36094(08-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 36094  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                      Magistrado ponente:   

                                                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

Aprobado Acta N°.193  

Bogotá,  D. C., ocho (8) de junio de dos mil  once (2011).   

VISTOS:  

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de la procesada Mirta  Beatriz  Alarcón  Rojas, contra la sentencia de segunda instancia proferida por  el  Tribunal Superior de Cundinamarca, por medio de la cual confirmó la dictada  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Girardot que la condenó como  autora  responsable  de  la  conducta  punible de fraude a resolución judicial.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1. Los primeros fueron resumidos en el fallo  de primer grado de la siguiente manera:   

El  7  de septiembre de 2001, José Ignacio  Escobar  Villamizar,  inició  proceso  ejecutivo  singular  contra  María  del  Tránsito  Veloza  Zea,  ante  el Juzgado Segundo Civil Municipal de esta ciudad  (Girardot),  y  dentro de las medidas previas, solicitó el embargo del crédito  que  le  correspondía  a  la  señora  María del Tránsito, dentro del proceso  ejecutivo  de  ésta  contra  Leonidas Lara (Orjuela), que cursaba en el Juzgado  Cuarto  Civil  Municipal  de  esta  ciudad,  lo  que se limitó hasta la suma de  $5.800.000,  por lo que el Juzgado Cuarto en mención, conforme a esa solicitud,  procedió a decretar el embargo de la totalidad del crédito.   

El 2 de septiembre de 2002, la doctora Mirta  Beatriz  Alarcón  Rojas,  en su condición de apoderada de María del Tránsito  Veloza  Zea,  mediante recibo de caja N° 09-01, transó el negocio con Leonidas  Lara  (Orjuela), por la suma de $2.500.000; sin embargo, no dio aviso al Juzgado  Cuarto  Civil  Municipal  de  esa transacción, ni solicitó la terminación del  proceso  por  pago  de  la  obligación,  ni  dio  cumplimiento al requerimiento  ordenado  por el Juzgado Segundo Civil Municipal por medio del cual la requería  para  que consignara los $2.500.000 que había recibo por parte de Leonidas Lara  Orjuela.   

2. Clausurada la investigación, la Fiscalía  Quinta  

Seccional  de  Girardot, en providencia de  noviembre  27  de  2006  profirió resolución de acusación contra la procesada  Mirta  Beatriz  Alarcón  Rojas  como  presunta  autora  del  delito de fraude a  resolución  judicial,  decisión  que  quedó  ejecutoriada  el  6 de diciembre  siguiente.   

3. Correspondió al Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  esa  ciudad  adelantar  el  juicio  y  celebradas  las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento,  el  18  de  noviembre  de  2008 condenó a la  enjuiciada  como  autora  responsable  de  la  conducta  punible  materia  de la  acusación  a  las  penas  de  doce  (12)  meses de prisión, multa de cinco (5)  salarios  mínimos  mensuales  legales vigentes, inhabilitación en el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  igual  al  de la sanción  privativa  de  la  libertad,  y  le  otorgó  la  suspensión  condicional de la  ejecución de la pena.   

4.  Ese fallo fue apelado por el defensor de  la  procesada y el apoderado de la parte civil, y el 16 de septiembre de 2010 el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  lo  confirmó, decisión contra la cual el  primero   de   los   recurrentes  en  primera  instancia  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA:  

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  primero  y  segundo,  artículo  207  de  la  ley  600  de 2000, el casacionista  formuló   dos   cargo   contra   la   sentencia   proferida  por  el  Tribunal,  así:   

Cargo  primero  (violación  directa):  por  aplicación  indebida  de  los artículos 83 y 454 del Código Penal y 531 de la  ley 906 de 2004.   

En el presente asunto -precisó el libelista-  la  prescripción  de  la  acción  penal ocurrió el primero de agosto de 2006,  esto  es,  antes  de  la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación que se  presentó  el  5  de diciembre de ese mismo año de acuerdo con la notificación  por  estado  o  el  13 de esos mismos mes y año si al efecto se tiene en cuenta  que  la  última  notificación se hizo a la procesada en forma personal el 7 de  diciembre.   

Esto  porque  independientemente  de  si  se  configuró  o  no  en  el  caso  investigado  el  delito de fraude a resolución  judicial  cuya  pena  máxima  establecida  en  el  artículo 474 del cp es de 4  años,  esta  queda reducida a tres en virtud a la aplicación por favorabilidad  del artículo 531 de la ley 906 de 2004.   

Si  lo  anterior  es así, la resolución de  acusación  fue proferida cuatro meses y cinco días después de haber prescrito  la  acción  penal,  debiéndose  tener  como  base  que  la conducta punible se  materializó  el primero de agosto de 2003, fecha en la cual quedó ejecutoriado  el  auto  del 17 de julio de ese mismo año por medio del cual el Juzgado Cuarto  Civil  Municipal  de  Girardot  ordenó  citar a su defendida para que pusiera a  disposición    del    Juzgado    Segundo    Civil    Municipal   la   suma   de  $2.500.000.   

Por  lo anterior, solicitó casar el fallo y  declarar la prescripción de la acción penal.   

Cargo  segundo (violación indirecta): error  de  hecho por falso juicio de identidad que llevó a la aplicación indebida del  artículo 454 de la ley 599 de 2000.   

El Tribunal dio por demostrada la autoría y  responsabilidad   de   la  procesada  en  la  conducta  punible  materia  de  la  acusación,  al  distorsionar  el  contenido fáctico de la prueba, yerro que lo  llevó  a  dejar  de  apreciar  que  en la actuación emergía duda que impedía  llegar  a  la  certeza  sobre  el  compromiso  penal de su defendida en el hecho  investigado.   

Luego  de  referirse a las exigencias que la  ley  establece  para  condenar  y  al principio del in  dubio  pro  reo,  hizo  énfasis en que en el presente  asunto  no  existió  el  delito  de  fraude a resolución judicial, sino que la  actuación  de  la acusada se ajustó a los estrictos parámetros de legalidad y  en ningún momento a contrariar la ley.   

Es  de  la  opinión  que la “prueba  sobre  la  cual  se  pretende fundar la decisión recurrida  está  lejos  de proporcionar certeza respecto de la responsabilidad penal de la  doctora  Mirta  Beatriz  Alarcón Rojas.”     

Por  lo anterior, solicitó casar el fallo  impugnado  y proferir uno de reemplazo que absuelva a la procesada de los cargos  imputados.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE:   

1.  De  conformidad  con  lo  previsto en el  inciso  1° del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, aplicable al presente  asunto,  el recurso extraordinario de casación procede contra las sentencias de  segundo  grado  proferidas  por los Tribunales Superiores de Distrito Judicial y  por  el  Tribunal  Superior  Militar, en los procesos que se hubieren adelantado  “por delitos que tengan señalada pena privativa de  la     libertad     cuyo    máximo    exceda    de    ocho    años”.   

2. Tratándose de fallos de segunda instancia  no  proferidos  por los mencionados tribunales, o cuando la conducta punible por  la  cual  se  procede  tiene  pena  privativa de la libertad inferior al quantum  punitivo  señalado  en precedencia o sanción no restrictiva de la libertad, el  inciso  3°  del  artículo  205  del  mencionado estatuto procesal faculta a la  Corte para admitir discrecionalmente la demanda de casación,   

cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos por la ley.   

3.  Para  impugnar  la  sentencia de segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca era necesario  acudir  a  la casación excepcional que consagra el inciso tercero del artículo  205  de  la ley 600 de 2000, porque la conducta punible por la cual la procesada  Mirta  Beatriz  Alarcón  Rojas  fue  acusada  y  condenada,  esto  es, fraude a  resolución  judicial (artículo 454 ley 599 de 2000), tiene fijada pena máxima  que no excede de ocho años.   

4.  Cuando  se  acude  a  la  casación  excepcional, el demandante debe  cumplir  dos  exigencias:  (i)  demostrar  que  la  intervención de la Corte es  necesaria  para  la  protección de las garantías fundamentales o el desarrollo  de  la  jurisprudencia,  y (ii) presentar una demanda que cumpla las condiciones  mínimas  de  forma  y  contenido  requeridas por la ley y la lógica casacional  para su estudio.   

5.  En  el  primer  evento,  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha venido  sosteniendo  que  se hace necesario que el recurrente exponga así sea de manera  sucinta  pero  clara  qué  es  lo que pretende con la impugnación excepcional,  debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya  garantía persigue o el tema  jurídico  sobre  el  cual considera se hace indispensable un pronunciamiento de  autoridad por parte de esta Corporación.   

En  relación  con la casación discrecional  compete  al  libelista  expresar  con  claridad y precisión los motivos por los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  utilidad  simultánea  de brindar solución al  asunto y a la par servir de guía a la actividad judicial.   

Y  si  lo  pretendido  por  quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias,  que  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la  sola referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

6.  Además, las razones que aduce el censor  para  persuadir  a  la  Corte  sobre  la  necesidad de admitir la demanda, deben  guardar  correspondencia  con  los  cargos  que  formule contra la sentencia. Lo  anterior  porque  no  podría entenderse cumplido el requisito de sustentación,  de  manera  que si se reclama el pronunciamiento de la Sala sobre la protección  de  los derechos fundamentales o un específico tema, es apenas elemental que la  censura  le  permita  a  esta  Corporación  examinar  en concreto uno o los dos  puntos  que  la  habilitan.  En  otras palabras, debe haber perfecta conformidad  entre   el   fundamento   de   la   casación   excepcional  (desarrollo  de  la  jurisprudencia  y/o  protección  de  garantías  fundamentales), el cargo o los  cargos  que  se  formulen  contra el fallo y, por consiguiente, el desarrollo de  los mismos.   

7.  Es  pertinente  recordar  que,  en  lo  relacionado  con  el  desarrollo  jurisprudencial,  la  Sala ha sostenido que es  deber   del   casacionista   indicar  si  lo  pretendido  es  fijar  el  alcance  interpretativo  de  alguna  disposición,  o la unificación de  posiciones  disímiles  de  la  Corte,  o  el  pronunciamiento  sobre  un punto concreto que  jurisprudencialmente   no   ha   sido   suficientemente   desarrollado,   o   la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y  jurídicas;  y,  además,  la incidencia favorable de la pretensión doctrinaria  frente  al  caso  y  la ayuda que prestaría a la actividad judicial, por trazar  derroteros   de   interpretación   con   criterios   de   autoridad1.   

8.  La  segunda condición presupone cumplir  con  los requerimientos mínimos de forma y contenido señalados en el artículo  212  de  la  ley  600  de  2000,  a  saber:  (i)  identificación de los sujetos  procesales  y  de  la  sentencia  impugnada,  (ii) resumen de los hechos y de la  actuación  procesal,  y  (iii)  demostración  del cargo, exigencia que implica  señalar   la   causal   invocada,   las   normas   procesales   y  sustanciales  transgredidas,  y  las  razones  del  reparo,  todo  dentro  del  marco  de  los  principios  que  rigen  la  casación  y  la  lógica  de  la  causal planteada.   

9. En el presente asunto, el defensor de la  procesada  no asumió previamente la demostración de que existía uno o los dos  motivos  que  hacían  procedente  esa  vía  discrecional,  sino  que  entró a  plantear  dos  cargos  bajo  la  égida  de  la causal primera, cuerpo primero y  segundo,  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  en  postura  que  deviene  insuficiente  a  los  propósitos  de la casación discrecional porque uno es el  cargo  que  se  formula  dentro del marco de una determinada causal y otro es el  motivo  que  justifica la necesidad de ejercer la facultad discrecional de abrir  la  puerta  de  la impugnación extraordinaria a un asunto que ordinariamente no  tiene acceso a ella.   

10.   En   consideración   a  que en el cargo  primero  formulado el censor denuncia la prescripción  de  la  acción  penal  ante  la  falta  de  aplicación  por  favorabilidad del  artículo    531   de   la   ley   906   de   2004,   y   en   el   segundo   alude  al  desconocimiento  del  principio  in dubio pro reo,  lo   cual   vendría   a  representar  una  aparente  transgresión  a  derechos  fundamentales,  y  esto permitiría entender que la casación excepcional que se  debió  proponer buscaba la materialización del primer fin previsto en la norma  (protección  de las garantías fundamentales), este ejercicio complementario es  factible  a  nivel  de las instancias, pero no en casación, porque en esta sede  rigen  los principios de motivación suficiente, en virtud del cual se exige que  la  demanda  se  baste así misma para lograr el desquiciamiento del fallo, y el  de  limitación,  que  le  impide  a  la  Sala  entrar a suplir las deficiencias  argumentativas del libelo o enmendar sus yerros.   

11.  No  obstante estas falencias, de por sí suficientes para desestimar  el  acceso a la casación excepcional, al recurrente no  le  asiste razón en la fundamentación y la manera de  exponer tales reparos, por lo siguiente:   

Cargo  primero:  prescripción de la acción  penal.   

11.1.  En  relación  con  el  cargo  primero  si  la sentencia se dictó  estando  prescrita  la acción penal, el yerro en casación se debe formular por  la  causal  de  nulidad  -tercera  del  artículo  200 del decreto 2700 de 1991,  modificado  por  el  artículo  3° de la ley 553 de 2000, tercera del artículo  207  ley  600  de  2000,  y segunda del artículo 181 de la ley 906 de 2004-, no  obstante  su  demostración  corresponde  hacerse  por los senderos de la causal  primera en cualquiera de sus sentidos o modalidades.   

Frente a esta temática, la Sala ha sostenido  lo que aquí se reitera:    

“(…),  la denuncia en sede de casación  sobre  la  consolidación  del fenómeno de la prescripción de la acción penal  ocurrida  en  la fase instructiva o antes del proferimiento del fallo de segundo  grado,   debe  plantearse  en  la  demanda  al  amparo  de  la  causal  tercera.   

Y  es  que  de  haberse  continuado  con el  ejercicio  del  poder  punitivo  del Estado después de que, por virtud del mero  transcurso  del  tiempo  perdió  dicha  facultad, la actuación posterior a ese  momento  deviene  inválida. Pero, además, su demostración corresponde hacerse  por  los  derroteros  de  la  causal  primera  en  cualquiera  de sus sentidos y  modalidades.   

(…)  Tal  ha  sido  el pacífico criterio  jurisprudencial  contenido,  entre  otros, en los siguientes pronunciamientos de  la Sala:   

…  “(…)  repugnaría a un sentimiento  general  de  justicia  que  se considerada válida una sentencia proferida en un  proceso  que  no  podía  adelantar  el  juez  por  haberse extinguido en él la  facultad punitiva del Estado.   

“Por   otros   aspectos,  pretender  la  alegación  de  este  vicio  por  la  causal  primera  de  casación resultaría  contradictorio  con  la  naturaleza de esa formulación y el fin que en ese caso  se  persigue,  pues  quien  alega  violación  directa  o  indirecta  parte  del  presupuesto  de  la  validez del proceso centrando su ataque en la ocurrencia de  errores  al  interior  de  la sentencia, y además persigue la expedición de un  fallo  de sustitución que obviamente se hace de imposible proferimiento a falta  de      una     acción     penal     vigente”2.   

Luego se indicó:  

“La Corte no advierte en esta propuesta de  ataque  contradicción intrínseca alguna que impida su estudio, como lo postula  el  Procurador  Delegado  en  su  concepto.  Por  el contrario, considera que la  solicitud  de  prescripción  al  interior  del mismo cargo resulta correcta, en  cuanto  se  presenta  como  consecuencia  de  su  prosperidad.  Tampoco advierte  equivocación  en la selección de la causal invocada, pues la prescripción, en  los  términos  que  ha  sido  planteada  en  la  demanda, solo se consolida con  ocasión  de  la  decisión  que  llegare a tomarse en esta sede como motivo del  recurso  de casación, situación que resulta ser distinta de aquella en la cual  el  fenómeno se ha consolidado antes de ser proferido  el fallo de segundo  grado,  en  cuyo  caso  la  causal  a  invocar  debe ser la tercera.3”   

En     posterior     ocasión     se  expresó:   

“La  extinción  de  la acción penal por  razón  de  la  prescripción  debe  plantarse a través de la causal tercera de  casación  por  violación  del  debido  proceso,  no  obstante  que  se hubiera  admitido  en  providencia  del  21  de marzo de 2001 con ponencia del magistrado  Carlos  Eduardo  Mejía Escobar, Rdo. 17.106, que también podía hacerse por la  primera.   

Así,  ha dicho la Sala que la prosecución  de  una  actuación  no empece haberse extinguido la acción penal constituye un  error  de  actividad  y  no de juicio, en cuanto al entrar a operar el fenómeno  prescriptivo  el  Estado pierde la facultad de adelantar el proceso. Cuando esto  ocurre,  lo pertinente es disponer la cesación de todo procedimiento criminal y  no  dictar  el  fallo  de  reemplazo,  que  sería  el resultado en el evento de  prosperar  un  cargo fundado en la causal primera, atribución de la cual carece  la  Corte  de  presentarse  el  caso  –Cfr.  Sentencia  del 29 de octubre de 2001, Rdo. 15.570, M.P. Jorge  E.  Córdoba  Poveda,  reiterada  en  la del 13 de enero del año en curso, Rdo.  20200, M.P. Álvaro Orlando Pérez Pinzón.   

De esta manera retomó la Sala la tesis que  de  antaño venía pregonando, al sostener, entre otros pronunciamientos, el que  la  Delegada evoca, de que la alegación de la prescripción de la acción penal  en  casación  debe  encausarse al auspicio de la causal tercera, por la vía de  la  nulidad”4.   

…  Cuando la prescripción de la acción  penal  ocurre  durante  la   etapa  de  instrucción o en el período de la  causa,  pero  de  todas  maneras  antes  de  proferirse  la sentencia de segunda  instancia,  la  Sala  tiene  dicho  que   “recurrida ésta en casación y  admitida   la  respectiva  demanda  por  cumplir  con  los  requisitos  formales  señalados  en  la  ley (arts. 212 y 132 P.P., antes 225 y 226) lo procedente es  casarla  oficiosamente, …, si, como en este caso, no fue objeto de específica  acusación,  pues  resulta  incuestionable  que  fue  dictada  respecto  de  una  acción,  que  por  el fenómeno prescriptivo aludido, ya no podía proseguirse.  La  presunción de legalidad que ampara los fallos de instancia, se quiebra ante  la  vulneración  del debido proceso, dado que no pueden culminar las instancias  mediante  decisiones que jurídicamente no pueden proferirse y, como quiera que,  por  la calificación y admisión de la demanda se ha iniciado el debido proceso  de   la   casación,  éste  debe  culminar  en  sentencia  que  le  ponga  fin.   

“Situación  distinta se presenta cuando  la  prescripción  de  la  acción  es sobreviniente a la sentencia del ad quem,  caso  en  el  cual,  a la sentencia de segunda instancia no se le puede atribuir  ilegalidad  alguna,  pues  el  Estado  conservaba incólume su facultad punitiva  para  dictarla,  por  consiguiente, en dicha situación, lo indicado es acudir a  la       cesación       de       procedimiento5”.   

Y,    en   reciente   oportunidad   se  precisó:   

“(…)   La   prescripción  desde  la  perspectiva  de  la  casación,  puede  producirse:  a) antes de la sentencia de  segunda  instancia;  b)  como  consecuencia de alguna decisión adoptada en ella  con  repercusión  en  la  punibilidad; o, c) con posterioridad a la misma, vale  decir, entre el día de su proferimiento y el de su ejecutoria.   

Si en las dos primeras hipótesis se dicta  el  fallo,  su  ilegalidad  es  demandable  a  través del recurso de casación,  porque  el  mismo  no  se  podía  dictar  en consideración a la pérdida de la  potestad punitiva del Estado originada en el transcurso del tiempo.   

Frente a la tercera hipótesis la solución  es  diferente.  En  tal  evento  la  acción  penal estaba vigente al momento de  producirse  el fallo y su legalidad en esa medida resulta indiscutible a través  de  la  casación,  porque  la  misma  se  encuentra  instituida  para juzgar la  corrección  de  la  sentencia y eso no incluye eventualidades posteriores, como  la    prescripción    de    la   acción   penal   dentro   del   término   de  ejecutoria.   

Cuando   así   sucede,   es  deber  del  funcionario  judicial  de  segunda  instancia  o  de la Corte si el fenómeno se  produce  en el trámite del recurso de casación, declarar extinguida la acción  en  el  momento  en  el  cual  se cumpla el término prescriptivo, de oficio o a  petición  de  parte.  Pero  si  no  se advierte la circunstancia y la sentencia  alcanza  la categoría de cosa juzgada, la única forma de remover sus efectos e  invalidarla  es  acudiendo  a la segunda de las causales que hacen procedente la  acción            de            revisión6”7.   

11.2.  Al  margen  de  la deficiencia en la  escogencia  de  la  causal,  la  falta  de  fundamentación  en  este  reparo es  evidente,  porque  el  artículo  531  de  la  ley  906  de  2004  fue declarado  inexequible    a    partir    de    su    vigencia8   y   si   bien  el  Tribunal  Constitucional   al  modular  la  decisión  dejó  abierta  la  posibilidad  de  reconocer   las  prescripciones  previstas  en  el  proceso  de  descongestión,  depuración   y  liquidación  a  que  se  refería  el  precepto  retirado  del  ordenamiento  jurídico  que  se  hubiesen  consolidado en su vigencia, esto es,  antes  del  1°  de septiembre de 2004, dicha circunstancia aquí no aconteció.   

11.3.  En efecto, el comportamiento punible  de  fraude a resolución judicial del artículo 454 de la ley 559 de 2000 que se  atribuyó  a  la  procesada  contempla un máximo de pena de cuatro (4) años de  prisión.  La  cuarta parte (1/4) de ese tope, son doce (12) meses, que restados  a  los cuarenta y ocho (48) arrojan un resultado de treinta y seis (36) meses -3  años-,  tiempo  máximo de prescripción -de conformidad con lo que preveía el  inciso  1°  del artículo 531 del cpp- que no transcurrió entre el 15 de   agosto  de  2003  -fecha  en  la  cual la doctora Alarcón Rojas se notificó en  forma  personal del auto del 17 de julio de ese mismo año por medio del cual el  Juzgado  Cuarto Civil Municipal de Girardot ordenó requerirla para que dejara a  disposición   del  Juzgado  Segundo  de  esa  misma  especialidad  y  sede  los  $2.500.000   que   había   recibido-    y  el  primero  de  septiembre  de  2004.9   

11.4.   Es  más,  en  relación  con  la  naturaleza  del  tipo penal del fraude a resolución judicial, esta Corporación  expresó:   

El  tipo  llamado  fraude  a  resolución  judicial  se  encuentra  descrito  en el artículo 454 de la ley 599 de 2000, en  iguales  términos  a como lo hacía el 184 del decreto 100 de 1980, vale decir:  “El  que  por  cualquier  medio  se  sustraiga  al cumplimiento de obligación  impuesta  en  resolución  judicial,  incurrirá…”.  Tal  precepto no ofrece  dificultad  alguna.  Suele  ocurrir  que  los  funcionarios, al resolver asuntos  sometidos  a  su  conocimiento,  imponen cargas a los particulares, de cualquier  índole  (penales,  civiles, laborales, administrativas, etc.) y es deber de las  personas  acatar  tales órdenes, sin entrar a evaluar si ellas son convenientes  u oportunas.   

En  otras  palabras,  todas  las  personas  tienen  el  deber  de  acatar  los fallos judiciales, materializándose así las  garantías  del  acceso a la justicia y el restablecimiento del derecho, pues no  tendría  sentido  que  las  órdenes impartidas quedaren expuestas a una simple  expectativa en su cumplimiento.   

Solamente la demostración fehaciente de la  imposibilidad  material o jurídica de hacerlo, podría impedir que se llevara a  cabo  el mandato establecido por el legislador. De manera que cuando la negativa  obedece  a  cualquier tipo de artificios, argucias, mentiras, engaños, etc., se  desacata  una  orden  legítima  que  se  está obligado a cumplir y por ello el  comportamiento  se  debe reprimir penalmente y, mientras subsista la posibilidad  de  hacerlo,  se  permanece  en  la  conducta punible, hasta cuando se cumpla lo  dispuesto,  o  desaparezca  la  obligación  jurídica  de efectuarlo, o se haga  materialmente    imposible    el    cumplimiento.10   

En  el  presente asunto, de acuerdo con los  fallos  de  instancia,  la procesada fue enterada en el mes de agosto de 2003 de  la  orden  dispuesta  por  los  Juzgados Segundo y Cuarto Civiles Municipales de  Girardot  a  efectos  de  que dejara a disposición del primer despacho judicial  los  $2.500.000  que  había  recibido,  se  sustrajo  al  cumplimiento  de  los  distintos  requerimientos  que  se le hicieron, desacatando la orden judicial en  comportamiento   que   así  mantuvo,  inclusive,  hasta  la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación  que  se  materializó  el  6  de diciembre de 2006.   

Por   lo   anterior,   la   censura   se  inadmite.   

Cargo segundo (violación indirecta): error  de hecho por falso juicio de identidad.   

11.4.  Cuando lo pretendido es denunciar la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  impugnante debe señalar qué en concreto dice el  medio   probatorio,   qué  exactamente  dijo  de  él  el  juzgador,  cómo  se  tergiversó,   cercenó   o   adicionó   haciéndole   producir   efectos   que  objetivamente  no  se establecen de él, y, lo más importante, la trascendencia  del  desacierto  en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva  de la sentencia.   

11.5.  Estas  elementales exigencias fueron  desatendidas  por  el  censor,  quien  se  conformó  con anunciar la violación  indirecta  de  la  ley sustancial por error de hecho derivado de falso juicio de  identidad  que  llevó  a la aplicación indebida del artículo 454 del cp, pero  dejó  a la Corte sin saber sobre cuál o cuáles pruebas recayó el desacierto,  qué  en  concreto  decían las mismas, cuál fue la contemplación que de ellas  hizo  el  Tribunal  y  tampoco  demostró las trascendencia del desacierto en lo  decidido en el fallo impugnado.   

11.6. Ahora:   cuando   la  pretensión  del  casacionista  se  dirija  al  reconocimiento   del  in  dubio  pro  reo,  como  aquí  lo  propuso el libelista en otros de los apartes del  cargo  segundo,  la  jurisprudencia de esta Sala tiene entendido que dos son las  alternativas  con  que cuenta para su reclamo en esta sede: Una, acudiendo a los  postulados  de  la  violación directa en el evento que el juzgador admite en la  motivación  de  la  sentencia  su  ocurrencia  pero  no la reconoce en la parte  resolutiva;  y  otra,  bajo  los  lineamientos  de la violación indirecta en la  hipótesis  en que el fallo no la acepta pero el demandante demuestra a la Corte  su  existencia  por  haber  incurrido  aquél  en errores de derecho o de hecho,  tarea   que  el  demandante  no  asumió.     

   

11.7. El casacionista tampoco demostró por  qué  a  favor  de  su  defendida  se debe reconocer la duda sobre su autoría y  responsabilidad  en  la  conducta  punible  de fraude a resolución judicial, en  contravía  de  las consideraciones de los jueces de instancia que al valorar en  conjunto  las  diferentes pruebas acopiadas llegaron a una conclusión contraria  a  la  ofrecida  por  el  recurrente  que  olvidó  que  la casación no ha sido  instituida  para  dilucidar esta clase de enfrentamientos, sino para denunciar y  demostrar  errores  trascendentes  de juicio o actividad que en el presente caso  el  impugnante  no  evidenció  frente  a  una  decisión  amparada por el doble  principio de acierto y legalidad.   

12.  Lo  anterior  significa que la demanda  presentada   por   el  actor  se  ofrece  inepta  y  hace  inviable  el  recurso  extraordinario,  de  manera  que  al no cumplir los requisitos de contenido y de  fundamentación,  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 213 de la  Ley  600  de  2000,  se inadmitirá y se devolverá el expediente al despacho de  origen,  siendo de añadir que tampoco se advierte violación alguna de derechos  fundamentales  como para habilitar el ejercicio de la facultad oficiosa a que se  refiere el artículo 216 ibídem.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda de casación presentada  por el defensor de la procesada Mirta Beatriz Alarcón Rojas.   

Contra  esta providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                   JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ                     

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                          

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO              MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

          

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                      JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA                                                    

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria   

    

1 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA,    Sala    de    Casación    Penal,    auto   de   26   de  febrero  de  2000,  radicación 18447, entre otros.    

2 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA,    Sala    de    Casación    Penal,    Sentencia  octubre  13 de 1994, radicado  8690.   

3  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  Sentencia   mayo  28  de  2000,  radicado 16.441.   

4 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala de Casación Penal,   Sentencia   marzo  24  de 2003, radicado 20.164,  reiterada  en  auto de junio  2 de 2004, radicado 21.484.   

5 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA,    Sala    de    Casación    Penal,    Sentencia  octubre  24 de 2003, radicado  17.466.   

6 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA,    Sala    de    Casación    Penal,    sentencia  junio 30 de 2004, radicación.  18.368.   

7 CORTE  SUPREMA    DE    JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,    auto  septiembre  8 de 2004, radicación  22.588.   

8 CORTE  CONSTITUCIONAL,       Sentencia      C-1033 de diciembre 5 de 2006.   

9  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  auto  abril  21  de  2010,  radicación 33068.   

10  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  sentencia    revisión  septiembre 24 de 2002, radicación 12585.     

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