39165(22-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado    Acta  No. 313   

Bogotá D.C.,  veintidós (22) de agosto  de dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  apropiada  argumentación  de  la  demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  RAFAEL  IGNACIO HERNÁNDEZ GUERRA,  contra  la  sentencia  de  26  de  enero  de  2012  mediante la cual el Tribunal  Superior  de  Cartagena revocó parcialmente la de carácter absolutorio emitida  por  el  Juzgado Penal del Circuito Adjunto del mismo Distrito Judicial, para en  su  lugar  condenarlo  como  autor  del  ilícito  de  concierto  para delinquir  agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal así:   

“…de la información recolectada por las  unidades   investigativas   de   la  SIJIN-DEBOL,  se  evidenció  un  fenómeno  constituido  por  el  reducto de lo que eran las antiguas Autodefensas Unidas de  Colombia  (AUC),  las  cuales  fueron  patrocinadas  por  un grupo de ganaderos,  narcotraficantes  y  terratenientes,  y  cuya  principal fuente de financiación  provenía   del  narcotráfico,  del  secuestro  y  las  extorsiones.  Luego  de  producirse  su  desmovilización,  surgieron  en  todo  el  territorio  nacional  diferentes  asociaciones  criminosas,  cuyos  integrantes,  algunos  que  no  se  acogieron   al   programa  de  reinserción  y  otros  entando  dentro  de  él,  continuaron  delinquiendo  en  todo  el  territorio nacional, asentándose en el  centro  y  sur  de  los  departamentos  de  Bolívar,  Cesar, Magdalena y Sucre,  autodenominándose    inicialmente   ‘AUTODEFENSAS   GAITANISTAS  DE  COLOMBIA  (AGC).  Posteriormente  se  asociaron  con hombres comandados por DANIEL RENDÓN HERRERA, alias ‘don          Mario’  y  los hermanos USUGA DAVID, quienes  en  últimas  adquirieron  el  control  de  la  organización tras la captura de  ‘don  Mario’      llamándose     ‘AUTODEFENSAS  GAITANISTAS’         o         ‘URABEÑOS’.  De  dicha organización hacen parte  los  señores  RAFAEL  IGNACIO  HERNÁNDEZ  GUERRA,  BENJAMÍN  CORDOBA MURILLO,  ARTURO  ELIAS  VALLEJO CHEJME, LUIS ALFONSO PUERTAS SUÁREZ, CARLOS ENRIQUE PINO  OLIER Y SENEN GUTIÉRREZ ALCÁZAR”.   

El 5 de noviembre de 2010 ante el Juez Sexto  Penal  Municipal con Funciones de Control de Garantías de Cartagena se cumplió  la  audiencia  de  legalización de captura de RAFAEL IGNACIO HERNÁNDEZ GUERRA,  previamente  ordenada  por  un  juzgado  de  igual  categoría.  Allí  mismo la  Fiscalía  le  imputó  la  posible  comisión  del  ilícito  de concierto para  delinquir  agravado,  en  concurso  con  destinación  ilícita de bien mueble o  inmueble  y   pidió le fuera impuesta detención preventiva intramural. El  imputado  no  aceptó  los  cargos y fue afectado con la medida de aseguramiento  solicitada.   

El  3 de diciembre de 2010 el ente   investigador  presentó  escrito  de  acusación  en  contra de, entre otros,             HERNÁNDEZ GUERRA,  y    el   20  de enero de 2011 en el Juzgado Único  Penal  del  Circuito  de  Cartagena se dio inicio a la  respectiva  audiencia  de  formulación,  la  cual se  aplazó  ante la no concurrencia de aquél,  no  sin antes poner de presente los preacuerdos celebrados entre  la Fiscalía con los otros incriminados.   

Una       vez       continuó  tal  diligencia  el  22 de  febrero    de    2011    únicamente   respecto      de     HERNÁNDEZ   GUERRA,   se  llevaron     a     cabo    las          audiencias    preparatoria    y    de    juicio  oral.   En   ésta  la  Fiscal  pidió  la   exoneración  de  responsabilidad  del  procesado  del  delito  de    destinación   ilícita   de  bien  mueble  e  inmueble  pero        la        condena  por  el punible de concierto  para  delinquir, y el juzgador  anunció  sentido  de  fallo    de    carácter    absolutorio  para  ambas  conductas,  decisión que  plasmó  en  la sentencia de  1°  de  junio  de la misma  anualidad.   

No   obstante,  en  virtud  del  recurso  de apelación formulado por  la    Delegada    del   ente   acusador,       el       Tribunal       Superior       de      Cartagena,    mediante   proveído  de  26  de  enero  de  2012  revocó  parcialmente  la absolución al  mantenerla  respecto  del  delito  de  destinación ilícita de bienes muebles e  inmuebles        pero        condenar  a  RAFAEL  IGNACIO    HERNÁNDEZ   GUERRA,   como   autor   del  punible  de concierto para  delinquir      agravado,      a     las            penas          principales  de  ocho  (8)  años de prisión, multa de dos mil  setecientos  (2.700) salarios mínimos legales mensuales vigentes, así  como  a  la  accesoria  de inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de  la sanción aflictiva de la libertad.   

     

Contra  la  decisión  de  segundo  grado el  defensor  del  enjuiciado  impugnó  de  manera extraordinaria con la respectiva  demanda de casación, de cuya admisibilidad se ocupa la Corte.   

DEMANDA  

Al  amparo  de  las causales previstas en el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, propone dos cargos en orden jerárquico:  el  primero,   por  nulidad ante el desconocimiento del debido proceso y el  derecho   de   defensa,   y   el  otro,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial.   

Primer cargo (Principal): Nulidad  

Denuncia que el Tribunal, en desconocimiento  de  los  artículos  29 de la Constitución Política, 23, 360 y 361 del Código  de  Procedimiento Penal, no tuvo en cuenta la exclusión de elementos materiales  probatorios   por   parte   del   a  quo.   

Pone de presente que en la inicial decisión  absolutoria  se  tuvo en cuenta la aducción irregular y falta de contradicción  de  la  entrevista  y  una  declaración  extrajudicial ante Notario del testigo  Simón  Segundo Pérez Vidal, así como del reconocimiento fotográfico que hizo  para  establecer  la  identidad  del  acusado, por ello, a partir de ese momento  procesal  se deben considerar como inexistentes tales elementos, sin embargo, el  Ad quem los “revivió”  para  sustentar la condena en  una  clara  afrenta de las garantías de oralidad, contradicción, defensa, así  como  del  principio  de  limitación  que  rige el recurso de apelación porque  debió  pronunciarse  sólo con base en las pruebas existentes, ya que la Fiscal  no impugnó esa exclusión de evidencias.   

Afirma que así se afectó la tutela judicial  efectiva,  por desconocer el Tribunal la garantía que le había sido reconocida  al  procesado  en la sentencia de primera instancia, pues sin limitación alguna  y  sin  que el recurrente lo hubiera pedido se arrogó una facultad ultra            petita.   

Que  otra  irregularidad  se presentó en la  incorporación  del  reconocimiento  fotográfico al haberlo hecho a través del  policía y no de quien lo realizó.   

Para el libelista, el vicio es trascendental  y  no  tiene posibilidad de corrección al ser violatorio de los requisitos para  condenar  resultando  “obligado bajo los presupuestos  favor  rei que se anule la sentencia, debido a que a las personas se les declara  responsables  con  la  evaluación  de las pruebas en conjunto, no con análisis  individuales de las mismas”.   

Consecuentemente,  pide  a  la  Sala  dejar  vigente  la decisión de primera instancia, ya que no sería posible revivir los  términos para su impugnación.   

Segundo  cargo  (Subsidiario):  Violación  indirecta de la ley sustancial   

Postula un error de hecho por falso juicio de  identidad     al    haber    “mutilado”  el  Tribunal las declaraciones de Simón Segundo Pérez Vidal y  Orlando  Rodríguez  Rueda para encontrar certeza en la comisión del delito, en  clara  infracción de los artículos 29 de la Constitución Política, 7° y 372  del   Código   de   Procedimiento   Penal   6°,   9,   11  y  12  del  Código  Penal.   

Explica  que el juez colegiado fragmentó el  testimonio  de  Pérez  Vidal  al  estimar  que  la  materialidad  del delito se  satisfacía  con  el  hecho  de  que  aquél  afirmó  haber  conocido entre los  colaboradores  de  la agrupación ilegal a HERNÁNDEZ GUERRA, propietario de una  finca,  quien  hablaba  con  los sujetos conocidos con los alias “Mocho”      y      “Cejas”,  e  inferir  judicialmente esa  colaboración  por  permitir  que  miembros  de  ese  grupo se albergaran en tal  finca,  desdeñando  otras  afirmaciones  del testigo relacionadas con que no le  constaba  que  el  procesado  supiera  que  quienes pernoctaban en su finca eran  miembros de la banda criminal.   

Para   el  casacionista,  el  aludido  testimonio no resulta confiable  y se muestra a  todas  luces  interesado ante los beneficios ofrecidos por miembros de la SIJIN,  además,  para  su  segunda  declaración  dada extrajudicialmente ante Notario,  —estando  en el Programa  de   Protección   de   la  Fiscalía—,   no  incriminó  al  procesado,  pues  pretendía  con  el  mismo  solucionar su situación económica.   

En ese orden, aduce que el Tribunal no podía  llegar  al  grado  de  certeza  para la condena cortando partes sustanciales del  testimonio,   siendo   inferido   lo   que   se   entendía   judicialmente  por  “colaboración”    o  “financiación” con base  en la información fragmentaria del deponente.   

Sumado  a lo anterior, expone que tampoco se  acreditó  la  antijuridicidad  del  comportamiento al presumirlo el juez plural  del  hecho  de  que  miembros  de  la  organización pernoctaban en la finca del  enjuiciado, situación no consentida por él.   

También,    refuta   al   Tribunal   el  cuestionamiento  hecho  a  HERNÁNDEZ  GUERRA  por  no haber denunciado ante las  autoridades  la  presencia  de  los  ilegales  en  su  predio, porque  ello  desconoce  la jurisprudencia acerca de la coacción como causal de exclusión de  culpabilidad  que  requiere:  “i) demostración de la  existencia  de  un  riesgo,  la protección de un mal o peligro, la inminencia o  actualidad  del  riesgo,  la  protección  de  un derecho propio o ajeno y la no  evitabilidad  del  daño  por  otro procedimiento menor perjudicial y ii) que el  juicio de exigibilidad es personal y social…”   

De igual forma, denuncia que el testimonio de  Orlando   Rodríguez   Rueda   fue  fragmentado  cuando  el  Tribunal  citó  la  aseveración  de  aquél acerca de que HERNÁNDEZ GUERRA, era propietario de una  finca  por  donde  él  pasaba  para llegar a la pesebrera, y luego acudir a una  declaración  anterior  predicó  que se trataba de una retractación, cuando no  se  refería  al  ilícito en estudio para abordar la supuesta colaboración del  procesado  al permitir que los miembros de una banda pernoctaran en su propiedad  y  la  supuesta  utilización  del  inmueble  como  punto  de  partida  para  la  exportación de narcóticos.   

Para  el libelista, el Tribunal entiende que  lo   dicho  previamente  por  este  testigo  cuando  habló  de  “colaboración”,   es   suficiente  para  acreditar  la  materialidad  del  delito,  cuando tal declaración, así como el  testimonio  dado  en  la  audiencia  del juicio oral dejan dudas, como cuando en  éste  último  al  preguntársele por el Capitán HERNÁNDEZ dijo, “Que   yo   sepa  el  no  pertenecía  a  la  banda”.   

Destaca  que incluso el juez de primer grado  criticó  que  la  Fiscalía  no  le  preguntó  a  este declarante acerca de la  pertenencia   del   incriminado  al  grupo  delincuencial  a  propósito  de  la  imputación sobre el financiamiento de la misma.   

En concepto del recurrente, en el fallo no se  tuvo  en  cuenta que el deponente a ciencia cierta no sabe si la finca pertenece  al  acusado,  ni  reconoce  con  toda  claridad  si  éste  es miembro o no dela  organización  delictiva,  además,  ya  había  afirmado  que  no  sabía de la  conducta   que   tenía   el   Capitán   HERNÁNDEZ,   por   ello  “el  Tribunal infiere de una afirmación dada en el juicio oral la  materialidad  del  concierto,  pero  al fin y al cabo esta es una inferencia que  para   nada   agota   el   umbral   de   decisión   más  allá  de  toda  duda  razonable”.   

Por  otra  parte,  aduce  que  al no haberse  acreditado  la antijuridicidad de la conducta, la conclusión del juez plural es  errónea   y   cae   en   la   prohibición   de  condenar  por  responsabilidad  objetiva.   

De  igual  modo, manifiesta que en relación  con  el  testimonio  de  Dalmiro  Rafael Terraza Gamarra, quien da cuenta de las  presiones  que  recibió  el  acusado,  la Fiscalía no le realizó preguntas al  respecto.   

En  suma,  estima  que las informaciones del  juicio  oral  resultaban  lo suficientemente ambiguas para adoptar una decisión  acertada,   y   que  las  declaraciones  anteriores  eran  interesadas  por  los  beneficios  que  hablaron  los  entrevistadores  de  la  SIJIN,  por  lo cual se  imponía  la  aplicación  del  principio  de resolución de duda en favor de su  asistido.   

En  consecuencia,  pide  a  la Sala casar el  fallo  y  emitir  decisión  de reemplazo “de acuerdo  con los cargos”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De conformidad con el artículo 181 de la Ley  906  de  2004, el recurso extraordinario de casación responde a un mecanismo de  control  constitucional  y  legal  de las sentencias de segunda instancia en los  procesos  adelantados  por  delitos  cuando se afecten los derechos o garantías  fundamentales,  siempre  que  se  satisfagan  los  fines  para  los cuales está  previsto:  “la  efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación  de  la jurisprudencia”.    

Así,  al estar demarcada la pretensión del  demandante  por  el  carácter  teleológico  de la casación, debe acreditar la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  además de señalar la  causal  por  la  que  opta  con  el desarrollo adecuado de los cargos que le dan  sustento,  así  como demostrar la necesidad del fallo de casación, so pena que  por  su  incumplimiento  el  libelo  no  sea  admitido, tal y como lo dispone el  artículo 184 de la ley en comento.   

El  control  constitucional  y  legal  de la  sentencia   de   segundo   grado   le   imprime   al  recurso  su  carácter  de  extraordinario,  de  ahí que no escapen a él los requerimientos metodológicos  necesarios  basados  en  la razón y la lógica con la observancia de las reglas  de  coherencia,  precisión  y claridad que conduzcan al cabal entendimiento del  reparo.   

Por   eso,   la  Corte  al  estudiar  la  admisibilidad  de  la  demanda  debe verificar la necesidad de su intervención,  caso  en  el  cual  incluso se deberán superar las falencias técnicas formales  con  su  consecuente  admisión.  Así mismo, aún en  los  eventos  en  que  esté  formalmente  correcta dentro de la causal aducida,  tiene  la  facultad para no admitirla cuando de su contenido se evidencia que no  se precisa de fallo.   

Las  anteriores  precisiones conceptuales le  permiten  a  la  Sala  advertir  que  en  este caso las críticas que formula el  censor  no  logran  motivar  la  atención  para  aprehender  el  estudio  de la  legalidad  de  la  decisión  de  segundo  grado,  sin  que  tampoco se advierta  razonablemente  que  se requiere de fallo para cumplir alguna de las finalidades  de la impugnación extraordinaria.   

En  efecto,  lo  primero  que se   advierte   es   el  desacierto    del    demandante    en    la    causal  por  la  que  opta en el primer  cargo  al deprecar la nulidad de la actuación por no  haber  respetado  el  Tribunal  la  exclusión  de  algunos elementos materiales  probatorios,  porque  tal  dislate  debió basarlo en  la   causal   tercera   de   casación   ante   el  desconocimiento  de  las  reglas de producción de las pruebas, específicamente  por  un error   de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad.   

Así,   es   palmaria  la  confusión  del  impugnante  con las categorías de prueba ilícita y prueba ilegal al tomar para  ambas  la  consecuencia  de  la  invalidez  de la actuación, pues ello sólo es  posible  cuando  se  trata  de  la  que es obtenida con grave infracción de los  derechos humanos en clara afrenta de la dignidad humana.   

En  efecto, el artículo 29 de nuestro texto  superior  contempla expresamente la cláusula de exclusión, lo cual conlleva al  régimen  de  la  prueba  ilegal  y  prueba ilícita, no sólo si se incumple el  debido  proceso  probatorio  de cada elemento de convicción, esto es, acerca de  los  requisitos  formales  de  orden legal para su  obtención, práctica y  aducción,  sino  cuando ello ocurre con la violación las garantías procesales  o   derechos  fundamentales,  entendiéndose  aquí  la  que  atenta  contra  la  dignidad,  el  debido  proceso,  la  intimidad,  la  no  autoincriminación,  la  solidaridad  íntima  o cuando para ella la persona ha sido sometida a torturas,  tratos crueles, inhumanos o degradantes.   

Este postulado encuentra su desarrollo legal  en  los  artículos  23,  445, 232, 237 y 360 de la Ley 906 de 2004 elevado como  principio  rector  y  garantía  procesal  que  impone  considerar nula de pleno  derecho  toda  prueba  que  haya  sido obtenida con violación de las garantías  fundamentales.   

Si se trata de la prueba ilegal cuando se ha  incumplido   el  debido  proceso  probatorio,  es  necesario  determinar  si  el  requisito  legal  pretermitido  es  esencial  y verificar su trascendencia en el  diligenciamiento     para     determinar     su    eliminación    del    caudal  probatorio.   

Pero no siempre será ese castigo, porque si  se  trata  de  la  prueba  ilícita  ha  de ser aplicable la máxima sanción de  nulidad,  no  de la prueba en sí, porque de omitir la cláusula de exclusión y  por  ese  conducto permitir que llegue al conocimiento del juez lo que se impone  para  subsanar  tal  dislate  es  la  invalidación de la actuación1   

.  

A ese respecto la jurisprudencia ha precisado  algunas  eventualidades en las que se puede considerar la prueba ilícita cuando  es el resultado de:   

“(i)   …  una  violación  al  derecho  fundamental  de  la dignidad humana (art. 1º Constitución Política), esto es,  efecto  de una tortura (arts. 137 y 178 C. Penal), constreñimiento ilegal (art.  182  C.P.), constreñimiento para delinquir (art. 184 C.P.) o de un trato cruel,  inhumano o degradante (art. 12 Constitución Política).   

“(ii)   …una   violación  al  derecho  fundamental  de  la  intimidad  (art.  15  Constitución  Política), al haberse  obtenido  con  ocasión  de  unos  allanamientos  y  registros de domicilio o de  trabajo  ilícitos  (art.  28  C. Política, arts. 189, 190 y 191 C. Penal), por  violación  ilícita  de  comunicaciones  (art.  15  C.  Política,  art. 192 C.  Penal),  por  retención  y  apertura  de  correspondencia  ilegales (art. 15 C.  Política,  art.  192  C.  Penal),  por acceso abusivo a un sistema informático  (art.   195   C.   Penal)   o   por  violación  ilícita  de  comunicaciones  o  correspondencia de carácter oficial (art. 196 C. Penal).   

“(iii) …de un falso testimonio (art. 442  C.  Penal),  de  un soborno (art. 444 C. Penal) o de un soborno en la actuación  penal  (art.  444  A C. Penal) o de una falsedad en documento público o privado  (arts.    286,    287    y   289   C.   Penal)”2.   

La Corte Constitucional en la Sentencia C-591  de  2005 al confrontar el inciso 2º del artículo 457 de la Ley 906 de 2004 con  el  texto  superior,  declaró  su exequibilidad condicionada, en el sentido que  las  pruebas  obtenidas  mediante  tortura,  desaparición  forzada o ejecución  extrajudicial  han de generar como consecuencia la declaratoria de nulidad de la  actuación  procesal  y  el  desplazamiento  de  los funcionarios judiciales que  hubieren conocido tales elementos de convicción.   

“…cuando  el  juez  de  conocimiento  se  encuentra  en el juicio con una prueba ilícita, debe en consecuencia proceder a  su  exclusión.  Pero, deberá siempre declarar la nulidad del proceso y excluir  la  prueba  ilícita  y  sus  derivadas,  cuando quiera que dicha prueba ha sido  obtenida  mediante tortura, desaparición forzada o ejecución extrajudicial. En  efecto,  en  estos  casos,  por  tratarse  de  la  obtención  de una prueba con  violación  de los derechos humanos, esta circunstancia por sí sola hace que se  rompa  cualquier  vínculo con el proceso. En otras palabras, independientemente  de  si  la  prueba  es  trascendental  o  necesaria,  el  solo  hecho de que fue  practicada  bajo  tortura,  desaparición forzada o ejecución extrajudicial, es  decir,  mediante  la  perpetración  de  un crimen de lesa humanidad imputable a  agentes  del  Estado,  se  transmite a todo el proceso un vicio insubsanable que  genera  la  nulidad  del  proceso,  por  cuanto se han desconocido los fines del  Estado  en el curso de un proceso penal, cual es la realización de los derechos  y garantías del individuo…”.   

“En  efecto,  tradicionalmente  en derecho  colombiano  se  ha  entendido  que  la  aplicación de la regla de exclusión no  invalida  todo  el  proceso,  sino que la prueba ilícita no puede ser tomada en  cuenta  al momento de sustentar una decisión. No obstante lo anterior, entiende  la  Corte  que  tal  principio debe ser exceptuado cuando quiera que se pretenda  hacer  valer  en  un  juicio  oral  una prueba que ha sido obtenida en flagrante  desconocimiento  de  la  dignidad  humana, tal y como sucede con las confesiones  logradas  mediante  crímenes  de  lesa  humanidad  como  lo  son la tortura, la  desaparición  forzada  o  la  ejecución  extrajudicial.  Al respecto, la Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  ha  considerado  que  adelantar procesos  judiciales  sin  las  debidas  garantías, como lo es la exclusión de la prueba  obtenida  con  violación a la integridad física del sindicado, “motiva   la   invalidez  del  proceso  y  también  priva  de  validez  a la sentencia, que no reúne las condiciones para  que  subsista  y  produzca  los efectos que regularmente trae consigo un acto de  esta naturaleza.”   

Lo  que  le  correspondía  en  este caso al  demandante  era  postular un falso juicio de legalidad, el cual se relaciona con  el  proceso de formación de las pruebas, esto es, con las normas que regulan la  manera  legítima  de  producirlas  e  incorporarlas  al  juicio,  yerro  que se  materializa  cuando  el  juez  al  estimarlas  les  otorga validez jurídica por  considerar  que  cumplen  las  exigencias  jurídicas  de  su  producción,  sin  cumplirlas  en  realidad;  y  al  contrario,  cuando  les  niega esa validez, al  suponer  que  no  reúnen los requisitos legales, no obstante que, objetivamente  sí los llenan.   

Pero  además  de lo anterior, una revisión  somera  del  fallo  permite  advertir  que  el juez colegiado tuvo en cuenta las  manifestaciones  que  directamente  hizo el testigo Pérez Vidal en la audiencia  de  juicio  oral  cuando  relató  pormenorizadamente su permanencia en la banda  delincuencial  de  los  GAITANISTAS  o URABEÑOS, y de las personas que conoció  como       colaboradores,       entre      ellos      el       ‘Capitán    HERNÁNDEZ’  quien  tenía  una  finca  llamada  ‘CATACA’ ubicada entre San Andrés Mosquito y  Córdoba-Tetón  (Bolívar),  la  cual  era  habitada  por  integrantes  de  esa  agrupación,  y  que incluso lo vio hablando con algunos jefes de la misma, como  alias               ‘Correcaminos’,             ‘Cosito’  y  Cejas.   

Y  si bien Orlando Rodríguez Rueda, otro de  los  integrantes  del  grupo  ilegal, en su testimonio en la audiencia de juicio  oral,  tras  destacar  las  funciones  que  le  fueron encomendadas señaló que  Rafael  Ignacio  Hernández Guerra, era el propietario por donde él pasaba para  llegar  a  la  pesebrera,  al  ponerle  de  presente el Fiscal el interrogatorio  rendido  el 13 de mayo de 2010, en el cual señalaba que aquél colaboró con la  organización  permitiendo  que  miembros  de  la agrupación pernoctaran en ese  lugar  y  que  desde  la  finca  salían  vuelos con drogas, para el Tribunal se  trató  de  una  clara  retractación,  y  por  ello,  le otorgó crédito a esa  primeras  manifestaciones  desechando su apostasía por responder a “explicaciones       desesperadas”  encaminadas  alterar  el  real  discurrir de los hechos y la responsabilidad del  incriminado en los mismos.   

De  otro  lado,  se queda vacua la queja del  impugnante  acerca  de que el reconocimiento fotográfico hecho por Pérez Vidal  fue  introducido  indebidamente  no  por  él,  sino  por  el  Policía  que  lo  recepcionó,  pues no dedica espacio para explicar la trascendencia que tuvo tal  irregularidad en la parte dispositiva del fallo.   

Similares desatinos se advierten en el cargo  subsidiario   propuesto  cuando  pregona  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  debido  a  un  error  de hecho por falso juicio de identidad, porque  lejos  de  precisar cómo fueron cercenadas, distorsionadas o transmutadas en su  literalidad  las declaraciones de cargo, todo se reduce a las inferencias hechas  por     el     Tribunal     a     partir     del     término    “colaborador” empleado por los deponentes  de  la cual se estableció la responsabilidad de HERNÁNDEZ GUERRA en el punible  de  concierto  para  delinquir,  en  cuanto  permitía  que  miembros  del grupo  delincuencial se albergaran en su finca.   

De    esta    manera,    ingresa   en   el   discurrir   de  un  falso  raciocinio,  para  el   cual   le   correspondía   establecer   qué  decían concretamente las pruebas, qué se   infirió  de  ellas  en  la sentencia atacada y cuál  fue  el  mérito persuasivo otorgado, determinando   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe ser la adecuada apreciación probatoria    con   la   indeclinable  obligación   de   acreditar   que   su       enmienda      daría  lugar  a  un  fallo esencialmente diverso y favorable a los  intereses   de   su   representado,   actividad   que  no  acometió.   

También  de manera impertinente en el falso  juicio  de  identidad que anuncia,  repara en la fiabilidad de los testigos  al  señalar  que las iniciales entrevistas o interrogatorios que rindieron ante  funcionarios  de  policía  judicial  no  merecen  credibilidad por haber estado  motivados  en  los  beneficios que les ofrecieron tales  servidores, asunto  que  debió igualmente encaminar como un falso raciocinio explicando cómo en su  estimación  se  desconoció  el  sistema la valoración racional de las pruebas  propio de la sana crítica.   

Tampoco   el   casacionista   debate   la  configuración  del  delito  contra el bien jurídico de la seguridad pública y  el  compromiso  de su representado en el mismo, ni explica la causal ausencia de  responsabilidad  basada en la insuperable coacción ajena que pregoma, en cuanto  no  especifica de qué manera judicialmente fueron desconocidos los presupuestos  que  la  informan,  es  decir,  si  fue  por  un yerro de juicio o probatorio se  desdeñó  que  la  voluntad  del  incriminado  estuvo  doblegada  por la fuerza  física  o  moral  de  los miembros del grupo ilegal y que por ello no le podía  ser  exigible  otra  conducta  que  permitir  el  asentamiento de aquellos en su  predio.   

No  repara  en  las  consideraciones  que el  Tribunal  hizo  en  relación  con esa arista, esto es, las eventuales amenazas,  cuando  al  sopesar  el  testimonio  de  Dalmiro  Rafael  Terraza Gamarra, alias  “Cejas”  quien  efectivamente  dijo  que  al serle encomendada la misión de  vigilar  unos  criaderos  de  peces  que estaban en inmediaciones de la finca de  propiedad       de       HERNÁNDEZ       GUERRA,      apodado      ‘Capitán    HERNÁNDEZ’,  éste  le  manifestó  que no  pertenecía  a  la  organización  y que colaboraba debido a las amenazas que le  hacían  los  jefes  de  la  banda,  fue contrastado ese dicho con la entrevista  rendida  el  9  de  agosto  de  2010  en  la  cual  aseveró tajantemente que el  procesado  sí  tenía  conocimiento que en su inmueble se escondía personal de  la  banda  y  que se reunía con algunos de sus jefes como alias “Payares” y  “Portillo”,   y  por  esa  vía  también  merecieron  valor  suasoria  esas  primigenias manifestaciones.   

Como        se    concluye   que   la  demanda  no  será  admitida dadas  sus  falencias,  es  necesario señalar que no se observa con ocasión del fallo  impugnado  o  dentro de la actuación violación de derechos o garantías de las  partes,  tampoco  se  ve  la  necesidad  de superar sus defectos para decidir de  fondo,  según lo dispone el inciso 3º del  artículo 184 de la Ley 906 de  2004 que ameritaran la intervención oficiosa de la Corte.   

Precisión final  

Contra   la  decisión de no admitir la  demanda de casación procede   

el  mecanismo  de insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, y como allí no  se     regula     su     trámite,    la    Sala3  clarificó  su  naturaleza  y  definió  las  reglas  que  habrán  de  observarse  para  su  aplicación, como  sigue:   

1.               La  insistencia  es un mecanismo  especial,  ajeno  a la naturaleza impugnatoria que sólo puede ser promovido por  el  demandante,  dentro  de los cinco (5) días siguientes a la notificación de  la  providencia  mediante  la  cual  la  Sala  decide  no  admitir la demanda de  casación.   

2.              La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  Delegados para la  Casación  Penal, ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a  la  decisión mayoritaria de no admitir la demanda o ante uno de los Magistrados  que  no haya intervenido en la discusión y no haya suscrito el referido auto de  no admisión.   

3.   Es facultativo del Magistrado  disidente, del que no intervino en   

los  debates  o  del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

4.     El auto a través  del  cual no se admite la demanda de casación trae como consecuencia la firmeza  de  la  sentencia  de segunda instancia contra la cual se formuló el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y conlleve a la admisión del  libelo.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

NO          ADMITIR      la     demanda     de      casación     interpuesta   por  el  defensor  del  procesado RAFAEL IGNACIO  HERNÁNDEZ  GUERRA,  por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición  de insistencia en los términos precisados por la Sala en la presente  decisión.   

        Notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ         LUIS           GUILLERMO           SALAZAR  OTERO                                         

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                      

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sentencia  de  10  de  marzo de 2010. Radicación  33621.   

2  Corte   Suprema   Sentencia   de   10   de   septiembre   de  2008.  Radicación  29152.   

3  Sentencia del 12 de diciembre de 2005. Radicación 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *