35236(27-04-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso nº 35236  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 139                                                                                                        Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá D. C, veintisiete de abril de dos mil  once.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Rubén  Darío  López  Bolívar  contra la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Medellín el 11 de junio de de  2010,  mediante  la  cual  confirmó  la emitida el 31 de octubre de 2008 por el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito de esa ciudad, que condenó al procesado  por  defraudación  a  los  derechos  patrimoniales de  autor.   

Hechos  

El  24  de  abril de 2002, en las horas de la  noche,  en  un registro realizado en el inmueble ubicado en la calle 55 No.42-39  de  la  ciudad  de  Medellín,  unidades de la policía nacional decomisaron 235  discos  compactos  que  no  poseían  las características de originalidad de la  casa  fabricante,  cientos  de  carátulas  vacías  con logotipos de diferentes  artistas  y  1900  CDS  sin  contenidos.  En el lugar fue capturado Rubén   Darío   López   Bolívar.    

Actuación procesal relevante  

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,   vinculó   al  proceso  mediante  indagatoria  a  Rubén  Darío  López Bolívar, y el 10 de  junio  de 2004 calificó el mérito del sumario con resolución de acusación en  su  contra  por  el  delito  de  defraudación  a  los  derechos  patrimoniales  de  autor,  que  describe  el  artículo  271  del  Código  Penal. Esta decisión fue apelada por la defensa y  confirmada  por  el  superior  en  decisión  de 7 de julio de 2006.1   

2.  Rituado  el  juicio,  el Juzgado Séptimo  Penal  del  Circuito  de Medellín, mediante sentencia de 31 de octubre de 2008,  condenó  a  Rubén Darío López Bolívar a   la   pena   principal  de  33  meses  de  prisión  y  multa  de  $9’230.000, y la accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el  mismo  tiempo  de la pena privativa de la libertad, en condición de autor de la  conducta   punible   imputada   en  la  acusación.2   

3.  Apelado  este  fallo  por la defensa, por  considerar  que  se  presentaban  irregularidades  sustanciales  en  el trámite  procesal  y  deficiencias  probatorias que impedían dictar fallo de condena, el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  mediante el suyo de 11 de junio de 2010, que  ahora  el  mismo sujeto procesal recurre en casación, lo confirmó en todas sus  partes.3   

La demanda  

Contiene  dos  cargos  contra  la  sentencia  impugnada.  Uno  de  nulidad,  al  amparo  de  la  causal prevista en el numeral  tercero  del  artículo  207 de la Ley 600 de 200, y otro por violación directa  de  la  ley,  con  fundamento  en  la  causal  consagrada  en el numeral primero  ejusdem.   

Nulidad  

Sostiene  que  la  sentencia  del  tribunal  prohijó  una  actuación  viciada  de  nulidad  “notada  en  la diligencia de  indagatoria  y  en  la  ausencia  de  cadena  de custodia, atentando con ello al  debido    proceso    y,    por    consiguiente,    contra    el    derecho    de  defensa”.   

Explica  que  en la indagatoria se cometieron  varias  irregularidades, pues en esta diligencia el procesado manifestó que los  objetos  incautados  pertenecían  a  un  señor  OSCAR, a quien vinculó con un  señor  de nombre LUIS ALBERTO LOPERA, personas a las cuales el tribunal no hace  ningún tipo de referencia.    

Revisado  el  proceso  se  establece  que  la  presencia  de  estos  sujetos  no  fue corroborada por la fiscalía, lo cual era  necesario  e  importante  para  saber  con certeza si el indagado en verdad  conocía   al   referido   OSCAR,  o  si  estaba  faltando  a  la  verdad.  Esta  averiguación  no  se  hizo,  no obstante ser absolutamente necesaria para darle  plena validez a la indagatoria.   

El  tribunal hizo igualmente caso omiso de la  manera  inconducente  como  fue  formulada  la  segunda  pregunta,  en la que se  mezclan  varios  interrogantes  sobre  tópicos  distintos,  con  inclusión  de  preguntas  tendenciosas  y de una constancia abiertamente improcedente, que daba  lugar a una nulidad de la diligencia que el tribunal no advirtió.   

Se violó también en ella el artículo 343 de  la  Ley 600 de 2000, que ordena poner de presente al implicado en la indagatoria  los  objetos  aprehendidos  que  provengan  del  hecho  punible,  toda vez que a  Rubén    Darío    López   Bolívar   no  le  fueron  enseñados  los objetos decomisados. Y la constancia  dejada  por el funcionario en el sentido de que todavía no habían sido puestos  a   su  disposición,  no  amerita  ningún  valor,  porque  la  norma  no  hace  salvedades.   

En el curso de la actuación se desconocieron  igualmente  los artículos 288 y 289 ejusdem, que tratan de la aplicación de la  cadena  de  custodia y la identificación de los funcionarios que intervienen en  ella,  lo  cual se prueba con dos aspectos procesales, (i) que en la indagatoria  el  fiscal  dejó  constancia  de  la  falta  de  los  elementos en el despacho,  desconociéndose,  en consecuencia, qué rumbo tomaron, y (ii) que del cotejo de  los  elementos  relacionados  en  el informe de policía y los objetos puestos a  disposición del perito, claramente se establece que son distintos.   

Violación directa de la ley  

Sostiene que la sentencia violó por falta de  aplicación  los  artículos  7° y 232 del Código de Procedimiento, por cuando  “omitió  considerar la duda surgida de los dictámenes de los documentólogos  (fls.23  y 60) sobre los elementos puestos MATERIALMENTE a disposición para ese  fin   y   los   supuestos   relacionados   FORMALMENTE   en   el  acta  policivo  (fls.1)”.   

De esta falta de análisis surge una gran duda  en  relación  con la certeza del hecho punible, puesto que se desconoce cuáles  objetos  fueron  decomisados  al procesado y cuáles fueron entregados al perito  para  su  estudio, pero además, porque no existe certeza sobre si el examen fue  verdaderamente realizado sobre los objetos decomisados.   

El tribunal, en la sentencia, omitió hacer un  análisis  concreto del punto, limitándose a transcribir normas y a referirse a  los  dictámenes  de  manera  simple,  pasando por alto lo fundamental, como era  “un  serio  y  contundente  análisis con base en los cotejos de los elementos  decomisados,  que  se  desconocen si fueron o no los incautados en el operativo,  dando  lugar por causa, a la inexistencia de la cadena de custodia que se debió  ejercer por los funcionarios”.   

Sustentado en estas argumentaciones solicita a  la  Corte anular la actuación a partir de la indagatoria si prospera la primera  censura,  y  absolver  al  procesado de los cargos imputados en la acusación de  salir avante la segunda.   

SE CONSIDERA  

La  Corte  inadmitirá  la  demanda objeto de  estudio  por  no  concurrir  el presupuesto punitivo establecido en el artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000 para la procedencia de la casación común, que el  demandante   propone,   y  porque  no  cumple  los  requerimientos  mínimos  de  fundamentación  exigidos  para  su admisión a trámite por la vía alternativa  de la casación discrecional.   

Improcedencia    de    la    casación  común   

El artículo 205 de la Ley 600 de 2000, norma  aplicable  al  caso  en  estudio,  exige  para  la  procedencia  del  recurso de  casación  que  el  hecho  punible  por  el  que se procede tenga señalada pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo exceda de ocho  (8) años.   

La  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  venido  sosteniendo  en  forma  invariable,  desde  hace  ya  un  buen  tiempo,  que  la  procedencia  de  la  casación  por  este  aspecto  se  determina  por las penas  previstas  para  el  ilícito  imputado en las normas vigentes cuando ocurrieron  los hechos.   

El     delito     de     defraudación  a  los  derechos patrimoniales de autor, que  se  le  imputa  al  procesado,  se  hallaba sancionado con pena  privativa  de  la  libertad  de dos (2) a cinco (5) años de prisión y multa de  veinte    (20)    a    mil    (1000)   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes4,   cuando   ocurrieron   los   hechos   que   dieron  origen  a  la  investigación.   

Esto  indica  que  el  presupuesto  punitivo  requerido  por  la normatividad legal para la procedencia de la casación por la  vía  ordinaria  (que el delito por el que se procede  tenga  adscrita  pena  privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de ocho (8)  años)  no  se  cumple  en el caso analizado, y que el  demandante  se  equivoca  al  pretender  acceder  a  ella  por  esta vía.    

Casación discrecional  

En virtud de lo dispuesto en el inciso tercero  del  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000, la defensa tenía la alternativa de  acudir   a   la  casación  excepcional,  pero  hacerlo  implicaba  cumplir  dos  condiciones,  (i)  demostrar la necesidad de intervención de la Corte para  el   desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  protección  de  las  garantías  fundamentales y (ii) presentar una demanda en forma.   

La  primera  condición presuponía acreditar  que  los  fallos desconocieron un derecho fundamental específico que exigía la  intervención  de la Corte para su protección, o que se estaba frente a un tema  que  no  ha  tenido  desarrollo  jurisprudencial, o que teniéndolo es necesario  reexaminar,   o   que  alrededor  suyo  se  presentan  posturas  interpretativas  antagónicas que requieren unificación.   

La    segunda   implicaba   cumplir   los  requerimientos  de  forma y contenido señalados para la casación común por el  artículo  212  del estatuto procesal penal, a saber: (i) identificación de los  sujetos  procesales y de la sentencia impugnada, (ii) resumen de los hechos y de  la   actuación  procesal,  y  (iii)  señalamiento  de  la  causal  invocada  y  exposición  de  sus  fundamentos,  en la forma requerida por los principios que  rigen el recurso y la lógica de la causal planteada.   

Ninguno de estos presupuestos se cumple en el  caso  analizado. La ausencia del primero es evidente, por cuanto el casacionista  no  incluye  ninguna  consideración  orientada  a  persuadir  a  la Corte de la  necesidad   de   su   intervención   para  la  protección  de  las  garantías  fundamentales  o  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia.  Y  la  demanda que se  presenta  para buscar la infirmación del fallo está distante de satisfacer las  exigencias  mínimas de fundamentación requeridas para su selección a estudio.   

La  Corte  ha  sostenido  insistentemente que  cuando  se  plantea  en  casación  una  nulidad,  el  actor  debe probar que la  irregularidad  es trascendente, bien porque desconoce las bases fundamentales de  la  instrucción o el juzgamiento, o porque afecta las garantías de los sujetos  procesales,  y  adicionalmente  a  ello, que no se está frente a ninguna de las  hipótesis  que  propician su convalidación o tornan ineficaz su planteamiento,  acorde    con    los   principios   que   rigen   su   declaratoria.5     

También  ha  dicho que la argumentación que  acompaña   la  demanda  debe  regirse,  entre  otros  principios,  por  los  de  autonomía  de los cargos y razón suficiente, que implican, en lo que tiene que  ver  con  el primero, que dentro de una misma censura no es posible entremezclar  ataques  de  naturaleza distinta, y en cuanto al segundo, que las razones que se  presenten  para  sustentar  el  reproche deben autobastarse para alcanzar el fin  buscado.     

Estos  postulados son totalmente ignorados en  la  primera  censura,  pues  el  libelista,  en  su desarrollo, introduce varios  motivos  de inconformidad, algunos propios de la causal invocada, y otros que se  distancian  de  ella,  y  adicionalmente a ello, omite demostrar su existencia y  trascendencia  en  los  términos  de  concreción  y  claridad  exigidos por la  normatividad    legal    y   la   lógica   de   cada   uno   de   los   errores  propuestos.   

De  una  parte,  plantea que los funcionarios  judiciales  que  conocieron  del  asunto  omitieron  verificar  la  información  suministrada  por  el  procesado  en  la  indagatoria.  De  otra, que esta   diligencia  carece  de  validez  porque  el  fiscal  instructor  realizó  en su  desarrollo  preguntas  complejas  y  tendenciosas,  y  porque  omitió  poner de  presente  al  indagado  los  elementos  incautados  para  su  reconocimiento.  Y  finalmente, que no se cumplió la cadena de custodia.    

El  primero, donde implícitamente se plantea  una  violación  al  principio de investigación integral, imponía, además del  deber  de  señalar  la prueba o pruebas omitidas, demostrar que su práctica en  cada  caso  era  pertinente, conducente y necesaria para la correcta definición  del  asunto,  y  que la judicatura se hallaba en condiciones de incorporarlas al  proceso, labor de fundamentación que el demandante no cumple.   

El segundo, en el que se cuestiona la validez  y/o  eficacia  probatoria  de la indagatoria, exigía probar la existencia de un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  o  por  falso  juicio  de  convicción  en  su  apreciación,  con  indicación precisa de las normas medio  violadas   y   la   trascendencia   jurídico   procesal  del  vicio,  ejercicio  argumentativo que tampoco se empeña en cumplir.     

Y  el  tercero,  en el que se controvierte la  cadena  de  custodia,  imponía  orientar  la  censura  por la vía de la causal  primera,  cuerpo  segundo, y demostrar que los juzgadores, al analizar la prueba  que  informaba  de  su  aplicación,  incurrieron en un error de hecho por falso  raciocinio,  que  les permitió dar por establecida la autenticidad del elemento  material   probatorio   sin   estarlo,   tarea  que  tampoco  agota.6   

En  el  ataque que se plantea al amparo de la  causal  primera  cuerpo segundo, por violación directa de la ley sustancial, la  deficiencias  de fundamentación con igualmente manifiestas, pues el demandante,  en  abierta  contradicción  con la regla que enseña que cuando se plantea esta  causal  el  ataque  debe  desenvolverse  en  el  marco  del raciocinio puramente  jurídico,  se dedica a cuestionar la valoración que los juzgadores hicieron de  la prueba, sin demostrar, tampoco, ningún tipo de error.    

La Corte ha dicho, una y otra vez, que cuando  el  ataque  se  hace  consistir  en  la  existencia de dudas probatorias, que el  juzgador  no  reconoce,  el  cargo debe plantearse por la vía de la causal  primera,  cuerpo  segundo,  por  violación indirecta de la ley, con indicación  clara  de  la clase de error cometido (si de hecho por  falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad, o falso raciocinio; o de  derecho    por    falsos    juicios   de   legalidad   o   falsos   juicios   de  convicción),   sujetando   su  demostración  a  los  requerimientos  lógicos  del  error alegado, exigencias que en manera alguna el  demandante se interesa en cumplir.      

Visto,  entonces,  que la casación común no  tiene  cabida  por  no concurrir el presupuesto punitivo legalmente exigido para  acceder  a  ella,  y  que  la  demanda  presentada  no  satisface las exigencias  mínimas  requeridas para su estudio por la vía discrecional, se la inadmitirá  y  se  ordenará  devolver  el proceso a la oficina de origen, no advirtiéndose  violaciones  a las garantías fundamentales que la Corte esté en la obligación  de proteger de manera oficiosa.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda de casación presentada a  nombre    del    procesado   Rubén   Darío   López  Bolívar.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSE        LUIS        BARCELO  CAMACHO                                   JOSE                               LEONIDAS                               BUSTOS  MARTINEZ                               

FERNANDO       ALBERTO      CASTRO  CABALLERO           SIGIFREDO  ESPINOSA  PEREZ                                           

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO                                      MARIA              DEL              ROSARIO              GONZALEZ             DE  LEMOS                 

         Cita Medica   

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN                                     JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                           

           

                                                       Teresa Ruiz Núñez   

                                           SECRETARIA   

    

1  Folios 4, 5-6, 83-90 y 102-107 del cuaderno original.   

2  Folios 184-202 ibídem.   

3  Folios 229-240 ibídem.   

4  Artículo 271.   

5  El  artículo  310  de  la  Ley  600 de 2000 relaciona entre estos principios los de  instrumentalidad,  trascendencia,  protección,  convalidación,  residualidad y  taxatividad.   

6  C.S.J.  Casación  34173  de  21  de  julio de 2010 y 32361 de septiembre 15 del  mismo año, entre otras.     

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