39166(14-11-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente:   

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO   

Aprobado Acta No.  417  

Bogotá, D. C.,  catorce de noviembre de  dos mil doce (2012).   

V    I   S   T   O  S:   

Resuelve  la  Sala  el recurso de apelación  interpuesto  por  HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ,  exjuez  Primero  Laboral  del Circuito de Buenaventura, contra la  sentencia  proferida  el  30  de enero de 2012 por el Tribunal Superior de Buga,  por  cuyo  medio lo declaró autor penalmente responsable del delito de peculado  por   apropiación   a   favor   de   terceros,   en   concurso   homogéneo   y  sucesivo.   

HECHOS:  

El  Juez  Primero  Laboral  del  Circuito de  Buenaventura,  Harold  Gamboa  Velásquez,  emitió tres (3) fallos, calendados el  19,  4  de  julio y 23 de mayo de 1995, mediante los cuales condenó al Fondo de  Pasivo  Social  de la Empresa Puertos de Colombia, en adelante, FONCOLPUERTOS, a  pagar   a   los   demandantes  ROQUE  NEFTALY  ANGULO  MINDINERO,  ORLANDO  MOSQUERA  IBARGUEN  y  la señora  SIXTA    CENEIDA    MÁRQUEZ   MOSQUERA,   en  calidad  de  sustituta  pensional  del  señor  VICENTE    MICOLTA,   distintas   sumas  derivadas  de  la reliquidación de sus cesantías e indemnizaciones moratorias.   

En  el año de 1998, el entonces titular del  Despacho  judicial  mencionado, mediante oficios dirigidos a los Gerentes de las  entidades  financieras: Caja Agraria y Banco Popular, ordenó cancelar las sumas  de  dinero  contenidas en los referidos fallos por él proferidos a favor de los  accionantes.   

Al   no   haber   sido  impugnadas  dichas  sentencias,  ni  remitidos  al  superior  para surtir el grado jurisdiccional de  consulta,  las condenas ordenadas en aquellas comenzaron a hacerse efectivas por  FONCOLPUERTOS.   

Posteriormente,   dichas  determinaciones,  fueron  revocadas en segunda instancia por las Salas Laborales de los Tribunales  Superiores  de  Pereira  y  Bogotá,  según  lo  dispuesto en decisiones del 18  diciembre             de             20031,    16    de    octubre   de  20022 y 3 de diciembre de 2003, respectivamente.   

Tales revocatorias se fundamentaron en que el  fallador  colegiado en lo laboral encontró diversas irregularidades3   en   las  sentencias  de primer grado emitidas por el juez Gamboa  Velásquez,  entre ellas la indebida aplicación de la  Convención  Colectiva  de  Trabajo,  la condena más allá de lo pedido por los  demandantes  y  la ausencia de claridad, precisión y consistencia en los hechos  y  pretensiones contenidos en las demandas. Como consecuencia de lo anterior, se  absolvió  a FONCOLPUERTOS de  las  pretensiones demandadas por los antiguos trabajadores de la Empresa Puertos  de Colombia.   

Con  ocasión  de  esas  actuaciones, se dio  inicio  al  presente  proceso  penal,  con  el objeto de establecer las posibles  conductas  punibles  en  que  hubiera  podido  incurrir  el funcionario judicial  GAMBOA   VELÁSQUEZ,   al  proferir  las decisiones de condena que fueron halladas ilegales por su superior  jerárquico.   

ANTECEDENTES PROCESALES:  

1. La remisión de las copias de los informes  elaborados   por  los  investigadores  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  destacados      para     FONCOLPUERTOS,   así  como  las  resoluciones  emitidas  por  el  Ministerio  de  Protección  Social,  le  permitieron  al  Fiscal  20  Delegado ante el Tribunal  Superior            de            Bogotá4, el 12 de abril de 2004, abrir  investigación  formal  en  contra  del  exjuez  Primero Laboral del Circuito de  Buenaventura   HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  a  efecto  de determinar las irregularidades en torno al trámite  judicial   adelantado   con   motivo   de  la  demanda  laboral  instaurada  por  ORLANDO  MOSQUERA  IBARGUEN,  extrabajador de Puertos de Colombia.   

2.  Para  el  cumplimiento  del referido fin  ordenó    vincular    mediante    indagatoria   al   investigado   GAMBOA    VELÁSQUEZ,    emitiendo   las  correspondientes     órdenes     de     captura5.   

3. A través de resolución del 30 de agosto  de  2004,  el  fiscal investigador dispuso la conexidad procesal respecto de las  investigaciones   originadas   en   las  sentencias  proferidas  dentro  de  los  expedientes  laborales  en  los  que  figuraron  como  demandantes  ROQUE  NEFTALY  ANGULO MINDINERO, SIXTA CENEIDA MÁRQUEZ MOSQUERA y  ORLANDO          MOSQUERA          IBARGUEN6.  Igualmente,  mediante  el  referido  proveído,  vinculó como persona ausente a  GAMBOA     VELÁSQUEZ  y   le   designó   defensor   de  oficio7.   

4.  Luego de surtida la práctica de algunas  pruebas,  el funcionario investigador, mediante proveído del 30 de mayo de 2007  le  resolvió  la  situación  jurídica  provisional y lo afectó con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  imputándole  la conducta punible de  peculado  por  apropiación,  cometida  en  concurso  homogéneo  y sucesivo; al  tiempo  que  le  dictó preclusión por el de prevaricato por acción, por haber  sobrevenido    el    fenómeno   jurídico   de   la   prescripción8 de la acción  penal.   

5.   El cierre de la investigación fue  ordenado  a través de resolución del 25 de octubre de 2007 y el 14 de enero de  2008,     HAROLD    GAMBOA    VELÁSQUEZ  fue  acusado  por el delito de peculado  por  apropiación  a  favor  de terceros, en concurso homogéneo y sucesivo, por  razón  de  las irregularidades en las sentencias de primer grado emitidas en su  condición  de  Juez Primero Laboral del Circuito de Buenaventura, dentro de los  expedientes   en  los  que  figuraron  como  demandantes  ROQUE  NEFTALY  ANGULO  MINDINERO,  SIXTA  CENEIDA  MÁRQUEZ  MOSQUERA  y  ORLANDO MOSQUERA IBARGUEN. La  convocatoria  a  juicio  no fue recurrida y cobró ejecutoria el 10 de julio del  20089.    

6.  A la Sala Penal del Tribunal Superior de  Buga  le  correspondió  adelantar  la  etapa del juicio. Realizada la audiencia  preparatoria,  negó  las  peticiones  de  cesación  de procedimiento y nulidad  presentadas   por   la   defensa,   mediante   proveído  del  23  de  junio  de  201010.   

7. Una vez realizada la audiencia pública de  Juzgamiento  el  23 de julio, 8 y 28 octubre de 201011,   se   produjo   fallo  de  carácter  condenatorio  fechado  el  30  de  enero  de  2012,  contra el que se  interpuso recurso de apelación que ahora debe resolverse.   

LA SENTENCIA IMPUGNADA:  

El  Tribunal  Superior  de  Buga,  luego  de  subrayar  las  fechas y los valores de las condenas dispuestas en las sentencias  emitidas  en primera instancia por el entonces Juez Primero Laboral del Circuito  de  Buenaventura,  HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ,  a  favor de los demandantes ROQUE NEFTALY ANGULO MINDINERO, SIXTA  CENEIDA  MÁRQUEZ  MOSQUERA  y ORLANDO MOSQUERA IBARGUEN, precisó el momento en  que   fueron  efectivamente  canceladas  las  sumas  ordenadas  en  los  fallos.   

Para   el   a  quo,  en el año de 1998 se materializaron los delitos  de  peculado  por  apropiación, al considerar que las fechas en que se hicieron  efectivos  los pagos ordenados en los  fallos del 19 de julio, 23 de mayo y  4  de  julio  de  1995,  determinan  el  momento  consumativo  de  las conductas  punibles,  mientras que el valor total de las sumas canceladas con fundamento en  las  condenas  contenidas en aquellos proveídos establecen su cuantía, las que  determinó         en         $90.373.482.9612,  $30.598.980.0113     y  $92.971.235.4114.   

Coligió,  entonces,  que  al  exceder  los  cincuenta  (50)  salarios  mínimos vigentes al momento de la “consumación de  los  punibles”, la legislación aplicable, por favorabilidad, es la consagrada  en el artículo 397 de la Ley 599 de 2000.   

Seguidamente,   enunció   los   elementos  materiales   probatorios   recopilados   durante   la  etapa  instructiva,   concluyendo   que   “el  acusado  ordenó  en  sus  providencias  el  reconocimiento  de reliquidaciones de cesantías definitivas e  indemnizaciones  moratorias, cometiendo una serie de irregularidades”15,  las  cuales  relaciona con  las siguientes palabras:   

“(i)  En  los  tres  procesos, el acusado  estructuró  sus  decisiones,  realizando  conjeturas  e  inferencias respecto a  situaciones  que  no  estaban  claras  y expresamente definidas en la demanda, y  mucho  menos demostradas con pruebas idóneas; es decir, reconoció prestaciones  sociales,   indemnizaciones   moratorias   y  reliquidaciones  pensionales,  con  fundamento  en  demandas  que  se  encontraban  huérfanas de sustento fáctico,  jurídico y probatorio.   

ii) Le otorgó valor probatorio, en aras de  fundamentar  sus  sentencias  a documentos que adolecían de autenticidad, al no  cumplir  los  requisitos  exigidos  en  el  artículo   254  del  C.  de P.  Civil.   

iii)  A  pesar  de  que  las  pretensiones  aducidas  en  las  demandas  no  tenían  vocación de prosperar, por cuanto los  fundamentos  fácticos  no  habían sido planteados tal  y como lo exige el  artículo  25  del  C.P.L.; es decir, no estaba debidamente configurada la causa  petendi   –  ni  en  los  hechos     ni     en     las     pretensiones    de    la    demanda–  que es la que demarca el ámbito de  litigio…”16   

Además,  adujo  que  estaba  demostrada con  suficiencia  la  condición de servidor público del procesado para la época de  los   hechos   y   el   elemento  subjetivo  del  injusto;  enfatizando  en  que  “el   acusado   reconoció  y  ordenó  reliquidar  prestaciones  sociales,  reliquidación de cesantías y pagos de indemnizaciones  moratorias  sin  que  se dieran dentro de los procesos las condiciones jurídico  probatorias  para  ello”17.    

Finalmente, el Tribunal resolvió imponer la  pena  de  ochenta  (80)  meses  de  prisión,  multa  equivalente al valor de lo  apropiado,  esto es, ciento noventa y cinco millones trescientos cuarenta y tres  mil   cuatrocientos   dieciséis   pesos   con   treinta   y  ocho  centavos  ($  195.343.416.38),  e  inhabilidad  en  el  ejercicio  de  de derechos y funciones  públicas  por  el mismo tiempo de la pena privativa de la libertad. Igualmente,  lo  condenó al pago de perjuicios materiales por la misma cantidad por concepto  de multa.   

LA IMPUGNACIÓN:  

La  decisión  que  viene de reseñarse, fue  apelada    por    el    procesado    Harold   Gamboa  Velásquez, solicitando la revocatoria de la sentencia  de  condena  proferida  en  su  contra,  con  fundamento en variadas razones que  agrupó de la siguiente manera:   

1.     Grado     jurisdiccional     de  consulta   

Argumenta  que  las  sentencias  laborales  proferidas  en el año 1995 habían quedado en firme y no podían ser objeto del  grado  jurisdiccional ordenado por el Consejo Superior de la judicatura, pues en  aquella  época  no  se  consagraba  ese  recurso para los fallos adversos a las  entidades descentralizadas.   

De ello deduce que se encuentran viciados de  nulidad  los  fallos  de  consulta,  por  vulneración  al  debido  proceso,  la  seguridad  jurídica  y el principio cosa juzgada, razón por la cual no podían  tenerse  como fundamento de la sentencia condenatoria, sino excluirse del acervo  probatorio.     

Insiste  en  la  carencia  de  competencia  territorial  de las Salas Laborales de Descongestión que desataron la consulta,  en  tanto  el  artículo  63  de  la  Ley  270  de  1996 que autorizó a la Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura a implementar programas de  descongestión,  debe  armonizarse  con  el artículo 15 de la Ley  1285 de  2009,  por  cuyo  medio  se  dispuso  que  la  redistribución  de procesos debe  respetar dicho presupuesto procesal.   

Así mismo, aduce que no existe concordancia  con  lo  estipulado  en  el artículo 10 del Código Procesal del Trabajo, norma  que  asigna  la  competencia de los juicios contra establecimientos públicos al  juez  del  domicilio  del  demandado  o  al  del lugar donde se haya prestado el  servicio,  a  elección  del demandante, en virtud de lo cual era el Tribunal de  Buga  y  no  el  de  Bogotá  o  Pereira,  el  competente para conocer del grado  jurisdiccional  de  consulta,  pues  Buenaventura  pertenece  a  aquel distrito.   

De  esta  manera,  afirma,  aunque las Salas  Laborales  de  Descongestión ostentaban competencia funcional, adolecían de la  territorial,  en  tanto  sólo  la  ley puede modificar dichas reglas, mas no un  acto   administrativo    proferido   por   el   Consejo   Superior   de  la  Judicatura.   

En   razón  de  lo  anterior,  colige  la  inexistencia  en  el  proceso  penal  de  decisión  legalmente proferida por la  jurisdicción  ordinaria  laboral  mediante  la cual se demuestre que los fallos  proferidos  por  HAROLD  GAMBOA VELÁSQUEZ  fueron desacertados, pues, insiste, las  decisiones   de  consulta  no  sirven  para  demostrar  la  responsabilidad  del  procesado.     

2.  Atipicidad de las conductas   

El   impugnante   inicia  cuestionando  la  afirmación     del     a     quo     referida  a  la  sentencia  proferida  dentro  del proceso ordinario  laboral  adelantado  por  la  señora  SIXTA  CENEIDA  MÁRQUEZ,    conforme   a   la   cual   “los   documentos  aportados  por  la  actora  no  podían  tener valor probatorio al no reunir los requisitos exigidos  por  el  artículo  254 del Código de Procedimiento Civil y que por lo tanto no  podía   fundamentarse   la   decisión  sobre  esos  documentos  irregularmente  autenticados”,   pues  señala    que    con   tal   conclusión   se   desconocería   “que  para  la  época  en que se profirió la sentencia, las copias  simples  tenían  valor  probatorio siempre y cuando provinieran de las partes y  por  lo tanto se hacía inncesario el cumplimiento de los requisitos exigidos en  el   artículo   254   del  C.  de  P.C”18.   

Seguidamente,  califica  como  “desacertados”   y   “simplistas”  los  argumentos  expuestos  por  la  Corporación  de  instancia  atinentes  a  calificar  como contrarios a  Derecho  los fallos que emitió en los procesos ordinarios laborales adelantados  por  los  señores  ORLANDO  MOSQUERA y ROQUE NEFTALI  ANGULO   sin   que  “se  acredit[ara]   que   los  mencionados  ex  trabajadores eran beneficiarios de las respectivas convenciones  colectivas  de  trabajo”19,   pues,  afirma,  que  reposan   en   el   acervo   documentos   demostrativos   de   que  “la  empresa  reconoció  las  pensiones  por  cuanto los actores  habían   cumplido   con   los   requisitos   establecidos   en  la  convención  respectiva”20.   Razón   por   la   que,   agrega  el  recurrente,  “…  si estos no eran beneficiarios de  las  mismas,  no  era  necesario   que  hubiera cumplido con los requisitos  convencionales  y  por lo tanto sus pensiones no se hubieran reconocido conforme  a     las    convenciones    sino    de    acuerdo    a    la    ley”21.   

De otra parte, aduce que las Salas Laborales  de   Descongestión   revocaron   los  fallos  ejecutoriados  y  en  firme,  con  “argumentos  que…  consistieron  en  que  no  se  podían  incluir los días descontados por la empresa, en las reliquidaciones de  las  cesantías efectuadas en las sentencias de primera instancia, por cuanto la  ley  autorizaba  el  descuento  de  los  días  en  aquellos  eventos  en que se  encontraba  suspendido el contrato de trabajo”,   cuando,  en  su  leal  saber  y  entender,  en  los casos en que “el  trabajador  reclama  la  reliquidación  de  su cesantía, debe  incluirse  todo  el  tiempo  que  duró  la  relación laboral, y corresponde al  empleador  demostrar  la causal justificativa de la suspensión del contrato que  le  permitieron  descontar  los  días… por    tratarse    de    una    negación    indefinida”22  que invierte la carga de la  prueba.   

3.  Ilegalidad  de  la  prueba  con la que se acreditó la existencia de  los delitos de peculado.   

Censura  que  con  base  en  los  criterios  emitidos  por  las  Salas  Laborales  de  Descongestión  que  conocieron de las  sentencias  ejecutoriadas,  se procediera a su condena por el delito de peculado  por   apropiación,   situación   ésta   que,   en   su   decir,  “vulnera   el   debido   proceso”23y  “conduciría a condenas  automáticas  por  el  hecho  de  que  el  juez  que profiera sentencia y le sea  revocada  o simplemente porque la decisión proferida por el funcionario acusado  resultó            desacertada.”24.   

Es  decir,  considera que la naturaleza del  delito   de  prevaricato,  utilizado  por  el  a  quo  para   deducir  la  comisión  del  peculado,  no  se  configura  en  este  caso,  en  la  medida  en  que  las Salas de Descongestión  Laboral,   si   bien  es  cierto  “calificaron  sus  determinaciones  de   desacertadas”, también lo  es     que    ello   “no   implica   conducta  prevaricadora,   máxime   cuando   desde  antaño  existen  interpretaciones  y  precedentes    jurisprudenciales    acordes   con   las   decisiones   laborales  cuestionadas”.   

Con  tal  postura,  añade  el  impugnante,  “se  desconocen  los fines del recurso ordinario de  apelación”25      y  “extraordinario de casación”.   

Cuestiona  la  afirmación de la Sala Penal  relativa  a  que  cuando  el exjuez Primero Laboral del Circuito de Buenaventura  profirió     sentencias     condenatorias    en    contra    de    FONCOLPUERTOS,  su  conducta tipifique el  delito  de  peculado  por  apropiación  a favor de terceros, pues considera que  ello  conduciría a establecer como regla que “Todos  los  operadores judiciales26…que  profieran sentencias  condenatorias   que   involucren  un  patrimonio  en  contra  de  las  Entidades  Descentralizadas   también   se   convierten   en   administradores  de  bienes  oficiales”27.   

El recurrente pregona la ausencia de prueba  demostrativa  de un actuar doloso y, por el contrario, considera que la realidad  procesal  evidencia  cómo  las decisiones se ajustaron a las pruebas recaudadas  en  cada  proceso,  a  la ley y a la Convención Colectiva de Trabajo, aduciendo  que   si   algún   reproche   le   cabe   a   GAMBOA  VELÁSQUEZ  con ocasión de  las  sentencias  laborales  revocadas  al  surtirse  el  grado jurisdiccional de  consulta,  sería  por  el  delito  de  prevaricato,  cuya  prescripción ya fue  decretada.   

Finalmente, afirma que como en el expediente  reposa  copia  de  la condena del 12 de marzo de 2002 proferida en su contra por  el  Tribunal Superior de Buga por el delito de enriquecimiento ilícito derivado  del  punible  de  peculado, no puede ser juzgado por este último delito so pena  de    afectar   el   principio   de   non   bis   in  ídem.   

Con  sustento en las anteriores razones, el  procesado  GAMBOA VELÁSQUEZ  solicita  revocar  la  sentencia  impugnada  y,  en su  lugar, absolverlo de todos los cargos.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE:   

    

1. Competencia    

A la Sala de Casación Penal le corresponde  desatar  el recurso de apelación interpuesto, de acuerdo con la competencia que  le  asigna  el  numeral 3° del artículo 75 de la Ley 600 de 2000, toda vez que  la  acción  penal  es ejercida contra el exjuez Primero Laboral del Circuito de  Buenaventura,  quien  fue  juzgado en primera instancia por el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Buga  por  conductas realizadas en ejercicio de sus  funciones.   

Conforme  a lo estipulado en los artículos  31  de la Constitución Política y 204 del estatuto procesal penal en mención,  la  labor  de  esta Corporación se contraerá a examinar los aspectos sobre los  cuales  se  expresa  inconformidad, incluyendo, como lo autoriza esa preceptiva,  los temas inescindiblemente vinculados al objeto de la censura.   

    

1. Estudio    del    escrito  impugnatorio     

En   punto   a  definir  la  impugnación  propuesta,  la Sala abordará el análisis de los siguientes tópicos: (i) Si la  condena  por  enriquecimiento  ilícito  enervaba  la  posibilidad  de juzgar al  exjuez  por  el punible de peculado por apropiación a favor de terceros; ii) el  grado  jurisdiccional de consulta y las facultades de la Sala Administrativa del  Consejo   Superior   de   la   Judicatura,   y   (iii)   la   tipicidad   de  la  conducta.   

i)  Si  la  condena por enriquecimiento ilícito enervaba la posibilidad  de  juzgar  al  exjuez  por  el  punible de peculado por apropiación a favor de  terceros.   

Expresó   el   procesado   Gamboa   Velásquez  que  por  haber  sido  condenado  como  autor  del  punible  de  enriquecimiento  ilícito derivado del  delito  de  peculado,  no puede ser juzgado por esta última infracción so pena  de    afectar   el   principio   de   non   bis   in  ídem.   

Esta Corporación considera que tal reproche  no  tiene  vocación de prosperidad en tanto los tipos penales que se confrontan  están  dirigidos  a  tutelar  objetos  jurídicos  distintos,  de tal forma que  sancionan   aspectos   diferentes   del   accionar   delictivo  de  HAROLD GAMBOA VELÁSQUEZ.   

En  efecto, en la actuación adelantada por  el   punible   de   enriquecimiento   ilícito,   que  finalizó  con  sentencia  condenatoria  el  12  de  marzo  de  2002,  se  sancionó al exjuez Gamboa  Velásquez por haber lesionado con  su  conducta  el  interés  jurídico tutelado de la probidad y honestidad de la  administración  pública,  tras  haberse demostrado el incremento injustificado  de  su  patrimonio;  mientras que en el presente proceso penal adelantado por la  conducta  peculadora,  se  le reprocha el haber defraudado con su comportamiento  las  expectativas  del  rol  que de él se esperaba como titular Juzgado Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura,  esto  es,  el  recto  ejercicio de la  función  estatal  de  custodia y administración de bienes, al haber puesto con  sus  decisiones en manos de terceros (extrabajadores de Foncolpuertos) de manera  injustificada, dineros pertenecientes al erario público.   

Como  se  advierte, se trata de una afrenta  autónoma  e  independiente  al  interés  tutelado  por  la  conducta jurídico  penalmente desaprobada de peculado por apropiación.   

La  Sala,  ratificando  este planteamiento,  recientemente dijo:   

“De  vieja  data  la  Corte  Suprema  de  Justicia  viene  afirmando  la  viabilidad  jurídica de que concursen de manera  efectiva  el  delito de enriquecimiento ilícito con delitos que afecten el bien  jurídico  de  la  administración  pública,  en  la  medida  que  dentro de la  globalidad   que   implica   este   bien   jurídico  se  encuentran  plenamente  diferenciados  otros  intereses  jurídicos  que  merecen  tutela  judicial y no  quedan desplazados.   

En  tal  sentido,  existen  una  serie  de  intereses  concretos  que no necesariamente por el hecho de estar inmersos en el  genérico  bien jurídico de la administración pública, pierden su identidad o  autonomía  de  cara  a la intencionalidad del legislador al tipificar conductas  que  reporten  violación  a  esos  intereses.  Por  ejemplo,  el  peculado, que  propende  por  la  protección  del patrimonio del Estado; el de concusión, que  protege  la  legitimidad  del  ejercicio  del  poder estatal; el de celebración  indebida  de  contratos,  que  vela por la transparencia de la contratación; el  tráfico  de  influencias,  que  censura  atentados  contra  la independencia de  servidores  públicos;  el  cohecho, que propende por la absoluta igualdad en la  prestación  del servicio público; el prevaricato, que sanciona los agravios al  incorrecto  funcionamiento de la administración; entre otros, son muestra de la  presencia   de   particulares   intereses   que  diferencian  uno  u  otro  tipo  penal.”28.   

De esta forma, se desestima el planteamiento  del  recurrente  al  limitar  su  argumentación  a  sostener  que  se  está en  presencia   de  los  mismos  hechos,  cuando  se  trata  de  conductas  punibles  autónomas   e   independientes   y,   por   ende,  edifican  distinto  reproche  penal.   

Conviene    agregar    que   la   Corte  Constitucional,  al  analizar  los  alcances  de  la  prohibición  de  la doble  incriminación  —non bis  in  ídem—,  por igual ha  señalado:   

“La prohibición del doble enjuiciamiento  y  de  la doble sanción por un mismo hecho no impide que la conducta objeto del  reproche  pueda  dar lugar a diversas investigaciones, siempre y cuando cada una  de  estas  atiendan  a  los  siguientes  criterios: (i) que la conducta imputada  ofenda  distintos bienes jurídicamente protegidos; (ii) que las investigaciones  y  las sanciones tengan distintos fundamentos normativos; (iii) que los procesos  y  las  sanciones  atiendan  a  distintas  finalidades; (iv) que el proceso y la  sanción  no presenten identidad de causa, objeto, sujetos, acciones, fundamento  normativo,      alcance      y      finalidad”29   

En  esa medida, es claro que a pesar de que  al  acusado anteriormente se lo declaró penalmente responsable por el delito de  enriquecimiento               ilícito30, nada impide la persecución  de  las  conductas punibles de peculado por apropiación a favor de terceros, en  contra   de   Harold   Gamboa  Velásquez,  pues  no  existe  identidad de fundamento normativo, de causa, de  alcance,  de  finalidad  o  de  sanción en las dos conductas cuestionadas y por  tanto  no  se  vulnera  el  principio  de  non bis in  ídem.  Razón  por  la  cual  carece  de  asidero  la  postulación defensiva analizada en este acápite.   

     

i. Grado Jurisdiccional de Consulta y  facultades   de   la   Sala   Administrativa   del   Consejo   Superior   de  la  Judicatura.     

El  apelante  censura  que  la sentencia de  condena  emitida en su contra por la Sala Penal del Tribunal Superior de Buga se  funde  en  los  fallos laborales de consulta, pues, en su opinión, en la época  en  que  se  profirieron no existía el grado jurisdiccional para las sentencias  adversas  a  las  entidades  descentralizadas, empresas comerciales del Estado o  establecimientos  públicos.  Por  tanto,  las  decisiones  de segunda instancia  emitidas  como  resultado de ese mecanismo están viciadas de nulidad y por ello  no  podían  ser  apreciadas  como  prueba  dentro  del  presente proceso penal.   

La Sala encuentra que dicha crítica carece  de  fundamento,  por cuanto las sentencias laborales emitidas como resultado del  grado  jurisdiccional  de  consulta están amparadas por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  por  manera que no pueden ser desconocidas por la simple  inconformidad  del procesado GAMBOA VELÁSQUEZ con su contenido o por su disenso  frente   a   las   órdenes   administrativas  que  dispusieron  el  proceso  de  descongestión en cuyo marco se profirieron.   

Por tanto, ostentan plena vigencia y son de  obligatorio  cumplimiento,  más  aún  cuando  no  fueron  objeto de acción de  revisión   o   de   cualquier   otro   cuestionamiento   que   en   efecto  las  modificara.   

En otro sentido, el impugnante cuestiona el  proceso  de  descongestión  ordenado  por  la  Sala  Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  respecto  de  los  trámites laborales adelantados  contra   FONCOLPUERTOS,   no   por   ausencia   de  competencia  funcional  sino  territorial.   

Así,  aduce que si bien el artículo 63 de  la  Ley 270 de 1996 autoriza a la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura  a  implementar  programas de descongestión, en su ejecución debía  respetar  la  competencia territorial, tal como  lo disponen los artículos  15  de  la  Ley   1285 de 2009 y 10 del Código Procesal Laboral. Entonces,  era  el  Tribunal   Superior  de  Buga, no el de Bogotá o Cundinamarca, el  competente  para conocer del grado jurisdiccional de consulta, pues Buenaventura  pertenece a aquel distrito.   

Al respecto, esta Corporación ha decantado  cómo   el   Consejo   Superior   de  la  Judicatura  está  facultado  para  la  implementación   de   programas   de   descongestión   y  refiriéndose  a  la  designación  de  jueces  o  tribunales  para  atender  los casos asociados a la  liquidación          de         FONCOLPUERTOS, estableció:   

“En efecto, la  Carta  Política  de  1991  al  crear  el  Consejo Superior de la Judicatura, lo  revistió   de  facultades  que  se  plasmaron  en  la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración  de  Justicia  (Ley  270  de  1996),  disposiciones  que  fueron  sometidas  a  control  constitucional,  dentro  de  las  cuales  se encuentra el  artículo  85-5  ibídem,  del  siguiente tenor: “Crear, ubicar, redistribuir,  fusionar,  trasladar,  transformar  y suprimir tribunales, las salas de éstos y  los   juzgados,   cuando  así  se  requiera  para  la  más  rápida  y  eficaz  administración  de  justicia,  así  como para crear salas de descongestión en  ciudades  diferentes  de  las  sedes de los distritos judiciales, de acuerdo con  las    necesidades    de    estos”.   Consecuente  con  lo anterior, el Consejo Superior de la Judicatura  –  Sala Administrativa –  dispuso  la  integración  de Juzgados de Descongestión para que cumplieran las  funciones  de  juez  a-quo  en el presente caso; por consiguiente, la decisiones  adoptadas  por  la  Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura no  comportan,  en  manera  alguna,  como lo piensa el recurrente, la violación del  principio  del juez natural derivada de la ausencia de la preexistencia del juez  o  tribunal  al  hecho  que  se  juzga”31  .   

A su vez, la Ley 270 de 1996, vigente en la  época   de   implementación   del   programa   de   descongestión   referido,  disponía:   

“ARTÍCULO 63. La Sala Administrativa del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  en  caso de congestión de los Despachos  Judiciales,  podrá  regular la forma como las Corporaciones pueden redistribuir  los  asuntos  que  tengan para fallo entre los Tribunales y Despachos Judiciales  que  se  encuentren  al  día;  seleccionar  los procesos cuyas pruebas, incluso  inspecciones,  puedan  ser  practicadas mediante comisión conferida por el Juez  de  conocimiento,  y determinar los jueces que deban trasladarse fuera del lugar  de  su  sede para instruir y practicar pruebas en procesos que estén conociendo  otros jueces”.   

La  anterior  regla  autorizaba  a  la Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura a redistribuir los asuntos  entre  los  diferentes  tribunales  y despachos judiciales que se encontraran al  día,  tal  como  acaeció  en  el  caso  bajo  examen.  Con  posterioridad, esa  Corporación  continuó  el  programa  de  descongestión  de  los  procesos  de  Foncolpuertos,  renovándolo  y  ampliándolo  por  varios  años  a  través de  diversos actos administrativos.   

Obviamente,    la   facultad   de   tal  redistribución  comportó  el envío momentáneo de las actuaciones a otra sede  territorial,  luego  de  lo  cual regresaron al juzgado de origen para surtir la  notificación  y  trámite  subsiguiente,  sin que ello generara vulneración al  debido  proceso porque el traslado se ordenó para adoptar decisiones puntuales,  con  el  propósito  de  lograr  agilidad  y eficiencia en la administración de  justicia,  descartándose el quebranto de las reglas de competencia referido por  el recurrente.   

Lo afirmado previamente, se confirma, si se  considera  que  la  norma referida para demostrar el presunto desbordamiento del  marco  legal  por  parte  del  Consejo  Superior  de la Judicatura al asignar la  competencia  territorial  para  conocer el grado jurisdiccional a los Tribunales  de   Pereira,  Bogotá  y  Cundinamarca  se  expidió  con  posterioridad  a  la  implementación de programa de descongestión de Foncolpuertos.   

En  efecto,  solo  con la Ley 1285 de 2009,  modificatoria  del  artículo  63  de  la  Ley  270  de  1996, se dispuso que la  redistribución  de  procesos  en  virtud  de programas de descongestión debía  acompasarse  con  la  competencia  territorial.  Por tanto, cuando se ordenó la  consulta  para los procesos laborales objeto de esta investigación, no existía  ninguna limitante al respecto.   

Aunado a que al efectuar la revisión previa  de  la  modificación  de  la ley estatutaria de administración de justicia, en  punto  de  la  naturaleza  jurídica  de  los jueces de descongestión, la Corte  Constitucional   señaló  que  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  puede  determinar   su   ámbito   de   acción  territorial,  sin  que  ello  comporte  vulneración   de   ninguna   garantía,   al   expresar   sobre   el   referido  tópico:   

“Así mismo, la  norma  dispone  que  «los  jueces  de  descongestión  tendrán  la competencia  territorial  y  material  específica que les señale el acto de su creación».  Los  jueces  de  descongestión  no son cargos permanentes y por tanto no forman  parte  de  la  estructura  misma  de  la administración de justicia. Son cargos  creados  de  manera transitoria por el Consejo Superior de la Judicatura, dentro  de  la  facultad  prevista  en  el  artículo  257-2  de  la  Constitución y de  conformidad   con   las   políticas  y  programas  de  descongestión  judicial  establecidos por dicho organismo.   

Por  lo  mismo,  la creación de jueces de  descongestión  no  es  en  sí  misma contraria a la Carta Política, en cuanto  contribuye  a  garantizar  la  eficacia  de  la  administración de justicia. No  obstante,  su  implementación debe ajustarse a los preceptos de orden Superior,  lo   que   se   examinará   en   detalle   al  analizar  el  artículo  15  del  proyecto.   

En  este punto ha de tenerse en cuenta, en  primer  lugar,  que  su  designación  debe hacerse con cabal observancia de las  garantías  fundamentales  en materia de juez natural y de sujeción a las leyes  preexistentes  al acto imputado, de manera tal que no se llegue a configurar una  atribución  “ex  post  facto”  de competencias judiciales. En consecuencia,  para  la creación de los jueces de descongestión se ha de partir siempre de la  base  de  la  preexistencia  de  determinada  categoría  de  jueces, que tienen  previamente  definida  su  competencia  en forma clara y precisa y en cuyo apoyo  habrán  de  actuar los jueces creados con una vocación esencialmente temporal.  Dicha  circunstancia  evita  la  violación  del  principio del juez natural, en  cuanto  no se permite la creación de jueces o tribunales «ad hoc», puesto que  será  posible  conocer  siempre de antemano cuál será la categoría de jueces  competentes   para  decidir  cada  patrón  fáctico  en  particular”32.   

El citado criterio jurisprudencial descarta  la  irregularidad  referida  por  el  apelante  y evidencia cómo las sentencias  C-392  y  393  de  2000  de  la Corte Constitucional, citadas para apuntalar una  supuesta  afectación de garantías fundamentales no aplican al caso, por cuanto  no  se  refieren  a jueces de descongestión sino a la creación y adjudicación  de competencia a los jueces especializados.   

     

i. La tipicidad de la conducta      

Argumenta  el  recurrente  en su defensa la  “ausencia     de     responsabilidad”,   la  no realización de conducta delictiva alguna, que no  tuvo  dolo peculador y que, en cambio, las irregularidades fueron producidas por  las  Salas  de  Descongestión  de  los Tribunales Superiores que resolvieron un  ilegal  grado  jurisdiccional,  sin  competencia  territorial  para  ello,  para  concluir   que   no  pudiéndose  calificar  su  desacierto  en  las  decisiones  judiciales,  tampoco,  por vía de una interpretación diferente a la vertida en  sus  fallos,  se  podía  concluir  que existió un peculado a favor de terceros  cometido por él en su condición de juez laboral.   

Resulta evidente que el alegato del acusado  Gamboa  Velásquez se pierde  entre  los  senderos propios del delito de prevaricato, olvidando que la condena  apelada  le  fue  impuesta  por  la  infracción  prevista  en  el  artículo el  artículo 397 de la Ley 599 de 2000.   

En  ese  orden, no sobra señalar que en el  aspecto  objetivo,  el  delito  de peculado a favor de terceros se compone de la  siguiente  estructura  básica:  a) tipo penal de sujeto activo calificado, para  cuya  comisión se requiere la calidad de servidor público del autor; b) que se  abuse  del  cargo  o de la función apropiándose o permitiendo que otro lo haga  de  bienes  del  Estado o de empresas o instituciones en que éste tenga parte o  de  bienes  o fondos parafiscales, o de particulares cuya tenencia o custodia se  le  haya  confiado  por  razón  o  con  ocasión  de  sus funciones33.   

El  procesado,  en  su  condición  de Juez  Primero  Laboral  del  Circuito,  adoptó  decisiones en el trámite de procesos  sometidos   a   su   jurisdicción,  que  le  implicaron  desarrollar  actos  de  disposición jurídica sobre recursos estatales.   

El   desmedro  del  erario  público  fue  plenamente  establecido en el presente proceso, al obtenerse la relación de los  dineros  que  por  mandato  expreso  del  Juez  Primero  Laboral del Circuito de  Buenaventura  y  aquí  acusado  derivó en su entrega. Al respecto, se tiene la  siguiente consolidación:   

a)  ROQUE NEFTALY  ANGULO  MINDINERO. A través de la sentencia del 19 de  julio  de  1995,  a  su  favor se ordenó el pago de $109.177.96 por concepto de  reliquidación  de  cesantías,  $18.896.566.00  como indemnización moratoria y  $29.071.64  diarios hasta que se realizaran los pagos ordenados. Posteriormente,  en  auto  del  26 de julio de 1995, se fijó como agencias en derecho a favor de  la  parte  demandante  la suma de $5.762.773.00. Mediante oficios No. 085 y 0117  del  28  de enero y 11 de febrero de 1998, el exjuez ordenó pagar a favor de la  apoderada   de  la  parte  actora  los  títulos  judiciales  No.  0000567177  y  0000726482  por  sumas  que  ascienden  a  $90.373.482,96. Decisiones que fueron  revocadas  por  la  Sala  Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Pereira,  mediante fallo proferido el 18 de diciembre de 2003. Cabe precisar que  el Ministerio de Protección Social determinó que:   

“… A través de la Resolución No.2213  del  8  de  junio  de  1998  por  la cual se ordena incluir como canceladas unas  sentencias  pagadas  a  través  de  títulos judiciales girados por órdenes de  embargo  dictados  contra  Foncolpuertos,  las  que  se  atendieron a través de  debitaciones  hechas  directamente  por  los bancos donde se poseía cuentas, se  dio  cumplimiento  a  la  sentencia proferida por el Juzgado 1º del Circuito de  Buenaventura   a   favor   del   señor   ANGULO   MINDINERO,   en  cuantía  de  $75.000.000.oo;  el  procedimiento  finalizó  con  la  entrega  al actor de los  títulos  judiciales  Nos.  0000567177  por valor de SETENTA Y CINCO MILLONES DE  PESOS  ($75.000.000,00)  MDA/CTE  y  0000726482  por QUINCE MILLONES TRESCIENTOS  SETENTA  Y TRES MIL CUATROCIENTOS OCHENTA Y DOS PESOS CON 96/100 (15.373.482,96)  MDA/CTE;  de  lo anterior se deduce que los dos pagos fueron realizados mediante  los  títulos  mencionados  anteriormente  cuyo  valor  total  es $90.373.482,96  m/cte.   

El  Área  de  Sistema  Nacional  de Pagos  mediante  memorando  No.  173  del  17  de febrero de 2005 indicó que el señor  ANGULO  MINDINERO  debe  reintegrar  la  suma  ordenada  en  el numeral anterior  debidamente  indexada a la fecha, por $143.226.803,96… Como consecuencia de la  revocatoria  del  fallo de primera instancia, el señor ANGULO MINDINERO deberá  reintegrar  la suma de CIENTO CUARENTA Y TRES MILLONES DOSCIENTOS VEINTISEIS MIL  OCHOCIENTOS    TRES   PESOS   CON   96/100   ($143.226.803,96)…”34   

b)  SIXTA CENEIDA  MÁRQUEZ  MOSQUERA, a quien  actuando  como  sustituta pensional del señor VICENTE  MICOLTA, mediante sentencia  del  23  de  mayo  de  1995,  el  acusado  ordenó  pagar  a su favor la suma de  $63.330.41  por concepto de cesantía definitiva, $16.825.001.40 por concepto de  indemnización  moratoria  desde  el  11  de diciembre de 1991 a la fecha de esa  providencia  y  $13.546.70  diarios  hasta que se verificara el cumplimiento del  fallo.  El  Cabe  advertir  que  la  Sala Laboral de Descongestión del Tribunal  Superior  de  Bogotá  revocó, el 16 de octubre de 2002, el referido proveído.  Así  mismo,  que  el  Ministerio  de  Protección  Social  estableció que como  consecuencia de esta sentencia:   

“Mediante  Resolución No. 676 del 21 de  mayo  de  1997 expedida por el suprimido Foncolpuertos, se dio cumplimiento a la  sentencia  proferida  por  el  Juzgado  Primero Laboral de Buenaventura el 23 de  mayo  de  1995,  a  favor  de  SIXTA  CENEIDA  MÁRQUEZ MOSQUERA, en cuantía de  $30.598.980.01,  suma  que  fue  pagada  con Nota Débito No. 7467 de mayo 27 de  1997,           Banco           Popular.”35   

c)  Referente al proceso laboral instaurado  por     ORLANDO    MOSQUERA    IBARGUEN,  en sentencia del 4 de julio de 1995, el acusado ordenó a pagar a  su   favor   $85.865.49   por   concepto   de  reliquidación  de  cesantías  y  $19.198.691.60  por  indemnización  moratoria;  así  como,  $30.234.16 diarios  hasta  que  se verificara los pagos referidos. Posteriormente, luego de liquidar  costas  con  la  inclusión  de  $5.821.648  como  agencias  en derecho, ordenó  entregar  al  demandante  el  título  judicial  No.  0000661609  por  valor  de  $92.971.235.41,  suma  reclamada  por  la  apoderada del extrabajador portuario,  mediante   oficio  No.  044  del  27  de  enero  de  1998  dirigido  a  la  Caja  Agraria36.  El 3 de diciembre de 2003 la Sala Laboral del Tribunal de Pereira  revocó        el       mencionado       fallo37.   

Ahora,  sobre el alcance de la disposición  jurídica, la Corte ha señalado:   

“En el entendido de que la relación que  debe  existir  entre  el  funcionario  que  es  sujeto  activo de la conducta de  peculado  por  apropiación  y  los  bienes oficiales puede no ser material sino  jurídica  y  que esa disponibilidad no necesariamente deriva de una asignación  de  competencias,  sino  que  basta que esté vinculada al ejercicio de un deber  funcional,  forzoso  es  concluir  que  ese  vínculo  surge entre un juez y los  bienes  oficiales  respecto de los cuales adopta decisiones, en la medida en que  con  ese  proceder  también  está  administrándolos.  Tanto  es  así  que en  sentencias  judiciales  como  las  proferidas  por  el implicado en los procesos  laborales  que  tramitó  ilegalmente,  dispuso de su titularidad, de manera que  sumas  de dinero que estaban en cabeza de la Nación (FONCOLPUERTOS –Ministerio  de  Hacienda  y  Crédito  Público),  pasaron  al  patrimonio de los ex trabajadores de la Empresa Puertos  de  Colombia  y del abogado que los representó, siendo indiscutible que el acto  de  administración  de  mayor  envergadura  es  aquel  con el cual se afecta el  derecho           de           dominio.”38.   

Ahora,  verificada la efectiva presencia de  los  elementos objetivos del delito de peculado por apropiación, en lo que toca  con  el  aspecto  subjetivo,  cabe  señalar  que  esta  Sala  ha  precisado  al  respecto:   

“El    dolo    ha    sido   definido  tradicionalmente  como  la  simbiosis de un conocer y un querer, que se ubica en  la  vertiente  interna  del  sujeto,  en su universo mental. En materia penal se  dice  que  actúa dolosamente quien sabe que su acción es objetivamente típica  y   quiere  su  realización…  el  dolo  se  integra  de  dos  elementos:  Uno  intelectual  o  cognitivo,  que  exige  tener  conocimiento  o conciencia de los  elementos  objetivos  del  tipo  penal  respectivo. Y otro volitivo, que implica  querer                 realizarlos”39.   

El  entonces  acusado  juez  Harold  Gamboa  Velásquez, valiéndose de  su  condición  de  servidor  público  y  de manera ilegal puso en las arcas de  terceros  dineros  del  Estado,  mediante  el proferimiento de decisiones que no  consultaban  la  realidad  fáctica  y  jurídica al interior de cada uno de los  procesos  laborales,  situación,  por  demás,  indicativa  de la consciencia y  voluntad  del  operador  judicial  de  vulnerar  la  ley  al emitir providencias  manifiestamente contrarias a derecho.   

Referente   a  éste  tópico,  la  Corte  expresó:   

“El  dolo  como manifestación del fuero  interno  del  sujeto  activo  de  la conducta punible sólo puede ser conocido a  través  de  las manifestaciones externas de esa voluntad dirigida a determinado  fin”40.   

Así,  en  el sub judice, el dolo emerge de  las  providencias  proferidas por el acusado, pues en su condición de juez, sin  consultar  la  realidad  fáctica  y  jurídica  de  cada  uno  de  los procesos  laborales,  propició  la  apropiación  de  recursos  estatales  por  parte  de  terceros  que  no tenían derecho a ellos; situación, por demás, indicativa de  la  consciencia  y  voluntad  del operador judicial de vulnerar la ley al emitir  decisiones manifiestamente contrarias a derecho.   

Es decir, las manifestaciones externas de la  voluntad   dolosa  de  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  fueron:  (a)  acceder  a  las  pretensiones  de  los  demandantes  sin  que  se  configuraran  los  fundamentos  sustanciales  para  reconocerlas,  (b) habilitar como medio de prueba documentos  que  no  reunían  las  exigencias legales, (c) aplicar la Convención Colectiva  del  Trabajo  cuando no existía prueba de que era la norma llamada a regular el  caso,  (d)  desatender  las  prescripciones  de  los  cánones  25  y 305 de los  Códigos  Procesal  Laboral  y  Civil,  respectivamente,  pues  conforme  a  las  enunciadas  normas,  la  Sala  encuentra  que  si  bien  el  juez,  en  aras  de  efectivizar  el  derecho  material,  puede  interpretar las partes oscuras de la  demanda,   ello  no  lo  habilita  para  pretermitir  la  constatación  de  los  requisitos  mínimos del libelo y, menos aún, para apartarse de la causa   petendi.   En   ese  orden,  las  facultades  de  dirección  e  interpretación  no  le  facultan  para  resolver  aspectos no planteados y no debatidos en el proceso.   

Aunado  a que las partes deben formular con  claridad  sus  pretensiones  y demostrar el supuesto fáctico del cual pretenden  derivar  provecho, conforme al principio de la carga probatoria consagrado en el  canon  177  del  Código  de  Procedimiento  Civil, por cuyo medio incumbe a las  partes  probar  el  supuesto  de  hecho  de  las  normas que consagran el efecto  jurídico   que  ellas  persiguen.  Así  mismo,  porque  acorde  con  el  canon  305  ibídem,  la sentencia  debe  expedirse  en  consonancia  con  los  hechos y pretensiones aducidos en la  demanda.   

(e)  Además,  no  obstante  el  impugnante  argüir  que  era procedente la reliquidación de cesantías de los demandantes,  como   consecuencia   de  no  haberse  tenido  en  cuenta  factores  salariales,  sustentándose   en   el  artículo  65  del  Decreto  1045  de  1978,  tras  la  verificación  del  contenido  y  alcance interpretativo de la mencionada norma,  resulta  infundado  su alegato, pues a más de que dicho compendio normativo tan  solo  se comprende por 57 artículos, ésta resultaba aplicable exclusivamente a  los  servidores  públicos  de  orden  nacional, departamental, municipal y a la  presidencia  de  la  república; no así, a las empresas comerciales del Estado,  como lo era la desaparecida empresa de Puertos de Colombia.   

En   otras   palabras,   las   referidas  actuaciones,  revelan la voluntad del acusado de infringir la ley para favorecer  las  posturas  procesales  de  los  demandantes,  medio a través del cual estos  accedieron  a recursos estatales a los que no tenían derecho, habida cuenta que  las  condenas  emitidas  en  contra  de  FONCOLPUERTOS,   como   era   de   conocimiento  de  los  operadores  judiciales de la época, las asumía el Estado colombiano.   

Corolario de lo anteriormente expuesto, es  claro  que  carecían  de  justificación  los reajustes pensionales que ordenó  HAROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  con  lo cual se evidencia como irrebatible del dolo  con  el  que  actuó,  de  donde su queja en torno a la  sentencia  apelada  por  ausencia  de su prueba, resulta contraria a la realidad  procesal.   

Por lo anterior, la sentencia apelada será  confirmada.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

CONFIRMAR  la  sentencia del 30 de enero de  2012  proferida  por la Sala Penal del Tribunal Superior de Buga, de conformidad  con lo expuesto.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

   

   

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                       FERNANDO       ALBERTO       CASTRO  CABALLERO        

    

   

   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ           GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

   

   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                     JULIO    ENRIQUE    SOCHA   SALAMANCA   

   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  2  del  cuaderno  de  apertura  de  la  instrucción,  demandante  en el proceso  laboral: ROQUE NEFTALY ANGULO MINDINERO.   

2 Folio  14  del  cuaderno  de  apertura  de  la  instrucción,  demandante en el proceso  laboral ORLANDO MOSQUERA IBARGUEN.   

3  Sintetizadas  en  la resolución emitida por el ente acusador el 30 de agosto de  2004, folio 18 del C.O. No.1.   

4 Folio  15 a 17 del C.O.   

5 Folio  5 al 10 del C.O. No. 1   

6 Folio  16 a 27 del C.O. No. 1   

7  Ibídem, Folios 89, 95, 100.   

8  Ibídem, Folio 119.   

9 Folio  177 del C.O. No.1.   

10  Ibídem, folio 278.   

11  Folios 344, 418 y 425 del C. O. No.2.   

12  Suma  cancelada  a la apoderada del demandante ROQUE NEFTALY MINDINERO, el 28 de  enero  y  11  de febrero de 1998, mediando oficios librados en aquella fecha por  el acusado GAMBOA VELASQUEZ al Gerente de la Caja Agraria.   

13  Valor  pagado  a  la apoderada de la demandante SIXTA CENEIDA MÁRQUEZ MOSQUERA,  por  orden  contenida  en  oficio  No.121  del  12 de julio de 1997, emitido por  HAROLD   GAMBOA  VELASQUEZ   y  dirigido  al  Gerente  del  Banco  Popular.   

14  Suma  reclamada  por  la  apoderada  del extrabajador portuario ORLANDO MOSQUERA  IBARGUEN, mediante oficio No. 044 del 27 de enero de 1998.   

15  Folio 578 del C.O. No. 3.   

16  Ibídem.   

17  Ibídem, folio 580.   

18  Folio 610 del C.O. No.3   

19  Folio 614 del C. O. No.3.   

20  Folio 615 del C. O. No.3.   

21  Ibídem.   

22  Folio 619 del C.O. No.3   

23  Folio 626 del Cuaderno Original No.3   

24  Folio 631 del Cuaderno Original No.3   

25  Ibídem.   

26  Folio 638 del Cuaderno Original No. 3   

27  Ibídem.   

28  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia  Única de  Juzgamiento del 27 de septiembre de 2012, radicación No. 37322.   

29  Cfr.  entre  otras  las  sentencias C-244 de 1996, C-060 de 1994, C-139 de 1994,  C-427 de 1994 y C-526 de 2003   

30  “ANTECEDENTES…   Un  escrito  anónimo  remitido  a  la  Dirección  Seccional  de Fiscalías de Buga  informó    que    el    doctor    HAROLD    GAMBOA  VELÁSQUEZ,  Juez  Primero  Laboral  del  Circuito de  Buenaventura,  había  adquirido cuantiosos bienes con los dineros que exigía a  los  abogados que representaban a trabajadores de COLPUERTOS en los procesos que  se         tramitaban        en        su        despacho…        CONSIDERACIONES…Como la determinación  del   enriquecimiento,  que  por  no  provenir  de  fuentes  lícitas  se  torna  delictivo,  se  hizo como quedó visto mediante la confrontación del patrimonio  con  los ingresos demostrados de la pareja, su sola existencia permite concluir,  contrario  a  lo  afirmado por el defensor, que los bienes no fueron conseguidos  “con  el  fruto  de  su  trabajo  y esfuerzo”, sino aprovechando la función  pública   que   el   Estado   le   había  discernido  al  doctor  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  quien no acrecentó  sus  caudales a espaldas de su esposa sino, más bien, de consuno con ella, como  que  los  inmuebles fueron adquiridos conjuntamente y, en general, el manejo del  haber  conyugal  revela  el  concurso de los dos abogados en su consolidación e  incremento  ”  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  sentencia  de  segunda  instancia  del  21  de enero de 2003,  radicación No. 19489.   

31  Cfr. Sentencia del 19 de octubre de 2006, Rad. No. 25804.   

32  Cfr. Sentencia C-713 de julio 15 de 2008.   

33  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia de segunda  instancia de 8 de noviembre de 2011, radicación No. 35731.   

34 Ver  información  contenida  en  Memorando GPSPC-ASNP 080 del 21 de febrero de 2005;  así  como,  a  folio  18  del  cuaderno de apertura de instrucción,    documentos    en   los   que   se  especifica:   “El   Juzgado   1º   Laboral   del   Circuito  de  Buenaventura,  en el proceso seguido por el señor ANGULO MINDINERO  contra  el   Fondo   del   Pasivo    Social  de  la  empresa  Puertos  de  Colombia  Foncolpuertos,  mediante fallo del 19 de julio de 1995, condenó a ésta última  a  pagarle  al  demandante  las  siguientes  sumas  de  dinero:  $109.177,96 por  reliquidación  de cesantías; $18.896.566.oo por indemnización moratoria hasta  la  fecha  de  la sentencia; a seguir pagando $29.071,64 desde el día siguiente  al  fallo  hasta  que  se realicen los pagos ordenados, además ordenó liquidar  costa  con  inclusión de $5.762.773 como agencias en derecho; posteriormente se  inició  el  proceso  de  ejecución  liquidándose  el  crédito  y  señalando  $7.430.554  como  agencias  en derecho.” Resolución  No.  000178 del 17 de marzo de 2005 del Grupo Pasivo Social Puertos de Colombia,  Ministerio  de Protección Social.  Folios 19 a 20 del cuaderno de apertura  de  instrucción,  demandante  en  el  proceso  ordinario laboral: ROQUE NEFTALY  ANGULO MINDINERO.   

35Memorando  GPSPC-ASNP  218  del  18  de Julio de 2004. Folio 24 del  cuaderno    de   apertura   de   investigación,   demandante:   Sixta   Ceneida  Márquez.   

36  Folio  206  del  Cuaderno  del  Proceso  Ordinario  Laboral, demandante: ORLANDO  MOSQUERA.   

37  Folio 14 del cuaderno de apertura de instrucción.   

38  Sentencia del 6 de marzo de 2003, Radicado No. 18021.   

39  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 25 de agosto  de 2010, radicación No.32964.   

40  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 9 de mayo de  2003, radicación No. 16569.     

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