39051(08-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No.289  

Bogotá, D. C., ocho (8) de agosto de dos mil  doce (2012).   

VISTOS:  

Sería  del  caso  que  la  Sala procediera a  pronunciarse  sobre  el  cumplimiento  de  los  requisitos de lógica y adecuada  fundamentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del  procesado  Samir Eliuth Campuzano Rincón, de no ser porque se observa que se ha  configurado  el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción de la acción penal  derivada  del delito de acto sexual abusivo con incapaz de resistir agravado, en  concreto  luego  de dictada la sentencia del 16 de enero de 2012 por el Tribunal  Superior  de Cali, por cuyo medio se confirmó la de condena proferida contra el  citado  el  26 de noviembre de 2010 por el Juzgado Primero Penal del Circuito de  Descongestión de la misma ciudad.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE:   

1.    Por  denuncia  presentada  por  el  padre  de la menor NDH quien padecía autismo, se  conoció  que  el  19  de  agosto  de  2002,  la  niña fue tocada en sus partes  íntimas  por  Samir  Eliuth  Campuzano  Rincón,  menor que con anterioridad le  refirió  a  su  progenitora que éste la había besado, pero ella no le prestó  atención,   la   que   a  su  vez  tenía  una  relación  sentimental  con  el  citado.   

2.   Por esos  hechos,  el  14  de mayo de 2004, en la Fiscalía Quince Seccional de Cali de la  Unidad  de  Delitos Contra la Vida, la Integridad Personal y Otros, se profirió  resolución  acusatoria  contra  Samir  Eliuth Campuzano Rincón por su presunta  autoría  en  el delito de acto sexual abusivo con incapaz de resistir agravado,  decisión  que  quedó  en  firme  el  13  de  julio de 2007, tras resolverse el  recurso  de  apelación en la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de la  misma ciudad.   

3.  La etapa de  la  causa  correspondió  adelantarla  inicialmente  al Juzgado Cuarto Penal del  Circuito  de  Cali  y  luego  al Homólogo Primero de Descongestión de la misma  ciudad  donde,  agotadas  la  audiencia  preparatoria y la vista pública, 26 de  noviembre  de  2010  se condenó al incriminado Samir Eliuth Campuzano Rincón a  la  pena  principal  de  56  meses  de  prisión,  así  como  a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  privación de la libertad, al hallarlo autor responsable de  la conducta punible por la que fue acusado.   

Así  mismo,  se  le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  sustitutiva de la prisión  domiciliaria.  Además,  fue obligado a cancelar, por concepto de indemnización  de  perjuicios morales, el equivalente a 150 salarios mínimos legales mensuales  vigentes.   

4.  Ese fallo  fue  apelado por el defensor y el procesado Samir Eliuth Campuzano Rincón y, el  16  de  enero  de  2012,  el  Tribunal  Superior de Cali lo confirmó, decisión  contra    la    cual    el    apoderado    del    citado    interpuso    recurso  extraordinario.   

5.  Cumplidos  los  traslados  del  recurso  de  casación  en  el  Tribunal, posteriormente se  remitió el proceso a la Corte.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE:   

1. De acuerdo con lo  señalado  al  inicio  de esta decisión, correspondería a la Sala pronunciarse  acerca  del cumplimiento de los requisitos de lógica y adecuada fundamentación  de  la  demanda de casación presentada por el defensor del acusado Samir Eliuth  Campuzano  Rincón,  de  no  ser  porque advierte que se encuentra extinguida la  facultad  punitiva  del Estado, pues ha transcurrido el término previsto por el  legislador  para  que prescriba la acción penal derivada del delito acto sexual  abusivo  con  incapaz  de resistir agravado, por el cual el citado fue condenado  en primera y segunda instancia.   

2. En este sentido,  se  observa  que de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 83 de la Ley 599 de  2000,  durante  la  etapa  de  la  instrucción la acción penal prescribe en un  tiempo  igual  al  máximo  de  la  pena  establecida  en  la ley para el delito  endilgado, pero en ningún caso será inferior a 5 años.   

3.  A su vez,  conforme       lo      estipula      el      artículo      86      ibídem,  en  la fase del juzgamiento tal  lapso  se  cuenta  nuevamente  a  partir  de  la  ejecutoria  de  la resolución  acusatoria  por  un tiempo igual a la mitad del máximo de la pena fijada por el  legislador  para  el  delito  imputado,  sin  que  tampoco  pueda  ser menor a 5  años.   

4.   Ahora,  debido   a   que   en   el   sub  judice  la  convocatoria  a  juicio lo fue por la conducta punible de acto  sexual  abusivo  con incapaz de resistir agravado prevista en los artículos 210  y  211  del Código Penal, la Sala se ocupará de evidenciar que en efecto en el  caso  concreto  ha  operado  el  fenómeno  jurídico  de la prescripción de la  acción penal.   

Con   ese   propósito,  resulta  oportuno  mencionar  que  la  Corte  tiene decantado el derrotero a seguir dependiendo del  momento  en  el  cual  se  verifique el fenómeno jurídico anotado en punto del  recurso de casación, pues al respecto ha sostenido:   

“La  prescripción  desde  la perspectiva de la casación, puede producirse: a) antes  de  la  sentencia de segunda instancia; b) como consecuencia de alguna decisión  adoptada  en  ella con repercusión en la punibilidad; o, c) con posterioridad a  la   misma,  vale  decir,  entre  el  día  de  su  proferimiento  y  el  de  su  ejecutoria.   

Si  en las dos primeras hipótesis se dicta  el  fallo,  su  ilegalidad  es  demandable  a  través del recurso de casación,  porque  el  mismo  no  se  podía  dictar  en consideración a la pérdida de la  potestad punitiva del Estado originada en el transcurso del tiempo.   

Frente a la tercera hipótesis la situación  es  diferente.  En  tal  evento  la  acción  penal estaba vigente al momento de  producirse  el fallo y su legalidad en esa medida resulta indiscutible a través  de  la  casación,  porque  la  misma  se  encuentra  instituida  para juzgar la  corrección  de  la  sentencia y eso no incluye eventualidades posteriores, como  la  prescripción  de  la  acción  penal  dentro  del  término  de ejecutoria.   

Cuando así sucede, es deber del funcionario  judicial  de  segunda  instancia  o de la Corte si el fenómeno se produce en el  trámite  del recurso de casación, declarar extinguida la acción en el momento  en  el  cual  se  cumpla  el  término  prescriptivo, de oficio o a petición de  parte.  Pero  si  no  se  advierte  la  circunstancia  y la sentencia alcanza la  categoría   de  cosa  juzgada,  la  única  forma  de  remover  sus  efectos  e  invalidarla  es  acudiendo  a la segunda de las causales que hacen procedente la  acción  de  revisión  1.   

5.  De acuerdo  con  el  contenido  de  la  actuación,  se  advierte que la prescripción de la  acción  penal  respecto del delito por el cual se condenó en primera y segunda  instancia al procesado, se configuró el 13 de julio de 2012.   

6.   Sobre   el  particular  conviene  recordar  que  de  conformidad con la jurisprudencia de la  Corte,  con  el  propósito  de  realizar  los  cómputos de prescripción de la  acción  penal,  se debe tener en cuenta la calificación de la conducta punible  consignada en la sentencia, pues al respecto ha expresado:   

“Ahora   bien,   tiene   definido   la  jurisprudencia  de  la  Sala, que la calificación asumida en la sentencia, aún  no  estando  ejecutoriada,  tiene  calidad  definitoria,  para todos los efectos  legales, incluida la prescripción:   

«La  ley  penal  colombiana  vincula,  inexorablemente,  casi  todas  sus instituciones al cuadro  normativo  previsto  para los hechos que se regulan en  ella.  Sin  embargo dicho cuadro normativo va adquiriendo su perfil definitivo a  través  del  juicio  de valor que sobre los hechos y  sobre   el   derecho   se   lleva   a   cabo  progresiva  y  provisionalmente  a  través  del trámite y las  etapas                procesales.   

De   allí  se  deriva,  entonces,  como lo ha sostenido la Corte, que  las  variaciones  a la calificación jurídica  de  la  conducta  imputada, introducidas a través   del   proceso,  deben  considerarse  para  los  cómputos  propios  de  la  prescripción y  produciendo  efectos que se han asimilado a los de la  retroactividad.  (Confrontar  sentencias  de  marzo 24/81 y noviembre 16/93, por  ejemplo).  Esto  no  puede ser sino así, si se repara  en  que  la acción penal que prescribe es la generada  por  el  delito  respectivo  y que éste por     su    parte,    adquiere    su  identificación  plena  y  definitiva  en  el acto de  sentencia.   

De   este   modo,   mientras  el  sistema  prescriptivo       esté      diseñado  con  referencia a la identificación  jurídica    del    hecho    punible,    pues   que  allí    se    constata   la   duración   de   su   pena   y   por   ende  el  término  de prescripción,  tendrán que admitirse las repercusiones que sobre el  fenómeno   extintivo   de   la   acción  tenga la calificación definitiva, sea  que   se   afecten   con   ello   fases   superadas  del  proceso  o  que,  como  acá,    se    influya   la   sentencia       misma      impidiendo      su  ejecutoria.   

No  se  trata  de plantear acá  la  conveniencia  o  inconveniencia  de  que  un  sistema como el  indicado  produzca  en  las  calificaciones jurídicas  que   se   formulan   durante   el   trámite,  actos  jurídicos   inestables   o   inseguros,   sino   de  que  mientras  el sistema de prescripción  se  sostenga  sobre  este modelo y estas regulaciones de derecho  positivo,  es inevitable que el fenómeno prescriptivo  esté  sujeto al vaivén de  la  calificación  definitiva hecha en la sentencia y  que    ella    produzca    efectos    sustanciales    y   procesales   sobre   todas   las   consecuencias  jurídicas derivables de la misma.   

Si  no fuese así  el  asunto,  prevalecería  en  el  proceso lo formal  sobre  lo  sustancial,  sobre la justicia material, e incluso podrían    llegarse    a    patrocinar    formas   de   deslealtad  procesal. Piénsese si no, en que  por  otra vía hermenéutica  como  la  sostenida  por la Corte hasta abril de 1977,  el  sujeto de la función acusadora podría  impedir  la prescripción de un delito  deduciendo  agravantes  inexistentes en la resolución  de   acusación  en  desmedro  del derecho del imputado a su declaratoria, puesto  que  se  daría carácter de  inmutable  a  lo que no lo tiene por naturaleza, es decir al acto calificatorio,  cuya  misión  al  interior  del proceso es netamente  funcional  pues  no  tiene  por  objeto  decidir  la  litis sino el ámbito dentro  del  cual  se  desenvolverán la acusación       y       la       defensa»2.   

En otros pronunciamientos posteriores sobre  la misma temática se dijo:   

“«La calificación sumarial impartida en  la  resolución  de  acusación no obstante su carácter provisorio se convierte  en  ley  del  proceso,  pues  es el hito fundamental a partir del cual el Estado  garantiza  al  acusado  el  derecho  de  defensa  y  se  desarrolla la actividad  defensiva  durante  el  debate  del  juicio,  pero  a  la vez está sujeta a las  resultas    de    éste,    materializadas    en    la    sentencia    de    las  instancias.   

Esta, cuando es condenatoria y se pronuncia  bajo  los  parámetros  del  debido  proceso  y  concordantes con la resolución  acusatoria,  es  el  único pronunciamiento judicial dentro de la fase ordinaria  del  proceso con categoría de definitividad en la imputación penal, sea que la  mantenga  en  los  mismos  términos de la acusación fiscal o que le introduzca  variaciones  de  menor compromiso penal, de donde se colige que es el tipo penal  contemplado  en  el  fallo de las instancias con las circunstancias específicas  declaradas,  el  que  establece  el  término  de la prescripción de la acción  penal3»”4.   

7.   En   el  sub  examine es claro que la  conducta  punible  imputada  al procesado en las sentencias de primera y segunda  instancia corresponden a las consagradas en el Código Penal, así:   

“Artículo  210.  Acceso  carnal  o  acto  sexual  abusivo  con incapaz de resistir. El que acceda carnalmente a persona en  estado  de  inconsciencia,  o  que  padezca  trastorno  mental  o  que  esté en  incapacidad  de  resistir,  incurrirá  en  prisión  de  cuatro  (4) a ocho (8)  años   

Si  no  se  realizare  el acceso sino actos  sexuales  diversos  de  él,  la  pena  será  de  tres (3) a cinco (5) años de  prisión”      5.   

“Artículo   211.   Circunstancias   de  agravación  punitiva.  Las  penas  para los delitos descritos en los artículos  anteriores, se aumentarán de una tercera parte a la mitad, cuando:   

(…)  

2.   El   responsable  tuviere  cualquier  carácter,  posición  o cargo que le dé particular autoridad sobre la víctima  o  la  impulse  a  depositar  en él su confianza”6.   

8.  De acuerdo  con  las  constancias  procesales, se tiene que la resolución acusatoria quedó  ejecutoriada  el  13  de  julio  de  2012,  por tanto, a partir de esta fecha se  impone  contar  el  término prescriptivo, conforme lo establece el artículo 86  del  Código  Penal,  de manera que como la conducta punible acto sexual abusivo  con  incapaz  de  resistir agravado tiene una pena máxima de 7 años y 6 meses,  según  se  desprende  del  contenido  de  los artículos 210 y 211 ibídem  que  estaban  vigentes  para  la  época  de los hechos, ha de entenderse que el término prescriptivo en la etapa  de     la    causa    es    de    5    años    (artículo    86    ejusdem).   

Por  ende,  como  la resolución acusatoria,  conforme  se  anotó,  quedó en firme el 13 de julio  de  2007,  los  5  años  de  que trata el artículo 86 de la Ley 599 de 2000 se  cumplieron  el  13  de  julio  de 2012, es decir, después del proferimiento del  fallo  de  segundo  grado,  que  como  se recordará, es de fecha 16 de enero de  2012,  siendo del caso precisar que con posterioridad a ésta fecha se interpuso  recurso  extraordinario  de casación, razón por la cual el proceso permaneció  en  el  Tribunal  del  origen,  donde  se  surtieron  los  traslados  de  rigor  y, finalmente, se remitió a esta Corporación, sin que  por tanto la sentencia haya cobrado ejecutoria.   

Ahora,  llegado  el  turno  para  abordar el  estudio  de  este asunto, se observa que ha operado el fenómeno jurídico de la  prescripción,  por  lo que se impone declarar la extinción de la acción penal  derivada  de la conducta punible del acto sexual abusivo con incapaz de resistir  agravado  por el cual se condenó al procesado Samir Eliuth Campuzano Rincón y,  a su vez, disponer la cesación del procedimiento.   

Del  mismo modo, debe señalarse que como la  acción  civil  se  promovió  dentro  del  proceso penal, de conformidad con lo  consagrado  en el artículo 98 de la Ley 599 de 2000, igualmente ha prescrito en  relación con el penalmente responsable.   

9.  Es  oportuno  señalar  que  será  del  resorte  del  juez de primera instancia proceder a la  cancelación  de  los  compromisos adquiridos por el inculpado en razón de esta  actuación.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:   

1.  DECLARAR  prescritas  las acciones penal y  civil  derivadas  de  la  conducta punible de acto sexual abusivo con incapaz de  resistir agravado atribuida a Samir Eliuth Campuzano Rincón.   

2.  ORDENAR, en consecuencia, la cesación del  procedimiento adelantado contra el acusado antes mencionado.   

3.   DISPONER  que por el juzgado  de   primera   instancia   se   realicen   las   anotaciones   y   cancelaciones  pertinentes.   

Contra esta providencia procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                  FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ      LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                  

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                  NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

    Secretaria  

SALVAMENTO  PARCIAL DE VOTO.   

Con   el   debido   respeto   que   la  decisión  de  mayoría  merece,  procedo a consignar las razones de mi disentimiento parcial respecto de  la     declaración    de    cesación  de  procedimiento  por prescripción  de  las  acciones  civil  y  penal por el  delito  de acto sexual abusivo con incapaz de resistir agravado,  en  la actuación seguida  en  contra de SAMIR ELIUTH  CAMPUZANO RINCÓN.   

Debo anotar que mi discrepancia es frente  a  la  oportunidad  en que se hace la declaración de  prescripción    civil   y   por   quien   la  hace,   y   no   en  cuanto  se  relaciona  con  la  cesación de procedimiento penal  por el delito  de   estafa,   pues,   en   verdad,   a   partir   de   la   ejecutoria   de  la  resolución de acusación  hasta   la   fecha   de   este   pronunciamiento,   ha  transcurrido  de  manera  ininterrumpida       un      término   superior   a   cinco   años,  suficiente   para  que  el  Estado  perdiera  toda  oficiosidad  para  continuar  ejerciendo   la  acción  penal,   ya  que  tal  determinación  no  amerita  reparo  alguno  de  mi  parte.   

Tal  y  como lo expuse en el curso de los  debates  orales  en  el  seno  de  la Sala, no puedo  prohijar  la  providencia  en  comento  sin  referirme a la decisión  de  declarar  prescrita  la  acción  civil,   pues   si   bien  ella  corresponde  a  una  interpretación  literal de la norma que la establece (Art. 98 del C. Penal), su  aplicación              inmotivada  no  se compadece con el deber  de  establecer  primero  la  razón  de  ser  de  la  disposición,   su   conformidad   con   la   Carta  Política,  o  al  menos  con el principio rector de  aplicación  prevalente relativo al restablecimiento  del  derecho,  según  el  cual los funcionarios           judiciales  deberán  adoptar  las  medidas  necesarias para que  cesen  los  efectos  creados  por  la comisión de la  conducta  punible,  las  cosas  vuelvan  al estado anterior, y se indemnicen los  perjuicios,  pues  es  claro  que el delito -como fuente de obligaciones-,  ni,  por supuesto, sus efectos  materiales,  económicos y sociales, desaparecen por  haber     operado     el     fenómeno    de    la  prescripción     de     la    acción penal.   

No   se   tuvo   en   cuenta,   que  la  disposición     aplicada     al     caso     sin  consideración      al     sistema     a     que  pertenece,  se ofrece excesivamente gravosa para los  intereses  particulares  de  los  perjudicados con el delito, que ven frustradas  sus  expectativas  y  resultan  sancionados a consecuencia de la inactividad del  Estado.   

Esto,  si  se  considera que en el evento  presente   la   parte   civil  ejerció   la   acción   en   oportunidad  y  acudió  a  uno  de  los mecanismos previstos por el  ordenamiento     jurídico    para    lograr    el  restablecimiento de su derecho.   

Con     la     decisión  mayoritariamente  adoptada, no sólo  se  exonera, sin más, de toda responsabilidad  civil  a la persona que ha sido acusada, sino que deja a la  afectada    sin    instrumentos    para    perseguirla,    tan   sólo  por  haber  optado  por pretender la indemnización   dentro   del  proceso  penal,  y  no  por  la  vía  civil  donde  la prescripción de la  acción          opera          en           términos   mucho   más   amplios,   se  interrumpe  con  la  notificación del auto admisorio  de  la  demanda  y  no  hay  lugar a declararla como consecuencia de la simple y  llana       inactividad       del       órgano  judicial.             

Y  si  bien  no  desconozco   que el  Tribunal  Constitucional mediante Sentencia C-570 de  2003   declaró   exequible   el  Artículo  98  de  la  Ley  599  de  2000,  bajo  el  supuesto  de  que  “la medida de ligar el  término de prescripción  de  la  acción  civil  al  de la acción   penal,   cuando   la   primera   se  ejerce  en  el  marco  de  la   segunda,  es  proporcional  y  ajustada  a  la  exigencias   propias   del   proceso   penal   y  a  las  características  que  identifican  al  papel  de  la  parte  civil  en  las  últimas  diligencias”,  tampoco   puedo   pasar   por   alto   que   el   pronunciamiento  del  Tribunal  Constitucional,    pese   a   haberlo   anunciado,  desconoció         que         “en     cuanto    hace    a    la  acción     civil,     el    objetivo    de    la  prescripción  es  extinguir  el derecho de reclamar  judicialmente  el  crédito  como consecuencia de la  inactividad  del  acreedor  en  demandar el cumplimiento de la obligación”.   

De  ahí que,  con  todo  y  el  pronunciamiento  de  la  Corte  Constitucional  en  torno a la  exequibilidad  del  precepto,  considero  que cuando el legislador precisa en el  artículo  98 del Código  Penal   que   “la  acción  civil  proveniente  de la conducta punible,  cuando   se  ejercita  dentro  del  proceso  penal,  prescribe,   en   relación   con   los  penalmente  responsables,  en tiempo igual al de la prescripción  de   la   respectiva   acción  penal”,  debe  ser entendida en el sentido de que el juez penal no puede  proferir  el fallo civil correspondiente a la demanda  de  constitución de parte civil, y el afectado queda  en   libertad  de  reclamar  los  perjuicios  ante  la  jurisdicción  civil  mientras  que  la  acción se  encuentre  vigente,  pues,  en  palabras de la propia Corte Constitucional en la  sentencia  en  comento,  “no  sería  razonable que el juez penal dictara la condena en perjuicios si  la  acción penal ya ha sido prescrita”.   

Lo   contrario   implicaría    victimizar    nuevamente    al    sujeto    pasivo    de   la  infracción   penal   por  haber  incurrido  en  el  desacierto  de  acudir a la jurisdicción  penal  con la esperanza de que allí  se  produjera  en  un tiempo menor la reparación por  el  agravio  recibido, frente a la opción de ir ante  la  jurisdicción  civil,  ya  que  a pesar de haber  ejercido    en    tiempo    el    derecho    de    reclamar    el   pago  por los perjuicios recibidos, la  lentitud  del  aparato  judicial en el trámite de su  pretensión,  le implicó  perder  el  derecho  frente  al penalmente responsable, para obligarlo acudir al  inicio  de  un  proceso  contencioso administrativo en contra del órgano           judicial     que     frustró    sus  expectativas,  nada  de  lo cual hubiera ocurrido de haber presentado la demanda  ante            la            jurisdicción  civil.               

      

Son estos razonamientos los que me llevan  a discrepar respetuosamente de la decisión mayoritaria.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra   

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, sentencia del 30 de junio 2004,  radicación  No.  18368. En igual sentido, providencias del 4 de mayo de 2006, 7  y  29  de  julio  y  9 de noviembre de 2009, radicaciones números 25422, 31585,  31980 y 32643, respectivamente, entre otras.   

2  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia del 5 de marzo de  1996, radicación No. 8336.   

3  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto del 9 de abril de  1999,  radicación  No.  13165. En igual sentido, decisión del 24 de septiembre  de 2002, radicación No. 12951.   

4  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto  del  28  de  abril  de  2004,  radicación  No.  22058.  En igual sentido,  providencias  del  21  de enero y 27 de octubre de 2008, 20 de mayo de 2009 y 29  de  septiembre  de  2010,  radicaciones  números  22660,  30641, 31171 y 34613,  respectivamente, entre otras.   

5 Se  ofrece  oportuno  mencionar que no obstante esta norma fue modificada por la Ley  1236  de  2008,  no  es posible aplicar dicha reforma en este asunto, por cuanto  los hechos por los que aquí se procede ocurrieron en el año 2004.   

6  Es  del caso precisar que  esta  norma  también  fue  reformada por las Leyes 1236 y 1257 de 2008, sin que  tampoco  sea  posible su aplicación por la razón expuesta en el pie de página  anterior.     

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