37136(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 37136  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº   340  

Bogotá, D. C., veintiuno (21) de septiembre  de dos mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  defensor  del  procesado  Humberto Amauri Martínez  Jaraba  contra  el  fallo  del 8 de junio de 2011, por  medio  del  cual  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín revocó   parcialmente   la  sentencia  de  primer  grado  emitida  por el Juzgado 19 Penal del Circuito de esa ciudad y, en  su  lugar,  lo  condenó  por  las  conductas  punibles  de receptación y falsa  denuncia,  al  tiempo que confirmó la absolución impartida por el a  quo por los delitos de falsedad marcaria  y falsedad en documento público.   

H E C H O S  

El  Tribunal  los  resumió  de la siguiente  manera:   

“El  15  de mayo de 2010, alrededor de las  3:30  p.m.,  dos patrulleros que cumplían una orden de vigilancia y seguimiento  de  la fiscalía en las inmediaciones del Edificio Emaús, situado en la carrera  37  No.  38  A sur – 32 del  municipio  de  Envigado,  lugar  de residencia de la señora Lina Vargas Flórez  (ya   condenada)  y  del  que  se  tenía  conocimiento  como  miembros  de  una  organización  criminal  dedicada  a  la venta de vehículos hurtados, guardaban  varios  de  ellos,  observaron el arribo a este lugar del considerado jefe de la  organización  criminal,  señor  Jorge  Antonio Taborda Pérez y de otro de los  integrantes  de esa organización, señor Daniel Vieira Jaramillo, momentos más  tarde  también  llegó  el  señor Guillermo León Bedoya escobar en compañía  del  señor  Humberto  Amauri  Martínez  Jaraba,  quien  procedió  a firmar un  documento  en  presencia  del  señor Bedoya Escobar, al mismo tiempo, el señor  Taborda  Pérez  ingresa  hasta el parqueadero del Edificio Emaús, del que sale  conduciendo  una  camioneta  Fortuner que posteriormente se comprobó que había  sido  hurtada  9  días antes; luego del parqueadero enfrente del edificio se ve  al  señor  Martínez  Jaraba  que  asciende  a este vehículo, dirigiéndose al  norte  de  la  ciudad,  y  dejando  a  disposición  de los miembros de la banda  criminal    un    vehículo    Chevrolet   Optra,   color   negro,   de   placas  FGV-712.   

Momentos  después,  los agentes de la SIJIN  dan  aviso  a  las  autoridades  para  que se proceda a interceptar y revisar el  vehículo  en  que  se  dirigía  el  señor  Martínez  Jaraba, lo que ocurrió  efectivamente  a  las  3:55  p.m.  a la altura de la carrera 48A con calle 14 de  Medellín,  donde  el  agente de la policía que inspeccionó el vehículo, pudo  notar  que  la  placa  que  portaba  el  vehículo ELM-759 no coincidía con las  marcadas   en  los  espejos  retrovisores  como  FHG-376,  y  al  solicitar  los  antecedentes  de  la  placa  que  aparecía  en  los espejos, se le informó que  tenía  un  pendiente  por  hurto, motivo por el cual detuvo al señor Martínez  Jaraba,  poniéndolo  a  disposición  de  la  URI  de  la Fiscalía de turno de  Medellín.   

Una  vez  los  miembros  de la organización  criminal  que  le hicieron entrega del vehículo se percataron de la captura del  señor  Martínez  Jaraba,  solicitaron  telefónicamente la elaboración de una  promesa  de  compraventa,  que luego le hacen llegar al señor Martínez Jaraba,  quien,  el  día  16  de mayo de 2010, por medio de su abogada, la presenta a la  fiscal,  funcionaria  que  partiendo  del  principio  de  buena fe, desistió de  realizar  la imputación y de solicitar medida de aseguramiento, llevando a cabo  sólo  audiencia de legalización del procedimiento de captura, luego de lo cual  se le dio la libertad al indiciado.   

El  día  3  de  junio  de  2010,  el señor  Martínez  Jaraba se presenta ante la URI de la Fiscalía para Formular denuncia  penal,  manifestando bajo gravedad de juramento, hechos y circunstancias de modo  y  lugar  que  dejan entrever una eventual estafa de la que fue víctima ante la  compra  de  un  vehículo  hurtado, cuando en realidad tenía conocimiento de la  procedencia   ilícita   del   mismo.”.     

ANTECEDENTES PROCESALES  

1. El 22 de junio de 2010, el Juez 7º Penal  Municipal   con  función  de  control  de  garantías  de  Medellín  impartió  orden de captura en contra de  Humberto    Amauri    Martínez   Jaraba     y     otros     9     indiciados1,  como así se lo solicitó la  Fiscal  172  Seccional  de  la misma ciudad; el día 23 del mismo mes y año, el  Juez  32  de  la  misma  categoría  y territorio, a instancias de la fiscalía,  impartió  legalidad  a  las  órdenes  de  registro y allanamiento, así como a los resultados obtenidos, y a  la    captura    de    Martínez   Jaraba    y    los    demás    ciudadanos    aprehendidos;   aprobó  la  imputación  realizada por la  fiscal   en   contra   de  Humberto  Amauri  Martínez  Jaraba  por  las  conductas  punibles de receptación,  falsedad  material en documento público, falsedad marcaria y falsa denuncia, en  concurso  homogéneo  y heterogéneo (artículos 447, 287, 285 y 435 del Código  Penal),  al  tiempo  que  lo  afectó  con  medida  de  aseguramiento    de    detención    preventiva   en  establecimiento  carcelario  y dispuso la ruptura de la  unidad  procesal respecto de quienes se allanaron a los  cargos imputados.   

2.  Una   vez   presentado   el    escrito    de   acusación   el   23   de  julio  de 2010   (fl.   21-39),    ante    el    Juez   19   Penal   del   Circuito   de   Medellín  con función  de   conocimiento     se     llevó    a    cabo    la   audiencia    de   formulación    de   acusación     el     20     de   agosto   del   mismo   año   (fl. 51). En  ella,   la   fiscal,   como  así  lo  consignó  en   el       escrito,      acusó    a   Humberto   Amauri   Martínez                 Jaraba2   como   autor   de    los    delitos    de   receptación,    falsedad   marcaria,   falsedad  material  en  documento público   y   falsa   denuncia,  en  concurso  heterogéneo   (artículo    447   del  Código   Penal,   modificado   por   el 4º,  inciso  segundo,  de  la  Ley   813   de   2003;  285  del  mismo  estatuto,   modificado    por    la    Ley    733   de  2003;   287   y   435   de   la   Ley   599  de   2000,    todos    los    anteriores,    con    el   incremento   punitivo   que   consagra   la   Ley   890  de  2004,  artículo  14).   

3.  La  audiencia  preparatoria  se  realizó el 13 de septiembre de 2010  (fl.  63) y la del juicio oral  los  días  12  y  13  de  octubre,  18,  19,  24 y 25 de noviembre de 2010 (fl.  128-133,  150,  151,  155,156, 192, 193 y 196-199), fecha esta última en que la  juez    anunció    el    sentido   absolutorio   del  fallo,  el  cual  profirió  y leyó el 18 de enero de  2011 (fl. 205-216).   

4. La decisión absolutoria fue apelada   por   la   fiscalía;  así,  en  audiencia   del  1º  de  junio de 2011, luego de escuchar la sustentación  del    recurso,    el    Tribunal    Superior    de    Medellín    anunció  el  sentido  condenatorio  de la  sentencia  respecto de los delitos de receptación y falsa denuncia, y corrió a  los  intervinientes  el  traslado  del  artículo 447 de la Ley 906 de 2004 (fl.  258).  El 8 de junio del año en curso, la Corporación de instancia profirió y  leyó     la     decisión     por     medio    de    la    cual    confirmó   la  absolución  por  los  delitos  de falsedad marcaria y  falsedad  en  documento  público y revocó   la   impartida   por   las  conductas  punibles  de  receptación       y      falsa denuncia.   

En     consecuencia,     condenó        a       Humberto  Amauri  Martínez  Jaraba  a las  penas  de  6  años  y  8  meses  de  prisión y multa de 9,66 salarios mínimos  legales  mensuales vigentes, así como a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un término igual al de la pena  privativa  de  la  libertad,  como  autor  doloso de los delitos mencionados, al  tiempo  que le negó el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución  de    la    pena   y   el   sustituto   de   la   prisión   domiciliaria   (fl.  257-277).   

5. Inconforme con la decisión de condena, el  defensor  del  procesado,  de manera oportuna, interpuso y sustentó por escrito  el recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Con  apoyo  en la causal de casación de que  trata  el artículo 181, numeral 3, de la Ley 906 de 2004, el demandante formula  dos   cargos,  a  través  de  los  cuales  censura  sendas  violaciones  en  la  apreciación  de  la  prueba, por vía del error de hecho, en las modalidades de  falso  juicio de existencia y  falso  raciocinio. Estima que  los  yerros  probatorios  violaron  los  artículos  2, 6, 7, 9, 12, 13 y 22 del  Código  Penal,  3,  5,  6,  10,  26, 27, 380 y 381 del Código de Procedimiento  Penal,  y  4,  5,  29,  93 y 94 de la Constitución Política; aspira a que, con  fundamento  en  los cargos mencionados, la Sala case el fallo recurrido y, en su  lugar, absuelva al procesado.    

Primer cargo  

El libelista alega que el juzgador incurrió  en    falso    juicio    de   existencia,  “en  virtud de ignoración valorativa  de    los    elementos   probatorios   recaudados   en   el   juicio”,  toda  vez  que  elaboró  simples  conjeturas  a partir de las  mismas  fuentes  y  medios  de  prueba  que  al fallador de primera instancia le  permitieron  absolver  al  procesado  por  duda  razonable.  Critica que el  sentenciador  aplicó  de  manera indebida el artículo 22 del Código Penal, al  deducir el dolo en la conducta del procesado.   

Considera  evidente que el Tribunal erró al  realizar  la  valoración  de  la  prueba,  pues se alejó y rechazó de tajo la  apreciación  del  juez  de  primer grado, funcionario que desde su inmediación  consideró  que  no  se  reunían  los  requisitos para condenar, por cuanto los  testigos  Daniel Vieira Jaramillo, Jorge Taborda Pérez y Guillermo León Bedoya  Escobar    dijeron   que   el   procesado   Martínez  Jaraba  no  tenía  conocimiento  de  la  procedencia  ilícita   del  vehículo  y,  en  su  lugar,  les  restó  credibilidad  a  las  atestaciones  aludidas  por razón de sus contradicciones insalvables.  Con  lo   anterior,   asegura   el   demandante,   el   ad  quem  incurrió  en  error  de hecho en la valoración  discrecional  de  la  prueba  y,  al  mismo  tiempo,  omitió  la obligación de  apreciar   los   argumentos   de   la   apelación   con  la  totalidad  de  las  pruebas.   

El yerro de apreciación, indica, surge de la  ponderación  de  la  declaración de Guillermo León Bedoya Escobar, de la cual  el   ad  quem  infirió,  de  manera   errada,   que   Martínez  Jaraba  no le entregó dinero a cambio de la camioneta, conclusión que se  aparta de la realidad.    

Luego    de   transcribir   in  extenso el testimonio de Bedoya Escobar  y  predicar  la  necesidad  de  hacer  efectivo  “el  principio  de mismisidad de la prueba”, indica que su  correcta  apreciación  da  cuenta  que  el  único que conocía la realidad del  negocio  era  el  mismo  Bedoya  Escobar, que estaba justificado el pago de diez  millones  de  pesos  por  el  vehículo y que la suma restante se explica por la  suma  que Taborda Pérez le debía a un tercero. Por no apreciarlo así, asegura  el  censor,  el  Tribunal  puso  a  decir  a los medios de convicción lo que no  reflejan,   esto   es,  dedujo  una  supuesta  entrega  de  dinero  que  se  vio  frustrada.    

Por otra parte, admite como cierto que Daniel  Vieira  y  Jorge  Taborda  no  presenciaron  la entrega del dinero, pero ello se  explica  por  una  distracción que así se los impidió, según se extrae de un  video;  de  suerte  que,  por  haber  estimado que existen contradicciones en el  dicho  del  testigo,  que el precio del vehículo era irrisorio y por considerar  que  los  declarantes  Taborda  y  Vieira  en lugar de favorecer al procesado en  verdad   lo   incriminaron,   el  ad  quem  incurrió  en  un  falso  juicio  de  identidad y se apartó de lo  afirmado  por  el  a quo que,  desde su inmediación probatoria, apreció todo lo contrario.   

Alega  que,  de  manera  opuesta  a  lo  que  apreció  el sentenciador, el hoy procesado entregó confiado el vehículo de su  madre,  convencido  de  que  recibía  un carro de mayor valor, y se disponía a  hacerlo  revisar, tal como se desprende del dicho de Jhon Mario Garavito Rivero,  Juliana  Marcela  Cardona  Patiño  y  José  Nadin Arabia Abisaad, este último  antiguo   conocido   de  Martínez  Jaraba  y  posible  comparador  de  la camioneta. Por lo tanto, critica el  casacionista,  cuando el juzgador aprecia que las atestaciones de Arabia Abisaad  no  favorecen  al acusado, viola la máxima de la regla de la experiencia según  la  cual   “a tal tipo y condición de personas  no se les engaña o defrauda”.   

Aduce que el Tribunal, al contrario del juez  de  conocimiento, insiste en tergiversar la prueba como consecuencia de apreciar  como  una  coartada  del acusado la supuesta revisión del vehículo, pues de lo  escuchado  por  Jorge  Taborda,  de  los  testimonios de Juliana Marcela Cardona  Patiño,  José  Nadin  Arabia Abisaad y Jhon Mario Garavito Rivero se desprende  que  en  verdad  el  hoy  sentenciado  se  disponía a verificar las condiciones  técnico-mecánicas  y  de  legalidad  del  rodante  que resultó de procedencia  ilícita.    

De  igual  manera, el censor reprocha que el  juzgador  de  segundo  grado  apreció de forma errada el dicho del agente de la  SIJIN  Juan  Alejandro Gallego Higuita, por cuanto de él infirió que resultaba  sospechoso    que    Martínez    Jaraba,  un  avezado  comerciante de vehículos, no examinara el vehículo  que  iba  a  comprar  y, por lo tanto, no se percatara de las inconsistencias en  los  números  de  identificación.   Asegura  que  el  dicho  del policial  contiene    fisuras    de   credibilidad, pues en su sentir es inverosímil y contradictorio.   

Avanza   el   libelista   en  su  critica,  reprochando  que  el  Tribunal  dedujera el dolo del sentenciado en la comisión  del  delito  de  receptación con fundamento en la instauración de una supuesta  falsa  denuncia;  asegura que, al contrario de lo que consideró el ad      quem,      el     a quo  sí  apreció  de manera consecuente y conforme a las reglas de la  sana  crítica  el  dicho de Juliana Marcela Cardona Patiño, quien refirió las  razones   por  las  que  Martínez  Jaraba  formuló  la denuncia; de esta manera, asegura el casacionista, se  desestima   la   condición   de  testimonio  de  referencia  atribuido  por  la  corporación  de  instancia  a  la  exposición  de  la deponente y de documento  mendaz predicado de la denuncia.   

Asegura  que  de no haber mediado los yerros  reseñados,  el  fallo  recurrido  habría  confirmado  la  sentencia de primera  instancia;  por  lo  tanto, dice, se hace necesaria la emisión de una sentencia  de casación para que se aplique la presunción de inocencia.   

Con fundamento en las anteriores reflexiones,  el  demandante le pide a la Corte que case parcialmente el fallo impugnado y, en  su  lugar,  revoque  los  numerales  segundo  y  tercero de su parte resolutiva.   

Segundo cargo  

El demandante pregona que el sentenciador de  segundo  grado  incurrió  en  falsos  raciocinios y que de haberse apreciado la  prueba  de  manera  correcta,  como  así  lo hizo el a  quo,  su  decisión  habría  sido confirmatoria de la  absolución  impartida  en  primera instancia.  En sustento de lo anterior,  menciona  que  el  fallador  erró  al  construir  los  indicios, al efectuar la  valoración probatoria y realizar las inferencias lógicas.   

Precisa que la sustentación de este cargo lo  constituye   el   ejercicio  hermenéutico  desarrollado  en  el cargo precedente, motivo por el cual remite a  la Sala a los argumentos allí expuestos.   

De   manera   complementaria,  muestra  su  inconformidad  con  que el Tribunal, de manera inmotivada, hubiera descalificado  por  contradictorios  los  testimonios  de Jorge Taborda Pérez, Guillermo León  Bedoya   Escobar   y  Daniel  Vieira  Jaramillo;  asegura  que  el  a  quo,  en  virtud  de  su  inmediación,  concluyó  lo  opuesto,  es  decir,  que en dichos testimonios no había ningún  prejuicio,  interés  o  parcialidad,  y  alega  que  la  fiscalía coaccionó y  constriñó   previamente   a  los  deponentes,  “so  pretexto   de   preparar   sus   testimonios”.    

Por  otra  parte,  reprocha  que el juzgador  plural  hubiera  desestimado  las atestaciones de Arabia Abisaad -en cuanto dijo  haber   escuchado   a   Martínez  Jaraba  que  iba  a  hacer  revisar  el  carro-  y  hubiera  ponderado, al  contrario  de  lo  que  acertadamente  apreció el juez de primer grado, que sus  palabras  en  realidad  desfavorecían  al  acusado, dado que confirman que este  último  era  un  experimentado  comerciante  de  vehículos, pese a lo cual, de  manera  inexplicable,  no  procedió,  según  las  reglas de la experiencia. De  igual  forma,  lamenta  que  los  testimonios  de  Jhon  Mario Garavito Rivero y  Juliana  Marcela  Cardona Patiño no fueran apreciados por el Tribunal de manera  conjunta   y,   en  cambio,  hubiesen  sido  considerados  como  testimonios  de  referencia.   

Insiste en que el juez colegiado incurrió en  un  falso  raciocinio  al concederle credibilidad a la declaración del policial  de  la  SIJIN  Gallego  Higuita,  pues, en su sentir, este testimonio adolece de  contradicciones  y  falencias,  especialmente  en  cuanto  a que Guillermo León  Bedoya      y      Martínez     Jaraba   llegaron  al  edificio  en  el  mismo vehículo, el registro  identicar  de la camioneta y  la  capacidad  del testigo para reconocer una matrícula falsa, sin necesidad de  estudios  técnicos.  A continuación, el casacionista predica el mismo yerro de  apreciación  respecto del dicho del policial Yorley Quintero Buitrago, toda vez  que  en  el  fallo  se  dice que este funcionario no dio cuenta que Martínez   Jaraba  hubiese  explicado  al  momento  de  su aprehensión que fuera víctima de un fraude, circunstancia que,  en    su    criterio,    se    opone   al   hecho   de   que   el   ‘pare’  inicial  no  lo  hizo aquel, sino un  patrullero de apellido González.   

En idénticos términos a los referidos en el  cargo  anterior,  el casacionista se refiere a la trascendencia del cargo y a la  necesidad de emitir un fallo absolutorio en casación.   

Con fundamento en las anteriores reflexiones,  el  demandante  solicita  a  la  Corporación  que  case  parcialmente  el fallo  impugnado  y,  en  su lugar, revoque los numerales segundo y tercero de su parte  resolutiva.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La  Corporación  anticipa  su  decisión en  cuanto   a   la   indamisión   de   la   demanda  de  casación,  toda  vez que no cumple con los requisitos  de  lógica  y  debida  fundamentación precisados en el artículo 212 de la Ley  600  de  2000  y desarrollados ampliamente por su jurisprudencia. Las razones se  precisan enseguida:   

1. El casacionista formula dos cargos, ambos  por  vía  de  error  de  hecho:  el  primero por falso  juicio  de  existencia  “en  virtud  de  ignoración valorativa de los elementos probatorios recaudados en el  juicio”    y    el    segundo   por   falsos   raciocinios.   No  obstante,  la  postulación  de  los  cargos  resulta desatinada, pues los errores alegados los  predica  de  las  mismas  pruebas, sin identificar con suficiente claridad si el  segundo  cargo  es  subsidiario  respecto  del primero. Por lo tanto, incurre en  violación   al  principio  de  no  contradicción,  porque  lógicamente  ambas  censuras  no  pueden ser formuladas de manera principal, en la medida en que por  su naturaleza resultan excluyentes.   

Lo  anterior  es  así,  toda  vez que si la  prueba  afectada  por  falso  juicio  de  existencia supone que, obrando aquella  válidamente  en la actuación fue omitida por el juzgador, o bien que sin hacer  parte  del  proceso  su existencia fue supuesta en la sentencia, es lógicamente  imposible  que,  al mismo tiempo, en un cargo de igual jerarquía, se alegue que  su  apreciación  viola  las máximas de la sana crítica, como así lo exige el  yerro de falso raciocinio.   

2. Además, de lo anterior, cada uno de los  cargos carece de una debida fundamentación:   

2.1.  El  demandante  anuncia  que  el  primero  lo orienta por vía del  falso  juicio  de existencia,  pero  enseguida  se  aparta  de  la  vía de reproche seleccionada para pregonar  falsos  juicios  de identidad  por  tergiversación  de la prueba y, más aún, avanza a denunciar falsos   raciocinios,  originados  en  la  supuesta   violación   de   una   máxima  de  experiencia  -por  demás,  bien  cuestionable-,  según la cual, a las personas conocidas no se las defrauda. Por  lo  tanto,  ante  la falta de claridad sobre el motivo de censura escogido, a la  Colegiatura  no  le  está  dado  entrar a corregir la indebida formulación del  reproche  o  interpretar  la verdadera intención del impugnante, por la expresa  prohibición  que  le  impone  el principio de limitación, el cual encuentra su  razón  de  ser en que el recurso extraordinario de casación es rogado y que el  fallo  recurrido llega amparado por la doble presunción de acierto y legalidad.   

2.2.  Los mismos errores de fundamentación  detectados  en  el  desarrollo del primer cargo se extienden al segundo, pues el  recurrente,  de  manera  expresa,  traslada  los  argumentos de sustentación de  aquél  a  éste.  Significa lo anterior que, mientras el impugnante anuncia que  orienta  el  cargo  como  falso raciocinio,  en realidad termina por denunciar falsos  juicios  de  existencia  y de  identidad,  sin  cumplir  con los exigentes requisitos  que  requiere  la  demostración  de  un  yerro  de violación a la apreciación  probatoria, según las máximas de la sana crítica.   

En efecto, el libelista no enseña a la Sala  cuál  o  cuáles  fueron  las reglas de la experiencia, la lógica o la ciencia  que  empleó  el  juzgador  en  apoyo del juicio de condena; no explica por qué  fueron  mal  implementadas,  o  bien  carecen  de validez; cuál es la regla que  debió  aplicar  y  cómo  queda  el  panorama  probatorio  de  cara a todos los  fundamentos  de la sentencia recurrida, para así acreditar que el sentido de la  decisión  no  puede  mantener  su  vigencia  frente  a  los yerros acreditados.   

2.3.  Dígase,  por  otra  parte,  que  el  demandante  menciona  que  el yerro de hecho pregonado en el segundo cargo -aún  cuando  sobre  él  existiera  completa claridad- afectó la construcción de la  prueba  indiciaria, pero -una  vez  más-  pasa  por alto los exigentes requerimientos que la jurisprudencia de  la  Corte  ha  decantado,  cuando  en  esta  sede se trata de demostrar un yerro  evidente   y   trascendente   en  la  configuración  de  la  prueba  indirecta:   

“El  impugnante  debe  informar  si  la  equivocación  se  cometió respecto de los medios   demostrativos   de  los  hechos  indicadores,  la   inferencia   lógica  ,  o  en  el proceso  de  valoración   conjunta     al     apreciar     su     articulación,   convergencia   y   concordancia   de  los  varios   indicios   entre   sí,  y  entre  éstos  y   las    restantes    pruebas,    para   llegar   a   una         conclusión         fáctica       desacertada.”   

“De manera que,  si   el   error  radica  en  la  apreciación  del  hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro  medio  de  prueba  de los  legalmente  establecidos,  necesario resulta postular si el yerro fue de hecho o  de  derecho,  a  qué expresión corresponde, y cómo alcanza demostración para  el caso.”   

“Y si el error se  ubica  en  el  proceso  de  inferencia lógica, ello supone partir de aceptar la  validez  del  medio  con  el  que se acredita el hecho indicador, y demostrar al  tiempo  que  el  juzgador  en  la  labor  de asignación del mérito suasorio se  apartó  de  las  leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las reglas  de  experiencia,  haciendo  evidente  en  qué  consiste y cuál es la operancia  correcta   de   cada   uno   de   ellos,   y   cómo   en   concreto   éste  es  desconocido.”   

“Si   lo    pretendido    es    denunciar    error   de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia  de   un   indicio   o   un   conjunto  de  ellos,   lo   primero   que   debe  acreditar  el  censor es la existencia  material  en el proceso de medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la  validez   de   su  aducción,  qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde,  y  luego  de realizar el proceso de inferencia lógica a partir de  tener  acreditado el hecho base, exponer el indicio que se estructura sobre él,  el   valor   correspondiente   siguiendo   las   reglas  de  experiencia,  y  su  articulación  y  convergencia  con  los  otros  indicios  o  medios  de  prueba  directos.”   

“Además, dada la naturaleza de este medio  de  prueba,  si el yerro se presenta en la labor de análisis de la convergencia  y  congruencia entre los distintos indicios y de éstos con los demás medios, o  al  asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta, es aspecto que no  puede  dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo de error cometido,  demostrando   que   la  inferencia  realizada  por  el  juzgador  indicando  los  postulados  de  la  sana  crítica, y acreditando que la apreciación probatoria  que  se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa de aquella  a  la  que  arribara  el sentenciador, pues no trata la casación de dar lugar a  anteponer  el  particular  punto  de  vista del actor al del fallador, ya que en  dicha  eventualidad  primará  siempre  éste,  en  cuanto la sentencia se halla  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, siendo carga del  demandante  desvirtuar  con  la  demostración  concreta de haberse incurrido en  errores  determinantes de violación en la declaración del derecho.”   

“Es     en     este   sentido    que   el   demandante   debe   indicar   en    qué   momento    de    la    construcción   indiciaria    se   produce,   si   en   el   hecho  indicador  o  en  la  inferencia por violar las reglas de la sana crítica,  para  lo  cual  ha  de señalar  qué en concreto el medio demostrativo del  hecho  indicador, cómo hizo la  inferencia el juzgador, en qué consistió  el  yerro, y qué grado de  trascendencia tuvo éste por su repercusión en  la    parte    resolutiva    del    fallo”.3   

2.4.  Nada  de  lo  anterior  demuestra  el  casacionista.   En  últimas, el reproche formulado en los dos cargos, esto  es,  la  “ignoración  valorativa  de  los elementos  probatorios  recaudados  en  el  juicio”, no son más  que  el  pedimento  por parte del impugnante para que en esta sede se privilegie  la  apreciación  del  a  quo  sobre  la del ad quem -por ser  aquella   evidentemente  más  favorable-  sin  demostrar  a  cabalidad  ninguna  equivocación   evidente  y  trascendente  en  la  ponderación  probatoria  del  último.   

Dicho  ejercicio argumentativo, lo emprende  el   libelista   a  través  de  la  exposición  de  su  personal  apreciación  probatoria,  sustentada  en  razonamientos incomprensibles, desatinados o ajenos  al   debate,   tales   como  la  “mismisidad  de  la  prueba”,   la   falta   de   inmediación   por  el  ad  quem  en  la  práctica  probatoria,  la  omisión  del  juzgador de segundo grado en dar respuesta a los  argumentos  de  apelación  o  la ilegalidad de los testimonios por una supuesta  coacción por parte de la fiscalía.    

2.5. Lo cierto fue que el fallador apreció  que   Humberto  Amauri  Martínez  Jaraba  sabía  que  tomaba  parte  en  la negociación de un vehículo de  origen  ilícito, toda vez que, pese a ser un avezado comerciante de vehículos,  no  actuó  como  tal.  Dicho  conocimiento  lo  trató  de  ocultar o disfrazar  posteriormente  formulando  denuncia  por  una  supuesta  estafa.  Fue  así, en  líneas  generales, como el juzgador apreció el conjunto probatorio, sin que el  mero  hecho  de  apartarse de las consideraciones del a  quo  constituya  por  sí  mismo  un motivo de censura  válido  ante  esta  sede  extraordinaria,  pues  las  apreciaciones  del sujeto  procesal,  por  plausibles  que  sean,  son  del  todo  inidóneas para mutar el  sentido  de  la  decisión  recurrida, como no sea que vengan acompañadas de la  demostrada  equivocación  evidente  y  trascendente  por el sentenciador.    

3.      En      conclusión,  los cargos formulados por el  demandante  adolecen  de  una indebida fundamentación, motivo por el cual, como  ya  se  anunció,  la  Corte  dispondrá su indamisión sin que, por otra parte,  observe  razones  que ameriten superar las falencias reseñadas para cumplir con  algunos de los fines del recurso extraordinario.   

4.  Acotación  final.   

Toda  vez  que  contra  la  decisión  de  inadmitir  la demanda de casación procede el mecanismo  de  insistencia  según  lo  establece  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite que ha de  regir  ese  instituto  procesal,  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha fijado los  siguientes                lineamientos4:   

a) La insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser promovido por el demandante,  dentro  de  los cinco días siguientes a la notificación del auto pro medio del  cual  la  inadmite  la  demanda  de  casación, con el fin de provocar que ésta  reconsidere  lo decidido. También podrá ser promovido oficiosamente dentro del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados del Ministerio Público para la  Casación      Penal      –siempre      que     el     recurso     no   hubiera     sido     interpuesto    por     el    Procurador  Judicial–,  el   Magistrado    disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los   

Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda, o bien ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia, someter  el  asunto  a consideración de la Sala o no hacerlo, evento este último que se  informará al peticionario en un plazo de quince días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

RIMERO:  INADMITIR  la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del   proceso   Humberto         Amauri         Martínez        Jaraba.   

SEGUNDO:  De conformidad con lo dispuesto en el artículo 184 de  la  Ley  906 de 2004, contra la determinación adoptada en el numeral primero de  esta    providencia    es    viable   la   interposición   del   mecanismo   de  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                            JOSÉ  LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ             

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                      MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Jorge  Antonio  Taborda  Pérez,  Daniel  Vieira  Jaramillo,  José Edison Ospina Cruz,  Sergio  Steven  Vélez  Andrade,  Oscar  Orlando  Ochoa  Claros,  Héctor  Mario  Arroyave  Molina, Pablo Eduardo López Botero, Lina María Vargas Flórez y Luis  Alfonso Muñetón Echeverri.   

2 Los  demás  acusados,  Daniel  Vieira  Jaramillo,  José  Edison Ospina Cruz y Pablo  Eduardo  López  Botero,  preacordaron  la  fiscalía,  motivo  por  el  cual la  audiencia  de  formulación  de  acusación  se  celebró  solamente  respeto de  Humberto Amauri Martínez Jaraba.   

3  Sentencia  de casación del 2 de agosto de 2001, radicación 12062, reiterada en  auto de 6 de marzo de 2008, rad. 28539   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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