40193(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 060.   

Bogotá,  D. C., veintisiete (27) de febrero  de dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el representante del Ministerio  Público  contra  la  sentencia  del  24  de  agosto de 2012 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  confirmó el fallo proferido el 10 de enero  anterior  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito Especializado de la misma  sede,  que  absolvió  al  procesado  DANIEL ALEXÁNDER  RUEDA  OTERO  respecto  de  los delitos de terrorismo,  daño en bien ajeno agravado y lesiones personales agravadas.   

HECHOS  

          Los resumió el Tribunal de la siguiente manera:   

          “Consta  en los registros que para el día 26 de agosto de 2009 en  las  instalaciones  de  la  UNIVERSIDAD  INDUSTRIAL  DE SANTANDER, ubicada en la  carrera  27  con calle 9ª de la ciudad de Bucaramanga, desde tempranas horas de  la  mañana  se  llevó  a cabo una revuelta por parte de varias personas, entre  las  cuales  se hallaban estudiantes, los que mantenían cubiertos sus rostros y  arrojaban  artefactos  conocidos  como “papas bombas” y bombas incendiarias,  “molotov”,  contra  los  integrantes  de la fuerza pública que acudieron al  lugar.   

          Producto  de este enfrentamiento resultaron heridos policiales, y en  desarrollo   de  la  protesta  se  ocasionaron  daños  materiales  al  claustro  universitario  que  ascendieron  a  un  valor  de  100  millones  de  pesos y se  sustrajeron  algunos  bienes.  Igualmente  al  momento  de  ingresar  la  fuerza  pública  a  la  universidad  se capturó al estudiante de historia DANIEL RUEDA  OTERO  quien  vestía un overol de color azul, un brazalete con las siglas MJB y  unos  tenis cubiertos con medias, al ser perseguido por uno de los agentes luego  de que le arrojó un explosivo que le cayó cerca”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  A  instancias  de la Fiscalía, el 28 de  agosto  de  2009 el Juzgado Quinto Penal Municipal de Bucaramanga, con funciones  de  control  de  garantías,  realizó  audiencia preliminar, en cuyo desarrollo  legalizó  la  aprehensión  de RUEDA OTERO.  Allí mismo, la Fiscalía le formuló imputación por los delitos  de  terrorismo,  daño  en  bien ajeno agravado y lesiones personales agravadas.  Acto  seguido  el  despacho  judicial  lo afectó con medida de aseguramiento de  detención intramural.   

2. Presentado escrito de acusación, el 14 de  octubre  del  precitado año el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado  de  la  mencionada  ciudad llevó a cabo la respectiva audiencia, en el curso de  la  cual  la Fiscalía atribuyó al imputado los mismos punibles considerados en  la audiencia preliminar.   

3.  La  preparatoria  la  realizó el 1º de  octubre  de 2010 y el juicio oral lo celebró entre el 9 de junio del mismo año  y  el  24  de  noviembre de 2011, a cuyo término anunció el sentido del fallo,  precisando que sería de carácter absolutorio.   

4.  La sentencia la profirió el 10 de enero  de  2012,  contra  la  cual interpuso recurso de apelación el representante del  Ministerio  Público,  siendo confirmada por el Tribunal Superior de Bucaramanga  el  24 de agosto postrero, ante lo cual el mismo recurrente promovió el recurso  extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  actor  formula un único cargo contra la sentencia del Tribunal,  el  cual  apoya  en  la  causal  tercera  de  casación  de  la Ley 906 de 2004,  denunciando  así el desconocimiento de las reglas de producción y apreciación  de  las  pruebas  que  fundaron  la condena, por la incursión en error de hecho  derivado de falso juicio de identidad.   

          El   error,   según   precisa,   recayó   en  los  testimonios  de  Luis Carlos Quiroz Figueroa y  del    perito    forense    Luis   Fernando   Marín  Ortegón.   

          Con  el propósito de acreditar el yerro en relación con la primera  de  esas  probanzas,  transcribe  apartes  del  fallo  del Tribunal, en especial  aquellos  donde  puso  en  duda que la herida sufrida por el deponente haya sido  causada  por  el  aquí  procesado,  así  como cuando le atribuye al testigo la  afirmación  según  la  cual  “no  supo la clase de  elemento     u     objeto     que     arrojó     RUEDA     OTERO”.   

         

          Para  el  impugnante,  en  esos  apartes  subyace la tergiversación  denunciada  porque,  contrariamente,  el  testigo  fue  expreso  en  señalar  a  DANIEL    ALEXÁNDER    RUEDA   OTERO   como  quien  le  arrojó  el explosivo, siendo también claro cuando  manifestó  que  la  herida  la  recibió  precisamente  en el momento en que se  produjo   la   detonación,   aspecto  frente  al  cual  textualmente  señaló:  “En  ese momento en que estalló el artefacto, yo me  toqué    la   mano,   sentí   un   ‘quemonazo’ en  mi brazo, observé, me observé sangre”.   

          Así  también, añade, lo señaló el declarante en el “informe  de  policía  de  vigilancia de captura en flagrancia”  suscrito  por  éste e incorporado al juicio a través  de  su  testimonio,  en  cuanto allí reseñó: “Este  joven  me  lanzó  un  artefacto el cual hizo explosión en el suelo cerca de mi  humanidad,  arrojándome  a  una  esquina,  la  cual me produce una herida en el  tercio medio del brazo derecho”.   

          En  criterio  del  censor,  por otro lado, las expresiones textuales  del  deponente  permiten sostener que él sí supo cuál fue el elemento lanzado  por  el  acusado,  pues al respecto con claridad prístina declaró que se trata  de     las    comúnmente    denominadas    “papas  explosivas”.   

          En   relación   con   el   testimonio   del   perito   Luis   Fernando   Marín   Ortegón,   el  libelista  transcribe,  igualmente, fragmentos del fallo de segundo grado en los  cuales  atribuye al declarante afirmar que “dadas las  características  del  orificio  se  puede  confundir  el elemento causal con un  proyectil  de  arma  de fuego” y concluye con base en  ello  el  Tribunal:  “…surge duda en cuanto a si el  objeto  que  se  dice  arrojó el procesado contra el teniente es propiamente un  artefacto explosivo”.   

          Para  el  demandante,  lo  dicho en realidad por el perito es que el  mecanismo       causal      de      las      lesiones      fue      “explosivo”,   mientras  “el  hallazgo  por  él referido relativo al pequeño diámetro de  la  herida  delata  la  presencia  de  una  esquirla  disparada  por un elemento  explosivo”,   conclusión  a  la  que  arribó  con  fundamento  en la versión suministrada por el examinado, que estimó compatible  con   los   rastros  materiales  detectados  por  el  galeno  en  el  cuerpo  de  éste.   

En  opinión del actor, la afirmación del  testigo  conforme a la cual por “las características  del    orificio    se    puede    confundir    el   elemento   causal   con   un  proyectil”,   “emerge  vertida  dentro  de  un marco general de ilustración sobre las características  de  los  orificios  en  tratándose  de proyectiles de armas de fuego, que en un  momento  dado  puede  generar  confusión, dada la similitud con los dejados por  elementos  disparados por explosivos, pero que para el caso en concreto, a voces  del   perito,   no   generaron   tal   estado   de  dubitación,  atendidas  las  circunstancias  que  rodearon los hechos en el curso de los cuales se produjo la  lesión”.   

          Considera,  por  tanto,  que  el  ad  quem  cercenó  literalmente  el  contexto  general  de  la  respuesta.  En  ese  sentido,  insiste en que si bien el forense señaló que en  los  orificios  producidos  por  elementos  como  el  proyectil de arma de fuego  “lo   pudiéramos   confundir   con   ese  tipo  de  elemento”,  el  Tribunal  le  mutiló a la prueba la  precisión  hecha  más  adelante  por  el  perito  cuando dijo que “en  el contexto del caso… se asume de que sí corresponde a una  esquirla,    en    el    caso    de    un    elemento    explosivo   que   tenga  metralla”.   

          En  su  criterio,  el  juzgador  también distorsionó el testimonio  cuando  le  atribuye  consignar  “que los explosivos  producen  lesiones  por diferentes mecanismos y pueden ocasionar lesiones por la  onda  explosiva,  la  que  no  produce  el  tipo  de  lesión  que  presentó el  examinado”.  Estima  que  esa  lectura  de la prueba  está  igualmente colocada por fuera de su contexto, por cuanto lo explicado por  el  perito  “es  que,  entratándose  de  artefactos  explosivos,  éstos  suelen  generar  dos  tipos  de lesión: por una parte, las  heridas  causadas  por  las esquirlas disparadas al momento de la detonación, y  por  otro  lado,  las  generadas  por la onda explosiva del artefacto. La herida  observada  en el examinado, precisa, no corresponde a estas últimas, pero sí a  las   primeras,   es   decir,   a  las  esquirlas  despedidas  por  el  elemento  explosivo”.   

          Para   fundamentar   la   trascendencia   de  los  errores,  empieza  señalando  que  en este caso aparece plenamente demostrado que en desarrollo de  los   desórdenes   sucedidos  al  interior  de  la  Universidad  Industrial  de  Santander,  en  la  tarde  del  26  de  agosto  de 2009, se causaron millonarios  destrozos  a  la  planta  física  y  a los bienes muebles de dicho claustro, se  lanzaron  elementos  explosivos  contra  los  miembros de la fuerza pública que  acudieron  a  restablecer  el  orden  y se produjeron severas lesiones a un buen  número de dichos uniformados.   

          Tales   sucesos,   señala,   se  acreditan  con  el  testimonio  de  Luis Carlos Quiroz Figueroa y  el  peritazgo  rendido  por  el  médico  forense Luis  Fernando  Marín  Ortegón,  superados  los  yerros de  apreciación  denunciados.  A  esos  medios  de  prueba  suma  el  testimonio de  José  de  la  Cruz  Briñez,  Subintendente  de la Policía Nacional y técnico en explosivos, los informes de  los  investigadores  de  campo  y  de  laboratorio,  los  álbumes fotográficos  introducidos  por  los  investigadores  Yesid Fernando  Vargas   Vargas   y  Valerio  Cáceres  López,  el plano topográfico incorporado a  través    del    agente    Luis    Alfonso   Pérez  Mahecha, la prueba contentiva del inventario y avalúo  de  los  daños  causados  a  la edificación y a los muebles, cuantificados los  primeros   en  $105.834.240  y  los  segundos  en  la  suma  de  $70.807.730  y,  finalmente,  los  discos  compactos contentivos de las grabaciones efectuadas en  las  afueras  y  al  interior de la universidad que ilustran en plena ejecución  los  destrozos  y  la  actividad de literal pillaje realizada en el curso de las  protestas    en    las    dependencias    del    alma  máter.   

          El  aspecto de la imputación y responsabilidad penal del acusado, a  su  turno,  lo  estima  acreditado, en primer lugar, con la configuración de la  captura  en  flagrancia,  pues  el  acusado RUEDA OTERO  fue sorprendido cuando lanzó el artefacto explosivo y  aprehendido  en  el  acto  por  el  policial Luis Caros  Quiroz Figueroa.   

          Esa  evidencia,  añade,  se afianza con el testimonio correctamente  apreciado     del     propio     Teniente     Quiroz  Figueroa,  quien  en  particular señaló al procesado  como  uno  de  los  sujetos  que  se  encontraban  dentro del grupo de violentos  protestantes,  disfrazado  de  vigilante  y  con  zapatos  cubiertos, evidencias  incorporadas  al juicio oral, y luciendo además un sugestivo brazalete, persona  que  arrojó  justamente  contra  él  un  artefacto explosivo que detonó cerca  suyo,  produciéndole  severas  lesiones  en uno de sus miembros superiores, las  cuales  aparecen  acreditadas  con  el  informe  pericial,  heridas  que  no  le  impidieron  emprender la persecución de su agresor, y es así como sin perderlo  de vista logró su aprehensión.   

          Esos  elementos circunstanciales, para el censor, colocan al oficial  en  el  sitial  de testigo privilegiado, lo que sumado a su concordancia con los  demás  elementos de juicio, lo tornan en verosímil, coherente, seguro, preciso  y  complementario  y, por consiguiente, suficiente para condenar, máxime cuando  no  se observa en su caso razones objetivas que apuntalen un propósito mendaz o  interesado.   

          Considera,  en  esos  términos,  que RUEDA  OTERO  es corealizador en el marco de una división de  trabajo  propia  de una empresa criminal, situación que lo torna coautor de los  ilícitos  cometidos,  en  tanto  el  aludido estaba encargado de la específica  tarea  de  lanzar  los  artefactos  explosivos  dentro  del ámbito del designio  delictivo  común  de  causar  daños  a  los  bienes  públicos, lesiones a los  miembros  de  la  policía  que  les  enfrentaban  para  restablecer el orden, y  zozobra, temor y alarma en la colectividad.    

          Expuso  no tener reparo en relación con la tipicidad de los delitos  de  lesiones  personales  y  daño en bien ajeno, pues los hechos demostrados se  acomodan  en  esos  supuestos  punibles,  pero  sí  frente  a  la  conducta  de  “terrorismo”,  en cuanto  por  razones de especialidad la que se estructura es la prevista en el artículo  359   del   Código   Penal   denominada  “empleo  o  lanzamiento  de  sustancias u objetos peligrosos”, en  su   forma  agravada  contemplada  en  el  inciso  2º,  atendida  su  finalidad  terrorista,   postura   que  sigue  los  precedentes  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia.   

          Solicitó  así  casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  condenar  al  procesado  a  título  de  coautor  de  los  delitos  de  empleo o  lanzamiento  de sustancias u objetos peligrosos, lesiones personales agravadas y  daño en bien ajeno agravado.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

El   estatuto  procesal  penal  expedido mediante la Ley 906 de 2004,  conforme  ocurre  con  el  previsto  en la Ley 600 de 2000, también exige, como  condición  para  la  admisión  de la demanda de casación, la satisfacción de  exigencias      de     lógica     y     adecuada  argumentación,  cuyo fin es permitirle a la Corte, a  partir    de    la    coherencia    y    precisión  conceptual      del      libelo,     establecer   sin   dificultad   cuál  es  el  error  atribuido  al  sentenciador,     causante     de     la   violación   de   la  Constitución   o   la  ley  o  la  afectación  de  las  garantías  fundamentales de las partes.   

Esos   presupuestos   de   sustentación,  acorde  con  lo establecido  en  los  artículos  183  y  184, inciso segundo de la  precitada  Ley 906 de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal  invocada     y     al     adecuado    desarrollo  de  los  cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

Además,  en  la  estructuración  de  las  censuras  al  demandante  le  es  imperioso respetar el principio de corrección  material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque  deben   corresponder   en   un   todo   con   la  realidad  procesal1.   

          Pues  bien,  en  el  único  cargo formulado contra la sentencia del  Tribunal  el  representante  del  Ministerio  Público denuncia la incursión en  falso  juicio  de  identidad  frente  a  la  valoración  de los testimonios del  policial  Luis  Carlos  Quiroz  Figueroa  y  del  perito forense Luis Fernando Marín  Ortegón.   

          El  referido  yerro se estructura cuando el fallador, al apreciar la  prueba,  distorsiona  su  contenido  fáctico  para hacerle decir lo que ella no  expresa, en cuanto la cercena, adiciona o translitera.   

Su adecuada sustentación le exige al censor  identificar  el medio sobre el cual recayó el dislate, realizar un cotejo entre  su  contenido  y aquel que le atribuye el fallador, precisando los apartes donde  se   presenta   la   distorsión   y   luego   acreditar  la  trascendencia  del  yerro.   

          Según  el  actor,  el ad quem tergiversó   el   testimonio   de  Quiroz  Figueroa   al  cercenar  el  aparte  donde  el  citado  señaló  que  la  explosión producida por el artefacto arrojado por el acusado  le ocasionó una herida en el brazo.   

          Tal  cuestionamiento,  empero, no se corresponde con los fundamentos  del  fallo,  pues  el  Tribunal sí contempló la afirmación del testigo que el  demandante estima omitida, como se aprecia a continuación:   

          “…  el  declarante  LUIS  CARLOS QUIROZ FIGUEROA asevera que vio  cuando  el  procesado  le  lanzó  un  objeto  que  explotó  muy  cerca de él,  momento  en  el  cual sitió un quemonazo  y aún así optó por perseguirlo hasta alcanzarlo, circunstancias  que  al  examinarlas  de manera aislada permitirían llegar a la conclusión que  fue  RUEDA  OTERO  el  que  lo  lesionó  y,  por ende, es el responsable de las  lesiones  que sufrió, sin embargo, al examinar tal versión en todo su contexto  es  cuando aparecen dudas en cuanto a quién fue el que realmente se las causó,  nótese  que  al mismo tiempo ese testigo resalta que cuando corría lo seguían  atacando  puesto  que  otros  le  lanzaban  elementos  y  que cuando alcanzó al  muchacho  cayeron  al  piso  y  se  percató  que  tanto  éste como él estaban  golpeados  y lesionados, lo que indica que la herida que presentó también pudo  ser  producida  por el accionar de esas otras personas, y más que no se supo la  clase   de   elemento  u  objeto  que  arrojó  RUEDA  OTERO…”  (subrayas  por fuera del texto original)2.   

          En  el  análisis  del  juzgador  se  evidencia  entonces que restó  credibilidad  al  declarante  cuando  manifestó  que  la herida la recibió con  ocasión  de  la explosión producida por el artefacto arrojado por RUEDA  OTERO,  atendida la incoherencia de  esa  afirmación  con  otra  efectuada  por  el  mismo deponente, en concreto en  cuanto  testificó  que  advirtió la presencia de la lesión luego de forcejear  con  el procesado. Concluyó de esa forma el fallador que el daño corporal pudo  ser  causado  por  alguno  de  los  artefactos  explosivos que otras personas le  arrojaron  cuando  perseguía a aquél, hecho este último relatado también por  Quiroz    Figueroa.    

          Como  se  observa,  el  razonamiento  del  juzgador  devino  no  del  cercenamiento  de  la  mencionada  prueba,  sino  del  mérito  suasorio  que le  asignó,  lo  cual  le  permitió  poner  en  duda,  consecuencialmente,  que el  elemento   arrojado   por   el   acusado   correspondiera   a  una  “papa  explosiva”.  En este aspecto el  actor  tampoco  se sujeta al principio de corrección material, pues el Tribunal  no   asignó   al   testimonio   de   Quiroz  Figueroa  la  aseveración según la cual éste no supo la clase  de     elemento     arrojada     por    el    procesado,    sino    –se   insiste-   se   trató   de  una  conclusión  obtenida a partir de la valoración de los elementos de convicción  incorporados  al  plenario.  Así  lo  indica  la  parte  final del aparte antes  transcrito  del  fallo  de segundo grado, lo mismo que el siguiente fragmento de  esa pieza procesal:   

          “…  el  tipo  penal  a  que  alude  la señora representante del  Ministerio  Público  sin mayor sustento tampoco se puede atribuir, justamente  porque  no  se  estableció si el objeto o elemento que  dice  el  teniente  QUIROZ  FIGUEROA  aquel  le arrojó es propio de una “papa  bomba”   o   de  un  artefacto  explosivo  con  las  magnitudes   que   caracteriza   a   esa   clase   de  elemento”  (subraya         la         Sala)3.   

          Por  su  parte, el censor estima que el sentenciador distorsionó la  declaración  del  perito  Marín Ortegón al  atribuirle  las  afirmaciones acorde con las cuales “dadas  las  características  del  orificio se puede confundir el  elemento  causal con un proyectil de arma de fuego” y  “los  explosivos  producen  lesiones  por diferentes  mecanismos  y pueden ocasionar lesiones por la onda explosiva, la que no produce  el  tipo de lesión que presentó el examinado”, pero  además  porque  no  examinó  esas aseveraciones en el contexto integral de las  respuestas ofrecidas por el deponente.   

          La   censura   así   vista  vulnera  el  principio  lógico  de  no  contradicción,  a  cuyo  tenor  una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo;  ello  por  cuanto  inicialmente  censura  al  fallador por adicionar a la prueba  fragmentos  que  no  contienen, pero luego le cuestiona no examinar esos apartes  en  el  contexto  integral  de  lo  concluido por el perito, con lo cual termina  aceptando  que  éste  sí  consignó  los  contenidos cuya agregación indebida  denuncia.   

          Más  aún,  se observa que, en realidad, lo pretendido por el actor  es  cuestionar  el  alcance  probatorio  asignado  por  el  juzgador al referido  peritazgo,  pues si bien el galeno conceptuó, a partir de las circunstancias de  lo   ocurrido   relatadas   por   el  policial  Quiroz  Figueroa,   que  el  elemento  causal  de  la  herida  presentada   por   éste  correspondía  a  una  esquirla  de  una  “papa   explosiva”,  el  ad  quem  concluyó,  con fundamento en la  apreciación  de  las  pruebas,  en  la  existencia  de  duda  al  respecto,  al  considerar  que  la  lesión  bien  pudo provenir de un proyectil si se tiene en  cuenta  que  el  artefacto  en mención no suele causar una aislada lesión sino  varias  y  de  diversa  naturaleza,  atendido  que  también  produce  una  onda  explosiva. Obsérvese lo analizado por el Tribunal:   

          “Es  que  surge  duda en cuanto a si el objeto que se dice arrojó  el  procesado  contra el teniente es propiamente un artefacto explosivo, dado el  resultado  obtenido  una vez fue accionado, en vista de que el testigo solamente  presentó  un  orificio  redondeado  de 0.3 cm en cara posterointerna del tercio  medio  del  brazo  izquierdo  con  bandeleta  de  contusión”, no obstante que  asevera  que  estalló  muy  cerca  de  él;  por  otra  parte quedó plenamente  establecido  con  los  informes  de investigador de laboratorio explicados en el  juicio  oral  por  quien  los  elaboró,  esto  es,  el  técnico profesional en  explosivos  JORGE  DE LA CRUZ BRIÑEZ, que las papas explosivas al ser arrojadas  contra  el  objetivo  y  una  vez golpea la superficie o elemento sólido por el  efecto  del  golpe  no sólo produce la explosión que genera ruido sino además  una  presión  que  ocasiona que las arandelas sean expulsadas violentamente…,  se     trata     también    de    un    artefacto    que    los    ‘efectos  al detonar son considerables  ya  que  producen mucho sonido por reacción química del azufre, además causan  angustia,  pánico,  desorientación,  zozobra, contusiones, traumas,  heridas,  amputaciones,  fracturas y hasta la muerte por causa de  las     esquirlas     o    arandelas’”.   

          “Aunado  a  ello  está  la declaración del médico cirujano LUIS  FERNANDO  MARÍN ORTEGÓN, quien examinó al teniente LUIS CAROS QUIROZ FIGUEROA  al   aseverar   que   la   herida   presentada  es  inespecífica  y  dadas  las  características  del  orificio  se  puede  confundir  el elemento causal con un  proyectil  de  arma  de  fuego,  pero aún así se asume como una esquirla de un  elemento  explosivo;  dice  igualmente  que los explosivos producen lesiones por  diferentes  mecanismos  y puede ocasionar lesiones por  la   onda   explosiva…”  (subraya             la            Corte)4   

          El   fallador,   por  tanto,  sí  examinó  en  forma  integral  el  testimonio   del   perito,   lo   cual   le   permitió   concluir  –se  repite-que si el policial recibió  únicamente  una  lesión  similar a la ocasionada por un proyectil de bala, sin  resultar  afectado  de  ninguna  manera  por  la  onda explosiva, era porque, al  parecer,    el   elemento   causal   no   correspondía   a   una   “papa bomba”.   

          Resulta  claro  así  que  la postulación casacional corresponde al  particular  enfoque  del  censor acerca del mérito arrojado por las pruebas, el  cual  presenta a la Corte con el objetivo de que sea aceptado con desestimación  consecuencial  de la apreciación judicial, olvidando de esa manera que tal tipo  de  discrepancias  probatorias no son válidas en esta sede extraordinaria, dada  la  doble  presunción  de  cierto  y  legalidad de que está dotado el fallo de  segundo grado.           

En  consecuencia,  atendida  la  inadecuada  sustentación  del  cargo  formulado,  la  Sala inadmitirá la demanda objeto de  examen,  considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora de  garantías  fundamentales  que  imponga  superar  los desaciertos técnicos para  decidir de fondo.   

   

Se precisará que contra esta decisión sólo  cabe  el  mecanismo  de  insistencia, conforme lo tiene establecido el artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, cuya interposición procede bajo las reglas fijadas  en    jurisprudencia    reiterada   de   la   Sala5.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación interpuesta por el representante  del   Ministerio   Público,   por   las   razones   expuestas  en  la  anterior  motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                LUIS     GUILLERMO    SALAZAR    OTERO               

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                  JULIO            ENRIQUE            SOCHA            SALAMANCA                    

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

2  Página 19 del fallo de segundo grado.   

3  Página 14 ibídem.   

4  Páginas 14 y 15 ídem.   

5  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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