40107(28-11-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Aprobado Acta N° 436.  

Bogotá, D.C., veintiocho de noviembre de dos  mil doce.   

V I S T O S  

Con  el  fin de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000,  examina  la  Corte  la  demanda  de casación presentada por el defensor de JUAN  CARLOS  MEJÍA  FRANCO, en contra de la sentencia de segundo grado proferida por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Manizales  (Caldas),  el  7 de junio de 2012, mediante la cual revocó el fallo absolutorio  emitido  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de esa ciudad, el 25 de abril  de  2008,  para  en  su lugar condenar al mencionado procesado, como responsable  del  delito  de contrato sin cumplimiento de requisitos  legales,  a  las  penas  principales  de  48  meses de  prisión,  multa  por  el  equivalente  a 50 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por 5 años.   

H E C H O S  

Ocurridos  en  Manizales  (Caldas),  en  los  fallos de las instancias se consigna que:   

“Los  mismos  consistieron en la supuesta  adquisición  de  unos  motivos  navideños  en  el  año  2002,  a  la  empresa  PROFUSIÓN  E.U.  con  sede  en  Medellín, por parte del Dr. Juan Carlos Mejía  Franco,  quien  fungía  como representante legal de INVAMA para aquella época;  elementos      que      alcanzaron      un     valor     de     $208’165.573.oo,  sin  que se agotaran las  ritualidades   relacionados   (sic)   en   materia  de  contratación  pública,  consagrados  en  la ley 80 de 1993, habiéndose verificado el mismo, al parecer,  en  forma  verbal y sin que se contara con la disponibilidad presupuestal que le  permitiera  cumplir  con dicho compromiso, lo que derivó en obligación de pago  por  vía  contencioso-administrativo,  mediante  conciliación,  por  parte del  Instituto       de       Valorización       de      Manizales      –INVAMA-”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Por  los  hechos  anteriores,  la  Fiscalía  Tercera  Seccional  de  Manizales dispuso la práctica de investigación previa,  el 1° de julio de 2005.   

Con resolución del 13 de diciembre del mismo  año,  su  homóloga  Quinta  ordenó  la  apertura  de  la  instrucción  y  la  vinculación  de  JUAN  CARLOS MEJÍA FRANCO, quien rindió indagatoria el 17 de  marzo  de  2006, en tanto que, resolvió su situación jurídica el 18 de agosto  siguiente, absteniéndose de aplicarle medida de aseguramiento.   

Clausurada  la  fase  instructiva  el  31 de  agosto  de  esa  anualidad,  la  Fiscalía  calificó su mérito el 4 de octubre  posterior,  profiriendo  resolución  de acusación en contra del sindicado, por  la  conducta  punible  de  contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales, tipificada en el artículo 410 del  Código Penal.   

La  fase del juicio fue inicialmente asumida  por  el  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de esa ciudad, oficina que luego de  realizar  la  audiencia  preparatoria  el  13  de  febrero  de 2007, remitió la  actuación  al  despacho  Segundo  de esa especialidad, el cual llevó a cabo la  diligencia  pública  de  juzgamiento  el  9 de abril de 2008 y dictó sentencia  absolutoria el 25 de los mismos mes y año.   

Apelado    dicho   proveído   por   los  representantes  del  ente instructor y el Ministerio Público, la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Manizales  lo  revocó  mediante fallo del 7 de junio de  2012,  a  través  del  cual  declaró  la  responsabilidad del procesado MEJÍA  FRANCO  en  el  ilícito  contenido  en  el  pliego  acusatorio  y le impuso, en  consecuencia,  las  sanciones principales reseñadas en la parte inicial de esta  providencia.  De  igual manera, se abstuvo de condenarlo al pago de perjuicios y  como  le  negó  los beneficios sustitutivos de la suspensión condicional de la  ejecución de la pena y prisión domiciliaria, dispuso su captura.   

La sentencia del Ad  quem  fue  oportunamente recurrida en casación por el  defensor del acusado.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Cargo único: violación directa.  

Con  fundamento  en  el  numeral  1°  del  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, el defensor de JUAN CARLOS MEJÍA FRANCO  acusa  al  fallador  de  segundo  grado  de haber violado directamente de la ley  sustancial,  por  falta  de  aplicación  del  artículo  38  del Código Penal,  incurriendo  así  en  un “falso juicio de existencia  sobre la norma”.   

En  términos  generales,  el  casacionista  critica  que  el  Tribunal,  apoyado  solamente  en la gravedad del delito y sin  atender  algunos  aspectos  trascedentes  de la personalidad de su defendido, le  haya negado el subrogado penal de la prisión domiciliaria.   

Es  así  como  previo  al  desarrollo de la  censura,  se  dedica  a  disertar  amplia y genéricamente sobre dicho beneficio  sustitutivo,  a  partir  de  su  consagración  legal,  exposición  de motivos,  naturaleza,  fines,  requisitos  y  la  relación  con las funciones de la pena.  Ello,  reforzado  con  vastas transcripciones de precedentes de la Sala alusivos  al  tópico,  de  los  cuales destaca que a pesar de que la Corte tiene definido  que   este  beneficio  no  resulta  procedente  en  conductas  de  significativa  trascendencia  social, como sucede con las cometidas por servidores públicos en  contra  de  la  administración  pública  y  la  recta y eficaz impartición de  justicia,  también  ha  estimado  que  la  gravedad  del delito no puede ser el  único    argumento   para   negarlo,   pues,   “la  consideración  aislada  de la relevancia del bien jurídico involucrado no pude  sustentar,  sin más, el presupuesto subjetivo”, toda  vez  que  “la concesión de la prisión domiciliaria  se  funda  en  los  fines  de  la  pena,  con criterios de prevención general y  especial”.   

Adentrado   ya  en  la  sustentación  del  reproche,  la  primera  crítica  que formula el demandante tiene que ver con el  tiempo  transcurrido  desde la época de los hechos, habida cuenta que carece de  sentido  que  a  una  persona  se le obligue a cumplir una pena intramuralmente,  cuando ya han pasado diez años desde entonces.   

Luego,   anuncia   la   exposición   de  “unos previos apuntamientos sobre las teorías de la  pena”,  los cuales divide en varios apartados en los  que  diserta  de  manera  genérica  acerca  de  la  retribución,  las teorías  preventivo-generales  y  especiales,  tanto  negativas  como  positivas,  y  las  funciones  de  la  pena,  apoyándose  en todos los eventos con múltiples citas  doctrinales sobre la materia.   

Acto  seguido,  el  impugnante  trasunta las  consideraciones  plasmadas  por  el Ad quem  en  torno  a  la  negativa  de  la  prisión  domiciliaria, con el  propósito  de  denunciar que violó el principio de la  prohibición  de  la  doble  valoración o prohibición     de     la     valoración     múltiple1, en la medida  en  que  la  fundó  en  varias  circunstancias que previamente había tenido en  cuenta   para   sustentar   la   condena   por   el   delito   de   contrato   sin   cumplimiento   de   requisitos  legales,  las cuales tienen que ver con la calidad de servidor público del  sindicado y la determinación de la antijuridicidad.   

De igual modo, cuestiona que el Tribunal haya  afirmado  que  este  subrogado  sólo  lo previó el legislador para punibles de  gravedad  y  reprochabilidad  menores,  pues,  en  tal  forma  desatiende que el  artículo  38  del Código Penal lo establece para delitos cuya pena mínima sea  de  5  años  de  prisión o menos, presupuesto en el cual se encuentra el aquí  investigado.   

En  el  capítulo  siguiente,  el recurrente  vuelve  a  pronunciarse sobre tópicos atinentes a la prisión domiciliaria, que  califica  una  y  otra  vez como “aflicción impuesta  coactivamente”.  Así, respaldado en cita doctrinal,  alude   de  nuevo  a  su  naturaleza,  lucubra  sobre  el  concepto  de  cárcel  electrónica,  sostiene  que  exigir  sanción  intramural por un delito como el  juzgado  en  este  evento,  no  puede constituir un mensaje desmotivador para la  sociedad,  y  critica  otra  vez  el  innecesario rigorismo punitivo que implica  exigir   el   cumplimiento   de  la  pena,  cuando  ha  transcurrido  un  tiempo  considerable   desde   la   época  de  comisión  de  los  hechos  –año 2002-.   

Adicionalmente,  asevera que no es coherente  que  el  Tribunal,  por un lado asegure la improcedencia del subrogado porque en  estos  eventos  no  es  viable  un  tratamiento  benigno y, por otro, imponga el  mínimo   punitivo,   atendidas  las  especiales  circunstancias  del  caso,  la  personalidad  del  agente, la gravedad de la conducta y el daño causado. En tal  medida,   no  se  entiende  por  qué,  entonces,  se  atrevió  a  afirmar  que  “no  hay  proporcionalidad entre la lesión del bien  jurídico y sus consecuencias penales”.   

Planteado  ese  y  otros  interrogantes,  el  recurrente  concluye  que  la  concesión  del  beneficio  no constituye ningún  desamparo  para  la  comunidad,  ni  genera  sensación  de  impunidad, pues, la  condena  por sí misma da cuenta de la efectividad del resultado del proceso. De  ahí   que  carezca  de  respaldo  el  aserto  del  Ad  quem, acorde con el cual, la prevención especial y la  reinserción   social   sólo   se   hacen   posible   mediante   la  detención  intramural.   

En soporte de sus afirmaciones, el censor se  refiere  nuevamente  al  tema  de  la  prevención  general,  para aducir que el  cumplimiento  intracarcelario  de la pena por parte de su defendido no se aviene  a  los  fines  asignados a esta en nuestro ordenamiento jurídico, ni constituye  una retribución justa.   

Además,  al  momento  de analizar el factor  subjetivo,   el   juzgador  pasó  por  alto  cinco  especiales  circunstancias,  referidas  en  términos  generales  a la personalidad del procesado, las cuales  enuncia  para  advertir  que  su  estudio  habría  arrojado  un “diagnóstico-pronóstico”  favorable.   

Con  base  en los anteriores argumentos, que  repite  una  y  otra vez, el libelista denuncia la exclusión y violación de la  norma  sustancial,  concretamente  del artículo 38 del Código Penal, regulador  de   la  prisión  domiciliaria,  el  cual  fue  objeto  de  un  “falso  juicio  de  existencia”, es decir,  se  dejó  de  aplicar  “una ley que el caso reclama  como aplicable”.   

En  esa  medida,  afirma  que  la  sentencia  impugnada  debe  ser  modificada,  para  concederle al sindicado el beneficio en  comento.  Pide,  en  consecuencia,  que  se  case  la  misma,  en  los términos  propuestos.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cargo único: violación directa.  

Cuando  el  actor  denuncia que el Tribunal  incurrió  en  una  violación  directa de la ley sustancial por cuanto dejó de  aplicar  el  artículo  38  del Código Penal, incurre en una falacia, dado que,  dicha  norma  sí  fue la tenida en cuenta por el juzgador a la hora de analizar  si  concurrían o no los requisitos allí establecidos para acceder al beneficio  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Cosa diferente es que en la aplicación del  citado    precepto,    la    conclusión    del   Ad  quem  sea  diferente  a la que el defensor considera que debe prevalecer.   

Adicionalmente,      constituye     un  contrasentido  que el casacionista alegue  reiteradamente  a  lo  largo  de  su  escrito, que el fallador de  segundo  grado  incurrió  en  un  “falso juicio de  existencia          sobre         la  norma”,  pues,  no  obstante  aducir una violación  directa   de   la   ley   sustancial,  cita  como  soporte  de  su  acusación  una  figura  propia  de  la  violación  indirecta,  la  cual, parece desconocerlo, se sustenta en errores en  la  apreciación  de  las  pruebas,  que  es  asunto  totalmente ajeno al debate  propuesto.   

Dichas         imprecisiones   son   suficientes   para   desestimar   el   libelo  casacional,   advirtiendo  además  que  ya  se  torna  bastante  irregular  que  dedique      tan  extenso   paginado   para  sustentar    un   solo  cargo,     en     el  que denuncia que la Sala de  Decisión     se     apoyó    exclusivamente      en      la      gravedad     del     delito,   sin   atender   algunos   aspectos  trascedentes     de     la     personalidad     del  sindicado,     para  negarle   el   subrogado   penal   de   la  prisión  domiciliaria.   

Pues  bien,  la  crítica  planteada  por  el  demandante es  completamente infundada, dado que, debe recordarse, ese aspecto  no  está  proscrito  del  análisis  obligado  en torno de la concesión de los  subrogados penales.   

Particularmente,  atinente a la gravedad de  la  conducta  punible  examinada y sus efectos respecto de institutos tales como  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena y prisión domiciliaria,  ha sostenido la Corte:   

“Sin  embargo, la gravedad de la conducta  indica  que  la  ejecución  de  la pena es necesaria. En efecto, el desvalor de  acto  y su lesividad no sugieren una simple inobservancia de los valores que los  servidores  públicos  están  en  el deber de acatar al desempeñar la función  pública.  Al  contrario,  lo  que  se  destaca  es  la  ruptura con esos fines,  dirigidos,  en este caso, a realizar materialmente el concepto de vivienda digna  (artículo  51  de  la Carta Política), como expresión de una política que se  inscribe  en  el  propósito no menos importante de generar condiciones para que  la igualdad sea real y efectiva (artículo 13 ibidem).   

(…)  

Ahora,  lo  dicho  no  se  constituye en un  análisis  de  la  conducta desde la perspectiva ética, como no puede ser, sino  que  muestra  su  desvalor  y  su  capacidad para interferir nocivamente el bien  jurídico,  entendido  como  un  proceso  de  interacción social y material que  preexiste  a  la  norma  y  que  esta valora, recoge y protege. En ese marco, es  indiscutible  que  con  la  apropiación  de  bienes  del  Estado se impidió la  materialización  de  la inversión social, que es tan importante que de acuerdo  con  el  artículo  350  de  la carta Política, tiene prioridad sobre cualquier  otra.   

La  gravedad de la conducta es superlativa,  traduce  un  mayor  grado  de  injusto y hace necesaria la ejecución de la pena  como  respuesta  proporcional  a  la  agresión,  de  modo  que  la  suspensión  condicional de la pena es inviable.   

También  porque  los antecedentes sociales  del  sindicado  lo  impiden.  En  efecto,  se suele pensar que solo a la llamada  delincuencia  común  se  le  puede  censurar  sus  antecedentes  sociales  para  impedirles  la  concesión  de beneficios punitivos, mas no a quienes ocupan una  posición  distinguida  en sociedad. Esa visión, por supuesto, corresponde a un  claro  proceso  de “selección positiva” de los eventuales infractores de la  ley penal.   

Mas  los antecedentes sociales del alcalde,  que  se  traducen  en  su  preparación  académica,  condiciones  económicas y  destacada  posición  política  no  permiten  esta  clase  de privilegios, pues  reflejan  mejores  opciones  de elección a la hora de ejecutar la conducta, que  indican  que  si  de esas condiciones se abusó, el peligro para la comunidad es  latente2”.   

De  lo anterior se concluye que la gravedad  del  delito,  de cara a determinar el posible peligro para la comunidad, no solo  puede,  sino  que debe abordarse al momento de analizar el presupuesto subjetivo  que  para  la concesión de la prisión domiciliaria consagra el numeral segundo  del artículo 38 del Código Penal.   

No importa, entonces, el tiempo transcurrido  desde  la  fecha  de  la comisión del delito, pues, es ese un aspecto que no es  requisito  ni  hace  parte  de los análisis pertinentes a la hora de evaluar si  proceden o no los beneficios sustitutivos.   

Adicionalmente,   las   consideraciones  generales  que  consigna  el memorialista a lo largo de su discurso, no pasan de  ser        eso,        meras       generalidades   que   pretende   acomodar  al  caso  concreto,  sin  especificar   en   qué  consistió  el  error  del  fallador,      pues,      apenas     trayendo   a   colación   discursos   abstractos   y  repetitivos,  más  bien  opta  por  hacer  su  propio análisis, a  partir  del  cual  concluye  que  su  representado  sí  tiene derecho a acceder  a     la     prisión     domiciliaria.   

Ahora bien, si se dijera que pese a los ya  aludidos  insalvables  errores  de  fundamentación,  la  Corte  ha  de hacer un  análisis  de  pertinencia,  en  punto  de  la  posible  violación  de derechos  fundamentales,  debe señalarse que se observó al detalle el decurso procesal y  lo   consignado   en   la   decisión   de   segunda  instancia,  particularmente  en  lo que atiende a la  negativa   a   conceder  el  subrogado  de  prisión  domiciliaria  al  acusado,  verificándose   completamente   motivada   y   acorde   con   lo   que  la  ley  dispone.   

En  esa  medida,  indefectible  resulta la  inadmisión  de  la  demanda  presentada  por  el defensor de JUAN CARLOS MEJÍA  FRANCO,   no  sin  antes  reiterar  que  revisada  la  actuación  en  lo  pertinente,  no  se  observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del procesado JUAN CARLOS  MEJÍA  FRANCO, conforme con  las motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente proveído.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y devuélvase a la  oficina de origen.   

Cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                        FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTÍZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Más  adelante,  el memorialista dedica un extenso paginado a lucubrar sobre el citado  principio, haciendo énfasis en sus antecedentes legislativos.   

2 Entre  otras,  providencias  del  9  de  febrero  de  2006,  30 de mayo de 2007 y 29 de  septiembre    de    2010,    Radicados    Nos.    21.620,   26.794   y   34.939,  respectivamente.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *