11024ago

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 11024  

                                                            

                            CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

                                             SALA DE CASACION PENAL   

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                            Aprobado Acta No.136   

          Santa  Fe  de  Bogotá,  D.C.,  diez  (10)  de  agosto  de  dos mil  (2000)   

          Decide  la  Corte  la  casación  interpuesta  por  el defensor del  médico  OSCAR  HERNANDO  VALDIVIESO  contra  la  sentencia  de mayo 30 de 1995,  mediante  la  cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali condenó a  dicho  procesado  (y  a  Alvaro Salazar Arbeláez, por el delito de peculado por  apropiación)  a  3  años  de prisión por el delito de falsedad ideológica en  documento público.   

ANTECEDENTES  

          1.-   Alvaro  Salazar  Arbeláez  trabajaba  por  turnos en la  farmacia  de  la  Clínica Rafael Uribe Uribe, la cual pertenece al Instituto de  Seguros  Sociales,  Seccional  Valle  del  Cauca,  ubicada en la capital de este  Departamento.   Como  se  tuvo  conocimiento  que de allí estaban saliendo  medicamentos  de  manera  ilegal,  es  decir sin la correspondiente fórmula que  ordena  despachar  los  mismos, se practicaron en dicha farmacia en noviembre de  1986  visitas  o  “pruebas  selectivas”,  las  cuales arrojaron faltantes de  droga  ocurridos  en  los turnos que Salazar Arbeláez prestó en las noches del  19,  25  y  27  de  dicho  mes,  por valores, en su orden, de $45.536, $32.597 y  $32.373.20.   

          Igualmente  se  demostró  que en el referido turno de la noche del  27  el  mecanismo utilizado para sacar la droga fue la fórmula número 33666665  que  el  médico  que estaba de turno en el Servicio de Urgencias de la nombrada  Clínica,  doctor  OSCAR HERNANDO VALDIVIESO, expidió a nombre de Inés Velasco  de  Santa  afiliada  al I.S.S., que no acudió a la respectiva consulta médica,  ni  firmó,  por  tanto,  el recibo de los medicamentos que se hicieron aparecer  como  despachados  y  entregados  a  ella  (2  frascos  del colirio ‘Tinoptol’,   30   tabletas   de  ‘Refancipina’   y  10  ampollas  de  ‘Amikacina’).  Salazar Arbeláez firmó por  ella  y  puso su número de cédula de ciudadanía, que fue expedida en Bogotá,  y  no  en  Cali,  como se hizo constar en dicha fórmula.  Inés Velasco se  desmpeñaba  como  secretaria  de  la Sección de Inmuebles de la Subgerencia de  Recursos Físicos de la mencionada Seccional.   

          Para  poder sacar los medicamentos de la farmacia Salazar Arbeláez  utilizó  como  intermediaria  a  la  enfermera  Rubria  Mercado  Cardona, quien  también  esa  noche  del  27  estaba  de  turno,  y  quien  le pidió al doctor  VALDIVIESO  que  le  formulara  los  mismos,  argumentando  que su señora madre  necesitaba      el     colirio     ‘Tinoptol’.   Al  ya  tener  la fórmula en sus manos, Salazar Arbeláez  dio  a  la  citada enfermera el referido colirio y cogió para sí los otros dos  medicamentos.   Al  darse  cuenta de lo ocurrido, la enfermera en cuestión  devolvió el colirio.   

          2.-   La denuncia por esos hechos fue formulada el 14 de enero  de   1987   por  la  doctora  María  Clemencia  Muñoz  Vivas,  abogada  de  la  Supervisoría  Administrativa  de  Gerencia  (Auditoría Interna) de la referida  Seccional  del  I.S.S.  (fl.  1  cdno.  no.  1),  el  Juzgado 19 de Instrucción  Criminal  de  Cali  abrió  investigación, se practicaron varias pruebas, entre  ellas  las  indagatorias  de  Oscar  Hernando  Valdivieso  y  de  Alvaro Salazar  Arbeláez  (fls.  338  y  413), sosteniendo el primero de ellos que la enfermera  Rubria  Mercado  le solicitó la droga diciéndole que la necesitaba para ella y  para  la  madre  “del encargado de la farmacia”, y que los datos que colocó  en la fórmula se los suministró también ella.   

          Por  su  parte,  el  indagado  Salazar Arbeláez dijo que la citada  enfermera  Mercado  Cardona  ”se hizo despachar” la fórmula en referencia y  que  a  ella  él  le  entregó  los medicamentos que la misma contenía. Niega,  pues, cualquier participación en los delitos investigados.   

          -Obran  en  el  expediente  la  fórmula  médica en cuestión (fl.  166-1)  y el dictamen médico legal (fl. 373), según el cual la firma que allí  aparece  no fue puesta por INES VELASCO DE SANTA, y, en cambio, coincide con las  grafías del sindicado Salazar Arbeláez.   

          -Decididas  las detenciones preventivas de los sindicados (fls. 380  y  425), y admitido el I.S.S. como parte civil, la Fiscalía 51-2 de Cali cerró  investigación  (fl.  459)  y mediante resolución de septiembre 20 de 1993 (fl.  481-1) acusó así a los implicados:   

          a.-   A  Salazar  Arbeláez  por  los  delitos de peculado por  apropiación,    falsedad   material   en  documento  público  y  falsedad  ideológica (C.P. arts. 133, 218 y 219).   

          b.-     Valdivieso,    por   el   último   de   los   citados  delitos.   

          Los  defensores  apelaron dicha acusación, y la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  de  Cali,  mediante resolución de diciembre 10 de 1993 (fl.  538-1) la modificó en los siguientes términos:   

          a.-   También  acusó a Valdivieso como coautor del delito de  peculado,  pues  consideró que con la fórmula médica falsificada se permitió  la salida ilegal de la droga.   

          b.-   Salazar debe responder por concurso de peculados (noches  del  19,  25  y  27  de  noviembre de 1986), y únicamente como determinador del  delito  de  falsedad  ideológica,  pues  en  cuanto a la de carácter material,  precisó que tal sindicado no imitó firma alguna.   

          3.-   El  Juzgado  15  Penal  del  Circuito  practicó  varias  pruebas,  celebró audiencia pública (fl. 131 cdno.No. 2) y dictó sentencia de  julio 11 de 1994 (fl. 154-2), en la cual resolvió:   

          a.-   Absolver  a  Valdivieso  del  delito  de  peculado,  por  estimar   que   éste   no  tenía  “la  disponibilidad  jurídica”  de  los  medicamentos  (fl.  171),  e  igual  decisión  tomó  con respecto al delito de  falsedad,  por  considerar  que  en la fórmula médica no se afirmó nada, sino  simplemente  “se  relacionan  unos  medicamentos”, lo cual puede conducir al  retiro  de  la  droga  como  el cheque lo es del efectivo.  En la receta de  marras,  el  médico  Valdivieso nunca afirmó que tuvo en su presencia y examen  físico  (sic)  a  la  anotada paciente, ni que observó su historia clínica”  (fl.  177-2).   No  encontró  configurado, pues, “el verbo rector” que  trae   el   artículo   219   del   Código   Penal,  absolviendo  entonces  por  atipicidad.   

          b.-   Absolvió a Salazar Arbeláez por el delito de falsedad,  por   considerar  que  no  se  puede  ser  determinador  de  algo  que  resultó  “atípico”.   Lo  condenó  por  el  delito de peculado en modalidad de  tentativa,  pues  estimó  que  no  se  pudo  comprobar  que  aquél  se hubiere  apropiado  de los medicamentos.  Le impuso por tal concepto pena de un año  de prisión.   

          4.-    Apelaron  dicho  fallo  la  fiscalía  acusadora  y  el  representante  de  la parte civil, y el Tribunal, mediante el suyo que es objeto  de  la  impugnación  extraordinaria  (fl.  225),  resolvió  como  se  verá en  seguida:   

          a.-  Con respecto a Valdivieso:   

          -Sí  cometió  el  delito de falsedad ideológica (art. 219 C.P.),  ya  que  dicho  acusado elaboró un documento público (la fórmula médica) con  capacidad  probatoria,  el  cual contenía “atestaciones de hechos y relación  de  los  medicamentos  que debían entregarse al usuario, en virtud de este acto  de autorización” (fl. 242).   

          -Por  el  delito  de  peculado  debe  ser  absuelto,  ya  que no se  demostró  en  el  proceso  el  acuerdo entre Valdivieso y el farmaceuta SALAZAR  ARBELAEZ,  quien, en cambio, “se valió” de la enfermera Rubria Mercado para  obtener  la  fórmula  falsa.  “No se encuentra -dijo a fl. 248- elemento  que  permita conformar certeza acerca de una cooperación querida y acordada con  quien   defraudaba  el  Tesoro  Público”  (fl.  248).   En  este  punto,  entonces, confirmó el fallo.   

          Lo  condenó,  pues por el referido delito de falsedad a tres años  de prisión.   

          b.-  Con respecto a Salazar Arbeláez:   

          -La  tentativa  de  peculado  por  apropiación debe ser modificada  para  condenarlo  por  un  concurso  sucesivo  y homogéneo de dicho delito, con  relación  a  los medicamentos que salieron ilegalmente de la farmacia los días  19,  25 y 27 de noviembre de 1986:  “Se demostró plenamente -precisó el  Tribunal  a  fl.  249  infra- que SALAZAR ARBELAEZ, una vez obtenida la fórmula  falsa  de  parte  del  médico  VALDIVIESO,  mediante  los mecanismos que se han  dejado  develados  y  examinados  a  lo  largo de este proveído, tomó los tres  medicamentos,  entregó uno de ellos a RUBRIA MERCADO y guardó los otros dos de  mayor  valor,  para  sí mismo, en lo que constituyó una ilícita apropiación,  sin  justa  causa,  de  bienes  que  se  encontraban  a  su  cuidado  y  bajo su  administración”  (fl.  250),  precisando  que estos hechos ocurridos la noche  del  27  de  noviembre  “vino  (sic)  a  ser  la  punta del hilo que permitió  desmadejar  el  ovillo  de  la  persistente  delincuencia  desarrollada  por  el  imputado SALAZAR ARBELAEZ” (fl. 250).   

          Por ello, pues, lo condenó a 36 meses de prisión.   

          -La  absolución  por  el  delito  de falsedad debe ser confirmada,  pero  no  por las razones expuestas por el juzgador de primer grado, sino porque  no  hay  prueba  alguna  de  que  haya  sido determinador de VALDIVIESO en dicho  delito,  sino, por el contrario, “existe prueba creíble de que señala cómo,  entre  los  dos extremos de esa presunta relación, no existió contacto alguno,  pero  ni  siquiera  conversación  fugaz, acerca del hecho buscado por uno y por  otro” (fl. 257).   

          Les   concedió   a  ambos  procesados  la  condena  de  ejecución  condicional.   

         

         

LA DEMANDA  

          Cargo único   

          Se  formula  un  único  cargo  contra la sentencia al amparo de la  causal  primera, cuerpo segundo, por violación indirecta de la ley (art. 220-1,  Cuerpo   2o.   C.P.P.),  debido  a  la  apreciación  errónea  de  una  prueba,  “entregándole un carácter que no tiene”.   

          El  actor  parte del supuesto material sobre el cual se edificó el  cargo  por  Falsedad  ideológica, esto es, la receta de medicamentos expedida a  nombre  de  Inés  Velasco,  para  censurar  la  valoración  que  le asignó el  fallador,  cuando  sostuvo  que  en  ese documento el doctor VALDIVIESO realizó  afirmaciones  falsas,  lo  que llevó al Tribunal a adecuar el comportamiento en  artículo 219 del Código Penal.   

          El  demandante  se  refiere  al  texto  de  la  fórmula médica, y  concluye  que  ésta  no  tiene  la  categoría  de  constancia o certificación  médica,   que   no   contiene   afirmación   alguna  y  sólo  relaciona  unos  medicamentos.   Por  tanto,  si no incluye una afirmación, ni consigna una  mentira,  ni omite la verdad, no se puede hablar del agotamiento de una falsedad  ideológica  en  documento  público,  conclusión  que,  según  el recurrente,  admite  el  Tribunal Superior de Cali al haber absuelto al doctor VALDIVIESO por  el   delito   Peculado,   porque  ello  indica  que  no  estaba  faltando  a  la  verdad.   Esa apreciación errónea del documento condujo a una adecuación  típica inexistente, anota.   

          En  opinión  del  censor,  para  que  un  escrito pueda constituir  documento  a  la  luz  de las reglas probatorias, debe afirmar hechos y contener  manifestaciones  de  voluntad,  entendidas como pensamientos capaces de originar  consecuencias de índole jurídica, en el mundo exterior.   

          Reitera  que  a  la  mencionada  prueba  se  le dio un valor que no  tiene,  al  decir  que  contiene falsedades cuando en realidad no es así.   Error  que,  además  de  ser manifiesto, ostensible y protuberante, gravitó en  forma  determinante  y  categórica sobre la responsabilidad penal que se dedujo  en contra del doctor OSCAR HERNANDO VALDIVIESO.   

          Para  el  impugnante,  está  absolutamente  probado que el acusado  jamás  atestó  en la fórmula médica que hubiera reconocido físicamente a la  señora  Inés Velasco, ni que exploró o examinó la historia clínica de ella,  sino  que  relacionó  unos  medicamentos,  que podían conducir al retiro de la  droga.   

             Deduce  el censor que esa manera de formular una droga y en  las  circunstancias  descritas  en la investigación, no permiten afirmar que se  consignó  una  falsedad;  y  en  ausencia  del  verbo rector, no se tipifica el  artículo 219 del Código Penal.   

          Como  normas infringidas el actor transcribe los artículos 219 del  Código  sustantivo  penal y 246, 247, 248 en concordancia con las números 259,  264,  274,  282,  296,  300  y  254  inciso  2o.  del  Código  de Procedimiento  Penal.   

          Finalmente,  pide  a  esta  Sala  casar  la sentencia y en su lugar  absolver a OSCAR HERNANDO VALDIVIESO.   

         

CONCEPTO DEL PROCURADOR PRIMERO  

DELEGADO EN LO PENAL  

          Como   fundamento   de  la  solicitud  de  no  casar  la  sentencia  impugnada,  la  Delegada relieva defectos técnicos de la demanda, como la falta  de  definición  sobre el tipo de error cometido (si de hecho o de derecho), con  la   advertencia   de  que  los  primeros  enunciados  permiten  interpretar  la  postulación  de  un error de hecho por falso juicio de identidad, pero luego se  desvían  hacia  la  demostración  de  un  presunto  error de derecho por falso  juicio de convicción.   

          Ya  “desde  el punto de vista sustancial” (fl. 10 cdno. Corte),  el  Procurador  encuentra  totalmente  desacertado  el  argumento  de censura, y  replica  que las recetas médicas, suscritas por profesionales de la medicina al  servicio  de  entidades  de  salud  del  Estado, en ejercicio de sus funciones y  dentro  de  la  órbita  de  su  competencia,  configuran  verdaderos documentos  públicos.   

          En  ellas  se  encuentran  implícitamente consignadas afirmaciones  con  aptitud  probatoria en los ámbitos médico y contable.  En el primero  porque  afirma  la  previa revisión del paciente, o de su historia clínica, lo  que   justifica  la  ordenación  de  la  droga.   En  el  segundo,  porque  tácitamente  se afirma que el paciente se identificó como afiliado con derecho  al  servicio  de salud, y porque la fórmula representa el soporte contable para  la entrega de la droga por parte de la farmacia.   

          Previa  descripción  de  la  conducta  asumida por el doctor OSCAR  HERNANDO  VALDIVIESO,  advierte  que  se  trataba  de un funcionario público en  ejercicio  de  su  cargo,  que  elaboró  un  documento auténtico, genuino, con  aptitud  probatoria  en  el  ámbito  médico  y  contable,  con el cual dispuso  irregularmente  la  entrega  de  una  droga,  con  una  finalidad contraria a la  afirmada  en  el  formulario  médico.   Por  ello,  estima  es evidente la  configuración  de  la  falsedad  ideológica  en  la  cual  incurrió el doctor  VALDIVIESO  al suscribir el referido documento público, siendo una conducta que  realizó  a  conciencia  de  su  ilicitud,  como  desarrollo de un mal entendido  compañerismo,  que  contribuye al “desangre” de las entidades del sector de  la salud, con el consiguiente perjuicio para la sociedad.   

          Comparte  la  Delegada  el  argumento  del Tribunal, que pregona la  elaboración  del  referido  documento  dispositivo, que permitió retirar de la  farmacia  unos  medicamentos,  con una base fáctica falsa, todo lo cual lesiona  la  confianza  ciudadana  depositada  en  las  formas escritas expedidas por los  servidores  públicos,  además  de  la  vulneración  de su poder probatorio al  entrar en el tráfico jurídico.   

          Concluye  que,  así,  el  cargo  no  prospera y que, por tanto, el  fallo no debe ser casado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

         

          Cargo único   

          1.-   El  mismo se enuncia como “error en la apreciación de  la  prueba”  o  “falsa  interpretación de la prueba”, referida ésta a la  fórmula  médica  que obra a folio 166 y que elaboró el médico OSCAR HERNANDO  VALDIVIESO,  y  anota  el casacionista al respecto que “se le dio a esa prueba  un  valor  que  no  tiene,  puesto  que  se dijo que contenía falsedades cuando  realmente ello no es cierto” (fl. 296 supra. cdno. No. 2).   

          Como  se aduce, pues, que el sentenciador erró al apreciar que tal  documento  contiene  afirmaciones  falsas, evidentemente se le enrostra un yerro  de  raciocinio  cometido  por falta de lógica, lo cual contrariaría el mandato  contenido   en   el   artículo   254  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  conformaría,  por  tanto  un  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad,  precisión  que  por  parte alguna hace el demandante pero que no es óbice para  que  la 

Sala examine de fondo el reproche, ya que,  reitérase,  del  desarrollo  de  éste  cabe extraer con legitimidad que de tal  índole es la censura.   

          2.-  Pues bien:   

          El  Tribunal  respondió  en  los  siguientes  términos tal tesis,  igualmente  argüida  por  el  defensor  del  médico VALDIVIESO al sustentar la  apelación contra la sentencia:   

          “En  síntesis,  el  imputado  VALDIVIESO creó integralmente una  fórmula  médica,  expedida dentro de su propia órbita de funciones, dentro de  la  cual  consignó  aspectos  que  no  correspondían  a la verdad de lo que le  constaba,  que  sirvió como elemento para soportar la salida de medicamentos de  la  farmacia de la institución, entregados a personas diferentes a aquellas que  eran sus presuntas beneficiarias.   

          “La  fórmula  tenía  sólo  una  apariencia de verdad, y era un  acto  de autorización contenido en un documento público, como que fue expedido  por  empleado Oficial, en ejercicio de sus funciones y en ejecución de actos de  su propia competencia” (fl. 240).   

          Y agregó a folios 241 a 243:   

          “En  efecto,  hoy  se  acepta  que la Sociedad tiene derecho a la  veracidad,   autenticidad   e   integridad   de   los   signos  de  valor  y  de  autenticación,  en  las  de  las formas escritas jurídicamente relevantes como  medios  de  prueba  y  en  la autenticidad de las personas que los expidan, todo  ello  indispensable  para el tráfico jurídico; pero, además, en la medida que  las  formas  externas  documentales  tienen  poder  como  medio  de  prueba, han  adquirido  crédito  en  las  relaciones  de la vida social, y, de consiguiente,  asume   el   carácter   de  documento  “todo  escrito  (elaborado)  por  una  persona determinada, fijado  sobre  un  medio,  e  idóneo  para servir, en el tráfico o en el proceso, como  prueba  de  un  hecho  jurídicamente relevante”) Borettini, citado por Romero  Soto,   la   Falsedad   Documental,   edit   Presencia,   Bogotá,   1.976,  pag  45).   

         “El   bien  jurídico  tutelado  con  la  norma  prevista  en  el  artículo  219,  no  es  otro  que  el interés del Estado y la comunidad por el  respeto  a la fé pública que en el aspecto particular del Tipo que analizamos,  tutela  y  resguarda  no  tanto  la  genuinidad  o  autenticidad  del  documento  público,  cúanto  (sic) su veracidad y cotenido intelectual “(Delitos contra  el  Estado  y  delitos  contra  la  fe pública, Jorge Enrique Valencia M, edit.  jurídicas, Bogotá, 1.995, pag. 123).   

         “Así  vistas las cosas, entonces, debe cocluirse que la fórmula  elaborada   por   el   procesado   OSCAR   HERNANDO   VALDIVIESO,   tenía   las  características   de   un  documento  público,  por  haber  sido  expedida  en  formulario  oficial  y  exclusivo,  destinado a tal menester por una entidad del  Estado,   y   por  funcionario  que  obraba  dentro  de  su  propia  órbita  de  competencia;  documento  que,  de otra parte, contenía atestaciones de hechos y  relación  de  los  medicamentos que debían entregarse al usuario, en virtud de  este  acto  de  autorización, como lo denomina Romero Soto en su obra ya citada  (pag. 73).   

         “Se  trataba,  entonces, de un documento eminetemente dispositivo  que  contenía  declaraciones  de  verdad, dentro del cual el funcionario estaba  obligado  a  consignar la existencia de un hecho, en este caso, la presencia del  usuario  que  demandó  el  servicio  y su debida identificación; mientras, por  otro  lado,  la  enumeración  que  realizara en el escrito de los medicamentos,  indispensable  para  sustentar  la  entrega de ellos, debía haber nacido de los  requerimientos  del paciente, de acuerdo al criterio profesional del médico que  los  recetaba.  Este, de su lado, garantizaba la verdad de lo consignado en  el  escrito  con  su firma autorizada, con lo cual se completaba la autenticidad  del documento.   

         “La  fórmula  que elaboró el galeno sindicado resultó falsa en  cuanto  a  la  atestación  de  los  hechos  referidos  al  beneficiario  de los  medicamentos,  y en cuanto a la correspondencia de éstos con los requerimientos  de  tratamiento  médico  de  una  persona  que  jamás  fue  examinada  por  el  profesional,  razón  por  la  cual  lo  consignado  en  la misma constituye una  FALSEDAD IDEOLOGICA EN DOCUMENTO PUBLICO”.   

          Y  de  verdad  que  la  afirmación  del actor en el sentido de que  dicha  fórmula médica no exhibe atestación ninguna, sino que simplemente hace  una  “relación  de medicamentos”, no pudiendo entonces servir como medio de  prueba  y  revelando,  pues,  su  atipicidad frente al artículo 219 del Código  Penal  (falsedad  ideológica  en documento público), la contradice al interior  de  la  misma  argumentación,  pues reconoce con el Tribunal que dicha fórmula  “puede  conducir adicionalmente al retiro de la droga como el cheque lo es del  efectivo”  (fl.  296),  y  si  es  (no  es  que “pueda ser”, como allí se  afirma),  como  efectivamente  lo  fue,  una  orden  o autorización de entregar  medicamentos,  sin  duda que traduce un medio de prueba, atestación falsa, pues  se  ordenó  entregarlos  o  “despacharlos” a INES VELASCO DE SANTA, persona  que  -no  se  discute  ni  por  el  mismo  casacionista- no consultó al médico  procesado  y  finalmente  el destinatario de la droga fue el coprocesado SALAZAR  ARBELAEZ.   

          Al  respecto,  recuérdese  qué dice esa fórmula médica (fl. 166  cdno. No. 1):   

          Beneficiaria:   “INES  VELASCO.  Número de afiliación  88.26.60.   Nombre  genérico  del medicamento.  Dosificación y vías  de     administración      “RIFANCIPINIA:     30    tabletas.   AMIKACINA:   10  ampollas.   TINOPTOL:  2 frascos”.  Firma  el   médico   procesado   Valdivieso   y   -aparentemente-   la   señora  INES  VELASCO.   

          Esa   fórmula   sirvió   de  soporte  documental,  para  que  los  medicamentos  salieran  con  visos  de  legalidad,  de  la  farmacia a cargo del  coacusado  SALAZAR  ARBELAEZ.   De  suerte  que la capacidad dispositiva de  esos  datos  falsos  consignados por el funcionario público en ejercicio de sus  funciones, no ofrezca realmente incertidumbre alguna.   

          No  incurrió,  pues,  el  Tribunal  en error de ninguna especie al  discurrir  de la transcrita manera, la que le sirvió de sustento para arribar a  la condena que ahora se combate.   

          El cargo, pues, fracasa y el fallo no se casará.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación   Penal,   de   acuerdo  con  el  concepto  del  Ministerio  Público,  administrando  justicia  en  nombre de la República de Colombia y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE  

          NO CASAR el fallo impugnado.   

         

          Cópiese,  comuníquese  y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                             CARLOS E.  MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

CASACION No. 11.024  

NO CASA  

A   DESPACHO:     MARZO   22  DE  1996   

PROYECTO:      JUNIO   21   DE  2000   

PRESCRIBE:     AGOSTO   10   DE  2000   

(ART. 82 C.P.)  

DR. GUILLERMO CRUZ CRUZ    

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