9490 (26-09-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    CAUSAL     DE  JUSTIFICACION/    ERROR  INVENCIBLE   

Al tenor del numeral 3o. del artículo 40 del  C.P.  para que la inculpabilidad nacida del error de creer que se está amparado  por  una  causal  de justificación, tenga operancia, es requisito indispensable  que  ese  error  sea  invencible;  si este factor no interviene en el actuar del  agente,  el  error  desaparece del campo jurídico y la responsabilidad recaerá  conforme a la clase de culpabilidad del obrar.   

Proceso No. 9490  

                         CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA   

         SALA DE CASACION PENAL   

                                          Magistrado  Ponente:   

                                       Dr.DIDIMO  PAEZ  VELANDIA   

                                       Aprobado  Acta  No.141   

                                   Santafé de Bogotá,  D.C.,septiembre veintiseis de mil novecientos noventa y cinco.   

                                 Cumplido  el  rito  pertinente,  decide  la  Corte la acción de revisión presentada por el señor apoderado del  sentenciado   GUIDO   RODRIGUEZ  CARMONA   contra  el  fallo  emitido  el  2 de octubre de 1987 por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cali,  mediante  el  cual se le  condenó   como  autor  responsable  del delito de homicidio agravado en la  persona  de  Gerardo  Ortiz  y  de  tentativa  de  homicidio  en Beatriz Eugenia  Tobón.   

                                   LOS  HECHOS  JUZGADOS  Y  LA  ACTUACION PROCESAL   

                                     Así   los   reseñó   el  Tribunal   en  el  fallo  objeto  de  esta  acción:                     “Dan  cuenta  los  autos  que  el  31 de diciembre de 1984, venían  varios  amigos  en  el automóvil de Hugo Charry, mientras que en otro vehículo  conducido  por José Rómulo Durán, se trasladaban Beatriz Eugenia Tobón y dos  amigos;  tomaron  la avenida sexta entre las calles 41 y 44, desde un carro fiat  147  color  negro  de  placas  2248,  comenzaron  a disparar contra ellos, dando  muerte   a   Gerardo   Ortiz  Ruiz   y  lesionando  a Beatriz Eugenia Tobón  Camacho.    Desde  un  comienzo  por  parte  de  Patricia  López  se  reconoció al autor de los disparos como GUIDO RODRIGUEZ y  hechas  las  averiguaciones  resultó  que  en  efecto el carro de placas MD2248  marca  fiat  color  negro, era precisamente de propiedad del señor GUIDO  RODRIGUEZ  CARMONA;  así se pudo  comprobar sin ninguna dubitación en tránsito municipal.   

                                 Se recepcionaron los testimonios  de  los  señores  Héctor Humberto Ortiz (f. 7), Beatriz Eugenia Tobón Camacho  (f.  8),  José  Rómulo  Durán García (f.9), Hugo Charry Montealegre (f. 10),  Olga  Patricia  López  (f.  11),  Wilfred  Burckhardt  Bejarano (f. 16) y Sonia  Amparo  Arias  Quintero  (f.  17),  quienes narraron que en efecto para ese día  salieron  de  la  plaza  de  toros,  tomaron  rumbo  a  las  Vallas  en los  vehículos  conducidos  por  Charry  y  Durán  y a la  altura del edificio  Venezolano    fueron    atacados   por   Guido   Rodríguez .   

                                 Desde  la época de los hechos,  huyó  Guido  Rodríguez  por  lo  cual fue necesario emplazarlo, declararlo reo  ausente y nombrarle defensor de oficio.   

                                 Calificado  el  mérito  de  la  sumaria  se  encausó  a  Rodríguez  Carmona por los delitos de homicidio en la  persona  de  Gerardo Ortiz Ruiz, tentativa de homicidio  en Beatriz Eugenia  Tobón  Camacho  y  daño  en  bien  ajeno  por  los desperfectos causados a los  automotores.   Tramitado  el  juicio  se  realizó  diligencia de audiencia  pública  en  donde  el  Fiscal a-quo pidió se declarara responsable al acusado  por  los  delitos de homicidio consumado y tentado a la vez que se le absolviera  por  el  delito  de daño en bien ajeno en razón de que no existía valoración  sobre  los daños ocasionados al vehículo; mientras tanto la defensa alegó que  no  existía  ninguna  motivación de parte de GUIDO RODRIGUEZ para ejecutar los  hechos,  se  trataba de una persona de buenos antecedentes, por lo cual se veía  en  la  obligación  de  analizar  lo  que verdaderamente ocurrió y  al  efecto  dice  que  ella habló personalmente con éste, quien  dijo  que en vista de que venían cerrándose los vehículos, él creyó lo iban  a  robar  o a secuestrar, por lo cual disparó y que en tales condiciones actuó  en  legítima  defensa subjetiva de su vida  (fl.  201-204);  terminada  la  audiencia,  el  Jurado  Popular  dió  respuesta a los  cuestionarios  por  homicidio  con  un  rotundo sí es responsable, mientras que  para  el  daño  en  bien  ajeno  contestó, no es responsable.  El Juzgado  Octavo  Superior  desarrolló  el  veredicto  e impuso al señor GUIDO RODRIGUEZ  CARMONA,  diecisiete  (17) años de prisión por los homicidios, a la vez que lo  absolvió  por  el daño en bien ajeno.” (fls. 250-252 cd.ppl.1; negrillas fuera  de texto).   

                                        LA     DEMANDA     DE  REVISION   

                                Con  fundamento  legal  en las  causales  3a.  y  6a.  de  revisión  (artículo 232 del C. de P. P.), el señor  apoderado  presenta  dos cargos en su demanda, afirmando la aparición de hechos  nuevos  que  establecen  la inocencia del condenado, por haber disparado bajo la  errada  e  invencible  convicción  de  hallarse  amparado  por  una  causal  de  justificación;  y,  el  cambio  favorable, por pronunciamiento de la Corte, del  criterio  jurídico  que  sirvió  para  sustentar  la sentencia condenatoria en  relación con la tentativa de homicidio de Beatriz Eugenia Tobón.   

                                 Cargo  Primero.-  En  primer  término, refiere el actor los hechos de que se tuvo  noticia  en  el proceso  y transcribe parcialmente los testimonios obrantes  en  el  mismo,  de  Wilfred   Burckhardt  y  Olga Patricia López, que  relataron  la  prisa que parecía tener el conductor del vehículo desde el cual  se  hicieron  los  disparos,  pues  desesperado  por  pasar  acercaba el carro y  encendía  las  luces  y,  el  estado  de  jolgorio que llevaban la tarde de los  hechos,  es  decir,  del  31  de  diciembre  de 1984, los conductores de los dos  vehículos  alcanzados por los proyectiles y sus respectivos ocupantes, alegría  generada  por  la  ingesta  de  bebidas embriagantes en la corrida de toros a la  cual  acababan  de asistir y la terminación del año, que pretendían contagiar  a  los  demás  conductores en el trayecto que cubrían para dirigirse al centro  turístico  “Las  Vallas”  y  que  los  determinó  a colocar sus vehículos “de  frente,  a  la  par,  impidiendo  el  tránsito de los otros automotores”,   queriendo,  según  precisa  el  demandante, “forzar una caravana acompañada de  risas   y  de  pitos”,   ignorando  la  urgencia  del  conductor  procesado  para  procurarse la vía.   

                               En  segundo  término, precisa  como    hecho   nuevo,  demostrado  con  pruebas  no  conocidas durante los debates, que el señor padre  del  procesado,  don  Ismael Agustín Rodríguez, había sufrido un “preinfarto”  cardíaco  ese  día  exactamente a las 6:30 de la tarde y que había  sido  imposible  conseguir un medio de transporte para conducirlo a la clínica de los  Seguros  Sociales  para que se le atendiera adecuadamente, sucesos éstos que le  fueron  telefónicamente  comunicados  al  procesado  desde  su  domicilio   -calle  44-B- Norte No. 6-CN- 42-  por su esposa, Belma Mercedes Hohmann y,  por  lo  cual  éste,  presa  de la angustia salió de su sitio de trabajo en el  almacén  de propiedad de la familia, “Tracto Fiat Ltda.”, situado en la carrera  2a  No.  23-40  de  Cali con el fin de recoger al enfermo y conducirlo al centro  asistencial,  por  la única ruta con que contaba para su empeño (fl.97);   pero  estorbado  como  fue  en  su  apresurada  marcha por los vehículos en que  viajaban  los  ofendidos,  según  lo  relatado en antecedencia, disparó contra  ellos, con los resultados conocidos.   

                              Ahondando en la explicación del  estado  anímico  del sentenciado cuando incurrió en los hechos y reiterando su  argumentación,  dice  que “era una depresión emocional, que no podía ser otra  que  la  baja tensión arterial y disminución de fuerzas por el dolor que causa  el  saber  que  ya  depende  de él la vida de su padre”, añadiendo conocer que  éste  sufría  hipertensión   “y  estaba  dentro del cuadro histórico de  haber  padecido  preinfartos”;  y, aunque el que sufrió el día de autos no fue  de  consecuencias,  su cliente no estaba en condiciones de  saberlo; de tal  manera:   

                    “creyó  que  haciendo  esos  disparos no incurría en un hecho delictuoso porque estimó  justificar  su conducta ante el apremio de poder llegar pronto a su residencia y  transportar a su padre hasta un centro de salud.” (fl. 100).    

                               Su intención “jamás pudo ser  matar.  Creyó  de  manera errada e invensible (sic) que estaba amparado por una  causal  de  justificación,  esto  es,  que  con  los  disparos  asustaría  los  conductores  y  así  le  abrirían  paso”.  (fl. 101), aunque luego de formular  algunas  conjeturas  sobre  la   forma  como  pudieron  suceder los hechos,  reconoce   el   señor   apoderado   demandante,  que  aunque  la  conducta  del  procesado   objetivamente no alcanzaba a constituir una justificante,   éste sí tuvo la convicción de que así era.   

                                 Cargo  Segundo.-  Afirma  el  profesional  que  la  Corte,  en sentencia del 15 de  octubre  de  1993,  refiriéndose  al  aspecto  subjetivo  de  la  tentativa  de  homicidio  precisó  la necesidad de analizar aspectos  “tales como el  arma   utilizada,  proximidad  en  que utiliza (sic) respecto al objetivo y  órganos  que  resulten lesionados”  y que en el caso concreto, el Tribunal  al  condenar  a  su  poderdante  por  la  tentativa de homicidio de Beatriz  Eugenia  Tobón  ,  dedujo la  intencionalidad  de  delinquir de los disparos referidos por los testigos oídos  en  el  proceso  y  las circunstancias ajenas a la voluntad del procesado, de la  falta de puntería “o por el movimiento de los vehículos”.   

                               Luego de discutir, partiendo de  los  testimonios  obrantes  en  el proceso, de la mencionada Beatriz Tobón y de  Sonia  Díaz,  el criterio del fallador sobre la dirección a la que apuntaba el  arma,  para concluír  que ambos dichos  “resultan insuficientes sobre  la  orientación  del  arma  hacia la integridad física de la Tobón”, recuerda  que  en  el  carro  en  que  ésta  viajaba iban cuatro personas más, “lo   que   hace  difícil poder asegurar a cuál de ellas podría ir dirigido el  disparo que permitió estructurar el juicio de reproche”.   

                               Volviendo sobre el fallo en que  dice  sustentar  su  demanda  y  los  antecitados  testimonios,  afirma  que  su  poderdante  fue  condenado  por la tentativa “considerando el arma como idónea,  independientemente  de  la proximidad, órganos lesionados y número de disparos  realizados  ”   y  discute  el  número  de disparos dirigidos a la señora  Tobón  afirmando  que  no  fueron cinco, porque de haber sido así habrían   resultado   lesionados   los  restantes  ocupantes  del  vehículo.  Con  el  ánimo  de  fortalecer su   pretensión  asevera  que  esta  señora  no conocía al sindicado, ni conducía  alguno  de los vehículos, ni resultó lesionada en algún órgano vital, lo que  impide  “inferir un propósito claro”.   

                               Al  final de su argumentación  consigna:   

                   “Como la  Corte  …  sostuvo  últimamente  un  criterio  diferente,  …, es por eso que  invoco  se ordene revisar la sentencia con relación a este hecho punible que no  encuadra  en  la  interpretación  jurídica  que  permita  establecer una clara  diferencia  entre  el  homicidio  tentado  y  las lesiones personales, cuando la  víctima   queda   ilesa.”.               

                               DE LAS PRUEBAS EN EL TRAMITE DE  LA ACCION   

                               El  accionante  aportó con la  demanda  pruebas  para  demostrar  el  parentesco  entre  el  sentenciado  y  su  progenitor,  la relación matrimonial entre él y la señora  Belma Hohmann  Restrepo,  su  vínculo  laboral  con la firma para la cual trabajaba el día de  los   hechos;   además,  el   estado  de  salud  de  don  Ismael  Agustín  Rodríguez  Lasso,  su   padre,  para  ese  día  y  desde cuando  comenzó  a   presentar trastornos cardíacos y la atención médica que se  le  dispensó;   también  para acreditar la residencia en el sitio a donde  se dirigía el día de los hechos.   

                                Así  mismo,  allegó  varias  declaraciones  extraproceso,  algunas  de  las  cuales  fueron ratificadas en el  curso de la acción.   

                             LAS ALEGACIONES   

                               En el término de que trata el  artículo  238  del C. P. P. solamente alegó el apoderado del sentenciado, para  reiterar  con  insistencia sus puntos de vista planteados en la demanda, apoyado  en  las  pruebas anexas a ésta y controvertir, por el error de su poderdante al  creer  que  obraba  bajo  una causal de justificación  -que no especifica-  que   lo   haría   inculpable,   el   criterio  del  fallador  en  torno  a  la  intencionalidad  con  que  hizo  los  disparos origen de los hechos motivo de la  condenación. Al tratar de precisar sus ideas, dice:   

                  “El error  incurrido  es  de  DERECHO,  pues  el  señor  Rodríguez Carmona creyó que las  circunstancias  que  rodeaban  el  hecho  en  sí justificaba (sic) su reacción  esgrimiendo  el  arma  de fuego y una vez accionada lograr que esas personas que  le  obstaculizaban  el paso a la fuerza se lo cedieran posiblemente amedrantadas  (sic) por el ruido de los disparos”.   

                               En  relación con el cargo que  sustenta  en  la  causal  6a.  de revisión para cuestionar la imputación de la  tentativa  de homicidio en la señora Tobón con base en la  jurisprudencia  citada, afirma que la Corte:   

                      “ha  considerado  …  que   la   tentativa  de homicidio tiene que ir  relacionada  con  las  circunstancias,  arma  utilizada,  órganos  lesionados y  distancia donde se producen los disparos”   

y   que   estos   factores   no  fueron  considerados  en  la  resolución  acusatoria.  Advierte  que  el sentenciado no  conocía  a los ocupantes de los vehículos que le estorbaban el paso, entre los  cuales  estaba  la  mencionada  señora;  que  no cruzó palabras con ninguno de  ellos  y,  que  con  insistencia  procuró  de manera idónea que le cedieran la  vía,  la  que  se  le  negó  a  pesar  de  haberles disparado y por lo cual al  pasarlos, golpeó a uno de los vehículos.   

                             Insistiendo en los mismos hechos  que  le  sirvieron  de sustento del primer cargo sobre la ausencia de propósito  homicida  en el sentenciado, la pregona de éste al hacer los disparos en que se  sustenta  la imputación de la tentativa;  y, concretándose en la censura,  destaca  que  el  enjuiciamiento por este hecho se apoyó en el testimonio de la  señora  Tobón  referido  a  que Sonia Arias le había dicho que el sentenciado  apuntó  a  ella  y de haber ella misma escuchado el “zumbido” del disparo en su  oido,   sin  que  la  aseveración  de  Sonia  hubiera  sido  confirmada  en  el  proceso.   

                              Después de volver a cuestionar  los  argumentos  de  la  acusación,  destaca  que  la  testigo Tobón  “no  presentó  un  rasguño”,  los disparos se efectuaron estando tres vehículos en  movimiento,  el acusado no conocía a la mencionada ciudadana, y ésta no era la  conductora  del  vehículo,  de  donde infiere que si los disparos hubieran sido  hechos  con  rabia,  como  lo  afirmó  la  resolución acusatoria, ésta debió  dirigirse  contra quien le estorbaba.  Concluye entonces, que “los disparon  fueron hechos en forma indistinta”  y que:   

                   “Si en  verdad  existiera  esa  tentativa de homicidio, no sería solamente una ofendida  sino todos los ocupantes de los 2 vehículos”.   

                              Volviendo sobre el fallo de la  Corte   en   que  fundamenta  su  argumento en torno a la tentativa de  homicidio, considera que ésta:   

                   “fijó  un   criterio   que   verdaderamente   riñe  con   los    planteamientos    esbozados    por   el  señor  juez  …  cuando   calificó   de  homicidio  en  tentativa   el   hecho atinente a  un  zumbido  que  escuchó   Beatriz … “:   

y aunque admite que el arma utilizada y su  accionamiento   eran   idóneos   para   causar  la  muerte,  advierte  que  las  circunstancias  del  caso  concreto  no  permitían  la  atribución  del delito  imperfecto.   

                              Finalizando su discurso afirma  que   la  sentencia  demandada  debe  ser  revisada  porque  “persevera  en  una  injusticia”  dado  que  su  cliente  fue  condenado “por un delito que no fue lo  suficientemente   claro   en  la  valoración  de  los  elementos  subjetivos  y  objetivos”.   

                                             CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                                Cargo  Primero.-   Aparición  con  posterioridad  a la sentencia, de un  hecho  nuevo  que demuestra la inocencia del condenado, en cuanto al efectuar el  disparo  que  produjo  la  muerte  de  Gerardo Ortiz  Ruiz   obró exento de culpabilidad conforme al  numeral  3o. del artículo 40 del C. P., por hallarse bajo la errada convicción  de estar amparado por una circunstancia justificante.   

                                      La     intención     del   procesado,  precisa el actor:   

                   “jamás  pudo  ser  matar. Creyó de manera errada e invencible estaba amparado  por  una  causal  de  justificación, esto es, que con los  disparos  asustaría los conductores y así le abrirían paso.  Entonces el  acto  de  disparar  el  arma no fue consecuencia de un comportamiento deliberado  sino   motivo   de   haber  creído  que  usando  el  arma  se  amparaba  en  la  justificación  por  el  apremio  de  llegar  pronto  a  su   residencia   para   auxiliar            pronto a su padre”.   

                              El accionante hace consistir el  hecho  nuevo  en  la  amenaza  de  infarto  cardíaco  padecida por el papá del  sentenciado,  que le fue comunicada telefónicamente a su sitio de trabajo sobre  las  seis  de  la  tarde  del  31  de diciembre de 1984 y la urgencia con que se  movilizaba  éste  en  su vehículo para recoger al enfermo y transportarlo a un  centro  de  asistencia  médica, habiendo sido estorbado en su legítimo empeño  por   los   vehículos   en   que   viajaban   los  ciudadanos  contra  los  que  disparó.   

                              Pues bien; la historia clínica  del  paciente  Agustín  Rodríguez Lasso aportada con la demanda (fl.75 cd. C.)  enseña  que  el dolor precordial presuntamente indicativo de peligro de infarto  tenía  seis (6) horas de evolución para las 7:20 minutos de la noche del 31 de  diciembre  de  1984  cuando  fue  ingresado  a  urgencias  de la Clínica de los  Seguros  Sociales,  con  agravación hacía media hora, esto es, escasos minutos  antes  de  la  la  hora  de  ingreso  a  la  clínica,  que  fue  a  las 7:20 p.  m.   

                                 Si   el   enfermo   tenía  antecedentes  cardio-patológicos  desde 1972 (fl.49), como lo registra su   historia  clínica,  que  hacían  temer  la  posibilidad de un infarto, como lo  afirma  la  demanda,  lo  deducible  en  sana  lógica,  es  que  el aviso de la  situación  le  fuera  suministrado al sentenciado desde cuando la dolencia  de   ese  día  comenzó  a  manifestarse,  lo  cual,  como  se  dijo,  acaeció  seis  horas  antes  del  ingreso.   

                                 El   silencio   hacia   el  sentenciado,  de este hecho, que por su trascendencia debía ser conocido por la  familia  del  enfermo, específicamente por la esposa del procesado, doña Belma  Hohmann  dado  el  tiempo que llevaban de matrimonio – tres años-, resta  solidez  a  la demanda sobre la  razón  de la prisa que llevaba el sentenciado al transitar con su vehículo por  la   misma   ruta   en   que   lo   hacían   las   personas   a   quienes   les  disparó.   

                             Pero aún aceptando en gracia de  discusión  que  ese  apresuramiento  para  movilizarse  obedeciese  a  la causa  aducida,  su actitud de dispararle a los inofensivos y festivos ocupantes de los  otros  vehículos  para  que le cediesen la vía, no puede tenerse por exenta de  intencionalidad   dolosa   por   la   creencia  de  obrar  bajo  una  innominada  circunstancia  justificante  porque,  como  lo  revelan  las  pruebas  allegadas  durante  la  investigación  en  el  proceso  y  no  controvertidas en su verdad  histórica  por  la  demanda,  fueron  múltiples  los  disparos   que   hizo   y   todos dirigidos a la humanidad de las víctimas,  no  a  los automotores  -v.gr. las llantas- si es que de abrirse paso entre  la pregonada “caravana” festiva se trataba.   

                              Su forma de actuar descubre, no  un   desesperado proceder, sino la presencia de un temperamento violento de  innecesaria  e  inoportuna  exteriorización,  si  se  tiene en cuenta que no se  conformó  el  sentenciado  con  disparar  hacia uno solo de los vehículos -que  según  el  actor  avanzaban  paralelos-,  sino que después de haberlo hecho al  primero,  esto es, el ocupado por el occiso, golpeó con su carro al que ocupaba  Beatriz   Tobón,  y  luego  le hizo los otros disparos.   Tal es  también  la verdad  histórica de lo acaecido, referida en los testimonios  del   proceso  reseñados  en  la  sentencia  impugnada  sobre  la forma de  ocurrencia de los hechos y no desvirtuada por el accionante.   

              

                              El protagonismo del sentenciado  no   denota   que  hubiera  actuado  sin  la  conciencia  dolosa que su apoderado pregona; la secuencia de  lo  realizado  descarta  de  tajo la inculpabilidad que se pretende hoy plantear  después   de   tanto  tiempo  transcurrido  y  luego  de  haber  ensayado  otra  explicación  de  similar jaez, sin resultado positivo a través de su defensora  de  oficio  cuando  se  hallaba  en   contumacia  durante  todo el proceso.   

                             Pero además, surge indiscutible  la  ausencia  de un requisito indispensable para la conformación de la eximente  aducida:     la    invencibilidad  del  error bajo el que  creyó haber actuado el sentenciado  al  ocasionar  la  muerte   del  pasajero del primer vehículo hacia el que  disparó.    Ninguna  de  las pruebas allegadas durante el trámite de  la  revisión  demuestra  que  hubiera  adelantado  la más mínima diligencia y  cuidado  para superar el que afirma haber padecido, pues contrariamente, como se  sabe,   tras   dispararar   contra   la   humanidad  de los ocupantes de uno de los automotores y golpear  al  segundo  repitió  la acción de disparar de la misma manera también contra  éste.   

                              Al  tenor  del numeral 3o. del  artículo  40 del C.P., invocado por el actor, para que la inculpabilidad nacida  del  error de creer que se está amparado por una causa de justificación, tenga  operancia,  es  requisito  indispensable  que ese error sea invencible; si este factor no interviene en el  actuar  del agente, el error desaparece del campo jurídico y la responsabilidad  recaerá conforme a la clase de culpabilidad del obrar.   

                              Por  lo demás, no deja de ser  llamativo  el  hecho  de  que  la  acción   de  revisión  apenas  se haya  intentado  cuando  ha prescrito la posible acción  disciplinaria contra la  abogada,    doctora    Gladys   Arroyave    de  Polanco   que  actuó  como defensora de oficio  del  sentenciado  por  haberse  ocultado  éste durante el trámite del proceso,  donde  afirmó en la audiencia pública en su defensa  -5 de marzo de 1987-  haber  hablado con él y ser  informada de que obró como lo hizo por haber  creído  que  le  iban a robar su carro o iba a ser secuestrado (fl. 203 proc.),  para  luego,  el  18 de junio de 1992 en declaración extrajuicio retractarse de  esa  afirmación,  aseverando  que  nunca  habló con el sentenciado (fl. 42 cd.  Corte).    

                              De  otra parte, los argumentos  expuestos  en la demanda no demuestran la inocencia del procesado -que es lo que  persigue  esta  acción-  pues,  de todas maneras, con ellos quedaría en pie el  actuar culposo como mínimo.   

                               

                                En   definitiva,  el  cargo  no puede prosperar.   

         

                                Cargo  Segundo.-    Haber   la   Corte   cambiado   favorablemente   mediante  pronunciamiento  judicial  el  criterio  jurídico que sirvió para sustentar la  sentencia  condenatoria  impugnada,  sin  demostrar,  como era su deber, en qué  consistió ese cambio jurisprudencial.   

                                Entiende  el  actor  que  la  modificación  de  dicho  criterio se dio en torno a los factores estructurantes  de    la    tentativa   de   delito   consumado   de   homicidio,   porque  al resolver que se trataba de un delito imperfecto de esta  clase  y  no  de  lesiones  personales  en  un  caso  concreto  en que un ciudadano taxista fue herido con arma cortopunzante por unos  delincuentes  cuando trataron de hurtarle su vehículo y auxiliado oportunamente  por  algún  colega  salvó  su vida  -tal es el asunto a que se refiere la  sentencia  del  15  de  octubre de 1993 citada por el demandante-  recordó  que  el  aspecto subjetivo  del   delito  es   “uno  de  los  …  de  más  difícil  prueba”  y  para  dilucidarlo       ejemplificó  factores  de  diverso orden que deben ser considerados cuando de  examinar  los  delitos contra la vida y la integridad personal se trata, citando  entre   ellos   “aspectos   como   la  calidad  del  arma  utilizada,  la  forma  en que es usada, la  distancia  desde  la  cual  es utilizada, el número de veces que se reiteró su  uso, y la región anatómica interesada”.   

                                Protuberante,  de  cara  al  contenido  del  fallo  parcialmente  transcrito, la desviada intelección que el  señor apoderado demandante hace del pronunciamiento.   

                              En  la tentativa de homicidio,  como  en  todos  los  delitos  consumados  o  no,  es  deber  del juez que ha de  resolver,   examinar   a  integridad   el  caso  concreto    para     realizar   su   adecuado  encuadramiento en la ley.   

                              En  el  evento  citado  por el  demandante,  lo que la Corte hizo fue reiterar la necesidad de examinar diversos  elementos  circunstanciales  del  hecho  materia  de  estudio  -que     de     manera    ilustrativa    ejemplificó-  para  facilitar  la  comprensión  de  uno  de los elementos del  delito,  el  subjetivo;  no  pretendió  de  manera  alguna   restringir la  valoración  de  la  multiplicidad  de   posibilidades  indicativas  de  la  intención   que   acompaña   el  actuar del sujeto en cada  caso  específico,  ni  equiparar  todos  los  casos  similares   con   prescindencia    de    la   realidad   probatoria  contenida  en   el   proceso, ni menos, modificar el criterio jurídico imperante  en   torno   al   delito   imperfecto  de  homicidio.    Ilustrar  con  ejemplos   -que  entre  otras  cosas,  como  adelante  se  verá,  incluyen  factores  circunstanciales  dados  en el caso materia de la acción de revisión  en  estudio-,   no  implica modificación alguna del criterio jurídico que  invariablemente ha mantenido esta Corporación al respecto.   

                                  Así   se   expresó   la  Corporación:   

                              “A  nivel de delitos contra la  vida  y  la  integridad  personal,  doctrinantes  y tribunales han reitarado que  aspectos  como   la  calidad  del  arma  utilizada,  la  forma en que es usada, la distancia desde la  cual  es  utilizada,  el  número  de  veces que se reiteró su uso y la región  anatómnica  interesada son elementos trascendentales para deducir la existencia  de  una  determinada  intención  y  la finalidad perseguida por el autor; … ”  (negrilla fuera de texto).   

                              En  el  caso  objeto  de ésta  acción  de  revisión  el  arma  empleada  por  el  acusado fue un revólver en  perfecto  estado  de  funcionamiento  -como que con él acababa de dársele  muerte  a una persona-, disparada a la distancia adecuada a su radio de acción,  desde  un  vehículo  en  movimiento  hacia  otros  dos  también en movimiento,  contra   la  humanidad  de las personas que los ocupaban, aunque sin lograr  hacer  blanco  en  aquella  contra la cual se apuntó y que escuchó “silbar” el  proyectil   cerca  de  su  oído  luego  del  homicidio  consumado  en  el  otro  vehículo.    

                               Afirmar,  dadas  todas  estas  condiciones  que  la  Corte  varió  favorablemente  el criterio bajo el cual se  expidió  la  sentencia  de  condena  por tentativa de homicidio, al advertir la  necesidad  de  tener en cuenta diversos factores para establecer la subjetividad  del  delito  y,  específicamente  para  dilucidar  si se trató de tentativa de  homicidio  o  de  lesiones  personales  en  el  caso  que  resolvió mediante el  pronunciamiento  tomado  como  base  del  cargo,  es  confundir el alcance de la  previsión  juzgadora  para  forzar  una  equiparación a todas luces imposible.   

                              Aceptar  que  la  tentativa de  homicidio  no  se  realizó  por falta de intención de causar la muerte, porque  dicha  persona  no  era  quien  conducía  el  vehículo,  y no era conocida del  agresor,   desnaturaliza  lo sucedido en el caso impugnado. El ciudadano en  quien  hizo  blanco  uno  de  los  proyectiles  tampoco  era  el  conductor  del  vehículo,  y  tampoco,  que  se  sepa por el proceso, era conocido del agresor;  simplemente   tuvo  el  infortunio  de  viajar  como  pasajero en el primer  automotor    hacia   el  que el sentenciado disparó, e idéntica  suerte  habría  corrido  doña  Beatriz  Tobón  de  no  haberse presentado las  circunstancias  ajenas a la voluntad del agente activo del delito que impidieron  su consumación.    

                             Además, el reproche dejaría en  pie  la  responsabilidad por lesiones personales, distanciándolo de la técnica  de  revisión  que  en  la  causal invocada tiene como supuesto la inocencia del  condenado.   

                                No   prospera  el cargo.   

                              En  mérito de lo expuesto, la  Corte  Suprema de Justicia en Sala de Casación penal, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

                            R E S U E L V E   

                             NIEGASE LA REVISION de  la  sentencia  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cali,  mediante la cual se condenó a GUIDO RODRIGUEZ  CARMONA  por  los delitos de homicidio en la persona  de  Gerardo  Ortiz Ruiz y  de  tentativa  de  homicidio en la persona de Beatriz  Eugenia  Tobón Camacho.  En firme, DEVUELVASE  el  proceso  al juzgado de  origen.   

                                 COPIESE,   NOTIFIQUESE   Y  CUMPLASE.   

NILSON   PINILLA  PINILLA  No  firmo, FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL,  RICARDO  CALVETE  RANGEL,CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR,DIDIMO  PAEZ VELANDIA, EDGAR  SAAVEDRA    ROJAS,JUAN    MANUEL    TORRES   FRESNEDA,JORGE   ENRIQUE   VALENCIA  M.   

Carlos  Alberto  Gordillo L.,SECRETARIO   

     

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