35778(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n°35778  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                    Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado     acta     Nº225   

Bogotá  D.C., seis (6) de julio de dos mil  once (2011).   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Irene   Robledo  Strauss  y  Víctor  Hugo  Ramírez  Rojas,  contra la  sentencia  dictada  el 11 de agosto de 2010 por el Tribunal Superior de Bogotá,  mediante  la  cual confirmó en su integridad la proferida por el Juzgado Octavo  Penal  del  Circuito  de   Descongestión,  el 30 de abril de 2010, que los  condenó  como  autores de la conducta punible de omisión de agente retenedor o  recaudador.   

HECHOS  

Fueron sintetizados en el fallo impugnado  de la siguiente manera:   

“Los     señores     Irene   Robledo  Strauss  y  Víctor   Hugo   Ramírez   Rojas,   son  señalados  en  la  denuncia  formulada  en la Dirección de Impuestos y Aduanas  Nacionales  como  representantes  legales  de  la  firma  SHETAI LTDA (gerente y  subgerente  respectivamente),  quienes  se encontraban obligados a cancelarle al  Estado  los  valores  que dicha empresa recaudaba por conceptos de retención en  la  fuente  e  IVA;  sin embargo, según se indica en estas diligencia, al 29 de  junio de 2004 presentaban un saldo no pagado de $97.000.000”.   

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

1.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  8  de  agosto  de  2007,  profirió  contra ambos  procesados,  resolución  de  acusación  como autores del delito de omisión de  agente  retenedor  o  recaudador,  tipificado  en  el  artículo 402 del Código  Penal.  El  pliego  de  cargos  cobró ejecutoria el 10 de septiembre siguiente,  fecha  en  la  que  quedó  en  firme  al  auto que declaró desierto el recurso  interpuesto    contra    la    decisión    que   calificó   el   mérito   del  sumario.   

En  esa  misma  decisión, el ente fiscal  decretó   la   prescripción  de  la  acción  penal  respecto  de  los  hechos  constitutivos   del  delito  de  omisión  de  agente  retenedor  o  recaudador,  correspondientes  a  los  períodos  de  “retención en la fuente 12 de 1998 e  impuesto  sobre  las ventas, períodos 5 y 6 de 1998; 2, 3 y 4 de 1999; 2, 3 y 6  de 2000 y 1, 2 y 3 de 2001”.   

2.  La  fase  del  juicio correspondió ser  adelantada   por  el  Juzgado  Octavo  Penal  del  Circuito  de  Descongestión,  autoridad  que  en  sentencia  del  30 de abril de 2010, condenó a Irene   Robledo   Struss  y  Víctor  Hugo  Ramírez  Rojas,  a la pena  principal  de tres años de prisión y multa de $46.970.000, y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término,  como  autores  del  delito  de omisión del agente retenedor o  recaudador.   

3.  La  sentencia  de  primera  instancia fue impugnada por la defensa,  apelación  que  fue  conocida  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá, quien la  confirmó   en   su   totalidad,   según   decisión   del   11  de  agosto  de  2010.   

4.  Contra la anterior decisión la defensa  de  Irene  Robledo Strauss y  Víctor  Hugo Ramírez Rojas  interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA     

         1. Con el fin de soportar la procedencia  del  recurso  extraordinario,  sobre  un delito cuya pena máxima prevista en la  ley  es  inferior  a  ocho años, el recurrente señala que por el incremento de  penas  generalizado  del artículo 14 de la Ley 890 de 2004, la sanción máxima  para   el  punible  de  agente  retenedor  o  recaudador,  es  de  nueve  años.   

Agrega   que   de  no  ser  acogido  este  planteamiento,  de  todas  formas resulta necesaria la revisión de la legalidad  del  fallo,  habida  cuenta que la “actualización y  claridad” de la aplicación del artículo 531 de la  Ley  906 de 2004, pues el Tribunal consideró que esta norma jamás tuvo validez  en    el    tiempo   desde   la   promulgación   hasta   su   declaratoria   de  inconstitucionalidad,  lo  cual  afectó  lo  atinente  a la prescripción de la  acción penal para el presente caso.     

1. Primer cargo:  “Violación  directa  de  la  ley  sustancial  por falta de aplicación de una  norma legal”     

Acusó  la  sentencia  del  juez de segunda  instancia  de  violar en forma directa por falta de aplicación el artículo 531  de  la  Ley 906 de 2004, el artículo 82 numeral 4º, 84 inciso 1º,  4º y  6º del Código Penal.   

Luego  de  transcribir las normas violadas,  afirmó  categóricamente que el artículo 531 de la Ley 906 de 2004, debió ser  aplicado  a  la  situación  de  Irene Robledo Strauss  y  Víctor  Hugo  Ramírez  Rojas,  por manera que la acción penal debió haberse  declarado  extinguida  por  prescripción,  de  acuerdo  con lo consignado en la  sentencia  C 1033, es decir, “De un beneficio que es  contrario  a  la Constitución, la inexequibilidad así declarada lo será desde  la  fecha de publicación de la Ley 906 de 2004. Empero es claro que los efectos  retroactivos  de  la  sentencia, se aplicarán en aquellos procesos en que no se  haya  concretado  la  prescripción o caducidad especial cuya inexequibilidad se  decreta”.   

Con  base en la anterior cita, concluyó el  censor  que el artículo 531 de la Ley 906 de 2004, estuvo vigente hasta el 5 de  diciembre    de    2006,    razón    por    la   cual,   si   la   “prescripción      o      caducidad      especial”   se  concretaron  antes  de  esa  data,  debe extinguirse la  acción   penal,   pese  a  los  efectos  retroactivos  de  la  declaratoria  de  inexequibilidad que de manera expresa hizo la Corte Constitucional.   

3.  Segundo Cargo:  Violación  indirecta  de  la  Ley  sustancial  “por  error  de  hecho  en  la  apreciación de la prueba”   

Sostiene  que  el  Tribunal  fundamentó la  responsabilidad  de los acusados por ser los encargados de hacer al pago ante la  DIAN  del  IVA  y  de  la  retención  en  la  fuente,  por aparecer sus nombres  relacionados en las declaraciones de impuestos presentadas.   

Indica que no tuvo en cuenta que los citados  documentos   firmados   por   Irene  Robledo  Strauss,  correspondientes  al  año 2000 periodo 2 y 3, fueron  objeto  de prescripción por la Fiscalía, mientras que las demás declaraciones  de  impuestos,  aparecen  suscritas  por  Víctor Hugo  Ramírez  Rojas.  A  partir de lo anterior, concluyó  que  el  ad  quem  adicionó  el  contenido  de  las  pruebas,  al  afirmar  que  “con  la  simple  vista  a  las  declaraciones  de  impuestos  por  ellos  presentados  en  las respectivas fechas, en los (sic) que  aparecen   sus   nombres  e  identificaciones”.  Lo  anterior   para   señalar   que   no   hay   participación   de   Irene  Robledo  Strauss en el cumplimiento  del pago de impuesto a las ventas y del IVA.   

Añade que la Corporación de Segundo Grado  ignoró  lo  manifestado  por  los  procesados  en  sus  indagatorias, cuando la  señora  Strauss  dijo  que  no  ejercía  la  actividad  gerencial  desde 1998,  mientras  que  el  señor  Ramírez,  indicó que era el gerente de SHETAI desde  hace diez años.   

4.  Tercer cargo: “Violación indirecta de  la  Ley  sustancial  por  error  de  hecho  en  la  apreciación de la prueba”   

Expone  que  el Tribunal le dio a la prueba  documental  en  la  que  aparecen Irene Robledo Strauss  y  Víctor  Hugo  Ramírez  Rojas  como gerente y subgerente de la empresa SHETAI  LTDA.,  un  valor  que no tiene, error a partir del cual se concluyó que éstos  son  autores  del  delito de omisión del agente retenedor o recaudador, pues en  primer   lugar   quien  aparece  firmando  las  declaraciones  de  impuestos  es  Víctor    Hugo    Ramírez    Rojas    y  no  Irene Robledo Strauss, y  en  segundo  lugar,  los  documentos  suscritos  por el primero,  corresponden  a  periodos  de  declaración  frente  a los cuales se decretó la  extinción de la acción penal.   

La  petición del recurrente es que se case  la  sentencia de segunda instancia y por contera, se absuelva a los acusados del  delito por el que fueron condenados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE    

1. De la casación excepcional     

1.1  De  conformidad  con lo previsto en el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, que rige a esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede contra las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa de la libertad superior a 8 (ocho) años; y   

b)  La  excepcional, que procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena privativa de la libertad igual o inferior a ocho  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna las demás formalidades.   

1.2 En el supuesto que ocupa la atención de  la  Sala,  resulta  claro  que  la conducta punible por la que fueron condenados  Víctor    Hugo    Ramírez    Rojas    e   Irene   Robledo  Strauss,  esto  es, omisión del agente retenedor o recaudador, de acuerdo  con  el artículo 402 de la Ley 599 de 2000, contempla como pena principal la de  tres  (3)  a seis  (6) años de prisión y multa equivalente al doble de lo  no  consignado,  sin que supere el equivalente a cincuenta mil salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,   razón  por  la  cual  en este evento sólo  procede la casación excepcional.   

         

         Aquí  es  menester  responder  el argumento del censor, en torno a  que  la  sanción  antes  referida, por razón del artículo 14 de la Ley 890 de  2004,  debe  incrementarse  la  tercera  parte  en  el  mínimo y la mitad en el  máximo,  quedando  una pena en este último extremo de nueve años de prisión,  lo  cual  posibilitaría  promover  el  recurso  por  la  vía ordinaria y no la  excepcional.   

         Ha  sido  reiterativa  la  Corte  acerca que el incremento de penas  insertado  en  el Código Penal para todas las conductas delictivas por vía del  artículo  14  de  la Ley 890 de 2004, sólo es aplicable a comportamientos cuya  investigación   y   juzgamiento  se  haga  bajo  el  rito  de  la  Ley  906  de  20041.  Teniendo  en cuenta que los hechos que motivaron la sentencia de  condena  datan  de los años 2001 a 2003, el procedimiento que rige es el fijado  en  la  Ley  600 de 2000, razón por la cual no es aplicable el aumento de penas  de  la  Ley  890,  como  erradamente  lo  indicó  el demandante y por tanto, el  máximo  de  la  sanción  para  el  punible  de omisión del agente retenedor o  recaudador,  sigue  siento  seis  años de prisión por lo que la casación para  este tipo de delito se gobierna por la forma excepcional.   

1.3  Como  también  lo  tiene  dicho  la  jurisprudencia   de   esta   Corte,   cuando   de   casación   discrecional  se  trata,  el demandante debe  exponer   así  sea  de  manera  sucinta,  pero  clara,  qué  es  lo  que  se  pretende con el recurso, teniendo como norte solamente el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.   

1.3.1 En tratándose del primer punto, esto  es,  el  desarrollo  de  la jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la  demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue  unificar  posturas  conceptuales o actualizar la doctrina, en orden a abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  precisando  la  manera  en  que  la  decisión  solicitada  tiene  la utilidad simultánea de brindar solución al asunto y a la  par servir de guía a la actividad judicial.   

1.3.2  Y  respecto de la protección de los  derechos   fundamentales,   el   libelista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el  desconocimiento de una garantía, ya sea por quebrantamiento  de   la  estructura  básica  del  proceso,  o  por  violación  de  un  derecho  fundamental,  e  indicar  las  normas  constitucionales  que protegen el derecho  invocado y cómo la sentencia lo conculca.   

Además,  las  razones  que  debe aducir el  censor  para  persuadir a la Corte sobre la necesidad de admitir la demanda, han  de  guardar  correspondencia  con los cargos que formule contra la sentencia. En  otras  palabras,  debe  haber  perfecta  conformidad  entre  el fundamento de la  casación  excepcional  (desarrollo  de  la  jurisprudencia  y/o  protección de  garantías  fundamentales),  el  cargo  o  los cargos que se presenten contra el  fallo y por consiguiente, la postulación de los mismos.    

          1.3.3  Sin  embargo, también ha admitido la jurisprudencia, cuando  lo  que se alega en casación es la trasgresión de garantías fundamentales, la  demostración  de  un  cargo  así  propuesto,  es suficiente para satisfacer la  exigencia  sobre  la  procedencia  del  recurso  sobre delitos cuya pena máxima  prevista  en  la  ley  sea  de ocho años o menos. Es decir si el fundamento del  reparo  es  el  desconocimiento  de  derechos  fundamentales y éste es probado,  ninguna  importancia tiene que el recurrente haya omitido argumentar los motivos  de   procedencia   de   la   casación  excepcional  o  discrecional2.   

    

1. Calificación de la demanda     

2.1.  En el supuesto que ocupa la atención  de  la Sala, se advierte que el libelista radica la necesidad de pronunciamiento  de  la  Corte  en  la  confusión generada por el artículo 531 de la Ley 906 de  2004  y la sentencia de constitucionalidad que declaró esa norma contraria a la  Carta.   

         Lo  que  se advierte en la queja de la defensa, es la intención de  imponer  su  propia  interpretación  sobre  una  sentencia de exequibilidad, en  orden  a  que  se  declare prescrita la acción penal, con base en una norma que  fue   expulsada   del   ordenamiento   jurídico,   en   donde  el  propio  juez  constitucional,   declaró   sin   condicionamientos  que  nunca  había  estado  vigente.   

         Resulta  inadmisible  este  planteamiento  como  justificador de la  casación   excepcional,   pues   se   trata  de  buscar  la  aclaración  sobre  jurisprudencia  emitida  por  otra Corte en ejecución de facultades distintas a  las  que  corresponden  a  la  Sala  de  Casación  Penal, quien por demás debe  respetar  el  precedente  que  fijó  la Corte Constitucional,en ejercicio de la  función  asignada por la Carta, atinente al control de constitucionalidad sobre  normas  del  ordenamiento  jurídico que han sido objeto de demanda por parte de  los    ciudadanos    (Artículo    241   numeral   4º   de   la   Constitución  Política).   

         Entrar  a  debatir  cuál es el alcance de la sentencia C-1033, mal  podría  calificarse  como  una  labor propia de un tribunal de casación, entre  ellas,  la  de  unificación  de  la jurisprudencia, mucho menos cuando la Corte  Constitucional  es clara en señalar que la prescripción especial que fijaba el  artículo  531  de  la  Ley  906,  es  contraria a la Carta y no produjo ninguna  consecuencia  jurídica  concreta, dados los efectos retroactivos de que dotó a  su sentencia.   

Dicha decisión, opuesto a lo que expone el  censor,  no  da  lugar  a equívocos, pues se sabe que la referida norma resulta  inaplicable   tanto   antes  como  después  del  pronunciamiento  de  la  Corte  Constitucional,  incluso  desde  la  promulgación  de  la  Ley  904 de 2004 que  contiene  este  precepto,  y  cuando  el Tribunal Constitucional señaló:   “Empero   es claro que los efectos retroactivos de  la  sentencia  se  aplicarán es en aquellos procesos  en los que no se haya ya  concretado  la  prescripción  o  caducidad  especial  cuya  inexequibilidad  se  decreta”,  claramente  hacía  alusión a situaciones jurídicas consolidadas,  en  donde  la  extinción  de  la acción penal por prescripción ya había sido  decretada  judicialmente  y  tal  decisión  había  cobrado ejecutoria formal y  material.      

Como  se  advierte,  el señalamiento de la  demanda  sobre  la  prescripción  de  la  acción  penal,  no  está  llamado a  prosperar,  además  que el censor postuló su inconformidad como una violación  directa  de la ley sustancial por falta de aplicación del citado artículo 531,  cuando  de  lo  que  realmente  se  trata  es de afirmar el adelantamiento de un  proceso  penal  cuando la acción penal ya estaba prescrita, situación que tuvo  que  plantearse  por  vía  de  la  nulidad, según las previsiones de la causal  señalada   en   el   numeral   3º   del   artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000.   

Adicional a los errores en el planteamiento  del  reparo,  también  ha  puesto  de  presente la Sala cómo el presunto error  “por  inaplicación  del  artículo  531  de  le Ley 906 de 2004”, carece de  fundamento  por  ser  una  norma  que no estaba llamada a regular este caso, por  manera  que  no  se  evidencia  la  trasgresión  del debido proceso por haberse  continuado con un proceso ya prescrito.   

De  lo anterior, surgía la obligación del  recurrente  de  justificar la procedencia del recurso por la vía extraordinaria  en  orden  al  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  al  no  haber  demostrado la  trasgresión  de  derechos fundamentales como presupuesto suficiente para exigir  el  pronunciamiento  de  la Corte. Así las cosas, además de haber cumplido con  el    requisito    de    aludir    de    manera    expresa    a   la   casación  discrecional3,  también  tenía  que  desarrollar  los  motivos  por los cuales  considera  importante el desarrollo de la jurisprudencia en un tema específico,  “motivos  que  no  siempre deben confundirse con el  desarrollo  de  los  cargos  concretos  que se eleven por alguna de las causales  contra  el  fallo de segundo grado, pues si así fuere, no existiría diferencia  entre   la   casación  discrecional  y  la  casación  corriente”4.   

Cuando  el último inciso del artículo 205  de  la  Ley  600 de 2000 alude al desarrollo de la jurisprudencia, se refiere al  “alcance interpretativo de alguna disposición, o a  la  unificación  de  posiciones  disímiles  de  la Corte, o el pronunciamiento  sobre  un  punto  concreto  que  no ha sido suficientemente desarrollado, o a la  actualización  de  la  doctrina,  surgiendo  necesario  señalar  la incidencia  favorable  de  la  pretensión  doctrinaria  frente  al  caso  y  al a ayuda que  prestaría  a la actividad judicial, por trazar derroteros de de interpretación  con       criterio       de       autoridad”5.   

En tal medida, la demanda presentada a favor  de  Irene  Robledo Strauss y  Víctor  Hugo Ramírez Rojas  carece  de  los requisitos necesarios para ser admitida por la vía excepcional,  pues  al  haber sido condenados por un comportamiento cuya pena máxima prevista  en  la  ley para la fecha en la que cometió el delito, no superaba los ocho (8)  años  de  prisión,  el  censor,  en  omisión  de  su  deber,  pasó  por alto  demostrar,  ya  fuera  la  trasgresión  de garantías fundamentales,  o la  necesidad  del  desarrollo  jurisprudencial  en  los términos antes señalados,  pues  no  quedó  en evidencia la emisión del fallo en un proceso prescrito, ni  se  argumentó con la suficiencia exigida, la necesidad de pronunciamiento de la  Sala  sobre  un  asunto,  que  como  quedó  visto, no ofrece confusión alguna.   

2.2  Adicionalmente,  tampoco  el libelista  desarrolla  en  forma  lógica  y  fundada  los  dos  reparos  que  postula como  violación indirecta de la ley sustancial por errores de hecho.   

En  efecto,  no  se advierte a qué tipo de  falso   juicio  se  refiere,  si  es  de  existencia,  identidad  o  raciocinio,  simplemente  realiza  afirmaciones  como  que el Tribunal no tuvo en cuenta unas  declaraciones  de  renta, luego que fueron adicionadas, posteriormente ignoradas  y  por  último,  se  les  otorgó  un  valor  probatorio que no tienen, pero en  síntesis,  expone su desacuerdo con el mérito que el Tribunal le otorgó a las  declaraciones  de  impuestos,  con base en las cuales se dedujo que las personas  encargadas  de  hacer  los  pagos ante la DIAN, eran los aquí acusados, sin que  mediara  justificación  para la retención de estos dineros. También, sobre el  mismo  medio  de  convicción  y  dentro  de  igual  cargo,  sostiene que dichas  declaraciones  corresponden  a  períodos  ya  prescritos,  según su alegación  inicial  (aplicación  del artículo 531 de la Ley 906 de 2004), la cual como ya  se señaló, carece de sustento.   

De conformidad con lo expuesto, es evidente  que  la  demanda  presentada,  además de carecer de la necesaria argumentación  para  sustentar la procedencia del recurso, adolece de los requisitos de lógica  y  debida  sustentación, motivo por el que a la luz del artículo 213 de la Ley  600 de 2000, se dispondrá su inadmisión.   

3. De otra parte, del estudio del proceso no  se   vislumbra   violación   de   derechos   fundamentales   o        garantías        de      los      intervinientes  que  determine  el   ejercicio     de     la     facultad     oficiosa   de   índole     legal     que    al    respecto    le   asiste     a     la     Sala,    en    punto    de  asegurar  su  salvaguarda.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  LA CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

                      INADMITIR  la demanda de casación presentada a nombre  de  los  procesados Irene Robledo Strauss y  Víctor Hugo Ramírez Rojas.   

           Contra esta  decisión no procede recurso alguno.   

Comuníquese  y devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                                                        JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

           

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                            SIGIFREDO    ESPINOSA   PÉREZ              

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                              MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS               

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                                                JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Casaciones  25667  y  25133  de  20  de  junio  de  2007  y  21 de marzo de 2007  respectivamente  y  autos  con radicaciones 24890, 25133, 24986 y 31439 de 23 de  febrero  de  2006,  16  de  marzo de 2006, 25 de abril de 2007 y 12 de agosto de  2009 respectivamente.   

2 Autos  del  27  de mayo de 2003 radicado 20222 y 25 de febrero de 2004, radicado 21619.   

3  Casación 21312 del 5 de mayo de 2004.   

4 Auto  16676 del 24 de octubre de 2003.   

5 Ibíd  y Auto del 26 de febrero 2002, radicado 18447.     

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