35032(17-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 35032  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 371  

Bogotá  D. C., diecisiete (17) de noviembre  de dos mil diez (2010)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Alberto  Mario  Polo Oviedo contra la sentencia dictada  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, el 8 de junio de 2010, mediante la cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado Quinto Penal del Circuito de la   misma  ciudad,  el   20  de  noviembre  de  2009;  y  lo condenó a la pena  principal  de  120 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la privativa  de  la  libertad, como autor de la conducta punible de acceso carnal abusivo con  menor de catorce años agravado.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

“El 15 de junio de 2007, a las 10:00 de la  noche,  en  la  vivienda  ubicada  en  la  calle  131  A  No.  92  –  24, barrio  Suba-Rincón  (Bogotá)  de  esta  ciudad, luego de que Sandra Patricia Espinosa  Suárez  dejara  durmiendo  a  su  hijo  …, de 13 años, se levantó y al ir a  revisarlo  en su cuarto se percató que el mismo no se encontraba, procediendo a  buscarlo,  encontrándolo en  la  cocina,  acurrucado,  quien  después de varios requerimientos le contó que  Alberto  Mario  Polo  Oviedo,  lo  sonsacaba ejecutando varios actos libidinosos  sobre  su  corporeidad  que  culminaron  con la penetración por el ano, acción  delictiva que se presentó en dos ocasiones”.   

             

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la fiscalía  presentó   escrito   de   acusación   en   contra   de   Alberto   Mario  Polo  Oviedo  por el delito acceso  carnal abusivo con menor de catorce años agravado.   

2.      Celebradas      las   audiencias  preparatoria   y   del   juicio   oral,  el  Juzgado  Quinto  Penal del   Circuito   con   funciones  de  conocimiento  de  Bogotá,       el      20         de        noviembre  de  2009, dictó sentencia de  primera  instancia  en  la que condenó a Alberto Mario  Polo   Oviedo  a  la  pena  principal  de 120 meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la privativa de la libertad, como autor de la conducta punible  de acceso carnal abusivo con menor de catorce años agravado.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor, el  Tribunal     Superior     de    Bogotá,   el  8  de  junio    de  2010,  al  desatar   el   recurso,   lo  confirmó  en su integridad.   

Contra la anterior decisión, el defensor de  Polo Oviedo interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA    DE  CASACIÓN   

El  defensor,  al  amparo  de  las  causales  segunda y tercera de casación presenta dos cargos, así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en un juicio viciado de nulidad.   

Manifiesta que en este asunto no se respetó  el  principio  de  inmediación,  habida cuenta que el juicio oral fue presidido  por  tres  jueces.  Es  decir,  el  fallo  de  carácter condenatorio dictado en  primera  instancia   fue emitido por otro funcionario judicial que tramitó  el juicio oral, público y concentrado.   

Es  más,  sostiene  que en lo atinente a la  teoría  del  caso  que presentaron los sujetos procesales la audiencia pública  fue precedida por otra funcionaria judicial.   

Agrega que la anterior situación vulnera los  principios  de  concentración  y  de  inmediación  que rigen a la sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de  2004  y,  por  lo  mismo,  el  postulado del juez  natural.   

Según los fines de la casación, solicita a  la  Corte  que  se respeten las garantías constitucionales de su representado y  se invaliden todas las actuaciones.   

Segundo cargo  

El  defensor  acusa  al  Tribunal  de  haber  violado,  de  manera  indirecta,  la ley sustancial, toda vez que al resolver el  recurso  de apelación interpuesto contra el fallo de primera instancia apreció  la  prueba  de  manera  equivocada,  en  especial  la  de referencia y, al mismo  tiempo, le otorgó credibilidad al testimonio del menor.   

Afirma  que  el  sentenciador  de  segunda  instancia  no  motivó  su  apreciación probatoria respecto al testimonio de la  víctima,  elemento  de  juicio  sobre  el  cual  “se  estructuró  con  las suposiciones de su señora madre al encontrarlo acurrucado  en  la  cocina  con  los  interiores  al  revés y por eso fue que le pegó y lo  obligó  a  que  contara en forma sugestiva, creando en la mente del menor dicho  episodio”.   

Del  mismo  modo  afirma  que la fiscalía a  través  del  Instituto  de Medicina Legal realizó un estudio y peritación del  semen  para efectuar un cotejo de ADN y que los resultados fueron negativos para  espermatozoides,  situación que, en su criterio, lleva al grado de conocimiento  de la duda.   

Y,  por  último,  sostiene  que el Tribunal  tampoco  realizó  un examen crítico a la entrevista que la sicóloga le hizo a  la  víctima,  en  tanto  que  de la misma emergen contradicciones, para lo cual  cita algunos fragmentos del fallo recurrido.   

Por tanto, depreca a la Corte casar el fallo  impugnado,  ordenándose  la  libertad  de  su  procurado  conforme a los cargos  formulados contra la sentencia de segunda instancia.    

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.   En el sistema procesal de 2004, la  casación se concibe como un medio   

de control constitucional y legal que procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos adelantados  por delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el        recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la existencia del vicio y, menos, los conectó con los  fines  que  informan la casación de acuerdo con el sistema consagrado en la Ley  906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  este  recurso  fue  estatuido  para  denunciar  vicios de derecho o de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso.  De ahí que le compete al casacionista que postule el yerro a través  de  las  causales de casación contempladas para el efecto, demostrando cómo el  mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento,  con  el objeto de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley  906 de 2004.   

En lo relativo a los presupuestos de lógica  y  debida  fundamentación  de la nulidad la Sala ha puntualizado que si bien la  acreditación   de   esta   causal   de  casación  es  menos  exigente  que  la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el  vicio,  así como la cobertura de la nulidad, demostrar que procesalmente no  existe  manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo más importante,  evidenciar  que  la  anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva  en  la  declaración  de  justicia contenida en el fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede fundarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

De  otro  lado,  los errores en la actividad  probatoria  pueden  tener  como  génesis  yerros  de  hecho  o  de derecho. Los  primeros,  relacionados  con  la  contemplación  o  apreciación  del  medio de  prueba,  en tanto que se excluye un medio de convicción allegado validamente al  juicio  oral  o,  se supone otro que no desfiló en el debate, que se tergiversa  su  contenido material haciéndose derivar una verdad que no emerge del mismo o,  cuando  se  aprecia  en  abierta contrariedad con las reglas que rigen a la sana  crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce el rito establecido en la ley que condiciona su validez, y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la  probanza  se aparta de la tarifa legal de  pruebas o se inventa una que no regula la ley.   

Así mismo, en el punto de la postulación de  la  censura  el  actor  debe  enseñar  a la Corte la clase del error y el falso  juicio  que  lo  determinó.  De  igual  manera, respecto a la trascendencia del  vicio,  debe  evidenciar cómo los medios de prueba de haber sido incorporados y  valorados  correctamente,  necesariamente  el fallo habría sido favorable a los  intereses que representa.   

Y, por último, también debía indicar a la  Corte  cómo  el  mentado vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es,  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto   o,  que  se  excluyó  otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico-procesal.   

En   lo   que   atañe   al   primer  cargo que el libelista postula por  la  vía  de  la  causal segunda de casación por una presunta violación de los  principios  de concentración e inmediación, la verdad es que los dejó a mitad  de  camino, puesto que de su discurso argumentativo no se puede inferir cómo la  situación  irregular  que  denuncia  con relación a los distintos funcionarios  que  tramitaron el juicio, sin duda, constituye una transgresión a los mentados  postulados  y,  por  lo  mismo,  afectó  sus garantías dentro del trámite del  juicio oral, público y concentrado.    

En  efecto,  la  labor  demostrativa  que el  casacionista  presenta  como  sustento de la censura, sólo la hace consistir en  informar  que el trámite del juicio oral lo conocieron tres jueces, esto es, el  primero  que  conoció  de  la  teoría  del  caso,  el segundo que presencio el  proceso  de producción y aducción de los elementos de juicio y que anunció el  sentido   del   fallo,   y   el   tercero   que   profirió  la  correspondiente  sentencia.   

Sin  embargo,  del  anterior  discurso no se  puede  advertir  cómo  esa  situación   conduce  a la vulneración de los  anteriores  postulados,  máxime  cuando  en este asunto el funcionario judicial  que  estuvo  en el debate probatorio,   anunció el sentido del fallo,  decisión que fue acatada por el juez que lo reemplazó.   

Frente  al tema en discusión a la Corte, en  sentencia  del  20  de  enero  de  2010, adoptada dentro del radicado No. 32556,  dijo:   

“El   entendimiento   armónico  de  los  principios  de  concentración  e  inmediación,  y  de las formas procesales de  llevar  un  registro de la actuación debe conducir al juez a la interpretación  de  que  aquellos  son  de  imperioso acatamiento y que las grabaciones logradas  solamente  pueden tener alcance de ayudas técnicas para el trámite y decisión  de  los  recursos  de  apelación  y  casación, y para suplir algunas falencias  temporales   que   no   tengan   incidencia   sustancial   en   el   sentido  de  fallo.   

“De   manera   que  -insiste  la  Corte-  únicamente  en eventos excepcionales resulta aceptable que un juez diferente al  que adelantó el juicio, profiera sentencia de primera instancia.   

“Ese cambio de juez puede presentarse, por  ejemplo,  por vacaciones, por el otorgamiento de una comisión de servicios o de  una  comisión  especial, por ascenso, por licencia no remunerada o por licencia  de  maternidad2.  Sin  embargo,  para  que  tal  situación,  per  se  inusual,  no  genere  nulidad  es preciso  que,  analizadas  concienzuda  y detenidamente las particularidades del caso, se  determine,  sin  ambages,  que  con  tal  variación no se afectó la estructura  básica  del  sistema,  no  se trasgredieron los principios que lo rigen y no se  lesionaron los derechos de las partes.   

“1.5.  En  todo  caso, importa recordar la  importancia  del anuncio del sentido del fallo, el respeto que por ese acto debe  tener  el  juez  al  momento  de  dictar  sentencia, máxime cuando haya lugar a  cambio en la persona y únicamente en los términos expuestos.   

“En torno al anuncio del sentido del fallo  y  a  la obligación del juez de respetarlo en el momento de la redacción de la  sentencia,  la  Corte  ha sostenido que forman parte de la estructura básica de  un  debido  proceso.  Por  manera  que  si  el  juzgador  pretende  desconocer o  retractarse  del  sentido  de  su  aviso,  para  variar  la  orientación  de la  sentencia,   debe   acudir   al   remedio   extremo  de  la  nulidad3.    Dicho  enunciado  cobra  mayor  fuerza cuando, por alguna circunstancia excepcional, es  otro  juez,  distinta  persona,  el  que desatiende los derroteros hechos por su  antecesor.   

“Ahora,  si  el  funcionario  que luego es  reemplazado  alcanzó  a  anunciar el sentido del fallo, el nuevo podría omitir  la  repetición  del  juicio, siempre que respete el criterio adoptado por quien  presenció  el  juicio  y  no  haga  cosa  distinta  que  desarrollar,  o  mejor  materializar  los  argumentos expuestos en la audiencia en la que se anunció el  sentido  del  fallo,  salvo,  eventualmente,  cuando el cambio resulte benéfico  para el acusado.   

“De  manera  que  si se anunció sentencia  absolutoria,  mal puede el nuevo juzgador revocar esa determinación y optar por  emitir  una  condenatoria,  en tanto que la seguridad jurídica sobre la certeza  de  una  decisión  favorable al procesado se lesiona. Ese supuesto infringiría  el   principio   constitucional   de   inmediación   de  la  prueba4”.    

Ahora   bien,   el  tema  que  discute  el  casacionista  fue  tratado por el Tribunal, insistiendo en que en este asunto no  se  vulneraron  los principios de concentración e inmediación, toda vez que el  juez  que  participó  en el proceso de producción y aducción de los elementos  de  juicio deprecados por los intervinientes, fue el que anunció el sentido del  fallo, decisión que fue respetada por el que lo reemplazó.   

O,  como  dijo el juzgador de segundo grado,  según  “consta  en  audio  el  juez que dirigió el  juicio  y  ante  quien  se practicaron las pruebas fue el mismo que en audiencia  del  5  de  diciembre  de  2008,  anunció  que  el  sentido  del  fallo  sería  condenatorio,  luego  de percibir, apreciar y valorar las pruebas, dejando claro  que  la profundización de los motivos lo haría en la sentencia…decisión que  luego profirió el nuevo juez…”.   

Con    relación    al    segundo  cargo, el libelista  también  comete  los  anteriores  errores  en  cuanto a la fundamentación de la censura,  toda  vez que en vez de demostrar en qué consistió el error en la apreciación  probatoria,   se   duele  que  el  Tribunal  le  hubiese  dado  crédito  a  las  afirmaciones  hechas  por  el  menor  agredido  y  su progenitora, argumento que  fundamenta  bajo  el  entendido  que  una  experticia realizada por la fiscalía  resultó  negativa  para  espermatozoides  y que de la entrevista que rindió la  víctima emergen múltiples contradicciones.   

Es  decir,  la  inconformidad del demandante  radica  en  el  mérito  dado  a  las  pruebas,  disparidad  de criterios que no  constituye  vicio  para  ser  postulado  en  sede  de  casación, a menos que se  vulneren  los  postulados  que  rigen  a  la  sana crítica, evento que aquí no  ocurrió.   

Además, vale recalcar que el fallo recurrido  arriba  a  la  Corte  amparado  por la doble presunción de acierto y legalidad,  esto  es,  que  los  hechos  y  las  pruebas fueron correctamente valoradas y el  derecho  estrictamente  aplicado,  presunción  de hecho que sólo se derrumba a  través  de  las  causales de casación y demostrando la trascendencia del vicio  respecto  a  las  plurales  decisiones adoptadas en el fallo, evento que tampoco  aquí  ocurrió.     

En   tales   condiciones,   se  impone  la  inadmisión                                 de                                la  demanda.               

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión   del   fallo impugnado o dentro de la actuación se violaron  los  derechos  o  las  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo   para   decidir   de  fondo,   según  lo  dispone   el   inciso   3°   del   artículo  184  de   la  Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  Alberto     Mario    Polo    Oviedo    procede   el   mecanismo   de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,5 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Alberto Mario Polo Oviedo.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                                           PERMISO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

              PERMISO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                        AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Artículos  135  y  siguientes  de  la  Ley Estatutaria de la Administración de  Justicia.   

3  Sentencia  del  17  de  septiembre  de 2007 (radicado  27.336).   

4  Artículo 250, numeral 4, de la Constitución Política.   

5  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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