37183(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  37183   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 139.   

Bogotá D.C., abril dieciocho (18) de dos mil  doce (2012).    

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  la  admisión  del  libelo  de  casación presentado por el defensor de GERMÁN  ROMERO PÉREZ contra el fallo de  segundo  grado  proferido  por  el  Tribunal Superior de Neiva el 31 de marzo de  2011,  confirmatorio  del  dictado  por  el  Juzgado Adjunto al Quinto Penal del  Circuito  de la misma sede el 11 de junio anterior, mediante el cual condenó al  mencionado  como  autor  penalmente responsable del delito de homicidio agravado  en  la  persona  de  Rogelio  Ortiz  Osso.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  ad   quem  en  el  fallo  impugnado, de la siguiente forma:   

“Origina  la  presente acción el acta de  inspección  de  cadáver  de  Rogelio Ortiz Osso, quien falleciera a eso de las  dos  de  la mañana del 24 de octubre de 2004, en la vía pública del municipio  de  Iquira  (Huila),  al resultar impactado con un proyectil de arma de fuego en  momentos  en  que  era conducido por miembros de la Policía Nacional al Comando  de  la  institución,  luego  de haber sido aprehendido en la cancha de minitejo  ‘La Castalia’      de      la      mencionada  localidad”.   

Por  los  hechos  anteriores  se dispuso la  apertura  de instrucción penal, a la cual fue vinculado, mediante diligencia de  indagatoria,   el   comandante   de   la  estación  de  Policía  del  referido  municipio,    GERMÁN   ROMERO   PÉREZ,   y   los  uniformados  Heymar  Yobany  Yustres  Chambo  y Mauricio  García  Motta,  a quienes se resolvió su situación  jurídica  el  18  de  junio  de  2005,  imponiendo  medida  de aseguramiento de  detención  preventiva, sin beneficio de libertad provisional, al primero de los  mencionados  por  el delito de homicidio y absteniéndose de decretarla respecto  de los demás.   

Clausurada   la   etapa  instructiva,  se  calificó  su  mérito  el  10  de mayo de 2006 con resolución de acusación en  contra  de  ROMERO  PÉREZ  “como  posible responsable del homicidio de Rogelio  Ortiz  Osso,  conducta  sancionada  en  el  Libro  Segundo  del C.P., Título I,  capítulo  segundo, artículo 103” y con preclusión  de   investigación   en   favor  de  Yustres  Chambo  y García Motta.  La  anterior  determinación  fue  confirmada  el  2  de  agosto  siguiente  por  la  Fiscalía  Primera  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de  Neiva.         

Para el adelantamiento de la fase del juicio  la  actuación se asignó al Juzgado Quinto Penal del Circuito de Neiva, ante el  cual  se  surtieron  las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento.  En  cumplimiento  de  medida  de  descongestión  al mencionado despacho1, el asunto se  reasignó  al  Juzgado Adjunto al Quinto Penal del Circuito de la misma sede, el  cual  profirió  fallo  de  primer  grado por cuyo medio condenó a ROMERO  PÉREZ  a  la  pena principal de  ciento   sesenta   y   ocho  (168)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término,  al  encontrarlo  autor penalmente responsable del delito de homicidio  por el cual fue acusado.   

En la misma oportunidad, lo condenó al pago  de  perjuicios en las sumas estipuladas y le negó el subrogado de la condena de  ejecución   condicional   y   el   sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria.   

         Impugnada  la  sentencia por la defensa, el Tribunal Superior de la  misma ciudad la confirmó el 31 de marzo de 2011.   

         Contra  el  fallo anterior, el defensor  del   sentenciado   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual  sustentó  mediante demanda, de cuya admisibilidad se ocupa la Sala.     

LA  DEMANDA   

         En  su  interior  se  formulan  cuatro  cargos  contra  el fallo de  segunda  instancia.   Los  tres  primeros al amparo de la causal tercera de  casación  contenida en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000 por nulidad de la  actuación  procesal  y,  el  último, con sustento en la causal primera, cuerpo  segundo,  a  consecuencia de un error de derecho por falso juicio de convicción  en la apreciación probatoria.   

         Primer  cargo  (principal).  Nulidad  por falta de competencia de la  jurisdicción ordinaria:   

         Para  el  actor, la irregularidad está sustentada sobre la base de  que  no  se  siguió  el  trámite  de ley dispuesto por el Tribunal Superior de  Neiva en su decisión del 13 de octubre de 2006.   

         En  dicha  determinación,  aduce, se ordenó enviar el asunto a la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura con el  objeto  de  tramitar una colisión de jurisdicciones, conforme lo establecido en  el  artículo  95  de  la  Ley  600  de 2000, disponiéndose la remisión de las  diligencias pertinentes para su trámite.   

Lo  anterior implicaba, asegura, enviar las  diligencias  al  juzgado castrense para que con los elementos de juicio obrantes  se  pronunciara  sobre  el particular, “pero ello no  ocurrió,  pues lo que se hizo de forma inmediata fue enviar el diligenciamiento  al Consejo Superior de la Judicatura”.   

A raíz del yerro, esta última corporación  no  entendió  el motivo del envío, considerando erróneamente que el conflicto  se  había  presentado entre la Fiscalía y el Juzgado 180 de Instrucción Penal  Militar,  cuando  ese  no  era  el  tema  de  su  intervención  y  “si  bien  es  cierto, que debió inhibirse del trámite para ese  momento,   no   debió  ser  fue  (sic)  en  virtud  a  que  no  se  sabía  la posición jurídica del juez  castrense   y   no   porque   carezca  de  facultad  o  norma  habilitante  para  entrabarlo”.   

Lo expuesto trajo como consecuencia no saber  cuál  es el juez natural que debió adelantar el juzgamiento, circunstancia que  también  erigió  vulneración  de  las  formas propias del juicio “al  haberse pretermitido el derecho a conocer la decisión de un  tercero  imparcial  (Consejo  Superior de la Judicatura) frente a las posiciones  de    los    representantes    de    las    dos    jurisdicciones”.   

Ha debido, por tanto, el Consejo Superior de  la  Judicatura  no decidir la colisión y, en su lugar, devolver el proceso para  que fuera enviado a la jurisdicción castrense.   

En  consecuencia,  solicita  se  decrete la  nulidad  a  partir  del  auto  de  23  de febrero de 2007, por medio del cual el  juzgado  de  conocimiento  de la jurisdicción ordinaria acogió lo resuelto por  el  Consejo Superior de la Judicatura, pues esta autoridad ha debido enmendar el  vicio  enviando  las  diligencias  a  la  justicia  castrense para los fines del  conflicto.   

Finalmente  señala  que  no se trata de un  yerro  convalidable,  en  tanto se trata de un derecho constitucional que afecta  garantías del sindicado.   

Segundo  cargo  (subsidiario).  Nulidad  por  violación   del  derecho  de  defensa  por  desconocimiento  del  principio  de  investigación integral:   

El  reproche  recae  sobre  dos aspectos, a  saber:   

En primer lugar, porque en la actuación no  se  practicó  inspección  judicial  al lugar de los hechos con la presencia de  los  testigos,  de  cuya  importancia fue consciente la fiscalía instructora al  punto  de  disponer su realización el 20 de octubre de 2005, para  lo cual  notificó a las partes.   

No  obstante, el día anterior al señalado  se  dejó  constancia  secretarial  en el sentido de haber recibido información  del   centro  carcelario  de  Ibagué  sobre  la  imposibilidad  de  remitir  al  procesado,  cerrándose  la  investigación,  al  día  siguiente,  “sin  haberse  evacuado  esta  importante  probanza, que la misma  fiscalía decretó de oficio”.   

Contra  esta  decisión,  evoca,  interpuso  recurso  de  reposición  el  Ministerio  Público  pero  fue  confirmada por la  Fiscalía.  Posteriormente,  dentro del término establecido en el artículo 400  de  la  Ley 600 de 2000 la defensa solicitó la realización de la diligencia, a  lo  cual  no  accedió el juzgado de conocimiento mediante decisión que, al ser  apelada,  se  confirmó  por  el  Tribunal  el  13  de  octubre  de  2006,  tras  considerarla innecesaria.   

A  pesar  de  lo  anterior,  sostiene  el  casacionista,  la  inspección  judicial  era  de  vital  importancia  porque la  argumentación  de  la  Fiscalía plasmada tanto en la resolución de situación  jurídica  como  en  la  calificación  del  mérito  del  sumario  “se     edificó     frente    a    las    estaturas    de    los  procesados”,  punto  sobre el cual hizo énfasis el  dictamen balístico de Medicina Legal del 26 de diciembre de 2006.   

Esta  prueba,  añade,  omitida  por  las  instancias  “hubiese  permitido  con  un  carácter  técnico  acercarse  a  la  materialidad del hecho investigado, debido a que los  testigos  de  cargo  (Gerson  Yagué  Anacona, Gonzalo Anacona y Omaira Ospina),  hubiesen  establecido  la  distancia  de  su  observación…pues con el informe  técnico  se  descarta  que  la  estatura  de los justiciables se erija como una  máxima     prueba     de    su    inocencia    o    culpabilidad”.   

Si el funcionario judicial, agrega, hubiera  leído  el  informe técnico al que se hizo alusión habría decretado la prueba  “pues  era  de  vital  importancia,  descartar  las  estaturas  de  los  policiales  para determinar la autoría de los mismos en los  hechos de sangre”.   

Por lo tanto, solicita se decrete la nulidad  a  partir,  inclusive,  del  auto  que  convocó  a  audiencia preparatoria y se  practique    la    inspección   judicial   aludida.   

Y,  en segundo lugar, por cuanto el juzgado  de  conocimiento  no se pronunció sobre el memorial presentado por el procesado  por cuyo medio solicitó la cesación de procedimiento a su favor.   

No haber respondido este escrito, estima el  censor,  “hace  pensar  en la grave diferenciación  que  es  ofensiva  por lo discriminatoria, por delimitar linderos”,   sin   garantizar,   además,   “la  prohibición de indefensión”.   

El memorial, añade, contenía interesantes  planteamientos  que  a  juicio  del sindicado eran trascendentes para obtener su  liberación   por   vía   de   la   cesación   de  procedimiento  “que     mal    o    bien    debió    contestarse”.   

Con  fundamento  en  lo  expuesto,  depreca  “que  por este cargo se decrete la nulidad a partir  de  la  audiencia preparatoria, para que sea resuelto el memorial”.   

Tercer  cargo  (subsidiario).  Nulidad  por  violación al debido proceso:   

Para  empezar,  recuerda  cómo la presente  actuación  tuvo  inicio  cuando  la  Fiscalía  18 Secional de Neiva dispuso el  inicio  de  investigación  preliminar mediante resolución del 24 de octubre de  2004,  en  cuyo  numeral  tercero ordenó que los testimonios recaudados debían  ser judicializados.   

Sin  embargo, acota, esa orden fue alterada  por  la  Fiscalía Tercera Seccional al avocar conocimiento en la resolución de  26  de  octubre  de  ese mismo año donde dispuso que el investigador continuara  desarrollando  todas  las  labores  tendientes  al esclarecimiento de los hechos  recibiendo declaraciones a testigos.   

En  virtud  de  la  facultad  otorgada,  el  investigador   recibió  las  declaraciones  de  Flor  Ángela  Camacho  Cerquera,  Diego  Fernando  Quiñones  Osso,  Rodolfo Trujillo  Pimentel,  Amparo  Cedeño  Peña,  Francisco  Javier  Suárez  Pérez,  Gonzalo  Anacona  Osso,  Gerson  Yagué  Anacona  y  Omaira  Ospina  Chambo  y   recaudó   medios   de   convicción   de   índole  documental  “condensados  en  el  informe  No.  0628  del  9 de  noviembre        de        2004”.                    

Igual ocurrió, afirma, con el informe de la  Unidad  de Vida de la SIJIN de 24 de octubre de 2005, donde se indica al Juzgado  180  de  Instrucción  Penal  Militar  las pesquisas realizadas y el recaudo del  testimonio  de Pedro Reinel Dusan Sánchez.   

Estas    declaraciones,    sostiene   a  continuación,    no    fueron    objeto   de   ratificación,   ampliación   o  complementación  posterior  y, a pesar de ello, contrariando lo dispuesto en el  artículo  314  de  La  Ley  600  de  2000,  se  les  otorgó aptitud probatoria  sirviendo   de   soporte   para  la  resolución  de  situación  jurídica,  la  calificación  del  mérito  del  sumario  y las sentencias de primera y segunda  instancia.   

A  lo  sumo, de conformidad con la norma en  cita,  podían  servir  como  criterio  orientador de la investigación, pero al  concedérseles  valor  probatorio  se  incurrió  en irregularidad que afecta el  debido proceso.   

El vicio reseñado, añade, es trascendente,  “pues  por  medio del él justificó la imposición  de  medida  de aseguramiento, calificación y condena en contra de mi prohijado,  por  lo  que  se  impone  decretar  la  nulidad  de  lo  actuado”,  a  partir  del cierre de investigación  “para  que  se  rehaga  la  misma  y sean escudriñados por parte del operador  judicial  de forma imparcial, los pormenores        que  permitan  edificar  con  probabilidad de verdad el hecho histórico que nos  ocupa en el proceso”.   

Cuarto   cargo  (subsidiario).  Violación  indirecta  de le ley sustancial por error de derecho derivado de falso juicio de  convicción:   

Refiere  a  los  mismos  fundamentos  del  anterior  cargo  “a  efectos de que si se considera  que  no es dable acceder al mismo por la vía de la nulitación procesal, lo sea  por  la  vía  de  la  violación  indirecta,  el cual llevó a los juzgadores a  desconocer  el  inciso  final  del  artículo  314  del C.P.P., que consagra una  tarifación   mermada   al   testimonio   recaudado  a  por  medio  (sic)  de  los  funcionarios de policía  judicial”.   

Agrega  que  excluidas  las  declaraciones  indicadas  en  el  reparo  precedente,  la  única  probanza  que subsiste es la  vertida  “por  el olvidadizo Yagué Anacona, por lo  que  en el fallo de reemplazo quedará sometida a la crítica en su credibilidad  por  los jueces en casación y nos atenderemos a la misma, con el convencimiento  que   el   solo  dicho  de  este  (sic)  no    soportaría    una    sentencia    de   condena   en   contra  de     mi  prohijado, pues más es la incredulidad que la certeza  la que produce su lectura”.   

Con  fundamento en lo expuesto, solicita se  case  el  fallo impugnado dictando uno de reemplazo por cuyo medio se absuelva a  su  defendido  “por  aplicarse  a  su favor la duda  probatoria    contenida    en    el    artículo    7°   inciso   segundo   del  C.P.P.”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En    relación    con    los  tres  cargos  fundamentados en la causal de nulidad    importa   nuevamente   recordar       que      aun  cuando  esta  propuesta goza  de  cierta  flexibilidad,  exige un  mínimo     de     fundamentación    para que se tenga por adecuadamente formulada.   

         De   esa   forma,  ha  recalcado  esta  Sala,  es  preciso  que  se  identifique  con  claridad  el  motivo  sobre  el  cual  gira  la  irregularidad  advertida,  la  causal  de nulidad que procede como consecuencia de ese defecto,  las  normas  que  apoyan la pretensión, la trascendencia que genera, bien en el  marco  de  la  estructura del proceso o en el de las garantías fundamentales de  quien  la  invoca,  y el momento procesal a partir del cual se debe invalidar la  actuación,   así   como  la  indicación  del  funcionario  judicial  al  cual  corresponde rehacerla.           

         Y  algo  fundamental: también debe aflorar que se justifica acudir  a   este   remedio   extremo  por  cumplirse  los  principios  que  orientan  la  declaratoria  de  las  nulidades  consagrados  en  el artículo 310 del estatuto  procesal  a  saber:  taxatividad, instrumentalidad de las formas, trascendencia,  protección, convalidación, residualidad y acreditación.   

Por tanto, sólo en cuanto se verifique que  la  censura  reúne  los  anteriores condicionamientos se podrá concluir que se  ajusta  a  los  requisitos  previstos en el artículo 212 del mismo ordenamiento  para entrar a su estudio de fondo.   

         Pues  bien,  en lo que concierne al primer  cargo formulado en el libelo por falta de competencia  de  la  jurisdicción ordinaria para juzgar el asunto, es preciso indicar que la  propuesta  carece  de trascendencia en cuanto se advierte, de manera ostensible,  que  no  se  incurrió  en irregularidad alguna que socave principios como el de  juez  natural  y  debido  proceso  en  su noción amplia, según el casacionista  quebrantados con la supuesta irregularidad.   

En efecto, el actor aduce que se configuró  el  vicio  generante  de  la nulidad por cuanto no se siguió el trámite de ley  dispuesto  por  el  Tribunal Superior de Neiva en su decisión del 13 de octubre  de  2006  al enviar el asunto a la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la  Judicatura  con  el  objeto de tramitar la colisión de jurisdicciones, conforme  lo  establece el artículo 95 de la Ley 600 de 2000, sin remitir previamente las  diligencias  a  la  autoridad  castrense para que expresara su criterio sobre el  particular,  a  cambio  de  lo  cual,  optó,  de manera indebida, por enviarlas  directamente  a  dicha  corporación, quien se privó de conocer esos argumentos  que  hubieran  variado  lo  decidido  en  el  sentido de inhibirse de desatarlo.   

         Al  respecto,  lo  primero  sobre lo cual se debe hacer énfasis es  que  al  enviarse  al  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  la  totalidad  del  diligenciamiento,  como  se ordenó por el juzgado de conocimiento en el auto de  sustanciación    de    noviembre   10   de   20062,  acatando  la determinación  del  Tribunal,  es  claro  que  esa  corporación contó con todos los elementos  necesarios  para definir el problema, sin que fuera indispensable consultar a la  jurisdicción  castrense,  la  cual,  dicho  sea  de paso, ya se había mostrado  aquiescente    con    la    asignación    del   asunto   a   la   jurisdicción  ordinaria.   

         Otra   cosa  es  que  esa  corporación,  contando  con  todos  los  elementos  de  juicio  de  la  actuación, haya decidido inhibirse de desatarlo,  determinación       que       no       corresponde       a       esta      Sala  cuestionar.               

De cualquier forma resulta intrascendente la  propuesta,  porque  de  acuerdo con lo demostrado en el proceso es evidente que,  al  margen  de  la  autoría atribuida al comandante de la estación de policía  del  municipio  donde  ocurrió el fatídico suceso, el hecho que se juzga no es  de competencia de la justicia penal militar.   

En  efecto,  se  trata  de  la muerte de un  ciudadano,  por  disparo  de arma fuego, cuando era conducido por integrantes de  la  Fuerza  Pública  hacia  la  estación  de  la  localidad,  tras  haber sido  aprehendido por motivos que no aparecen suficientemente claros.   

Este  hecho  indiscutiblemente  tiene  los  elementos  de     una  ejecución  extrajudicial,  en  cuyo  caso  no   hay   lugar   a   predicar  el  fuero  militar,  al    romperse  totalmente el vínculo entre  el  hecho  delictivo  y  la  actividad  relacionada  con  el  servicio,  por  contradecir  en  forma  manifiesta los  fines   para   los   cuales   fue   constitucionalmente   instituida  la  fuerza  pública3.   

Por  razón  de lo expuesto, el cargo se inadmitirá.   

En  relación con  el  segundo  cargo sustentado en la causal de nulidad,  pero   esta   vez   por   violación  del  derecho  de  defensa  en  virtud  del  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral,  también refulge  diáfano que tampoco satisface la exigencia de trascendencia.   

Sobre el particular empiécese por señalar  que    el   principio   de   investigación   integral   aparece   regulado   en  los     artículos  20  y  234 de la Ley 600 de  2000,  bajo  cuya  cuerda se rigió la presente actuación, con antelación a la  reforma  introducida  con  el  Acto  Legislativo  03  de  2002  que modificó el  artículo  250  de  la  Carta  Política,  para  permitir la implementación del  sistema  penal  acusatorio  en  el  territorio  patrio,  con  el  cual se varió  sustancialmente  el  rol  de  los administradores de justicia dentro del proceso  penal, perdiendo vigencia el principio en cuestión.   

De  acuerdo  con este apotegma, como lo ha  advertido  de manera reiterada la Sala, el funcionario judicial ha de investigar  con  el mismo celo tanto lo favorable como lo desfavorable al procesado a riesgo  de transgredir el debido proceso y el derecho de defensa.   

Para demostrar su vulneración, también lo  tiene  sentado  la  Sala, no basta con relacionar las pruebas cuya práctica fue  omitida,  sino  que  es  preciso  señalar su fuente, conducencia, pertinencia y  utilidad,  amén  de  su  incidencia  favorable  en  los intereses del procesado  frente   a   las  conclusiones  del  fallo,  pues  la  omisión  de  diligencias  inconducentes,  dilatorias,  inútiles  o  superfluas  no  erige  menoscabo  del  derecho a la defensa.   

En  cuanto  a  este  último  aspecto  es  necesario  que  el  censor  demuestre  que  las pruebas echadas de menos, al ser  cotejadas  con  el  acervo probatorio, trastocan las conclusiones del fallo así  como  su  sentido,  razón  por  la cual resultaría imprescindible invalidar la  actuación  a  fin  de  allegarlas  y contar con la posibilidad de proceder a su  valoración.   

Tales condicionamientos no se cumplen en la  censura  objeto  de  estudio.  En  primer  lugar  porque,  como  se señaló, el  principio  refiere  a  la  omisión  injustificada  por  parte  del  funcionario  judicial  de  practicar  “pruebas”,  motivo  por  el cual no tiene cabida el  segundo  planteamiento  contenido  en  esta  censura originado en el hecho de no  haber  dado  respuesta  a un memorial presentado por el procesado por cuyo medio  solicitó  la  cesación  de  procedimiento  a  su  favor, lo cual eventualmente  podría  configurar  violación  del  derecho de defensa, específicamente de la  material,  pero no por razón del principio de investigación integral invocado.   

Al  margen  de  lo anterior, tal propuesta  también  se  torna intrascendente en cuanto cada uno de los aspectos planteados  por  el  procesado en el aludido memorial fue objeto de concienzudo análisis en  los   fallos   de  instancia,  verdadera  oportunidad,  dentro  de  la  fase  de  juzgamiento,  para  ocupase de esas temáticas, por tratarse del análisis de su  responsabilidad  penal  con  base  en  causales subjetivas, como así lo preciso  recientemente la Sala:   

“Sobre  el  particular,  solo  basta con  señalar  que  si  bien es viable deprecar la cesación de procedimiento en sede  de  juicio,  ella resulta pertinente en tratándose de las causales descritas en  el  artículo  39  del Código de Procedimiento Penal, cuya aplicación no exige  análisis   y  valoración  probatoria,  ejercicio  dialéctico  propio  de  una  decisión  de  fondo,  por  parte  del  funcionario  encargado  de  proferir  la  respectiva sentencia.   

Estas   condiciones,  como  las  razones  esbozadas  por  el  acusado desbordan completamente las hipótesis objetivas que  permiten  la  aplicación prioritaria de dicho instituto y, por el contrario, lo  que  se  hizo  fue  plantear  juicios  valorativos  y  subjetivos en torno a las  pruebas  producidas  en  juicio,  para  enervar  el  reproche  que en su momento  planteó   la   Fiscalía   en  contra  de  (…),  la  Sala  encuentra  que  la  sustentación para tales efectos es impertinente.   

En  tales  condiciones,  la  solicitud del  encausado   resulta   a   todas   luces   improcedente,   ya  que  se  trata  de  argumentaciones  que  han  de  ser  tenidas  en cuenta al momento de realizar el  análisis  sobre  el mérito de la causa, en los términos del artículo 232 del  Código  de Procedimiento Penal -Ley 600 de 2000-”4.   

Además, esta propuesta es incompatible con  la  de  la  primera parte de la censura, concerniente a la no realización de la  diligencia  de  inspección judicial en el lugar de los hechos, por lo que, para  salvaguardar  la  claridad  del planteamiento, atendiendo principios regentes en  materia  de  casación como, entre otros, los de autonomía y no contradicción,  ha  debido  postularlos  en  cargos independientes y por separado, a tenor de lo  normado   en   el   inciso   cuarto   del   artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000.   

Ello  explica  el  porqué  el  cargo, de forma por demás inadecuada  y         antitécnica,        contiene    dos    peticiones.    De   una  parte,   el  decreto  de  nulidad   “a  partir  de  la  audiencia preparatoria, para que sea resuelto el  memorial”,  acorde   con   el  planteamiento  de  la  segunda  parte  de la censura y, de otra, la  misma  solución a partir, inclusive,  del   auto   que   convocó  a  audiencia  preparatoria  para  que  “se  practique  la  inspección  judicial  aludida”,   correspondiente  a  la  crítica  desarrollada  en  la  primera  parte.   

Bastaría esa situación para inadmitir el  reparo,       por       intromisión       de       propuestas      conceptualmente  diversas  que afectan su  debida   comprensión   y  entendimiento,     en     menoscabo    de   los  principios  referidos  que  rigen  el ejercicio casacional,  pero  a ello se aúna que la pretensión contenida en la primera parte, esto es,  por  no  haberse  realizado la diligencia de inspección judicial, aun cuando se  acopla  a  los  lineamientos  del  principio invocado,  también carece de trascendencia.   

En  efecto,  revisado  el contenido de los  fallos  de  instancia  se  encuentra  que el juicio de  responsabilidad   en  contra  del  procesado  GERMÁN  ROMERO  PÉREZ  está  cimentado en copiosa prueba de  índole  testimonial,  indiciaria  y  documental,  cuyo  estudio  no  aborda  el  casacionista   en   perjuicio   del   éxito  de  su  pretensión,  por  circunscribir  su  propuesta  a la  práctica        de        la       mentada       inspección       judicial.   

Es   más,   en  cuanto  al  específico  propósito  que  persigue  con  la  práctica de dicha  diligencia  orientado  a constatar la estatura de los  implicados  en el hecho, se advierte inútil su práctica por cuanto   dicha   diligencia   fue  realizada  en  el  proceso5,    en  desarrollo  de  la cual se levantó un plano del lugar  de     los     hechos,    analizado    por  el Tribunal para ratificar que el disparo efectuado por uno de  los    subalternos   del   procesado,   corroborando  el   dicho   de   Pedro  Reynel      Dusan  Sánchez,   no  fue  a  la  humanidad  del  occiso6.      

Por  virtud  de  las falencias señaladas,  este reparo también se inadmitirá.   

Ahora    bien,    el    tercer  cargo formulado en la demanda con  fundamento  en  la  misma casual tiene sustento en que se otorgó credibilidad a  algunas  declaraciones  recibidas por Policía Judicial que, salvo el testimonio  de  Gerson  Yagué Anacona,  no  fueron  repetidas  en  la  actuación,  en contravía con lo dispuesto en el  artículo  314  de  la  Ley 600 de 2000, elementos sobre los cuales se fundó el  reproche  contra  su  defendido en la resolución de su situación jurídica, al  calificar  el  mérito  del  sumario  y  en  las sentencias de primera y segunda  instancia,   circunstancia   que,   a  su  juicio,  erige  quebranto  al  debido  proceso.   

         Se  advierte,  en  primer  lugar,  que  tal  planteamiento no tiene  cabida  en  la causal de casación pretextada en este reparo, pues, como ha sido  criterio  pacífico de la Sala, los vicios en la apreciación de la prueba no se  sancionan  con  la  invalidez  del  proceso,  como lo pretende en este reparo el  casacionista,  sino  con su segregación del acervo probatorio. En consecuencia,  la  causal  atinada       para proponer el defecto  no  era la tercera del artículo 207 del estatuto procesal, sino la primera, por  violación  indirecta  de  la ley sustancial, como la postula el libelista en el  cuarto cargo, a consecuencia  de  un  error  de  derecho  por  falso  juicio de convicción.      

En   relación  con  este  reproche  es  preciso  señalar  que  su  trascendencia,  para los  fines  del  recurso  extraordinario  de  casación,  no  está dada por        la       ponderación        de       los  elementos  probatorios  en  las  providencias  por  medio  de  las cuales se  resolvió  la  situación  jurídica  del  implicado  y  se  calificó  el  merito del sumario,  sino  por  su incidencia concreta frente a las declaraciones de  justicia  contenidas  en  el fallo, como así lo indicó la Sala en la siguiente  determinación,    cuyo    aparte   pertinente   se  transcribe:   

“De  manera  que  si  la  sentencia  se  elabora  con apoyo en informes de policía judicial a los cuales se les confiere  el  carácter  de  prueba,  se  puede  incurrir  en  infracción al principio de  legalidad  de  la  prueba,  pues  al apreciarlas, estando vedado hacerlo, se les  conferiría  una  eficacia  que la ley no les otorga (error de derecho por falso  juicio  de  convicción). Mas en sede de casación no  basta  tan  solo con denunciar ese tipo de defectos, como quiera que es menester  demostrar   la   influencia  de  ese  tipo  de  apreciaciones  indebidas  en  la  conclusión  final,  hasta  el  punto  que  de  eliminarse  el  vicio  el  fallo  resultaría    diametralmente   distinto   a   la   declaración   de   justicia  final”7    (subraya    fuera    de  texto).    

De   otro  lado,  los  fundamentos  del    reproche    no  se                    corresponden            totalmente    con    la   realidad   del  proceso,  situación  que resulta desconocedora del principio de corrección  material.   

Ciertamente,  sostiene  el actor, que las  declaraciones  de Flor Ángela Camacho Cerquera, Diego  Fernando  Quiñones  Osso,  Rodolfo  Trujillo  Pimentel,  Amparo  Cedeño Peña,  Francisco  Javier  Suárez  Pérez,  Gonzalo Anacona Osso y Omaira Ospina Chambo  y  la de Pedro Reinel Dusan  Sánchez  fueron  recibidas  por  investigadores  de  Policía  Judicial  y  que no fueron repetidas en la actuación a expensas de un  funcionario   judicial,   a   excepción  de  la  de  Gerson  Yagué  Anacona.   

Sin       embargo,  observa  la        Sala       cómo       las   declaraciones   de   Flor        Ángela       Camacho       Cerquera       y   Omaira   Ospina  Chambo,  a  diferencia  de  lo  señalado por el casacionista, sí fueron  recibidas  por  funcionario  judicial,  concretamente  por  el  Juzgado  180  de  Instrucción          Penal          Militar8.   

En ese orden de ideas, ha debido el censor  determinar  cómo  esas  dos  probanzas  no  tuvieron  ninguna  injerencia en la  construcción  de  los  indicios  por  parte  del juzgador en orden a inferir la  responsabilidad   de   ROMERO   PÉREZ  en  los  hechos.  No  haberlo  hecho  de  esa  forma, en tanto ello  constituye  la  incidencia  de  la  valoración  de  la  prueba mencionada en la  sentencia, determina la intrascendencia del reparo.   

La misma conclusión irrumpe a consecuencia  de  no  haber atacado en su totalidad la prueba fundante el fallo, en particular  las  atestaciones  de los uniformados, quienes desmienten al procesado sobre las  razones  que lo motivaron a acudir a la cancha de tejo en donde se encontraba el  occiso  Rogelio Ortiz Osso  y    de    donde    fue    sacado    abruptamente9;       pero,     muy  especialmente,  con  lo  narrado  por  Gerson Yagué  Anacona,  quien  asegura  en  sus diferentes salidas  procesales  haber  presenciado  cuando  el  aquí procesado deflagró el arma de  fuego     que     portaba    sobre    la  humanidad de Ortiz Osso.          

Para criticar este testimonio no resultaba  válido,  como  lo  hace el censor en la parte final del reparo, con simplemente  exponer  su  escueto  punto  de vista personal, limitándose a decir que olvidó  algunos  detalles, por fuera del marco de los errores de apreciación probatoria  viables en esta sede.   

En  virtud  de las falencias indicadas, se  inadmitirán estas dos censuras.   

         

En  suma, la decisión que se impone es la  de  inadmitir la demanda presentada por el defensor del incriminado GERMÁN   ROMERO   PÉREZ,  teniendo  en  cuenta  que el principio de limitación que regenta este medio extraordinario de  impugnación,  cuya  regulación  se encuentra en el artículo 216 de la Ley 600  de   2000,  impide  a  la  Corte  subsanar  las  incorrecciones  anotadas.    

        Adicionalmente,  porque  no  se  advierte  que se haya incurrido en  violación  de garantías fundamentales que reclame la intervención oficiosa de  la Sala.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del incriminado GERMÁN  ROMERO  PÉREZ,  por  las  razones  consignadas en la  anterior motivación.   

         Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                              FERNANDO                       ALBERTO                      CASTRO  CABALLERO           

SIGIFREDO                ESPINOSA  PÉREZ             MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                 

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            LUIS  GUILLERMO SALAZAR  OTERO              

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA              JAVIER ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1  Decretada  mediante  Acuerdo PSAA09-6743 expedido por la Sala Administrativa del  Consejo Superior de la Judicatura.      

2 Fol.  42 del c.o. 3.   

3 Así,  sentencias    C-358    de    1997    y    C-591    de    2005    de   la   Corte  Constitucional.   

4  Sentencia de marzo 10 de 2011, rad. 26948.   

5 Cfr.  Fol. 94 del c.o. l.   

6 Pág.  17 del fallo de segunda instancia.    

7  Sentencia de noviembre 10 de 2004, rad. 20429.   

8 Cfr.  Fols. 94 y 98 del c.o. 1.   

9  A  partir de la pág, 13 del fallo de segunda instancia.      

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