37645(09-08-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  291.     

Bogotá,  D.  C., nueve (9) de agosto de dos  mil doce (2012).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación   presentada  por  el  defensor  de  GUSTAVO  ALMÉCIGA  RODRÍGUEZ, contra el fallo del Tribunal    Superior    de    Bogotá1, que  confirmó   el    proferido  por  el  Juzgado  Séptimo  Penal  Municipal  con  funciones  de conocimiento de la misma ciudad,  el  cual  le  impuso  la  pena  de  treinta  y  dos (32)  meses  de  prisión,   por   la   consumación  del  punible  de  lesiones      personales      dolosas.    

H   E   C   H  O  S   

El  11  de  julio  de 2007, a las 7:10 a.m.,  debajo   del  puente  de  la  Avenida  68  con  Primera  de  Mayo,  GUSTAVO   ALMÉCIGA  RODRÍGUEZ  atacó  a  Mario        Cadena        Piñeros,   sin  medir  palabra  y  cuando  lo  tuvo al frente, “con  un  objeto  metálico  contundente  y  una  cadena”,   en  instantes  en  que  aquél  se  disponía  abordar  un  vehículo de servicio público.   

La causa de la agresión se precisa porque el  aquí   condenado   se   unió   con   José  Aparicio  Bejarano  dueño de un taller de carpintería, a quien  la  víctima  había  denunciado  porque  todos  los  residuos  de  aserrín  se  adherían  al  interior  de su vivienda, con grave perjuicio para la salud de su  familia,    motivo   por   el   cual,   Aparicio  Bejarano   fue   sancionado   por   las   autoridades  respectivas.   

Con  ocasión  de  tal  suceso, el lesionado  Mario  Cadena  Piñeros,  en  atención  al  examen  practicado  por  personal  del  Grupo de Clínica Forense  (BOG-2007-035804)  del  Instituto Nacional de Medicina  Legal y Ciencias Forenses, conceptuó:   

Se  evidencia:  1)  Cicatriz  ligeramente  hipocromica,   con   eritema  periférico  de  1.5  cms,  región  temporofacial  izquierda,  que  por  sus  características actuales es ostensible. 2) Pirámide  nasal  y  punta  central,  narinas  simétricas.  Rinoscopia:  se observa ligera  septodesviación  izquierda, mucosa congestiva, no evidencia de sangre reciente,  permeabilidad  conservada.  CONCLUSIONES: Se ratifica  incapacidad  Médico  Legal  dada  de  DOCE  (12) días, DEFINITIVA, a partir de  ocurridas  las lesiones. Como secuelas: Deformidad física en rostro permanente.  Sin     consecuencias     funcionales”2.     

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1.   El   27   de  octubre  2010,  ante  el  Juzgado  Treinta  y dos Penal Municipal con funciones  de  control  de garantías de Bogotá, se llevó a cabo  audiencia   preliminar  de  formulación  de  imputación  por   el   presunto   delito  de  lesiones  personales  dolosas3,  la  cual  fue  ajustada  a  derecho  por  el funcionario judicial  referido  conforme  los  preceptos  290,  292  y  294  de  la  Ley  906 de 2004,  aseverando    el    procesado    que    no   aceptaba   los   punibles   a   él  atribuidos.   

2. El 2 de diciembre  siguiente,  ante  el Juzgado Séptimo Penal Municipal  con  funciones  de  conocimiento de la misma ciudad, se  tramitó  la  formulación  de  acusación;  además,  se  reconoció  la  calidad  de víctima a Mario Cadena Piñeros.   

3. El 1º de febrero  de   2011,  se  instaló  y  finiquitó  la  audiencia  preparatoria;  en  dicho  acto  procesal,  las  partes  descubrieron   sus   correspondientes   elementos   probatorios:  testimoniales,  documentales  y  evidencia  física.  Así mismo, realizaron dos estipulaciones:  una,  referida  al  dictamen  médico  legal  y,  la  otra, en razón a la plena  identidad del acriminado.   

4. El 3 de marzo de  2011,  se  inició  y  llevó  a  término la audiencia  de  juzgamiento,  para  luego  concluir  la  primera  instancia  con el sentido del  fallo,       el       cual       fue,       de       carácter      condenatorio, en donde expuso, entre otros  argumentos, los siguientes:   

…  la Fiscalía  contó  con  el  testimonio  del  mismo  afectado quien fue claro en relatar los  hechos  sucedidos  el  día  de  la  agresión, indicando enfáticamente que fue  GUSTAVO  ALMECIGA  RODRÍGUEZ (sic) quien le causó la lesiones descritas en los  dictámenes  médicos  ya  relacionados,  que  para ello utilizó sus puños, un  objeto  metálico,  las  llaves  y  una cadena que llevaba con las llaves. De lo  anterior  se  tiene  que  por más que la defensa intentó restar credibilidad a  los  testigos  de  la Fiscalía, en especial a la víctima, sus esfuerzos fueron  infructuosos,   toda   vez  que  estos  testimonios  fueron  claros,  veraces  y  coincidentes,  además  porque en especial el testimonio de la víctima coincide  integralmente  con  la  denuncia  y  la  entrevista  que  fueron rendidas por el  mismo4.   

5.  El 30 de marzo  del  año  citado, el Juzgado Séptimo Penal Municipal  con  funciones  de  conocimiento,  le  impuso  a   GUSTAVO ALMÉCIGA RODRÍGUEZ,  treinta  y  dos  (32)  meses  de  prisión,   multa   de   34.66  smlmv,  como  autor  penalmente  responsable  del punible de lesiones  personales dolosas. Como sanción  accesoria,  lo inhabilitó en el ejercicio de derechos y funciones públicas por  un  lapso igual al de la pena principal; así mismo, le  suspendió  la  ejecución  condicional  de  la  pena  por  36 meses.   

6. El 17 de agosto  de  2011,  el Tribunal Superior de Bogotá,  confirmó  la  decisión recurrida por la defensa técnica.   

7.  A su turno, el  mismo  interviniente,  impugnó  en  sede  extraordinaria  el  fallo  de segunda  instancia   proferido   por   el   Juez   Colegiado;  días  después,  esto es, el 5 de octubre de 2011, el  citado  profesional  del  derecho,  presentó el correspondiente escrito; libelo  que la Sala entra a calificar.   

8. Como se observa  que  el  libelo se asimila a un escueto y simple memorial de instancia, esto es,  confeccionado  de  manera  libre, genérica y subjetiva, la Sala lo resumirá en  varios  ítems,  con  el  objeto  de  facilitar su entendimiento, comprensión y  claridad,  pues  por  sus planteamientos vagos y ambiguos, de suyo, es imposible  establecer  y  seguir  un orden metódico, conceptual y lógico, como se supone,  debe    acompañar    una    embestida    de    estas    magnitudes,   en   sede  extraordinaria.   

D   E   M   A   N   D  A   

Bajo  la  égida  de  la  Ley  906  de 2004,  precepto  181,  el  libelista  atacó el fallo de segundo grado, en dos sentidos.   

Primer        cargo:            Nulidad.   

Alegó que se violentaron los artículos: 7,  2º  (presunción  de  inocencia)  de  la  Ley instrumental aludida, el 29 de la  Constitución  Política,  la Convención Americana de Derechos Humanos (CADH) y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos Humanos (PIDH); por ello, aseguró que se  aplicaron  indebidamente los tipos penales por los que se condenó a su asistido  y  se dejaron de aplicar las siguientes normas: 6 (legalidad), 372 (fines de las  pruebas)  y  381  (conocimiento para condenar) de la Ley 906 de 2004; motivo por  el  cual,  se  quebrantó  debido  proceso.   

Expuso que en las motivaciones puntualizadas  por  el  Juez de conocimiento al momento de enunciar el  sentido del fallo,  se  “omitió  toda actividad probatoria… al punto  de  no  indicar  tan  siquiera  una prueba de cargo”,  pues   la   víctima   no  hizo  sino  ratificar  su  denuncia,  “que  antes  que elemento de convicción, constituye tema de prueba,  es    decir,    algo   por   demostrar”5.   

Para  el  memorialista, es obvio, que si una  persona  incrimina  a  otra  de  consumar un delito, es su deber “aportar   el   elemento   material  probatorio  que  sustentara  su  señalamiento”,  si  no  lo logra, le corresponde al  ente  acusador suplir tales deficiencias demostrativas; en este orden, anotó el  togado:  “a la investigadora le pareció suficiente  calificar   la  ratificación  de  la  denuncia  como  declaración  de  testigo  presencial  de  los  hechos  y  se  desobligó de dar  cumplimiento con la garantía procesal de la carga probatoria”.   

Yerro  también  convalidado por el Tribunal  cuando  se  refirió  a la igualdad de armas, motivo por el cual, insiste en que  le  era  obligado a la víctima demostrar la autoría de su prohijado, cuestión  que  en  su  opinión,  no  ocurrió así, luego si se condenó al procesado, de  contera  se  desconoció,  la  presunción  de  inocencia  a  su  favor,  porque  “al   procesado   no   se   le  puede  arrinconar,  obligándolo  a  demostrar  su  inocencia,  cuando  la parte acusadora no aporta  ninguna  probanza que comprometa su responsabilidad”,  porque   el   quejoso   quiso   comprometer   a   los   amigos  de  Aparicio  Bejarano  “con quien sostenía  agrias  discrepancias  y  sabía de su solvencia económica que garantizaba a su  favor   un  enriquecimiento  sin  causa”6.   

En   un   nuevo   título  “perjuicio   causado”,  sostuvo  que  se  atentó  contra  el buen nombre de su prohijado y se lo condenó sin pruebas, so  pretexto    de   una   imaginaria   equivalencia   de   armas,   “pues,  todos  sabemos que esa igualdad es solo teórica”,  en  donde  el defensor se encuentra en desventaja frente a ese  “gigantesco” ente que es  la Fiscalía General de la Nación.   

Al  analizar  el  Tribunal  las  pruebas  de  descargo,  las  consideró  subjetivas, porque mostraban antipatía y hostilidad  contra  de  la víctima, lo cual para el abogado “es  la  tapa”,  en  tanto,  exoneró  a  la Fiscalía de  probar    la   imputación   elevada   contra   su   mandante.      

En  lo que atañe a esta censura, sostuvo el  togado  que  la  violación  al  debido  proceso  se  manifiesta “al  descargar  la  responsabilidad  del  Estado,  la obligación de  demostrar  probatoriamente  la  responsabilidad  del  autor  en  el  in  examine  (sic)”.   

Indicó,  además,  que  lo  precedente  es  trascendente  porque  la  Fiscalía  no  demostró  que el delito lo consumó su  protegido   jurídico   y,   en   esas   condiciones,   se  condenó  “a  un inocente”; por ello, la Corte  debe  dilucidar  si  en  el sistema acusatorio la igualdad de armas se aplica en  todos los eventos.   

Solicitó casar el fallo atacado, mediante la  declaratoria  de  nulidad  a  partir  de  la  decisión  de  primera  instancia,  “con  el fin de obligar al Juzgado a fundamentar el  fallo  excluyendo  la  denuncia  penal  y  su ratificación por parte del señor  Cadena  Piñeros,  por  cuanto con ellas no se suplen las exigencias” de la presunción de inocencia”.   

Segundo  cargo:  falso     juicio     de     existencia.   

Elevado   por   aplicación  indebida  del  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  de la Convención Americana de  Derechos  Humanos, del Pacto de Derechos Civiles y de las normas penales soporte  de la sentencia atacada.   

El  defensor  trajo  a  colación  algunos  párrafos  plasmados  por  el  Tribunal, en los cuales aseveró que el procesado  GUSTAVO  ALMÉCIGA RODRÍGUEZ  era  el  directo  responsable  de  los  delitos  a él imputados; por otro lado,  tampoco   le   otorgó   credibilidad   a   los   testimonios   de  José   Aparicio   Bejarano   Rubiano   y  Gabriel   Torres  Sánchez,  puesto  que  no  fueron  testigos  presenciales  de  los  actos ilícitos y solo  refirieron  una  aptitud  conflictiva  con  la  víctima;  incluso, transcribió  aquellos  apartes de la decisión cuestionada en donde le objetaron a la defensa  que   el   inculpado   no   fue   responsabilizado   penalmente  “sin pruebas”.   

El  cargo  lo elevó porque no existe dentro  del  plenario  ni la más mínima prueba apta para explicar el aspecto subjetivo  del  tipo:  ni documento, pericia o declaración que verifique la autoría de su  prohijado:  “leída  con  detenimiento la sentencia  proferida  por  el  a quo, donde se plasman los alegatos de conclusión del ente  acusador,  pudimos  concluir  que no existía una sola prueba demostrativa de la  responsabilidad de los hechos”.   

En su opinión, las reglas de la experiencia  evidencias  que  el  denunciante  es una persona interesada en el asunto, quiere  garantizar  sus exigencias monetarias, “es sujeto de  pasiones  nobles  y  perversas…  especialmente  le gusta la ventaja y ganar en  cada   evento   de   la  vida”.  Y,  “por  haber  sido  instaurada la denuncia penal por el señor CADENA  PIÑEROS,  no podía ser el mismo llamado como testigo presencial de los hechos,  pues    ello   lo   colocó   en   posición   prevalente,   como   acusador   y  testigo”.   

Por  todo,  para  el defensor es inaceptable  “que   la   fiscalía   en  su  afán  de  obtener  positivos”,  de  aumentar  su estadística y de paso  enseñar  una  eficiencia  que no tiene, influyó en condenar a un inocente, sin  que  el  denunciante  hubiese  demostrado  que el aquí implicado lo atacó; por  esto,  es  su  sentir se adecúa al caso el yerro aludido, que le ocasionó a su  mandante  un grave perjuicio, “con fundamento en una  denuncia       penal,       no       soportada       probatoriamente”.   

La trascendencia la hizo consistir en algunos  interrogantes  que  la Corte le debe resolver: definir si la denuncia es o no un  elemento  idóneo  para  delimitar  la  responsabilidad  de  una persona y si lo  narrado  por la víctima “suple la falta de testigos  presenciales”;  amén  de evitar fallos arbitrarios,  sin  pruebas,  como  aquí  sucedió;  por  tanto,  solicitó casar la sentencia  atacada,   para   en  su  lugar,  absolver a su mandante de los cargos imputados.   

C  O N S I D E R A C I O N E S   

1. Cuestión previa.   

La Corte viene señalando que, con la entrada  en  vigencia del  sistema  procesal penal acusatorio previsto en   la    Ley   906   de  2004,   se   amplió  el radio de acción para acceder al  recurso  extraordinario  de  casación, pues en la actualidad la impugnación es  susceptible  contra  decisiones  de  segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales    de    Distrito    Judicial  asignados  en  el  territorio  nacional,  atacando  los  fallos de  condena   o   absolución,   sin  tener  en  cuenta  como  presupuesto  para  su  admisibilidad   el   quantum  mínimo  de  pena  descrito  en  cada  injusto  típico,  como  lo imponían las  legislaciones anteriores.   

En esencia, para ser admitida la demanda, el  censor  debe  tener  interés,  formular  y  desarrollar  los  ataques contra la  sentencia  de segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de derechos  y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además, materializar el  contenido  del  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  en el entendido que una de las obligaciones al  confeccionarla   es   demostrar   la   necesidad   de  intervención  de  la Corte para el logro de cualquiera  de los fines establecidos por el instituto.   

Siendo   ello   así,   el   Principio  de  Intervención  debe  ser el  norte  del  profesional  del derecho, pues integra cuatro aspectos teleológicos  que    se   traducen   en   el   espíritu   de   las   censuras:   (i)  la  efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  (iii)   la   reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  y  (iv)  la  unificación de la  jurisprudencia.   

Estos  propósitos  se  deben  conjugar,  en  armonía,  coherencia  total  y  avenencia  con  los progresos jurisprudenciales  cristalizados  en  punto de los supuestos requeridos para atacar y demostrar los  posibles  yerros  conculcados por los funcionarios judiciales, sin ser permitido  desligar,    apartar    o   separar   el   trípode   casacional:   fines,   causales  (debida  sustentación)  y   trascendencia;  excepto  cuando   la   Sala   advierta,   que  por  vigencia  de  derechos  y  garantías  fundamentales  constitucionales,  obviamente  quebrantados, deba casar de oficio  la  decisión  del  Juez  Colegiado, desde luego, con base en motivos diversos a  los  expuestos en la demanda o iguales si la censura se manifiesta indebidamente  sustentada.      

El anterior criterio se consolida al entender  que  la  Corte de Casación Penal, jamás ha predicado la inexistencia, ausencia  o  falta de los requisitos formales para decidir de fondo el caso o el éxito de  la   demanda   en  el  nuevo  esquema  procesal  penal  acusatorio;    todo   lo   contrario,   el   recurso  extraordinario   no   perdió  su  entidad  de  juicio  lógico-argumentativo,  pues el libelo deberá cumplir  pautas    que   impidan   concebirlo   como   tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen presupuestos  racionales  de no contradicción, claridad y precisión. Tampoco le corresponde,  en  consecuencia,  interpretar  las  alegaciones  de los recurrentes7,   rehacer,  modificar, readecuar o transformar el fondo de los ataques.   

La  Sala,  por  tanto, viene sosteniendo que  para  admitir  o  seleccionar  una demanda  con el objeto de decidir de fondo el problema jurídico planteado,  ella  deberá sujetarse al cumplimiento de los presupuestos formales consagrados  en  el  artículo  184,  ordinal 2° de la Ley 906 de 2004, con el propósito de  demostrar    la    evidente    vulneración   a   los   derechos   fundamentales  constitucionales  de  los  intervinientes  con  la actuación penal; siendo ello  así,   se   deben  tener  siempre  presentes  los  principios  de  taxatividad,          claridad,        autonomía,       razón       suficiente,       no  contradicción,              limitación,          objetividad,  comprensión  y  precisión,  entre  otros,  para  –de la  mano  con  ellos-  desplegar  una  argumentación  puntual  y  razonable, habida  consideración  de  compendiar  en  el  ataque,  aquellos errores de juicio o de  actividad  en  los  que  pudieron  haber  incurrido  los  falladores,  a  fin de  evidenciar,  por  ejemplo, la efectiva e indiscutible normatividad jurídica que  debió  regir  el  asunto,  la  adecuada  y  legal  valoración  de  los  medios  probatorios    o    desentrañar   manifiestos   desfases   contra   el   debido  proceso.      

También  ha indicado la jurisprudencia, en  diversas     oportunidades    que    (i)    la    correcta    selección    de   la   causal,   (ii)  el  interés del actor, (iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  (iv)  la  puntual  fundamentación          fáctica-jurídica  y  (v)  el  cumplimiento  de  al  menos  uno de los fines del instituto; marcan la pauta  para  declarar  la  inconstitucionalidad  o ilegalidad del fallo en atención al  artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

De cara al segundo referente inmediatamente  disciplinado,  se tiene que el  “interés” se  halla íntimamente relacionado al concepto de agravio, perjuicio  o  daño  que,  desde luego, tiene que afectar los derechos fundamentales de las  partes  con  la  decisión  por  ellos  recurrida  en  sede  extraordinaria; sin  embargo,  si  el  interviniente no sufrió ningún menoscabo real u objetivo con  el    fallo    atacado,   tampoco,   como   es   obvio,   tendrá   “interés”  en  cuestionarla,  justamente,  porque  no  habrá  garantía que subsanar ni se  podrá,  por  ende,  restablecer  alguna norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o legal de las llamadas a regular el caso, puesto que, no existe  vulneración  a  la  legalidad  del  proceso  en  sus  diversas  manifestaciones  cognoscentes8.   

2. El artículo 98  de  la  Ley  1395  de  2010,  modificó  el  precepto 183 de  la  Ley  906  de  2004,  en  punto  de las exigencias procesales para iniciar el  trámite  de  casación,  por  tal  razón, la Sala constata, que en el presente  caso,  se  dio  estricto  cumplimiento  a  los presupuestos allí plasmados, por  parte  del  Juez  Colegiado;  motivo esencial y suficiente para continuar el estudio del libelo.   

3.     Caso     concreto.   

La           Corte  advierte que los ataques formulados  contra   la   sentencia   de   segundo   nivel   expedida  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, no reúnen  los  mínimos  presupuestos  de coherencia y lógica-argumentativa descritos por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda  presentada  por  el  defensor de  confianza  de GUSTAVO ALMÉCIGA RODRÍGUEZ y,  por  esa  vía,  lograr  la   infirmación  de la decisión  cuestionada,  en tanto, el jurista incurrió en graves, múltiples y exacerbadas  falencias,  las  cuales  atentan  contra  la  filosofía  que inspira el recurso  extraordinario de casación.   

Menos  aún  puede entenderse los reproches  como  nuevas  rutas  para confeccionar escritos de libre importe y, ensayar, por  ese  camino,  derrumbar  la doble presunción de acierto y legalidad inherente a  las  decisiones  concebidas  en  los  proveídos; tampoco consiste en añadir un  cúmulo  de  ideas  disgregadas  y  fragmentadas  en los libelos en búsqueda de  fines  jurídicos subjetivos o hipotéticos para asegurar un posible éxito, tal  como lo plasmó el memorialista.    

Como  metodología,  la  Sala  abordará el  estudio  de  los  ataques,  estableciendo aquellos puntos más sobresalientes en  cada  uno,  a fin de determinar de manera precisa los desatinos de mayor impacto  lógico  argumentativo,  con  el  inmediato  objeto  de  brindarle al impugnante  suficiente    claridad   en   torno   a   los   dislates   presentados   en   su  escrito.   

Sobre    la   violación   al   debido  proceso.   

Debe   ser  sustentada  por  nulidad,   la  cual,   no  se  puede  aproximar  a  cualquier  discurso  con  el  que  se pretenda su declaratoria, en  tanto,  ella  en  sí,  encierra,  unos presupuestos mínimos de argumentación,  precisión  y  alcance,  sin  estos,  la  arremetida  contra  la legalidad de la  actuación queda huérfana, solitaria y carente de sentido.   

Es  preciso  explicar,  además,  que  cada  censura  presentada  por  este  sentido,  tiene  un  tratamiento  independiente,  debiéndose   identificar   la  clase  de  falencia  (estructura  o  garantía),  denunciando  el  sentido  en  forma  autónoma sin mezclar violaciones al debido  proceso entre sí, o al derecho de defensa (técnico y material).   

El  postulado  de  prioridad,  de  igual  modo,  debe  ser  el  norte del  libelista,  con  el  objeto  de  precisar  qué  ataque  de  los  potencialmente  presentados  por  esta  prerrogativa  –entre  varias  alternativas-  tiene  mayor  entidad  o extensión de  lesión  en el proceso; por tanto, dicha labor es exclusiva del demandante, pues  de  prosperar  el que reúna tales características judiciales, superaría a los  demás;   también   tendrá   como  labor  esencial,  pormenorizar  las  normas  sustanciales  virtualmente  vilipendiadas  y, desde luego, mostrar un desarrollo  inherente  a la legislación base de la censura, indicar la repercusión final y  trascendente  de  cada nulidad propuesta y señalar desde qué instante solicita  su  declaratoria,  respaldando  las razones para ello, en cargos separados, como  es obvio, si son varios los embates.    

Lo precedente, por cuanto, la nulidad es un  remedio  extremo  que busca revertir el derecho quebrantado y dejar incólume la  estructura   del   proceso;  entonces,  es  compromiso  del  abogado  demandante  argumentarlo  en  ilación con las pautas expuestas y demostrar objetivamente la  existencia   material   de   la   infracción   junto   con  la  correspondiente  consecuencia,  pues  no  cualquier  falencia  que  se alegue rompe el equilibrio  jurídico previsto en el artículo 29 de la Constitución Nacional.   

Por  consiguiente,  si  se  quiere proponer  alguna,  como  la  alegada,  incumbe  señalar  cómo  se  fracturaron las bases  legales,   ya  sea  en  su  aspecto  formal  o  conceptual,  de  qué  forma  se  quebrantaron  las  garantías  exigidas,  cuáles  fueron las repercusiones y el  daño  causado con tales vulneraciones en desmedro de la ley como de los sujetos  procesales,  hasta qué acto procesal y por qué en el caso indicado habría que  retrotraer  lo  actuado  en  instancias;  entre  otros  presupuestos,  descritos  ampliamente      por      la      jurisprudencia9.   

No   pudiendo  olvidar  el  defensor  los  principios      que      las      rigen      como     el     de     taxatividad (sin norma precedente y exacta  jamás  se  podrá  alegar  alguna  nulidad), de él dependen y se enmarcan para  generar   su  pertinencia;  convalidación,   finalidad  de  los  actos,  por  mencionar  algunos,  a fin de fortalecer la infirmación del  último   fallo:   tópicos   a  los  que  jamás  se  refirió  el  demandante.   

Ellas, además, se rigen por el postulado de  trascendencia en sus diversas  connotaciones  epistemológicas;  por  un  lado,  la  exclusiva  irregularidad o  menoscabo  a  la  ley,  no  es  presupuesto dominante para su configuración; se  requiere,  en  segundo lugar, el efectivo detrimento, perjuicio o lesión de los  derechos  y  garantías  adquiridas  por  los  intervinientes  o  partes  en  la  dinámica  judicial;  en  tercer término, es obligación del jurista mostrar en  interés    legal    de    su    representado   las   bondades,   beneficios   y  ventajas10 del ataque propuesto.   

Cada caso de estudio deberá someterse a un  nuevo  escrutinio  o  filtro  jurídico,  en  pos  de  evidenciar  si la nulidad  corresponde  declararla total o parcialmente: esta última opción, entre otras,  trae  consigo  ordenarla en la sentencia de casación cuando su efecto jurídico  se  pueda  conjurar  o  desglosar  desde  este concluyente pronunciamiento de la  jurisdicción  ordinaria,  es  decir,  en cuanto sus consecuencias procesales se  puedan  normalizar, enderezar y reivindicar excluyendo el vicio sin necesidad de  retrotraer  lo  actuado.; lo cual dependerá del momento procesal en que se haya  materializado   o   generado   la  infracción  a  la  normatividad  sustancial.   

Siendo ello así, la transgresión al debido  proceso  o  al  derecho  de  defensa  (técnico  o material), debe ser de bulto,  grosera,  que  pretermita  u  omita un acto procesal distinguido por la ley y al  que  obligatoriamente  los  funcionarios deban acceder, desde luego, evitando su  no  conculcación o, si se quiere, garantizándole los derechos constitucionales  fundamentales   a   los   intervinientes,   en  todos  los  frentes  judiciales.   

Son múltiples, complejos y exacerbados los  desafueros que presenta la demanda:   

Primero:   la  violación  al  debido  proceso (nulidad), jamás puede asimilarse con cualquier  criterio  aislado,  subjetivo  y  genérico,  sino con fundamento en los motivos  previamente   determinados   por   la   ley   y   con   ocasión  al  desarrollo  jurisprudencial  que  la  Corte  vaya  realizando;  por tanto, las pautas atrás  descritas,   fueron  abandonadas  de  manera  sistemática  e  integral  por  el  libelista  e  inundo  el cargo con hipótesis indemostradas y fuera de contexto,  cuando   sostuvo,   por  ejemplo,  que:  1)   las   instancias   omitieron  valorar  toda  la  “prueba”,          2)     no     existe    “prueba    “de   cargo,   3)  la víctima solo ratificó la denuncia  y  nunca  aportó  algún  dato  para  comprobar la incriminación, 4)  la  Fiscalía  tampoco  demostró  la  autoría  de  su  mandante, 5)  no  se  puede  arrinconar a su prohijado, 6)  el  ofendido tenía pleno conocimiento de la solvencia económica  de   Aparicio  Bejarano  con  quien   tenía   problemas   y  disgustos  “que  le  garantizaba    a    su    favor   un   enriquecimiento   sin   causa”,   7)   se  atentó    contra    el    buen   nombre   de   su   mandante   y   8)  cuando  el  Tribunal  desvaloró  los  testimonios    de   descargo   eso   “ya   es   la  tapa”.   

Como  se  puede  observar,  el memorialista  atiborró  el  ataque  de  simples  conjeturas, presentimientos y alegaciones de  libre  importe:  cuestión  alejada  de  una  verdadera  sustentación  en  sede  extraordinaria.   

Segundo: pretende  que  la  Sala  le  resuelva  sus  interrogantes  propios de una adecuada cultura  jurídica,   sin   mediar   algún   ataque   serio,   acorde   con  las  pautas  jurisprudenciales  y  en  punto  de  una sistemática lógica, siendo ello así,  desquició  el  sentido  y  contenido  de  la causal seleccionada, en tanto, los  yerros  potencialmente  supuestos  por  el jurista, son eso: simples y efímeras  expectativas sin ninguna entidad demostrativa.    

Tercero: además,  con    tal    actuación,    el    demandante    violentó    el    principio  de  no  contradicción, toda vez  que  la  motivación  debe  guardar una unidad conceptual de tal modo que en una  misma      línea      hermenéutica,     no     es     lógico     afirmar   y   a   la   vez   negar   alguna   circunstancia,  hecho  o  determinada  teoría;  habida  consideración que la conclusión sería producto  de  un  procedimiento  intelectivo  confuso  -como  en  el caso en estudio- pues  llegó  al extremo de aseverar que la decisión del Juez Colegiado se construyó  sin   ninguna   prueba   no   obstante   aceptar   y   transcribir  –en  el  mismo  texto- las valoraciones  judiciales que, justamente, le estaban demostrando todo lo opuesto.   

En   punto   del   falso   juicio   de  existencia.   

El  error  de  hecho  enunciado,  se presenta cuando los juzgadores omiten  sopesar  un  determinado  medio  probatorio  legalmente  aportado  al  proceso o  suponen   uno,  que  por  el  contrario,  no  fue  válidamente  incorporado  al  expediente  y,  en esas condiciones, fundamentan la decisión de responsabilidad  penal o inocencia.   

Siendo   ello   así  es  imprescindible:  (i)  determinar  la  prueba  dejada  de  apreciar  o imaginada por los funcionarios que administran justicia,  (ii)  estimarla     en    su    integridad,  sin  fraccionarla  o limitar su contexto  hermenéutico,    (iii)  valorarla  en  cuanto  a  su  convergencia  o divergencia junto con las demás y  (iv)    acreditar    la  trascendencia  del  daño  revelando  los  motivos  de  manera  clara, puntual y  objetiva  del  por qué la ausencia de mérito de ese medio, presentado como tal  o  aquella  prueba  objeto  de  fantasía,  incidieron  de  forma decisiva en el  sentido del fallo cuestionado en sede extraordinaria.   

Cuarto:   este  dislate  se  verifica con el abandono sistémico de las reglas jurisprudenciales  atrás  reseñadas  y,  como  si  fuese  poca la confusión, caos y desconcierto  conceptual  como  metodológico  del  libelista, los dos cargos fueron motivados  sobre  la  base  de  una  supuesta ausencia de responsabilidad de su poderdante,  pues  en  su  exclusiva  y personal opinión, no existe ninguna prueba de cargo,  desconociendo   –como  es  habitual  en  su  escrito-  lo  plasmado por las instancias, de cara a la prueba  incriminatoria.   

Quinto:  se  identifica  este nuevo yerro, con la  evidente     vulneración     del    postulado    de  autonomía  que  rige  el  recurso  de  casación,  al  sustentar  la  censura  propuesta  por  falso  juicio de existencia, en un mismo  texto  argumentativo, con errores propios del falso raciocinio y alternarlos con  infracciones  al derecho de defensa: combinación letal, por ser excluyentes los  presupuestos  de  unos y otros, lo cual se patentizó en los diversos enunciados  de  la censura objeto de estudio; por cuanto, en el error de hecho, por ejemplo,  se  ataca  la  identidad,  existencia  o  apreciación  de  los  medios, sin ser  procedente  acudir  a  máximas  de la experiencia, de por sí, insustanciales e  inundadas  de falencias argumentativas, como cuando afirmó que tales postulados  demuestran  que  la  víctima  era  una  persona “de  pasiones   nobles  y  perversas”,  sin  realizar  un  mínimo   esfuerzo   por   entender   cómo  se  estructura  un  ataque  en  ese  sentido.   

Sexto:  en  igual  forma,  el  memorialista  violentó  el  postulado  de  corrección    material    que   rige   el   recurso  extraordinario,  pues  al  cotejar  la  Sala  la  demanda  impetrada  a favor de  GUSTAVO ALMÉCIGA RODRÍGUEZ,  con  los  contenidos  objetivos  y literales de la decisión atacada, se observa  que  el defensor desdeña y repudia lo plasmado por la judicatura, circunstancia  que  vulnera  de  tajo  el  axioma  en  estudio,  según  el  cual, las razones,  fundamentos   y   contenidos  argumentativos  diseñados  en  la  censura  deben  ajustarse  en  un  todo  a  la  verdad procesal, evento que aquí no sucedió al  cuestionar  el  togado  una ausencia absoluta de prueba incriminatoria, lo cual,  de manera objetiva, no se compadece con la realidad procesal.   

Séptimo: sin que  se  entienda  como  una  respuesta  de  fondo,  sino  en  virtud  del  ejercicio  pedagógico  que  viene  realizando  la  Sala  de  tiempo  atrás, se traerán a  colación,  algunos  apartes  de  las  actuaciones  de instancia, para brindarle  mayores elementos de juicio al recurrente sobre sus desatinos.   

El   Tribunal  de  Bogotá,  entre  otros  argumentos,   plasmo   los  siguientes:   

Bajo ese entendido, el recaudo de material  probatorio  no  solo  debe  ser  para  la  fiscalía sino también para la parte  defensiva;  así  entonces,  ante  la existencia de los dictámenes médicos que  indican  la  materialidad de la ilicitud y la declaración de Mario Cadena quien  señala  a  GUSTAVO  ALMÉCIGA  como  el  autor de las lesiones, lo propio de la  parte  defensiva  era recaudar suficiente material probatorio para desvirtuar la  teoría  del  caso  de la fiscalía y demostrar la ajenidad del procesado en los  hechos.   

A  pesar  de  ello,  la  defensa no logró  demostrar  la ausencia de responsabilidad de ALMÉCIGA RODRÍGUEZ en los sucesos  porque  los  testigos de descargos solo demuestran los conflictos que presentaba  MARIO  CADENA  con los vecinos del sector, dejando cortos los argumentos por los  cuales  el  procesado  se encontraba aproximadamente a las 7:00 de la mañana en  el  lugar  de  los  hechos… Por tanto no es cierto que el a quo basó su fallo  ‘sin pruebas’   porque   le   fue  suficiente  la  declaración  rendida  por  Mario Cadena e igual consideró que la declaraciones  de  los  testigos  de  descargos  eran ‘subjetivizadas      (sic),      denotando      animadversión     y  enemistad’ en contra del  ofendido”.   

Así entonces, existe prueba contundente y  certera  que  demuestra más allá de toda duda que GUSTAVO ALMÉCIGA RODRÍGUEZ  fue  el autor de las lesiones causadas en contra de la humanidad de MARIO CADENA  PIÑEROS.   Situación   que   lleva  a  esta  Sala  a  confirmar  el  fallo  de  alzada”11.    

Por      otra     parte,       se      resaltan      algunos  apartados,  expuestos por el  Juez de conocimiento:   

Bajo el presente contexto, los testimonios  escuchados  y  los  conceptos  médicos  de  los  galenos  que en su oportunidad  evaluaron  al  afectado,  devienen  unívocos  a  revelar  que el comportamiento  agresivo  desplegado por GUSTAVO ALMÉCIGA RODRÍGUEZ, concluyó en las lesiones  ocasionadas  al  señor  Mario  Cadena  Piñeros  y  que  han  sido  ampliamente  explicadas en precedencia.   

…  cuando  la  defensa   intentó   restarse  credibilidad  a  lo  afirmado  por  la  víctima,  sosteniendo  que  pudo  haber  sido el mismo Mario Cadena quien se ocasionó las  lesiones  creando  un  escenario netamente imaginativo, pues aduce el togado que  al  no  existir testigos de los acontecimientos, como tampoco la incautación de  los  elementos contundentes con los que la víctima dice fue agredido y de igual  forma  la  ropa  que  éste  vestía el día de los hechos y que según su dicho  resultó  rasgada  y  ensangrentada,  no  se  había  logrado  demostrar  que su  prohijado  era  el  responsable de esa agresión, siendo necesario recordarle al  abogado  defensor  que  en el sistema penal acusatorio no existe la tarifa legal  probatoria,  por  lo  tanto  la inexistencia de testigos presenciales aparte del  ofendido  y  la  no  incorporación  de  los  elementos  que anotó,   no  desvirtúan  el  testimonio  del  denunciante   quien   fue   claro,  veraz,  contundente  y  coincidente  con  lo  manifestado  tanto  en la audiencia de juicio oral como en la noticia criminal y  la   entrevista  que  presentara  con  anterioridad12.        (Todos los subrayados fuera de texto).   

El libelista en forma individual se opuso a  las  valoraciones  de los juzgadores, sin temática casacional alguna, obviando,  vertebrales  argumentaciones como lo era explicar porque pretende incentivar una  tarifa  legal  negativa  excluida  de la normatividad colombiana al decir que la  víctima  no  puede en ningún momento ser testigo presencial, lo cual, de suyo,  se  muestra  extraño,  absurdo  e  incoherente,  tal  como  se lo hizo notar el  funcionario de primer nivel.    

Octavo:   vicios   comunes   a   las  dos  censuras: el defensor en ninguno de sus ataques expuso  como  lo  exige la jurisprudencia, las consecuencias de las violaciones a la ley  sustancial    por   él   demandadas,   contra   el   fallo   del   Tribunal Superior de Bogotá.   

Con tal proceder  adecuó  sus  propuestas  al   sofisma  de  petición de principio, el cual  enseña,  en  sus diversas manifestaciones epistemológicas, que no se puede dar  por   demostrado   lo   que   le  es  exigible  probar  al  recurrente  en  sede  extraordinaria,  por  ello,  dejó  a  un  lado la parte más fundamental de los  ataques.       

En  efecto:  el  profesional  del  derecho  ignoró   el  postulado  de  trascendencia,  en  las  censuras alegadas, en cuyo efecto, abandonó su cometido  desde  la  misma presentación, pues aunque se refirió al axioma en comento, no  lo  desarrolló  a  tono  con  sus  pretensiones;  luego, siempre será, en esas  precisas  condiciones,  imposible  constatar  alguna  proposición, pensamiento,  teoría  o  premisa  jurídica;  menos  aún,  las  confutó  de  manera lógica  argumentativa  con  el  plexo  probatorio y por el contrario, inundó su escrito  con  ensimismamientos  individuales e hipotéticos: con esa omisión sustancial,  se muestra anodina la eficacia de sus expectativas jurídicas.   

Siendo  ello  así,  el  daño propuesto se  exhibe  efímero,  por  cuanto  el  aludido  principio jamás se acredita con la  repetición  de  los argumentos diseñados en la parte motiva del libelo y menos  aún  –como en el presente  caso-  dándolos por acreditados o excluyéndolos en forma total o parcial de la  argumentación;  la  demostración  del  yerro  evocado, será, pues, el reflejo  latente  de  las consecuencias jurídicas reveladas con la violación demandada,  para  luego,  correlacionarla,  en  su  esencia,  con  un precepto del Bloque de  Constitucionalidad,  la  Constitución  o   la  norma  llamada a regular el  caso.   

El memorialista en títulos apartes anunció  que  iba  a  hablar  de la trascendencia de los cargos elevados, sin embargo, su  intención  exclusivamente  se  quedó  en  superficiales ensayos, contenidos de  afirmaciones  subjetivas  e intangibles, pretendiendo, a la vez, que la Corte le  resuelva  sus  perplejidades  procesales,  todo  lo  cual,  es  insostenible  en  cualquier instancia judicial y mucho más en sede extraordinaria.   

La Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la legalidad de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo racional,  ordenado  y sistemático, en donde paso a paso se vaya abatiendo la credibilidad  otorgada  por los juzgadores a los medios, si se selecciona la vía indirecta; o  quizás  la  directa,  cuando  el  recurrente exponga con una temática judicial  contundente   que   las  instancias  desbordaron  el  juicio  de  aplicación  o  comprensión  normativa  del  derecho  en  relación  con  los  hechos y pruebas  aceptadas en su valoración.   

Así  las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  las  demandas jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues  no  le  corresponde asumir la tarea cuestionable propia de los recurrentes, para  complementarlas,  adicionarlas  o corregirlas, máxime cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Sala,  de  ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla    en    un   debate   eterno,   propio   de   escritos   de   libre  importe.   

Otro   de   los  postulados  del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera la exclusiva voluntad del demandante, más no se exponen de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No    es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas de mayor relevancia13; por tanto, si la Sala entra  a   solucionar   todos   los  defectos  contenidos  en  el  libelo  –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por  las  partes en el proceso, para luego  entrar  a  decidir  el  problema  de  fondo: lo cual es absurdo, inconveniente e  incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que el impugnante  presentó  alegaciones  producto de sus exclusivas percepciones del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto   casacional;   circunstancia   por   la  cual,  la  Corte   inadmitirá  la  demanda  presentada  a  nombre  de  GUSTAVO  ALMÉCIGA  RODRÍGUEZ.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  adquiridas  por los intervinientes, como para superar los defectos y  decidir  de  fondo,  según  lo  impone  la  preceptiva del inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Mecanismo   de   insistencia:   

Puede  ser  promovido  por  el  recurrente,  dentro  de  los  cinco  días  siguientes  a  la notificación del proveído que  resolvió   inadmitir   la   demanda,   con   el   objeto   de  reconsiderar  lo  decidido14,  siendo potestativo de los funcionarios ante quienes se reformula,  optar  por  someter  el  caso  a  nuevo  escrutinio  de  la  Sala  o rechazar la  petición;  si  se presenta el segundo evento, se informará al interesado en un  plazo  de  quince días; por último, su no selección trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia atacada, salvo que prospere y permita su acogimiento,  motivo esencial para citar a audiencia de sustentación.   

Con fundamento en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre de GUSTAVO  ALMÉCIGA  RODRÍGUEZ,  por las razones aducidas en la  parte motiva del presente proveído.   

Segundo:  Contra  la no  selección      procede     el     mecanismo     de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso  2° del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004, en los términos puntualizados en el  acápite final de esta determinación.   

Tercero:           Cópiese,         comuníquese,           cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

             

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO   ALBERTO  CASTRO  CABALLERO              

                                  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                              LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO     ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  decisiones  de primera y segunda instancia se promulgaron el 30 de marzo y 17 de  agosto de 2011, respectivamente.   

2 Ver  folio 40, carpeta.   

3  Según  los  artículos  111  y  112, 1º; 113, 2º y 3º y 117 de la Ley 599 de  2000.   

4 Ver  folio 54, ibídem.   

5  Ibídem, 38.   

6  Ibídem, 39.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia:  radicado:  25.565 (8-6-06).   

8 Corte  Suprema     de     Justicia,     mismo     sentido:     radicado    25.248     (10-5-06),    15.488    (16-7-01)   y   24.026 (20-10-05).   

9  La  forma  lógica  y  argumentativa  en  sede  extraordinaria  para  presentar  una  demanda,  entre otros motivos, no se traduce en formularle preguntas a la Corte,  de  cómo  pudo  o  no  ser  tratado  algún  tema  o  explicitando  aquellas  falencias  advertidas  por los  recurrentes  a  manera  de  resolver  un  interrogatorio  o  cuestionario;  ello  encierra  más  bien, un verdadero análisis demostrativo, en donde paso a paso,  el  profesional  del  derecho  vaya  demeritando  y degradando la presunción de  acierto  y  legalidad  que  viene  atada  a  las  decisiones  proferidas por los  funcionarios que administran justicia.       

10 Corte  Suprema    de    Justicia,    mismo    sentido,   ver   sentencia   15.223    de    12    de   febrero   de  2002.   

11 Ver  folios 23 y s.s., c.o. segunda instancia.   

12 Ver  folio 69, carpeta instancia.   

13 En  casos  excepcionales, por ser ostensibles, manifiestos, notorios y evidentes los  desafueros  de  los  juzgadores   esta  judicatura,  por mandato de la ley,  franquea los errores.   

14  Opera  oficiosamente para los Procuradores Delegados en Casación, excepto si el  demandante  es el Ministerio Público del Tribunal, el Magistrado disidente o el  que  no  haya  participado  en  el  debate  ni  suscrito  el  auto  inadmisorio.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *