35843(24-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

         

Aprobada acta número 124  

Bogotá,   D.C,   abril   24   de  dos  mil  trece.   

La Sala de Casación Penal profiere sentencia  anticipada     en    el    proceso    adelantado    contra    el    congresista JAIME  CERVANTES  VARELO, quien aceptó cargos como autor del  delito de concierto para delinquir agravado.   

Hechos  

          Así  se narraron en la providencia mediante la cual se resolvió la  situación jurídica del procesado:   

         

“Es  motivo  de investigación de la Corte  las  denuncias  sobre  presuntos  nexos  del  actual  Representante a la Cámara  JAIME     CERVANTES VARELO con  miembros  del  autodenominado    Bloque  “Norte”,  Frente   “José  Pablo  Díaz”  de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia,  comandadas  por Edgar Ignacio Fierro Florez, alias Don Antonio; vínculos que al  parecer   tuvieron   como   escenario   los   convenios  realizados  durante  la  administración  de  la  alcaldesa de Soledad, Rosa Estela Ibáñez y durante su  campaña  a  la  Cámara  de  Representantes para el período 2006-2010, en cuyo  proceso  habría  recibido  apoyo logístico y financiero de dicha organización  para la consecución de los resultados electorales.”   

Identificación del Procesado  

          JAIME  CERVANTES  VARELO, identificado con  la    cédula   de   ciudadanía   número   8.758.294   expedida   en   Soledad  (Atlántico),   abogado  de  profesión,    Representante    a   la   Cámara   por   el   Departamento   del  Atlántico.   

Actuación Procesal  

         

El  1°  de  abril  de  2011, con base en la  denuncia  formulada  por José Humberto Torres Díaz, la Sala  de Casación  Penal  decidió  abrir indagación preliminar contra el congresista JAIME  CERVANTES  VARELO (folio 14 cuaderno  uno).   

El  6  de febrero del presente año, la Sala  inició     investigación     penal     contra     el    doctor    CERVANTES  VARELO (folio 218 cuaderno dos),  y  ordenó  su  captura,  acto que se materializó con la entrega voluntaria del  investigado el día 13 de febrero hogaño.   

          El    14    de    febrero    siguiente,   el   doctor   CERVANTES   VARELO   fue   escuchado   en  indagatoria;  y  el 20 de febrero de la cursante anualidad, la Sala le resolvió  la  situación  jurídica,  imponiéndole  medida de aseguramiento de detención  preventiva  como  presunto autor del delito de concierto para delinquir agravado  (folio 17 cuaderno tres).   

         

El 28 de febrero del mismo año, el procesado  manifestó  su deseo de someterse al trámite de sentencia anticipada; solicitud  coadyuvada   por   su   defensor   (folio   237   cuaderno  dos  y  65  cuaderno  tres).   

El  14 de marzo de 2013, la Sala le formuló  cargos   al   doctor   CERVANTES   VARELO  como  presunto  autor  del delito de concierto de delinquir con la  finalidad  de  promover grupos armados al margen de la ley, conducta descrita en  el  Libro  segundo, Título XII, capítulo primero, aparte segundo del artículo  340 del Código Penal que dice:   

          “Cuando  varias  personas  se  concierten  con  el  fin de cometer  delitos,  cada una de ellas será penada, por esa sola conducta, con prisión de  tres (3) a seis (6) años.   

          “Cuando  el  concierto  sea  para  cometer  delitos  de genocidio,  desaparición  forzada  de personas, tortura, desplazamiento forzado, homicidio,  terrorismo,  narcotráfico,  secuestro  extorsivo,  extorsión o para organizar,  promover,  armar  o  financiar grupos armados al margen de la ley, la pena será  de  prisión  de  seis  (6)  a  doce (12) años y multa de dos mil (2.000) hasta  veinte mil salarios mínimos legales vigentes.”   

         

El  doctor  JAIME  CERVANTES  VARELO,  como  quedó consignado en el acta  respectiva,             aceptó,    libre,  voluntaria  e  incondicionalmente,  los  cargos  formulados  (folio  93 cuaderno  tres).   

Consideraciones de la Corte  

          Primero. Competencia.   

         

De  acuerdo  con  el  artículo  235  de  la  Constitución  Política  y el numeral 7 del artículo 75 de la ley 600 de 2000,  la  Corte  es  competente  para  investigar  y  juzgar  al  doctor  JAIME  CERVANTES VARELO por la comisión de  la  conducta  de  concierto  para delinquir agravado que se le imputa (artículo  340  inciso  2  de  la  ley  599 de 2000), dada la condición de congresista que  ostenta  en  la  actualidad, conforme a la constancia signada por Jesús Alfonso  Rodríguez  Camargo,  Secretario General de la Cámara de Representantes (fl. 12  c.1).   

Teniendo en cuenta que el doctor JAIME   CERVANTES   VARELO   ejerce  como  Representante  del  Departamento  del  Atlántico  y que actualmente detenta esa  dignidad,  esa  sola condición autoriza a la Sala dictar la sentencia de fondo,  de  conformidad  con el artículo 235 de la Constitución Política, que dispone  que  la Sala de Casación Penal de la Corte es competente para acusar y juzgar a  congresistas    en   ejercicio,   sin   importar   la   conducta   que   se   le  imputa.   

Segundo. Acerca de  las  soluciones  abreviadas  que prevé la ley 600 de 200, la Corte ha señalado  lo siguiente:   

“En las reformas a los sistemas procesales  en  Colombia,  se   destacan  la incorporación al tradicional sistema  de    investigación    y    juzgamiento    penal,1   

de  dos   formas  de  terminación  anticipada  del proceso, afines con sistemas procesales de justicia consensuada:  la sentencia   

anticipada   y   la   audiencia  especial.  2   

   De  ellas,   en   la   ley    600    de    2000,   subsiste   la  sentencia  anticipada,  institución  a  la  cual  por  vía  jurisprudencial  se  le  han extendido los  beneficios  de reducción punitiva que trae la ley 906 de 2004, en el sentido de  que  la  pena  imponible  para la conducta imputada se puede reducir hasta en un  50%,  cuando la aceptación de cargos se produce antes de la ejecutoria del auto  por  medio  del  cual  se  cierra  la  instrucción, tal como ocurre con algunas  diferencias   explicables   por   corresponder   a  diferente  sistema,  con  la  institución  del  allanamiento  a  cargos  del  proceso  acusatorio,  según el  criterio     mayoritario     de     la     Sala.3   

         

Asimismo,  en  cuanto  a  los beneficios que  comporta  este   trámite para el procesado y el sistema de administración  de justicia, señaló:   

“Aparte  de  los mutuos beneficios para la  Administración  de  Justicia  y el procesado, que se justifican en la economía  procesal  que  significa  la  renuncia del sindicado al trámite del proceso y a  discutir  las  pruebas  en  su contra, el principio de consenso permite subrayar  otros  efectos  simbólicos  no  precisamente  utilitaristas,  como el de que el  acuerdo  entre  la  administración  de  justicia  y el procesado puede llevar a  fortalecer  la  norma  y  la  dinámica  de  la  resocialización,  debido  a la  legitimidad  que  se  le  confiere al poder punitivo del Estado por razón o con  ocasión  del  consenso,  sobre todo desde el punto de vista de derechos penales  de     marcada    orientación    preventiva.    4    

                    

“Por último, la  formulación  de  cargos  y  su  aceptación  se asimilan probatoriamente en sus  efectos  a  la  confesión  simple,  corroborando  la  prueba de cargo hasta ese  momento  recaudada  por  el  Estado.”  5   

La  Sala,  entonces, de conformidad con esa  comprensión,  dictará la  sentencia  anticipada  de conformidad con los cargos que le fueron formulados al  procesado   y   que   él   voluntaria,  libre e incondicionalmente aceptó.   

          Tercero. De acuerdo con el artículo 232  de  la  ley  600  de 2000, “no se podrá dictar sentencia condenatoria sin que  obre  en  el  proceso prueba que conduzca a la certeza del hecho punible y de la  responsabilidad del procesado.”   

          Pues bien:   

En    asuntos   en   los   que  la  responsabilidad  y la respuesta  punitiva    es    consensuada,    el       procesado        avala       o            confirma         con   la   

aceptación  de  cargos  la  prueba  que  ha  recaudado    el    Estado    para    demostrar    el    hecho   punible   y   su  responsabilidad    6   

;  en este caso, la comisión del injusto de  concierto  para  delinquir para promover a un grupo armado ilegal descrito en el  numeral  2º.,  del  artículo  340 del código penal, y su responsabilidad como  autor.   

          En  ese  orden,  con  el  fin  de  apreciar  la  antijuridicidad  del  daño y la lesividad de la  conducta,  se  debe  destacar lo que ha dicho la Sala  acerca  del  tipo penal de concierto para delinquir agravado, las alianzas entre  el  paramilitarismo  y  la  clase  política  y  su  interferencia  con  el bien  jurídico de la seguridad pública:   

“…  se diseñaron en el código penal de  2000  tres  propuestas dogmáticas para enfrentar distintos tipos de riesgo para  el  bien  jurídico:  en  la  primera se mantuvo la fórmula tradicional para el  concierto  simple, o para cometer delitos indeterminados, con la que se enfrenta  la   llamada     delincuencia    común   o    convencional.   En  la   

segunda  se  delineó  el  concierto  para  delinquir  agravado,  diseñado  estratégicamente  para  sancionar, entre otras  conductas,  el  acuerdo  para  promover,  financiar,  armar  u  organizar grupos  armados  al  margen  de  la ley, y en la tercera un tipo especial que si bien no  conserva  la misma técnica penal, se refiere a la efectiva materialización del  acuerdo. 7   

    

“De ese modo se confirma la idea de que las  fórmulas típicas deben corresponder a la manera como   

se  manifiestan  relaciones  delincuenciales  esencialmente  dinámicas,  las  cuales  dentro  de  una  nueva elaboración del  sentido  del bien jurídico, permiten incluir novedosos  comportamientos  compatibles con la idea de promover grupos armados al margen de  la  ley,  como  corresponde  al  sentido  y teleología contemporáneas del tipo  penal.8       

                      “Por esa  razón,  estas  nuevas  modalidades  de  ilegalidad  que  colocan  en  riesgo la  seguridad  pública,  le  han  permitido  a  la  Sala  en  la  hora  actual,  al  interpretar   el   concierto   entre  grupos  armados  y  representantes  de  la  institucionalidad, sostener lo siguiente:   

“Teniendo en cuenta lo anterior y lo que de  ordinario    sucede    en    aparatos    organizados   de   poder   –  todo  para  no  desconocer  el  bien  jurídico,  el  sentido  del  tipo  penal,  o  los  contenidos  de  la  conducta  –, el aporte del político  a  la  causa  paramilitar  cuando coloca la función pública a su servicio debe  mirarse  no  tanto  en la creación de disfunciones institucionales – que, claro, le agregan mayor gravedad  al  injusto  -, sino en la medida que con esa  contribución  se   incrementa   el   riesgo  contra  la   

seguridad  pública  al potenciar la acción  del   grupo  ilegal,  como  puede  ocurrir  cuando  por  la  influencia  de  las  autodefensas  se  crean  condiciones  materiales  mediante inversión estatal en  lugares  donde  la  acción  del  paramilitarismo  es  evidente.” 9   

          Sin  duda,  por  lo  que  se  habrá de indicar, la cooptación del  Estado  por  estructuras  ilegales  al  colocar las instituciones al servicio de  grupos  ilegítimos, es evidente en este proceso, pues la conducta del político  se  incorpora  a estrategias ilícitas destinadas a colocar la función pública  al  servicio  de  un  grupo  ilegal, incrementando el riesgo contra la seguridad  pública  al propiciar acciones desde el Estado a favor de un grupo armado ilegal.   

          Véase:   

         

En   la  definición  de  la  situación  jurídica  se  apreciaron  las      pruebas      que      con      mayor     detalle     permitían    aseverar    que    el   Frente  “José  Pablo  Díaz”  del  “Bloque   Norte”   de   las  autodefensas,  influyó  en  el quehacer social y político  de   vastas  zonas  del  Departamento  del  Atlántico,  interfiriendo  incluso  procesos colectivos e  institucionales   

bajo órdenes de Edgar Ignacio Fierro Flórez,  alias  “Don  Antonio”,  Carlos Mario  García  Ávila, alias   “el   médico  o  Gonzalo”  y  Mario Marenco, “el  gordo”,  jefes  paramilitares  quienes  asumieron por su cuenta y  riesgo  que  mediante  la  violencia y la corrupción podían someter a una sociedad con  el   fin   de   imponer   sus   particulares   percepciones   de   la   realidad  social.   

Tal  fue  el  dominio  paramilitar  y  la  cooptación  de  las  instituciones  locales,  que  en cargos administrativos de  mayor  importancia  del  Hospital  Materno  Infantil  del  municipio de Soledad,  fueron  designados  familiares  de  Edgar  Ignacio  Fierro Flórez, e incluso el  padre  de  Carlos  Mario García Ávila, alias “El médico”, jefe supremo de  la  política del Frente José Pablo Díaz, se desempeñó como asesor jurídico  de  esa  entidad, institución en la cual festinaron la contratación pública y  crearon   una   nómina  de  empleados  con  la  cual  respaldaron  política  y  electoralmente,   entre   otros,   a  JAIME  CERVANTES  VARELO, según lo declaró Manuel Peña Infante, quien  manifestó  que  por órdenes de los mandos paramilitares debió inscribir en el  Puesto  de  Salamanca  a  varias  personas  con  el fin de garantizar el apoyo a  candidatos  de  las  autodefensas,  y  retribuir  económicamente los beneficios  contractuales a los miembros de esa organización ilícita.   

         

Es más, Edgar Ignacio Fierro Flórez, alias  “Don  Antonio”,  reconoció que impuso a Rodrigo Romero Racedo en la cúpula  del  Hospital  Materno  Infantil con el fin de asegurar el dominio en ese Centro  Hospitalario,   el   reparto   de   cuotas  políticas  y  el  señorío  de  la  contratación,  asuntos  que  se  garantizaba,  como ha quedado expuesto, con el  nombramiento  de  familiares  en  puestos  vitales  de  la  cadena funcional que  intervenía  en estos procesos administrativos, como incluso lo había advertido  Manuel         peña         Infante.        10   

          De  manera  que  la  cooptación  del  Estado  y su incidencia   en   los  procesos  políticos  locales por parte del Frente  “José  Pablo Díaz” de las autodefensas no está en discusión, entre otras  razones  porque  Mario  Marenco y Edgar Ignacio Flórez aceptan su incursión en  las  políticas  públicas del importante municipio Atlanticense. Es más,   Edgar   Fierro   Flórez   relató  como  el  grupo armado ilegal  llegó a posicionarse  en  el escenario local, contando   

con   la   siempre   importante  y  crucial  coordinación  de  Carlos  Mario  García  Ávila, supremo jefe político de las  autodefensas  en  el  Departamento  del  Atlántico,  bajo  cuyo  liderazgo  las  autodefensas  establecieron  acuerdos  con la clase política, y entre ellos con  Jaime   Cervantes   Varelo,  Representante a la Cámara por ese Departamento.   

          No  se  requiere  ahondar  mucho  en  el  expediente  para encontrar  referencias    de    todo    orden   a   las   relaciones   entre   Jaime  Cervantes  Varelo  y  los paramilitares. Así, la mención de los  principales  líderes  del  grupo ilegal respecto de ese tema, permiten entender  porque,  en  principio, Jhon Jairo Rodelo Neira, alias “Jhon 70”, integrante  del  Frente  José  Pablo  Díaz, aceptó ante fiscales de Justicia y Paz, haber  observado    a    Cervantes    Varelo   en  la  Base  de Corea en la Sierra Nevada, principal cuartel de ese  grupo,  aún  cuando  luego  se  retractó  sin  ninguna razón que justifique o  explique su nueva versión de los hechos.   

En  efecto, si bien Rodelo Neira pretendió  retractarse    con    explicaciones   inaceptables11,  lo  cierto  es  que  Edgar  Ignacio  Fierro  Flórez da cuenta de ellas, al señalar que si bien no pudo ser  en  la  base  de  Corea,  de  lo  que si está seguro es de la reunión a la que  asistió  Cervantes Varelo en  el  sitio denominado “La Mesa”, una zona dominada por el grupo ilegal, sitio  al  cual  Cervantes Varelo fue  llevado  por  Carlos  Mario  García  Ávila  con  el  fin  de  demostrarle  sus  relaciones con las autodefensas.   

No  queda duda, entonces, que esta serie de  encuentros  con  ese  grupo  armado  al  margen de la ley, realizados en la más  absoluta   clandestinidad,  confirman  los  acuerdos  ilegales  de  Cervantes  Varelo  y  la cúpula del grupo  ilegal,  cuyos  mandos han aceptado que el político fue un integrante funcional  que  coadyuvó  a  la  cooptación  del  Estado  y  que  propició el dominio de  instituciones  oficiales  por  parte  de  grupos  armados al margen de la ley, a  cambio por supuesto de apoyos electorales.   

Por   lo   tanto,   la  Sala  de  esos  acontecimientos  puede confirmar la nefasta influencia de las autodefensas en la  vida  social  e  institucional del Departamento del Atlántico,  así   como  la   

evidente  alianza  entre  políticos  y  los  actores  ilegales  en  esa  región específica del país, hechos que denotan la  seriedad  de  la  imputación y la contundencia de los vestigios de una realidad  que  explica  la  gravedad,  el  sentido y la finalidad de la conducta que se le  atribuye  al procesado, consistente en incrementar el riesgo contra la seguridad  pública  al  utilizar  los  espacios  institucionales  en favor no de cometidos  estatales, sino de los actores ilegales.    

         

Por   lo  dicho,  pero  también  por  la  aceptación    de   cargos     del    procesado,    la   declaración    de   Edgar   Ignacio   Fierro  Florez,   alias    “Don    Antonio”,     en    el    sentido   que   el   grupo   de  autodefensas  bajo su mando  participó  del  quehacer  social  en  el Departamento del Atlántico, no ofrece  dudas;  tampoco  sus  vínculos  con  el  político  acusado,  más aun si en el  Computador  que  le  fue  incautado a Edgar Ignacio Fierro Flórez se encuentran  datos  que  corroboran  los acuerdos ilegales de todo orden entre el procesado y  los jefes de las autodefensas.   

         

          En  todo  ello cabe destacar que Edgar Ignacio Fierro Flórez, alias  “Don     Antonio”,     asocia     a    CERVANTES  VARELO  con la cúpula política de las autodefensas y  especialmente     con     Carlos     Mario     García   Avila,   “el  médico”,    y    Mario Marenco   Egea,   “el gordo”,   

personajes que lideraron los acuerdos y nexos  entre  la  clase  política del Atlántico y el grupo ilegal.  No cualquier  acuerdo,  sino  uno  destinado  a  favorecer  a  sus  aliados con el apoyo   financiero  y  logístico  que  una  elección  al  congreso  demandaba. En este  sentido,   por   ejemplo,   Edgar  Ignacio  Fierro   Flórez  aceptó   que     cuando     se    referían    a    JAIME   en  el  diálogo  que  quedó  guardado  en  el  computador  a  él  decomisado, y a la falta de dinero para la  campaña,  efectivamente  se referían con alias Gonzalo, a la preocupación por  conseguir    el    músculo    financiero   para   acompañar   a   JAIME   CERVANTES  en  su  propósito  de  alcanzar el Congreso de la República.   

          Esos  elementos  de  juicio  que  se  reafirman  con la admisión de  responsabilidad  por  parte del procesado, y que fueron fundamentales en la hora  de  la definición de la situación jurídica, confirman el acuerdo ilegal entre  el   congresista  JAIME  CERVANTES  VARELO,  y  el Frente “José Pablo Díaz”, aparato organizado de poder  ilegal  cuyo  radio de acción bordeó importantes regiones del departamento del  Atlántico,  “capturando”  a  través  del  ejercicio  de  la  violencia  el  “Estado  local”,  y  propiciando a través de ese o de otros medios, como la  infiltración  de  movimientos sociales y políticos, la elección de aliados en  el  Congreso  de  la  República,  tal  cual  aconteció  en  el  año  2006 con  JAIME        CERVANTES        VARELO.   

Precisamente   por  esas  razones  en  la  definición  de  la  situación  jurídica se resaltó, conforme a la prueba que  para  ese  momento  se  apreció,  la  cual  se  corrobora con la manifestación  voluntaria  del  procesado,  que:            

         “…En  este  sentido,  aparte  de estar probada la influencia del  grupo   ilegal,  su  presencia  en  el  municipio  de  Soledad,  y  la  toma  de  instituciones    como   el   Hospital     materno       Infantil,       obsérvese       que  testimonios  como  los  de  Manuel  Peña  Infante,  cierran  el  círculo de la  imputación  y  dan fe de que la incidencia de esa fuerza ilegal en los procesos  políticos  de  2002 es un asunto inocultable,   pues  como   lo   anotó  el  testigo  mencionado,  las autodefensas  del  Frente  José  Pablo  Díaz  controlaban  administrativamente  el  hospital  Materno  Infantil  de Soledad, en donde laboraban familiares de sus comandantes,  y  sus  empleados,  y previas órdenes de la dirigencia de la agrupación ilegal  apoyaron     la     candidatura     de     CERVANTES  VARELO  a la Cámara de Representantes, exigiéndole a  él  el  aporte  de  un  dinero  para  la campaña de éste, pues era uno de los  apoyados  por  las  AUC, como lo fueron otros a quienes se colaboró mediante la  zonificación   del   Puesto   de  Salamanca,    sitio   en   donde  por  orden  de   

las  autodefensas  se inscribieron a varias  personas  con el fin de apoyar a los candidatos del grupo ilegal.”12   

         

En  consecuencia,  la aceptación de cargos  por  parte  del  procesado  revela  la  antijuridicidad  del  comportamiento que  se    atribuye   al   doctor  CERVANTES  VARELO, justamente en los términos en los que la Sala  se    refirió   al   resolver   la   situación   jurídica   provisional   del  procesado:   

         

“En  ese  orden, la prueba indica que muy  probablemente  el  doctor  CERVANTES VARELO  se  concertó  con el grupo armado al margen de la ley, interesado  en  llevar  al  Congreso   a  aliados  que  les  permitieran  respaldar los  propósitos  del paramilitarismo,  lo  cual  amerita  que se  le  imponga  medida de aseguramiento como “autor”, pues es tal quien pacta o  se  concierta  con  el  grupo  ilegal  para  promoverlo,  tal como se deduce del  contexto  de la prueba que se acaba de indicar, resultando grave ese actuar, sin  importarle  los  intereses  de  la  sociedad,  al contrario, el recibir el apoyo  paramilitar,  le  representaba  ponerse  al  servicio  de  dicho   grupo  ilegal, y   

ese  proceder   no   puede   pasarse   por   alto,  por  lo  que no se comparten los  planteamientos  expuestos por la defensa, en el sentido de minimizar la gravedad  del comportamiento.”   

En  conclusión: no existe duda alguna y la  Sala,  por  el  valor  persuasivo  de  las  pruebas que se han indicado y por la  confirmación  de  los  supuestos  fácticos  mediante  la confesión simple del  procesado,   se  tiene  certeza  del  hecho  punible y   de  la  responsabilidad  del  autor,  razón por la cual se condenará al doctor  JAIME  CERVANTES  VARELO como  autor  del delito de concierto para delinquir agravado de que trata el artículo  340, inciso 2º, del código penal.   

Cuarto.  La       dosificación       punitiva.   

Demostrada  la  existencia  de  la conducta  punible   de   Concierto  para  delinquir  Agravado,  y  la  responsabilidad  de  JAIME   CERVANTES   VARELO  mediante  pruebas legal y oportunamente allegadas al expediente, se impondrá la  pena  conforme  a los criterios dispuestos para la determinación  de   la  punibilidad en el   

Libro  I, Título IV, Capítulo II, Artículo  54 y siguientes del estatuto sustantivo.   

Así, como la conducta punible de concierto  para  delinquir agravado de acuerdo a lo prescrito en el Art. 340 inciso 2° del  C.  P.  se sanciona con pena de prisión de seis (06) a doce (12) años, y multa  de  dos  mil  (2.000)  a veinte mil (20.000) salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  el  ámbito punitivo de movilidad de la conducta punible investigada,  será el siguiente:   

Cuarto Mínimo de: 72 a 90 meses.  

Primer Cuarto Medio de: 90 meses, 1 día a 108  meses.   

Segundo  Cuarto Medio de: 108 meses, 1 día a  126 meses.   

Cuarto  Máximo  de:  126  meses 1 día a 144  meses.   

De acuerdo con ello y con lo dispuesto en el  inciso  2  del  Art.  61  del  C.  P., se aplicará en orden a individualizar la  sanción,  la  establecida  dentro  del  Cuarto Mínimo, en virtud de no existir  atenuantes  ni  agravantes  diferentes  al ya tenido en cuenta en la imputación  fáctica, y la carencia de antecedentes penales (Art. 55 del C.P.).   

En cuanto a la mayor o menor gravedad de la  conducta,  el  daño  real o potencial creado, la naturaleza de las causales que  agraven    o   atenúen    la   punibilidad,   la   intensidad   del   dolo,   la  necesidad  de  pena y la  función  que  ella ha de cumplir, la Sala había realizado una aproximación al  tema en los siguientes términos:   

         

         “En  ese  orden, la creación o incremento del riesgo contra el bien jurídico  de  la  seguridad pública admite ponderaciones del aporte, pues no es lo mismo,  en  el  marco  del  juicio  de exigibilidad personal y social, el peligro que al  bien   jurídico  le  crea  la  conducta  de  quien  ostenta  la  condición  de  Congresista  de  la  de  quien  aspira  a  hacerlo, o el comportamiento de   quien   por  su   fugaz   tránsito  o  su paso episódico por el  Congreso,  no   tuvo  oportunidad   de  incidir en temas puntuales que  beneficien  en  concreto  a  las autodefensas, aún cuando por la sola manera de  acceder  al  cargo  haya  estado  en  potencialidad  de  hacerlo, situación que  explica   ese   mínimo  “desvalor  de  peligro”,  indispensable  para   conferirle   contenido   a   la  efectividad  del   peligro  de  que trata la categoría dogmática de la antijuridicidad (artículo  11 de la ley 599 de 2000), que es a su vez una medida de la pena,   

pues    la   sanción    se   debe  individualizar  teniendo  en  cuenta  “el  daño  real  o  potencial creado”  (artículo 61 de la ley 599 de 2000).   

         

Eso  significa  que  la conducta del doctor  CERVANTES  VARELO corresponde  a   una   conducta   que  elevó  el  riesgo  interferencia   con  el  bien  jurídico,13   

pues  existen, como se ha indicado, datos  objetivos  que  denotan  la  antijuridicidad    del   daño   y   que  le confieren sentido al “mínimo desvalor de peligro” que  sustenta  la  antijuridicidad  material como desvalor de resultado, al punto que  desde  su  oficina  despachaba  CARLOS  MARIO  GARCIA  AVILA,   alias   “EL    MEDICO    y/o    GONZALO”,   lo   cual   amerita una   

sanción  que vaya más allá del mínimo del  primer  cuarto,  como corresponde a la necesaria ecuación entre conducta, daño  y proporcionalidad de la respuesta.   

Además,   entendía   por  su  posición  funcional  en  el  Estado la gravedad de la conducta, por lo que la pena mínima  merece  incrementarse  en  catorce meses, lo que significa que será de 90 meses  de  prisión.  Pero,  por  la  contribución  a la realización del principio de  economía  procesal  y  por  los  efectos simbólicos de la misma en cuanto a la  legitimidad  que  la  “sentencia  anticipada”  le  confiere  a  la respuesta  punitiva,  se rebajará la pena en 45 meses, que corresponden a una disminución  del  50%  de  la  sanción  impuesta,  conforme  a la opinión mayoritaria de la  Sala.   

La  pena de multa correrá la misma suerte,  es  decir,  que  la  que en principio sería de 20.000 salarios mínimos legales  mensuales,   se   debe   disminuir  en  una proporción  del  50%,  para  quedar  en  definitiva  en  10.000  salarios  mínimos  legales  mensuales.   

Por último, de conformidad con el artículo  52  del  Código  Penal,  la  Sala  condenará  a JAIME  CERVANTES    VARELO    a   la   pena   accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  tiempo  igual  al  de la  pena principal.   

Es  igualmente  claro que de acuerdo con el  artículo  56  del Código de  Procedimiento  Penal,  al  no  haberse   probado   que  se     hubiesen   causado   perjuicios  materiales  y  morales,  no  procede  la  condena por ese aspecto.   

Sexto.   Para  finalizar,  se advierte que no proceden ni la suspensión condicional de la pena  ni  la  sustitución  por la prisión domiciliaria. En ambos casos por impedirlo  un  requisito  objetivo:  en  el  primero,  porque  le ley autoriza el subrogado  frente  a  penas  que  no  excedan  de  tres años de prisión y en este caso la  impuesta  supera  ese  monto; y en el segundo,  porque  sólo es   viable  la sustitución cuando la pena mínima prevista en la ley para el delito  sea 5 años de prisión o menos, presupuesto que no se satisface.   

          Tampoco   resulta   procedente   la   concesión   de   la  prisión  domiciliaria     por   enfermedad,  pues  la   Profesional  Universitario   

Forense  del  Instituto  Nacional de Medicina  Legal,    mediante  informe  médico  No.  BOG-2013-004553  de  febrero  28  hogaño, concluye:   

“Con los elementos de juicios (sic) hasta  el  momento  obtenidos, con base en el examen físico del señor JAIME CERVANTES  VARELO se puede determinar:   

    

1. Al  momento  del examen del señor Cervantes Varelo no se encuentran  signos  clínicos  de  enfermedad  que  permitan fundamentar un estado grave por  enfermedad.     

    

1. Las  patologías  que  padece el señor Cervantes Varelo no requiere  manejo    de    urgencias    ni    intrahospitalario,    puede    ser   manejado  ambulatoriamente.     

    

1. Requiere   valoración   por  proctología,  dicha  orden  debe  ser  expedida desde su despacho.     

    

1. Requiere  valoración  por  especialista  en  Medina Interna con los  conceptos  de los especialistas (Medicina Interna y Proctología) será valorado  nuevamente         en        tres       (3)    meses   o   antes   si las     

condiciones  clínicas del paciente así lo  amerita y/o su despacho lo considera necesario.”   

Teniendo  en  cuenta  que  de  acuerdo a la  profesional  de  la medicina adscrita al Instituto Colombiano de Medicina Legal,  la  situación  médica  del  acá procesado no es compatible con el concepto de  grave  enfermedad,  no son admisibles los argumentos expuestos por la defensa en  orden    a    que    se    sustituya    la    prisión    intramural    por   la  domiciliaria.   

          Séptimo.  Como  la  señora LOLYLUZ MARIA  QUIROZ  se refirió a la comisión del delito de Homicidio en CESAR PICON, en el  que  se  menciona  a   JAIME   CERVANTES   VARELO  como  presunto  partícipe  del  mismo,  se  compulsara  copias con  destino a la Fiscalía  General  de  la  Nación  para que se realice la investigación correspondiente.   

Por lo expuesto, La  Sala   de   Casación   penal   de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Administrando  Justicia en nombre de la  República    de    Colombia    y    por   Autoridad   de   la   ley,   

Resuelve  

         

Primero.     Condenar    anticipadamente  al  doctor JAIME CERVANTES  VARELO  de notas civiles y personales indicadas en esta  providencia,  a  la  pena  principal  de  45 meses de prisión, a la de multa en  cuantía  de  10.000  salarios   mínimos  legales mensuales, y a  la   accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y   funciones   públicas   por   un  tiempo  igual  al  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  como  autor  responsable  del delito de   concierto   para   promover   grupos  armados al margen de la ley  (artículo 340 inciso 2º de la Ley 599 de 2000).   

Segundo.  No  son  procedentes,  por las razones expuestas, la condena en perjuicios, la condena de  ejecución condicional y la prisión domiciliaria.   

Tercero.     Compúlsense  las  copias  pertinentes  con destino a la Fiscalía General de la  Nación  para  que  se  investigue  la posible participación de JAIME CERVANTES  VARELO en el delito de homicidio de CRISTOBAL PICON.   

Cuarto. Remítase  el   proceso   al  Juzgado  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  –Reparto–      para      lo      de      su  competencia.   

Notifíquese y Cúmplase  

JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO    FERNANDO                              ALBERTO                             CASTRO  CABALLERO             

MARIA     DEL     R.     GONZALEZ  MUÑOZ    GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNANDEZ   

LUIS     GUILLERMO     SALAZAR  OTERO                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCIA  

Secretaria  

    

1  Al  proceso  penal,  sobre  todo  al  modelo que participa de la categoría conocida  como  sistema  “sistema  continental  europeo”,  se  le incorporaron figuras  propias del sistema anglo americano.   

2  En  los    artículos    37  (modificado    por    la    ley    365    de    1997)     y    37A   del   decreto   2700   de   1991  (incorporado   por  la ley 81 de 1993), se incorporaron al sistema procesal  los  institutos  de  la  sentencia  anticipada y de la audiencia especial. En la  primera  se  partía  de la aceptación simple y llana de los cargos formulados;  mientras   que  en  la  Audiencia  especial,  el  acuerdo  versaba  “sobre  la  adecuación  típica,  el grado de participación, la forma de culpabilidad, las  circunstancias  del  delito,  la pena y la condena de ejecución condicional, la  preclusión  por  otros  comportamientos  sancionados  con pena menor, siempre y  cuando  exista  duda  probatoria  sobre  su  existencia.”  Al sindicado que se  acogía  a la audiencia especial se le reconocía un beneficio de rebaja de pena  de una sexta a una tercera parte.   

3 Cfr,  por  todos,  lo  dicho  en  la  Sentencia  del  9 de diciembre de 2006, radicado  29.202, en la cual se expresó:   

“Esta   Corporación   en   decisiones  mayoritarias  venía  negando  la  posibilidad  de  aplicar por favorabilidad la  rebaja  punitiva  contemplada  en el artículo 351 de la ley 906 de 2004 a casos  tramitados  en  vigencia  del  artículo 40 de la ley 600 de 2000, al considerar  que  la  sentencia  anticipada  es  una institución diferente al allanamiento o  aceptación  de  cargos  que  prevé el sistema acusatorio imperante, lo cual no  permitía consecuencia favorable alguna.   

“Esa tesis jurisprudencial fue variada en  providencia  del  8  abril  de  2008,  radicado  25306,  con  posterioridad a la  sentencia  dictada  en  este  asunto por el Tribunal (enero 17 de 2008), fecha a  partir  de  la  cual Sala en criterio igualmente mayoritario viene aceptando que  el  instituto  del  allanamiento  a  cargos  guarda  similitud  con  la  antigua  sentencia  anticipada  y,  por  tanto,  es  factible reconocer la rebaja de pena  consagrada  en  el artículo 351 de la ley 906 de 2004,  respecto de hechos  cometidos en vigencia de la ley 600 de 2000.”   

4  Schuneman  Bernard,  Temas actuales y permanentes del Derecho penal después del  milenio. Ed. Tecnos. Madrid. 2002.   

5  Sentencia contra Robert Mendoza   

6   Cfr,   por   todos,  Sentencia  C  1300  de  2001  de  la  Corte  Constitucional, en la cual se expresó:   

“La aceptación  de  los  hechos  obra como confesión simple. La Corte  Constitucional  ha  dicho  que además de la aceptación por parte del sindicado  de  los  hechos  materia  del  proceso,  éste  acepta “la existencia de plena  prueba   que   demuestra   su   responsabilidad  como  autor  o  partícipe  del  ilícito”. (resaltado fuera de texto)   

7  Cfr.,   Corte   Suprema   de   Justicia,  Sala de casación Penal, radicado 26.942, auto del 14 de mayo de  2007,  reiterada  en  la  sentencia  del  25 de noviembre de 2008, en la cual se  indicó:   

“El  artículo  340  del  Código Penal  define  diversas  formas  de  ataque  al  bien  jurídico  que denotan la manera  progresiva  como  se  atenta  contra  la  seguridad pública. Así, en el inciso  segundo,  es  el  acuerdo de voluntades para promocionar, organizar, financiar o  armar  grupos armados al margen de la ley lo que le da sentido al injusto, en el  contexto  de  una modalidad muy propia de los tipos de peligro; y en el tercero,  desde  la  óptica  de  la  efectiva  lesión, se sanciona la conducta de armar,  financiar  o  promocionar a tales grupos. Eso implica que se describen conductas  secuenciales  en  escala  de  menor  a  mayor gravedad cuya lesividad se refleja  precisamente  en  el  tratamiento  punitivo,  como  corresponde  al principio de  proporcionalidad.”   

De igual manera, señaló:  

“En  la  escala progresiva de protección  de   bienes  jurídicos,  el  acuerdo  que  da  origen  al  concierto  para  organizar,  promover,  armar  o  financiar  grupos  al  margen  de  la  ley,  se  diferencia  de  la  efectiva  organización,  fomento,  promoción, dirección y  financiación  del  concierto, moldeando diferentes penas según la ponderación  del  aporte que se traduce en un mayor desvalor de la conducta y en un juicio de  exigibilidad  personal  y  social  mucho más drástico para quien efectivamente  organiza,  fomenta,  promueve,  arma o financia el concierto para delinquir, que  para quien sólo lo acuerda.” 7   

8  “Desde la perspectiva positivista, toda norma es un  momento  con  vocación  de  eternidad  o  una eternidad provisional… Entre la  promulgación   y  la  derogación  de  la  ley  no  sucede  nada.  No  hay  tiempo…Pero  el  tiempo hecho cultura impregna la aplicación del derecho y lo  va   transformando   tanto   desde   fuera   como  desde  dentro”.    

9  Sentencia  del  21  de  febrero  de  2011,  radicado  27.918   

10  Peña  Infante,  manifestó:  (9:10)  “A  todas  estas, después sale a la luz  pública  la  captura de  un señor EDGAR IGNACIO FIERRO alias don Antonio,  persona  que  desconocía,  no conocía quien era, y manifiesta públicamente de  que  él  tenía  el  control  de  muchos  entes  del Estado y entre esos estaba  vinculado  el  Hospital  Materno  Infantil,  en  el  sentido  de  esta  noticia,  empezamos  a estudiar o a investigar, saber de que la hermana de este señor era  en  el  fondo  la  Jefe  de  Control  Interno, muchos de esos familiares estaban  dentro  de  la  parte administrativa del Hospital como era su cuñado, (…), la  prima  hermana  JOHANA  CORTEZ  era la Jefe Jurídica, y otro tipo de familiares  (…).”   

11 En  su  versión señaló que días depuse coincidencialmente observó en la cárcel  en  un noticiero regional de televisión a Jaime Cervantes Varelo, y que por esa  razón  se  percató de que la persona a la cual se refería era otra, a la cual  no está en capacidad de identificar.   

12  Providencia del 20 de febrero de 2013.   

13 Al  interpretar  el  artículo  61  del código penal de 1980, norma sustancialmente  idéntica  a  la  del  actual  artículo  61  de  la ley 599 de 200l, la Sala en  Sentencia  de  Casación  del 4 de agosto de 2004, radicado 20,.229, expresó lo  siguiente:   

“En modo alguno, como se ve, el código de  1980  dejaba  al arbitrio del juez la fijación de la pena, pues se debía tener  en  cuenta  la  naturaleza  y  gravedad de la conducta, es decir, el desvalor de  acción  y  de  resultado,  como  categorías  omnicomprensivas  de  la forma de  ejecución   del   hecho  y  del  daño  o  peligro  en  que  se  manifiesta  la  antijuridicidad   del   comportamiento,   en   orden  a  brindar  una  respuesta  proporcional a la agresión causada.   

Bien puede decirse con palabras de la Sala,  que  la  norma  corresponde  y se articula con “la libertad de configuración de  que  dispone  el  legislador  para señalarle a las diversas especies de delitos  diferentes  consecuencias  punitivas  de  acuerdo,  entre  otras razones, con la  naturaleza   del   bien   jurídicamente   protegido”,   y   con  la  “facultad  que  le  confiere  al  juzgador  para que en cada caso  valore  las circunstancias concretas que rodean el hecho específico, atendiendo  por  ejemplo  la  intensidad del injusto, que bien puede medirse por los efectos  nocivos  de  la conducta que se reprime.”*     

Conducta,  lesividad y proporcionalidad, se  constituyen  así  en  el primer presupuesto de la determinación judicial de la  pena.     

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