34507(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 34507  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

                                                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                       Aprobado Acta No. 78   

Bogotá,  D.C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda   sustento   del  recurso  de  casación  instaurado  por  el  apoderado  de     ROSALINDA   BELLO   ESTRADA  contra  el  fallo  del  22  de  febrero  de  2010 proferido por el  Tribunal  Superior de Armenia, mediante el cual revocó la sentencia absolutoria  dictada  el  14 de enero de 2009 por el Juzgado Penal del Circuito Especializado  de  esa ciudad, y en su lugar la condenó a prisión de seis (6) años, multa de  quinientos  (500)  salarios mínimos legales mensuales vigentes, inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un periodo igual a la  pena  privativa  de  la  libertad  y  le  negó  el  mecanismo sustitutivo de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y el sustituto de la  prisión   domiciliaria,  como  autora  responsable  del  delito  de  lavado  de  activos.   

LOS HECHOS  

En  la sentencia de segunda instancia fueron  resumidos de la siguiente manera:   

“A  través de  labores  de  investigación adelantadas por detectives adscritos al Departamento  Administrativo  de Seguridad -DAS-, se tuvo conocimiento que los señores Rubén  Darío  Garzón  Londoño  y José Fernando Pineda Grajales lideraban una red de  narcotraficantes,  la  cual era utilizada para enviar sustancias estupefacientes  a  Europa  y  Norteamérica y el dinero producto de dicha actividad ilícita era  ingresado al país por medio de empresas ficticias.   

En  virtud de lo anterior se procedió a la  recolección   de   información   financiera,   económica,  de  propiedades  y  antecedentes  de  las  citadas  personas;  interceptación  de  comunicaciones y  declaraciones,  vinculándose  a  la  investigación  a  Walter  Rojas Valencia,  Gustavo  Alzate  Motoa,  Gloria  Rojas Valencia, César Augusto Zapata Londoño,  Orlando  Rey  Ortiz,  Amparo  Gómez Castellanos, Mario Claret Garzón Londoño,  Gloria  Inés  Guerrero  González,  Ubanid  Guerrero González y José Fernando  Pineda Grajales, quien se sometió a sentencia anticipada.   

Por  su  parte, ROSALINDA BELLO ESTRADA fue  señalada   de   tener   contacto  con  los  miembros  de  dicha  organización,  principalmente  con  el  señor  José  Fernando Pineda, quien era su compañero  permanente  y  con  la entonces pareja Amparo Gómez Castellanos y Rubén Darío  Garzón  y  se  le  atribuye concretamente la actividad de enviar giros desde el  Reino  Unido  a  partir  de  2001 con destino a Ofelia Castellanos, Luis Alberto  Doval,  Pablo  Alberto  Estrada,  Amparo  Gómez  Castellanos, Fernando Hurtado,  Adonay     Morales     y    José    Fernando    Pineda    alias    “frutas”.”1.   

El  29  de  junio  de  2007,  el Fiscal Doce  Delegado  de  la  Unidad  Nacional  para  la Extinción del Derecho de Dominio y  Contra  el  Lavado de Activos acusó a ROSALINDA BELLO  ESTRADA   como   autora   del  delito  de  lavado  de  activos2.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

En   la   demanda   se   postulan   tres  reparos.   

Cargo   Primero.  Violación  indirecta de la ley por valoración errónea de la prueba indiciaria  que sustenta la condena.   

El  Tribunal incurre en un error de hecho al  confundir  la  responsabilidad penal de la acusada con la de su compañero José  Fernando  Pineda  y  colegir  -vía  indicio  sin  calificarlo  de grave- que la  relación   de   parentesco  por  afinidad  constituye  prueba  suficiente  para  condenar.   

Considera que siendo el derecho penal de acto  y  no  de autor no se le puede condenar por el único hecho de ser la compañera  de  quien  aceptó  hacer  parte de una organización criminal, como tampoco por  haber  sido  huésped  y  compartir  actividades sociales con la familia Garzón  Castellanos.   

Luego  de  referirse a los presupuestos para  predicar  la  existencia  del delito de lavado de activos, advierte que por vía  de  inferencia  no se puede construir el indicio grave según el cual la acusada  conocía  el  origen  ilícito del dinero, cuando lo que se explicó y demostró  fue    el    giro    de    sumas    “pírricas”  producto de su trabajo a familiares y allegados.   

Explica  la naturaleza y razón de los giros  de  los  colombianos  que residen en el exterior, enseguida  discute que en  el   caso  de  la  procesada  correspondieran  a  una  estrategia  del  conocido  “pitufeo”,   para  advertir  que  los  dineros  girados  por  ella eran producto de su salario y que al no tener origen ilícito  la  conducta  es  atípica,  de  modo  que  se  le  condenó por responsabilidad  objetiva.   

Señala  que  la  sentencia se estructura en  indicios  que desconocen los principios elementales de la sana crítica y que en  realidad  existe  un  falso raciocinio en la valoración de la prueba, porque el  Tribunal   lo   que  hizo  fue  dictar  un   fallo  para  cumplir  con  las  estadísticas y no con su deber de administrar justicia.   

En  fin,  no  existe  certeza  acerca  de la  ilicitud,   la  prueba  es  indiciaria  y  no  directa,  tampoco  satisface  las  exigencias  del  artículo  232  de  la  ley  600  de  2000,  porque  el indicio  sustentado  en el error no conduce a la certeza de la autoría y responsabilidad  penal.   

Cargo   segundo.  Violación  directa de la ley por no determinar el grado de responsabilidad para  proferir condena.   

Para  el  impugnante, la sentencia ha debido  determinar  el grado de participación, esto es, si la responsabilidad penal era  a  título  de  autora,  coautora  o  cómplice,  porque  la procesada tenía el  derecho de conocer en calidad de qué fue condenada.   

En  el  fallo  se  habla  de un “apoyo    a    la    remisión    de  dineros”,  cuya  conducta  descartaría  la  autoría  por  la  complicidad,  luego  la omisión anotada es  violatoria del artículo 29 del Código Penal.   

Advierte    que    del    “análisis        del       juez  colegiado” se observa que  no  se le imputa concierto para delinquir ni actos de narcotráfico, de modo que  su participación accesoria impide atribuirle autoría.   

Cargo   tercero.  Inaplicación  de  la ley sustancial al no conceder la prisión domiciliaria, en  los términos del artículo 38 del Código Penal y la ley 750.   

Desconoció el Tribunal la probada calidad de  madre  cabeza  de  familia,  al  negarle  la  posibilidad  a la hija menor de la  acusada  de  crecer y desarrollarse en “familia     unicelular”,  estando  demostrado  el  cumplimiento  de  las obligaciones de la  detención  domiciliaria,  concedida  en su oportunidad por la Fiscalía General  de la Nación.   

El  Tribunal  inaplicó  la  citada  ley sin  “reconocer     la  preservación    del   principio   de   presunción   de   inocencia”, la cual no fue desvirtuada por error  en  la  valoración de la prueba indiciaria que condujo al desconocimiento de la  ley   sustancial  por  indeterminación  del  grado  de  responsabilidad  y  del  principio  de  legalidad  por  falta  de  demostración  del  hecho punible y la  participación de la acusada.   

CONSIDERACIONES  

La demanda no reúne la técnica que en esta  sede  casacional  se  exige  para las censuras que se le hacen a la sentencia de  segundo  grado,  en  razón  a que la misma falta a los requisitos de claridad y  precisión  requeridos  en su fundamentación, tal como se dispone en el numeral  3 del artículo 212 de la ley 600 de 2000.   

Recuérdese  que  no  basta  con  la  simple  enunciación  del cargo sin identificar la causal al amparo del cual se postula,  dejando  de  precisar  el sentido de la violación y la clase de error, para que  se  entiendan satisfechas las exigencias que permitan disponer el trámite de la  demanda,  dado  el  carácter extraordinario de la impugnación que le impone al  recurrente  concretar  no  sólo  la especie de yerro propuesto sino también la  forma en que se llegó a él.   

Por  eso,  cuando  se  postula la violación  indirecta  de  la  ley  por  valoración  errónea  de  la prueba indiciaria, es  imprescindible  que  el censor identifique inicialmente si el yerro se relaciona  con  la  apreciación del hecho indicador, el proceso de inferencia lógica o de  raciocinio  lógico,  o  con  el  proceso  de valoración conjunta de los varios  indicios  en  su convergencia y concordancia o entre esos y los demás medios de  prueba.   

Omitió  el demandante la obligación que le  imponía  la  técnica,  ya que no le bastaba con señalar que el Tribunal erró  al  colegir  por  vía  de  indicio  que la relación de parentesco por afinidad  consolidaba  la  responsabilidad penal de la acusada, pues no identifica en qué  extremo  de  la  construcción  del  indicio  recayó  el  vicio,  sin  que  sea  suficiente     a     ése     propósito    la    omisión    de    “calificar    su   grado”         o         “si  constituye suficiente prueba para  condenar”,  porque en ese  caso la clase de error sería otro.   

La  generalidad con la que asume el reproche  es  evidente,  al  criticar  enseguida que la aceptación de cargos por parte de  José  Fernando  Pineda,  compañero  permanente  de  la  acusada, sirviera para  atribuirle  responsabilidad  penal a ella como si se tratara de un derecho penal  de   autor,   o   discutir  después  “la  conjetura  elevada a la categoría de INDICIO GRAVE”  al  parecer  por  un  error  en  la  inferencia  lógica,  según  la  cual  conocía  el  origen ilícito del dinero  girado   bajo   la   modalidad   del  “pitufeo”.   

Si  la  misma  se  refería  a la inferencia  lógica,  se  le imponía admitir la validez del medio de prueba que acredita el  hecho  indicador,  demostrar  que  el  juzgador  en  esa  operación  mental  al  otorgarle  valor  probatorio  desconoció  las  reglas  de  la  experiencia, los  principios  de  la ciencia o los postulados de la lógica, precisar cuál fue el  omitido,  señalar su correcta aplicación, cómo fue equivocado dicho proceso y  su incidencia en el sentido del fallo, nada de lo cual hizo.   

Falencia   en  la  cual  persiste,  cuando  genéricamente   cuestiona  las  conclusiones  probatorias  del  Tribunal,  cuyo  análisis  tilda  de  ligero,  apresurado  y  erróneo,  exponiendo  sus propias  razones  por  las  cuales  los  giros  eran producto del salario de la acusada y  cómo  por  su destinación no podían tener el carácter ilícito, pidiendo que  se  deslinde su responsabilidad de la de su esposo, por cuanto ella no era parte  ni tenía relación con empresas dedicadas al lavado de activos.   

Apreciaciones que sumadas a sus afirmaciones  de  acuerdo  con  las  cuales  la  sentencia  se  dictó  para  cumplir con unas  estadísticas,  sin la certeza acerca de la realización de alguno de los verbos  rectores  de  la conducta punible ni con un estudio económico del patrimonio de  la   acusada  y  con  prueba  indiciaria  que  no  reúne  los  requisitos  para  condenarla,  desnudan  la  ausencia  total  de  técnica  en la formulación del  cargo.   

En  los  cargos  segundo  y  tercero, el impugnante aduce la violación  directa  de  la  ley  lo  cual  le  imponía señalar -en principio- la norma de  derecho  sustancial transgredida y precisar el sentido del quebrantamiento, esto  es,  si  corresponde  a  una  falta  de  aplicación,  aplicación indebida o de  interpretación errónea.   

Una  vez  identificada  la  naturaleza de la  vulneración  el  censor   queda  obligado  a  proponer  el  debate en puro  derecho,  para  cuyo  propósito  se  hace  necesario que admita los hechos y la  forma  como  fueron  probados  en la sentencia, pues si de lo que se trata es de  formular  reparos  al supuesto fáctico previsto en la ley que se dice objeto de  la  equivocación judicial, deberá denunciarlos por la vía indirecta aclarando  si  se trata de errores de hecho o de derecho  y señalando dentro de ellos  su modalidad.   

Ninguno  de  los  presupuestos  de  técnica  cumplió  el  censor.  El  cargo  segundo  enuncia  la  clase  de violación pero no la forma en que la norma  sustancial  fue  quebrantada,  pues  reprocha  al Tribunal no haber señalado el  grado    de   participación   por   “inobservancia  de  lo  previsto  en  el  artículo  29  del Código  Penal”,   norma   que  reproduce  al  igual  que  el  artículo  30  -partícipes-  del  mismo estatuto  punitivo,   expresando   que  carece  “de  poderes  de  adivinación  para  saber  si  la  condena  es por  autoría       o       complicidad”.   

En este caso, le correspondía a partir de la  aceptación  de  los  hechos  y  la forma en que fueron probados, mostrar que la  acusada  era  cómplice de la conducta imputada partiendo del supuesto que en la  determinación  de  la pena se le tuvo como autora; en la manera como lo propuso  y  desarrolló, el cargo carece de precisión y claridad al dejar de identificar  la norma supuestamente violada.   

El  actor estaba obligado a indicar el grado  de  participación  de acuerdo con lo probado y no hablar de su indeterminación  puesto  que con ello nada dice, incurriendo en error cuando al tomar partido por  el  hipotético  grado de complicidad, asume que el mismo le sería atribuible a  la    procesada    “si  estuviese  demostrado  que  en  efecto  conocía  que  el dinero que giraba, que  salía   de  su  salario,  se  iba  a  reputar  como  ilícito  y  producto  del  narcotráfico”.   

A  esa  consideración de orden probatoria  contraria  a  la  técnica  de casación, agrega una adicional de acuerdo con la  cual,      el      hecho      que      el     compañero     de     ROSALINDA   se   hallara   en   Colombia  indicaría  que “no había  actividad   de   narcotráfico,   ni   había   ingresos   por   tal   ejercicio  ilícito”  de modo que la  aseveración  del  Tribunal  acerca del apoyo que ella prestó a la actividad de  lavado  con  el  giro  de los recursos “por    sí    no    constituye   prueba   de   la   responsabilidad  indefinida”.   

Finalmente repárese en que para descartar la  autoría,  pide tener en cuenta que a la procesada no se le endilgó la conducta  de    concierto    como    tampoco   “se  tiene  claro  que  no participa en la organización” y que al no poder imputársele cargos  de   narcotráfico   “su  participación     es     accesoria”  por  apoyar  el presunto “pitufeo”. El  desacierto    en    la    proposición    y    desarrollo   del   reparo   surge  evidente.   

Similar  reproche  merece  el  cargo   tercero,   puesto   que   si  lo  reprochado  al  Tribunal  es  no haber tenido en cuenta los derechos de la menor  hija   de   la   procesada,  estando  “demostrado    el    cumplimiento    de    los   deberes”  impuestos  cuando  disfrutó  de  la  detención  domiciliaria,  dichas  apreciaciones no alcanzan a constituir reparo  que  deba ser discutido en esta sede casacional, sin que sea suficiente señalar  “que   el   requisito  objetivo  sobre  el  quantum  punitivo  mínimo  desapareció  del debate con la  expedición    de    la    ley    906”.   

Nada   agrega  a  esa  generalización  el  comentario  deshilvanado,  según  el  cual  la  presunción de inocencia no fue  derrotada  “por error en  su  producción,  por  error  en  la  valoración  de  la prueba indiciaria, por  desconocimiento   de   la   ley   sustancial   al  no  determinar  el  grado  de  participación        probatoria”,    para    luego    concluir   que   se   desconoce   “el  principio  de  legalidad  al  no  haberse  decretado  para  la demostración del hecho punible y la participación  de   mi  representada  mediante  dictamen  pericial  contable  (sic)”,  por ser temas que ninguna relación  guardan con el reparo propuesto.   

Igual  debe predicarse de su consideración,  de   acuerdo  con  la  cual  la  responsabilidad  penal  no  se  puede  edificar  “con  fundamento  en  la  relación    de    parentesco    de    mi    representada   con   su   condenado  compañero” y “con      criterios      objetivos  proscritos”.   

El  reparo resulta inadmisible, porque no se  argumentan  razones  jurídicas acerca de la inaplicación de la disposición de  derecho  sustancial  cuestionada,  y  en su lugar, se acude a formular críticas  sobre  supuestos  probatorios  que  nada  tienen  que ver con el sustituto de la  prisión domiciliaria.   

La  Sala  inadmitirá  la  demanda  por  la  manifiesta  falencia de técnica, la cual no puede entrar a subsanar, corregir o  enmendar  en virtud del principio de limitación -artículo 216 de la ley 600 de  2000- y de la naturaleza rogada de la impugnación extraordinaria.   

Tampoco  dispondrá su trámite oficioso con  fundamento  en  la misma disposición, por cuanto de la revisión del proceso no  se  observa  la  afectación  o  vulneración de garantías fundamentales de los  sujetos procesales.   

En  mérito  de  lo  expuesto,   la   SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda  de   casación   presentada   por   el   apoderado  del  procesado  ROSALINDA BELLO ESTRADA.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                  FERNANDO A. CASTRO CABALLERO     

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                                                     ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                        

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZALEZ   DE  LEMOS                  AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

                                                  

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                              JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Tribunal  Superior  de  Armenia,  febrero   22 de 2010; folios 3 a 22, cdno  original de segunda instancia.   

2  Folios 1 a 29, cdno original trece.     

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