34981(12-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 34981  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado   Acta:  121.      

Bogotá, D. C, doce (12) de abril de dos mil  doce (2012).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación        discrecional       presentada  por  la  defensora  de  ARMANDO  TRUJILLO  MARINEZ,  contra  el  fallo proferido por el  Tribunal   Superior   de  Neiva     (Huila)1,  el  cual    confirmó   con  modificaciones  la  sentencia  adoptada  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad, que  lo   condenó  a  la pena de cincuenta y tres (53) meses  de        prisión,       como       autor   del   delito   de   actos     sexuales     con    menor    de    14    años,           agravado.   

H    E    C    H   O   S   

El  8  de  octubre  de  2006,  Mercedes  Leiva  Ramírez, denunció que en  el  municipio  de  Yaguará en el departamento del Huila, región donde residía  para  esa  época,  aproximadamente a las 8:30 p.m., su hija menor de 8 años de  edad2,  se  dirigió a la casa de su amigo Diego  Armando  Trujillo  con  el  fin  de que le prestara un  cuaderno de matemáticas para realizar sus trabajos académicos.   

Sostuvo  la  infante  que  en  la  mentada  residencia,   el  papá  de  su  compañerito  ARMANDO  TRUJILLO  MARINEZ,  -quien informó que desde las 3:00  p.m.,   hasta   las  7:30  estuvo  ingiriendo  bebidas  embriagantes3-; le abrió la  puerta  y le anunció que su hijo no se encontraba, acto seguido, la tomó de la  mano,  la  entró  a  la  fuerza  a  la  vivienda, luego le subió la falda y le  manoseó la vagina y los senos.   

A C T U A C I Ó N    P R O C  E S A L   

1.    El    20  de     mayo     de     2008,     la    Fiscalía   Catorce   Delegada,   dictó  resolución  de  acusación  contra    ARMANDO    TRUJILLO    MARINEZ,  por  el  punible  de  actos sexuales con  menor    de    14   años,  agravado4.   

  2.  El  7  de  julio  de  2009,  la  Fiscalía Tercera Delegada ante el  Tribunal        de       Cali,       confirmó  la anterior decisión, con base  en el recurso de apelación presentado por la defensa técnica.   

3. El 18 de agosto  de  2009,  el agente del Ministerio Público, requirió al Juez de Conocimiento,  para  que  declarara  la  nulidad  de  lo  actuado,  porque no se le definió la  situación  jurídica  al procesado; situación que fue resuelta el 24 del mismo  mes  y  año,  por  el aludido Despacho judicial, que la decretó a partir de la  indagatoria.   

Recurrido  el  asunto,  el  Juez  Colegiado  consideró  que  era  inviable tal medida extrema, por aplicación del principio  de  favorabilidad  del  artículo 315 de la Ley 906 de 2004 y la jurisprudencia;  en  esas condiciones, revocó la decisión, para en su lugar, ordenar seguir con  el trámite procesal.   

4. El 26 de febrero  de  2010,  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de  Neiva  (Huila),  condenó al  inculpado    ARMANDO   TRUJILLO   MARINEZ,  a  cincuenta  y tres (53) meses de  prisión,  por  el  delito imputado, a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo   lapso;   así   mismo,   lo   sancionó   por   daños   y  perjuicios   morales  al  equivalente  de  dos   (2)   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes;   por  último,  le  negó  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

5.  El  14  de  mayo siguiente, El  Tribunal  Superior  de  Neiva (Huila),  modificó   la   decisión  recurrida,  en  el  sentido de disminuirle la punibilidad a él impuesta, porque  “en  verdad  se trató de un delito sexual de menor  entidad,  pues  no  paso  del  manoseo  en  una  ocasión  de  la  vagina  de la  víctima5”,  motivo  por  el  cual,  la fijó en  48  meses  de  prisión;  el  resto   del   proveído,   lo   confirmó,   con   base   en   la   apelación   suscrita   por   la  defensa  técnica.   

6. El mismo sujeto  procesal  inconforme  con  la  providencia de segundo grado, la impugnó y, a su  turno,  motivó  el  recurso  de  casación;  libelo  que  hoy califica la Sala.   

D   E   M   A   N   D  A    

La defensora, bajo la égida de la Ley 600 de  2000,  artículo  207,  atacó  el  fallo  expedido  en segunda instancia por el  Tribunal  Superior de Neiva,  en  tres sentidos, aclarando  que   lo   hacía   por   la  senda  de  la  casación  discrecional;  con  tal finalidad, lo único advertido  por  ella,  es  que  a  su  protegido  jurídico  se  le vulneraron sus derechos  fundamentales.   

Primer   cargo:  Nulidad.   

Anunció  la  recurrente que la consecuencia  inmediata  del  sentido  de  ataque  propuesto, tiene por finalidad que la Corte  dicte      un     fallo     de     “reemplazo    proceda    a    dictar    una,    absolviendo   a   mi  representado”, por cuanto,  en  la etapa de instrucción jamás se le resolvió la situación jurídica a su  prohijado,  en  atención  al  artículo  354  de  la Ley 600 de 2000, porque el  delito  objeto  de  estudio  contemplaba, para ese entonces, en conexión con el  agravante  imputado,  una  punibilidad superior a cuatro (4) años; aplicándose  al  caso,  por  favorabilidad, el precepto 315 de la Ley 906 de 20046.   

Anunció  que  se  vulneró  el  derecho  de  defensa  y el debido proceso; acto seguido, indicó que también se violentó de  manera  directa la ley sustancial, por errores de derecho e inaplicación de los  artículos  354 a 357 de la Ley 600  de 2000.   

Según expresó la libelista, se trata de un  yerro  en  derecho  que  tiene que ser corregido con la declaratoria de nulidad,  para  eso  se  estatuyó  la  causal  primera  de  casación,  por  los sentidos  exaltados por la ley para demandar.   

Insiste   en   que  se  debe  aplicar  por  favorabilidad  la Ley 906 de 2004, porque la sentencia condenatoria se profirió  en  su  vigencia,  con  el  fin  de realizar el derecho material en punto de las  garantías  debidas como la reparación de los agravios conculcados a las partes  y la unificación de la jurisprudencia.   

Segundo  cargo:  falso     juicio     de     existencia.   

No   obstante,   el   sentido   de  ataque  formulado,   la  demostración  de  la  censura  la  forjó por la ruta del  falso  juicio  de  legalidad,  “por  darle  valor a una  prueba  ‘versión  de la  menor     ofendida’  categorizando  la misma como única, ya que a ella se le sumaron los testimonios  de     oídas     de     su    hermana    y    padres    respectivos”,    otorgándole   los   falladores  credibilidad,  sin  que  hubiesen sido apreciadas en conjunto, lo cual, tendría  por  efecto,  la  aplicación de la duda a favor de su representado; si se tiene  presente  que  la menor declaró que el padre de su amigo le dijo que siguiera y  de  inmediato  le  indicó  que  ella misma buscara el cuaderno de matemáticas,  contra  lo  expuesto  por la madre de la víctima, quien manifestó que la tomó  de   la   mano   y   la   jaló   al   interior   de   la   casa:   “de  tal  suerte  que  existe una gran  diferencia,  entre  hacer  ingresar  a  una  persona  por  la fuerza”;  fuera  de  las contradicciones en las que incurren las citadas  personas  y frente a la honorabilidad de su prohijado, quien afirmó que todo es  falso.   

Y  como el estado de certeza (100%) no puede  conducir  a los juzgadores, en esas condiciones, a dictar un fallo condenatorio,  con  una  sola  prueba de responsabilidad, en donde la menor declarante dijo que  él  la  tocó  cerca  de la vagina, en la pierna y omitió decir lo mismo sobre  los    senos;    pero   la   madre   –en  la  audiencia-  recalcó  que  la  manipulación  fue en las dos  partes.    

Indicó la defensora respecto a los exámenes  de  medicina  legal y de psiquiatría, “que  sin  duda  favorecen a mi prohijado toda vez que evidencian la  antijuridicidad  material de la imputación ya que mal  puede  darse  y peor aún castigarse a una persona por una conducta que se (sic)  haberse    cometido   no   arrojó   ningún   daño   antijurídico7”.   

Por ello, en su opinión, tales prueban deben  interpretarse  correctamente,  tal  y  como  ella  lo propuso, pues en el examen  físico  se  dijo que no se hallaron huellas de abuso sexual, por esto, la menor  “no  fue  víctima de acto sexual diverso de acceso  carnal”;  y el experticio  psiquiátrico,   “cumple  con  criterios  clínicos  suficientes para diagnosticar ningún trastorno mental”.   

Tales  medios,  recalcó la memorialista, no  fueron       valorados       en       conjunto8  y  los  mismos  “nos  están  diciendo  que  no existe  ningún  tipo de daño ni afectación de ninguna especie… porque sencillamente  el  hecho  no  ocurrió,  y obedeció a una aseveración tendenciosa e infundada  por      parte      de      los      familiares      y     allegados” de la menor  víctima.   

Los juzgadores realizaron una interpretación  sesgada,  contra  el  principio de investigación integral, pues no hubo ningún  daño  clínico  en la infante, debiendo aquéllos haber declarado la nulidad de  lo    actuado    “como  consecuencia  de  una  práctica  viciada que afecta directamente los derechos y  garantías de mi representado”.   

Tercer   cargo:  falso raciocinio.   

Para  demostrar  su  aserto,  indicó que se  violaron  de  forma indirecta los artículos 7º (presunción de inocencia), 232  (pruebas),  287  (apreciación  indiciaria)  de la Ley 600 de 2000 y aplicación  indebida  del agravante, llevándose de calle el postulado universal de in dubio  pro reo.   

Como evidencia la recurrente una “errada    valoración    de    los  testimonios”, infiere, de  paso,  una absoluta  ausencia de bases incriminatorias con las que se pueda  responsabilizar   a   su   defendido,   por   tanto,   deviene  en  “un ejercicio que riñe con las reglas  de  la  lógica,  solamente con la denuncia y declaración de oídas o prueba de  referencia,  con  la  que  se  procedió  a  estructurar  la condena”,  pues  todo  lo  apreciado  por  los  funcionarios  fue  producto de conjeturas.   

También  indicó  la  abogada: “quien   ha   cometido  un  delito  y  pretenda  evitar  que  lo  descubran,  tiende  a  evitar  cualquier  vestigio  o  circunstancias  delatoras”,  pero  no  su  prohijado,  porque en todo momento dijo la verdad, es un hombre de  familia y con hijos menores que los protege de estas infracciones.   

Y  como  se  acreditaron  los testimonios de  oída  (madre,  padrastro  y  hermana  de  la  menor),  contra  su  mandante, se  trasgredieron  principios  de  la  lógica  y  de  la  experiencia  “al   carecer   de   un  conocimiento  directo,  propio  y  personal… no soporta la razón suficiente para generar la  certeza  requerida  para  declarar  la responsabilidad del procesado”.   

Puntualizó  que está en desacuerdo con que  se  hubiese  condenado  a  su representado con una sola declaración, de lo cual  colige  “que la menor fue  preparada  para esta diligencia´ por lo que es una ofendida sospechosa´ porque  los   hechos  que  refirió  no  se  pueden  corroborar  exactamente  dadas  las  contradicciones  en  que  incurrió”;  por  ello, lo  actuado en instancias, es producto de conjeturas.   

Por  lo  precedente,  peticionó,  casar  la  sentencia  recurrida  y,  en  su  lugar,  proferir una de reemplazo de carácter  absolutoria, por ausencia de  prueba y aplicación del principio de la duda.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

1. La Corte  advierte que los ataques formulados  contra   la   sentencia   de   segundo   nivel   expedida  por  el  Tribunal  Superior  de  Neiva  (Huila), no  reúnen   los   mínimos  presupuestos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa  descritos   por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda  presentada  por  vía  discrecional,  pues si  bien  elevó  la  recurrente, tres cargos, uno     por    nulidad,    otro   por  falso  juicio  de  existencia  y   el  último  por  falso  raciocinio;   en  el desarrollo y demostración del avance excepcional como de las  censuras  propuestas, incurrió la defensora en graves, múltiples y exacerbadas  falencias,  las  cuales  atentan  contra  la  filosofía  que inspira el recurso  extraordinario de casación.   

2. Menos aún puede  entenderse  los  reproches  como  nueva ruta para confeccionar escritos de libre  importe  y, ensayar, por ese camino, derrumbar la doble presunción de acierto y  legalidad  inherente  a  las  decisiones  concebidas  en los proveídos; tampoco  consiste  en añadir un cúmulo de ideas disgregadas y fragmentadas en el libelo  en  búsqueda  de  fines  jurídicos  subjetivos o hipotéticos para asegurar un  posible éxito, tal como lo plasmó el impugnante.    

3.    Como  metodología,  la  Sala abordará el estudio del libelo en bloque, estableciendo  aquellos  puntos  más preponderantes, a fin de determinar de manera precisa los  desatinos  de  mayor  impacto,  con el objeto de brindarle al jurista suficiente  claridad  en  torno  a  los  dislates  presentados  en  su  inconformidad.    

Vía       excepcional.   

3.1.   Se   constató  que  la  abogada  no  sustentó  como  lo  consagra  la  ley,  los  motivos  para  admitir  el  libelo  contenidos  en el artículo 205, inciso 3, de la Ley 599 de 2000, al disciplinar  que  la Sala discrecionalmente  podrá   admitir   demandas   de   casación  contra  sentencias  expedidas  por  funcionarios   diversos   a   los   Magistrados   de   Tribunales,  “cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la ley”.   

Se  hace  imperioso,  entonces,  motivar  y  discernir     que     se     consumó    en    instancias    una    vulneración     a    las    garantías    fundamentales,  puntualizadas  en  alguno de los sentidos expresados por la ley y  la  jurisprudencia; desde luego, deberá realizarse tal labor intelectual, en el  mismo  contexto  del  libelo  pero delimitándolo en un capítulo separado, para  después,  atarlo  coherentemente  a  la  argumentación propia de una casación  ordinaria:  presupuestos  que  no  se satisfacen por el hecho de plasmar algunos  defectos,  para  luego derivar de ellos vulneraciones a las garantías básicas,  muchas  de  las  cuales,  no  colman  el interés programado normativamente para  demostrar la vulneración del debido proceso.   

Entraña,  por  otro  lado,  el desarrollo     de    la    jurisprudencia,     una    ponderación  aquilatada  de  las  tesis  jurídicas  que  en  juicio  del libelista deban ser  perfeccionadas,  mejoradas  o  innovadas,  naturalmente  tomando  como  punto de  partida  los  criterios  epistemológicos difundidos por esta Sala de casación,  desde  luego,  asimilados  con  los  que  se  pretenden  renovar; el impugnante,  también  tendrá el compromiso jurídico de definir las fortalezas genéricas y  específicas  para la administración de justicia, con el avance judicial que se  propone.   

3.2. Son múltiples  y    complejos    los    errores    detectados    en    la   demanda.   

Primero: bajo esas  condiciones,  la  argumentación referida, jamás se podrá aglutinar o disolver  con  las  explicaciones  destinadas a la casación ordinaria, desde luego, tales  asertos  deberán  ser  tratados  en  capítulos autónomos e independientes, en  tanto,  la  confusión  y anarquía sofocarán el escrito, si ello no se realiza  de  este  modo   –como  en  el  caso en estudio-, pues si bien es cierto la motivación excepcional como  la  ordinaria,  dependen  necesariamente  la una de la otra, es esencial para la  coexistencia  de ambas, la continuación, concatenación y coherencia sustancial  en las temáticas presentadas.   

Al  respecto,  la  memorialista únicamente  plasmó, lo siguiente:   

…  la presente  es  una  demanda de casación excepcional de que trata  el  tercer  inciso  del  artículo  205  del  Código  de procedimiento penal…  en  punto  de  la  preservación  y  garantía de los  derechos   fundamentales;   Entratandose   (sic)  de  sentencias  que  no  cumplen  con  el  requisito  del  cuántum (sic) de la pena  exigido  para  recurrir  de  manera  extraordinaria9.   

Se  requiere que los demandantes en sede de  casación,  presenten  verdaderos argumentos a fin de persuadir a la Sala que el  caso  debe ser admitido. No es pues, una enunciación de tesis indemostradas con  las  que  se  puede  lograr  tal  cometido,  pues no cualquier ataque cumple los  presupuestos  jurisprudenciales,  como  se  corrobora  en  la diatriba objeto de  análisis,  en  donde,  la memorialista dejó de explicar, verbigracia, por qué  la   ausencia  de  resolución  de  situación  jurídica  se  traducía  en  la  violación   enunciada,   desconociendo  en  su  fundamentación,  el  análisis  realizado  por  el  Tribunal  para  revocar  la  nulidad  decretada por el juez,  justamente, sobre ese tópico.   

En temáticas afines, la Sala en auto de 14  de          abril          de          201010,       sostuvo       lo  siguiente:   

En esas condiciones dejar a la suerte parte  de  la  motivación  que  no se encuentra en la determinación del Tribunal, por  ejemplo,  cuando  el  Juez  la  propuso,  desmenuzó,  estudió,  puntualizó  o  reflexionó,       significa      –ni  más  ni  menos- abandonar el cometido casacional y vulnerar el  axioma  en  comento,  como  cuando  la funcionaria de primer grado expuso: “No  evidenciándose  causal  alguna  que  invalide lo actuado, procede el despacho a  emitir  el  fallo”,  amén  que  las  partes nada insinuaron sobre una posible  falencia  de  estructura en sus alegaciones previas a dictar la sentencia.    

Además,  la  abogada jamás se pronunció  sobre  el  criterio de la Sala, en lo atinente al punto en cuestión, pues desde  el  Decreto 2700 de 1991, pasando por la Ley 600 de 2000 y hasta la 906 de 2004,  se  han  presentado múltiples pronunciamientos sobre el tema: en unas ocasiones  se  llegó  a  afirmar  que  no  era  necesaria  la definición de la situación  jurídica,    dado    su    carecer    provisional11;    luego    –en  vigencia  de la Ley 1142 de 2007-  se  replanteó  la tesis de la mano de las normas instrumentales mencionadas, al  sostenerse  que  no  resolverla  constituía  una  afrenta  a las garantías del  debido   proceso   y   del   derecho   de   defensa12;  sin  embargo, también se  advirtió  que  no  toda  omisión  conlleva  ineludiblemente a su declaratoria,  siendo   también   imprescindible   demostrar  el  perjuicio  material  y  real  ocasionado  al procesado, cuestión esta última, que jamás señaló la jurista  en  su  demanda  y  menos se refirió al fallo de instancia, cuando dijo: “una  vez  ejecutoriado  el  presente  pronunciamiento líbrese la respectiva orden de  captura  ante las Autoridades Correspondientes (sic)”, situación que no vario  el Tribunal de Justicia y Paz.   

Siendo   ello   así,   se   muestra   la  censura,   sin   ninguna  temática  casacional y con grandes vacíos argumentativos, los cuales hacen que  su  escrito  sea  fatal  e  impreciso, pues la alegación de la violación de un  derecho  por  la simple defensa del mismo, no sufraga ni constituye la evidencia  de los supuestamente desafueros invocados.     

Segundo:  desde  ya  se  advierte    que    con    los   yerros   atrás   anotados,   los   tres  ataques  se  tornan  insustanciales,  pues  la  omisión  en  la  explicación y demostración de los presuntos vicios  alegados,  así  como  la  ausencia  de precisión de la ruta que debería guiar  todo  el  escenario  argumentativo,  confirman  que  el escrito fue ideado en un  interregno  netamente  subjetivo  y  en  contra  del  criterio  expuesto por los  juzgadores:   cuestiones   inadmisibles   en   sede  extraordinaria.     

Tercero: se muestra  en   punto   de  la  nulidad  alegada,  en  el  primer ataque, por fallas al debido proceso, la cual,  no  es  cualquier  discurso  con  el  que  se pretenda su declaratoria, ella en sí,  encierra,  unos  presupuestos  mínimos de argumentación, precisión y alcance,  sin  ellos,  la  arremetida  contra  la  legalidad  del proceso queda huérfana,  solitaria y carente de sentido.   

Es  preciso  indicar,  además,  que  cada  censura  presentada por nulidad, tiene un tratamiento independiente, debiéndose  identificar  la  clase  de  falencia  (estructura  o  garantía), denunciando el  sentido  en forma autónoma sin mezclar violaciones al debido proceso entre sí,  o al derecho de defensa (técnico y material).   

El  postulado  de  prioridad,  en  igual  forma,  debe ser el norte de la  libelista,  con  el  objeto  de  precisar  qué  ataque  de  los  potencialmente  presentados     por     nulidad     –entre  varias  alternativas-  tiene  mayor  entidad  o extensión de  lesión  en  el  proceso;  desde luego, dicha labor es exclusiva del demandante,  pues  de prosperar el que reúna tales características procesales, superaría a  los  demás;  también  tendrá  como  labor  esencial,  pormenorizar las normas  sustanciales  virtualmente  vilipendiadas  y, desde luego, mostrar un desarrollo  inherente  a la legislación base de la censura, indicar la repercusión final y  trascendente  de  cada nulidad propuesta y señalar desde qué instante solicita  su  declaratoria,  sustentando las razones para ello, en cargos separados, desde  luego si son varios los embates.    

Lo precedente, por cuanto, la nulidad es un  remedio  extremo  que busca revertir el derecho quebrantado y dejar incólume la  estructura   del   proceso;  entonces,  es  compromiso  del  abogado  demandante  sustentarlo  en  ilación  con las pautas expuestas y demostrar objetivamente la  existencia  material de la violación junto con la correspondiente consecuencia,  pues  no  cualquier falencia que se alegue rompe el equilibrio procesal previsto  en el artículo 29 de la Constitución Nacional.   

Por  consiguiente,  si  se  quiere proponer  alguna,  por  ejemplo,  como  la  denunciada al debido proceso, incumbe señalar  cómo  se  fracturaron  las  bases  legales,  ya  sea  en  su  aspecto  formal o  conceptual,  de  qué  forma  se  quebrantaron  las garantías exigidas, cuáles  fueron  las repercusiones y el daño causado con tales vulneraciones en desmedro  de  la  ley  como de los sujetos procesales, hasta qué acto procesal y por qué  en  el  caso  indicado  habría  que  retrotraer lo actuado en instancias; entre  otros  presupuestos,  descritos  ampliamente  por  la jurisprudencia13.   

No  pudiendo  olvidar  la  defensora  los  principios      que      las      rigen      como     el     de     taxatividad (sin norma precedente y exacta  jamás  se  podrá  alegar  alguna  nulidad), de él dependen y se enmarcan para  generar   su  pertinencia;  convalidación,   finalidad  de  los  actos,  por  mencionar  algunos,  a fin de fortalecer la infirmación del  último fallo: tópicos a los que jamás se refirió.   

Ellas, además, se rigen por el postulado de  trascendencia en sus diversas  connotaciones  epistemológicas;  por  un  lado,  la  exclusiva  irregularidad o  menoscabo  a  la  ley,  no  es  presupuesto dominante para su configuración; se  requiere,  en  segundo lugar, el efectivo detrimento, perjuicio o lesión de los  derechos  y  garantías  adquiridas por los sujetos procesales, intervinientes o  partes  en  la  dinámica judicial; en tercer  término, es obligación del  jurista  mostrar en interés legal de su representada las bondades, beneficios y  ventajas14 del ataque propuesto.   

Finalmente,  cada  caso  de estudio deberá  someterse  a  un nuevo escrutinio o filtro jurídico, en pos de evidenciar si la  nulidad  corresponde  declararla  total  o  parcialmente:  esta última opción,  entre  otras,  trae  consigo  ordenarla  en  la sentencia de casación cuando su  efecto   jurídico   se  pueda  conjurar  o  desglosar  desde  este  concluyente  pronunciamiento   de  la  jurisdicción  ordinaria,  es  decir,  en  cuanto  sus  consecuencias   procesales   se   puedan  normalizar,  enderezar  y  reivindicar  excluyendo  el  vicio sin necesidad de retrotraer lo actuado; lo cual dependerá  del  momento  procesal  en que se haya materializado o generado la infracción a  la normatividad sustancial.   

Siendo  ello así, la infracción al debido  proceso  o  al  derecho  de  defensa  (técnico  o material), debe ser de bulto,  grosero,  que  pretermita  u  omita un acto procesal distinguido por la ley y al  que  obligatoriamente  los  funcionarios deban acceder para su no conculcación.   

Nunca   puede  asimilarse  con  cualquier  criterio  aislado,  subjetivo  y  genérico,  sino  por  los motivos previamente  determinados  por  la  ley  y  con ocasión al desarrollo jurisprudencial que la  Corte  vaya  realizando;  el  abandono  por  parte  de  la  letrada a las pautas  trazadas  por  la  jurisprudencia  desde  tiempo  atrás,  se muestra integral y  escueto.   

Cuarto: así mismo  la   recurrente,   violentó   el   principio  de  no  contradicción,  toda  vez  que  la  motivación  debe  guardar   una   unidad   conceptual   de  tal  modo  que  en  una  misma  línea  hermenéutica,   no   es  lógico  afirmar  y a la vez negar  alguna  circunstancia, hecho o determinada teoría, habida consideración que la  conclusión  sería producto de un procedimiento intelectivo confuso -como en el  caso  en estudio- pues alegó nulidad por violación al debido proceso porque no  se  le  resolvió  la  situación  jurídica  a su mandante y en el mismo cargo,  peticionó  fallo  de reemplazo de carácter absolutorio; en la segunda censura,  sostuvo  que  los  exámenes  de  medicina legal y de psiquiatría, “sin  duda  favorecen  a  mi prohijado  toda    vez    que    evidencian    la    antijuridicidad    material    de   la  imputación,  con   lo  cual,  la  confusión  es  copiosa  y  la  ilación  entre  institutos procesales es nula.   

Quinto:   también   violentó  el  postulado   de   autonomía  que  rige  el  recurso  extraordinario,  en  tanto,  en  un  mismo ataque no se pueden combinar  motivos  consustanciales  de  otras  causales o sentidos de casación, en tanto,  mezcló  el  falso  juicio  de  existencia,  propio de un error de hecho, con el  falso  juicio  de  legalidad,  de  derecho; con tal proceder, la confusión y el  desconcierto, identifican la censura.   

Sexto: inundó la  profesional  del  derecho el escrito con apreciaciones personales, hipotéticas,  subjetivas  y  fuera  de  contexto,  en contra de los principios que preceden el  recurso  de  casación,  como  el de objetividad y claridad, como cuando sostuvo  1) que no se podía condenar  a     su     prohijado     con     una     sola    declaración,    2)   los   falladores  no  apreciaron  en  conjunto   todo  el  plexo  probatorio,  3)   han   debido   aplicar  la  duda  a  favor  del  hoy  condenado,  4)  existe  gran  diferencia  entre  invitar  a  una persona a una casa y otra forzarla a entrar, 5)  su  asistido es inocente, 6)  él es un hombre de familia, honrado y  tiene  hijos  pequeños,  7)  dijo   él   que   todo   era   falso,   8)  los  hechos ilícitos denunciados nunca ocurrieron y 9)  todo lo manifestado por los familiares  de la menor víctima, son aseveraciones tendenciosas e infundadas.   

Séptimo:  desatendió  la apoderada judicial, en igual forma, el postulado de unidad  de  decisiones, bajo cuyo amparo se  debe  cuestionar  no  solo  el  fallo  de  segunda instancia sino también el de  primera,  por  conformar  los dos, un bloque de identidad temática indivisible,  en  donde el uno es el complemento esencial e idiomático del otro; exceptuando,  como  es  obvio,  proveídos  contrarios  en  el  mismo  asunto;  dado  el caso,  únicamente será combatida la última sentencia.   

Siendo  ello así, las censuras deben tener  como  presupuesto  indiscutible,  atacar  las  decisiones  finales en sus planos  inferior  y  superior,  pues  ambas  son  indisolubles  y  se  integran en forma  apodíctica,  hasta  entender  que  los  vacíos de una los compensa la otra: se  retroalimentan,  en  tanto,  la  respuesta del Tribunal al desatar el recurso de  apelación  contra  una  sentencia, se rige normativamente por aquellos aspectos  motivo  de  inconformidad  y el Juez debe conocer todas las temáticas jurídico  penales debatidas en el juicio.   

Octavo: sin que se  entienda  como  una  respuesta de fondo sino en virtud del ejercicio pedagógico  que  viene  realizando  la  Sala,  como  una  garantía  más  de  los  derechos  constitucionales   fundamentales   de  las  partes,  se  especificarán  algunos  aspectos esenciales al caso en estudio.   

El   funcionario  de  primera  instancia  condenó al implicado bajo algunos de los siguientes razonamientos:   

En  lo  que respecta al caso concreto debe  decirse  que,  la  menor  es  clara  y contundente en sus señalamientos, en los  cuales  no  se encuentra ningún asomo de interés en perjudicar al procesado, y  contra  quien  no tenía en consecuencia ningún ánimo retaliatorio.   

No  se  olvide  como  esta  en  sus  tres  versiones  iniciales  fuera  clara,  precisa  y concordante en dar cuenta de los  hechos.  Y,  si bien en la declaración rendida ya en  la  audiencia  pública varia su relato en los términos atrás señalados, para  esta  oficina,  tiene  una  explicación  lógica,  como lo es el transcurso del  tiempo  (3  años 4 meses), hechos que sumado, a que su declaración fue rendida  en  presencia  de su agresor, genera de manera indiscutible temor y miedo en una  persona de tan corta edad.   

Sobre el particular, no se puede desconocer  como  el  perito  forense  pone  de  presente  que  la menor como daño de orden  interno,  presenta  síntomas  mínimos, siendo afectados de forma puntual en su  desplazamiento  por  el  barrio,  y  por donde precisamente habita y transita su  agresor,  resultando  por  tanto  lógica que el mismo se agudice al estar en la  audiencia pública en su presencia a escasos metros. (…)   

De  otro  lado,  a las declaraciones de la  menor  ofendida,  se  suman  las  realizadas  por  MERCEDES LEIVA RAMIREZ (sic),  TATIANA   LORETHA   ARAUJO   LEIVA  y  HENRY  PARRA  FONSECA,  quien  (sic)  son  concordantes  en  señalar que la menor regreso de la casa del acusado nerviosa,  asustada,  siendo  esto  indicativo  y de manera indiscutible que en dicho lugar  ocurrió  algo,  lo  que  no  es  otra  cosa  que  los hechos por ella narrados,  circunstancia  por  la  cual, su progenitora y compañero, en forma inmediata se  trasladaron  al  lugar,  en  donde encontraron al procesado, solo y en estado de  embriaguez,     quien     negó    lo    sucedido15.   

Nótese como la recurrente opuso su criterio  particular,  genérico e individual sobre lo argumentado en instancias, lo cual,  demuestra  que  la  demanda  fue  ideada  en  un  ambiente netamente libre, pues  entiende   –entre  otros  yerros-  que  no  se  presentó  daño  material  en  la  humanidad de la niña,  confundiendo  tal  concepto  con  la  categoría  dogmática  de antijuridicidad  material,  como  en párrafos siguientes explica que, si no existe huellas en la  humanidad  de la pequeña de la acción ilícita, su pupilo, con ese razonar, es  inocente;    con    ello,    sus    tres    ataques   se   muestran   inanes   e  insustanciales.   

Se  plasmó  en  el  fallo expedido por el  Tribunal de Neiva, lo siguiente:   

Si bien en esta segunda oportunidad omitió  hacer  mención  al tocamiento de los senos, ello en nada afecta la credibilidad  de  su  sólida  y  persistente  acusación,  pues se trata de una circunstancia  accesoria  y no medular; máxime si en cuenta se tiene  lo  conceptuado  por  el psiquiatra forense en torno a la veracidad de su relato  sobre   los  hechos  investigados.  Sobre  el  particular,  el  referido  galeno  especializado,  luego  de  examinar  la  entrevista…  llegó  a  la  siguiente  conclusión:  ‘Su relato  es   coherente   y  NO  hay  elementos  para  considerar  que  sea  producto  de  alteraciones    de    su    personalidad,    trastorno   mental,   fantasía   o  mitomanía.   

Contrario  o  (sic)  lo  respetuosamente  estimado   por   la  letrada,  en  opinión  de  la  Corporación,  si  bien  con  los  dictámenes  de  medicina legal y psiquiátrica  forense   no   se  demostró  la  presencia  de  huella  de  abuso  sexual,  tal  circunstancia  no  desdibuja  la  estructuración  del  delito  imputado  por la  Fiscalía;  pues  mediante  la  prueba  acertadamente  valorada  por  el  a quo,  demostrado  quedó  que la menor… sí fue víctima de tocamientos lujuriosos o  libidinosos  en  sus  genitales por el acusado. Es que  en  el caso de estudio, no se trató del delito de acceso carnal sino de un acto  sexual  con  menor  de  14  años,  para cuya tipificación no se exige que deje  signo o huella del respectivo abuso sexual.   

En  este  orden  de ideas, al no persistir  duda  alguna insorteable sobre la autoría y responsabilidad del acusado Armando  Trujillo  en  el  caso  en  cuestión,  se  imponer  (sic)  confirmar la condena  impuesta en su adversidad.   

Frente a lo sostenido por el Juez Colegiado,  la  defensora se opuso con simples conjeturas propias de un recurso elaborado en  instancia,  sin  la más mínima pauta jurisprudencial, evidenciándose que toda  su  acometida  se  basó  en  criterios aislados y sin ninguna utilidad para sus  fines extraordinarios.   

En  punto  del falso raciocinio:   No   se   percató   la   impugnante,  respecto  al  cargo   aludido,   que  con  sólo  enunciarlo  no  suple  la  debida argumentación ni se entiende vulnerada la ley  sustancial;  además  de  ello, es su deber constatar que los medios probatorios  allegados  al  proceso  legalmente,  al  ser  sopesados por los falladores en su  exacta  dimensión  fáctica,  le  asignaron  un  mérito  persuasivo  en  total  transgresión  a  los  postulados  de  la lógica (aceptados como tales por esta  disciplina  del  saber  con  exclusión de creaciones individuales con el fin de  resolver  el  caso a su favor, como aquí sucedió) de la ciencia o pautas de la  experiencia.    

   

Habida  consideración,  tendrá  como meta  didáctica  el  demandante  determinar:  i)   qué   dice   de   manera   objetiva   el   medio,   ii)  qué  infirió  de  él  el juzgador,  iii)  cuál valor persuasivo  le  fue  otorgado, iv) indicar  la   regla   de   la   lógica   omitida   o  apropiada  al  caso,  v) o señalar la máxima de la experiencia  que  debió  valorarse,  con  el  objetivo  de  probar  que  el  fallo motivo de  impugnación tuvo que ser sustancialmente opuesto.   

Por  último,  es  deber  intelectual  del  profesional  del  derecho mostrar cuál es el aporte científico correcto y, por  supuesto,   la  trascendencia  del  error,  para lo cual tiene que presentar un nuevo panorama fáctico, como  es obvio, contrario al declarado en instancias.   

Aquí, como es habitual en la memorialista,  su  desatino  es  intenso  al  ignorar las precedentes pautas que le obligaban a  motivar   su   disenso   de   la   mano   de  ellas,  más  no  relegándolas  o  transmutándolas en simples y efímeros alegatos de libre importe.   

Noveno:   la  libelista  se  quedó  en  simples  enunciados, subjetivos, frágiles y dudosos,  como cuando dijo:   

1) Infirió que por  una  valoración  errada  había  ausencia  de  prueba  incriminatoria, lo cual,  desquicia  de  manera  abrupta  el  contenido  de  su  propuesta  o  la forma de  elevarla,  en  tanto,  por  ejemplo,  se  debe  partir  de  la prueba legalmente  aportada  al  plenario,  para  arribar  a  las  conclusiones objeto de censura y  demostrar  que  las  mismas,  fueron  objeto  de  raídas  inferencias lógicas.   

2)  Anunció  la  defensora  que  quien  consuma un delito propende a evitar su castigo, entonces,  su  prohijado  es  inocente,  porque  él  es  un buen hombre, honesto, padre de  familia  y  al  negar  todo e indicar que los hechos no ocurrieron como la niña  los  denunció;  la  aplicación  de  esa supuesta regla de la experiencia no se  compadece   con  su  precaria  conclusión  del  todo  subjetiva  e  individual.   

3) Los testigos de  oídas  vulneran postulados de la lógica, sin enunciar, desarrollar y demostrar  cuáles  axiomas  se  lesionaron,  de  qué  manera,  cómo  aplican  al caso en  particular,  en  qué  sentido  erraron  las  instancias y cuál sería el nuevo  panorama probatorio conectado, desde luego, a su pretensión.   

4)  Por  último,  sostuvo  la  profesional  del derecho, que la menor víctima es una “ofendida   sospechosa”,  porque  los  hechos  ilegales no se demostraron por las contradicciones en su incriminación;  ignorando  lo  plasmado  por  las  instancias  sobre el particular como lo aquí  evocado  de  manera  general;  y,  atacó con saña a la infante sin terciar una  mínima  argumentación  disciplinada y seria como para encarar tan descabellado  embate contra la credibilidad de la chiquilla.   

El  último  yerro  se  relaciona  con  el  postulado  de  trascendencia,  pues  en  su ataque la libelista no expuso, como lo exige la jurisprudencia, las  consecuencias  de las violaciones a la ley sustancial por ella demandadas contra  la  decisión  de  segunda  instancia.  Con   tal   proceder  adecuó  sus  propuestas  al sofisma de petición  de  principio16,    el    cual    enseña,    en   sus   diversas   manifestaciones  epistemológicas,  que  no  se  puede  dar  por probado lo que tiene que probar,  dejando  en  el  limbo  la  parte  más  fundamental  de los ataques, como es la  trascendencia.       

En  efecto:  la  profesional  del  derecho  ignoró  por  completo  el  postulado  referido,  que exclusivamente trabajó de  manera  superficial y con reflexiones individuales e inciertas, con esa omisión  sustancial, dejó anodina la eficacia de las mismas.   

Motivo  por  el cual, el daño propuesto se  muestra  efímero,  por  cuanto  el  aludido principio jamás se acredita con la  repetición  de  los argumentos diseñados en la parte motiva del libelo y menos  aún  –como en el presente  caso-  dándolas por acreditadas o excluyéndolas en forma total o parcial de la  argumentación;  la  demostración  del  yerro  evocado, será, pues, el reflejo  latente  de  la  violación correlacionándola en su esencia con un precepto del  Bloque  de  Constitucionalidad,  la  Constitución  o   la  norma llamada a  regular  el  caso:  nada de lo expuesto realizó el jurista, razón por la cual,  aunado  a  lo  fundamentado  por  la  Sala  en  esta  decisión, se inadmitirá la demanda presentada a nombre  de     ARMANDO     TRUJILLO     MARINEZ.    

La Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con  la ley y la jurisprudencia, en donde paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los juzgadores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el recurrente  exponga  con  una temática jurídica contundente que las instancias desbordaron  la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en relación con los hechos y  pruebas aceptadas, entre otras alternativas.   

Otro   de   los  postulados  del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera la exclusiva voluntad del demandante, más no se exponen de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No    es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como  fin  enervar  los derechos adquiridos a los intervinientes o sujetos procesales,  ni  pueda reflexionarse siquiera que los yerros conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego  entrar  a decidir el problema de fondo: lo cual es absurdo, inconveniente  e incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que el recurrente  presentó  una  alegación  producto  de  su propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto    casacional;    circunstancia   por   la   cual,   se   repite,   la  Corte  inadmitirá el libelo  presentado   a    nombre   de   ARMANDO  TRUJILLO  MARINEZ.   

C  A S A C I Ó N   O F I C I O S  A   

De la mano de la facultad consagrada en el  artículo  216  de  la  Ley  600  de  2000,  la  Sala entra a subsanar de inmediato  las      garantías  fundamentales    constitucionales   cercenadas   al   hoy   condenado   ARMANDO  TRUJILLO   MARINEZ,  por  vigencia  del  principio  de non  bis   in   ídem,   de   cara   a   la   agravante  imputada  en  el  numeral 4º del artículo 211 de la Ley  599  de  2000,  por  cuanto  participa  de  los mismos  elementos  normativos  y  descriptivos  previstos en el injusto de acceso carnal  abusivo  con  menor  de  14  años,  por  el que se le condenó, según lo viene  disciplinando  la línea jurisprudencial de la Corte17.       

El criterio jurídico de la Sala, respecto a  esta  temática,  viene  exponiéndose en múltiples decisiones, verbigracia, en  la siguiente:   

“La circunstancia de agravación aludida  fue  legalmente imputada en la acusación, incluso, correctamente deducida en el  fallo     de     primer    grado    –como   lo   avaló  el  Tribunal,  cuando  confirmó  la  sentencia  atacada-;  motivo  por el cual, es  inconstitucional la utilización de esa  dupla  normativa cuando se trate de los mismos actos antijurídicos, por cuanto,  participa  de  idéntica  circunstancia  fáctica el precepto 208, como elemento  normativo  del  tipo y el 211,4, se repite, como agravante de la conducta.    

El    postulado    de    non  bis  in  ídem, en esencia restringe  la  potestad  sancionadora  del Estado al edificar un dique  de contención  constitucional  contra  el  ejercicio  desproporcionado de aumento de penas; por  tanto,  no  le  es posible a la judicatura fragmentar el injusto en varias tesis  delictivas  para  erigir   múltiples eventos punitivos, ni le es permitido  –a  ninguna  autoridad  legislativa,  judicial, administrativa o gubernativa- sopesar idéntico elemento  integrante  del  tipo  penal  y,  a  su  turno, hacerlo valer como circunstancia  agravante  de  la  infracción con efectos claros sobre la dosimetría; pues, el  axioma  en  estudio, forma una barrera de protección legal de garantía para el  condenado  contra  una  posible  dupla  punitiva,  es  por ello que se encuentra  fundido  con  el  principio  constitucional de legalidad de los delitos y de las  penas  al  prohibir la doble valoración y, como consecuencia, sancionar más de  una  vez  al inculpado por una misma razón fáctica18.          

Como   ese  es,  precisamente,  el  caso  demandado,  la  Sala procederá a casar el fallo atacado para en su lugar volver  a  individualizar  la  pena,  excluyendo  la agravante reproducida también como  elemento  integrante  del  tipo básico por el que se condenó al procesado, con  el   inmediato   objeto   de   frenar   la   violación   a   los   axiomas   en  exposición19”.   

Descendiendo  a  la circunstancia objeto de  estudio,   se   rememora   que   el   20  de   mayo  de  2008,  la  Fiscal  Catorce  Delegada   ante   los   Juzgados  Penales  del  Circuito  de  Neiva,       dictó      resolución      de  acusación  contra  ARMANDO  TRUJILLO  MARINEZ,  por  el  punible  de  actos     sexuales     con    menor    de    14    años,  agravado;  y,  afirmó sobre el particular, lo siguiente:   

El  delito que se investiga lo consagra el  C.P.   en   el   Libro  2º  Título  IV,  Capítulo  II,  Art.  209  denominado  jurídicamente  Actos  sexuales con menor de catorce años, el que se agrava tal  como  lo  expresó  el  señor  Procurador  Judicial,  con fundamento en el Art.  211   Num.4º  porque  la  presunta  ofendida para la época en que se dice  ocurrió (sic) los hechos tenía menos de 14 años de edad.   

En la misma línea, el Juez de Conocimiento,  con  base  en  el  canon  209  de  la  Ley  599  de  2000, inició la operación  dosimétrica   partiendo   de   los   extremos  punitivos  allí  previstos:  de  36   a   60   meses;   guarismos  a  los  que les aumentó, por virtud de la agravante consagrada en el  numeral  4º  del artículo 211 del Código Penal, una tercera parte a la mitad,  es   decir   de   48  a  90  meses.   

Luego,  el  juzgador se ubicó en el primer  cuarto  para  la  individualización  de  la  pena, la que consideró de extrema  gravedad      por      atentar     “contra  la  dignidad  del  menor  (sic),  sus  valores  físicos  y  sicológicos,  como  su  bienestar  familiar  y  social,  acto  con  el  cual se  demuestra  que  no  posee un mínimo de respeto por la individualidad de quienes  componen  la  sociedad,  unido  a que se obro (sic) con dolo directo”,  por  ello  le  impuso  cincuenta  y tres  (53)             meses.     

Sin    embargo,    el    Tribunal   Superior   de  Neiva  (Huila),  modificó   el   quantum  punitivo,  disminuyéndolo  en  cuarenta  y     ocho  (48)     meses,  porque  las  maniobras  realizadas  sobre  la humanidad de la pequeña se traducían en un reato sexual “de    menor    entidad”.   

Siendo ello así, en punto de la dosimetría  degradada  por  el  Juez de conocimiento, quien partió por el delito base de la  pena  mínima  de  36  meses,  al  mismo,  le  aumentó  la tercera parte por el  agravante   mencionado,   es   decir   48,  para  un  total  de 53 meses  de  prisión por los que fue sentenciado; no obstante, excluida la  misma  por  vigencia y validez del postulado de non bis  in   ídem,  atendiendo  los  criterios  del  juzgador  primario,   le   corresponderá  como  sanción  principal  por  el  injusto  de  acceso    carnal    abusivo    con   menor   de   14  años  a  ARMANDO  TRUJILLO  MARINEZ,  la pena de 36 meses  de  prisión  o  su  equivalente de 3 años; en todo lo  demás,  el  fallo de primera instancia permanece incólume; advirtiéndose, que  respecto  a  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y a la  prisión   domiciliaria   no   le  asiste  derecho  al  acriminado  por  expresa  prohibición  del  Código  de  la  Infancia  y  la  adolescencia,  Ley  1098  de  2006, artículo 199,      numerales      2º,              4º,              5º,              6          ,          7º         y         8º.   

Por   último,  a  la  Sala  le  resultan  extravagantes   e   insólitas,   las  razones  exhibidas  por  el  Tribunal  de  Neiva,  cuando  sostuvo  que  “en  verdad se trató de  un  delito sexual de menor entidad, pues no pasó del manoseo en una ocasión de  la    vagina   de   la   víctima”,   con  el  fin  de  disminuirle la punibilidad al penado, de cara a la  motivación   exigida  en  el  inciso  3º  del canon 61 del  Código  Penal  actual, sobre la mayor o menor gravedad de la conducta, el daño  real    o    potencial    creado    e   intensidad   del   dolo,   entre   otros  fundamentos;  pues en franco  desconocimiento  de  los contenidos jurisprudenciales, normativos y de política  criminal  del Estado, depreció la gravedad del acto prohibido, en desdén   de  los  derechos  constitucionales  fundamentales  de la pequeña, por el hecho  contra  su  humanidad  consumado,  lo cual es insostenible y absurdo en un país  donde     prevalecen20 los  derechos  de  los  infantes  colombianos,  como  lo  consagrado  en el artículo  192 de la Ley de la Infancia  citada:   

En  los procesos por delitos en los cuales  los  niños,  las  niñas  o  los  adolescentes  sean  víctimas  el funcionario  judicial  tendrá  en  cuenta  los  principios  de  interés superior del niño,  prevalencia  de sus derechos, protección integral y los derechos consagrados en  los  Convenios  Internacionales  ratificados por Colombia, en la Constitución y  en  esta  ley. (Todos los subrayados fuera de texto).   

Como  consecuencia  de lo aquí decidido la  Corte  ordenará  de  manera  inmediata librar orden de  captura21      contra      ARMANDO     TRUJILLO  MARINEZ,  a  los organismos de seguridad del Estado y,  una    vez   aprehendido,   se   pondrá   a   disposición   del   Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Neiva (Huila) o  del  Despacho  Judicial  que  haga  sus  veces,  para el efectivo  cumplimiento de  la pena impuesta.   

Con fundamento en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:   inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a nombre        de       ARMANDO  TRUJILLO  MARINEZ, en virtud de lo  argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo:  Casar     de  oficio  y  parcialmente  la  sentencia  impugnada,       en       consecuencia,       se       ordena       excluir   la   punibilidad  deducida  con  ocasión  a  la  agravante consagrada en el numeral 4º  del   artículo  211  de  la  Ley  599  de  2000,  por  violación    al    postulado    de    non   bis   in  ídem;    por    tanto,    se    le    impone  a ARMANDO  TRUJILLO  MARINEZ,  la  pena  principal  de 36 meses de prisión, por la consumación  del   injusto   de   acto  sexual  con  menor  de  14  años,     atendiendo     las     razones    atrás  expuestas.   

Tercero:  Aclarar  que la  pena    accesoria    de  inhabilitación   para  el  ejercicio  de  funciones  públicas     será  por   el   mismo  lapso  de  la  sanción principal.   

Cuarto:         No  conceder  a    ARMANDO   TRUJILLO  MARINEZ,  la  suspensión    condicional    de    la  ejecución    de    la   pena   privativa   de   la  libertad  ni  la  prisión  domiciliaria,   por   lo   anotado   al   final  de  esta    providencia.   

Quinto: con base en  las  determinaciones  anteriores, líbrese orden    de    captura   y   encarcelamiento   contra   ARMANDO  TRUJILLO MARINEZ, identificado con  la   Cédula   de  Ciudadanía  número  4’919.888  de  Paicol  (Huila),  quien  dijo  residir  en  la  Calle  5 No. 12-13, Barrio Ciudadela San  Pedro, en el municipio de Yaguará, departamento del Huila.   

Sexto: Precisar  que    la   sentencia  impugnada       permanece      incólume  en  todo  lo  que  no  fue  objeto de modificación.   

Séptimo:  Contra    la    presente   decisión   no   procede  ningún recurso.   

Octavo: Cópiese,  notifíquese,  cúmplase      y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

       

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO                                                                                                               comisión  de servicio   

                                  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                                           MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

Permiso  

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                                    LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

          JULIO         ENRIQUE        SOCHA    SALAMANCA                                                                                                                  JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Las  decisiones  de  primera  y  segunda  instancia fueron signadas el 26  de  febrero  y  el  14 de mayo de 2010,  respectivamente.   

2  Con  base  en  los artículos 1º, 33 y 47, 8º de la  Ley  1098  de  2006,  la  Sala  se abstiene de divulgar los nombres, apellidos e  iniciales  de  la  niña  afectada,  en  protección  integral  a  sus  derechos  constitucionales fundamentales.   

3 El 27  de  septiembre  de  2007,  se  le recibió indagatoria al hoy condenado y, entre  otras   circunstancias,   afirmó:   “Había  estado  tomando  cerveza, estuve en las canchas de minitejo  (sic)  del  señor  Ricardo  Trujillo.  Allí  estuve desde las tres de la tarde  hasta  las  siete,  siete y media de la noche de ese mismo día que paso todo lo  que   les  he  contado”.  Folio 31, c.o. 1.   

4  Afirmó  el ente fiscal: “El delito que se investiga  lo  consagra  el  C.P.  en  el  Libro  2º  Título  IV,  Capítulo II, Art. 209  denominado  jurídicamente  Actos sexuales con menor de catorce años, el que se  agrava  tal como lo expresó el señor Procurador Judicial, con fundamento en el  Art.  211   Num.4º  porque  la  presunta ofendida para la época en que se  dice ocurrió (sic) los hechos tenía menos de 14 años de edad”.   

5 Ver  fallo segunda instancia, folio 10.   

6 Citó  para  apoyar  su  tesis  una  decisión de esta Sala de 16 de marzo de 2009, sin  identificarla apropiadamente con el número de radicación.   

7 Ver  folio 9 demanda.   

8  Se  apoyó  en  una  decisión  de  esta  Sala  de 11 de diciembre de 2003, radicado  16.882.   

9 Ver  folio 29, c.o. Tribunal.   

10 En  el radicado No. 33059.   

11  Corte   Suprema   de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto  26.706   (23-05-07); mismo sentido,  sentencia     12.424  (24-04-01).   

12  Corte Suprema de Justicia, auto 27.539 (4-3-09).   

13 La  forma  lógica  y  argumentativa  en  sede  extraordinaria  para  presentar  una  demanda,  entre otros motivos, no se traduce en formularle preguntas a la Corte,  de  cómo  pudo  o  no  ser  tratado  algún  tema  o  explicitando  aquellas  falencias  advertidas por los  recurrentes  a  manera  de  resolver  un  interrogatorio  o  cuestionario;  ello  encierra  más  bien, un verdadero análisis demostrativo, en donde paso a paso,  el  profesional  del  derecho,  vaya  demeritando y degradando la presunción de  acierto  y  legalidad  que  viene  atada  a  las  decisiones  proferidas por los  funcionarios que administran justicia.       

14  Corte   Suprema   de   Justicia,   mismo  sentido,  ver  sentencia  15.223    de    12   de   febrero   de  2002.   

15 Ver  fallo primera instancia, folio 132-133.   

16  ARISTÓTELES,  “Tratado  de la Lógica” (EL ORGANÓN), Primeros Analíticos,  Editorial  Porrúa,  Número  124,  año 2004, México D.F., Pág. 191; allí el  gran  filósofo  enseña: “Por tanto, si incurrir en  una  petición  de principio consiste en demostrar únicamente por sí misma una  cosa  que  por  sí  misma no es evidente, y si no se la demuestra, ya porque el  objeto  que ha de demostrarse y los objetos mediante los que se quiere demostrar  son  igualmente desconocidos, ya porque se atribuyen cosas idénticas a un mismo  término,  o el mismo término lo sea a cosas idénticas, siempre resulta que en  la  figura  media  y  en  la  tercera  se puede igualmente incurrir de estas dos  maneras  últimas  en  una  petición de principio”.   

17  Corte  Suprema de Justicia, radicados 33.844 (5-4-11); 33.013 (23-6-10) y 32.972  (3-12-09).   

18 En  el  mismo  sentido,  Corte  Constitucional  Sentencias  C-554  (30-5-01),  T-575  (10-12-93) y Corte Suprema de Justicia: 19.814 (19-01-06).   

19  Corte suprema de justicia, radicado 32.782 (28-4-10).   

20  Código   de   la   Infancia   y   la   Adolescencia,   artículo   9  :”En todo  acto,  decisión o medida administrativa, judicial o de cualquier naturaleza que  deba  adoptarse  en  relación  con  los  niño,  las niñas y los adolescentes,  prevalecen  los  derechos  de  estos,  en especial si existe conflicto entre sus  derechos fundamentales con los de cualquier persona”.   

21  Desde  la  indagatoria  recibida al inculpado  el 27 de septiembre de 2007,  se  plasmó la siguiente constancia: “advirtiendo al  indagado    que    debe    presentarse    cada   vez   que   se   le   requiera,  notificar”.     

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