosión, dicha afirmación encuentra corroboración probatoria en  las  evidencias  presentadas por la Fiscalía, al indicarse que a EDUAR JIMÉNEZ  HOYOS  se  le  incautaron  un  celular  marca  Nokia y dos sin card (sic).   

Efectuado    el   análisis   técnico,  recuperación  de información de dichos elementos y análisis link al resultado  de  la  relación  de las llamadas entrantes y salientes a las sim card portadas  por  el  procesado,  por  parte del perito Javier Hernando Palta Villamarín, se  registra  que  el número 3108463610 realizó un total de 50 llamadas al celular  3207053379,  entre el 25 y 30 de abril de 2011, la última llamada fue realizada  a  las  11:21:54  horas,  con  una  duración  de  14 segundos; en el directorio  telefónico  dicho  número celular figura como contacto NERI y en el número de  la  sim card 3108463554, también portado por el acusado, el celular 3207053379.   

De acuerdo con la prueba introducida por el  servidor  de  la  PJ Miguel Ángel Calambas Jiménez, el informe ejecutivo FPJ-3  del  30 de abril de 2011, EDUAR JIMÉNEZ HOYOS fue capturado ese día a las 1:23  horas,  con  el celular y dos sim card; según el formato de noticia criminal de  la  Fiscalía,  los  hechos  ocurrieron  a  las  11:20 horas del mismo día y la  captura se produjo a las 11:23.   

De otra parte se estableció que en el lugar  de  los  hechos  se  encontró  como  evidencia  de  la  explosión una plaqueta  electrónica  destruida  y  quemada,  con  características  físicas,  forma  y  componentes    como    a    una    (sic)plaqueta  electrónica  para  celular, esto aunado al hecho que los  uniformados  indicaron  que  observaron al acusado manipular un celular después  de  haber colocado un paquete sobre el camino y que luego de operarlo surgió la  explosión,  sumado  al hecho que del celular portado por el acusado 3108463610,  le  aparece  como  última llamada efectuada, una del 30 de abril de 2011, a las  11:21:54  horas,  al  número  celular  3207053379,  el cual además recibió 49  llamadas  anteriores  del  mismo  número  del  acusado,  sin que tuviera alguna  llamada  saliente,  más la declaración del perito en explosivos Javier Alberto  Salazar  Sotelo,  quien explicó acerca del sistema de activación de explosivos  por  celular,  que funciona con un transmisor y un receptor que es el celular al  cual  va  unida  la  carga  explosiva  que se activa en el momento que se marca,  alumbra  la  pantalla  o  se  realiza  el  timbre,  cuyo  sistema genera, con la  llamada,  la  corriente  que  va a un detonador eléctrico que lo hace explotar,  por  lo cual, del receptor quedan partículas del celular y su hallazgo confirma  que  el  sistema de activación que se colocó a la carga explosiva se trató de  un  control  remoto  por  medio  de  un celular, todas  estas  situaciones  probadas  en  el juicio conllevan a inferir que éste fue el  utilizado    por   el   acusado   para   atentar   contra   la   vida   de   los  uniformados”1          (subraya fuera de texto).   

De cualquier manera esta prueba no tiene la  trascendencia  que  le concede el impugnante, pues si, como lo refiere, con ella  se  demostraba que el implicado no activó el explosivo desde el aparato celular  que  portaba,  tal  aspecto  no  fue  relevante  para  el  Tribunal  en  orden a  establecer   su   responsabilidad  penal  en  el  hecho.  Así  lo  indicó  esa  corporación:   

“Ante  una  indicación tan categórica,  respaldada  en  la  narración  de los acontecimientos de que se ha dado cuenta,  desde  el  momento  en  que  observan  a  la persona que dejó la bolsa negra en  cercanías  al  puente, y la cual es precisamente, la que explotó, independientemente  que se hiciera a través del celular del señor  EDUAR  JIMÉNEZ  o  de  otro  mecanismo, así como del  inicio  de  la persecución del agresor, sin perderlo de vista, hasta cuando fue  capturado,  en  cercanías  al  parque de El Mango, en  secuencia  ininterrumpida  y  sin  que  notaran la presencia de otra persona que  pudiera  confundir  la  persecución, lleva a concluir que se trató de la misma  persona,  debiendo aceptar su afirmación en el sentido que no se equivocaron en  el  señalamiento,  además  contando  con  la  versión  de  los miembros de la  Policía  Nacional  Miller  Sarria Morán y José Daniel Velasco Sarria, quienes  presenciaron  los momentos finales de la persecución y el instante en que aquel  fue      capturado      por     el     señor     Molina     Galindo”  (subraya fuera de texto)2.   

Significa lo anterior que para este juzgador  no  fue  incidente  la forma cómo se accionó el explosivo, ya hubiera sido por  medio  de  un  celular ora por cualquier otro mecanismo y así relacionar lo con  el    equipo   móvil   encontrado   en   poder   del   procesado   JIMÉNEZ  HOYOS,  pues  existe suficiente  prueba  para  atribuirle  responsabilidad en el atentado, básicamente el propio  dicho  de  los uniformados en contra de quienes se dirigió el ataque al referir  la  persecución  que llevó a cabo el policial Molina  Galindo, quien resultó ileso del ataque, sin perderlo  de  vista en momento alguno hasta cuando logró su captura, como lo certificaron  los  también  miembros  de  esa  institución  Miller  Sarria  Morán  y José Daniel Velasco Sarria, también  criticados  por el actor bajo su estricto criterio personal, en detrimento de la  aptitud del cuestionamiento.   

Tampoco  se ajusta a la realidad la alegada  falta  de  valoración  de  lo expuesto en el juicio oral por los testigos de la  defensa  Alfonso  Zemanate,  Eduar  Efrén  Díaz Ortega,  Hugo    Hernando    Arboleda    Gómez,      Estela     Esperanza     Rosero  Viveros, cónyuge del primero en mención,   y   Lucero  Amparo  Arciniegas,  como se extrae de lo dicho por el  Tribunal  en  el  fallo  impugnado,  pero  que  también fueron refutados por el  a  quo  en  su  decisión.  Señaló       el       ad      quem:   

“Es  verdad  que  los  señores  Alfonso  Zemanate, Eduar Efrén Díaz  Ortega,   Hugo   Hernando  Arboleda     (Cuchife),  Estela  Esperanza  Rosero  Viveros  y  parcialmente,  Lucero  Amparo  Arciniegas,  ubican  al  señor  EDUAR  JIMÉNEZ HOYOS, en lugar  diferente  de  aquel  en que se produjo la explosión, sin embargo, ellos  no pueden contradecir la concreta situación fáctica en que  se  produjo  la  captura  de éste, ya que indican que  JIMÉNEZ  HOYOS  salió  de  la  casa  de  Alfonso  Zemanate,  sin  que ellos se  percataran  de  tal  detalle  y  sin  que  luego  lo  volvieran a ver, porque no  salieron  de  la  vivienda  en  un  término prudencial. Al efecto, se  destaca  que  los  testigos  en comento, a diferencia de lo que  ocurre  con  los  miembros del EMCAR, Molina Galindo y Soto Bustamante, sí eran  conocidos  del hoy acusado e incluso en algún caso de su progenitor.   

Esa  ausencia  absoluta de interés de los  nombrados  en  último término, aunado a la narración detallada, fundamentada,  vertical  y  respaldada  en  los  medios  testificales de que se ha dado cuenta,  inclinan  a  la Sala a darle visos de credibilidad a la misma, la que sirvió de  fundamento  a  la señora juez de primera instancia para deducir responsabilidad  penal  al señor JIMÉNEZ HOYOS por el delito del homicido tentado, en  detrimento  de la expuesta por los testigos que concurrieron al  juicio   oral,  ante  citación  de  la  defensa.  En  consecuencia,  y  dado  que  no  es posible que la realidad tuviera dos visiones  totalmente  antagónicas,  obliga a ordenar compulsar  las  copias  respectivas  con  el  fin  que  se  investigue la presunta conducta  irregular   en   que   pudieron  incurrir  estos  últimos  testigos”3      (subrayas      fuera  detexto).   

Pues bien, como se de acaba de aludir, a tal  punto  se  ocupó  este juzgador, e igual lo hizo el a  quo, de escrutar el valor de  estos  testimonios  que,  incluso,  ante su falta de veracidad optó por expedir  copias  con el fin de establecer su posible responsabilidad penal por ese hecho.  No  es  cierto,  en  consecuencia,  que  se  haya configurado un falso juicio de  existencia por omitir su apreciación.    

            Las  deficiencias               anteriores de argumentación,  en  suma,  irrumpen  como  suficientes  para  no  seleccionar la  demanda   al   trámite   casacional,   acorde   con  las preceptivas          procesales          aludidas   en  el  exordio  de  este  acápite  considerativo.   

         Para   finalizar,   es  necesario  señalar  que  no  se   observa  con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  violación de derechos o garantías, como para que tal circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para  decidir  de fondo, según lo  dispone el inciso 3º del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el defensor de  EDUAR  JIMÉNEZ  HOYOS, por las razones expuestas en la  anterior motivación.   

         

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                     GUSTAVO           ENRIQUE           MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                  JULIO   E.   SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Págs. 12 y 13 del fallo de primer grado.   

2 Pág.  32 del fallo de segundo grado.   

3  Págs.     33     y     34     ibídem.            

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *