34600(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n°  34600   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                      Aprobado         acta         Nº225   

Bogotá, D. C., seis (6) de julio de dos mil  once (2011).   

VISTOS  

La Corte resuelve acerca de la admisibilidad  de  las  demandas  de  casación  presentadas por los defensores de Hernán   Vargas  Méndez  y  Carlos  Arturo  Ramírez Cuellar, contra la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de Neiva, el 15 de diciembre de  2009,  mediante  la cual confirmó, con algunas modificaciones, la proferida por  el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, el 17 de abril del  mismo  año,  que  los  condenó  como  autor y cómplice respectivamente de las  conductas  punibles de falsedad ideológica en documento público y contrato sin  cumplimiento de requisitos legales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                 

1.  Los primeros  fueron    sintetizados    por    el    sentenciador  de  segundo  grado  de  la  siguiente manera:   

“Se  extrae  del  plenario  que  en  el  municipio  de  Palermo  (Huila),  durante  el  período  de Gobierno del Alcalde  Hernán  Vargas  Méndez,  se adelantó un proceso de contratación en el mes de  diciembre  de 2002, cuyo objeto consistió en la compra de textos escolares para  básica  primaria  y  secundaria  de  algunos  establecimientos  educativos  del  municipio.  El  aviso público invitando a presentar cotizaciones, presuntamente  se  fijó  el  9  de  diciembre  de esa anualidad y se desfijó el 10 siguiente,  previéndose  como  plazo para presentar propuestas, el 11 del mismo mes y año;  término  que  vencido,  se  presentaron  por  parte  de  Carlos Arturo Ramírez  Cuellar,  la  comercializadora  SEDEP y/o Diana Marcela Artunduaga, la librería  Fénix  y/o  Silvino  Trujillo Losada. La evaluación de las ofertas se llevó a  cabo  el  18 de diciembre según acta levantada, seleccionando al primero de los  citados.   

En  informe  evaluativo  de  la Personería  Municipal  de  Palermo, se concluye que el aviso 021 de 2002, por medio del cual  se  invitaba  a cotizar, nunca se publicó, pues la administración municipal en  cabeza  del Alcalde y sus colaboradores, entorpecieron el proceso precontractual  para   favorecer   a   uno   de   los   postulantes   o  proponentes”.   

2.   Por  los  anteriores   hechos,   la  Fiscalía  General  de  la  Nación,   el  14  de  marzo  de  2006,  profirió  resolución  de  acusación,  así:   

a)  Acusó  a  Hernán  Vargas Méndez como  autor  de  los delitos falsedad ideológica en documento público y contrato sin  cumplimiento de requisitos legales.   

b) Acusó a Carlos Arturo Ramírez Cuellar,  como cómplice de las conductas ya referidas.   

El calificatorio fue recurrido y confirmado  el  20  de  octubre siguiente por la Fiscalía Segunda Delegada ante el Tribunal  Superior.   

3.  El  expediente  pasó al Juzgado Quinto  Penal  de  Circuito  de  Neiva,  autoridad  que  el  17  de abril de 2009 dictó  sentencia de primera instancia de la siguiente manera:   

3.1  Condenó a Hernán Vargas Méndez a la  pena  principal  de 72 meses de prisión, multa de $15.450.000 e inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el lapso de 90 meses,  como   autor  responsable  de  los  comportamientos  típicos  de  contrato  sin  cumplimiento   de   requisitos  legales  y  falsedad  ideológica  en  documento  público.   

3.2  Condenó  a  Carlos  Arturo  Ramírez  Cuellar  a  la  pena  principal  de 40 meses de prisión, multa de $12.875.000 e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término   de   50   meses,  como  cómplice  de  las  infracciones  citadas  en  precedencia.   

4.  Apelado  el  fallo  por  los  defensores,  el Tribunal Superior de  Neiva,  el  15  de diciembre siguiente, al resolver el recurso, lo modificó, en  cuanto  condenó  a  Carlos  Arturo  Ramírez  Cuellar a la pena principal de 24  meses  de  prisión,  multa equivalente a 25 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por    30    meses,    como    cómplice    de    los    delitos   anteriormente  mencionados.   

Así  mismo,  le  concedió  la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

En  lo  demás, el fallo no sufrió ninguna  modificación.   

Contra  la  anterior  decisión, la defensa  técnica interpuso recurso de casación.   

S     Í     N     T     E     S     I  S            D       E          L      O  S      L I B E L O S   

Demanda presentada a nombre de Hernán Vargas  Méndez   

Basado  en  la  causal primera de casación,  según  la  sistemática  reglada  en la Ley 600 de 2000, presenta dos reproches  contra la sentencia de segunda instancia, así:   

Primer cargo  

Acusa   al  Tribunal  de  haber  vulnerado  directamente  la  ley  sustancial,  toda vez que se inaplicó la prohibición de  doble  incriminación, conforme a lo preceptuado en el artículo 8° del Código  Penal.   

Argumenta  que  los juzgadores excluyeron la  aplicación  del  artículo  29  del  Decreto  2160  de 2002 y consecuentemente,  aplicaron  indebidamente el artículo 410 del Código Penal de 2000, relacionado  con   la  derogación  del  Decreto  Reglamentario  855  de  1994,  respecto  al  requerimiento   de  dos  ofertas,  tratándose  de  contratos  descritos  en  el  artículo 24, numeral a) de la Ley 80 de 1993.   

Después   de  reiterar  lo  anteriormente  expuesto  y  de  citar jurisprudencia de la Corte, insiste en la vulneración de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  de  las  normas  referenciadas  anteriormente.   

Segundo cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber  transgredido  directamente  la  ley  sustancial,  por cuanto no se respetó la prohibición de  doble  incriminación,  vicio  que  condujo  a  que se aplicara indebidamente el  artículo  286 de la Ley 599 de 2000, en torno al delito falsedad ideológica en  documento público.   

A  continuación  transcribe un fragmento de  los  fallos  de instancia, concluyendo que sobre una misma imputación se dedujo  la  existencia  de  los  delitos de falsedad ideológica en documento público y  contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

Acota que se está ante un concurso ideal, en  el  que  con  una  misma  conducta, no “se viola dos  bienes jurídicos diferentes…”.   

Luego  de  resaltar  a  un  doctrinante y de  insistir  en lo anterior, depreca a la Corte, absolver a su representado por los  delitos enunciados.   

Demanda presentada a nombre de Carlos Arturo  Ramírez Cuellar   

La defensa, con apoyo en la causal primera de  casación,  según el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, presenta dos censuras  contra la sentencia del Tribunal de la siguiente manera:   

Primer cargo  

          Acusa  al  juzgador de segundo grado de vulnerar directamente la ley  sustancial  por aplicación indebida de los artículos 30 y 410 de la Ley 599 de  2000.   

          A  continuación  cita varios fragmentos de los fallos de instancia,  a  partir  de  los  cuales  manifiesta  que  el  punible  de  contratación  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales, se estructuró al no publicarse el aviso,  conducta    irregular    que    fue   atribuida   al   señor   Hernán   Vargas  Méndez.   

          Sin   embargo,  advierte  que  el  grado  de  participación  de  la  complicidad,  no  se  encuentra  demostrado  respecto de su defendido, dadas las  particulares  circunstancias  en las que se desarrollaron los hechos, puesto que  solamente es atribuible a los servidores públicos.   

Por  lo  anterior,  no  comparte  la condena  impuesta  a  su  procurado por el delito de contratación sin el cumplimiento de  requisitos  legales, en la medida en que él no ostentaba la calidad de servidor  público,    razón    por    la    cual    debió    ser   absuelto   por   ese  comportamiento.   

Segundo cargo  

Acusa  al  Tribunal  de  haber  transgredido  directamente   la   ley   sustancial,   toda  vez  que  no  aplicó  el  Decreto  Reglamentario  2170  de 2002, el cual derogó el Decreto 855 de 1994, respecto a  que  no  se  exigen  las  dos  ofertas, tratándose de contratos descritos en el  artículo 24, numeral a) de la Ley 80 de 1993.   

Recuerda  que el delito de contratación sin  cumplimiento  legales,  es  llamado  por la doctrina como delito en blanco, toda  vez   que   se   tiene   que   acudir   a   otras   normas   para   efectos   de  tipicidad.   

Luego  de  insistir  en  lo  anteriormente  expuesto  y  de  citar  jurisprudencia,  solicita  a la Corte casar la sentencia  impugnada, absolviendo al señor Carlos Arturo Ramírez Cuellar.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La casación en la Ley 600 de 2000  

Recuérdese   que   dado   el   carácter  extraordinario  del  recurso,  al libelista compete elaborar la demanda bajo los  estrictos   parámetros   contemplados   en   la   ley   y   decantados  por  la  jurisprudencia.   

Por  tanto,  no  basta con afirmar que en la  sentencia  o  al  interior  del  proceso,  se  cometió un error de derecho o de  actividad,  porque  debe demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia,  frente a las plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

De  acuerdo con los lineamientos fijados por  la  Sala,  es  bien  sabido  que este recurso constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa  la  legalidad  de  la  providencia. De ahí que la demanda  exija  cumplir  con  todas las formalidades estatuidas en el artículo 212 de la  Ley  600  de  2000,  como  quiera  en  ella  se debe señalar, de manera clara y  precisa,  la causal con la cual pretende la infirmación del fallo, argumentando  cómo   el  vicio  de  derecho  o  de  actividad,  según  el  caso,  conduce  a  resquebrajar la decisión.   

          Ahora  bien,  cuando  la  censura  se  postula  por  la  vía  de la  infracción  directa  de la ley sustancial, el libelista acepta que los hechos y  las  pruebas  declaradas  como  probadas  en  la sentencia, fueron correctamente  apreciadas,  razón  por  la cual el debate se circunscribe a la aplicación del  derecho,  sin  que  tenga  opción  de  cuestionar  aspectos relacionados con la  credibilidad de los elementos de juicio y el acontecer fáctico.   

          La  labor  de  demostración  de la trascendencia del yerro, tendrá  que  estar  sustentada en evidenciar cómo el juzgador seleccionó una norma que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el asunto, omitió otra que sí resolvía los  extremos   de   la   relación   jurídico   procesal  o,  habiéndola  escogido  correctamente,  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del texto de  la ley.   

          Calificación de los libelos   

Demanda presentada a favor de Hernán Vargas  Méndez   

Con relación al primer cargo, postulado bajo  la  égida  de  la  infracción  directa  de la ley sustancial, por cuanto en la  elaboración  del juicio de derecho se excluyó el artículo 29 del Decreto 2160  de  2002,  que derogó el Decreto 855 de 1994, en cuanto al requerimiento de dos  ofertas  en  el  acto  de  contratación,  vicio  que  igualmente  condujo  a la  aplicación  indebida  del artículo 410 de la Ley 599 de 2000, lo dejó a mitad  de  camino, en tanto se apartó de las inferencias hechas por el sentenciador de  segundo grado.   

En  efecto,  el  actor  parte de un supuesto  distinto   al   plasmado   en  el  fallo  recurrido,  en  torno  al  punible  de  contratación  sin  el lleno de requisitos legales, en la medida en que el cargo  por   esta   infracción,   derivó  del  no  cumplimiento  en  el  trámite  de  contratación,   consistente  en  que  el  aviso  como  presupuesto,  nunca  fue  publicado,  toda  vez  que “el mismo se elaboró con  posterioridad  a  contarse  con  las propuestas, y en la oficina del almacenista  por parte de su secretaria…”.   

Así  mismo,  quedó  evidenciado  que  las  propuestas  presentadas  nunca se llevaron en sobre cerrado, debido a que fueron  enviadas  por  el alcalde con la disponibilidad presupuestal y demás documentos  con el beneficiario del contrato.   

Es  decir,  el  hecho  que  ya  no exista la  obligación  de  tener dos o más oferentes, en nada degrada el compromiso penal  de   Vargas   Méndez   frente   al   cargo   por   el   cual   se  solicita  la  absolución.   

En   lo   atinente   a   la   segunda  censura  igualmente postulada por  vía  de  la  infracción  directa de la ley sustancial, por cuanto en una misma  imputación  fáctica  se  condenó  por  dos  delitos, lo cual en su sentir, se  trataría  de  un  concurso  aparente,  en  tanto  la  falsedad  ideológica, se  encontraría  inmersa  dentro  del  punible  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales, también se quedó en el plano del enunciado, habida cuenta  que no se desarrolló.   

Es el mismo demandante quien acepta que bajo  una  misma  acción  se  vulneraron  dos  bienes  jurídicos.  Mírese  cómo la  falsedad  se  estructuró, bajo el argumento de haberse allegado un documento en  el  que  hacía  constar  la  publicación  del  aviso,  situación que aquí no  ocurrió.   

En tales condiciones, si bien es cierto, la  publicación  del  aviso  era  un  presupuesto  para una correcta contratación,  también  lo  es  que  en ese trámite se introdujo un instrumento donde se hizo  constar un hecho contrario a la verdad.   

A más de lo anterior, el censor simplemente  limitó  su  argumento  a  citar  a  un  doctrinante  sobre  la materia, pero no  presentó   ninguna  razón  de  orden  jurídico  para  concluir  que  en  este  particular caso se predicaba dicho aserto.   

De  todas  formas,  vale  destacar  que  el  mencionado    concurso    aparente    en   este   evento   no   se   estructura.  Véase:   

Conforme a la jurisprudencia de la Corte, el  concurso  aparente ocurre cuando en una misma situación de hecho desplegada por  el  autor  pareciera adecuarse a las previsiones de varios tipos penales, cuando  en  verdad  una  sola  de  estas  normas,  es  aplicable  al  caso  en concreto,  atendiendo  razones  de especialidad, subsidiaridad o consunción que las demás  resultan  impertinentes  por  defectos  en  su  descripción  legal o porque las  hipótesis    que    contienen    van   mas   allá   del   comportamiento   del  justiciable1.   

Se   trata,   por   ende,  de  un  formal  acomodamiento  de  la conducta a dos disímiles descripciones que la punen en la  ley,  sólo que el análisis de sus supuestos bajo aquellos postulados generales  de  contenido  jurídico,  elaborados  por la doctrina, posibilitan descartar su  material  concurrencia,  por  entrar,  preferiblemente, uno de ellos a colmar en  los  distintos órdenes de los principios que los regulan, con mayor amplitud en  sus  características  estructurales,  o  en  el  desvalor  de  conducta  que es  predicable  o  en  el  nivel  de afectación del bien jurídico que es objeto de  tutela     con     su     contemplación    legal2.   

La      jurisprudencia3  ha señalado  que  el  concurso aparente de  tipos  penales  tiene  como presupuestos básicos (i) la unidad de acción, esto  es,  que  se  trata  de  una  sola  conducta  que encuadra formalmente en varias  descripciones  típicas,  pero  que realmente sólo encaja en una de ellas, (ii)  que  la  acción  desplegada  por el agente persiga una única finalidad y (iii)  que  lesione  o  ponga  en  peligro un solo bien jurídico, de manera tal que la  ausencia  de  uno de tales elementos conduce a predicar el concurso real y no el  aparente4.   

Con  base en las anteriores precisiones, es  claro  que  los  acusados  vulneraron  dos  bienes  jurídicos,  esto  es, la fe  pública  y  la  administración  del Estado. Sin embargo, la Corte no desconoce  que  si  bien  la  finalidad  de  los autores era de dar visos de legalidad a un  trámite  de  contratación,  de todos modos en la acción desplegada en orden a  consumar  dicha  ilegalidad,  lesionaron  los anteriores intereses, lo cual, sin  duda, lleva a predicar el concurso real de delitos.   

Así  las  cosas, ninguno de los dos cargos  presentados  evidencian  la  violación  de  una  norma de carácter sustancial,  motivo por el cual deviene la inadmisión del libelo.   

   Demanda  presentada a nombre de Carlos Arturo Ramírez   

Al  igual  que  en  el anterior escrito, el  actor  postula  dos  cargos  contra  la  sentencia del Tribunal, con apego a los  lineamientos de la infracción directa de la ley sustancial.   

Respecto al primer reproche, resulta fácil  advertir   el   incumplimiento   de   los   presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación,  habida  cuenta  que  se  aparta  de los hechos declarados como  probados  en  el  fallo,  en  cuanto  a  la improcedencia de condenar a Ramírez  Cuellar en calidad de cómplice.   

El  demandante  se opone a esa conclusión,  pero  no presenta ninguna hipótesis, con el fin de concluir la improcedencia de  dicho  grado  de  participación,  máxime cuando sólo informa que su procurado  carecía de la calidad de servidor público.   

Empero, de esa particular forma de entender  la  evidencia  procesal,  de  igual manera no se avizora el por qué el grado de  participación  de  cómplice  no  compagina  con  los  supuestos de la conducta  punible de contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

Y    en   torno   a   la   segunda  censura,  como  sucedió  con  la  primera,  de  la  anterior  demanda,  el  actor  pasó por alto que el juicio de  responsabilidad  atribuido a los procesados, con relación a la conducta punible  que  atenta contra la administración pública, no se construyó a partir que en  el  proceso  de  contratación  se  omitió lo atinente al mínimo de oferentes,  sino  que,  entre  otras  cosas, se incumplió con el presupuesto de publicar el  aviso de la convocatoria.   

Como quiera que ninguno de los cargos cuenta  con    la    debida    demostración,   se   impone   la   indamisión   de   la  demanda.   

           Resta  señalar  que  no se observa que con ocasión del fallo impugnado o dentro de la  actuación  se  hayan violado otros derechos o garantías de los intervinientes,  como  para  que tal circunstancia imponga superar los defectos de la demanda, en  orden  a  decidir  de fondo, según lo dispone el artículo 216 de la Ley 600 de  2000.   

    En  mérito   de   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

          INADMITIR   las demandas de casación presentadas  por   los   defensores   de  Hernán  Vargas  Méndez  y  Carlos  Arturo  Ramírez  Cuellar.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

                                            

                                                     JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                                  SIGIFREDO       ESPINOSA  PÉREZ                         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS           

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

                                                                                                                                   

                                                   NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

                                                                    Secretaria   

    

1  Cfr.  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación  Penal,  sentencias  de  9 de marzo de 2006, radicación 23755 y de 10 de mayo de  2001, radicación 14605, entre otras.   

La  Corte  Constitucional  lo  define como  aquel  concurso que tiene lugar cuando una misma conducta parece subsumirse a la  vez  en  varios tipos penales diversos y excluyentes, de tal manera que el juez,  no  pudiendo  aplicarlos coetáneamente sin violar el principio del non   bis   in   ídem,  debe  resolver  concretamente  a  cuál  de  ellos  se  adecúa  el  comportamiento  en  estudio  (Sentencia C-133/99).   

2 En lo  dicho  véase  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de  15 de junio de 2005, radicación 21629.   

3 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, sentencia de 17 de agosto de  2005, radicación 19391.   

4 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de 15 de junio de 2005,  radicación 21629.     

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