34144(13-04-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 34144  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

Aprobado Acta No. 130  

Bogotá, D. C., trece (13)  de abril de dos mil once (2011)   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve   la   Sala   el   recurso   de  casación  interpuesto por  el  defensor  de  EDUARDO  SABOGAL  BECERRA  contra el  fallo    del    27   de  noviembre      de  2009, por medio del cual el  Tribunal     Superior     de    Cúcuta    confirmó    la    sentencia    proferida    el    8         de         mayo       de       2009    por   el   Juzgado   Primero     Penal     del    Circuito  de   Descongestión   de   esa   ciudad,   que   lo   condenó   a  prisión  de  seis    (6)           años,  multa  de  cien   (100)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un período igual al de  la  pena  privativa  de  la  libertad, al mismo tiempo  que  le  negara  el mecanismo  sustitutivo  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena y el sustituto de la prisión  domiciliaria,   al   hallarlo  autor  responsable  del  delito  de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

En  horas  de la tarde del 2 de noviembre de  2007,  cerca  a  la casa ubicada en la calle 6 número 3-02 del barrio Colpet de  Cúcuta,  se apostó un grupo de policía judicial con el objeto de verificar la  información  según  la  cual  en  ese  lugar  se  expendían  estupefacientes.  Después  de  observar  a  un  individuo  ingresar  y  salir del inmueble en dos  oportunidades,  el  mismo  que saliera a atender a otro que arribó en una moto,  previa  presentación  e  identificación  de  las autoridades fue solicitado el  registro de la casa, el cual les fue permitido.   

En  su  interior,  además del fuerte olor a  narcóticos,  en  una habitación a la que sus residentes trataron de impedir su  entrada,  encontraron  en  un  cajón  de  la  mesa  del peinador dos bolsas con  estupefacientes  y  base  de  cocaína,  en  una  gaveta del closet dentro de un  recipiente  plástico  17  papeletas  de  la misma sustancia y dinero, así como  elementos  impregnados  de  esa  droga:  la  cuchilla  de una licuadora, un vaso  pequeño  para la misma, una cuchara de platino, una gramera con plato de vidrio  y unas tijeras metálicas.   

En  el  lugar,  fueron  aprehendidos  Bertha  Becerra  Gálviz,  la  cual  se  acogió  a  sentencia  anticipada,  y  su  hijo  EDUARDO       SABOGAL       BECERRA.   

El 3 de noviembre de 2007, el Fiscal Primero  de  la  Unidad  de  Reacción  Inmediata,  con  fundamento  en  las  diligencias  recibidas  del grupo estupefacientes de la Sijin-Denor, profirió resolución de  apertura   de   instrucción   contra  Bertha  Becerra  Gálviz  y  EDUARDO       SABOGAL      BECERRA1.   

El  4  de  noviembre  de  2007  fue oído en  indagatoria  y  el  día 13 del mismo mes y año, la Fiscalía Once de la Unidad  Seccional   de   Cúcuta,   profirió  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva   en   su   contra   como   coautor   del   delito   de  tráfico  de  estupefacientes2.   

El  21  de enero de 2008, la misma Fiscalía  declaró  clausurada la instrucción y el 20 de febrero del mismo año, acusó a  EDUARDO SABOGAL BECERRA como  autor  de la conducta punible de tráfico de estupefacientes, en las modalidades  específicas     de     conservar     y    vender3,   resolución   que   causó  ejecutoria  material  el  21  de  octubre  de  20084.   

El 29 de octubre de 2008, por reparto asumió  el  conocimiento  del  juicio  el  Juez  Primero  Penal del Circuito de Cúcuta,  funcionario  que  en  la  audiencia  preparatoria  decretó  pruebas de oficio y  señaló fecha para la realización de la audiencia pública.   

El  24  de  febrero de 2009 llevó a cabo la  audiencia  pública y luego dictó sentencia, en la cual condenó a SABOGAL   BECERRA  como  coautor  de  las  conductas de conservar y vender sustancias psicotrópicas.   

El  fallo  impugnado  por  el  defensor  del  acusado, fue confirmado por el Tribunal Superior de Cúcuta.   

DE LA DEMANDA  

En   la   demanda  se  proponen  dos  (2)  cargos.   

Cargo          Primero.  Con  fundamento en la causal 1ª del artículo 207 de  la  ley  600  de 2000, denuncia la violación indirecta de la ley sustancial por  error  de  derecho  por falso juicio de legalidad, al  otorgar  el  Tribunal mérito persuasivo a una prueba sin el cumplimiento de los  requisitos legales.   

A  su  juicio el  informe    de   policía   judicial   falta   a   la  verdad,  cuando  señala  que  los funcionarios de la  Sijin  ingresaron  al  inmueble  ubicado  en  la  calle 6 norte número 3-02 del  barrio  Colpet  con  autorización  del  joven EDUARDO  SABOGAL   BECERRA,  porque  éste  en  ningún  caso  dio  permiso  para  el  registro  que terminó con los  resultados   conocidos,   versión   respaldada  por  residentes  y  trabajadores  que  se  encontraban  presentes  al  momento de los  hechos.   

Pruebas   de   la   oposición   de   él   a  la  diligencia,  la constituyen el mismo informe donde  se  consigna  tal  hecho  y  las  lesiones causadas a  varios  de  los  moradores,  como    la   insistente  solicitud  de la defensa a  la  policía  y  a  la  Fiscalía para que  el  acusado fuera trasladado y valorado  por medicina legal.   

Además  la  comparación  entre el acta de  “registro voluntario”  y   el   informe  de  policía  judicial,  deja  al  descubierto    que    la    actuación    de    los    detectives   desconoció los lineamientos legales y  constitucionales.   Los  documentos    tampoco  coinciden   en   la   persona   que   supuestamente  autorizó    el   registro   y   el   informe  sugiere  una  conducta que no  ejecutó  SABOGAL BECERRA,  quien  confundido  se  opuso al operativo policial creyendo que se trataba de un  atentado contra su vida.   

Por  tratarse  de  una prueba ilícita, su  exclusión   como  única  vía  legal  genera  la  ilicitud  de  las  pruebas  derivadas  de  ella,  en  este  caso,  relacionadas con el hallazgo dentro de la  casa  de  la    sustancia   ilegal   y  de  los  otros  elementos  relacionados  en  el  informe  de  policía.   

La     situación     objetiva  de flagrancia aducida por los  juzgadores    para   justificar   el   registro  es  inexistente,   por  la  imposibilidad  de  avistar  el     alijo    de  droga  desde  el  exterior  de  la  casa.  Siendo según lo tiene dicho la Corte un fenómeno ex ante y no  ex  post,  correspondía  a  las  autoridades la comprobación o realización de  labores  de  vigilancia  y  seguimiento  para  corroborar  la  información  del  anónimo, las cuales no hicieron.   

Cargo  Segundo.  Con  fundamento  en  el  numeral  1  del artículo 207 de la ley 600 de 2000, se  aduce  la violación indirecta de la ley derivada de un error de hecho por falso  juicio de identidad.   

A juicio del censor, la sentencia considera  a  los  testimonios  de los uniformados como prueba directa, sin tener en cuenta  que  a ellos no les consta que Álvaro Rivera Llanes  hubiera  señalado  al  acusado  como  uno de los expendedores de la droga y que  Helmer    Javier    Bayona   Muñoz   se  retracta,  al  aclarar que aquél en la entrevista simplemente  le manifestó que en ese  lugar    vendían    estupefacientes,    pero    sin   señalar   a   nadie   en  particular.   

Las   declaraciones   de   los   agentes  constitutivas  de  la  ratificación  del  informe no  tienen  valor  probatorio  y solo sirven como hechos  indicadores,  que  a  su  vez  carecen de respaldo probatorio. Ninguno de ellos,  señala  a SABOGAL BECERRA  en  actividades  de expendio de la droga, pero logran  confundir  a  los operadores judiciales para que declaren su compromiso penal en  los hechos.   

Recuerda   que   las  versiones  de  los  informantes  ninguna eficacia probatoria tienen en el proceso penal y apoyado en  doctrina  relacionada con la apreciación probatoria de la prueba testimonial de  los  agentes,  considera  que  la credibilidad otorgada a esta se sustenta en su  distorsión  y  en  una valoración alejada de la realidad procesal, como quiera  que  no hay prueba que comprometa la responsabilidad del procesado en los hechos  imputados.   

Cuestiona  el testimonio del agente Bayona  Lemus,  cuya  versión  solitaria no encuentra apoyo en ningún medio probatorio  ni  puede  ser  prueba  directa  junto con las declaraciones de sus compañeros,  error cometido por el Tribunal cuando le atribuye tal condición.   

Solicita  casar  el  fallo  y dictar en su  reemplazo  uno  en  el  cual  se  absuelva  a EDUARDO  SABOGAL  BECERRA del delito por el que fue condenado;  o  declarar la nulidad de la actuación a partir de la resolución de acusación  por   haberse   apreciado  la  prueba  ilícita  que  debía  ser  excluida  del  proceso.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

Cargo  Único.    Para   la  Procuradora  Delegada  se trata de una situación de versiones encontradas sobre  el  procedimiento  llevado  a cabo por los uniformados, en la que los falladores  se  inclinaron  por  la  de  las  autoridades,  acerca de la manera como se produjo el registro de la casa  y el hallazgo de la sustancia ilegal.   

Considera importante tener en cuenta que la  información  entregada  a  las autoridades hablaba del expendio de droga en esa  vivienda  y  señalaba  a  dos  personas  en  esa  actividad.  El sometimiento a  sentencia  anticipada  de  la  mujer,  confirma la información recibida por los  agentes.  Respecto  del acusado, existió el señalamiento cuando se indicó que  con  la  moto  se hacían repartos a domicilio y que él también participaba en  el delito.   

Con  la  información  recopilada  y  la  vigilancia   realizada,   en   la   que   en   dos   oportunidades  SABOGAL fue visto entrar y salir de la  casa,  la  solicitud  de registro cuando una persona se acercaba a conversar con  él,   permitió   que   se   encontraran  con  lo  que  los  juzgadores llaman una situación objetiva de  flagrancia,  cuyo análisis sustentando en las normas  y   la   jurisprudencia  vigente,  dista  mucho  del  presentado por el libelista.   

Además  el casacionista acude  a declaraciones rendidas ante Notario  que  no  hacen  parte  del  proceso,  mientras  de  otro  lado  no se encuentran  elementos  de  juicio demostrativos de la   mala   fe   predicada  de    los    agentes    o   de  su  interés  en  querer  inculpar  al  acusado, mientras  emergen  lógicas  sus   versiones,   según   las  cuales   al   disponerse   a   revisar   las  habitaciones    por   haber   percibido   el   olor  característico  de  la  droga,  SABOGAL  BECERRA  se opuso a su   registro,   sin   que   exista   prueba  que  desvirtúe      las      manifestaciones      de      aquéllos;  conclusión  a  la que se llega del hecho que su denuncia  no   implicara   a   otros   familiares   presentes  allí.   

En   consecuencia,   la   irregularidad  denunciada  no  existe  y  al contrario de la manifestado por el recurrente, los  agentes  contaron  con  la  autorización  para  ingresar a la residencia de los  Sabogal,  cuyo  registro les permitió incautar la droga que se expendía allí,  razones por las cuales el cargo no está llamado a prosperar.   

Cargo  Segundo.  En  la  necesidad  de  confrontar el contenido de la  prueba  con  lo  dicho  en  el  fallo en razón a la  naturaleza    del    cargo   propuesto,         translitera        lo        que        en        concreto       manifestaron  los  patrulleros  Henry  Alberto  Rodríguez Amarilis, Alexander Gil y el intendente Helmer Javier Bayona  Lemus         y        lo        dicho   en  la  sentencia  de  ellos,  indicando que guardan armonía.   

Advierte que los aspectos reseñados por el  censor,  relacionados  con  el señalamiento de los capturados o la presencia de  otras  personas  que  los mostraban como expendedores de droga, no fueron objeto  de consideración en la sentencia.   

Encuentra   que   los   argumentos   del  casacionista   cuestionan   las   reflexiones  de  la  Fiscalía  hechas  en  la  resolución  de  situación  jurídica,  en  la cual si se hace referencia a las  personas   que  lo  sindicaban  de  vender  estupefacientes,  las  que  resultan  inapropiadas   en   esta   ocasión   porque   no   constituyeron   tema  de  la  sentencia.   

Frente  a  la  responsabilidad del acusado  encuentra  que  los  elementos  de  juicio  resultaron  suficientes para que los  falladores  tuvieran  la  certeza necesaria para dictar la sentencia de condena,  mientras  que de otro lado el impugnante no ofreció argumentos que desvirtuaran  la  doble  presunción  de acierto y de legalidad de la sentencia, motivo por el  cual pide no casar la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE  LA CORTE   

Ajustada como fuera la demanda de casación,  la  Sala decidirá de fondo los reproches propuestos a la sentencia del Tribunal  de  Cúcuta,  sin  ocuparse de puntualizar las falencias de técnica que pudiera  presentar,  en  la  medida  que  una declaración de esa naturaleza presupone el  cumplimiento   de   los  requisitos  mínimos  para  que  hubiera  dispuesto  su  trámite.   

Cargo Primero  

Sustentado  en  la  causal  primera  cuerpo  segundo  del  artículo  207  de  la  ley  600 de 2000, el impugnante acusa a la  sentencia  de  incurrir en un error de derecho por falso juicio de legalidad que  deriva en la violación indirecta de la ley sustancial.   

El  error  reprochado  a  la  sentencia,  se  encuentra  sustentado  en  el enfrentamiento de las versiones de los agentes que  intervinieron  en el procedimiento que culminó con el hallazgo de la droga y la  del  acusado, refiriéndose el mismo a las circunstancias en las que se llevó a  cabo el registro a la casa de la familia Sabogal.   

Primero,  es  pertinente  aclarar  que  como  los  informes  de  policía   en   ningún  caso  tienen valor        probatorio,  tarifa  legal  negativa establecida en la ley 504 de  1999   y   avalada  por  la  Corte  Constitucional5,  que  se mantuvo vigente al  consagrarse   únicamente  en  el  artículo  319  de  la  ley  600  de  2000  los requisitos y forma en  que    han   de   ser  rendidos,  las  referencias  en  la  demanda  a  él  discutiendo   su   veracidad   para   sustentar     el     cargo    resultan    equivocadas,  cuando lo  que  es  objeto  de  valoración  son las pruebas surgidas de su contenido y que  tiendan a corroborar lo consignado en él.   

Con  esa  aclaración,  es  conveniente  recordar que el artículo  28  de  la  Carta  Política  estableció  la  reserva  judicial  en  la  detención  de  la  persona  y el  registro     del     domicilio,    los   cuales  pueden   adelantarse    únicamente   mediante   mandamiento   escrito  de  autoridad  judicial  competente  con las formalidades  legales y los motivos previamente definidos por la ley.   

Al mismo tiempo también se estableció una  excepción  a  dicho principio, cuando el delincuente  sorprendido  en  flagrancia  se refugia en su propio  domicilio,    caso   en   el   cual   podrán  las  autoridades  ingresar  en  él   sin  mandamiento  escrito  de  autoridad  judicial para llevar a cabo la aprehensión, y cuando lo  hace en domicilio ajeno, deberá mediar requerimiento a su morador.   

En  desarrollo  de  la  misma,  el  inciso  2º  del  artículo  294  de  la  ley  600  de 2000,  establece  que  en  los  casos  de  flagrancia  cuando  se  está  “cometiendo  un delito en lugar no  abierto   al   público”,  la  policía  judicial  puede  ingresar  sin  la  orden  judicial  escrita  con la finalidad de impedir  que  se  siga  ejecutando  la  conducta punible.   

De modo que estando la flagrancia asociada  al  acto de la aprehensión de la persona, según las hipótesis contempladas en  el  artículo  345  de  la  misma  ley,  el actor no aborda el cargo desde estos  principios  constitucionales  y  legales, insistiendo  en  la  falta  de  veracidad del informe que ningún  valor  probatorio  tiene,  para  mostrar la ilegalidad del registro que  permitió  el hallazgo de la droga y demás elementos con las  consecuencias  vistas,  porque en el acta de registro  de inmueble se indica otra cosa.   

El       tema       entonces,    en   principio   no   lo  constituye  la inexistencia de la autorización para  ingresar  al inmueble donde fuera encontrado el alijo de droga, lo cual desde ya  deja   sin   vocación   de  prosperidad  el cargo,  ni  de quién provino la  misma,  pues  según  los  uniformados de  EDUARDO  SABOGAL BECERRA     y  conforme  al  acta de  registro    al   bien  inmueble  de  Bertha Becerra, sino si se estaba ante  una   situación   de  flagrancia  acogida  por  las  instancias.   

En  esas  circunstancias,  ninguna  relevancia tiene la oposición  del  acusado  al  procedimiento  policial,  la  cual  además   apoya   en   prueba   extra  procesal  que  no  puede  ser  objeto  de  valoración, como tampoco  las  supuestas  lesiones  causadas  a  varios de los  moradores  y  la  solicitud  de  la defensa para que  aquél  fuera  valorado  por  medicina  legal,  pues  sorprendido  en una situación constitutiva de flagrancia, su refugio en la casa  familiar  y  no  ajena, relevaba la autorización que de todos modos solicitaron  las  autoridades,  pues en ninguna de las diligencias  que  firmaron  dejaron  constancia  que  el  mismo se hubiera llevado a cabo sin  ella   o   en  contra  de  su  voluntad.   

Para    discutir    la   “situación      objetiva      de      flagrancia”,  tesis  de  los  falladores,  el  actor  parte del hecho que los  agentes  desconocían  la  existencia  de la droga antes del procedimiento o su expendio por sus moradores,  haciendo  caso omiso a la  información    proporcionada   por   la   “fuente  humana”   a  las  autoridades,  según  la  cual en una casa del barrio  Colpet  vendían  droga,  “una  familia que estaba  vendiendo  droga”  “y  que  una persona que permanecía en el inmueble, de contextura gruesa, trabajaba  llevando   droga   a   domicilia   (sic)   en   una   moto   azul”6.   

Recuérdese  entonces  que  la  presencia  durante  casi  dos  horas  de  las  autoridades  ejerciendo  vigilancia sobre el  inmueble     indicado     por     la     “fuente  Humana”,  fue  lo  que  finalmente  les  permitió  constatar  la  actividad  atribuida  al  acusado y corroborar que en el mismo se  conservaba droga, dando lugar al registro cuestionado.   

Pues la actitud  nerviosa  del  procesado,  cuyas  características físicas coincidían con las  suministradas  por  el  informante y que varias veces salió y entró a la casa,  entregando   algo  a  un  tercero  que  se  acercó  a  la  misma,  fue  la  que  condujo a los uniformados  que   llevaban   varias  horas  de  observación  a  abordarlo  y  registrar  la  vivienda,  con  los resultados conocidos.   

En la habitación del fondo de la casa, el  patrullero    de    la    policía    nacional    Alexander   Gil   refiere   que   “observe   que   se  encontraba  la  sustancia  al  parecer  sustancia  clorhidrato de cocaína, esta  sustancia  se  encontró  en  la  peinadora de la habitación y en un cajón del  closert  (sic),  también  se  encontraron  unos elementos… y todo esto estaba  impregnado          de          sustancia         estupefacientes”.   

Ahora  bien,  si  lo que caracteriza a la  flagrancia  es  la actualidad y la identificación o  individualización   del   sujeto  sorprendido,  el  actor     al    vincularla    con    “el  alijo  se  encontraba  al  interior  de  un  cuarto en esta  residencia,   siendo   imposible   su  avistamiento  desde  el  exterior  de  la  vivienda”   no  logra  desvirtuarla,  partiendo  de  un  concepto  equivocado  al  predicarla frente al  objeto  y  no  al sujeto, pues la flagrancia se refiere al sorprendimiento de la  persona  ejecutando el hecho o con objetos, huellas o instrumentos de los cuales  se  desprenda fundadamente  que momentos antes ha cometido un delito.   

Además,  el  censor  requiere  para  su  estructuración  elementos  que  no  hacen parte del  fenómeno,   al  exigir  una  comprobación  previa,  labores  de  vigilancia  y  seguimiento  no  de horas sino de días para   corroborar   la   información  anónima,   olvidando   que   el   inciso   2   del  artículo  294 de la ley 600 de 2000 sólo  previene  el  sorprendimiento  del  sujeto  en las condiciones  arriba anotadas.   

La  cual  entendieron  los  juzgadores  se  configuraba  por  la  naturaleza  de  la  conducta imputada al acusado, esto es,  porque  es  de  aquellas  de  carácter  permanente  en la medida que el acto de  conservar,  en  este  caso  droga  estupefaciente, se prolonga en el tiempo así  como       también       su       consumación7,  la  cual  se interrumpe para  efectos penales con su descubrimiento o hallazgo.   

En  consecuencia,  la  demanda  no  logra  demostrar   que   la   “situación   objetiva  de  flagrancia” en la que fuera sorprendido el acusado y  hallada  la  droga  no  hubiera  existido,  puesto  que  nada  dijo  frente a la  actualidad  en  su  aprehensión y su individualización como presupuestos de la  flagrancia,  queriendo  hábilmente  proponer  que  una  cosa  es  el  alijo del  estupefaciente   hallada   en   casa   de   la  madre  del  acusado  y  otra  su  responsabilidad penal en el delito de narcotráfico.   

Pero  tampoco,  según lo advertido, que el  registro  hubiese  sido  ilegal,  pues  en  las circunstancias referidas por los  falladores  era  innecesaria la autorización de los moradores del inmueble para  ingresar  a  él,  de  modo que las discusiones probatorias relacionadas con que  demostró  la actividad legal desarrollada por SABOGAL  BECERRA  y  que  su sitio de residencia es distinto al  lugar  donde se encontró la cocaína, son ajenas a la fundamentación del error  de derecho propuesto en el cargo primero de la demanda.   

Por  las  razones  señaladas,  el cargo no  prospera.   

Cargo Segundo  

Sustentado   en   un  falso  juicio  de  identidad,  cuestiona  la  censura  que  a los testimonios de los agentes se les  haya  atribuido  la  calidad  de  prueba directa, sin tener en cuenta que no les  constaba  el  señalamiento  hecho  por  un  testigo  y  la  retractación de su  compañero  Helmer Javier Bayona, además que ninguna  eficacia     probatoria    tienen,    porque    solo    sirven    como    hechos  indicadores.   

Se  equivoca  el  actor  en  el   desarrollo   del  cargo,  porque  en    la   sentencia   de   primera   como     en     la     de   segunda   instancia,              ninguna  de   las  dos  circunstancias  aducidas  en  la  demanda     fue     objeto     de    apreciación  probatoria.  El  a quo jamás acudió al  supuesto  señalamiento  que  Álvaro Rivera Llanes hiciera  del  acusado, ni a la supuesta  retractación    del  patrullero   Helmer   Javier  Bayona,  surgida   de  la  entrevista  que  él  le  hiciera  a Rivera Llanes.   

De   tal   modo,  que  si  el    señalamiento    y     la     supuesta    retractación   según  se  acaba  de  indicar       no       fueron      apreciadas  ni valoradas en  la  sentencia  impugnada para bien o  para   mal,   el   casacionista  apoya  el      reparo      en   hechos  inexistentes,  que  como  con  acierto  lo   anota   la  Delegada,   no  por  haber  sido tenidos en cuenta por la Fiscalía en las resoluciones de situación  jurídica     y     de     acusación,     pueden    calificarse    o             atribuirse       como  errores de los falladores    o    tenerse    como  sustento  de  la  sentencia, pues son  decisiones  que  corresponden  a dos momentos procesales distintos y a distintas  autoridades judiciales.   

De acuerdo con  ello  la  versión  de  Bayona  Muñoz  tiene  alcance  probatorio  respecto del  registro  de  la  casa  y  lo encontrado en ella, sin que tenga trascendencia la  falta   de  apoyo  a  su  versión  con  arreglo  a  la  cual  por intermedio de Rivera Llanes supo de las  actividades  del acusado, ya que la misma corresponde  a  lo  consignado en el informe policial, el cual no es objeto de valoración, y  no a lo declarado en el proceso.   

Ahora     bien,     el  a  quo  sustenta   el   fallo  en   las   declaraciones   de   los   agentes   que   intervinieron  en  el  operativo,   otorgándoles  credibilidad   por   la   “forma   concordante,  circunstanciada     e    imparcial”  de su relato y la manera en     que     tuvieron    conocimiento   de   “la  información,  como  la  verificaron  y como encontraron la  sustancia  estupefaciente”,  sin acudir como ya se  dijo    a    los    supuestos    citados    por    el   casacionista.   

Por   el  contrario,  entiende  que  el  conocimiento   de  los  agentes     provino     de     la    “fuente  humana”  y  no de Álvaro  Rivera  Llanes,  pues  fue  ella y no éste            quien informara a las autoridades sobre el  expendio  de  drogas en la  casa   de  la  familia Sabogal ubicada en el barrio  Colpet,  por parte de su dueña y de uno de            sus           hijos encargado de entregarla a domicilio,  estableciéndose  que el  joven  mencionado  por aquélla respondía al acusado  por  sus  características  físicas  y   la   moto  utilizada  por  él,  la  cual  vieron  estacionada  frente  a la vivienda.   

Así  mismo,  el  a  quo justifica en ese  conocimiento    de   la   autoridad   obtenido   a   través   de   “fuente   humana”  el  compromiso  penal   deducido   a   SABOGAL  BECERRA,    pero    respaldado   en   lo   encontrado   en   una  habitación  del inmueble, sin que  entonces  pueda  considerarse  carente de “respaldo  probatorio”  como  lo  manifiesta  el  censor  ni  producto  del  azar, pues sin determinarse ánimo incriminatorio en ella, están  la  droga,  los  elementos encontrados y la presencia de aquél en la casa donde  fuera hallada.   

De otro lado, la sentencia impugnada acude  a  la  experiencia,  para  concluir  que  en  el inmueble objeto del registro se  vendía  droga  al  menudeo, por “la forma y manera  en  que  se  halló  la  droga  incautada,  en  paquetes individuales, es decir,  pequeñas  dosis,  así  como  la utilización de una licuadora y el hallazgo de  otros  paquetes  o  bolsas listas para empacar nuevas dosis, todo ello junto con  el    dinero    encontrado,    en    su    mayoría   en   billetes   de   menor  denominación”.   

Desde   esta   perspectiva,  queda  sin  fundamento  la  tergiversación  de  la  prueba  atribuida  en  la  demanda a la  sentencia,  cuyo  sustento  probatorio apoyado en los testimonios de los agentes  se           encuentra          fundamentado  en  el  hallazgo  de  la  droga y los elementos incautados en el  inmueble  de  los  Sabogales,  pero nunca en lo dicho por Rivera Llanes a Bayona  Muñoz      ni      en      lo      consignado   en  el  informe  policial,  sobre  aquél.   

Finalmente, el cuestionamiento de acuerdo  con    el   cual   ninguno   de   los   uniformados   señala   a   SABOGAL   BECERRA   vendiendo   droga  ilícita,  también carece  de  toda relevancia bajo  el  entendido  que  en  la sentencia ninguna afirmación se hizo en ese sentido.  Entonces,   su  reclamo  acerca  de  la  confusión  creada  en  los  operadores  judiciales  a  partir  de  esa  circunstancia, además de solitario existe únicamente en el cuerpo de la demanda.   

Así      como      tampoco   tiene  asidero  su   crítica   relacionada   con  la  eficacia  probatoria  de la versión del informante,  debido  a  que  en  la  sentencia  la  prueba  apreciada  fue la  legalmente  incorporada  a  la actuación, esto es, que  en ella no se reconoce su existencia sino la verosimilitud de  la  información  entregada  a las autoridades por la  misma     “fuente  humana”,   pues   el  sorprendimiento  del  alijo  y  de  sus  autores solo  fue posible a través de ella.   

Del    mismo    modo,    su   queja   porque  la  “fuente  humana”  no  fuera  identificada  dentro del proceso  es  intrascendente,  ya  que  si  de  acuerdo con lo  acabado  de señalar ninguna declaración de ella se incorporó al proceso, qué  valor  puede  tener  alguna consideración sobre algo que resulta inexistente en  la  actuación  y  que  por  esa  misma razón no fue  objeto    de    consideración   en   la sentencia?.   

Es  el  mismo  Tribunal,  quien ninguna  importancia  le  atribuye  al  hecho que la “fuente  humana”  no  haya  sido identificada, considerando  que   lo   esencial  fue  la  confirmación  de  la  noticia  criminal  por  los  uniformados,   quienes   al   ingresar  al  inmueble  hallaron    droga   y  constataron  por la forma en que estaba empacada y por los elementos encontrados  que  también se vendía,  sin que resultara indispensable revelar su identidad.   

En  las condiciones anteriores, el reparo  no tiene vocación de prosperidad.   

En   mérito   de   lo   expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,  Sala     de     Casación     Penal,    administrando  justicia  en  nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R E S U E L V E  

NO          CASAR   el   fallo  de  origen,   naturaleza   y   contenido   indicados  de  acuerdo  a     los          cargos         propuestos    en    la    demanda.   

Contra   esta   decisión  no procede recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

                                                                             Comisión de servicio   

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ        

                                                                                                                         Permiso   

FERNANDO        ALBERTO  CASTRO  CABALLERO                   SIGIFREDO                  ESPINOSA  PEREZ                                                                

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                      MARIA       DEL       ROSARIO      GONZALEZ      DE      LEMOS                            

AUGUSTO   IBÁÑEZ   GUZMÁN                                                                 JULIO              E.              SOCHA  SALAMANCA                               

             Comisión    de  servicio   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Folio  24, cdno original 1.   

2 Folios  122 a 126, cdno original 1.   

3 Folios  257  a  261, cdno original 2. El 15 de enero de 2008 había dispuesto la ruptura  de  la  unidad  procesal, en razón a que la procesada Bertha Becerra Gálviz se  sometió a sentencia anticipada; folio 226, cdno original 1.   

4 Folios  328 a 337, cdno original 2.   

5  Sentencia C-392 de 2000.   

6  Declaración de Alexander Gil; folio 173, cdno original1.   

7  Casación de diciembre 18 de 2003, radicación 16823.     

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