35230(04-05-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n° 35230  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

                                                       ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

                                                                           Aprobado Acta  No. 150   

Bogotá,  D.C., cuatro (4) de mayo de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda  sustento  del  recurso  de  casación  instaurado  por  el apoderado de  ANDRÉS    MAURICIO    ROSERO    BRAVO,    YAMID   DÍAZ   TOVAR,      NELSON      ENRIQUE     USUGA  HIGUITA,  UBIEL  DE JESÚS  RAMÍREZ  VARGAS  y  ELY DE  JESÚS  LÓPEZ  GIRALDO, contra la sentencia dictada el  21  de  junio  de  2010  por el Tribunal Superior de Antioquia, mediante la cual  confirmó  el  fallo  condenatorio dictado el 30 de junio de 2009 por el Juzgado  Penal   del   Circuito  de  El  Santuario  (Ant.),  al  imponerles  prisión  de  trescientos  sesenta  (360)  meses  y multa de dos mil (2.000) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  un  término  de  quince  (15) años a cada uno, como  responsables del delito de homicidio en persona protegida.   

LOS HECHOS  

En  desarrollo  de  la  llamada “Operación  Espartaco”,  destinada a  combatir  los grupos armados ilegales que operaban en el oriente antioqueño, un  grupo  de  contraguerrilla  perteneciente  al Batallón de Artillería No. 4 del  Ejército  Nacional,  el  día 3 de junio de 2004 a las 7:30 horas de la mañana  llegaría  a  la  vereda  “Los Mangos”  del  municipio  de  Cocorná  y abordaría a los labriegos Germán  Darío  Hernández Galeano y Juan de Jesús Giraldo Aristizábal, quienes en ese  momento   se   encontraban   en   una   parcela  de  la  misma  cortando  caña,  señalándolos  de  hacer  parte  del  ELN.  Los  militares  acompañados  de tres encapuchados, se llevaron a  Germán  Darío  Hernández  Galeano,  cuyo  cadáver baleado entregaron al día  siguiente en la morgue del hospital.   

Como responsables del hecho fueron vinculados  y   finalmente   condenados   los  oficiales  ANDRÉS  MAURICIO     ROSERO     BRAVO     y    YAMID   DÍAZ   TOVAR   y  los  soldados  profesionales    NELSON  ENRIQUE      USUGA      HIGUITA,     UBIEL   DE   JESÚS   RAMÍREZ  VARGAS  y  ELY    DE    JESÚS    LÓPEZ   GIRALDO.   

El 14 de julio de 2008, la Fiscalía 74 de la  Unidad  Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, acusó  a    ANDRÉS   MAURICIO   ROSERO   BRAVO,  YAMID DÍAZ  TOVAR, NELSON ENRIQUE USUGA  HIGUITA,  UBIEL  DE JESÚS  RAMÍREZ  VARGAS  y  ELY DE  JESÚS  LÓPEZ  GIRALDO  como  coautores del delito de  homicidio en persona protegida.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

En   la   demanda   se   proponen   tres  cargos.   

Cargo Primero. Con  fundamento  en  la  causal  primera  del  artículo 207 de la ley 600 de 2000 se  aduce  la  violación  indirecta de la ley por falta de aplicación del in dubio  pro  reo,  proveniente  de  un error de hecho por falso juicio de existencia por  suposición de prueba.   

A  juicio del impugnante, la juez de primera  instancia  hizo  precisiones  fácticas a partir de una prueba documental que no  hace  parte  del  proceso  ni  tampoco fue incorporada a él; error respecto del  cual  ningún  pronunciamiento hizo el Tribunal, a pesar de haber sido puesto de  presente en la apelación de la sentencia.   

Cargo  Segundo.  Invoca  la  causal  primera  del  artículo  207  de  la  ley  600 de 2000, para  denunciar  la  violación  indirecta  de  la ley por falta de aplicación del in  dubio pro reo, derivada de un error de hecho por falso raciocinio.   

La  transgresión  de  las reglas de la sana  crítica,  la  estructura el casacionista en el desconocimiento del “sentido   común”,  que  como  forma  especial  de  razonamiento “nos indica el saber qué  hacer,   o   cómo   comportarnos   en  determinadas  situaciones”.   

El   “sentido  común”  habría sido desconocido o ignorado por los  falladores  en  la  apreciación  de  los testimonios de Blanca Margarita Urrea,  Juan   de   Jesús   Giraldo,   Manuel  Tiberio  Giraldo  y  de  Jorge  Eliécer  Aristizábal.   

Cargo  Tercero.  (Subsidiario)  Con sustento en la causal tercera del artículo 207 de la ley 600  de  2000,  alega  la  nulidad de la actuación por violación de la garantía al  debido  proceso,  por  falta  de  aplicación  del  principio  de investigación  integral.   

Advierte   que   la   Fiscalía   mediante  resolución  adiada  el  27  de  marzo de 2008 dispuso la práctica de pruebas y  comisionó  para  su cumplimiento al Coordinador de Investigadores del CTI de la  unidad de derechos humanos.   

El   2   de   julio  del  mismo  año,  la  investigadora  encargada  rindió  el  informe  de  acuerdo  con el cual para el  cumplimiento  de  algunas  de  ellas,  estaba  pendiente  el  desplazamiento  al  municipio  de  Cocorná  o  que  por  contarse  con un único número celular no  había  sido  posible  ubicar  a  los  testigos,  sin que tampoco la parte civil  hubiera prestado la colaboración ofrecida con ese fin.   

Considera que dichas pruebas eran importantes  para    aclarar    los    hechos,    dada    su   pertinencia,   conducencia   y  necesidad.   

CONSIDERACIONES  

La Sala advierte que la demanda no cumple con  los  requisitos de técnica que en esta sede se exige a las censuras hechas a la  sentencia,  pues el actor desatiende su obligación de indicar de manera clara y  precisa  los fundamentos por los cuales invoca la causal y las normas que estima  infringidas,  tal  como  lo dispone el numeral 3 del artículo 212 de la ley 600  de 2000.   

Cargo  Primero. El  error  de hecho por falso juicio de existencia impone la obligación no sólo de  señalar  la prueba que el juzgador omitió a pesar de su existencia material en  el  proceso  o la que supuso sin hacer parte de él, sino también la de indicar  su  trascendencia  en  la sentencia, pues la consideración o no de la omitida o  supuesta conduciría a la modificación de su sentido.   

En  la  demanda  se  limita a transcribir la  sentencia  de  primera  instancia  donde  se  reproduce  una parte de un trabajo  publicado  por  el  observatorio de derechos humanos y derecho humanitario de la  CCEEU  que  documenta  la  situación  del  oriente  antioqueño  en  materia de  ejecuciones  extrajudiciales,  sin  mostrar que el error sea predicable también  del fallo de segundo grado.   

Aunque  advierta  que  el Tribunal sin hacer  ninguna  referencia  al  error denunciado en la apelación terminó valorando la  prueba  supuesta,  esta  es una inferencia del censor que no estructura el vicio  denunciado,  porque  del  fallo  de  segunda  instancia  no  se  llega  a  dicha  conclusión  y  por  el  contenido  de la demanda misma, no se observa que en la  sentencia de segunda instancia dicha prueba fuera considerada.   

Recuérdese  que  tratándose de un vicio de  contemplación  material  de  la  prueba,  era  imperativo  que  en el libelo se  mostrara  que  evidentemente  el  Tribunal  supuso  la prueba, transliterando el  aparte  correspondiente,  para  luego mostrar que suprimida el sentido del fallo  sería  otro,  lo  cual  no  hizo,  sin  que  cumpla  su  cometido  con  la sola  apreciación   suya,   según  la  cual  fue  valorada  sin  mostrar  dónde  ni  cómo.   

Por  el contrario, el Tribunal manifiesta su  rechazo    a   “las   hipótesis   innecesaria   e  indebidamente  planteadas  por  la  falladora  en  la  sentencia,  ya que eso de  admitir  la  posibilidad  del  homicidio  en  combates  con  pruebas  mendaces y  deleznables   como  las  enunciadas”;  de  ahí  que  sofísticamente  el  impugnante  acuda  a  señalar que la sentencia como unidad  jurídica   inescindible   permite  fundamentarlo,  ignorando  de  ese  modo  el  requisito  de  técnica  que  le  imponía  demostrar  la  existencia  del error  denunciado.   

Aunado a ese defecto que por sí solo impide  la  admisión  del reparo, traslada al juez su obligación de demostrar cuál es  la  incidencia  del  medio  supuesto,  encargo  que  entiende  cumplido  con  el  calificativo  de trascendental que le otorga al error porque se tuvo como cierto  lo  dicho  en  ese documento, sin emprender ningún análisis frente a la prueba  en  la  que  se  sustenta el fallo de condena como era su obligación, mostrando  que su supresión modificaría el sentido del fallo.   

Cargo  segundo.  Cuando  se  denuncia  un  error  de  hecho por falso raciocinio, el censor está  obligado   a   señalar   lo  que  objetivamente  expresa  el  medio  probatorio  cuestionado,  las  inferencias  que  el  juzgador  extrajo  de  él,  el mérito  suasorio  otorgado,  indicando  a  continuación la regla de la experiencia o el  principio  de  la  lógica  o  la  ciencia  ignorados  y  cuál  de ellas era la  correctamente  aplicable,  para  finalmente demostrar la trascendencia del error  en la sentencia.   

La  proposición  de  esta  clase de reparo,  impone  el deber al actor de probar que a él se llegó mediante la trasgresión  de  las reglas de la sana crítica en la apreciación de las pruebas, sin que en  esta  sede sea objeto de discusión la disparidad de criterios entre el fallador  y  el  impugnante acerca del valor probatorio que merece un determinado medio de  convicción.   

Una  consideración de tal naturaleza, tiene  fundamento  en  la  doble  presunción  de  acierto y de legalidad que ampara al  fallo  de  segundo grado, en la medida que el análisis probatorio realizado por  el  juzgador prevalece sobre el que realicen los sujetos procesales, en razón a  la  libertad  relativa  de  la  cual goza en el sistema de persuasión racional,  siempre que no se aparte de las reglas de la sana crítica.   

A  pesar que en la demanda se señala lo que  objetivamente  dicen  los  testimonios  sobre los cuales se predica el error, lo  que  dijo el juzgador y el mérito suasorio que les otorgó a cada uno de ellos,  el  censor  omitió señalar las reglas de la experiencia, de la lógica o de la  ciencia desconocidas o mal aplicadas por el Tribunal.   

Acudió a señalar como principio de la sana  crítica    “el   sentido   común”.  Éste  se  entiende  como  la facultad de una persona para juzgar  razonablemente  las  cosas,  o  como  se  expresa  en  la  demanda  “nos   indica  el  saber  qué  hacer  o  cómo  comportarnos  en  determinadas situaciones”.   

Desde  esta  perspectiva,  el  “sentido  común” encuentra vínculos  con  la  lógica o la experiencia siendo una expresión de ellas, de ahí que la  “generalidad”  con  la  cual  el  censor  aborda  el  concepto  le impida desarrollar el error de juicio  propuesto,  quedándose  en  su simple enunciación cuando era su deber señalar  la  regla  de  la  experiencia  o  el  postulado  de  la lógica transgredidos u  omitidos    por    esa    carencia   de   “sentido  común”.   

Por  eso, afirma que el testimonio de Blanca  Margarita  Urrea no merecía credibilidad porque “la  declarante    deja    entrever    situaciones    que    carecen    de    sentido  común”,  “que lo dicho  por  esta  señora  viola  el  sentido común” y, que  tanto  el  a  quo  como el ad quem al apreciar la declaración de Juan de Jesús  Giraldo   “transgredieron  el  sentido  común  al  considerar  que  el testimonio de este era coherente, y veraz; que no presentaba  contradicciones     entre     sí     mismo,     ni     con    el    resto    de  declaraciones”.   

E insista “que al  habérsele  dado  credibilidad a la versión de este [Manuel Tiberio Giraldo] se  haya  vulnerado  el  sentido  común,  teniendo  en cuenta que sus explicaciones  sobre  lo  que  vio  en  realidad no pueden ser tomadas como ciertas”  y  reitere  que  en  la  valoración  del  testimonio  de Jorge  Eliécer         Aristizábal,         los        falladores        “transgredieron  las  reglas de la experiencia, y dentro de ellas  el   sentido   común   al   considerar   que   este   era  veraz”.   

Una  propuesta de tal naturaleza, además de  vaga  resulta confusa, cuando el censor limita sus consideraciones a mostrar que  según    “el    sentido    común”,  esto es la lógica o la experiencia, las pruebas indicarían otra  cosa,  dando  por sentado el desconocimiento de las reglas de la sana crítica y  adelantando  un  análisis  probatorio  conveniente  a  sus intereses. Basta con  examinar  la  demanda  para comprender que carece de fundamentación el supuesto  error, mientras en esta sede es ajena la controversia probatoria.   

Por  lo  demás  la  trascendencia  no  se  demuestra  con  conceptos  constitucionales,  legales o personales, conforme con  los   cuales   la   sentencia   confirmatoria   es   injusta,  lesiona  derechos  fundamentales  de  rango  constitucional, deja en entredicho la honra y el honor  de  los procesados, vulnera el in dubio pro reo y afecta la seguridad jurídica,  sino  confrontándola  con  el fallo y demostrando que el nuevo entendimiento de  la prueba cotejado con la restante modificaría su sentido.   

Cargo  tercero. En  la  demanda de manera subsidiaria postula la censura por nulidad, con lo cual el  actor  falta  en  su  formulación  y  desarrollo a la lógica por quebranto del  principio de prioridad que rige a la impugnación extraordinaria.   

La técnica casacional impone en primer lugar  la  proposición  de las censuras por vicios de nulidad, sean de estructura o de  garantía,  después  de  las cuales resulta viable la postulación de cualquier  otro cargo.   

Al margen del mencionado cuestionamiento, con  sujeción   a   los  principios  que  rigen  las  nulidades  debe  acreditar  su  trascendencia  y  que en la misma no contribuyó la conducta del censor -a menos  que  el  supuesto  sea  ausencia  de  defensa  técnica- o que finalmente no fue  convalidada  por  una  actuación  posterior  suya, acorde con lo previsto en el  artículo 310 de la ley 600 de 2000.   

La    infracción   del   principio   de  investigación  integral  consagrado  en  el  artículo  20  de  la  citada  ley  corresponde  a  un  vicio  de  estructura,  por  ser un elemento fundamental del  debido  proceso  penal  que  se  vincula con la búsqueda de la verdad real como  propósito  que  orienta  a  la  investigación judicial, esto es, que prevalece  sobre    el    interés    que    pueda   animar   a   un   determinado   sujeto  procesal.   

Esa  sola  razón  muestra el desacierto del  casacionista   al   postular  el  cargo,  el  cual  aprovecha  de  un  lado,  la  imposibilidad  de practicar algunas pruebas ordenadas oficiosamente, respecto de  la  cual en el curso del proceso no mostró ningún interés, por lo menos no lo  dice, y del otro para atribuirles una importancia que no tienen.   

Tales  como  la  de  establecer presencia de  pólvora  en  las  prendas  de vestir, según la demanda solicitada por la parte  civil,  oír  en testimonio a los hijos menores del occiso porque acompañaban a  su  madre, a los propietarios del predio y de la casa donde fuera sacado por los  militares  y  vivía una de las testigos, ninguno de los cuales se encontraba en  el  lugar  donde  fuera  retenida  la  víctima,  a  la encargada de llevarle el  desayuno  con  el  propósito  de  establecer  la  hora  en  que se lo llevaron,  determinar  la existencia de la escuela y de la profesora de ese establecimiento  para  oírla  en  declaración, al igual que a los miembros de la familia de uno  de los retenidos, una vez fueran ubicados.   

Y  si desde su personal punto de vista trata  de   justificar   la   pertinencia,   conducencia  y  utilidad  de  esos  medios  probatorios,  omite demostrar su importancia frente a la sentencia, en la que de  acuerdo  con  las  trascripciones  hechas  en la demanda y de lo leído en ella,  surge  evidente  su  innecesariedad  frente  a los extremos que hipotéticamente  probarían,  pues  de  manera  ponderada  y razonada se exponen los hechos y las  pruebas que la sustenta.   

Entonces, no basta la citación de la fuente  de  la  cual  emerge  la  prueba  que  se  ordena recaudar, siendo indispensable  además  con  sustento en la sentencia demostrar que ella desvirtuaría hechos y  circunstancias  que  estimándose probadas darían lugar a la duda, esfuerzo que  el  censor  no emprendería creyendo suficiente mostrar su necesidad a partir de  su  particular manera de ver las cosas, sin tener en cuenta, aun cuando lo diga,  que  no  se  trataría  de  cualquier  prueba  sino de una relevante frente a lo  declarado en el fallo atacado.   

Por  eso,  al  igual  que  en  los  reparos  anteriores  incurre  en  el  mismo defecto, pues la trascendencia la vincula con  afirmaciones  generales  sobre  la obligación de la investigación integral o a  reiterar  que  se  les  ha  condenado  sin  prueba,  desconociendo el juicioso y  detenido  estudio  que  el Tribunal hiciera de la misma, y ahora se queje de una  precaria  investigación,  cuando ninguna de las pruebas que califica de vitales  fueron ordenadas por solicitud suya.   

En  consecuencia,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  por  las  falencias  de  técnica  dichas, las cuales no puede entrar a  subsanar,  corregir o enmendar en virtud del principio de limitación -artículo  216  de  la  ley  600  de  2000-  y  de  la naturaleza rogada de la impugnación  extraordinaria.   

Tampoco  dispondrá su trámite oficioso con  fundamento  en  la misma disposición, por cuanto de la revisión del proceso no  se  observa  la  afectación  o  vulneración de garantías fundamentales de los  sujetos procesales.   

En  mérito  de  lo  expuesto,   la   SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   

RESUELVE  

Inadmitir   la  demanda  de casación presentada por el apoderado de los procesados ANDRÉS          MAURICIO          ROSERO         BRAVO,  YAMID DÍAZ  TOVAR, NELSON ENRIQUE USUGA  HIGUITA,  UBIEL  DE JESÚS  RAMÍREZ  VARGAS  y  ELY DE  JESÚS LÓPEZ GIRALDO.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JORGE        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                                  JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                         

FERNANDO       ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                        SIGIFREDO ESPINOSA  PEREZ                                                                                         

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                      MARIA              DEL              ROSARIO              GONZALEZ             DE  LEMOS                                          

AUGUSTO           IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                                          JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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