36602(21-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso nº 36602  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 340.  

          Bogotá   D.C.,   septiembre   veintiuno   (21)   de  dos  mil  once  (2011).   

ASUNTO  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda de revisión presentada por el apoderado especial de  JORGE  ALBERTO  ARIAS  SÁNCHEZ en contra  del  fallo de segunda instancia proferido por el Tribunal Superior de Bogotá el  31  de  agosto  de  2010,  que  lo  condenó como autor de los delitos de acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  14 años agravado y acto sexual con menor de 14  años agravado, ambos en concurso homogéneo.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  acontecer  fáctico  que  dio  origen al  diligenciamiento    fue   narrado   por   el   Tribunal,   en   los   siguientes  términos:   

“Se  puso en conocimiento de la judicatura  que  el  señor  JORGE  ALBERTO  ARIAS  SÁNCHEZ,  desde  el  año  2004 y hasta  principios  de  2007  incurrió en conductas constitutivas de abuso sexual hacia  la             menor             K.P.C.G.1, de 9  años   de  edad,  hija  de  su  entonces  compañera  permanente”.              

Por razón de estos acontecimientos, el 10 de  febrero  de  2009, ante el Juzgado 17 Penal Municipal con Función de Control de  Garantías  de  esta  capital,  se formuló imputación en contra de  JORGE  ALBERTO  ARIAS  SÁNCHEZ  por  el  delito  de  acceso  carnal  abusivo  con menor de 14 años agravado, en concurso  sucesivo  y  homogéneo,  por  el  cual  se  le  impuso  medida de aseguramiento  privativa  de  la libertad en establecimiento carcelario. El imputado no aceptó  el cargo.   

El  5  de  marzo  siguiente,  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  en  contra de ARIAS  SÁNCHEZ  como presunto autor de los delitos de acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  14 años agravado y acto sexual con menor de 14  años agravado, ambos en concurso homogéneo y sucesivo.   

Ante  el  Juzgado  18 Penal del Circuito con  Funciones  de  Conocimiento  de  Bogotá,  se  llevó  a  cabo,  el  13 de abril  subsiguiente,  audiencia  de  formulación  de  acusación,  durante  la cual el  organismo instructor ratificó los cargos.   

Después   de   evacuadas  las  audiencias  preparatoria  y de juicio oral, el mismo despacho judicial, con fecha 18 de mayo  de  2010,  dictó  fallo  de primer grado por cuyo medio condenó a JORGE  ALBERTO  ARIAS  SÁNCHEZ  a la pena  principal  de  sesenta  y  ocho  (68)  meses  de  prisión  y  a la accesoria de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el lapso  de  sesenta  y  nueve (69) meses al encontrarlo autor penalmente responsable del  delito de actos sexuales con menor de 14 años agravado.   

En   la   misma  decisión,  absolvió  al  mencionado  del  delito de acceso carnal abusivo con menor de 14 años agravado,  al  tiempo que le negó la condena de ejecución condicional y el sustitutivo de  la prisión domiciliaria   

El  fallo fue recurrido por el representante  de  la Fiscalía, el condenado y su defensor, en virtud de lo cual se pronunció  el  Tribunal Superior de la misma ciudad el 31 de agosto posterior, revocando la  absolución  que  en  favor  de  JORGE  ALBERTO  ARIAS  SÁNCHEZ  se  dispuso  en  relación con el punible de  acceso  carnal abusivo con menor de 14 años agravado, en concurso homogéneo, y  en  su  lugar  le  impuso  la  pena  principal de ciento cuarenta (140) meses de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso e incrementó el monto de los perjuicios  morales tasados. En lo demás, confirmó el fallo.    

Ahora,    el    sentenciado   ARIAS   SÁNCHEZ,  por  intermedio  de  apoderado  especial,  instaura  acción de revisión en contra del aludido fallo  de   segunda   instancia   proferido   por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá.   

Al   despacho  el  asunto,  se  procede  a  determinar  si  dicha  demanda  de  revisión satisface los presupuestos legales  para su admisibilidad.   

LA  DEMANDA   

Se formula con fundamento en la causal sexta  prevista  en  el artículo 192 de la Ley 906 de 2004, comenzado por señalar que  “para lograr la demostración eficaz de la causal de  revisión  invocada,  me  apoyaré  en  algunas  reflexiones jurídicas y normas  sustanciales  como  procedimentales  de  carácter penal, contenidas en nuestros  estatutos legales en la materia”.   

Acto   seguido,   aduce  que  si  bien  la  jurisprudencia  “ha  señalado  la  imposibilidad de  controvertir  la  prueba  no  modificada  con relación a la cosa juzgada, es lo  cierto  que  en  materia  penal  tal  principio  no  es  un dogma de imperiosa e  incuestionable validez o vigencia”.   

Ello,  pregona,  con  el fin de “empezar  por  señalar  y  seguir  insistiendo  o  reiterar en el  incipiente  recaudo  probatorio,  del  que  sin duda, resulta imposible colegir,  más  allá  de toda duda razonable, certeza o convicción acerca de la autoría  o  responsabilidad  de ARIAS SÁNCHEZ respecto de las conductas punibles por las  que fue condenado”.   

Luego  de  disertar  sobre el concepto de la  prueba  y  el  grado  de  convicción  indispensable  para  condenar, indica que  “las sentencias proferidas en contra de mi procurado  carecen  de  respaldo probatorio y están fundamentadas en presunciones que como  se  sabe,  en  materia  penal  resultan  inadmisibles, pues sólo puede emitirse  sentencia  condenatoria  fundamentada  en pruebas que se practiquen en el juicio  oral,     público     y     contradictorio,    que    conduzcan    ‘al  conocimiento  más  allá  de toda  duda  acerca  del  delito y de la responsabilidad penal del acusado (art. 381 de  la     Ley     906     de     2004)’…”.   

Así,  señala  que  los  juzgadores  para  sustentar  sus  decisiones  se  basaron  en  la declaración de la víctima, sin  tener  en  cuenta “el sinnúmero de contradicciones a  que  se  ha hecho referencia desde un comienzo quien me antecedió en la defensa  (sic)”,  lográndose  establecer  que  la  actuación  tuvo  como génesis  “otra  de  las tantas denuncias que ha instaurado la  madre  del  menor  en  contra  de  JORGE  ALBERTO  ARIAS  SÁNCHEZ, producto del  conflicto que han vivido como pareja”.   

De  esa  forma,  estima  preciso  considerar  que  K.P.C.G.  “no  refirió  ante  el  médico  forense  penetración alguna por  parte  de  ARIAS  SÁNCHEZ”,  motivo  por el cual el  dictamen          no          indicó         desfloración         “independientemente  que  el  himen  sea  elástico  y  que  pueda  permitir   el   paso   del  miembro  viril  erecto”,  circunstancia  esta  que  resulta  insuficiente  para  predicar, como lo hizo el  representante  de  la  Fiscalía,  que  el  daño  se  presume,  hipótesis  que  finalmente  acepta  el  juzgador  ad  quem.   

Esa  duda,  añade,  no  se  resolvió en la  actuación,   pues   el   galeno   que   practicó   el   dictamen  “no  fue  objeto  de  interrogatorio ni contrainterrogatorio a fin  que  precisara  o aclarara a la audiencia lo afirmado por el menor al momento de  hacerse  presente  para  tal evento”.  Por   lo  tanto,  “tal situación no se probó y por ende,  jamás,  bajo  las  reglas  del nuevo proceso penal, podrá o deberá proferirse  sentencia  condenatoria  por tal delito en contra de mi defendido”.   

Lo  evidenciado,  continúa,  fue  que  la  víctima  rindió  diferentes  versiones  en sus salidas procesales “pues  mientras a unos les manifestó que había sido penetrada, a  otros  como  al  médico  forense, no les habló nada al respecto”.   

Así las cosas, indica, no se puede colegir,  como  se  hace  en el fallo de segunda instancia “que  la  sentencia  se fundamentó en el dicho del menor, complementado, entre otros,  con  el  dictamen  médico  forense, pues se insiste por el suscrito, ante dicho  funcionario  nada  reveló  o  dijo respecto a supuestos actos de penetración o  acceso carnal”.   

Con  fundamento  en lo expuesto, solicita se  declare  fundada  y probada la casual invocada y, en consecuencia, se absuelva a  su defendido.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La acción de revisión está concebida como  un  mecanismo  a través del cual se busca la invalidación de una decisión que  ha  adquirido  firmeza  y  de la cual resulta razonable predicar que entraña un  contenido  de  injusticia  material  porque la verdad procesal declarada resulta  ser   bien  diversa  a  la  histórica  del  acontecer  objeto  de  juzgamiento,  demostración  que  sólo  es posible jurídicamente dentro del marco delimitado  por las causales señaladas en la ley.    

En virtud de tan trascendental objetivo, como  en  efecto  lo es levantar el carácter de res iudicata  de  algunas decisiones judiciales, la demanda mediante  la  cual se instaura debe cumplir rigurosas y taxativas exigencias, no otras que  las  previstas  en  el  artículo 194 de la Ley 906 de 2004, normatividad por la  cual se rituó este asunto, a saber:   

“1.  La  determinación  de  la actuación  procesal  cuya  revisión  se  demanda  con  la identificación del despacho que  produjo el fallo.   

2.  El  delito  o  delitos  que motivaron la  actuación procesal y la decisión.   

3. La causal que se invoca y los fundamentos  de hecho y de derecho en que se apoya la solicitud.   

4.  La  relación  de  las  evidencias  que  fundamentan la petición.   

Se  acompañará  copia  o  fotocopia  de la  decisión   de  única,  primera  y  segunda  instancias  y  constancias  de  su  ejecutoria,  según  el  caso,  proferidas  en  la  actuación cuya revisión se  demanda”.   

Resulta  evidente que el libelo presentado a  nombre    del   sentenciado   JORGE   ALBERTO   ARIAS  SÁNCHEZ  no  satisface el presupuesto contenido en el  numeral  tercero  que  se  acaba  de  transcribir  y,  en ese orden de cosas, se  procederá  a  su  inadmisión.  En  sustento  de  esa  conclusión,  obran  los  siguientes razonamientos:   

    

1. El desarrollo de la pretensión no  concuerda   con   la   causal   sexta   invocada,  según  la  cual  la  acción  procede  “Cuando se demuestre que el fallo objeto de  pedimento  de  revisión  se  fundamentó,  en  todo o en parte, en prueba falsa  fundante para sus conclusiones”.     

En  torno  a  la  naturaleza de esta causal,  tiene dicho la Corte:   

“La  exigencia  que establece la causal es  clara  y  no se presta a interpretaciones de ninguna especie: se requiere que la  decisión  cuestionada  se  hubiese  basado  en una prueba cuya falsedad hubiese  quedado  demostrada  en  una  sentencia ejecutoriada, como cuando la providencia  que  se  ataca  tuvo  por exclusivo fundamento las manifestaciones de un testigo  que  luego  es  condenado  por  falso  testimonio,  precisamente en razón de la  declaración en que se sustentó la decisión.   

No  se  trata,  por  lo  tanto,  de elaborar  construcciones  teóricas  para  acreditar  la falsedad del medio de convicción  que  tuvo  en  cuenta el funcionario judicial para proferir la providencia, sino  únicamente  de aportar la copia de la sentencia en firme que dio por demostrada  la  falsedad de aquella prueba y acreditar así mismo que ésta fue determinante  en     el     sentido    de    la    decisión”2.   

Al margen totalmente de la naturaleza de este  motivo  de  revisión, el planteamiento del libelista se centra en debatir sobre  el  mérito  de algunas pruebas, pero nunca encaminado a demostrar que la prueba  sobre  el  cual  se  sustentó  el  fallo  de  responsabilidad  en  contra de su  patrocinado  y  objeto  de  la acción es falsa, aportando para ello copia de la  decisión     judicial     ejecutoriada    que    permita    arribar    a    esa  conclusión.   

La  disociación  palmaria  entre  la causal  pretextada  y  los  argumentos  presentados para sustentarla se erige suficiente  para  colegir el incumplimiento del condicionamiento de admisibilidad señalado.  Sin embargo, confluyen otras razones en idéntico sentido.   

    

1. A  ello  agréguese  que  el yerro  anterior  no  sólo  es  enunciativo,  pues,  en últimas, la argumentación del  actor    no    encaja    en    ninguna    de    las    causales   de   revisión  existentes.     

En  efecto,  según criterio reiterado de la  Sala,  si bien es cierto la acción de revisión ostenta naturaleza probatoria y  por  tal  razón  prevé  un término para que las partes, de conformidad con el  artículo  195  de  la  Ley  906  de  2004,  una vez ha sido admitido el libelo,  “soliciten        las        que       estimen  conducentes”,  no  es  viable  entenderla  como  una  prolongación  de  las  instancias, pues su objetivo especial apunta sólo hacia  aquellas  que pongan en evidencia, por lo menos como probabilidad, la injusticia  de la decisión cuestionada a través de esta acción.   

Tampoco se podría aceptar que el actor acude  a  la  causal  tercera de revisión por la existencia de hechos o pruebas nuevas  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates  con  virtualidad  para acreditar la  inocencia  del  condenado  o  su  inimputabilidad,  porque,  de una parte, tales  novedosos  elementos  probatorios deben ser aportados junto con la demanda y ser  idóneos  para  demostrar,  cuando  menos  como  posibilidad, tales finalidades,  resultando  preciso  que tengan la entidad de desvirtuar la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  ampara al fallo que ha cobrado ejecutoria material y  adquirido, en consecuencia, el carácter de cosa juzgada.    

Y,  de  otra, porque el demandante, lejos de  aportar   tales   elementos   ex   novo  se  limita a cuestionar la valoración de medios de prueba allegados  durante  el  proceso  (versión  de  la  menor  víctima  de  los  hechos  y  el  reconocimiento  médico  legal  que  se  le  practicó), incurriendo, como ya se  dijo,  en actitud contraria a los fines propios de esta excepcional acción, por  pretender  reabrir  una  oportunidad  para  la  cual la defensa gozó de amplias  oportunidades,  descartando  el  verdadero  motivo  que da origen a esta causal,  como  lo  es  el  advenimiento  de  hechos  o  pruebas  nuevas  demostrativas de  inocencia o inimputabilidad.   

3.  Finalmente,  cabe  precisar  que resulta  inviable  la  petición  final  del  libelista  orientada  a  que,  en  caso  de  encontrarse  fundada  la causal, se profiera fallo de reemplazo en el sentido de  absolver  a su prohijado de los delitos por los cuales se lo halló responsable,  por  desconocer  el  efecto  rescindente  de  una  tal  decisión  conforme a lo  señalado  en    el  artículo  196  del estatuto procesal3.   

Al incumplir el escrito, según lo dicho, las  exigencias  formales  que  para  su  admisión  establece  el  numeral  3º  del  artículo  194 de la Ley 906 de 2004, así como porque su propuesta no compagina  con  la  naturaleza  de  esta  acción,  resulta  imperativa  su inadmisión, de  conformidad   con   lo   indicado   en   el   artículo   siguiente   del  mismo  estatuto.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR   la   demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado especial de    JORGE    ALBERTO   ARIAS   SÁNCHEZ,  de  conformidad  con  las  razones  consignadas  en la  anterior motivación.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

         

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO        SIGIFREDO                 ESPINOSA  PÉREZ                      

         

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS            

           

                                                                          

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                    JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre de la menor, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide  el  Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

2 Auto  del 6 de marzo de 2005, rad. 23085.   

3 Cfr.  Sentencia de julio 2 de 2009, rad. 25028.     

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