39737(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 376  

Bogotá, D.C., diez (10) de octubre de dos mil  doce (2012)   

V I S T O S  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad  de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Luis  Antonio  Rojas  Ortiz  y   Elcida   Ortega   Monsalve,   contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior de Cúcuta,  mediante la cual confirmó la proferida por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Descongestión Adjunto al Quinto Penal del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  que  los condenó como coautores del delito de  estafa.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“De  lo  actuado  se  tiene que la señora  AZUCENA  ACERO denuncia a ELCIDA ORTEGA MONSALVE y LUIS ANTONIO ROJAS ORTIZ, por  haber  realizado una promesa de compraventa sobre el bien inmueble ubicado en la  Avenida  10  con  Calle  4a  Nro.  3N-34 de la Urbanización San Martín de esta  ciudad  (Cúcuta),  por  valor  de  45  millones”,  el día que se realizó la  compraventa  el  denunciante  dio  a  los  vendedores  la suma de 30 millones de  pesos,  días  después  3 millones y el restante, los 11 millones 700 mil pesos  quedando  pendientes  para cancelar el 26 de Noviembre del 2005 y así, luego de  transcurrido  un  tiempo,  viendo  que no se hacían las escrituras del inmueble  decidieron  ir  a  la  Oficina  de  Instrumentos  Públicos  y  al  solicitar la  expedición  del  Certificado  de  Libertad  y  Tradición del bien inmueble, se  percataron   que  el  bien  distinguido  con  la  matrícula  inmobiliaria  Nro.  260-133908,  se  encontraba  anotación de la Fiscalía General de la Nación en  donde  se  le  extinguía  el  Dominio  a  su entonces propietaria ELCIDA ORTEGA  MONSALVE  por  hallarse  incursa en el delito de Infracción a la Ley 30/86, hoy  conocido como tráfico, fabricación o porte de estupefacientes”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  General   de   la  Nación,  el  26  de  enero  de  2010,  acusó  a  Luis  Antonio  Rojas  Ortiz y  Elcida  Ortega  Monsalve  por la conducta  punible de estafa.   

2. La etapa del juicio la tramitó el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Descongestión Adjunto al Quinto Penal del Circuito de  Cúcuta  que,  el 26 de agosto de 2011, condenó a Luis  Antonio  Rojas  Ortiz y Elcida  Ortega  Monsalve  a  la  pena  principal de 3 años de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la privativa de la libertad, como  coautores del delito de estafa.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el  defensor, el  Tribunal  Superior  de Cúcuta, el  23 de abril de 2012, lo confirmó en su  integridad.   

Contra  la anterior decisión, el defensor de  los procesados interpuso recurso de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Al  amparo  de  la causal primera, según la  sistemática  reglada  en  la  Ley 600 de 2000, en escrito confuso, presenta dos  reproches, así:   

Primer cargo  

Acusa  al  Tribunal de haber transgredido, de  manera  indirecta, la ley sustancial “por aplicación  indebida  de  los artículos 29 de la Constitución Política y 13, 20 y 232 del  Código de Procedimiento Penal”.   

Sostiene que el juzgador apreció “equivocadamente”    las    pruebas  existentes  en  el  proceso,  entre  ellas,  el  contrato  de la compraventa, el  certificado  de  libertad  y  tradición,  así  como  las  indagatorias  de los  acusados,  hecho  que  de  no  haber  ocurrido  el  fallo habría sido distinto.   

Después narrar el acontecer fáctico desde su  personal  perspectiva,  comenta  que  los  vendedores  realizaron  todo  lo  que  “les  correspondía para hacer la escritura pública  y  registrarla  a nombre de la señora Azucena Acero, la situación se dificulta  cuando  aparece  la  medida  provisional de la fiscalía, sobre la extinción de  dominio…”.   

Reitera  que  se  dejaron  de  estimar  las  versiones  de  Ortega  Monsalve  y  Rojas  Ortiz,  la promesa de compraventa, la  escritura  pública  sin  registrar  y el proceso para levantar el patrimonio de  familia.   

Acota  que  “el  indicio  de  móvil  que dedujo el fallador de segundo grado, fue el certificado  de  libertad  y  tradición  de  instrumentos  públicos que contenía la medida  provisional,  sin  que  se  haya  fallado  de  fondo el proceso de extinción de  dominio  del  bien  inmueble,  porque  hasta  ahora  se encuentra en la etapa de  instrucción…”.    

Considera  que  si  se  hubiesen valorado los  anteriores  medios  de  conocimiento,   se  habría  llegado  al  grado  de  conocimiento   de   duda   acerca   del  compromiso  penal  de  sus  defendidos.   

Segundo cargo  

Acusa  al  Tribunal de haber transgredido, de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial  “por  falso  juicio de identidad”.   

Aduce  que se vulneraron los artículos 29 de  la  Constitución  Política  y  13,  20  y  232  del  Código  de Procedimiento  Penal.   

Comenta    que    el    “indicio   grave”   para   condenar   se  construyó  a  partir del certificado de libertad y tradición del inmueble, sin  tener  en  cuenta  las indagatorias rendidas por Elcida  Ortega   el   23   de  enero  de  2007  y  Luis  Antonio  Rojas el 31 de agosto del mimo año.   

Manifiesta  que  no  es  posible  predicar la  “certeza,  porque  en la creación del indicio   es  equivocado,  la  ausencia de premisa en la formación de la prueba indirecta  enseña  que  la  deducción  contraría  principios  de  la  lógica, porque se  infiere  una  relación  inexistente  entre  mi  defendido  y  los  autores  del  homicidio (sic)”.   

También   menciona   que   se   vulneró  “el  sofisma  de  petición  de principio  y el  principio    de    la   lógica   conocido   como   tercio   excluso”.   

Después de reiterar lo anterior, sostiene que  sus  defendidos  no  utilizaron  artificios  o  engaños,   “lo  único  es  que  no se podía registrar la propiedad a nombre de  los  compradores  por  el  inconveniente  que se presentó con la Fiscalía  General  de  la  Nación, por lo que se deduce fácilmente que mis defendidos no  han   exteriorizada   la   conducta   penal   que   se   les  imputa”.   

Aduce  que  “la  extinción  del  50%  del  bien  inmueble objeto de este proceso, debe ser sólo  contra  la  señora  Elcida  Ortega, porque el señor Luis Antonio Rojas, ni fue  procesado  por  estupefacientes  y  es  el  propietario  del  otro  50% del bien  inmueble”.   

Acota que se vulneró el principio de in dubio  pro  reo  al  no  valorarse  correctamente  la  prueba,  que  sus  defendidos no  tienen   condenas  en  firme,  que   el   fallo  está   “montado     sobre     conjeturas”  y que lo único que estimó el   

Tribunal fue la medida provisional que obra en  el folio de matricula inmobiliaria.   

Sostiene que el juzgador quebrantó garantías  fundamentales de rango constitucional y legal.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia   impugnada   y,   en   su   lugar,   dictar   la   que   en   derecho  corresponda.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  De  conformidad  con  lo  previsto  en el  artículo  205  de  la  Ley 600 de 2000, que rige esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede  contra  las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa de la libertad superior a 8 años; y   

b)  La  excepcional,  que  procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena  privativa  de  la libertad igual o inferior a 8  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de los  derechos fundamentales, siempre que   

reúna las demás formalidades.  

En  el  evento  que  ocupa la atención de la  Corte,  fácil resulta advertir que sólo procedía la casación excepcional, en  la  medida  en  que  la  conducta  punible  por  la  que  fueron  condenados los  procesados,  la  pena privativa de la libertad no supera los ocho años a que se  refiere el citado artículo 205 de la Ley 600 de 2000.   

En  efecto, el artículo 246 de la Ley 599 de  2000,  contempla  el  tipo  penal  de  estafa, reglando una pena privativa de la  libertad de 2 a 8 años de prisión.   

De  otro  lado,  la jurisprudencia de la Sala  también  ha  sostenido,  de  manera  incansable,  que  cuando  de  la casación  excepcional  se  trata,  el  demandante  debe exponer así sea de manera sucinta  pero  clara  qué  es  lo  que  pretende con el recurso, teniendo como norte que  solamente  procede para el desarrollo de la jurisprudencia o para garantizar los  derechos fundamentales.   

En  tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y, respecto de la protección de los derechos  fundamentales,  el  libelista  está  obligado  a desarrollar una argumentación  lógica  dirigida  a evidenciar el desacierto, siendo imperioso que demuestre el  desconocimiento  de  una  garantía por quebrantamiento de la estructura básica  del  proceso  o  por  violación de un derecho fundamental, e indicar las normas  constitucionales  que  protegen el derecho invocado y su concreto conculcamiento  con la sentencia.   

2. En el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,  se  colige  que  el  demandante  no  cumplió los anteriores parámetros,  habida  cuenta  que  omitió  dar  las  razones  por  las  cuales acudió a esta  impugnación  extraordinaria, esto es, para la unificación de la jurisprudencia  o protección de la garantía de los derechos fundamentales.   

3. La anterior falencia sería suficiente para  inadmitir  la  demanda.  Sin  embargo,  también  se  avizora  que los reproches  igualmente  incumplieron  los  presupuestos  de lógica y debida fundamentación  para su admisibilidad.    

En cuanto a la infracción indirecta de la ley  sustancial  motivo  de la causal primera de casación, según la sistemática de  la  Ley  600  de  2000, el yerro que se le atribuye al juzgador ocurre de manera  mediata,  es  decir,  en la elaboración del juicio de hecho derivado de errores  en  la apreciación de la prueba, falencia que se ve reflejada en la aplicación  del derecho.   

En  el plano de la postulación el demandante  debe  enseñar  a  la  Corte en qué consistió el error en la estimación de la  prueba,  es  decir,  si fue de hecho o de derecho, como también el falso juicio  que  lo  determinó, esto es, si de existencia, identidad, raciocinio, legalidad  o   convicción,   respectivamente.  Por  último,  debe   evidenciar   cómo  el  vicio  incidió  en  la   

aplicación  del derecho, en la medida en que  se  seleccionó  una  norma  que  no  era  la llamada a gobernar el asunto, o se  excluyó  otra  que  sí  resolvía todos los extremos de la relación jurídico  procesal.   

En    relación   con   el   primer  cargo  que el casacionista postula  por  los  senderos  de  la  infracción  indirecta  de  la  ley  sustancial,  la  Corporación  advierte que omitió el deber de indicar la clase error y el falso  juicio   que    determinó   el  presunto  desatino  en  que  incurrió  el  sentenciador     al    valorar    las    indagatorias    que    rindieron    los  acusados.   

Además,  del  discurso  argumentativo  que  presenta  el  demandante  como  sustento  de  la  censura, tampoco se infiere el  anterior  presupuesto,  toda  vez  que  lo fundamentó en presentar una personal  opinión  respecto  del  mérito  suasorio  que ha debido dársele a las citadas  explicaciones suministradas por los acusados.   

De  igual  manera, se deduce que el libelista  desconoce  los estrictos presupuestos en orden a atacar la prueba de indicios en  sede casación.   

En efecto, como lo ha dicho insistentemente la  jurisprudencia  de la Sala, cuando el vicio de apreciación recae sobre el hecho  indicador,   al  casacionista  compete  acudir,  según  el  caso,   a  los  lineamientos  del  error de hecho o de derecho, indicando el falso juicio que lo  generó,  esto es, existencia, identidad, raciocinio, legalidad y/o convicción;  mientras  que  si  la  censura está relacionada con la inferencia de la cual se  derivó  el hecho indicado, su postulación corresponde por los lineamientos del  yerro  de  hecho  por  falso  raciocinio, indicando la regla de la sana crítica  desconocida   

en la aludida construcción.  

En    lo    atinente    al   segundo  cargo  que  el  censor igualmente  postula  por  el  sendero  de  la  violación indirecta de la ley sustancial por  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, como era su deber, en vez de  enseñar  en  qué  consistió  la  tergiversación del contenido objetivo de la  prueba,  al  punto  que  se  derivó  una  verdad  que  no  emerge  del medio de  conocimiento,  procede  a  criticar  que  el  sentenciador  basó  el  juicio de  responsabilidad  de  los  acusados en el documento contentivo del certificado de  tradición y libertad objeto de la transacción irregular.   

Así mismo, insiste en que no fueron objeto de  valoración  las  explicaciones  dadas  por  los  procesados en la diligencia de  indagatoria,  sin  que  dedique  reglón alguno en orden a demostrar el presunto  desatino en la aludida actividad probatoria.   

Es verdad que el censor hace referencia a que  el  Tribunal,  al  valorar los elementos de juicio, incurrió en la petición de  principio  y  desconoció  el principio de la lógica del tercero excluido, pero  no  indica  cómo  el  sentenciador  incurrió en los anteriores desatinos, y su  puntual  trascendencia  con  las  distintas  decisiones  adoptadas  en  el fallo  recurrido.   

Es   más,   en   esa  particular  crítica  probatoria,  pretende  que  la  Corte  deduzca  la  ausencia de los ingredientes  normativos  del  tipo  de  estafa,  esto  es, los artificios o engaños, bajo el  argumento  de que la transacción no se pudo perfeccionar por el “inconveniente”  que  se presentó con la  fiscalía,  aspecto  que,  según   el   casacionista,   no   exterioriza  en los procesados el ánimo de   

agredir la ley penal.  

En  esa  medida,  como  quiera  que el censor  incumplió   todos   los   parámetros  para  acudir  a  la  casación,  deviene  necesariamente la inadmisión del libelo.   

Acotación final  

La  Sala  observa  con  extrañeza  que  los  procesados  no  fueron  condenados  a  la  pena principal de multa, lo cual, sin  duda,  viola el principio de legalidad de la pena. Sin embargo, no se impondrá,  en  la  medida en que haría más gravosa la situación procesal de Luis  Antonio  Rojas  Ortiz  y  Elcida  Ortega  Monsalve, en tanto ello  sería  desconocer el principio de no reforma en peor reglado en el artículo 31  de  la  Constitución  Política,  máxime cuando se trata de únicos          apelantes.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de Luis  Antonio  Rojas  Ortiz y Elcida  Ortega      Monsalve,  por   lo   anotado   en   la   motivación   de  este  proveído.     

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Comuníquese,    notifíquese     y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                    LUIS   GUILLERMO  SALAZAR  OTERO           

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                                              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *