37952(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37952  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ Aprobado Acta No. 139.   

         

Bogotá,  D.  C., abril dieciocho (18) de dos  mil doce (2012).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por  el defensor de JHONY  PARDO  DUARTE  con  el  objeto de sustentar el recurso  extraordinario  de  casación interpuesto contra la sentencia proferida el 30 de  septiembre  de  2011,  a  través  de  la  cual  el Tribunal Superior de San Gil  confirmó  la  dictada  el 14 de julio anterior por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Vélez  que  condenó  al  mencionado  por  el delito de homicidio  agravado.   

HECHOS  

Los    sintetizó    el    ad-quem,      de     la     siguiente  manera:   

“De lo probado en el juicio oral se extrae  que  JHONY  PARDO  DUARTE  determinó  mediante amenazas e intimidación a Raúl  Peña   Mosquera   para   que   diera   muerte  a  la  niña  Y.A.V.1    quien  acatando  la  orden de aquél, se desplazó el martes 1 de mayo de 2007 en horas  de  la  mañana  hasta  la  finca  donde  residía la menor en compañía de sus  padres  y  aprovechando  que  ella se encontraba sola, cuidando la leche recién  ordeñada  y un caballo, mientras su madre iba a ayudarle a un vecino a curar un  ternero,  la  bajó  por  un  camino  a  50  metros  de la casa y la estranguló  infligiéndole    también    una    herida    cortopunzante   en   la   región  cervical.   

PARDO DUARTE actuó motivado por el odio que  profesaba  a  su  cuñada  Lilia Vargas, progenitora de la víctima, en razón a  que  siempre  rechazó  las  propuestas indecorosas de tipo sexual que le venía  haciendo  desde  el  2004  lo  que  originó  que  Vladimiro  Vargas, hermano de  aquélla,  le  hiciera el reclamo en el año 2006, suscitándose entre ellos una  riña  y  como consecuencia de ello una grave lesión en el ojo de PARDO DUARTE,  que  incrementó  el  rencor, llevándole a reiterar las amenazas a Lilia de que  iba    a   hacerle   algo   que   le   doliera   toda   la   vida”.                

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

Con  fundamento en los hechos anteriores se  capturó    a    JHONY   PARDO   DUARTE,     cuya     legalización     tuvo    lugar    en    audiencia  preliminar  celebrada  el  25 de febrero de 2011 ante el  Juzgado  Tercero  Promiscuo  Municipal  de Barbosa, misma en la cual  la fiscalía formuló imputación en su  contra   por   el   delito   de   homicidio  agravado,  delincuencia  que  el  mencionado  no  aceptó  y  por  la  que  se le   impuso   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  intramural.   

          El   6   de  agosto  siguiente,  la  Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación  en  contra  del  procesado por el delito de homicidio agravado (art.  104,  nums.  4  y  7  del  C.P.),  cargo  ratificado  durante  la  audiencia  de  formulación  de  acusación celebrada el 13 de abril subsiguiente en el Juzgado  Primero Penal del Circuito Vélez.   

En  el citado despacho judicial se evacuaron  las  audiencias  preparatoria  y de juicio oral, a cuyo término, el 14 de julio  ulterior,  dictó  fallo de primer grado mediante el cual condenó a  JHONY PARDO DUARTE como autor penalmente  responsable   del   delito   de  homicidio  agravado  a  la  pena  principal  de  cuatrocientos  ochenta  (480) meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término  de  20 años. En la misma decisión, el juzgado le  negó  el  subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y  el  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Contra el fallo de primer grado, PARDO  DUARTE  y su defensor interpusieron  recurso  de  apelación, sobre el cual se pronunció el Tribunal Superior de San  Gil el 30 de septiembre de 2011, impartiéndole confirmación.   

En desacuerdo con la providencia anterior, el  defensor  de  PARDO  DUARTE  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  por  cuyo  motivo la demanda  presentada  con  el fin de sustentarlo se remitió a esta Sala, aprestándose al  estudio sobre su admisibilidad.   

LA DEMANDA  

         

          Plantea  tres  cargos.  El  primero  de  ellos  con fundamento en la  causal  segunda de casación prevista en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  por  afectación  del  debido  proceso.  Y, los dos restantes bajo la égida del  motivo  tercero de la misma norma, por violación indirecta de la ley sustancial  derivada  de errores de hecho por falso raciocinio y falso juicio de existencia,  respectivamente.   

          Por   razones  de  método,  la  Corte,  en  el  siguiente  apartado  considerativo,  expondrá  su  criterio  tan  pronto  sintetice el contenido del  cargo  de  acuerdo  con  el  orden propuesto por el libelista, evitando con ello  incurrir  en  repeticiones  innecesarias. Dicha labor, además, la desarrollará  conjuntamente  en  lo  que  tiene  que  ver con los dos cargos sustentados en la  causal de violación indirecta de la ley sustancial.   

         

1. Cargo primero. Causal segunda, nulidad por  desconocimiento del debido proceso.   

          Señala  el  censor que “la sentencia de  segunda  instancia violó de manera directa la ley sustancial, artículo 28, 29,  33   (sic)   Constitución  Política;  artículos  1,  2,  8,  23,  267, 282 (sic)  del  Código  de Procedimiento Penal ley 906 de 2004,  puesto  que  en  el  presente proceso se vulneraron las garantías fundamentales  del  señor  Raúl Peña Mosquera y del señor JHONY PARDO DUARTE, que afectaron  el      debido      proceso      constitucional      y      legal”.         

          Según  el  censor,  se  configuró la transgresión de los derechos  referidos  del  primero  en  cita  desde  el  momento  mismo  en  que la señora  Lilia Vargas, progenitora de  la  menor  víctima  de  los hechos, lo mencionó en su relato, adquiriendo así  “la  condición de indiciado con el revestimiento y  las   garantías   que   consagra  la  Constitución  Nacional,  la  Convención  Interamericana  de  Derechos  Humanos  o Pacto de San José de Costa Rica, y los  derechos     que     consagra     la     ley    906    de    2004”.   

         Acto  seguido  señala que, como este mismo implicado lo manifestó,  fue  apeado,  sin  orden  judicial,  de  un vehículo de transporte público por  funcionarios  de  Policía  Judicial,  quienes  lo  condujeron  al  municipio de  Vélez,   en  donde,  el  3  de  mayo  de  2007,  rindió  un  interrogatorio  o  declaración    “en    la    cual   confesó   el  delito”.   

          En  dicha  diligencia, agrega, Raúl Peña  Mosquera  fue asistido por un profesional del derecho,  cuya  actuación  fue  pasiva  y  sólo  sirvió  para  avalar  el  acto ilegal,  violándose  así  sus  derechos  de dignidad, debida defensa técnica y no auto  incriminación.   

          Luego   pregona   que  también  fueron  vulneradas  las  garantías  fundamentales     de     su     defendido     PARDO  DUARTE,  “a partir del 30  de  julio  de 2007, donde soterradamente y a espaldas empezaron a contaminar y a  manipular  al  señor Raúl Peña Mosquera, hasta lograr que el día 30 de julio  de  2007  sin  existir razón ni motivo, ni tampoco evidencia física involucrar  (sic)  al señor JHONY PARDO  DUARTE”.   

          De  esa forma, añade, a su prohijado se le desconoció su derecho a  la  defensa  puesto  que,  contrariando  la  sentencia  C-029 de 2009 de la  Corte    Constitucional,   “durante   tres   años  estuvieron  investigando  y  hurgando  su  responsabilidad penal, sin permitirle  ejercer  el  derecho  fundamental  a  la  defensa  y contradicción respecto del  testimonio      del      señor      Raúl     Peña     Mosquera”.   

          Ha   debido  la  Fiscalía,  por  tanto,  informarle  acerca  de  la  práctica  de  pruebas, pues, conforme la misma decisión, el derecho de defensa  se puede ejercer antes de la imputación.   

Por  lo  anterior, colige que a “Raúl  Peña  Mosquera  y JHONY PARDO DUARTE en aras de buscar a  los    presuntos   responsables,   y   no   de   buscar   la   verdad   de   los  hechos”, se les vulneraron  las   garantías   referidas   en  las  disposiciones  mencionadas   “hechos  que  no  son  sutiles,  sino  constitucionales  y  flagrantes”, debiendo declararse  la   nulidad   de  la  actuación  procesal,  frente  al  primero,  “a   partir   del   interrogatorio   a   indiciado   (sic)…el    día   3   de   mayo   de  2007”   y,   respecto   del   segundo  “a  partir  de la formulación de imputación…realizada el día  25 de febrero del año 2011”.   

Consideraciones de la Sala:  

Ha sido insistente la Sala en señalar que si  bien  la  propuesta  de  nulidad  en casación goza de cierta flexibilidad en su  formulación,   no  por  ello  puede  prescindir  del  cumplimiento  de  algunos  requisitos para que se entienda debidamente satisfecha.   

         

De ese modo se ha dicho que, como mínimo, y  para  cumplir  con los presupuestos de admisión relativos a la presentación de  una  censura  lógica  y debidamente argumentada, es preciso que el casacionista  identifique  claramente el motivo sobre el cual gira la irregularidad propuesta,  la  causal  de  nulidad que procede como consecuencia de ese defecto, las normas  que  apoyan  su pretensión, la trascendencia que genera, bien en el marco de la  estructura  del  proceso  o  en  el  de las garantías fundamentales de quien la  invoca,  y  el  momento  procesal  a  partir  del  cual  se  debe  invalidar  la  actuación,  así  como  la  autoridad  judicial a la cual corresponde su envío  para que proceda a su enmienda.   

          Aunado  a  ello,  la  pretensión  debe  ceñirse  a  los principios  orientadores  de  la  declaratoria  de  las  nulidades,  a  saber,  taxatividad,  instrumentalidad  de  las  formas,  trascendencia,  protección, convalidación,  residualidad         y         acreditación2.   

Lo  anterior,  se  insiste,  amén  de  que  los  cargos de la demanda de casación se expongan de  manera   lógica  y  con  un  mínimo  de  argumentación  adecuada.   

          Pues  bien,  para  la Sala refulge evidente que la censura, tal como  se plantea, se debe inadmitir, por las siguientes razones:   

En   primer   lugar,   por   arrogarse  el  casacionista  la  defensa  de  derechos  que  no  representa, como ocurre con la  situación   de   Raúl  Peña  Mosquera,  respecto  de  quien  eleva,  incluso,  una  petición concreta de  declaratoria  de  nulidad, mayormente inadmisible aún si en cuenta se tiene que  su  responsabilidad,  como autor material del delito por el cual se procede, fue  objeto        de        investigación        tramitada        bajo       cuerda  independiente.           

Por  tanto, no incumbe a la Sala ocuparse de  la  responsabilidad  penal  de  dicho  individuo, cuya única referencia válida  sería  la  de  auscultar sobre los términos de la delación que hizo en contra  de JHONY PARDO DUARTE,   único  procesado en esta actuación, y ello, vale decir, en la medida en que la  propuesta  cumpla  los presupuestos de argumentación y lógica exigidos en esta  sede.   

Empero,    el    censor   construye   un  cuestionamiento   basado  en  premisas  especulativas  y  por  fuera  del  marco  probatorio  analizado  en  los fallos, conforme al cual la delación se ajusta a  la  realidad  en  tanto  obran  elementos  de  juicio  adicionales, de carácter  indiciario,  que  así  la confirman y que el casacionista se sustrajo a abordar  en    esta    censura,    ante    lo    cual    surge    evidente    su    total  intrascendencia.   

En segundo lugar, porque el reproche derivado  de   no   haber   contado   con  la  posibilidad  de  ejercitar  el  derecho  de  contradicción   después   de   la   delación   del   mencionado  Raúl   Peña  Mosquera,  condenado  como  autor  material  de  los hechos, y hasta antes de que se le imputaran cargos, no  deja  de  ser  enunciativo, hasta el punto de que, incluso, omite individualizar  los   elementos   materiales  probatorios  acopiados  durante  ese  interregno   y  la  forma  cómo  fueron  determinantes     para     inferir    su    responsabilidad    en    el    fallo  impugnado.   

Con  mayor  fuerza  se  arriba  a  la  misma  conclusión  de  inadmitirá  el  reparo,  cuando  la  revisión objetiva de los  fallos  de  instancia permite colegir que el juicio de culpabilidad en contra de  JOHNY  PARDO  DUARTE  tuvo  asidero  en  medios  de  prueba  debidamente  aportados durante la audiencia del  juicio oral.   

A  manera  de  síntesis  puede  señalarse,  entonces,  que   este  reparo  no  satisface  los presupuestos de admisión  porque,   de   una   parte,  se  intercede  por  los  derechos  de  una  persona  (Raúl  Peña  Mosquera) no  representada   por   el   actor  y  cuyo  procesamiento  se  tramitó  de  forma  independiente  y,  por  lo  tanto,  es  claro que carece de total interés y, de  otra,   porque   la   propuesta,   ya  respecto  de  su  defendido  JHONY  PARDO  DUARTE es, como se explicó,  intrascendente.   

En las anteriores condiciones, la censura se  inadmitirá.   

2. Cargos segundo y tercero. Causal tercera,  violación    indirecta   de   la   ley   sustancial:   

En   el   segundo   reparo   el    censor    señala    que  el Tribunal incurrió en error de hecho por falso raciocinio en  la   valoración   del   testimonio  de  Raúl  Peña  Mosquera,     pues     lo     hizo     “con  sesgo…  y  no  confrontó  este testimonio con las demás  declaraciones  que  había  rendido  en  oportunidad  anterior,  se  empeñó en  vulnerar  las  reglas  de  la  sana  crítica  como la lógica, las reglas de la  experiencia  y  el  sentido común las cuales de aplicarse correctamente hubiese  llegado    (sic)   a   la  conclusión  que  el  testimonio  del señor Raúl Peña Mosquera, se encontraba  viciado  de  sospecha  y  a  demás  (sic) la  defensa  dentro  del escenario del juicio oral había impugnado  su credibilidad”.   

Después señala que los juzgadores otorgaron  credibilidad  a  este  deponente,  sin  considerar  su  condición  de indigente  durante  18  años, “lo cual constituye un error que  debe   ser   estudiado  en  casación,  debido  a  que,  desde  ese  momento  la  imparcialidad  que  se  debe predicar del juez de segunda instancia se encuentra  en   suspenso   y   diría  yo  un  poquito  más  en  entredicho”.   

Además,   se   le  otorgó  confiabilidad  ignorándose   que   había   rendido   varias  entrevistas  previas  al  juicio  oral,  “donde  había manifestado circunstancias de  tiempo,  modo  y  lugar  diferentes  y  había incurrido en graves incoherencias  sustanciales  en el testimonio, al punto que fue impugnada su credibilidad en el  juicio oral”.   

Por  lo  anterior,  continúa,  su  dicho ha  debido  ser  objeto  de cotejo frente “a cada una de  las  declaraciones  rendidas”, a cambio de lo cual se  le  concedió  credibilidad sin motivación alguna, dejando de lado, reitera, su  personalidad,  pues por su condición de indigente durante el término señalado  “tiene     una     estructura     de     valores  negativa”,  donde  son  ausentes  la lealtad, honra,  justicia y verdad, siendo, además, proclive a cometer delitos.   

Igualmente, se hizo abstracción al hecho de  que      incurrió      en      múltiples      contradicciones     “respecto  de  las  declaraciones  precedentes del juicio oral”  y  el  protocolo  de necropsia de la menor víctima de  los hechos.   

Adicionalmente  no  se  tuvo  en  cuenta que  tenía  interés  en  el  proceso,  representado  por  el  hecho  de  que con la  delación  en  contra  de  PARDO  DUARTE pretendía   obtener  una  rebaja  de  pena  ofrecida  por  el  ente  acusador,  no  obstante  estar expresamente prohibidas en el artículo 199 de la  Ley  1098  de  2006, lo cual “tilda de sospechoso la  credibilidad”.   

Y,  de  idéntica  manera,  porque  no  fue  valorada  junto  con las demás pruebas obrantes en el plenario, como el informe  de  necropsia  que  da  cuenta de heridas no referidas por el testigo, siendo su  única  motivación  para  delatar  a su prohijado evitar la sindicación por el  delito  de acceso carnal violento, razón por la cual optó por aceptar tan solo  la comisión del homicidio.   

Sobre  el  particular,  aduce,  conforme  al  informe  de  necropsia  resultaba  evidente la ocurrencia del delito sexual, sin  embargo,  “fue  tan descuidada y torpe la fiscalía  que  en  documentos  que  no aparecen incorporados al expediente pero que fueron  descubiertos   por  la  fiscalía  (sic)  a  la  defensa,  que  demuestran  la  imprudencia  del fiscal y sus  colaboradores,  por  no  investigar los hechos tal y como sucedieron y en unidad  de   circunstancia   y   hecho   o   sea  acceso  carnal  violento  y  homicidio  agravado”.   

De   esta  manera,  señala,  “el  falso  raciocinio  en que incurrió tanto el juez de primera  instancia   como   el   de   segunda,   primero  (sic)  fue  darle  certeza  a un criminal de la peor calaña  como  es el señor Raúl Peña Mosquera y segundo omitir que esta investigación  daría  otras  resultas  y  otras  conclusiones,  si  se  hubiera investigado en  concurso   el   acceso   carnal  con  el  homicidio,  puesto  que  daría  plena  credibilidad  y  vigencia  al hecho estipulado probatoriamente que el móvil del  crimen  o  la  razón  que  motivo  (sic) al  señor  Raúl  Peña  Mosquera  a  consumar  el homicidio de la  menor,  no  era otro que el de ocultar o encubrir el delito contra la libertad e  integridad      sexual      en     contra     de     la     menor”.       

El  siguiente aspecto que configura el yerro  invocado  consistió,  dice,  en  haberle  otorgado  credibilidad a Peña   Mosquera   no  obstante  que  la  delación  contra  su  patrocinado  se  obtuvo  mediante  la  promesa  falsa  de  otorgarle  beneficios  punitivos cuando ellos están excluidos para este tipo de  delitos,  de  conformidad  con  la  Ley  1098 de 2006, frente a lo cual la Corte  “no   puede   permitir   o  conestar  (sic)  este  tipo  de  conductas  de  los  funcionarios   judiciales,  que  manipulan  y  contaminan  a  los  testigos  que  concurren  a  los  juicios  como autores materiales”,  por constituir delito de fraude procesal.   

Otro   error  radicó,  agrega,  en  haber  descartado  “de  un solo tajo todos los testimonios  aportados   por   la  defensa,  que  demostraba  (sic)  que el móvil del homicidio no fue otro que la manera  como  el  señor  Raúl  Peña  Mosquera  trato  (sic)  de    encubrir   el   delito   de   acceso   carnal  violento”. Al contrario, le concedió crédito a las  referencias  acerca  de  la  condición  de  “hombre  problemático”  de  su prohijado, sin estar siquiera  establecida  la  existencia  del  arma  de  fuego  con  la  que intimidaba a las  personas de la región.   

Sumado a ello, no fueron aportados al juicio  oral   los  escritos  recibidos  tanto  por  el  autor  material  como  por  los  progenitores  de la víctima contentivos de amenazas por parte del procesado, ni  constatada su supuesta fuga de la zona.   

En  virtud  de  los errores referidos, todos  ellos,  a su juicio, con carácter trascendente, “lo  mínimo  que debió fue absolverse a mi cliente, por la aplicación del apotegma  del  in  dubio  pro  reo”,  términos  en los cuales  solicita casar el fallo impugnado.   

En    la   tercera   censura,  por  su  parte, plantea un error de hecho a consecuencia de falso  juicio  de  existencia  por  omisión “al dejarse de  valorar  la  estipulación  probatoria,  respecto  de  la violación de la menor  J.A.V. (sic), que sustentaba  el  móvil  de  la muerte de la menor, para encubrir el acceso carnal violento a  la       menor       J.A.V.      (sic)”.   

Con  lo  anterior,  señala, se violaron los  principios  consagrados  en el artículo 356 de la Ley 906 de 2004, acerca de la  estipulación    probatoria    entre    Fiscalía    y    defensa   “con  el  único  objeto  de  no  sujetar  el debate al hecho del  acceso carnal violento”.   

Recuerda  cómo entre las partes en mención  “se   estipulo   (sic)  como  cierto el hecho que la menor J.A.V.  (sic),  fue objeto del delito de acceso  carnal   violento   por   parte   de   un  persona  indeterminada”.   

Pero la defensa, añade, logró demostrar la  ineptitud  de  la Fiscalía para investigar ese comportamiento, a pesar de estar  plenamente  probada su realización en la humanidad de la víctima, como así lo  deprecó  la  defensa  en  su  teoría  del caso al aducir que el autor material  pretendió  encubrirla,  conducta  que  “actualmente  cursa en investigación”.   

Considera así que los juzgadores incurrieron  en  el error denunciado “al no valorar que el móvil  del  homicidio  de  la  menor  fue  el encubrimiento de la violación plenamente  probado   dentro   del   proceso   penal,   a   través   de   la  estipulación  probatoria”. En consecuencia, ha debido absolverse a  PARDO  DUARTE  por falta de  certeza   “puesto   que  existieron  dos  móviles  probados  uno las venganza y la riña (sic)  entre  la  familia de PARDO DUARTE y Ariza Vargas. Otro el móvil  que     el     señor     Raúl    Peña    Mosquera,    asesino    (sic)  a la niña para encubrir el acceso  carnal  violento, por esto debía darle aplicación al principio de in dubio pro  reo,   estrictamente   ligado  al  de  presunción  de  inocencia”.   

Por lo expuesto, depreca casar el fallo para  que,  en  su  lugar, se dicte uno de reemplazo mediante el cual se absuelva a su  defendido,  “y  en  consecuencia  se  le otorgue al  procesado  la  libertad  inmediata  e incondicional”.   

Consideraciones de la Sala:  

Como  quiera  que  el  censor  formula  en  las  censuras  objeto  de  estudio   la   causal  de  violación   indirecta   de   la  ley  sustancial  a  consecuencia  de  errores de  hecho    por    falso    raciocinio    (segundo       cargo      de      la  demanda)  y  falso   juicio   de  existencia  (tercer  cargo),    oportuno    se    ofrece    evocar   sus  características      principales     de  acuerdo  con  el  criterio  pacífico  e inveterado de la Sala.   

Así,  en  cuanto al falso raciocinio se ha  dicho  que  tiene  ocurrencia  cuando  el juzgador se aparta de las reglas de la  sana  crítica  en  el  proceso  valorativo  de  las  pruebas.  Para que la  propuesta  basada  en  esa  modalidad  de  error  goce de imprescindible aptitud  argumentativa  y   lógica,  el  demandante  está  compelido, como primera  medida,  a  identificar  la  prueba  sobre la cual recae; luego, a establecer el  mérito  que se le otorgó en la sentencia y a señalar cuál es el postulado de  la  sana  crítica  en su criterio vulnerado, es decir, el principio lógico, la  máxima de la experiencia o la regla científica quebrantada.   

Acto  seguido  debe proceder a vincular esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial,  lo  cual  exige exponer los argumentos conducentes a demostrar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.            

Por su parte, respecto del denominado error  de  hecho por falso juicio de existencia se ha dicho que tiene ocurrencia cuando  una  probanza es excluida de la valoración que efectúa el juzgador no obstante  haber  sido allegada al proceso en forma legal, regular y oportuna (ignorancia u  omisión)  y, en segundo lugar, cuando el juzgador lo crea a pesar de no existir  materialmente en el proceso (suposición o ideación).   

Frente  a  estas  hipótesis, el recurrente  está  obligado  a  (i)  identificar  el  medio  de prueba que en su criterio se  omitió   o  se  supuso,  (ii)  establecer  la  incidencia  de  esa  omisión  o  suposición  probatoria  en  la  decisión  que  se  controvierte y en favor del  interés  que  se  representa, lo cual comporta la necesidad de demostrar que el  fallo  atacado no se mantiene con otros elementos de juicio y (iii) demostrar de  qué  forma  se violó la ley sustancial con ese defecto de apreciación, ya sea  por falta de aplicación o por aplicación indebida.   

Pues      bien,      confrontados  los  anteriores derroteros con los planteamientos del  actor  contenidos  en  las  dos  censuras  objeto  de  análisis   se  desprende  el  incumplimiento de   la  carga  argumentativa  y  demostrativa  que  le  competía  para tenerlos por  adecuadamente sustentados.         

Lo  dicho, en tanto se observa que en toda  su  extensión  lo  que  pretende,  frente  a los dos  cargos,  es que su       criterio      personal  de  valoración  de las pruebas  prevalezca       sobre      el      expuesto  por  los  juzgadores,  fin que,  como  mucho lo ha precisado la Sala, riñe  con  la  naturaleza extraordinaria del  recurso,  incompatible  con  una  tercera  instancia,  y   resulta  desconocedor     de     la   doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  ampara  al  fallo impugnado.   

Ello   se  advierte   palmario   en  relación  con  el  segundo  cargo  donde a cambio de  individualizar  reglas de la lógica, la ciencia o la experiencia vulneradas con  la  apreciación  probatoria, simple y llanamente, y de forma por demás extensa  y   repetitiva,   se  escuda  en  su  transgresión  para  exponer  su  personal  apreciación  sobre las pruebas, principalmente frente  al   testimonio  de  Raúl  Peña   Mosquera   quien  fuera condenado como autor  material         de        la        conducta3.   

Para tal objetivo  se  vale,  incluso,  de  cuestionamientos que apuntan  hacia   su   condición   personal,  como  el  hecho  de  haber  sido  indigente  durante   18   años,   lo   cual   lo  lleva     a     calificarlo    de    persona    con    “una     estructura     de     valores    negativa”,    en   donde   carece   de  lealtad,  honra,  justicia  y  verdad,  además  de  proclive a  cometer      delitos     y     de     “delincuente  de  la  peor  calaña”,  reproche   que   va   en  contravía  con  un método  de  valoración  racional  de  la  prueba  y  con  la  misma  jurisprudencia  de  esta Sala, según la cual  estos   aspectos   no  inciden  necesariamente  en  la  veracidad  de un  testimonio,  como así se señaló en la siguiente determinación, cuyos apartes  pertinentes   oportuno   se   ofrece  transcribir:        

“Si  bien  la valoración del testimonio  involucra   aspectos   como   la   personalidad   del  declarante,  no  menos  cierto  es que el conjunto de valores morales o éticos  que  la  integran  no  constituyen  condición  que por sí misma descalifique o  acredite   un  testimonio,  de  modo  que  corresponde  al  juzgador  deducir  o  aprehender  la  verdad  bajo los parámetros de la libre persuasión, desechando  lo  que  contraría  la  realidad  probatoria  y  el  sentido común”4         (subraya fuera de texto).   

La  crítica  restante enfilada contra este  testimonio,  esto  es,  (i)  que  incurrió  en  algunas contradicciones con sus  entrevistas  iniciales,  las  cuales  no  concreta en la censura y que, como él  mismo   lo   sostiene,  fueron  utilizadas  por  la  defensa  para  impugnar  su  credibilidad,  a  pesar  de  lo cual los juzgadores no lo consideraron relevante  para  minarle  poder  suasorio; (ii) que su dicho no coincide con lo plasmado en  el  protocolo  de necropsia, aspecto que no se comparte en los fallos; (iii) que  tenía  interés  en  el  proceso,  representado  por  el  hecho  de  que con la  delación  pretendía  obtener una rebaja de pena ofrecida por el ente acusador,  no  obstante estar expresamente prohibidas en el artículo 199 de la Ley 1098 de  2006  y  (iv) que tuvo por objeto evitar la sindicación por el delito de acceso  carnal  violento  cometido  sobre  la  menor  víctima  de  los  hechos, ninguna  relación  guardan, en la forma como son presentados, con el pretextado yerro de  valoración  probatoria,  ni  con ninguno otro viable en sede de casación, pues  de  ellas  sólo  aflora,  se insiste, el propósito de sacar avante su criterio  personal valorativo.   

De otro lado, el argumento conforme al cual  no  se  ahondó  en  la  investigación  por el delito de acceso carnal violento  cometido  contra  la  víctima,  amén  de  rebasar  el  ámbito  de  la  causal  seleccionada,  no  tiene  ninguna  trascendencia  frente  a  la  responsabilidad  declarada    de     PARDO   DUARTE  porque  la  delación  efectuada  en  su  contra  por Peña   Mosquera   está   avalada   por  consistentes  indicios construidos por los juzgadores (amenazas previas, móvil,  personalidad  del  procesado  y fuga), cuyo cuestionamiento en el cargo, además  de  no  responder a la forma adecuada de atacar el indicio en sede de casación,  se  restringe  a  exponer  su  particular criterio de valoración, por fuera del  marco  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  a las que solo refiere de forma  enunciativa.   

Antes  de  culminar  lo concerniente a este  reparo,  conviene  dejar  en claro que el planteamiento del censor en el sentido  de  que  la  delación  del testigo en contra de su prohijado se obtuvo mediante  maniobras  engañosas  y  delictivas  del  ente  acusador  quienes le ofrecieron  beneficios  punitivos  a  pesar de estar expresamente prohibidos en el artículo  199  de la Ley 1098 de 2006, no deja de ser sofístico en la medida en que dicha  disposición,      en      su      numeral      8,      permite     “los  beneficios  por  colaboración  consagrados  en el Código de Procedimiento Penal”,  como así también lo ha reiterado esta Sala:   

“Es  decir,  con  el  numeral  8º  del  artículo  199 del Código de la Infancia y la Adolescencia, el legislador dejó  en  claro  su  manifiesta  voluntad  de  que  a  las personas procesadas por los  delitos  señalados  en  el  inciso  1º  ibídem,  que  tengan como víctimas a  menores  de  edad,  de  ninguna  manera  se les otorgará beneficio, subrogado o  prebenda  de  cualquier tipo, a menos que se trate de  un    asunto    de    colaboración    eficaz    con   la   administración   de  justicia”5     (subraya    fuera    de  texto).   

De otro lado, dígase que la misma crítica  en  cuanto  a  que lo único pretendido es sacar avante su criterio subjetivo de  valoración  de  los  medios  de  prueba  surge  en  relación  con  el reproche  consistente  en  haberse desechado elementos de juicio favorables al implicado y  por  razón  de no haber sido aportados al juicio los escritos que demostrarían  las  amenazas  por parte del procesado contra el autor material de la conducta y  los  progenitores  de  la  víctima,  en  tanto constituyen elementos que, en el  primer  caso,  concedían  mérito  al  dicho de su defendido, y, en el segundo,  desvirtuaban  la  prueba  de cargo, pero su exposición, se insiste, se presenta  al  margen  de  los errores de apreciación probatoria con incidencia para mutar  el sentido del fallo.   

Ahora  bien,  en  cuanto  a  la  propuesta  contenida    en    la   tercera   censura  se  advierte  cómo,  de un lado, también resulta intrascendente,  por  limitarse  a  sustentar la hipótesis de que el testigo y autor material de  la  conducta  Peña Mosquera  delató  a  PARDO DUARTE con  el  fin  de encubrir su responsabilidad en el acceso carnal violento a la menor,  haciendo  abstracción,  como  ya se dijo, de los múltiples elementos de juicio  de  tipo  indiciario considerados por los falladores para respaldar la veracidad  del relato incriminante.   

Y,  de  otro, en cuanto el planteamiento no  consulta  con  la realidad procesal y, por lo mismo, con el denominado principio  de  corrección  material,  regente  en  sede  de  casación, al tergiversar los  términos  de  la  estipulación probatoria acordada entre el ente acusador y la  defensa.   

Ciertamente,   las   partes  en  mención  acordaron  el  hecho  de  que la menor también fue víctima de un acceso carnal  violento,  pero  nunca,  como  lo aduce el censor para demostrar su pretensión,  que  este delito fue el móvil que tuvo Peña Mosquera  para ocasionarle la muerte, tanto así que éste negó  su  realización.  Además,  una  estipulación  en ese sentido desbordaría los  términos de la figura, conforme lo ha precisado esta Sala:   

“Frente  al punto antes destacado, vale  reiterar  que  el acuerdo o el pacto celebrado entre  la   fiscalía   y   la   defensa   se   centra   sobre   los   hechos   o   sus  circunstancias,   y  no sobre la incorporación  al  debate  oral  y  público  de  un determinado medio de convicción, elemento  material probatorio, evidencia física o informe.   

En  tales  condiciones,  una  vez que los  intervinientes   del   juicio  oral  y  público  han  manifestado  al  juez  de  conocimiento    que    celebraron    estipulaciones   probatorias   sobre  un  hecho  o  sus  circunstancias,  claro  resulta  que  la  actividad  probatoria no puede recaer sobre el mismo a fin de dar por demostrado  lo  que  ya se dio por establecido en virtud de dicho acuerdo o, para oponerse a  él      durante     el     debate”6  (subraya  fuera  de texto).   

Es más, la responsabilidad por tal conducta  punible,  como  el  mismo demandante lo indica, no se ha determinado y es objeto  de  una  actuación  en curso, luego incurre el censor en petición de principio  porque  con ello da por sentado precisamente lo que pretende demostrar, esto es,  que  Peña  Mosquera  fue el  autor  del  delito  de  acceso carnal violento en la víctima y que la delación  tuvo  por  objeto encubrirla, responsabilidad que se indaga en ese procesamiento  independiente.   

Por  lo  expuesto, estos cargos también se  inadmitirán.   

En  suma,  las falencias destacadas de las  censuras  propuestas  por  el defensor de JHONY PARDO  DUARTE  conducen  a  la inadmisión de la demanda, en  atención  a  lo normado en los artículos 183 y 184 de  la  Ley  906 de 2004, debiendo dejar en claro la Sala que ni del contenido de la  demanda,  ni  de  la  revisión  del  proceso  surge la necesidad de superar los  defectos  aludidos  en  procura  de  cumplir  alguno  de  los  fines del recurso  extraordinario  previstos  en el artículo 180 ibídem  o  que  haga imprescindible activar el mecanismo de la  casación oficiosa.    

         

Por último, señálese que habida cuenta de  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de casación presentada por la  defensa  procede  el  mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que como dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse  sobre            el            particular7.   

         

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el defensor  de  JHONY PARDO DUARTE, por  las razones consignadas en la anterior motivación.   

       De   conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y, en los términos referidos en el  acápite  final  de  esta  determinación,  contra  esta  decisión  procede  la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ     LEONIDAS    BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO                       ALBERTO                      CASTRO  CABALLERO           

SIGIFREDO                ESPINOSA  PÉREZ            MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                 

                                                                                            IMPEDIDO                     

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            LUIS   GUILLERMO  SALAZAR OTERO              

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA                JAVIER     ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 De 8  años para el momento de los hechos.   

2 Cfr.  entre  otras  sentencias  de  noviembre  18 de 2008, rad. 30539 y de marzo 18 de  2009, rad. 30710.   

3 Copia  de  la  sentencia  obra  a  folio  248  de  la  carpeta de la causa.     

4  Sentencia  de  noviembre  26  de  2003,  rad.  15962.   También  se  puede  consultar  más  recientemente  sobre  el  mimo  tema, sentencia de agosto 31 de  2011, rad. 31761.   

5  Decisión  de  septiembre  17  de  2008,  rad. 29901; en el mismo  sentido,  decisión  de  la  misma fecha rad. 30299; de octubre 17 de octubre de  2007, rad. 28451 y de septiembre 12 del mismo año rad. 28080.   

6  Sentencia de octubre 10 de 2007, rad. 28212.   

7  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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