35835(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 35835  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 078  

Bogotá, D. C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Héctor  Mauro  Holguín  Idárraga contra la sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de  Armenia,  el  19 de noviembre de 2010,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado  Cuarto Penal del  Circuito  de  la misma ciudad, el 17 de septiembre del mismo año, y lo condenó  a   la   pena   principal  de  400  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el   lapso  de  20  años,  como  autor de la conducta punible de homicidio  agravado.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“De la actuación  surtida  se  desprende que promediando las cuatro de la tarde (4:00 P.M.) del 26  de  enero  de  2010,  cuando  el  señor HUGO GIRALDO MUÑOZ se encontraba en su  residencia  ubicada  en  la  carrera  5  No.  13-48  del  municipio  de Quimbaya  (Quindío),  departiendo  con  los  señores  HÉCTOR  MAURO HOLGUÍN IDÁRRAGA,  CRISTIAN  RAMÓN  DUQUE  MARÍN  y JHON MARIO DE JESÚS GONZÁLEZ ORDÓÑEZ, fue  agredido  con  arma blanca, falleciendo al día siguiente en la Clínica Central  de  Armenia donde le prestaban asistencia profesional por razón de las lesiones  ocasionadas.   

“En desarrollo de  los  actos  de  investigación,  especialmente, por virtud del señalamiento que  hiciera  el  señor  JHON  MARIO  DE JESÚS GONZÁLEZ ORDÓÑEZ se vinculó como  presuntos  responsables  del  violento  acontecer  a  los señores HÉCTOR MAURO  HOLGUÍN  IDÁRRAGA  y  CRISTIAN RAMÓN DUQUE MARÍN, este último quien aceptó  los cargos”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la fiscalía  presentó  escrito  de  acusación en contra de Héctor Mauro Holguín Idárraga  por el delito de homicidio agravado.   

2.  Celebradas  las audiencias preparatoria,  del  juicio  oral  y anunciado el sentido del fallo, el Juzgado Cuarto Penal del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Armenia  (Quindío),  el  17  de  septiembre  de  2010, dictó sentencia de primera instancia en la que condenó a  Héctor  Mauro Holguín Idárraga a la pena principal de 400 meses de prisión y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  lapso de 20 años, como autor de la conducta punible de  homicidio agravado.   

3.  Apelado  el  fallo  por  el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Armenia,  el  19  de  noviembre  de  2010, al desatar el  recurso, lo confirmó.   

Contra  la  anterior  decisión,  la defensa  técnica de Holguín Idárraga presentó demanda de casación.   

S  Í  N  T  E S I S    D E  L    L I B E L O   

El  defensor,  al  amparo  de  las  causales  primera y tercera de casación, presenta dos cargos, así:   

En primer lugar, indica que la sentencia debe  quebrarse  a  fin  de  que  se  declare  la  nulidad  de  todo  lo  actuado y se  restablezcan  los  derechos constitucionales  y legales de su representado.  Así  mismo,  insiste  en  que  la  Corte  debe  intervenir  como  Tribunal     de     casación     a     fin    de   reparar   el yerro que cometió el sentenciador al valorar varios medios de  convicción.   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,  la ley sustancial, en tanto no le dio aplicación al artículo 365 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  esto  es,  lo referido a que la audiencia de  juzgamiento  debía  celebrarse  dentro  de  los  treinta  días siguientes a la  terminación  de  la  audiencia  preparatoria.  Por  tanto,  depreca que se debe  declarar la nulidad de la audiencia de juzgamiento.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la  ley sustancial, por cuanto desconoció las normas que regulan la  actividad  probatoria  en torno a la apreciación de las pruebas y con relación  al testigo Cristian Duque Marín.   

A  continuación,  luego  de  transcribir un  fragmento  del  dicho  del  deponente,  insiste  en que el juzgador incurrió en  falso  raciocinio al no tener en cuenta lo preceptuado en el artículo 380 de la  Ley  906  de  2004. De ahí que concluya que el sentenciador dejó de aplicar el  artículo 381 del mismo estatuto.   

Afirma   que   el   juzgador  valoró  los  testimonios  de  González  Ordóñez  y Duque Marín en lo referido al lugar en  que  su  representado  “le  tenía  las  piernas  al  señor  Hugo”.  Sin embargo, se duele que el fallador no  hubiese  apreciado  el  dictamen  pericial  de  la  necropsia  en donde se dejó  constancia que la víctima no tenía lesiones.   

Después de definir la sana crítica desde su  personal  perspectiva,  pide  a la Corte la casación de la sentencia conforme a  lo expuesto en precedencia.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  En  el Código de Procedimiento Penal de  2004,  la  casación  se concibe como un medio de control constitucional y legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes  cargos  y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de la Corte para lograr algunos de los fines establecidos para la  casación,  según  lo  previsto  en  el  artículo  180 de esa normatividad, es  decir,  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como lo tiene dicho la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal, lo que explica que las causales de  casación tengan un diseño dirigido a lograr esos fines.   

Por     ello,     “el          recurso   extraordinario    de    casación    no    puede    ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines      de      la     casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,   surge   nítido   que  el  libelista  no  cumplió  con  los  anteriores  presupuestos,  en  tanto  no demostró la existencia de los vicios y, menos, los  conectó  con  los  fines  que  informan  la casación de acuerdo con el sistema  consagrado en la Ley 906 de 2004.   

No  sobra  recordar  que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de  derecho  o  de actividad cometidos en la  construcción  de  la  sentencia  o  en  el  trámite  judicial.  De ahí que al  casacionista  le  compete  que  postule  el  yerro  a través de las causales de  casación   contempladas   para  ese  fin,  demostrando  cómo  el  mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el objeto  de  cumplir  con  los  fines  estatuidos  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

Así  las  cosas,  vale  recalcar  que  la  casación   no   es  el  escenario  natural   para  increpar  el  grado  de  estimación  probatoria  sino para denunciar los anteriores vicios, en la medida  en  que  se trata de una impugnación de carácter rogada, correspondiéndole al  libelista  la  postulación  del vicio y la demostración del mismo frente a las  plurales conclusiones adoptadas en el fallo.   

Cuando  la censura se postula por la vía de  la  infracción  directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando  que  los  hechos  y  las  pruebas  plasmadas  en  el  fallo fueron correctamente  apreciadas,  razón  por  la cual el debate se circunscribe a la aplicación del  derecho,  sin que tengan cabida aspectos relacionados con la credibilidad de los  elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

La labor de demostración de la trascendencia  del  vicio  deberá  estar  sustentada en evidenciar que el juzgador seleccionó  una  norma  que no era la llamada a gobernar el asunto, que omitió otra que sí  resolvía  los  extremos  de  la relación jurídico procesal o, que habiéndola  escogido  correctamente  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del  texto de la ley.   

Por  su  parte,  los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en tanto que se excluye un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral  o,  se  supone  o  se excluye otro, que se tergiversa su contenido  material  haciéndose  derivar  una  verdad que no emerge del mismo o, cuando se  aprecia   en   abierta   contrariedad  con  las  reglas  que  rigen  a  la  sana  crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce  el rito establecido en la ley que condiciona su validez y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la  probanza  se aparta de la tarifa legal de  pruebas o se inventa una que no regula la ley.   

En el punto de la postulación de la censura  el  actor  debe  enseñar a la Corte la clase del error y el falso juicio que lo  determinó.  De  igual  manera,  respecto  a  la  trascendencia  del vicio, debe  evidenciar  cómo  los  medios  de prueba de haber sido incorporados y valorados  correctamente,  necesariamente  el  fallo habría sido favorable a los intereses  que representa.   

Y,  por  último, también debe indicar a la  Corte  cómo  el  mentado vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es,  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto   o,  que  se  excluyó  otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico-procesal.   

En    lo    relativo   al   primer  cargo  que  el libelista propone a  fin  de  denunciar  una  infracción  directa de la ley sustancial por cuanto se  desconoció  lo  preceptuado  en  el  artículo 365 del Código de Procedimiento  Penal,  lo  dejó  a  mitad  de  camino  puesto que no informó cómo el mentado  precepto  tiene  el  contenido de norma sustancial y, además, no dedicó línea  alguna  en  demostrar  la  incidencia  del  mentado  vicio  en  las conclusiones  adoptadas en el fallo.   

De  otro  lado,  vulnerando  el principio de  autonomía,  según  el  cual, al interior de un mismo cargo no se puede mezclar  ataques   correspondientes   a   causales   distintas,   pues   cada  una  tiene  características  y  reglas  de  demostración  diferentes  y  producen diversas  consecuencias  jurídicas, solicita a la Corte que decrete la nulidad del juicio  oral,  como  si  la  censura  hubiese  sido  postulada  por la causal segunda de  casación.   

Es  decir,  que  al  interior  de  un  mismo  reproche denuncia errores de derecho y de actividad.   

Y    con   relación   al   segundo  cargo  que  el demandante postula  contra  el  fallo  por la vía de la infracción indirecta de la ley sustancial,  habida  cuenta  que el sentenciador al valorar las pruebas incurrió en un error  de  hecho  por falso raciocinio, la Corte advierte que desconoce los parámetros  de  lógica  y  debida  fundamentación  para  su  postulación, toda vez que su  inconformidad  radica  en  el grado de estimación que se le otorgó a la unidad  probatoria  incorporada  en  el  juicio oral, público y concentrado, respecto a  que  la  víctima  no  tenía  lesiones,  lo cual, en su criterio, desvirtúa el  dicho de dos testimonios.   

Ante  todo  vale aclarar que cuando se alega  error  de  hecho por falso raciocinio, al demandante le compete que informe a la  Corte  cuál  fue  la  regla  de  la  lógica, el principio de la ciencia y/o la  máxima  de  la experiencia vulnerada, de qué manera lo fue y su incidencia con  la  parte  dispositiva  de la sentencia recurrida, ejercicio en el cual también  se  deben  considerar  las  demás  probanzas  en  que  se  fundó  el juicio de  responsabilidad.   

Como  quedó  advertido  anteriormente  y se  desprende  del  resumen  de  la censura, el actor no cumplió con los anteriores  parámetros,  puesto  que  la  fundamentación del reproche lo hizo consistir en  denunciar  que  el  Tribunal  dejó de aplicar el artículo 381 de la Ley 906 de  2004;  que  los  testimonios  de  González  Ordóñez  y  Duque  Marín  no son  suficientes  para  concluir  en  la  responsabilidad  de su defendido dentro del  grado  de conocimiento de más allá de toda duda razonable y que el fallador no  apreció  el  dictamen  pericial que evidencia que la víctima no tenía ninguna  lesión en su cuerpo.   

Así las cosas, como su inconformidad radica  en  la  credibilidad otorgada a los elementos de juicio allegados validamente al  juicio  oral,  lo  cual  no  constituye  yerro  para  ser  demandado  en sede de  casación  a  menos  que  se demuestre que se incurrió en un error de hecho por  falso  raciocinio,  evento que aquí no ocurrió, se impone la inadmisión de la  demanda.               

Resta  señalar  que  no   se    observa   que   con   ocasión   del   fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se violaron los derechos o las garantías  de   los   intervinientes,   como   para  que  tal  circunstancia  imponga   superar    los    defectos    del   libelo   para   decidir   de   fondo,    según    lo    dispone    el   inciso    3°   del   artículo   184    de   la    Ley   906  de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la demanda de casación presentada a nombre del procesado     Héctor    Mauro    Holguín    Idárraga     procede   el   mecanismo   de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Héctor Mauro Holguín Idárraga.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                            ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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