34534(01-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n°  34534   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº188  

Bogotá D. C., primero (1°) de junio de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de la procesada Diana   Yamilet  Lemos  Angulo  contra  la  sentencia  dictada  por el Tribunal Superior de Bogotá, el 26 de marzo de 2010,  mediante  la  cual  confirmó la proferida por el Juzgado Cuarto Penal Municipal  de  la  misma ciudad, el 14 de enero de ese año, que la condenó como autora de  la conducta punible de hurto calificado agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros  fueron    sintetizados    por    el    Tribunal     de     la     siguiente  manera:   

Los presupuestos fácticos que dieron origen  a  la presente actuación acaecieron durante la mañana del 15 de julio de 2009,  a  la altura de la carrera 14 con calle 70 de esta ciudad, cuando la señora Luz  Adriana  Arango García transitaba por allí y fue abordada por la hoy procesada  Diana  Yamilet Lemus Angulo y una menor de edad que portaba un cuchillo, quienes  la  arrinconaron  contra la pared y la amenazaron con el artefacto cortopunzante  para  exigirle la entrega del celular que llevaba consigo, sin lograr despojarla  de  aquél, pues las asaltantes huyeron al verse sorprendidas por la ciudadanía  que  se  acercó  a  auxiliarla y logró darles captura con apoyo de la Policía  Nacional.   

2.   Por  los  anteriores  hechos,  se llevó a cabo en el Juzgado 46  Penal  Municipal  con  función  de  control  de  garantías,  la  audiencia  de  imputación  y  legalización  de  captura,  acto  en el cual se le atribuyó la  conducta  punible  de  hurto  calificado agravado reglada en los artículos 239,  240, inciso 2°, y 214, numeral 10°, del Código Penal.   

Conforme a dicha imputación la procesada se  allanó,   de   manera,  libre  espontánea  y  debidamente  asistida,  a  dicho  cargo.   

3.  Presentado el escrito de acusación, el  Juez  Cuarto  Penal  Municipal,  el  14  de  enero  de 2010, dictó sentencia de  primera  instancia  en  la  que  condenó  a Diana Yamile Lemus Angulo a la pena  principal   de   27   meses  y  15  días  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo   lapso,   como   autora  de  la  conducta  punible  de  hurto  calificado  agravado.   

Así   mismo,  le  negó  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

4.  Apelado  el  fallo por el defensor, por  cuanto  no comparte la negativa de conceder la prisión domiciliaria, por razón  que  la  acusada es madre cabeza de familia, el Tribunal Superior de Bogotá, el  26 de marzo de 2010, lo confirmó.   

Contra  la  anterior decisión, el defensor  interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA     

La defensa técnica, al amparo de la causal  primera  presenta  dos  cargos contra el fallo del Tribunal Superior de Bogotá,  cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de violar directamente la  ley  sustancial,  por cuanto aplicó indebidamente el artículo 68 A, del C. P.,  en  la  medida  en que su defendida tiene derecho que se le otorgue un subrogado  penal   o   mecanismo   sustitutivo  de  la  pena  por  carecer  de  antecedente  penales.   

Segundo cargo  

Acusa  al  sentenciador  de segundo grado de  violar  directamente  la  ley  sustancial,  dado que no dio aplicación a la Ley  750,  numeral  2°,  de  2002,  porque  su defendida es madre cabeza de familia,  desconociéndose    igualmente    el    artículo   43   de   la   Constitución  Política.   

Advierte  que  los  anteriores reproches son  trascendentes,    toda   vez   que   Lemos   Angulo   tiene   derecho   a   esos  institutos.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La casación conforme a la sistemática de la  ley 906 de 2004   

1. En el nuevo sistema procesal, la casación  se  concibe  como  un medio de control constitucional y legal que procede contra  las  sentencias  dictadas  en  segunda instancia en los procesos adelantados por  delitos  cuando  afectan  derechos  o garantías procesales.  Por lo mismo,  debe  concluirse  que  este  recurso,  concebido como un control constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la Corte Suprema de  Justicia  como  Tribunal de Casación, según así lo prevé el artículo 235 de  la  Carta  y,  por  ende, guardiana de los fines primordiales contemplados en el  artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que    estatuye    la   citada   Ley   906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,  acredite la afectación de derechos o garantías fundamentales,   para    lo    cual    también    deberá   formular  y  desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación  según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  reiterado  la  Corte,  son  los mismos del proceso penal, lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

De    tal   manera,    el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

En otros términos, las causales determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar  la ilegalidad o inconstitucionalidad del  fallo  y  de  conducir el debate  en  sede  extraordinaria,   pero   ellas  no  son  un  fin  en  sí   mismo  para  la  viabilidad  del  recurso,  pues  ésta debe determinarse por la  manifiesta   configuración   de   uno  o  varios   de    los    motivos   normativamente   establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento    de    la    decisión   impugnada.   

Claro  que  por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su  amparo  pretenda  aducir,  y  la  debida fundamentación  fáctica  y  jurídica de éstos, además de la necesidad de acreditar cómo con  su  estudio  se cumplirán uno o varios de los fines de la casación1.   

El   recurso   extraordinario   no  es  un  instrumento  que  permita continuar con el debate fáctico y jurídico llevado a  cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda clase de  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico, coherente y sistemático en el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o de procedimiento en que haya podido  incurrir   el   sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia, para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

Calificación de la demanda  

1.   Recuérdese  que en este asunto se  profirió  fallo  anticipado  por  razón  del  allanamiento  a  cargos  que  la  sentenciada  hizo  en  la  audiencia  de imputación, motivo por el cual se hace  necesario  establecer si la defensa de Lemus Angulo tiene interés para acudir a  esta sede.   

          De  acuerdo  con  el  recuento  de  la  actuación  procesal,  surge  evidente  que  la  procesada  en la diligencia de formulación de imputación se  allanó  a  los  cargos  presentados  por  la  Fiscalía  por el delito de hurto  calificado   agravado,   a   cambio   de  la  rebaja  de  pena  correspondiente.   

         

          De  manera  que  la  defensa  de la sentenciada sólo tiene interés  para  controvertir  a  través  de  los  recursos  (apelación  o casación), la  vulneración  de  sus  garantías  fundamentales,  el  quantum  de  la pena, los  aspectos  referidos  a su determinación, lo atinente a la prisión domiciliaria  como  sustitutiva de la prisión y a la suspensión condicional de la ejecución  de la pena.   

          1.1  En  el  evento que ocupa la atención de la Sala y en la medida  en  que  la  inconformidad  de  la  defensa  radica  en el no otorgamiento de la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria,  basado  ello  en  que la acusada es madre cabeza de familia según la Ley 750 de  2002,  se  colige claramente que tiene interés para discutir dichos aspectos en  sede de casación.   

          2.  Sin embargo, resulta claro que el único cargo presentado contra  la  sentencia  del  Tribunal  no  reúne  los  presupuestos  de lógica y debida  fundamentación  para  su admisibilidad, en tanto no demostró la existencia del  vicio  y,  menos  lo conectó con los fines que informan la casación de acuerdo  con el sistema consagrado en la Ley 906 de 2004.   

Como  se  ha  venido diciendo, el recurso de  casación  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de  derecho  o  de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso.  De  ahí que al demandante corresponda postular el yerro a través de  las  causales  contempladas  para  el  efecto,  demostrando cómo el mismo logra  resquebrajar  el  fallo, al punto que se impone su quebrantamiento con el objeto  de  cumplir  con  los  fines  estatuidos  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

3.  Recuérdese  que  cuando  la  censura se  postula   por   la   vía  de  la  infracción   directa  de  la  ley   sustancial,   el  casacionista   está  aceptando  que  los  hechos  y  las   pruebas   declaradas   como   probadas en la sentencia  fueron  correctamente apreciadas, razón por la cual el debate se circunscribe a  la  aplicación  del derecho, sin que tengan cabida aspectos relacionados con la  credibilidad de los elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

Así,  la  labor  de  demostración  de  la  trascendencia  del  vicio deberá estar sustentada en evidenciar que el juzgador  seleccionó  una  norma  que no era la llamada a gobernar el asunto, que omitió  otra  que  sí  resolvía los extremos de la relación jurídico procesal o, que  habiéndola  escogido  correctamente  le dio un alcance interpretativo que no se  deriva del texto de la ley.   

4.     Respecto     al    primer  cargo  formulado por la vía de la  causal  primera  de  casación, consistente en que el sentenciador no aplicó lo  consagrado  en  el artículo 68 A, del C.P.,  yerro que condujo a que no se  le  otorgara  a  la  procesada la suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  el  libelista  lo  dejó en el enunciado, en tanto no presentó argumento  tendiente  a  demostrar  que  efectivamente  la  mentada norma fue indebidamente  aplicada   al   momento   en   que   el   Tribunal   elaboró   el   juicio   de  derecho.   

Según los parámetros fijados en precedencia  y  confrontados  con los argumentos expuestos como sustento del primer cargo, se  concluye  que el actor no dijo nada de la forma en este asunto se debía aplicar  el  contenido del artículo 68 del Código Penal y, consecuentemente, conceder a  la   Lemos   Angulo   la   suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena.   

Sin  embargo,  revisadas las consideraciones  del  fallo  de primera instancia, se colige que la negativa del juzgador para no  conceder   el  citado  mecanismo  sustitutivo  de  la  pena,  obedeció  que  se  consideró  que Diana Lemos Angulo requería tratamiento penitenciario dadas las  circunstancias  del  acontecer  fáctico, puesto que para cometer sus fechorías  se valió de una menor de edad, quien además era su hija.   

Es decir, la Sala no advierte las razones por  las  cuales  el casacionista invoca la errada  aplicación del artículo 68  A  del  Código  Penal,  máxime  cuando  no lo conecta con los presupuestos del  artículo 63 del mismo estatuto.   

Respecto      al      segundo   cargo  que    el   libelista  igualmente  funda  en  la  dialéctica  de la infracción  directa  de la ley sustancial,  también lo dejó a mitad de camino, habida  cuenta  que  no presentó argumentos  para demostrar  que a la acusada  se  le  debía  reconocer  su  calidad  de  madre cabeza de familia y, por ello,  tenía derecho a la prisión domiciliaria.   

De todos modos el Tribunal analizó el punto  en  discusión  y  de  manera acertada concluyó que ésta no era beneficiaria a  dicho  reconocimiento, puesto que no le estaba dando una correcta orientación a  su  hija,  en  tanto  la estaba iniciando en la carrera criminal al participar  con  ella  en  la realización de un actividad ilícita  que  compromete el uso de armas blancas, para obtener beneficios ilícitos, como  se  demostró  en  el  presente caso; de ahí que no se  encuentra   en  condiciones  para  reclamar  que  la  consecuencia  de  su  antijurídico  actuar  se  palie  por constituir soporte y  paradigma de los intereses de un menor.   

Porque, precisamente, si de lo que se trata  es   de   proteger   los   derechos   prevalentes   de   los  niños,  niñas  y  adolescentes   –tal y  como  lo  menciona  la  defensa-  mal  haría  la  judicatura en permitir que la  acusada ponga en riesgo el sano proceso de formación de su hija.   

Además,  hay  que  resaltar que los padres  tienen  el  derecho  y el deber de educar a sus hijos, guiarles, aconsejarles, y  corregirles  para  que  sean  personas  de  bien, libres y responsables. Por tal  motivo  el Código de la Infancia y Adolescencia en su artículo 14, habla sobre  la  responsabilidad  parental  diciendo  que  es  un  complemento  de  la patria  potestad  establecida  en  la  legislación  civil.  Es  además, la obligación  inherente  a  la orientación, cuidado, acompañamiento y crianza de los niños,  las niñas y los adolescentes durante su proceso de formación.   

Así  las cosas, no se observa qué tipo de  orientación  ha  de  proveer quien se concierta con una menor para amedrentar a  inermes  ciudadanos y hurtarles sus pertenencias, como para que ello sustente un  tratamiento punitivo más benigno.   

En  consecuencia,  los  dos reproches que el  censor  postula contra la sentencia de segunda instancia carecen de razón, pues  la  norma  que  califica como excluidas del juicio de derecho sí fueron tenidas  en  cuenta  por  el  juzgador,  advirtiéndose que en la acusada no se daban los  presupuestos  para  conceder  los  derechos  consagrados  en las citadas normas.   

Como  se anunció, deviene la inadmisión de  la demanda.   

    

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

El mecanismo de la insistencia  

Al amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos2:   

“(ii)  La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         (iii)  La solicitud de insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a  través de sus delegados para la casación penal, o ante alguno de  los  Magistrados  integrantes de la Sala de Casación Penal, según lo decida el  demandante.   

         (iv)  La  solicitud  respectiva  puede  tener dos finalidades: la de  rebatir  los argumentos con fundamento en los cuales la Sala decidió no admitir  la  demanda,  o para demostrar por qué no empece las incorrecciones del libelo,  es  preciso  que  la  Corte  haga  uso  de su facultad oficiosa para superar sus  defectos y decidir de fondo.   

         (v)  Es  potestativo  del  Magistrado  disidente  o del Delegado del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar por someter el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario. Así mismo, cualquiera de  ellos  puede  invocar  la  insistencia  directamente  ante  la  Sala  de  manera  oficiosa.   

         (vi)  El  auto  a  través  del  cual  no  se  admite  la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia   contra   la   cual  se  formuló  el  recurso,  con  la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la prescripción de la acción penal, efectos que no  se  alteran  con  la  petición de insistencia, ni con su trámite, a no ser que  ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con  tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión a través de la cual no se admite la demanda está contenida en un  auto  a  cuyo  enteramiento  o  publicidad debe procederse obligatoriamente, con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por vía  del  procedimiento  señalado  en  el  artículo 169, inciso 3, de la Ley 906 de  2004,   esto   es   “mediante  comunicación  escrita  dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o  cualquier  otro medio idóneo que haya sido indicado por las partes”,  se  establecerá el término de cinco (5) días contados a partir  de  la fecha en que se produzca alguna de las anteriores formas de notificación  al  demandante,  como  plazo  para que éste solicite al Ministerio Público o a  alguno  de  los  Magistrados  integrantes  de  la  Sala,  si  a  bien  lo tiene,  insistencia en el asunto.   

A  su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud  de insistencia supone un estudio ponderado de la misma, de la  demanda,  del  auto por el cual no se admitió y de la actuación respectiva, se  otorgará  al  Ministerio  Público  o  al  Magistrado interesado un término de  quince  (15)  días  para  el  examen de la temática planteada, vencido el cual  podrán  someter  el  asunto  a discusión de la Sala o informar al peticionario  sobre su decisión de no darle curso a la petición.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

         INADMITIR   la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  DIANA YAMILET LEMOS  ANGULO,  por  las  razones  expuestas  en la anterior  motivación.   

De   conformidad   con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de  insistencia en los términos  precisados  atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

                                                      JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                     JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                     SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                    

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                              MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

                                                                     Secretaria   

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2 Auto  del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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