37647(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 376  

Bogotá,  D.C.,  diez (10) de octubre de dos  mil doce (2012)   

V    I   S   T   O  S   

Procede la Sala a verificar los requisitos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el  defensor de NILSON ROJAS RODRÍGUEZ.   

H E C H O S  

Fueron   expuestos   por  el  a quo en estos términos:   

“Tuvieron  ocurrencia  a eso de las 14:55  horas  del  día  8  de  agosto de 2010, en el sector denominado como piedra Los  Libertadores,  a  un costado del establecimiento con razón social “Cabaña de  Joaco”,  cuando  agentes de la Policía Nacional luego de haber sido alertados  de  una  persona  que  se  encontraba  deambulando  por  el  sector  en  actitud  sospechosa,   dan  captura  al  señor  NILSON  ROJAS  RODRÍGUEZ,  a  quien se le practicó requisa y se le  halla  en  la  parte  interna  de  su  pantalón  una sustancia pulverulenta con  características    similares   al   bazuco,   con   un   peso   neto   de   3.5  gramos.”   

A N T E C E D E N T E S  

El  9  de  agosto  de  2010  ante el Juzgado  Segundo  Promiscuo  Municipal  de  Control  de  Garantías  de  Puerto  Inídira  (Guainía),   se   llevó   a   cabo  audiencia  de  legalización  de  captura,  formulación   de   imputación   y   solicitud  de  imposición  de  medida  de  aseguramiento  por  la conducta punible prevista en el artículo 376 del Código  Penal,  esto  es, tráfico, fabricación o porte de estupefacientes, oportunidad  en   la   que  NILSON  ROJAS  RODRÍGUEZ  se     allanó    a    los    cargos.1   

2.  El  19  de noviembre de esa anualidad el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito con función de conocimiento de Villavicencio  (Meta),  realizó  audiencia  de  verificación  y  aprobación de allanamiento,  individualización  de  pena  y  sentencia,  dictando  fallo  a través del cual  sancionó  al  citado  con la  pena  principal  de  treinta  y  tres  (33)  meses de prisión y la accesoria de  inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas por el mismo término, como  autor  responsable  del  delito  consagrado  en  el  artículo  376 del Estatuto  Punitivo.  El  estrado judicial se abstuvo de imponer la pena de multa, negó la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y concedió la prisión  domiciliaria.2   

3.  Apelada  esta  determinación  por  la  defensa,  fue  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Villavicencio  -Sala Penal-, el 3 de agosto de 2011.3   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor del procesado, al amparo de la  causal  segunda  de casación prevista en el artículo 181, numeral 2, de la Ley  906  de  2004,  presenta  un  cargo único   contra   la   sentencia   de   segunda   instancia  alegando  el  desconocimiento  del  debido proceso por afectación sustancial de su estructura  que  condujo  a  la  violación, entre otros, del preámbulo y de los artículos  16,  29  y  288  de  la  Constitución Política, 11 del Código Penal y 351 del  Código de Procedimiento Penal.   

Dice que esta Corporación ha sostenido que  es  viable decretar la nulidad del fallo y disponer la absolución del imputado,  si  se  está  ante  una  aceptación  de cargos en la que resulta discutible la  antijuridicidad  material  de la conducta y su lesividad. Es una situación que,  en  su  sentir,  se  configura  en  este  caso,  toda  vez  que  la  cantidad de  estupefaciente  incautado  sobrepasó  en  forma  mínima  la dosis personal. En  estas  condiciones,  estima,  aunque se produjo una trasgresión de la norma, no  se  materializó  un  daño  efectivo  al bien jurídico tutelado que amerite la  imposición  de una pena, por manera que el Estado debe declinar el ius  puniendi  y privilegiar la carencia  de antijuridicidad material.   

A   partir   de   la   cita   de   varios  pronunciamientos  de la Corte Constitucional y de la Sala sobre el tema, afirma,  es  criterio  definido  que  en  los  casos  en  que se porta estupefacientes en  cantidad   comprendida   dentro  de  la  dosis  personal,  o  cuando  se  supera  ligeramente  ese tope, siempre que sea para el propio consumo, la conducta ha de  entenderse  como  la  de un fármaco dependiente que no está sujeta a sanción,  pues  no  coloca  en  peligro  a terceros, y no puede el Estado intervenir en el  daño  autoinflingido,  por  el  respeto  que debe guardar hacia la voluntad del  individuo   y   su   derecho  al  libre  desarrollo  de  la  personalidad.    

En  ese orden, asevera, el procesado no fue  sorprendido  realizando  una  conducta diferente a la de portar o llevar consigo  sustancia  estupefaciente,  se  trata de un consumidor, y la cantidad que le fue  hallada  sólo  superó en 2.5 gramos la dosis personal. Así, en este evento se  afectó  el debido proceso, ya que “la verificación  de  la  aceptación  de  cargos  no  dependía únicamente del acuerdo, sino que  necesariamente  se  requería  de  la  verificación  del  juez  de  control  de  garantías  y  del  juez de conocimiento para que de este no se derivase ninguna  violación  material  y procesal”. Por consiguiente,  solicita  se anule el fallo y se emita sentencia absolutoria ante la ausencia de  antijuricidad material y lesividad en la conducta ejecutada.   

  CONSIDERACIONES DE   LA  CORTE   

1.  La  Ley  906  de  2004,  en  su artículo 184, prevé una serie de  requisitos  para  que el recurso extraordinario de casación sea conocido por la  Sala,  exigencias  formales  y  sustanciales  que  en  el evento de no concurrir  conducen  a  que  la  demanda  no  sea  seleccionada para su estudio. Uno de los  supuestos  relacionados  en dicha norma, con tal efecto, es cuando el impugnante  carece  de  interés.  Esto  significa,  que  solo  hay  viabilidad  de  cuestionar  las  decisiones emitidas  durante  el transcurso de una actuación judicial, a través de los recursos, en  el evento que afecten a los involucrados en ellas.   

Ahora   bien,  tratándose   de   los   mecanismos de terminación anticipada del proceso, es evidente que el  interés   para  recurrir  se  encuentra  restringido  en  atención  a  que  el  reconocimiento  expreso  de  responsabilidad  por  parte  del  implicado lleva a  prescindir  de  las  etapas  ordinarias  del  procedimiento,  a  cambio  de  una  disminución   punitiva.   Así  las  cosas,  no  hay  lugar  a  cuestionar  con  posterioridad   esa   aceptación,   ya   que  tal  postura  se  asimila  a  una  retractación  que  de  llegarse  a admitir desquiciaría la lógica que orienta  esta   forma   de   culminación   de   la   actuación,   pues  replantear  ese  reconocimiento,   desnaturalizaría   el   instituto  con  el  que  se  pretende  racionalizar  la  labor  de  la  administración  de  justicia  a  la hora de su  despliegue,  siendo  este uno de los pilares en que se sustenta el sistema penal  de  tendencia  acusatoria  vigente  en  nuestro  país  en  forma  gradual desde  2005.    

Por  lo  anterior, el legislador ha previsto  que  tratándose  de  la  modalidad de terminación anticipada de la actuación,  consistente  en  el  allanamiento  a  los  cargos efectuados en la diligencia de  formulación   de   imputación,   el   trámite  sobreviniente  es  enviar  las  diligencias  al  juez  de  conocimiento,  el  cual,  una  vez  verifique  que la  aceptación     es     libre,    voluntaria    y    espontánea,    “procederá   a  aceptarlo  sin  que  a  partir   de   entonces   sea   posible   la   retractación  de  alguno  de  los  intervinientes,  y  convocará  a  audiencia  para  la  individualización     de    la   pena   y   sentencia”.4   

En  estas  condiciones, el allanamiento a la  imputación,  en tanto medie la plena preservación de las garantías procesales  en  los  términos  indicados,  no admite posibilidad alguna de retractación y,  por  tanto,  una proposición semejante en orden a la incoación de recursos que  impliquen  dicho  efecto,  ha de reputarse carente de interés jurídico para su  postulación.   

En consecuencia, la posibilidad de la defensa  para  impugnar  este  tipo  de  decisiones,  por  vía  ordinaria (apelación) o  extraordinaria  (casación),  está  limitada  a  la controversia respecto de la  dosificación  de la pena, a los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de  la  libertad, a la incongruencia entre lo acordado y lo resuelto y, desde luego,  a  la  denuncia  de  transgresiones a las garantías fundamentales del procesado  pero,  en  este  último  evento,  la censura en cuanto a la vulneración de los  derechos  al  debido  proceso  o  a  la  defensa  no puede involucrar cuestiones  probatorias5.   

2. Con estas precisiones, se tiene que en el  presente  asunto el control respecto de la legalidad de la aceptación de cargos  fue  realizado  por el Juez de Control de Garantías, ante el cual se manifestó  el  reconocimiento  de responsabilidad quien no efectuó tacha alguna, luego fue  corroborado   por  el  Juez  de  Conocimiento,  que  verificó  la  ausencia  de  vulneración  a  las  garantías  fundamentales,  y, así, procedió a emitir la  sentencia respectiva.   

Tales circunstancias, entonces, develan cómo  a  través  del  recurso  extraordinario  se pretende una retractación de dicho  allanamiento;  en consecuencia, no tiene interés el demandante para formular el  cargo  único que por nulidad  invoca  y  ello  conduce  a  la inadmisión   de   la  demanda  por  tal  motivo,  según  lo  ha  indicado  la  jurisprudencia       de       esta       Sala.6   

Lo  anterior,  se  insiste, toda vez que la  única   censura  que  formula  el  recurrente  comporta  una  retractación  al  allanamiento  de  cargos  avalado  por el juez de conocimiento, al postularse de  manera  genérica,  a  partir  de  la  jurisprudencia,  que  el  procesado no es  responsable  por  la  conducta  investigada,  siendo  un  tema  cuya  discusión  declinó  voluntariamente  al  aceptar la imputación de la Fiscalía, decisión  para  la  cual  estuvo  asistido  por  su  defensora pública, quien lo asesoró  respecto  de  las  consecuencias de tal determinación, como tuvo oportunidad de  verificarlo   la   administración   de   justicia7.   

Así mismo, el reproche pasa por alto que en  este  asunto  el  Tribunal  determinó  expresamente la lesión efectiva al bien  jurídico,  por  ende  la  antijuricidad  de  la  conducta,  y  ningún esfuerzo  argumentativo   se   efectúa  para  acreditar  un  yerro  trascendente  en  esa  apreciación,   referida   a   que  el  estupefaciente  hallado  a  ROJAS  RODRIGUEZ  estaba  destinado a su  distribución y no al consumo personal:   

“Descendiendo   al   caso  concreto,  y  contrario  a  lo  concluido  en otras oportunidades por esta Corporación, no es  dable  en  este  caso  primero señalar que la sustancia incautada al procesado,  apenas  excede  la  dosis  personal, como quiera que la sobrepasa en 2.5 gramos,  equivaliendo  el  estupefaciente  que portaba, (sic) a tres y media dosis, de lo  cual  no es preciso aseverar que no conocía la ilicitud de la conducta, máxime  cuando  ha  sido reiteradamente judicializado por la comisión del mismo punible  por el que aquí se le acusa.   

Además, las circunstancias en medio de las  cuales  fue  sorprendido el procesado, infieren la utilización del alucinógeno  para  el microtráfico y no para el consumo, pues no se dan las características  propias  de  quien  está  presto a consumir bazuco (habitualmente envuelto como  cigarrillo),  sino  que portaba la cantidad en un pequeño paquete, sin aducirse  probatoriamente  que es consumidor de este tipo de sustancias, por el contrario,  según  dan  cuenta las investigaciones penales que han cursado en su contra, se  avizora   que   ha   sido   un   traficante   menor  de  esta  clase  de  drogas  ilícitas.”8    

De  esta  manera,  es  claro  que  en  la  actuación    no   se   desconocieron   las               garantías              fundamentales,       puesto       que       los  sentenciadores,  a  partir  del  reconocimiento  de  responsabilidad  efectuado por el procesado  de  manera  espontánea  y sin   apremio   de   ninguna   índole,  desecharon  la  premisa  relativa  a  que  la  droga  incautada     correspondía     a     la     dosis  personal,   ya  que  la  cantidad  que le fue hallada  superaba    por   más   del   doble   el   límite  permitido9,         se         concluyó  por  las  circunstancias  que  rodearon   la  captura  que  estaba  destinada  a  su  comercialización             y, por tanto,  la  conducta  trasciende el  fuero   interno  de  ROJAS  RODRÍGUEZ  al resultar apta para lesionar o poner en  peligro      los      intereses      jurídicos      tutelados      mediante  la  prohibición  del porte de  estupefacientes.10   

3.  Se       reitera,       entonces,      que      se      inadmitirá la demanda, puesto que apareja  una  velada retractación de lo aceptado al pretender retrotraerse la actuación  al  debate  propio  de  las  instancias,  por  cuestionarse la antijuricidad del  delito,  escenario ajeno a la dinámica propia de los mecanismos de terminación  anticipada  del  proceso penal, a la causal de nulidad invocada y, en todo caso,  inane  a  la hora de pretender acreditar un error trascendente en la providencia  atacada.   

Aunado  a  ello,  tampoco  se  avizora  la  necesidad  de  superar  los defectos del libelo con el fin de corregir de manera  oficiosa  alguna  violación  a  las  garantías fundamentales. Eso sí, vale la  pena  anotar que se llama la atención al juzgador de primera instancia para que  a  futuro  tenga  en  cuenta que no puede prescindir oficiosamente de imponer la  multa,  que  en  el  delito  por  el  cual  se  procede está prevista como pena  principal  junto con la prisión, ya que la evaluación sobre el particular para  la  ulterior extinción de esta sanción penal, corresponde por regla general, a  los   jueces   de   ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad11. Igualmente,  se  recuerda  que  tratándose  de  la  sustitución de la pena de prisión, por  prisión  domiciliaria, los requisitos demandados para el efecto en el artículo  38  del  Código  Penal  son  concurrentes  y  no  alternativos, según pareció  entenderlo          el          funcionario12.  Estas  falencias, conforme  el  criterio  mayoritario  de  la  Sala,  no  pueden  corregirse  en  virtud del  principio  de  la  no  reformatio in pejus13,  pero  el  mismo,   no   releva   de   hacer   la   precisión  correspondiente.   

4. Cuestión adicional   

Toda   vez  que  contra   la   decisión   de   inadmitir   la   demanda  de  casación   

procede el mecanismo de insistencia según lo  establece  el  artículo  186  de  la Ley 906 de 2004, es necesario precisar que  como  dicha  legislación  no  regula  el trámite que ha de regir ese instituto  procesal,   la   jurisprudencia   de   la   Sala   ha   fijado   los  siguientes  lineamientos14:   

a)  La  insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el demandante, dentro de los cinco días  siguientes  a  la  notificación del auto por medio del cual la Sala inadmite la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  promovido  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por   el  Procurador Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda, o bien ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público   ante   quien   se   formula  la  insistencia,  someter  el  asunto  a  consideración  de  la  Sala o no hacerlo, evento este último que se informará  al peticionario en un plazo de quince días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

PRIMERO:  INADMITIR     la   demanda   de   casación   presentada   por   el defensor de  NILSON       ROJAS       RODRÍGUEZ.   

SEGUNDO:  De conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de  la  Ley 906 de 2004, contra la determinación adoptada en el numeral anterior es  viable la interposición del mecanismo de insistencia.   

Cópiese,        comuníquese y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                    JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folio 4 y siguientes carpeta actuación   

2  Fl. 53 y s.s c.a   

3  Fl 11 y s.s Cuaderno Tribunal   

4  Ley  906  de  2004,  artículo  293,  subrayas  de la  Sala   

5  Cfr.   Rad.  31531,  sentencia  de  8  de  julio  de  2009   

6  Cfr.  Rad.  24667,  auto  de 6 de abril de 2006, Rad.  28433,  auto  24 de julio de 2007, Rad. 28772, auto de 30 de enero de 2008, Rad.  35369, auto de 9 de diciembre de 2010, entre otros.   

7  Incluso,  durante  la  audiencia  de  formulación de  imputación,  previo  a  la aceptación de responsabilidad, la defensa solicitó  un  receso de diez minutos para instruir al procesado sobre el alcance jurídico  del  allanamiento,  a  lo cual se procedió de conformidad (Cfr. Récord 30:00 y  s.s, primera grabación).   

8  Fl.  6  sentencia segunda instancia / Fl. 58 Cuaderno  Tribunal   

9  Conforme  la  Ley 30 de 1986, artículo 2, literal j,  la  dosis  personal  de  cocaína  y  sus  derivados corresponde a un (1) gramo.   

10  Cfr.  Rad.  23609,  sentencia  de  1  de  febrero  de  2007   

11  Ley  906  de  2004, artículo 38. Sobre el tema puede  consultarse  Corte  Constitucional,  sentencia  C-185  de  16  de  marzo de 2011   

12  El  a  quo,  aún  cuando  advirtió  que  en  este  caso  no se cumplía con el  factor  objetivo  contemplado  en  el  Código  Penal  para  la  concesión  del  subrogado,  no tuvo reparos para otorgarlo, al estimar un diagnóstico favorable  respecto del factor subjetivo.   

13  Rad.  24066,  auto  de  22 de noviembre de 2005, Rad.  23496,  sentencia  de  9  de  febrero de 2006, tesis reiterada en el Rad. 34253,  sentencia de 24 de noviembre de 2010   

14  Rad.   24322,   auto   de   12   de   diciembre   de  2005     

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