39062(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 239  

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de junio de  dos mil doce (2012)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   José  Agapito Gómez Hernández, contra la  sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Cundinamarca, el 13 de marzo de  2012,  mediante la cual modificó parcialmente la proferida por el Juzgado Penal  del  Circuito  de  Fusagasuga,  el  4 de noviembre de 2011, que lo condenó como  coautor  de  los  delitos  de  secuestro  simple,  hurto  calificado  agravado y  utilización ilegal de uniformes e insignias.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“El  presente procesamiento tuvo origen en  informe  ejecutivo  del 31 de julio de 2007, suscrito por el SI. Armando Alberto  Zárate,  adscrito  al  grupo  de  automotores de la SIJIN, quien dio cuenta que  luego  de  realizar  diversas  investigaciones  constató  que en los Barrios La  Estrella  y  El  tesoro  de la Ciudad de Bogotá, se reunían los integrantes de  una  banda,  conformada  por  ocho  o  diez  personas,  entre  ellos  los  aquí  incriminados,  quienes  se  dedicaban  a  cometer  actos delincuenciales por las  carreteras  del  Departamento  de  Cundinamarca,  teniéndose  que  del referido  informe  y  de las denuncias adentradas a este trámite, la forma en que operaba  esa  organización,  era utilizando prendas privativas de las fuerzas Militares,  instalando  falsos puestos de control, utilizando conos reductores de velocidad,  chalecos  reflectivos  etc.,  haciendo  detener a los transportadores, a quienes  les  solicitaban  requisas,  procediendo,  una  vez, aquellos descendían de los  rodantes,  a  golpearlos y ultrajarlos. Conduciéndolos a lugares boscosos donde  los  ataban de píes y manos y los retenían por varias horas, ello mientras los  demás  criminales  huían con los rodantes y sus cargas, dejándose luego a las  víctimas       abandonadas      en      aquellos      lugares      inhóspitos,  inmovilizados”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  el anterior acontecer, la Fiscalía  General  de  la  Nación  presentó  escrito  de acusación, entre otros, contra  José    Agapito    Gómez    Hernández,  por  los  delitos  de concierto para delinquir, secuestro simple,  hurto  calificado  agravado  y  utilización  ilegal  de  uniformes e insignias.   

2.        Celebradas  las  audiencias  preparatoria  y  del  juicio  oral,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  con  función     de    conocimiento    de    Fusagasuga  (Cundinamarca),    el   4  de  noviembre  de 2011, dictó sentencia de primera instancia en la que condenó  a   José   Agapito  Gómez  Hernández  a  las  penas  principales  de  262 meses de prisión y multa de 920  salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por 20  años,  como  coautor  de  las  conductas  punible  de  secuestro  simple, hurto  calificado  agravado  y  utilización  ilegal  de  uniformes  e insignias.    

Así  mismo,  lo  absolvió  del  delito  de  concierto para delinquir.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el       defensor,      el         Tribunal         Superior         de        Cundinamarca,  el     13   de   marzo  de    2012,  al  desatar  el  recurso,      lo      modificó,    en    tanto    condenó   a  José  Agapito  Gómez  Hernández  a las penas principales de  196  meses   14  días de prisión y multa de 455 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo término de la privativa de la  libertad,  como  coautor  de  las  conductas  punible de secuestro simple, hurto  calificado  agravado  y  utilización  ilegal  de  uniformes  e insignias.    

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  interpuso recurso de casación.   

L   A      D  E  M  A  N  D  A    D E    C A S A C I Ó N   

Al amparo de la causal  tercera, según  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de  2004,  presenta un único   cargo,  a  través  del cual  acusa  al Tribunal de haber transgredido, de manera indirecta, la ley sustancial  cometido  en  la  “apreciación  de  las pruebas al  omitir  la  valoración de la prueba testimonial en su conjunto, lo que resultó  determinante para la ilegalidad del fallo”.   

Como    normas   vulneradas   cita   los  artículos  7°,  16,  275,  372,   373,   375,   378,   380,   391   y  402  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Después de hacer referencia al testimonio de  Jorge  Hernando  Forero  Torres,  anota  que  “en la  noticia  criminis,  que  si bien es poco legible, no menos es que allí, como en  el  contrainterrogatorio, éste es claro en sostener que era oscuro, que tenían  que  alumbrar  con una linterna,…que tenían pasamontañas…, recalcó que no  los  podía  reconocer, pero sin embargo sostiene que reconoce a tres y nunca se  lo     dijo     al     investigador    o    al    mismo    fiscal”.   

Sostiene  que  los  juzgadores  cometieron  “error de hecho por falso raciocinio o falso juicio  de  apreciación  de  la  prueba testimonial”, por lo  cual  omitieron  hacer  un  estudio  serio, ponderado y jurídico de la anterior  pieza  procesal,  yerro que conllevó a que no se aplicaran los principios de la  lógica, la ciencia y las reglas de la experiencia.   

Dice  que  la  versión de Forero Torres fue  fraccionada  y  se  le  dio total credibilidad al único testigo, edificando con  ello   sentencia   condenatoria,   desechando  los  argumentos  de  la  defensa.   

Recalca   que   el  Tribunal  “no  sometió  al  rigor  del  análisis  de  la sana crítica”  el  testimonio, lo  analizó de manera aislada, fraccionada y no en conjunto, que no  es   cierto   que   éste   indique   firmeza,   contundencia   y   “explicitud”  en  cuanto los hechos e  identidad  del  procesado  y  que  de haberlo valorado dentro de los parámetros  establecidos  en  los  artículos  380 y 381 de la Ley 906 de 2004, otra habría  sido la decisión.   

Anota que  Forero Torres “en  su  declaración  no  presenta contradicciones significativas y  las  reglas  de  la  experiencia indican que si la noche es oscura, que suma los  pasamontañas  y  gorras, impiden que se pueda ver el rostro de una persona, esa  reglas   de   sentido   común   son   las   que   jamás   fueron   tomadas  en  cuenta”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia impugnada y, en su lugar, absolver a su procurado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación se concibe como un medio   

de control constitucional y legal que procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos adelantados  por delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido  que el censor no cumplió los anteriores presupuestos, en  tanto  no  demostró  la  existencia  de  los  vicios que denuncia y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan la casación, de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

En  primer  lugar, resulta oportuno recordar  que  este  recurso fue estatuido para denunciar vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al casacionista compete postular el yerro a través de las  causales  de  casación  contempladas para el efecto, demostrando cómo el mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

De  otra  parte, los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en  tanto  se  excluye  un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral  o  se  supone  otro que no desfiló en el debate, se tergiversa su  contenido   material,  haciéndose   derivar   una   verdad   que   no  emerge  del  mismo, y cuando se aprecia en abierta  contrariedad    con    las   reglas   que   rigen   a  la  sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la  probanza  se aparta de la tarifa legal de  pruebas o se inventa una que no regula la norma.   

Así mismo, en punto de la postulación de la  censura  el  actor debe enseñar a la Corte la clase del error y el falso juicio  que  lo determinó. De igual manera, respecto a la trascendencia del vicio, debe  evidenciar  cómo  los  medios  de prueba de haber sido incorporados y valorados  correctamente,  el  fallo  necesariamente habría sido favorable a los intereses  que representa.   

Y,  por  último,  también  le  corresponde  indicar  a  la Corte cómo el vicio incidió en la aplicación del derecho, esto  es,  se seleccionó una norma que no era la llamada a gobernar el asunto  o  se  excluyó  otra  que  sí  resolvía  todos  los  extremos  de  la  relación  jurídico-procesal.   

3.   En   lo   atinente   al  único  cargo  que el casacionista postula  contra   la   sentencia   de   segunda  instancia,  es  claro  que  el  discurso  argumentativo   no  muestra  la  existencia  de  un  error  en  la  apreciación  probatoria,  porque  el  mismo  está  concebido  para cuestionar la valoración  hecha  en  las  instancias  a  los  elementos  de  conocimiento,  en cuanto a la  existencia del hecho y la responsabilidad del acusado.   

En  efecto,  las  hipótesis expuestas en la  demanda  únicamente  exteriorizan  una  inconformidad con el mérito dado a las  probanzas  incorporadas al juicio oral, público y concentrado acerca del único  testigo  sobre  el  cual  se  fundó  el  compromiso  penal  del acusado. En esa  argumentación  el  casacionista afirma que el juzgador avasalló los postulados  de  la  sana crítica al estimar el testimonio, pero no indicó cuál fue la ley  de  la  lógica,  la  máxima  de  la  experiencia  y el principio de la ciencia  quebrantado,  de  qué manera lo fue y su incidencia con la parte dispositiva de  la sentencia.   

Es  decir,  las  argumentaciones  del  actor  únicamente  demuestran una personal forma de apreciar esa declaración, sin que  se  acredite  algún  desatino  por  parte  del sentenciador al respecto. Por el  contrario,  los  elementos de conocimiento allegados fueron estimados según los  postulados  de  sana  crítica,  coligiéndose  tanto en la existencia del hecho  como    en    el    compromiso    penal   de   Gómez  Hernández  en  torno  a  los  cargos atribuidos en el  escrito de acusación.   

En  síntesis, las hipótesis argumentativas  no  son más que una critica probatoria, que no pone de relieve la existencia de  un  error atacable en casación y, menos, su trascendencia frente a la decisión  adoptada en el fallo.     

Ante esa simple discrepancia de criterios, se  impone la inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del  fallo impugnado o dentro de la actuación, se violaron  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal circunstancia  imponga   superar   los    defectos    del   libelo  en  orden  a  decidir   de  fondo,   según   lo   dispone   el   inciso   3°   del   artículo   184  de  la   Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación presentada,   procede el mecanismo de insistencia de conformidad con  lo  establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido   instituto   procesal,   la   Sala   ha   definido  las  reglas que habrán de   

seguirse  para  su  aplicación,2    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a  nombre  de  José    Agapito    Gómez    Hernández.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO             FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                          MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ           

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO            JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA           

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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