36190(07-03-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36190  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 074  

Bogotá  D.C.,  siete (7) de marzo de dos mil  doce (2012)    

V   I   S   T   O   S   

La Sala se pronuncia sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación  de las demandas de casación presentadas por  los  defensores  de  los  procesados  Teresa de Jesús  Castaño  Grajales,  Samuel  Arturo  Sánchez Cañón y  Héctor    Jaime    Giraldo    Jaramillo,  en  contra  de  la sentencia del 7 de diciembre de 2010 proferida  por   el   Tribunal  Superior  de  Manizales  que,  tras  revocar  la  decisión  absolutoria  de  primer  grado,  condenó  a  los  mencionados  por el delito de  interés  ilícito en la celebración de contratos y, a la primera, además, por  el de cohecho propio.   

H   E  C  H  O  S   

El sentenciador de segundo grado los resumió  así:   

“…hace relación  a las presuntas irregularidades cometidas durante las etapas   

precontractual, contractual y pos contractual  de  los  contratos  433 de 1998, 028 y 032 de 1999, celebrados por la Empresa de  Servicios     Públicos    Mixta    ‘Central  Hidroeléctrica  de  Caldas  S.A., E.S.P. CHEC’,  con  las  firmas privadas S.Y.S. y  S.AS.  Ltda;  así como al posible detrimento económico sufrido por tal empresa  de  servicios  públicos, con ocasión de dichos contratos… El 8 de octubre de  1998,  el  Gerente  y el Secretario General de la CHEC, señores Gabriel Alberto  Gómez  Gutiérrez  y Henry Ramírez Montes, suscribieron el contrato 433 con la  señora   Gloria   Cecilia  Carmona  Arias,  Representante  Legal  de  la  firma  ‘División de Servicios y  Sistemas    Integrales    Operativos    y   Administrativos   S.Y.S.’,  cuyo  objeto fue la prestación de  servicios  integrales  de  toma  de  lectura,  relectura,  crítica,  reparto de  cuentas  de cobro, corte y reconexión, cobros pre jurídicos y jurídicos en la  zona  urbana del Municipio de Manizales y las zonas urbana y rural del municipio  de  Santa  Rosa  de Cabal, así mismo, la entrega de cuentas de cobro en la zona  urbana   de   Villamaría  y  Chinchiná,  y  el  corte  y  reconexión,  cobros  pre-jurídicos  y  jurídicos  en  la  zona  urbana  y  rural  de  los  últimos  municipio.  Dichos  contratos  tuvieron un plazo de tres (3) meses y un valor de  $94.447.200.00.  El 22 de diciembre del mismo año firmaron otrosí al contrato,  adicionándole  el  plazo  en  un  mes  y  el  valor  en suma de $36.846.108.00.   

El  15 de enero de 1999, las mismas personas  mencionadas,  en

representación de las empresas ya  indicadas,  celebraron  el  contrato  N° 024, cuyo objeto fue la prestación de  servicios  integrales  de toma de lectura de medidores en la zona urbana y rural  de  los  siguientes

municipios  y  corregimientos:  Riosucio,  Guática…  tal  negocio  tuvo  un plazo de doce meses y un valor de  $303.744.000.00.  El 25 de mayo de la anualidad en mención, los señores Gómez  Gutiérrez  y  Ramírez  Montes  por  la  CHEC y la señora Carmona Arias por la  S.Y.S.,  firmaron  otrosí  al  contrato,  el  cual  tuvo  como objeto aceptar y  legalizar     su     cesión     a    favor    de    la    firma    ‘Servicios,  Asesorías  y Suministros  Integrales       S.A.S.       Ltda’.   

El  30  de  agosto  de  1999…  celebraron  con  Guillermo  Mejia Gutiérrez, Representante  Legal  de la firma ‘S.A.S.  Ltda’ el contrato N° 302  con    el    siguiente    objeto:    ‘realizar  la  reparación,  adecuación  y mejoramiento del sistema  hasta  33.000 voltios… el plazo del contrato fue de seis meses y su valor de $  $101.973.600.00’”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por los anteriores hechos, el Fiscal  20  Seccional  de Manizales, a través de resolución del 14 de octubre de 2005,  acusó     a     Teresa    de    Jesús    Castaño  Grajales  por la conducta punible de interés ilícito  en  la celebración de contratos, en concurso homogéneo (contratos 444 de 1998,  024  y  302  de  1999),  en  concurso  heterogéneo  con la de cohecho propio; a  Samuel    Arturo   Sánchez   Cañón   por  igual  delito  que  el  anterior  y  el  punible de  interés  ilícito en la celebración de  contratos,  en  concurso  homogéneo, a título de determinador e interviniente,  sin   la   calidad   especial   exigida   por  el  tipo  penal;  a  Jorge  Enrique  Merchán  Vélez  y  Gloria  Cecilia  Carmona Arias,  por   los   punibles   de  interés  ilícito  en  la  celebración   de   contratos,   en   concurso  homogéneo,  como  cómplices  e  intervinientes,  con  las  calidades  especiales  exigidas por el tipo penal y a  Héctor    Jaime    Giraldo    Jaramillo,  por igual delito que los anteriores, en condición de cómplice e  interviniente,  sin  calidades  especiales exigidas por la descripción típica.   

Dicha  providencia, tras ser apelada por los  defensores  de  los  acusados,  fue  confirmada  el  16  de abril de 2007 por la  Fiscalía   13   Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá   

2.   La  etapa del juicio la tramitó el  Juzgado  5º  Penal  del Circuito de Manizales, despacho que, a través de fallo  del  23 de septiembre de 2009, absolvió a todos los procesados, por los delitos  imputados.   

Dicha determinación, tras ser apelada por la  fiscalía      y      el      Ministerio      Público,     fue     revocada  por  el  Tribunal  Superior  de  Manizales,    Corporación   que   adoptó   las   siguientes   determinaciones:  i)     condenó   a   Teresa   de  Jesús  Castaño  Grajales  a  las  penas  principales  de  72  meses  de  prisión, multa de 30  salarios  mínimos  mensuales  vigentes  e interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la pena privativa de la libertad, como autora  de  los  delitos  de interés ilícito en la celebración de contratos y cohecho  propio,  en  concurso;  ii) a  Samuel    Arturo   Sánchez   Cañón   a  las  penas  principales  de  60  meses  de  prisión, multa de 30  s.m.l.m.v  e  interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo lapso  de  la  pena  corporal,  como  determinador  de  la conducta punible de interés  ilícito      en      la     celebración     de     contratos;     iii)  a  Jorge  Enrique  Merchán  Vélez  y  Gloria  Cecilia  Carmona  Arias a las penas principales  de  27 meses de prisión, multa de 11,25 s.m.l.m.v e interdicción de derechos y  funciones  públicos  por  el  mismo  lapso  de  la  pena  de  prisión,  por el  comportamiento  punible  de interés ilícito en la celebración de contratos, a  título  de cómplices, y iv)  a   Héctor   Jaime   Giraldo   Jaramillo  a  las  penas  principales  de  24  meses de prisión, multa de 10  s.m.l.m.v.  e interdicción de derechos y funciones públicas por igual término  que  la sanción privativa de la libertad, como   cómplice  del  delito  de  interés  ilícito  en la celebración de contratos.   

L  A  S      D E M A N D  AS    D E   C A S A C I Ó N   

Presentadas  a  nombre  de  Teresa  de Jesús  Castaño Grajales y  Samuel Arturo Sánchez Cañón   

El  resumen de estas dos demandas se hará en  forma  conjunta,  en  atención  a  que  los  cargos formulados en la primera se  reprodujeron en la segunda.   

Nulidad  

Con  fundamento  en la causal de casación de  que  trata el artículo 207-3 de la Ley 600 de 2000, los defensores denuncian la  nulidad   del  fallo,  por  haber  incurrido  el  Tribunal   en  una  falsa  motivación  probatoria,  en  contravía  de  las  exigencias argumentativas del  artículo  170  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000. Citan como normas  infringidas  los  artículo  29  de  la Constitución Política, 6, 8, 13, 170 y  306-2-3, del mismo estatuto citado.   

Censuran  que  el Tribunal omitiera la debida  valoración  de  la  prueba  de  descargo  allegada  al  juicio por Castaño     Grajales     y  Sánchez  Cañón,  razón  por  la cual  consideran  que la sentencia no deja ver el fundamento de la condena, no explica  por  qué  fueron  desacertadas las conclusiones del a  quo y adolece de motivación incompleta; denuncian que  el  fallo  no expone los criterios de legalidad y validez de las pruebas a favor  de los procesados, lo que impide su controversia.    

Luego de enunciar las pruebas solicitadas por  la   defensa  en  el  proceso  y  trascribir  los  criterios  de  conducencia  y  pertinencia  plasmados  en  los respectivos memoriales petitorios, reprochan que  mientras  el  juzgado  absolvió  a  la  procesada  en  virtud del principio del  in   dubio   pro  reo,  en  consideración  a  que  no  tenía  asignada  ninguna  función contractual, y a  Sánchez  Cañon porque no se  demostró   su  influencia  sobre  los  funcionarios  que  sí  la  tenían,  en  contraste,  el  Tribunal,  con apoyo en los testimonios de Juan Guillermo Gómez  Rodríguez,  Elías  Marulanda  Ramírez, Luz María Cárdenas Buitrago y Óscar  Arturo  Orozco  concluyó  todo  lo contrario, es decir, que aquellos, pese a la  falta  de  competencia en esa materia, “manejaban de  manera    soterrada    los    hilos   contractuales   de   la   CHEC”,  conclusión  ésta  última  que, según dicen, contradice las  versiones  de  Víctor  Eduardo  Pérez,  Carlos  Alberto  Correa,  César Julio  Noreña,  Carlos  Alberto  Cárdenas, César Alberto Duque, Luis Carlos Carmona,  Josefina  Arenas,  Lucelia  Yepes,  Luz  Elena  Colorado,  Orlando Micolta, Juan  Rodrigo    Bustos,   María   Rocío   Giraldo,   Fernando   Toro   y   Gildardo  López.   

Piden  a  la  Corte  que  case  la  sentencia  impugnada  y  declare  la  nulidad  de todo lo actuado a partir del mismo fallo,  para  que el ad quem profiera  en debida forma una nueva sentencia de segundo grado.   

Falso juicio de existencia  

Los  libelistas  plantean  que  la  sentencia  incurrió  en  un error de hecho por falso juicio de existencia, el cual condujo  a  la exclusión del artículo 7° de la Ley 600 de 2000. Alegan que el fallador  violó  los  artículos 7°, 232, 233, 238 y 277 de la Ley 600 de 2000 y aplicó  indebidamente los artículos 141 y 145 del Código Penal de 1980.   

Dicen  que  el  a  quo,  como  así  lo  reclamó el Ministerio Público,  apreció     que    Castaño    Grajales  no  fue  determinada por Sánchez Cañón  ni      tenía  función  contractual y, por lo tanto, sobre este último no  recae  responsabilidad  como  determinador,  por  haber  ejercido una influencia  malsana   sobre   los   servidores   a  cargo  del  trámite   contractual,  apreciación  que,  en  criterio  del  juez,  justificó la aplicación del  principio    de   in   dubio   pro   reo,  sin  que  ello fuera objeto de reparo por el Procurador Delegado.  Así   mismo,   estiman   contradictorio  que  el  ad  quem  condenara  a  Castaño  Grajales,  después  de  admitir que aquella no tenía  relación con la gestión contractual.   

La ajenidad de la procesada con los contratos  de  prestación  de  servicios  integrales fue confirmada por los declarantes de  descargos  Orlando Micolta, Carlos Alberto Cárdenas, Josefina Arenas, Luz Elena  Colorado  y  Juan  Rodrigo  Bustos,  quienes  afirmaron  que  aquella no mostró  ningún  interés  en ellos. En cuanto a los deponentes de cargo, los libelistas  alegan  que  Juan  Guillermo Gómez no se encontraba vinculado a la CHEC para la  fecha  en  que  fueron suscritos los contratos; transcriben las respuestas dadas  por  los  testigos  Elías  Marulanda,  Luz  Marina  Cárdenas  y Oscar Orozco y  señalan  que  la  pareja  Merchán-Carmona  no trató a la procesada durante la  etapa precontractual de las convenciones investigadas.   

Aseguran  que  la  condena  de  Castaño  Grajales  fue el resultado de la  omisión  de  las  declaraciones de Gabriel Alberto Gómez, Henry Ramírez, Juan  Rodrigo  Bustos,  José  Darío  Valencia, Luis Eduardo Arango, Eduardo Gallego,  María  Ruby  Aristizábal, Luz Elena Colorado Márquez, Orlando Micolta, Carlos  Alberto  Cárdenas  y  Josefina  Arenas,  las  cuales  no  fueron mencionadas al  estudiar  la  situación  jurídica de la procesada, por estimar el juzgador que  eran irrelevantes y no merecían una alusión.   

Tras  reseñar  lo  que,  en  su  criterio,  demuestran  las  pruebas  omitidas  y  de insistir en la deficiencia probatoria,  concluyen  que la procesada no tuvo responsabilidad en la gestión contractual y  que,  frente  a  la  duda  de la certeza de la conducta, procede la absolución,  según  el  principio del in dubio pro reo.   

Alegan  que  no  se  configura  el  delito de  cohecho  propio,  toda vez que éste exige que el servidor público, a cambio de  un  beneficio  o  promesa  de  él,  retarde o deniege una acción, la cual debe  estar  dentro de su órbita funcional y, como se ha dicho, la implicada carecía  de  funciones  contractuales;  y  si  en  algún momento aquella recibió alguna  utilidad,  tal conducta debe tenerse como atípica, por ausencia de ese elemento  normativo del tipo.   

El     apoderado     de    Castaño  Grajales  le  pide a la Sala que  case    la    sentencia    proferida   por   el   ad  quem    y,    en    su    lugar,   absuelva   a   la  procesada.   

Falso juicio de identidad  

La  demanda presentada a nombre del procesado  Samuel    Arturo    Sánchez    Cañón   formula,   adicionalmente,   un  cargo  de  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad, el  cual  habría  determinado la aplicación indebida del artículo 145 del Decreto  100  de  1980 y la falta de aplicación de los artículos 232, 233, 238 y 277 de  la Ley 600 de 2000.   

Alega   que   las  pruebas  documentales  y  testimoniales  fueron  distorsionadas,  y se les hizo producir efectos que no se  derivan  de  su  contexto.  Así,  confronta el dicho de Gloria Cecilia Carmona,  Jorge  Enrique  Merchán,  Henry  Ramírez, Gabriel Alberto Gómez, Juan Rodrigo  Bustos  y  Luz  Marina Cárdenas contra el contenido del fallo, para concluir en  que  éste  los cercena, porque no advirtió su contenido material, esto es, que  Castaño  Grajales  no  tuvo  ninguna  intervención  en  las  invitaciones  a cotizar, trámite a cargo de la  Secretaría  General  de  la  CHEC,  ni en las demás etapas y, por lo tanto, no  pudo    haber    sido    determinada   por   Sánchez  Cañón.   

Así, el recurrente le pide a la Sala casar la  sentencia impugnada y, en su lugar, absolver a su defendido.   

Demanda  presentada a nombre de Héctor Jaime  Giraldo Jaramillo   

Primer cargo  

El   censor  critica  que  el  ad   quem  violó  directamente  la  ley  sustancial,  por  interpretación  errónea del artículo 145 del Decreto 100 de  1980;   así,   sostiene  que  aquel  no  tuvo  en  cuenta  que  el  tipo  penal  correspondiente  al  delito de interés ilícito en la celebración de contratos  exige  que el sujeto activo intervenga en el trámite contractual (en este caso,  el  contrato 024 de 1999) por razón de su cargo o de sus funciones, según así  se  desprende  del  sentido  natural  y  obvio de las palabras y de la Ley 57 de  1887.   

Reitera   que   la  servidora  Castaño  Grajales no tenía dicha función  y,  por lo tanto, no podía considerársele sujeto activo del delito, menos aún  deducirse   la   complicidad   del  procesado  Giraldo  Jaramillo;   agrega   que  no  existe armonía entre la parte motiva y resolutiva  de  la  sentencia,  pues  ésta  afirma  que  no  era necesario que la servidora  tuviera     asignada    la    función    contractual,    bastando    la    mera  intervención.   

El  censor le pide a la Corporación casar la  sentencia   y,   en   su  lugar,  absolver  a  Giraldo  Jaramillo.   

Segundo cargo  

El  censor  alega  que  el  fallador  violó  indirectamente  la ley sustancial, por errores de hecho en la modalidad de falso  juicio  de identidad.   Dice que el Tribunal tergiversó y cercenó el  contenido  del  oficio  003-98-007008 del 16 de diciembre de 2008 (invitación a  cotizar),  y  las  declaraciones del Secretario General Henry Ramírez, del jefe  del  Departamento  Jurídico Juan Rodrigo Bustos, de Juan Guillermo Gómez y Luz  Marina  Cárdenas,  y, por lo tanto, les asignó efectos que no se derivan de su  contenido.   

Del   documento   mencionado   surge   que  Castaño         Grajales         no     fue  quien    realizó    las  invitaciones  a  cotizar y carecía de interés en el trámite de los contratos;  no  obstante  lo  anterior,  el  ad  quem  lo apreció como una manifestación de acuerdo previo y dedujo que  aquella  manejaba  la  parte  contractual  de  la  CHEC.  De  los testimonios de  Ramírez  y  Bustos se infiere que la actuación contractual corría a cargo del  gerente  de  la  entidad y, por lo tanto, que la procesada nada tuvo que ver con  la      invitación     extendida     a     Giraldo  Jaramillo. De las versiones de Gómez Rodríguez y Luz  Marina    Cárdenas    se    infiere   que   Castaño  Grajales  no  tenía  ningún poder en lo contractual,  pese  a  lo  cual  el ad quem  concluyó   lo   contrario,  es  decir,  que  Castaño  Grajales   manejaba   los   hilos  contractuales  del  organismo.   

El casacionista aprecia que la procesada nunca  tuvo   interés   en   la  gestión  contractual  y,  por  lo  mismo,  no  puede  declarársele  autora  de  delito  de  interés  ilícito  en la celebración de  contratos,   ni   a   Giraldo  Jaramillo  considerársele  como  cómplice.  De  haberlo  considerado así, el  Tribunal  habría  concluido  que  no hay prueba de  la intervención de la  procesada  en  el contrato 024 de 1999, ni tampoco mediación del último de los  mencionados.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La  Sala anuncia que inadmitirá las demandas  formuladas,  toda  vez  que  incumplen  los deberes de debida fundamentación y trascendencia, consagrados en  el artículo 212 de la Ley 600 de 2000.    

Todos  los libelos, por vía de la nulidad, o  bien  de  la  violación  de  la  ley  sustancial, proponen en últimas el mismo  argumento:  que  la entonces servidora Teresa de Jesús  Castaño  Grajales no tenía la función contractual y,  por  lo  tanto,  no podía ser determinada por Sánchez  Cañón  para  incurrir  en  el  delito  de  interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos,  ni ser su cómplice Giraldo   Jaramillo.   No   obstante,  en  sustento  de  dicha  tesis,  los  libelistas   se  limitan  a  desconocer y  discrepar  de  las  apreciaciones  probatorias  del  juzgador y a enfrentarlas a  través de las suyas propias.   

La  Sala habrá de abordar de manera conjunta  el  estudio  de  los  cargos,  según  la identidad o similitud de los reproches  formulados.   

1. Cargos de nulidad  por falta de motivación de la sentencia   

Los escritos presentados a nombre Castaño    Grajales    y   Sánchez   Cañón   no   satisfacen  las  exigencias   propias  de  este  particular  motivo  de  invalidez,  pues  omiten  explicar,  de manera fehaciente, la manera como debió construirse la sentencia,  así   como  identificar  aquellos  argumentos  incompletos  o  defectuosos  que  acrediten la debilidad del fallo.   

Por  el contrario, los demandantes reducen su  razonamiento,  en  esencia,   a  enumerar  un  conjunto de testimonios, los  cuales  consideran  omitidos  por  cuanto  el juzgador no los apreció de manera  conveniente  a  los  intereses de los procesados; de esta forma, el razonamiento  de   los   casacionistas  desconoce  el  principio  de  selección  probatoria,  según el cual el fallador no  está  obligado  a hacer un detallado examen a todos y cada uno de los elementos  allegados   al   proceso,  “sino  de  aquellos  que  considere   importantes   para   la   decisión   a    tomar”1. Por   lo   tanto,  al  omitir  los  defensores  de  qué  manera  el  sentenciador  no  tuvo  en  cuenta  aquello  que supuestamente demostrarían las  pruebas  excluidas,  y  su incidencia definitiva en el resultado del proceso, se  concluye  que el reproche se funda en una simple discrepancia de los impugnantes  frente  a  los  juicios  de  valoración  plasmados por el Tribunal, a partir de  argumentos  subjetivos, fraccionados y parcializados, ejercicio que no alcanza a  consolidarse   como   una   censura   dentro   del   recurso  extraordinario  de  casación.   

En todo caso, lo cierto es que el reproche de  nulidad  es  intrascendente,  pues desconoce el verdadero contenido y alcance de  la  sentencia;  lo  anterior  es así porque, a través de dicha providencia, el  Tribunal  en verdad advirtió que la procesada Castaño  Grajales  no tenía la función contractual (como así  piden  los demandantes que se reconozca en esta sede), circunstancia que, según  apreció,  no  era óbice para influenciar la adjudicación de contratos, debido  al  enorme  poder  administrativo y político que ostentaba aquella, además, de  contar  con  la  anuencia  del líder político de la región. Tal razonamiento,  unido  a las precisiones que ofrece la Corporación de instancia al inicio de su  decisión,  en  el  sentido  de  que  la  corrupción administrativa se rige por  reglas  de  experiencia bien distintas a las que se presentan en el análisis de  casos  de  delincuencia  ordinaria,  permite  observar que los fundamentos de la  condena  tienen  una  motivación seria y detallada, dado que, además, enuncian  de   forma   pormenorizada   las  prácticas  de  corrupción  que  rodearon  la  celebración de los contratos.   

Así  aparece  pasmado  el  razonamiento  del  juzgador,   de   suerte   que   la   falta  de  motivación  alegada  carece  de  sustento.   

En conclusión, por intrascendente y adolecer  de  una  indebida  fundamentación,  los  cargos de nulidad no serán admitidos.   

2. Cargos de errores  de hecho por falsos juicios de existencia y  de identidad   

2.1. Los demandantes, a nombre de Castaño    Grajales    y   Sánchez   Cañón,   alegan  que  el  juzgador  incurrió en falso juicio de existencia por la omisión de un conjunto  de  testimonios,  de  los  cuales  infieren que la primera era ajena al trámite  contractual  de  la  entidad,  conclusión  que fue compartida por el Ministerio  Público.   

El argumento así planteado no pasa de ser el  reclamo  para  que  en  esta  sede  se  privilegie la apreciación probatoria de  instancia  del  Procurador  Judicial  y el criterio jurídico del juez de primer  grado  sobre  la  del  Tribunal,  sin  la  demostración fehaciente de que éste  incurrió en el yerro pregonado.   

En  efecto,  dígase  que el reproche resulta  claramente  intrascendente,  porque  de  la  decisión  impugnada surge más que  nítido  que  el ad quem concluyó en el mismo sentido que lo reclaman ahora los  impugnantes,    es   decir,   reconociendo   que   la   procesada   Castaño  Grajales no tenía dentro de sus  funciones  misionales  el  ejercicio de la actividad contractual.  De allí  que  el  falso  juicio  de  existencia  por  omisión resulte inexistente, en la  medida  en  que,  aún  sin  ocuparse  el  juzgador  de  todas y cada una de las  versiones  de  los  numerosos  declarantes  (como  bien  le  estaba  dado por el  principio  de  selección probatoria, al que ya se hizo alusión), lo cierto fue  que  incorporó  a  su estudio el argumento que los censores consideran omitido.   

No  obstante  lo  anterior,  el Tribunal, con  fundamento    en    una    ponderada   argumentación   sobre   las   especiales  características  y  reglas  de  experiencia  asociadas  a  los  comportamientos  constitutivos  de  corrupción  en lo público, apreció que la procesada gozaba  de  un poder administrativo, político y social, además del respaldo del líder  político  de  la localidad, de suerte que, aún sin tener asignada en el manual  de  funciones  la tarea contractual, estaba en posición de intervenir de manera  decisiva  en  la adjudicación de los contratos, tesis que apoyó en precedentes  jurisprudenciales de la Sala de Casación Penal.   

Fue  de  esta  manera  como,  en criterio del  sentenciador,     la     procesada     fue    determinada    por    Sánchez  Cañón, quien se presentaba ante  los  contratistas  como  intermediario  entre  el  líder político y la aludida  servidora,  al  tiempo  que  tenía  la  función  de  asegurar la presentación  amañada  de las ofertas, para así garantizar la irregular adjudicación, entre  otros,  al  contratista  Giraldo Jaramillo.   

2.2.  Por  otra  parte,  el  argumento de los  demandantes  a  nombre de Castaño Grajales    y    Sánchez    Cañón,  en el sentido de que no se configura el delito de cohecho propio,  por  cuanto  aquella  no  tenía el deber funcional de intervenir en la gestión  contractual,  configura  igualmente  su  personal  criterio,  toda  vez  que los  razonamientos  formulados  no logran desestimar los del sentenciador, para quien  la  recepción  de  prebendas  por  parte  de  la  procesada  en “su  fortín político”, así como de los  beneficios   económicos   exigidos   a   los   contratistas   por  Sánchez  Cañón y el interés indebido en  el trámite contractual, configuran el tipo penal.   

De las anteriores reflexiones no se ocupan los  casacionistas,  de  suerte  que  el reproche no es más que un desacuerdo con el  criterio  judicial, el cual habrá de prevalecer, debido a que llega a esta sede  amparado por la doble presunción de acierto y legalidad.   

2.3. En la misma situación a la reseñada en  precedencia  se encuentran los cargos de falsos juicios  de   identidad   formulados  por  los  apoderados  de  Samuel    Arturo   Sánchez   Cañón   y      Héctor      Jaime      Giraldo  Jaramillo,  a  través  de  los  cuales afirman que el  sentenciador  tergiversó un conjunto de testimonios, por cuanto no admitió que  demostraban     que    la    funcionaria    Castaño  Grajales        no        tenía       funciones  contractuales.   

En efecto, como acaba de verse, el fallador si  tuvo  en  cuenta la ausencia de funciones contractuales de la sentenciada.   No  obstante, con apoyo en las especiales reglas de experiencia que operan en la  ejecución   de  delitos  de  corrupción,  la  alta  posición  administrativa,  política  y  social  de  la  procesada, todo ello analizado en conjunto con las  precisiones  jurisprudenciales  fijadas  por  la Corte, le permitió concluir al  juzgador  que  tal circunstancia no fue obstáculo para incurrir en el delito de  interés ilícito en a celebración de contratos.   

Así  las  cosas,  el yerro pregonado por los  demandantes  no se materializa, y el razonamiento en que se funda el cargo no es  más  que  el  reclamo para que en sede de casación se le otorgue a un conjunto  de  pruebas  un  mérito  conveniente  a  los  intereses  defensivos,  lo que es  inidóneo  para  demostrar  la equivocación probatoria pregonada. Por lo tanto,  el  argumento  que  sustenta  los  cargos  en  mención  deviene en intrascendente.   

2.4. Por último, el apoderado del sentenciado  Giraldo  Jaramillo formula un  cargo  de  violación directa de la ley sustancial, por interpretación errónea  del  artículo  145  del  Código  Penal  de  1980,  por cuanto, según dice, el  fallador  no advirtió que el delito de celebración indebida de contratos exige  que  el  sujeto  activo  tenga  dentro  de  sus funciones la de intervenir en el  trámite contractual.   

El  cargo así formulado resulta abiertamente  contradictorio,  toda vez que si el argumento que lo sustenta es que la conducta  no  se  tipifica  porque el sujeto activo no tenía la función contractual que,  en  criterio  del censor, requiere el tipo penal, entonces la consecuencia de un  tal  razonamiento  es  lógicamente  que  el  artículo  145 no estaba llamado a  regular  el  caso,  y  no,  como  lo  postula  el  censor,  que  dicha  norma se  interpretó erróneamente.   

En  todo  caso,  el  cargo  deficientemente  formulado  adolece  de  las mismas falencias que se observan en los precedentes,  pues,  insiste  esta Colegiatura, el Tribunal admitió lo que reclama el censor:  que   Castaño  Grajales  no  tenía  específicamente  asignada  la  gestión  contractual;  no  obstante  lo  anterior,  el  ad  quem, con  apoyo  en  las  reglas  de experiencia, la particular posición administrativa y  social   de  la  procesada  y  su  poder  político,  todo  ello  sustentado  en  jurisprudencia  de  la  Sala,  según  la  cual  esa  circunstancia no impide la  tipificación   de   la   conducta  punible,  llega  a  una  solución  diversa.   

En la citada conclusión la Sala no encuentra  dislate  alguno, puesto que su jurisprudencia ha reconocido que el sujeto activo  del  delito de interés ilícito en la celebración de contratos no es solamente  el    que    tenga    específicamente   la   función   contractual2,  y  que  la  intervención  a  que  alude  la  descripción  típica puede darse en cualquier  condición3.   

Una  vez más, se trata del personal criterio  jurídico  del  censor  enfrentado  al  del  juzgador, sin demostrar que en este  último    existió    una   exclusión   evidente,   aplicación   indebida   o  interpretación  errónea,  capaz  de  mutar  sustancialmente  el  sentido de la  sentencia.     

3.  En  estas  condiciones, puede decirse que  todas  las  demandas estudiadas en esta ocasión pasan por alto en su desarrollo  argumentativo  que  el deber del demandante en casación no es el de convencer a  la  Sala  que  una determinada valoración de la prueba es más plausible que la  adoptada  por  el  sentenciador, sino demostrar que este último incurrió en un  yerro  protuberante  al  formular  sus  apreciaciones,  de  suerte  que  al  ser  corregido   el   dislate,  necesariamente  se  debe  modificar  el  sentido  del  fallo.    

Como  corolario  de  lo  anterior,  la  Sala  inadmitirá  las  demandas  de  casación  formuladas a nombre de los procesados  Teresa  de  Jesús  Castaño  Grajales,  Samuel Arturo  Sánchez  Cañón  y  Héctor  Jaime Giraldo Jaramillo,  sin  que,  por  otra  parte,  advierta  del  estudio del proceso la necesidad de  superar  los  defectos  de  los  libelos  para  entrar a corregir, de oficio, la  violación   de   derechos   fundamentales   o   garantías   de   los   sujetos  procesales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  las  demandas   de   casación   presentadas   por  los  defensores  de  Teresa  De  Jesús Castaño Grajales, Samuel Arturo Sánchez Cañón  Y   Héctor  Jaime  Giraldo  Jaramillo.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                     MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ  MUÑOZ           

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

                                                                                     

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                      JAVIER   ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                           Excusa justificada   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Sentencia 8 de noviembre de 2007 Radicación No. 24.965   

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de única instancia del  9 de febrero de 2005, radicación No. 21547.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, sentencia del 6 de febrero de  2008, radicación No. 20815.     

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